(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Cuenta dada de su vida política por don Manuel Godoy, ó sean Memorias críticas y apologéticas ..."

Google 



This is a digital copy of a book that was prcscrvod for gcncrations on library shclvcs bcforc it was carcfully scannod by Google as parí of a projcct 

to make the world's books discoverablc onlinc. 

It has survived long enough for the copyright to expire and the book to enter the public domain. A public domain book is one that was never subject 

to copyright or whose legal copyright term has expired. Whether a book is in the public domain may vary country to country. Public domain books 

are our gateways to the past, representing a wealth of history, culture and knowledge that's often difficult to discover. 

Marks, notations and other maiginalia present in the original volume will appear in this file - a reminder of this book's long journcy from the 

publisher to a library and finally to you. 

Usage guidelines 

Google is proud to partner with libraries to digitize public domain materials and make them widely accessible. Public domain books belong to the 
public and we are merely their custodians. Nevertheless, this work is expensive, so in order to keep providing this resource, we have taken steps to 
prcvcnt abuse by commercial parties, including placing lechnical restrictions on automated querying. 
We also ask that you: 

+ Make non-commercial use of the files We designed Google Book Search for use by individuáis, and we request that you use these files for 
personal, non-commercial purposes. 

+ Refrainfivm automated querying Do nol send automated queries of any sort to Google's system: If you are conducting research on machine 
translation, optical character recognition or other áreas where access to a laige amount of text is helpful, picase contact us. We encouragc the 
use of public domain materials for these purposes and may be able to help. 

+ Maintain attributionTht GoogXt "watermark" you see on each file is essential for informingpcoplcabout this projcct and hclping them find 
additional materials through Google Book Search. Please do not remove it. 

+ Keep it legal Whatever your use, remember that you are lesponsible for ensuring that what you are doing is legal. Do not assume that just 
because we believe a book is in the public domain for users in the United States, that the work is also in the public domain for users in other 
countries. Whether a book is still in copyright varies from country to country, and we can'l offer guidance on whether any specific use of 
any specific book is allowed. Please do not assume that a book's appearance in Google Book Search means it can be used in any manner 
anywhere in the world. Copyright infringement liabili^ can be quite severe. 

About Google Book Search 

Google's mission is to organizc the world's information and to make it univcrsally accessible and uscful. Google Book Search hclps rcadcrs 
discover the world's books while hclping authors and publishers rcach ncw audicnccs. You can search through the full icxi of this book on the web 

at |http: //books. google .com/l 



• a '^r 



*' 'j> . " # 




í 



60001 821 8Q 




A 



I 



i 



MEMOKIAS 

DB 



DON MANUEL GODOY 

PRÍNCIPE D£ LA. PAZ. 



TOMO VI. 



r 



1 Jm 



MEMORIAS 



DE 



DON MAMJEL GODOY 

PRÍKCIPJE DE LA PAZ, 

Ó 8XA 

CUENTA DADA DE Sü TIDA POLÍTICA; 

PABA SSRVIB 

Á LA HISTOEIA DEL BEINADO 

BEL SEÑOR DON CJRLOS IF DE BORBON. 



■/ •> 



tniCA Kül^TOJI ORUINAL. 
VublioaUa po^éí mismo Prinoipt. * " 



« 



■^ ■• / 



* ■ 
Sciü|ivr f|;u^tíiU(i; UoiU^V? Ntiuiquiíiuuu t'epouum ? 



TOMO SESTO. 



MADRID: 

1MPBBNTA DE ALEGRÍA Y CHAHLAIN. 

Cuesta lie Sanim Domina/o, núm. X. 

1842. 



-f/^. Á. lúS. 



i 



MEMORIAS 



DB 



DON MANUEL GODOY 

PRÍWCIPE DE LA PAZ. 



TOMO VI. 




MEMORIAS 



DEL 



PRINCIPE DE LA PAZ 



CONTIKÜACIOH 



BE LA SEGUNDA PARTE. 



CAPÍTULO XXXII. 

Tjqs sttcesos de Jranjusz. 

Scelerique nefando 

r^omen erit virtus; multosque exibit in annos 
Hic furor; et superos quid prodest poscerp fínem •? 

Phaus. lib. 1. 

íLílego ya á la trajedia de Aranjnez , acerca de la 
cual 19Í largo lloro, inconsolable durante tantos años, 
ka sido mas por mi adorada patria, que por la gran- 
de desventura á que me trajo la envidia de los hom- 
bres. Si hubiese sido 70 la sola victima inmolada á 
los furores de un partido; si satisfecha en mí su ira, 
hubiera dado aquel partido algún color á su injusti- 
cia , tomando mi lugar y haciendo un muro impene- 

r ■ 

trable al' enemigo en derredor de sulcjitimo monar- 
ca; si hubiera respetado en Carlos IV al solo hom- 

1 



\ 



2 M£ MOBIAS 

bre que respetaba Bonaparte todavía sobre el solio 
de la España, y con quien le ligaban los tratados 
que no podían romper abiertamente sin su total des- 
crédito en la Europa; si uniendo el hijo al padre, y 
procurando la concordia de la nación entera, hubie- 
ra hecho mas seguro aquel respeto, y sin romper con 
Bonaparte , puesto que por amigo lo tuviesen los en- 
gañados consejeros del principe de Asturias, se hu- 
bieran precabido por lo menos contra cualquier even- 
to que arriesgase las personas de sus reyes y sus 
principes, sin duda habrian podido suplantarme aque- 
llos hombres con feliz suceso, y haciendo aquello 
mismo que yo me habia propuesto ó alguna cosa se- 
mejante, hubieran dominado aquella grande crisis 
como yo esperaba dominarla, y habrian püdido atri- 
buirse una gran gloria. Mas no eran por la patria sus 
designios; ni aquel trastorno horrible que movieron 
(diciendo ser por ella, y dando él nombre de virtud 
á un gran delito) fué otra cosa que la ruina de la 
España para muchos años. De allí, cual de un gran 
dique derruido, fué la entrada iííi^etuosa de un océano 
dé desgracias, de plagas, de trabajos y de calamida- 
des inauditas sobre el grandioso imperio de la Espa- 
ña, de acá y de allende de los mares, sin alcanzar 
niilgnn lamento, ningún ruego ,^ para aplacar al cie- 
lo retirado de la patria en los dos mundos , mientras 
los demás pueblos de la Europa volvian sí su reposo 
mientras tantas naciones menos fuertes, menos he- 
roicas, menos grandes, y mucho mas plagadas de mi- 



DEL príncipe be LA PAZ. 3 

serías y minas que la España , prosperaron luego j 
recojieron y gozaron todo el fruto de los inmensos 
sacrificios que ella hizo sin que tuviesen cuenta de 
ellos. ¿Quién fué aquel Dios del mal que atrajo tan- 
to estrago y tanta desventura , tan prolongada, tan 
diuturna ? 

¡De mí dijeron que lo fuera! Todos los grandes 

males que soltaron, no entreabriendo la caja peli- 
grosa comoEpimeteo, sino quitándole la tapa ente- 
ramente, á mí me los cargaron que los estaba conte- 
niendo y sorteando mientras no me hundieron. 
Triunfantes luego y rebozados con la luz de aurora 
que acompaña siempre el paso del poder á manes 
nuevas, levantando en las almas esperanzas que eran 
tan solo para ellos, y deslumhrando al pueblo in- 
cauto que acataba en ellos al que tuvieron engañado 
y poseído tanto tiempo sobre el trono, los hombres 
de Aranjuez lograron ser creídos en España , y los 
creyó tras ella, no habiendo quien osase desmentir- 
los, toda Europa. Conocidos después como lo fue- 
ron, harto tarde, todos ellos y los que tanto tiempo 
mantuvieron la herencia del poder en Aranjuez ar- 
rebatado, tamaño desengaño no llegó ya á tiempo 
.para enmendar y deshacer las hondas impresiones 
que contra mí estamparon en los ánimos. TSo de otra 
suerte amigos y enemigos, los que en un gran ^com- 
bate perecieron y colmaron el campo de batalla, son 
arrojados á la huesa, y pudren todos juntos causan- 
do un mismo horror á los que viven. « ¿Y qué le im- 



4 MEMOBIAS 

)) porta á nadie ya de los nacidos en España (dirá tai 

»Yez algano) después de tantas victimas caidas por 

Minas de treinta años bajo el dominio y la influencia 

)>de la facción malvada, la que cayó primero á ma- 

»nos de ella?» 

Importa empero á la razón , al interés y á la justi- 
cia de una nación magnánima poner su historia en 

regla, y no dejar preocupaciones á sus hijos; impor- 
ta conocer y dar á conocer á los que vengan en los 
siglos la verdadera causa de los males comenzados 
aquel dia en que cayó del trono Garlos IV , y á tan 
duras penas superados después de tantos años de su- 
frimientos y batalla; impórtale también volver por la 
inocencia, y no dejar envueltos para siempre en el 
oprobio amigos y enemigos; los que la habian salva- 
do durante quince años de los desastres espantosos 
de la Europa, y la habian hecho floreciente cuanto 
fué dable en aquel tiempo, con los que en un mo- 
mento, al primer golpe del timón robado, causaron 
su naufrajio, los que iban á salvarla y hubiéranla 
salvado ciertamente de la emboscada tenebrosa que 
le puso la ambición de Bonaparte, con los que la en- 
tregaron en sus manos, poniendo á su mandado el 
mismo rey que proclamaran; á los que estaban pre- 
parando para en adelante dias de luz, de libertad y 
anchura, con los que, prometiendo maravillas, le im- 
pusieron larga noche de tinieblas, de opresión y de 
dolores, anegada en sangre y llanto. ¡Ah! si la Es- 
paña hubiera conocido en tiempo hábil los autores 



DEL PKÍlSeiPB DE LA PAZ. 5 

verdaderos de sas males, hubiera ahorraÁji muchos 
años de uu despotismo mas que bárbaro cual jamas 
se habla oido en sus centurias ni aun bajo la cadena 
de los árabes, y habría quizá salvado otra gran Vié'» 
tima, tal vez mas infeliz y mas atormentada sobre -^f 
trono hasta su muerte, que la que do él fué derroca- 
da, y estuvo padeciendo hasta el postrer suspiro \úá 
rigores del olvido y del destierro. Padre é hijo atdí*- 
mentaron y aflijieron igualmente por opuestos mo- 
dos, y á la nación heroica la pusieron por los sueloln, 
la devoraron como lobos hambrientados, y por mal- 
dad postrera le movieron la espantosa guerra de her- 
manos ¿ontra hermanos. ¿Qué hay de común ¡Dios 
mió! ó qué hay de semejante entíre las obtas dé e^- 
tos tigres y las de aquellos hombres amantes dé su 
patria , de cuyas manos la arrancaron incóluriie , di- 
chosa , salva ella sola hasta a^uel tiempo de todos tos 

■ * • ■ 

trastornos de la Europa, señora de dos mundos', hon-^ 

rada y respetada entré las jentes, y su poder tettiido 
aun por él mismo Bóiiái(]faHe ? ¿Qué hay decomun^O 
seibéjanié entre \oá dids serenos, apacibles, claro^ 
bonanciÍiléá^^4Ítnpibá-dé'ltftb y sangre, del piadoso 
Garlos IV, y él tórbeHitio horrible, perdurable, de 
átro<didades , ruinas y dés^grábias incesantes con <[U6 
entenebrecieron el bello cielo de la España^ sin dé^ 
jarle ün diá claro én tMíita^ños, los que, robando ei 
cetro intnaculado dé aquel augusto anciano^ lo'cott^ 
virtiei^il én herencia propia de ellos y absoluta bajo' 
el ¿ómbre de dquel hijo digno 'dé mejót suerte, á 



6 MEMOKIAS 

fttien tuYÍeroQ engañado, atemorado y oprimido has- 
ta $as últimos instantes? 

Cercano ya á la tnmba que pondrá fin á mis do- 
loiires y trabajos, escribo en este tono y de esta saer- 
^1, mucho menos por mi que por mi patria, á quien 
h^i^ sido tan costosas las fascinaciones de aquel tiem- 
PQ con que sus verdaderos enemigos , destruido aquel 
reifiado, y calumniándole y ajándolo, lograron sub- 
T^tir la opinión pública , y subvertirla de tal modo^ 
qi}6 aun les quedan parciales, y» lo que es m^as , mi- 
Hfires todavía de Jjentes engañadas sobre la realidad 
d^ los sucesos que acarrearon la catástrofe. La histo- 
nfl es la p^estra de los pueblos^ mas si ella está al- 
tcf^da, }éjos de que sea útil para prever los. riesgos, 
y pirepav^r ^P^ males y conocer sus causas, lo^ estra-< 
y\^ y deslumhra « y los hace perdei'se ipuch^s veces 
^ntre las mismas sirtes donde antes zozobraran. Muy 
ejspaso de vista habrá de ser en raya de política quien 
1^ alcanzare á percibir y conocer que la primera 
pr90b9 para España de la esp^Qto^a y prolongstda 
f«ísi$tenpia que h9brÍ9 de hacerse en qIU i I^s fe-^ 
fiHrrtias y á Is^s luces, le faé d^da en lus jiei^fi^n^cip- 
nes 4el Escorial y d^ Aranjue^ , eq la iny^sioii • de} 
Ukwq y la sustitución de un nuevo rey al jeojBrosQ 
apdauo qpe se atrevió á ¿ibrir caippo á los mejora- 
l^e^tos de su siglo, á appjs^Rtar las loces; á ahor- 
T%f! 9I pobre sus inmensas cargas , y para alivio de 
ellas tocar por vez primera en el vedado de ]ps «¡an- 
tos, La exaltaciop al solio del priacipe de Asturias, 



DEL PRlKGIPB DB LA PAZ. 7 

que iulcntarou y cumplieron sos fementidos conseje- 
ros, no fué, en verdad, para enmendar abusos; ellos 
'os confirmaron en su nombre, ellos los consagraron 
nuevamente, ellos los aumentaron; y de tal modo 
fué este auiaento, que en los anales 4e la España no 
fué vista edad alguna, cual U de ellos, tan cargada, 
no diré ya de abusos, sino de esce^s y maldades, de 
violencias atroces, de tiranía sia rieipid^, de oscura- 
cion profunda, de corrupción desembozada y de ani- 
quilamiento de la patria. Los que de bueiia fo aplau- 
dieron la fatal mudanza , y esperaron de ella el gran- 
de alumbramiento por que tanto aasi^an, vieron á 
pocos dias que fué mandado conservar las cosas co- 
mo estaban bajo la yioja monarquía y b^j^ Garlos lY, 
con la sola escepcion de q^uQ cebase en tofi^ ella (a 
sepiimcLdon de los bienes eclesiásticos.^ I^ hubo 
tiempo á vét mas en el eclipse jenieral , que los insiga' 
nes hazañeros de Aranjuez causiaron 4 la ]^sp^^a, d^ 
^os! reyes y sus principas. Seis largos años de sapri-v 
ficiosy da gii/erra, de lealtad» de tareas grandes y 
continuas d^ ^oUiioa y gobierno, de triunfos, de re» 
veses y' de= esfiusrzQs mas qt^ bnmaaos, de que ten* 
drán idea eosipleíla solamepte los que vivían en aqu.Ql 
tieinpQ^isiivieron al rescaáedel cautivo augusto qm& 
sus inidnas £Qnsiéjer0s habían presto entre las garran 
di^l túnno ;de.la Eíiixopá. Afín se yolvié á esperar , jr 
se esperó Goniimdámeiito; pueblo ninjg^uno de la tier- 
ra en ningún tiempo había hecho tanto como E^p^r 
ña por sns principes, ¿f^aién, engañó á. F.ernaJ)jjo> 



8 HEMOBIAS 

nueyamente? ¿Quién aflijió su corazón? ¿Quiéo 
trastornó su espíritu? ¿Quién hizo que dudase de los 
abrazos de sus pueblos? ¿Quién ¡ oh maldad sin nom- 
bre! consiguió persuadirle que los restauradores de 
su trono eran sus enemigos, y que la España se ha- 
bia vuelto una nación de impíos y de rebeldes? 
¿ Quién le hizo estremecerse al solo nombre de re- 
formas? ¿ Quién, á fin de impedirlas, lo escitó á en- 
sangrentarse contra sus propios libradores? ¿Quién 
á ahuyentar de España por millares los hombres mas 
ilustres de todas las carreras , ó á encadenarlos en 
prisiones, ó confinarlo» en presidios con los ladrones 
y asesinos? ¿Quién le hizo restaurar la inquisición 
restablecer los jesuítas y entregar el reino en todas 
partes á los eternos enemigos de las luces? 

¿Qutén?.... Mo hay nadie que lo ignore; los mis- 
mos que arrancaron la corona á Garlos lY, y á mi 
me asesinaron so pretesto de enmendar abusos y ha- 
cer la dicha de^ la España. I'to eran parciales mios^ 
sino al eontrano amigos suyos engañados largo tiem- 
po, los hombres venerables de todas las. carreras y 
de todas las clases del estado , que con tan larga y 
dura mano proscribieron, porque amali^att'y ansiaban» 
tas reformas y los mejoramientos de* su. patria;. na 
eran los viejos tiempos del rey Gdrülos^ tan*^faerteH> 
mente calumniados, los- que intentaron reformar!. y. 
mejorar, visto que apenas vuelto el príncipe Eeman- 
do de su penoso cautiverio, segunda vez le persua- 
dieron que mandase reponer las cosas en el mismo 



BEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 9 

ser y estado que tenían en 808, menos tan solo 
aquellas que dañaban al poder absoluto que fundaban 
para ellos. 

¿Fué mas feliz Femando que su augusto padre, & 
fué mejor tratado? No; que ni aun le dejaron cum- 
pliese la palabra tan solemne que^ alumbrado por al- 
gunos buenos españoles , dio en Valencia de poner 
su mano en los arreglos y mejoras que pedían los 
tiempos: no; que le arrebataron la confianza de los^ 
pueblos, persiguiendo á los buenos, multiplicando 
los abusos, y manteniendo á fue^o y sangre et poder 
absoluto y arbitrario. Venidos de resultas los sacudí- 
míentos de 1820, y no bastándoles sus medios á do- 
marlos ó aplacarlos, aquellos mismos hombres que 
invocaron al emperador de los franceses en 1807 á 
ñnáé que viniese á hacer nuestra fortuna, y los que 
íes si'ghiéroíi 'y heredaron en el mando, segunda vez 
HamárotK en '^ apoyo las armas de la Francia , y pro- 
tejido^ y* amj^^r^dos por las bayonetas estranjeras 
enterta^otí hasta las esperanzas postrimeras de la pa- 
tria; Y los malvados, no contentos todavía con tantos 
triunfos, aun pretendían ahondar el pozo horrible 
que Sstfábanyü ; y descontentos de Fernando, que no- 
def 'Vódo sé prestaba al cumplimiento de sus planes 
dé '¿^í'ékion y tiranía, tentaron derribarle y suplan- 
tarlo sustituyéndole su hermano, y no quedó por 
ellos haber hecho con Fernando lo mismo que habían 
hecho cbü'sn padre.... y fallecido, en ñn, sin ^oriá 
en'médio de sus días no acabaladlos, le mataijetbn,, 



10 MEMORIAS 

baldouaron é infamaron muy mas que á Carlos IV, 
y volvieron sus ojos al instrumento nuevo que basca- 
ban tanto deseado, y encendieron la guerra destruc- 
tora, sacrilega é impia que ha decimado nuestra pa- 
tria con estrago nunca visto.... y por tercera vez no 
se olvidaron ele calumniar su patria y buscarle ene- 
migos en las potencias estranjeras, y apellidarla Eu- 
ropa entera contra la augusta hija del idolo, ya in- 
útil para ellos, que en Aranjuez habian alzado con 
tan grande aplauso. 

¡Españoles! esta es la serie de los durísimos suce- 
sos enlazados que han corrido por mas de treinta 
años por unas mismas manos , por un partido mismo, 
por unos mismos hombres, después del dia nefando 
qn que lograron derrocar del solio á aquc^l buen rey 
que (Dios me sea testigo) no aguardaba sijio ^I^tg- 
poso de la Europa, para dar á sus pueblos de dos 
mundos instituciones saludables; r^y que jamas ps- 
tuvo á la cab^xa de n^ng^n; partido, que jarnos. esclu-^ 
yó del servicio d9J[: estado al que ppdia a^udirl^ con 
sus virtudes j su$; \nfi^i rey bajo el cual med^arjc^jp, 
con arrqgante lozapis^las letras y las cien/pias f^j^^to- 
4q jéne^o dq estudios , no solo protejidas^ sm€(^!§s^iy, 
tadas^. atraídas, j^^l^g^das.y n|jmadas,.la rec,oi^^t 
S2^ ^i)[ipre al canto d.el qua las cultivaba, ^cualq^jjBy;^ 
qw ^^tA íue^e ; rey i^4ttli©<>^le: i- cual ningu J5f tro , con 
hiv^;,^lf]X)!ires dejo^ bpmbres, que ^ los días t9n tjup- 
]lt]il^to$ de la Europa qi^e estremecian la^tf.9rrq á^j(^ 
r#4^A4a' ^me^azadios jtodos lo^ imperios, gol^prn^sus 



BEL PRINCIPE DE LA PAZ. 11 

reinos sin rigores, y descendió al sepulcro limpio de 
toda sangre de sus subditos. Si los que le arrojaron 
de su asiento hicieron todo lo contrario de la mane-» 
ra que fué visto con asombro, y llanto, y mengua, y 
lato de la nación entera, es claro y evidente, mas 
que la luz del dia , que aquel ataque fué á la marcha 
comenzada en su reinado para abrir paso á las rer 
formas que, con furor tan obstinado y tan sangrien- 
to, resistieron y hap estado resistiendo tantos auos. 

En cuanto á mi diré una cosa solamente, que es 
notoria y legalmente coúpcida después de tantos aiños^ 
es á saber, que en mas de treinta ya pasados, ni ua 
documento tan siquiera, ni ün testigo, han podido 
presentar mis enconados enemigos p^ra probar los 
yerros y delitos que por ellos me fueron imputado^, 
y esto, no obstante de haber sido tanto tiempo los 
dueños esclnsivos y absolutos del poder en todos ra- 
mos^ con tan grande clientela y tan devota que han 
tenido durante el largo espacio de su mando, dueños 
de los archivos del góbierao, dueños dú mis papeles; 
y dueños igualmente de los de Garlos lY , las ofici-i 
ñas todas á su mano, ninguna cosa reservada á sa 
escrutinio, yo ausente en l^as tierras, sin protec. 
cion, callado, 3Ín mas defensa que las obras de eUos. 
y los altos juicios de la divina Providencia qué los 
dejaba despeñarse. Me decretaron un proceso^. 7 
este proceso furibundo que intentaron se halla en e) 
mismo estado que en 1808 , mandado comenzar una 
y mas veces, y sin epibargo no empezado á la hora 



12 MEMORIAS 

de esta^ faltos de materiales y de pruebas para he- 
rirme; que habiéndolas hallado, cuando no hubiese 
sido por satisfacer su odio tan envenenado en contra 
mia, habrían debido producirlas á lo menos por su 
propia honra para justificar sus iras y el total despo- 
jo que me hicieron de mis honores y mis bienes. Me 
calumniaron , no han probado sus calumnias; luego 
no han podido hacerlo. Bastóles, sin embargo, la ca- 
lumnia para arruinar al hombre, al solo hombre que 
aconsejaba á Garlos lY las reformas y mejoras que 
iba haciendo, y las que estaba preparando tan con- 
trarias d la ambición y á la avaricia de la facción pro- 
terva que tenian movida habia diez años; necesita- 
ban un pretesto^ y lo tomaron en mi amistad y vali- 
miento con aquel buen rey amante de sus pueblos. 
Si rae hubiera yo puesto al bando de ellos , si mi fa- 
vor lo hubiera aprovechado para aumentarles privi- 
lejios, poderío y riquezas , para apagar las luces, pa- 
ra aumentar cadenas i los pueblos y hacer eternos 
los trabajos de la España, me hubieran proclamado 
el mejor hombre de la tierra y me habrían beatifi- 
cado ! 

¿Por acaso habrá alguno qiie sacuda la cabeza y 
se sonría cuando leyere esto qué digo? Supóngase 
un instante que hubiesen sido verdaderas cuantas im- 
putaciones y calumnias me hicieron esos hombres, 
júntense todas , hágase una suma , y mírese si iguala 
ó se aproxima cuanto se ha dicho en contra mia á los 
escesos, á los crímenes , á las enormidades y atenta- 



BEL PRINCIPE DE LA PAZ. « 13 

dos que cometieron los ministros y los jefes qae ellos 
ensalzaron j fueron sus ajenies y prebostes tantos 
anos. Cuéntese alguna cosa semejante, si se encuen- 
tra, de los dias de Garlos I Y estando yo á su lado. 
Luego si me atacaron no fué por los escesos que me 
atribuyeron y les sirvieron de pretesto , sino al con- 
trario enteramente porque amé mi patria en vez de 
amar á ellos y hacerme su instrumento para oprimir- 
la y esquilmarla. Y llevando mas lejos la inducción, 
véase si aquellos pocos hombres ñeles á la corona y 
fieles á la patria, que, elejidos por Fernando, dieron 
muestra de ser tales, de intentar poner freno d aque- 
llos reprobos y hacer marchar en regla la nave del 
estado, pudieron sostenerse contra sus ataques, y si 
no fueron calumniados atrozmente, perseguidos, mal- 
tratados, y alguno de ellos aherrojado y puesto al 
canto del último suplicio, sin que Fernando mismo, 
que los amaba y apreciaba, iuese parte á defender- 
los, y si en tan duro compromiso no se encontró 
obligado aquel monarca, para poder salvarlos, á ha- 
cerles que aceptasen el destierro y á imponerles un 
ostracismo doloroso. Si para mí tan solo no hubo va- 
do ni remedio, fué porque los malvados consiguieron, 
en buen tiempo para ellos, persuadirle, siendo prin- 
cipe, que yo era su adversario, y que intenté despo- 
seerle de su derecho á la corona. Fué mi enemigo un 
rey, y enemiga me hicieron la nación entera con sus 
difamaciones é imposturas , no habiendo quien ha> 
blase ni escribiese sino ellos. Yo fui la primera víc- 



14 * 3IEM0BIAS 

tima cuanto á sufrir las iras de aquel partido exor- 
bitante y prepotente, y la postrera ya y la única 
después de tanto tiempo para obtener justicia. Mas 
lo que importa no soy yo, sino mi patria , y que ella 
advierta y reconozca, para saber precaucionarse y 
libertarse de la repetición de tantos males endurados 
después de treinta años, que el gran torrente de esos 
males fué comenzado y desatado por esos mismos 
hombres y sus antecesores en ochocientos ocho. Esta 
lección es de la historia ; y ¡ desgraciada la nación si 
no la toma para en adelante! (1) 



(1) Si hubiese alguno á quien pareciese ser un ente de ra- 
zón sin realidad alguna la existencia de esa facción opresora 
y desoladora , de la cual he hablado tantas veces en mis Me- 
morías , de su antigüedad y de su lamentable influencia en los 
destinos de la España , podrá consultar con mucho provecho 
la obra intitulada: De los sucesos del Real sitio de S. Ildefon- 
so ó de la Granja, d fines del año de 1832 , por don Victoria- 
no de Encima y Piedra. Aunque este autor se ha abstenido 
en ella de nombrar sugetos , no por eso ha sido tímido para 
'denunciar á la nación y á la Europa entera esa conjuración 
permanente y sistemática que por muchos siglos ha dominado 
-entre nosotros el poder de la monarquía y frustrado á la Es- 
paña el fruto de sus virtudes y sus glorias. La iniquidad de 
las obras de esta facción durante el último reinado , se en- 
cuentra designada y marcada profundamente en todas las pa- 
jinas de dicha obra , de tal manera , que sus observaciones 
son aun mas vivas muchas veces que las mias. Yo haré men- 
ción de algunos lugares de ella en uno de mis posteriores ca- 
pítulos. 



BEL príncipe de LA PAZ. 15 

Yo voy á conclair; mi jastiñcacion y mi defensa 
están ya hechas en los tomos anteriores. A mis lec- 
tores mego que por amor á la rerdad y la justicia 
lean y relean aquellos tomos, y sobre todo el quinto, 
sin perder la serie y el enlace de los hechos. Después 
podrán leer con mejor fruto las escenas postrimeras, 
y altamente enseñadoras, de la gran catástrofe que 
aun me quedan por contarles. 

Hecho dejé ya el cuadro en todos sus detalles de 
la penosa y apurada situación en que se hallaba Gar- 
los lY, y yo á su lado, en los momentos perentorios 
que aun quedaban á mediado de marzo, para poder 
salvar la monarquía (1). La partida resuelta de sus 
majestades y de la real familia equivalia á poner la 
proa contra todos los vientos conjurados , la mar 
amenazando, crespándose las olas por instantes, ne- 
gros los horizontes en redondo; pero era necesario, 
era forzoso aventurarse. Los que amaban la patria y 
engañados temián la perdición en la medida misma 
que debia librarlíl, eran mas peligrosos todavía que 
aquellos mismos seidas por quien estaban seducidos, 
porque pesaban é influían con mayor fuerza sobre la 
opinión estraviada. Buenos y malos, casi todos, es- 



(1) Ea el capítulo XXXI de estas 3Iemorias^ tomo V. Co- 
mo ya indiqué poco antes , la lectura de este tomo , y mas es- 
pecialmente del citado capitulo XXXI , es esencialmente ne- 
cesaria para tomar el hilo de esta historia. 



1 6 M£MOHIAS 

taban en contrario, y cada hora qae pasaba multipli- 
caba los azares. La pronta ejecución de lo resuelto, 
un golpe de fortuna, un no aguardar mas tiempo y 
no esponerse á que estallase U tormenta amenazante 
en los momentos críticos, era la sola suerte con que 
podia sacarse á note de entre los escollos la nave del 
estado. Bien que este movimiento acelerado no fuese 
cosa fácil en las costumbres y etiquetas del servicio 
délas personas reales, y bien que Garlos lY no se 
encontrase habituado, como otros reyes de la Euro- 
pa , á marchas y viajes repentinos de esta especie, me 
fué posible persuadirlo de la urgencia de partir á to- 
da prisa sin aguardar á que llegasen los cuerpos de 
milicia que de Madrid se habian llamado; los partes 
que venian unos tras otros avisando la violenta mar- 
cha que traian los dos ejércitos franceses, me ayu- 
daron grandemente para decidirlo por aquella medi- 
da salvadora. Sobraban tropas en el Sitio para formar 
la escolta de sus majestades, y no cabia en mi idea 
que su lealtad se desmintiese en tales circunstancias 
tan importantes y tan graves : mi confianza la au- 
mentaba en mucha parte el principe de Gastel-Fran- 
co, coronel del real cuerpo de infantería walona, que 
se me había mostrado muchas veces favorable al via- 
je proyectado. Cuanto á los guardias españolas, el 
coronel era mi hermano. De entre los otros jefes nin- 
guno dio motivo para sospechar que podrían faltar á 
sus deberes. 

Resuelta la partida para el 17 lo mas tarde, si el 



DEL PBlNGIFE DB LA PAZ. 17 

16 no era posible, me pareéis de-esencia que ei vej 
dejase hecho imI' manifiesto con que los ojos de sps 
pnéblos recibiesen de sU' propia mano la Inz qnelos 
faltaba, y que por otra parte, sin parecer hostil' coh- 
tra él emperador de les: franpeses^ j^oáiese coptener- 
lo en'^süs designios; iBl-iesto de- este- escHto que el 
rey 'Útia&f y et -enál estaba ^ep«md<9^ para ^estampar*^ 
se y da^e á^ lúe el diá4e<laipartida , -fué el sigaieniec 
' '^Desdeel principio'^ii'qaev oasiÍ3en' Ibs primeóos 
i)dias dé'mii^náfdo(/se nlosi^aroir<4as turba«ioiiec 
j» de la tetolttdoilfraniseid'con que la^pai;<da£nro^a 
» fué étiefada V todi»'^ conato de mi real ánimo- %e>.^^ 
íj^jé étt bl ésatí^lánte e«yp¿iño qna formé; ide'líbiáitar 
oiñiis |hiieblos del incendio que fuéenipajiífiec^ tiaéas 
a partea^ y coii'la«3^da divina vota en guerra ora en 
»pai^, htfCbñ^gülddtipakpasar'y haeerios'traápasar in* 
» c^l^isés llAr-el lar^ie^piacio de dieai y tmero ¡áAo^- to^ 
ji do» l6s ígrandes ríeá^ds di^qne mny pbcaisináeioDés y 
» gobiérü^ haí^podidb libertatseyttikaáempr^la in- 
tegríAád é indéj^etfdeiicia de la. monaíifttia^^en sbs do- 
diiíittféis daf ambés ittnúAosí Paífá'yeMt'á estos felices 
))re9flAtád5a/4e' í^éferido siem)^^ W dlchaide mis 
» téiáoa ^ ^h ^^icukres inleée^s^idé tfiímilia 3 . !la 
i» gt^erira M lá hé')i6¿fao sino ¿ptorocíadc^^ úi ]ié)Fehu^ 
»sadola pa^>miéhiráf¿ iáhe batládoj «obfatíblé con 
>j d bieíBf^^^ttar^'déí ibis váisalloay cieírtoiicomo lohe e»- 
»ltiádb If é^jr Méjí' tói ti(kíciencia ^áhqM mé debo! á 
>)é!llb§'tá'ü¿hi^Tnas q[a¿ á-'inli> kiiiiinicifíy'iqiie íiingiuia 
)' áÜné^fcdlótt ; >ni < "iUiiñmii ai|$ttno 4e imi ^ért», '« j^o- 

2 



1» dría escedeiri h . ümK fia tlo: ya^o, , lÉáientr^^ ; que .^i 
«^preidia C^feseJa xítfnserraciott; U.^alud. y la Ifor^nli 
ȇGr U gran faniiliai qiie J)jiQs^ ha cQnfiad<> i <^ gpr^ 

i. * I » 

; uBajo de e&tosiprindpios.y e&tas múraSfdQ queja-* 
hmas.me he separado ni sahda. nUnc^ separarme, 
j»estandxit cual estamos situados. al^occidepte.d^.l» 
» Europa-, ^^a .<^ou{acto iuihediata con last def^s^ ;re-r 
Agiones^deli mediodía, y del norte, rayáJldo- coja la 
» Francia V y ack>stnmbrados iviTÜriOOQ (^a,;en ]^az 
Dhace ya .un sigloi^eniícalidad de amigo$;>y v^li^dost^ 
» juzgué ser. nuesbro inteares comuy^ r^stablepjdr .(^U 
«.ella nuestras antiguas siri^ciones tan proi)t0i.caii{|0 
»£ué posible^' seguro, y. decoroso ha^erlOr sii) ;¿j^^^ 
nsencia denlos riesgos de,que.iPQS Tiwos/aioi^g^dps 
>i con -todo el .(continente en Ip^ipi^itnere^ anoi|^4§j9 
^república francesa. Aquella paz, a^u tcMlayi^jiuai; 
» deseada p^ Js[ Francia ;que por tnosolrps .rai^ippp^, y 
fi que poc ella mism^ioé propuesta eiMire eji .p8\t^^ur 
i^do de las: arpias, ewpeñadais dO;i^Q<|-7 ptr^rpac^^ j^a 
I) sidoí conseryaida durante trece a^o§,.poA g^^i^r^l 
» contento db lai Es$^&a , lihte ha§ta.4e.p]t:^;$^n,^^4e 
D^las rénoilucáodaes;^ le9:t)rabajp^.y las xu^n^s^: qae:^n 
«cabido áits^ntos otros pueblo^ dedaEi^opa i s^^u 
»Ia dutisl^hia porfiada entre la f^ap^ía^^y^l^i Ingla- 
« terrá nos ha )traido cou esta: la guen?a,4Q 4^<^^fes. 
» Todavia^ p(nr.el£ayor,deiladÍTÍti^Pr^^id$^^pif|,J]|9jto 
«con él valor ylaJ^Uadi.d» l«f » t§r:íi^íI^ift?P?i6fll^^ 
^ie ambos inan4o8 1^ es^; g«je«r^ >» íUo bPSQ^ iiPKiW^^ 



DEL PBlNGIPE DE Lá PAZ. 19 

a> otros j}ha BÍdoiinas dichossi que la qae en semejan- 
» tes ciccanstoicias fué sostenida , en alianza con la 
» Francia V por mi angosto padre, prometiendo mas 
» gloiia cada dia las; recientes Tictorias y los gran- 
» diosoflf Irianfos obtenidos en América. 

j» Efecto* de esta gnerra.irremediable ha sido la que, 
»eñ .nnioii con nuestro, amigo j aliado el emperador 
»de lóftifanceses, meha sido necesario acometer en 
MPortagal, ;po6pnesto en ella nuevamente el ínteres 
» partútulár del parentesco á mis deseos yehementes 
«de^iter llégai; las pac^s. jenerales y asegurar, por 
j» cuantos medios^ten i mi!mandado, antes de que yo 
»mneií^i:nús.proyectos concebidos para» el bien de 
i»£spa&a« Efita gran prueba .del interés ian grande y 
»e84:la^itó.de todo otro, interés , que tomo pot mis 
» pueblos, lo ha sido de igual modo para mi.inlimo 
» aliado,, de mi confianza en sus palabras y sus rir- 
» tod^jenerosas, en pago de la cual, al unir nnes^ 
))tras armas en ,1a presente guerra, por el tratado 
uconyenido de ambas partes, se ha declarado y cons- 
to tituido .garante de todos mis dominios contenidos 
»en esta parte de la Europa. Fiel á los pactos y con- 
DTcmios solemnemente celebrados, los he observado 
» religipsapente por mi parte, sin que me quepa du- 
n.dai.-algpiía de que el emperador de los friniceses, tan 
Meando amigo, mió, querrá observarlos igualmente 
i»por.la.si)ya.!Asi,^ que.no he »estrañádp , ¿orno po* 
j^driafo^trañars^ en.o.tras.PÍ|rcuustáncias,que haya au- 
» mcjnia^P' el número : de • UJcOpas . que , según nuejstro 



20 MEMORIAS 

» tratado, debiaa entrar y ojbrar con.iniestro:^éncito, 
muí. que, tomando j^recáucioiies contra tod^i' ¿ataque 
D inesperado ó repentino qné pqdiese hao^prnos-lfli Ib'* 
».glaterra, haya escedido en otrois actos los }ind^s 
» conyenidos. Y en verdad v con aqu^a.yerdadáqne 
Ajamas falté !eáini rida, no hay defertoda alguna 

V personal , que pmida de mi arbitrio > para la cnai no 
ueste dispuesto en beneficio de ia,Framcia> 'mientras 
i>na fiíere to daño de mis reinos;» JNi.ejsto ló di^o 
» porque piense que ini grande amigo y aliado pup» 
ná»j ú sabiendas snyas, ^xijirme ni pediríne lo que 
npnedá ser bontrarioalbien de Espaibá»; pero -el di^ 
»Ter^ modo de coiicébir las coisas podría enisu bue-> 
» na fe Ueyat sus altas miras á tal ptt^to donde > no 
II podría seguirle siu faltar á mis deberes. Tal podría 

Y ser el pensamiento y fd deseo que, entre otras va- 
/» rías pretensiones de su parte me ha llegado > de ce- 

líder á España el Portugal,, y: de tomar sa.eqúiTa- 
>)lencia en la$ provincias fronterifa^sf de la Francia. 
>» Su alma es bastante grande y advertida para que 
» alcance á comprender y valuar las razones podero- 
» sas que le he opuesto, no sin costarme gran violen* 
jicia en mis deseos de complacerle; pero esta pláti'^ 
» ca se ha abierto en los dias mismos entqne sus tro^ 
»pas se dirijen, sin acuerdo alguno dé mi párté-^al 
)) centro.de mis reinos > y en medio de las cualesni 
» á mi ni á mi aliado pudiera sernos decoroso tratar 
» ningún negocio de tan alta trascefndéticia. !En tales 
» circunstancias, mi obligación es conservar iiii so- 



DEL PRlKGIPS J>K LA PAZ. 21 

jt^becafiatindepeiideiLcia j retirarme mas adentro mo«- 
ji>iáeDtái|Qaiii6iit6, donde, en perfecta libertad, sin se- 
Dmeji^nia alguna de o^^sion ó yiqlencia, pueda sé* 
» j(uir .mis relaciones y entei^^eriQé francamente con 
»,m intimo. aliado. Esta medida, á kiyerdad mas 
» necesaria por la dignidad y la etiqueta impresciur 
»dibli^ de las testas coronadas, que por temor 6 rer 
^.celos que po.cahen.f^nfjnl espíritu solufe la fe' de mi 
«.aliado, no deberá estimarse que se oponga. en mo^ 
ndo algnno á laobserrancia rigorosa dé; los tratados 
» consentidos , ni que deba, entibiar en lo mas mínír 
^mó la amistad sincera que nos^une^con e\ empera*^ 
» d(Ñr j €oni la Frsmciav indisoluble enteramente por 
jomi parteiEnconsacuencia de esto dejo dispuesto y 
» ordenado: que. conti¿ie cumplidamente la asistencia 
»-deffp» tropas, y que ninguna cosa sea innovada en 
» la hospitalidad y miramientos que con ellas se han 
>> tenido .hasta el, piesenle. ilNi estorbará tampoco ies- 
»ta medida iqne^ si el emperador quisiere renovor 
«personqlmentennestipos antiguos la?^os de ami&tad'j 
» de aliaiíza^ y^con^rersar. conmigo boca, á boca sobre 
dIos mutuos intereses de las dos naciones, y los me- 
» dios ciertos y eficaces de arribar á las paces jene- 
» rales, le tienda yo mis brazos fraternales, salras 
» las reglas y las formas qué convienen entre los 
» grandes soberanos que sé respetan y se aman. 

o En i^pnsecuencia de esi^as ésplicaciones.y protes* 
» tas, de que en tales circunstancias como la^ presen^ 
}>tes me considero deudor á mis amados vasallos, es- 



22 i[£Moaus 

» pero de sn lealtad que ayudarán con su conducta^ y 
»«edEisatéz, tan acreditada en todos tiempos, mis in- 
» tenciones sanas y pacificas , persaadid(^ de que en 
»el orden natural y regnlar d^ los sucesos ^no es de 
» aguardar sino que se cimente mas y mas en pro- 
D porciones justas nuestra alianza con la^ Firanoia*; y 
x> persuadido yo también, como io estoy yd^-és-* 
Diario, de 4pie la nación magnánima que -Dios iia 
«puesto irini.'cuidadq y no podrá monos de aplaiidir 
»j de corroborar la determinación irrevocable '«n 
»que me hallo da negarme á todo jónerodé preten- 
»siones cfae^podiesen ser intolerables á mis pueblos^ 
o y entre ellas mayormente á la de enajenar, bajo 
D cualquier protesto que fuere, aun de ventajas mar 
o teriales que me fueran off eddas^ ni una sola aldea 
i» de mis : «estados y dominios. Dado. en Aranjues," 
ect, etc..(l) -I- .. . '..'..• • ■•' ' 

Por desgracia, el dia mismo «n.que este.maáifies- 
to debia darse^ comenzaron los movimientos turbu- 
lentos de la engañada plebe, lo sobrado para des- 
alentar á Gados lY , cuyo flaco, como he dicho tan- 



■ i 



I 



(i ) De entr«) el corto número d^papele^ que l^evó G ^los lY 

á Bayona, uno de ellos fué. este nialogrado nianifíesto, á fin 

' ' • • ■ , ■ ' /.■.-■ 

de presentarlo , como lo hizo, á Bonaparte, para ppnerle en 
evidencia cual hubiese sido la realidad de sus mtenciones en 
la resolución qiíe había tomado de trasladarse al mediodía de 
sus reino?. Í)e aquí ha sido qué yo haya podido conservar ana 
copia literal de este documento. . ' 



D£L P&iKCIPB DB LA PAZ. 2S 

tas v^ce&yera eli terror iqaQ.lé causdMii.hasía.ld nie^ 
iior somjirai de: asonadas « j^ tiimdítós^ .Esíe tetnor de» 
aquel buen rey* ló.famentsdmTivameiiite'aqabl minis^ 
trOy> Caballero v4^qaJeo(ftocabá por su (Acio iovijüár 
eala qaidbnd délireítio 7 lá sagrada inmiiiiid^d» dis' 
su monarca. De Ips deiías ministros ,'ítfesrserirido<^ 
rea. 7 en^pleados inmediatos á. sos majestades!, en 
unos elisilencio, eñ.oürosjaa.refipuestaslestádiadas .y^ 
i dos. haGes, en ¡otros el temor, y el sobresalto reiu. 
dadei!0> en.ini]£)ios;latp^£a>iy en casi lodos el de-», 
seo de que el viaje np se hicie)»e')(fócil de percil^we 
en. sos .pa^brds) yi. eüi Jh. actitud, de sos semblantes), 
fueron .paifte;pafa ^atir enterámen^ e^ ánimo, del 
rey 9 cnya inquietad. tí nóá aumentar con >ias!alast> 
mas el infánt^i doa Jkntonia, grande, actoo^ y fautoir 
aquellos d^ils.jde los sufaésos lámenkaUes que ie irie- 
1^ £1 pnn£Ípe'..de Asturias^. tan^^nto protestaba 
háUairse: listo, ái/^ierra o;os/á lo que el rey manSasey 
tan proüto jexajerabaí los peligms ;,, tan pvontó hablan- 
do con la teína kv^dia quoi aconsejara al rey!jqn& 
desniaiidase lapatrttdaL:.'»: f .: . m^í 

f A tan recias congojas qn» padecían . sus mj^sl»*' 
des TÍna ^.a&adirseial mismo tiempo la que oáusá 
una nota i4el embajador Beauhárnais, en que4lecía 
ser uiuyiposiblequei Jas tropas iiñperiales del fjéstí*' 
to de observación de las costas atravesasen para áin** 
daluciapor las- inmediaciones de Madrid, y que^fu 
tanto que le llegasen las instrucciones positivas que 
esperaba á cercaíde e^to, daba, aquel aviso á fin^o 



2.4 ., '! /...MAMORIASi."/ .: 

qoe^el igobíema'^e ¡& M., opa preyision de aqoella 
cíjBciuistanoia^lpiiidiéseidissonet con mas holgmra,. si 
llejgfasB bíqtíSúfihttii^capiús necesarios ^pira.. el Iráipn 
sítéi j súhsbtlsncía'idqi lasr.trúpasvjQayanibofabxb: ascen- 
día ó lódiíaiiaaceMe^ á csncpenta^nálihónáKref» Bste 
fué ;él colmO' jdf L apnFÓ: |Uff a ;4Í iey^ v 9^ s® encontra' 
ba pnoüot'd^ aquelr modo. «ñilrot dos fúegó^, un peli-^ 
g^o:idLiiúydOiro\iuxs¿a»uhby>9Ía ningnn camino me^- 
dío! en ilal confliáo ,'. tanto bUiyor cnanto empéaid ya 
á Teiifi«:<Mi>taiia»; claramente iqqe los ctaBi'lo>caiiaabán 
podiáii estar db ácaérd». • ' '■■. ». • .; ' 

finando me ^foéipoáblebablárte ajeólas, y S* filóme 
fxe^niá:^i¡u£podrm' hacetisedi^ conitoda- la ¡vehe-* 
menciaideimt espiritnle dijeqaiiapaprtida^era pte-* 
GUBüdas qne.tronascipjelaytieéra) y» qneelinomen»* 
tO'éra^llegqide déiJatial'. paeUoí^ elimánífiéste^ j( qpe 
cotrieslsniantiscri^to: mientras) ae diese^impr^áóv -fao 
pOT deshacía no Iq^estaba iQdaxniavaünqné'-se'lMibiá 
encjrfgddo.co^^nrg^effdia' «e estaibpaie. & MwVicon 
gnapid^r^péna miia> después de=ñnj)réTe cato de sUen»» 
cío, me dijo estas palabras terminátotep:? YoMtqakh 
^séí.ejBponerma á.ia desobiedíe|tq8'y al i desacata de 
» nñsi subditos 4 mucho menos 'al de . laá . ttopaa i de la 
«Eraneia, si, impedido eji viaje, cñal'Ted que casi to-t 
>»iio8,jE[iiieren impedirlo, me llego á Tér en pumos de 
>» ellas- Yp.no retracto mi partida; pero no la éra- 
i> prenderé si ino estoy cierto de lleTarla á efecto con 
ola dignidad que me conviene. Dése al instante nnal 
«proclama que traiquilice al pueblo y que no me bft- 



DEL PRlNGirS. DB LA PAZ. 25 

» gam^tir ^ qse. no me cpmpnHf eta , 7; q¡at mantén- 
))gaii|i .respeta en rio. que qniera qae. ocurriere/' 

Dicha y. hechq^ h^zo ¡llamar & M. á^ ^ priméis 
miniaUo, le eq^d; sa^Tolantad , 7 ordenóle qae ew^ 
tenflüeaj^la ^roclomá^^ y que sin >]^eriAer tiempo fiieJ¿» 
dada slpúblicOk En niñean aeto.de su yida fné séi^ 
YÍdo Girlof IV; con maa gmstio nimas prontjo^ La no-i 
ticia.de esta orden cprríéde boca en boca 'dentro j 
fueni del palacio/y ia proclama -salió luego* á con^ 

finnaria^.(l). •• ' ' 

■ . • ■ . ' , '.•■■'<• II 
ii -íj»» .1» .'.. «•*• 

• . ■ • •■ , . . , • , . . •• r-j 

(f). ELtenor det^afaéelsi^oienfte: . ,- '>• ii 

» circunstancias es nn-nneyo testimonio que me asegura de. Jqa 

■•;''. *^ ■.'>'>l *tí í; lii '.;.'•.) .'.lü '{ - f. • '♦ " > ^ . .íl 

» sentrniientos de.yaestro corazón « y yo qne cual tierno pa- 
n dré os amo , Yné apresuro £ cbiisolaros eñ lá áctaal angustia 
n qtte úk Oprimiév Héqpirad tiranqados; sabed f|rie el«jércitoW 
»-mi>caHro>a¡UaáoY ei emper^daar^de los ftaiitíeses y^^aviésaiki 
» rM<<J^;f^n Ü<^Q99 de pa^i jr de apostad»! Sp fílfiie^o. e^ Ivaslad^ij^ 
» s^ 4 lots^^unto^s ^p a^naiva el nea^^^p.j^^iQn d^sembar<|f| 
» del ene^^o y y que la reunión de los 9uerpas de mi guardia 
w ni úehé el objeto de defender mi persona ,/m acompañarme 
» éú ti¿ftiálié^^6 lalbaJicñJ'ós ba becho stij^üiíeí' e6iCití)i^T¡Í^ 
» 0Í8O4 fiodiftdó^^ei ía'iteéndrada leriia^' de ttiSTS^ 
n dos 9 de la cual tengo tan irrefragables pruebas , ¿ qué pue- 
>} do 70 temer? T aun cuando la necesidad urjente lo exijio" 
»se, ¿podria dudar de las fuerzas que sus jenerosos pecbos 
N me ofreceriaa? X^ : esta uijencia no la verán, mis pueblosV 
nUspwmdbBi tranqvilÜBad ymmtxo espÉrituocondaoid» coiba 
» basta aqd £011 las trepas idel aliado de> vuestro 'Vey , 7 ré^ 
» reis en breves dias restablecida la paz de vMstros eoraso*^ 



26 .\/'í / i[£]iioaus !iii > ' 

- ':Sli< QÍQcáo ¡ fueroút-for ^el pronta • vítor^ , y ^apiMisos 
en lóSL'jirdiiies.yjbajo ló& balicpnes>del'pa)areia>i¡f:^r6- 
luéiómuy. freícuente jjprim&r paso^.d& ordioaifib/ éo 
ktSiFeyoldciafies, para ivenir despuék i kMs :es4e60Bi 
£il-i»f;habiái aflojado .en sa^ desi§^nios>^<í saapeiidí^- 
dolos -al menos :á la primer demostración^ Ó, par me- 
jar.ilecir^prinier amago d]a inquietudes; .el paso estaba 
2(bieiVto.vinios(radQ {ya.d cáiúiíno^-coin^. Sucede én la- 
lefiíQasí^Siypaiiaiótcas.BaéTaSifeniatiTas míu^ mas gra-. 
Tes. El ser de los estados depende casi sieini|^e*'de 
un momento no advertido ó malogrado , y si pasó la 
manecilla del destino la gran hora decisiva y perento- 
ria de salvarse, ¡desgraciado del ^ue no supo ó que 
Hi>'pudo aproveth^rla! Todas nuestras desgraciad co- 
iüeñzárón' desde aquel primer triunfo jque lograron 
Ip^ que servían tan neciamente, sin ningún recelo, y 
sÁ^,i|ingupa ,qq§iita.da la patr^,. la ambición y la per- 
fidia del tirano de la Europa. { 03[lI ú^sid hubiese dar^ 
éf^^el ttiánifiesto que yó ansiabft, y que se hallaba 
jireparado/icómo séi habinfandes&écho todas las men- 
tiras y todas las intrigas de tos conspiradoi^es ! ¡cómo 
8Q 1^2ll>n^ alumbrado .y> pues,tQ ;^n hito al pj(iebl9¡.cas- 
t^lanoj: ¿Quiép de sana razón habria querido se ce- 

- •; I , , ■ .ir. ."• ■ • ■ . • . • I . * . 

^^»»»»— ^— ^«— — »»i».— 1 n i I ji^Jb^ I ■■ I I I I I I ■ ■ I ■ I lili 

p.\.- ') ■ .. . • . ■ . ;_• ■;.- ' ■ • 'i- ■ " ' ; . ' 

>!4i0S , y á mi gozando la que el cielo me .dispensa en el seno 
>(>de náiámiliay de vuestro amor. Dado en: mi palacio real 
»>de Aranjiiez. á 16 de mar») de 1808.— Yo el Rejr.t- A don 
M Pedro GeballoSi » > • > 



BEL PBinCIPS DE LA PAZ. TI 

lUesen las piorincias fronterizas á la Francia, y quién 
no haloía emíaijaiip á Garios lY para qn^ acelecase 
sa partida?. Y: puesto á salvo el rej con. su familia, 
¡qué nueva luz tan clara pudiera haberse dado á to- 
do el reino de aquellas demás cosas que no podiáñ 
decirse bajo ^ jugo.^e las armas ^n^migas!. ¡y.qpé 
actiiad Un noble. y respetable habría tomado Espa- 
fia,.sin peifdér-ittas tiempo, ante aquel que^ aun' con 
ser'táh poderoso, nos témia , ante el 'que deseaba 
ahorrar las armas Jr hacernos suyos solamente con 
engaños, y _ficcioi?ies! (i) .^ , 



. ' , \ 



(ly En j^rueba de esta verdad,- ruego á mis lectores no 
olviden los pasajes que he citado ya otras veces sobre lo^ te- 
mores de Mapoleon espresades á Moriil en la famosa carta de 
ínstímccimM^ ^ue le .^üiii^ó desde ParM con, feciub de 21) ide 
sarzo de. 1808« He aquí en su testo oñjinj^.algianos deJfpf^^^- 
^ares mas sig£»fiiQat»V'09. de aquel escrito: ; . ';')ii!>' 

i(I9e crojez pas que vou^ atliaquiez une natíos désaurpé^, 
» ét que vous n'ayez que des troupes á montrerpour soumet- 
» tre FBspagne.v.. • ' • • , ' ¡-r ■ ....''- ^ ••■\ ■<>.■. ■ 

n Yous avez aficdre á ua peuple aeuf ;til aura tout.)j^^i|ra- 
n ge , ii aura tout reutbiniíslasme que |*qn renconlareü^fb^z^^e^ 
«bommes queÁrontpoiat u6^%le/5,p.a$sÍQIi(fvpolÍ^^f;^,^.4i: ;^ ,. 

» L'acistocratio. et le olergé jsont Iqs 9i4(re^ ; .4^ )l'J^,^p^gri^$ 
• s'ils craignent (lour leiors privüéges ef; pour :lour< ossti^ace) 
nils íeront centre noüs deslevées en map^r qui pquri¡aieTU 
»iétemiser la guerr0i JTaiftespartiscmsi ^ijem8.préseriite en 
*t^conquérant,Je n'^mamai:plusj,.i,,:Z'J^sp<^pw,,a:plus-iie qdi^t 
V miUe hommes sousias arv^^iiQ'^plus.qu'ilnen faul^^pour 
»sQutenir avee avantage une guerre intérieure; üinüiés sur 



28 lEEMOmiAS/ . T' .. 

Interrampido, en fiii> ^ mi&fhaahuj única es^ 
pecanza cpi^ había de salvación poi^ejmomeáto, la 
sola 7 única medida que pudiera contener láenipe^ 

I ' « ■ ' . « ■ » ■ ■ > » I 

. ". • I . ' • . . t ■ . 

iiplusieurspoints'i ils petiüent servir de soulévement total á 
y^la monarchie enture,.., L*Aiigle|etre oe laisMra. ^s éehap- 
i> pes eett^ CH^ea^ipn 4e iwlfáyUer nos ei^tl^ifs^ f ^Uei ^^K^édie 
njonrnelleineQtdes aigus aux torces qu*e]le ti^;pct sur le$ cotes 
» da Portugal et dans la Méditerranée : elle fait des enrole- 
wments de Siciliens et de Portugais.... Jé pense qn*il níe fant 
nrien précipiter , qu'ü convient de prendre conseü des hjéhe- 
nmerUs.,,. 

»Yoas ferez en sorte que les espagnols ne poissent pas 
Msonp^nner lé parti qae je prendraii cela be será pas diffi- 
nleiJen'ensaisrienfnoi-'niéTné..;, 

- *VoaS ferez eiitendré k la noblesse et an ekrgé qae n la 
iiVtáite áeit intervenít^áans les affaires d'Espagáe, lean 
'«^piiriléges et leors ímmamtás serontjr^^ectés. Veas direz 
»qae Temperenr désire le perfectiontiement des institatíoos 
-npolitiqaes de TEspagne , peor la m<ettre en rapport arec Tétat 
» de la civilisalioki de Í-Bnr^^, ponr la soastraire aa régíme 
n des fayoris.... Yoas leur peindrez Tétat de tran<ianiit¿ et 
» d^aisattee dotat joniíí k Franoe , awalgré lea gnerres oü- elle 
ñ Vdít ténjcFors «igfeigée , et la sj^e/úáéwt 'á& la religioii, qai 
» doit'SÓn rétí^Hssemeftt aa eóncdrdát qae ]*ai' signé avec le 
npapé.... (Estaá mismas especies eran las qtie ^embájador- 
r» fi'ances' iücalcaba á los conspiradores del Escorial y de 
MÁraiíjnez, y ceta las qué íma maltitadinniiraíerable dé úadi- 
'wTidaos'fiieronpdr élloá éngá¿ádb¿ éti todo ^ reino.) L*ar- 
'^ mee évitera tóate reacontre , soit at^ec des corps da Tarmée 
^ espagnole , soit avec des détacheménts t ilne fáuí pas ^tte 
M d'aucun cóté, ü soit brúlé une amotoe.,,. Laissez Sakmo dé- 



DEL PRlRCIPB DE LA PAZ. 29 

zada aj^resioD de Boaaparfce, mandóme el. rey quor 
yo esGubiese al^príacq^ Jlnsat para quniplimeatarle 
de spi parte ^qiic^aqÉella caria fneifteeficrita eoo coan^ 
to estadía iíieae dable ]^ar^ obligarle: á dak^sua réat 
paésta sóbrela dirOTKJÍa y objeto dpsn marcha, qu» 
la HeTase una pen^ona de nú j^erfecU: confianza , cav 



.* as •*• .- *» i, ■•*.•.&•'«*«■ A f 



4 • ' y 4 • 



npasser Ba4QÍ(a^ffdte^s^h*ob^erver^ doimez yoDS-méme lUm 
» dication des marches de mon armée , poar la teñir toujonrs 
ȇ une ^taoce ^ plosieors lieaes des corps espagnols. Si la 
» guerre s'cUlumait , tout serait perdu, Cest á la polüique et 
nouxnégociiitüms'qu'ü appartíeni de dácider des destínées 
nde l'Espagne, 7e vous rócommande d*éviter des Qsplicationli 
nayeo Solano, commé áveb lei aatres genéraos et les goa- 
Mvemerirsespagholsv^cítln, éte. » ' 

Tisto aÉíiél justado d^perplejidad.yde'tdffibé'fen ^úe ^é ha-* 
BaliaBonjaparte^iank después que ya reiftábatlii príncii»d qóe 
Bo tema reeonocddov yeon elcnal no. le 'ligaban los tratado^ 
ajilstados con s« padre v ni hl ántima amistad polifíca qué' cote 
éltema^empeñadaiáflafascle toda la Bordea, ¿évA\ 6ái)ííá 
sido so temor idé errar d golpe y de ¿Jésb^éárse én tótfo el 
mndo, si, retinado <Cdrlo$ iVá lo interior; Ineó guarnecido; 
con la oliya en la mano y sin otra ninguna pif^Üe^doh qne Tá 
observancia del tratado 4o Fontáiocfbleao, le bóbiera poest^ 
en el caso, ó de mancharse coii la péi^dia propia sdameilté 
de on monarca atrol y bárheiro, faltando^vemente á la mi¿- 
ma garantía dO'^nk étftados que le tenia dada, y ésponiéndoslá 
á'mia goerra conky^ mismo presentía'; qóe )podiera'bácei^é 
efetift^; 6 de cedc^* éíi stts detígniósV^tí^^ Iás>^feteiiídó¿eá 
qo0 Ui» 8(»Ib'CfMMf'tin déiüélo'háBia signifi^áfdó á tMo^tSf\W 
cües^ ssefiáktila^ pl^tb tiEuitorsiíÍ'nÍD|[Miá' tnehgoa kú so'áúi^»^ 

I^rOfiiO'-? • -U'f.J'^'. .H..'!!".'.. -.1' •■ . ■ r :'í( ■ 



3jO , . MEMORIAS . .: C 

{►aq de insinuarse diestramei^te y de esplorar Jasáu^^ 
tebdkmes'c^ ¡que^l^^ 'feancesc^ 'Seit^cercaba Obe- 
dedv H^ssin Ipedacine dndfk:d^)iX[n^.erai\ni^ :p¡as6 
inátil íoiail: lo liabía áSo j^itxeá^kécesL .Encúumnái 
estp cacítffiíjrieste paso aI(d%nÍ8Í»oiúficlal dún Pfitdmi) 
'VelardeyiSecretatioi de) estado > major^, .caya;^ lealfadl 
y patriotismo adquirió luego tanto nombre (1). 

Cual era en tanto la intención de Garlos lY, po- 
drá alguno preguntarme. Yo le responderé ^W'Cár- 

'. ;:! i'.» I .' . ,'•. .í.ti • ; .)■. .1,, *i^ X ( " \' >•' • 
■•i. ) ■ ■ • , , I .1. 1. íá i » , . | .»■ : ■ <»■* « i. >« 11. i ■ v .t r . fnn • i» ' I ^ « ' i. i i. JÍ j ' « l i l i < • 
\m ^^- \ \,\\\; ^ ■■'.••'.' '^ .' ■■ .• ..N ;■.'.■'.. "^i- . .^. 'v''': '' y ^ 

■•: 'ii)\ . La respoesta merameiite < yerbal que cüó Marat á ^b 
Pedm Yelardei, noilieg6 4) Madrid .sinQ dos días de^pnés de 
kaber sobado al tlFOBO di priadpe de.Ástumasv J)eoia en ella& 
« que el gran duque le había manifestado no tener orden para 
»entrar.en Madrklf perpquei-^l. dia..si^iekite, (l'i de mar^o) 
»esperal^a probabl^iEa^«tQ,feoibirÍD:str«eoion^ que pailicipar^ 
i^nf c^f4^iBujil!rag04:que em^ea^^) de babeen entrar ¡en Qla*- 
».4nd9,,Q9 ^^driajtdeSaa .Agusj^k} pai;a) yeri&carlo , sm estar. 
»)ánt|B¿s ^ acueri^.fon uaesj^ g^bi^mo^-que deberia. oonti-» 
NjQijLaf; sui^ardcbaidádiz, aunque quizi.se detendxia en Má-, 
ndpd algunos dids; qqe en dic]io pifeble.de San Agustín ise 
'M.det|^rn[dna4a y arreglaria,.?i podría c^ip^Yexúr que.- entrasen 
>\^(f, IfUsidiú^ ,9lffanaíS tropas ^.sa .núnaeroi y elidía deja anteada^ 
•ígjjp.fljl^^swo P?j^N|l]ja qne.íppdria pijifrliicar las 'WJríis del 
V^lflPfindor, ,s[u.?pl;>^ano 5 ^fíji^j? a|.biep(,de j qué 

)í^ei,pinp^a4í>f We^fajriatn^ujj pronto , como, dfiwtro dejfiuatro.ó 
»?c,ifl^C9,|dias^<iy qi^^^ncfafgab.a y .pedíft ^^^ecádameiitei;^^, 

umismo de todos los efectos y utensilios necesarios paií» «I 



DEL PBlNClFE BE Lá FAZ. ^1 

los lY mismo lo^^ignociba.' BecoDOoi^iido SAciiiíteroft 
j 9t deb^> en Tetírarse,<dos ideas fijag é' insepara^ 
bles deiso! mente parqliz^bavsw propósito: la pnní6>- 
ra siyresokiendoiiineyameDteüá partida. y empi^n^ 
diéndoIa^TolTerian las .inquietudes y.-sareria ea /m 
grikft 'QO«flic(a-coa el pueblo; la segnsda', sisepo- 
diridi decir queühabia falfado á las segtoida des qoe 
pariefcis^ ofreces Jbaja^sa nombre y firma la proelaina 
dada. Jaquel itemon y. esta proclama eqniyaliaiüá dos 
fiadoteaiqüe en las- .ruedas de su coche le habrían 
puesto para. bi^c^loiinmóViL Pii desmandó S. M. el 
viaje ya mandado». .ni sQialfe.nó á. «landarlo ni^eya* 

. • .►; ■•',..{>. f ' i- "'"I ; I :! i''"' :j : . I ' ." -.'.] í . I'. ; # 

1 

■ ' ■ ' ■ ■ . II ; I ■■■ 11 II « w ■ ■ ! I ■»■ > II ■ ■ ■ ' ' J T i ' ■ ' ■ ■ I I" 

» servicio ¿el ejército i qae esperaba en fin que todo periñáiie- 
»cei^ tralAqcdl'o iéblttadrfdv puesto que no se separaría 'de ló 
••que le maAdase-el'empéi'adtn'yy lo acordaría antes todo con 

»el rey.ó con 809Jenerid8S»Y. .' .;);i 

Todo este relato fu4ipu})^,9doá la, letra. en la| Qaceta de 
Madrid del VI de marzo , completándose el contento de los. 
tnun^dores de ;4ran]nez por la conñrmacion que , a sn modo 
dé Véf, hallaron de las grandes prom'ésas ¿fel emÜajadoiE' Be^ti¿ 
f^ámais", ieiA-la indioaeien qáe hacia Mi^rat'sAfl^ire lá yetúdá^dél 
empei^adoc y.sobiB sns mkaa:.diríiiclai^ athién xkr.iai España* 
íffi«»t>í?Sj^JÍíay4^}r, ^ía él.mktepo 9i\\qu^ 
r.al>ím^ f o^ rg^^c^o áígie^tf a cójít^^.ijaa^se afr^^^^^ preer 
qne eDos tedian la llave 4^1 secreto en las seguridades qye 
Beanhamais les daña de que venían tan solo a derribarme de 
Íh\'^ü¿yí¿,f'cuVi^úíyilib,' dÍd»-el 'ck^'-de^4[é^:'Cárl<^ IV 
tk» ab'¿toa!S)ft<laí^ú>róná^áiáMN4fiM<t étí(él(«dibaidb^UL'e):maifllft 
il«LpriQ€»pe4i9;AjBtQri|i(Br'.vi) fi;i/* ,^..ii ;i • riii.nul Ir.'ji r.l 



mrate., »i nhda eslnro prepácado para el 17;. Beesr 
ta .tuerte la nafe del estado, ser; eintontoó aqdeL dia j 
«n. .él siguiegát^ eoipa uir bájeL'parqdoí en ¡el difibik paí- 
«o d(; la linea:,' el cielo : encapotado > jr,:aáiénazaodo la 
iarmenfáy enmedio de la calfita,:.p()r nistantés. t. • 
- >iJio.sB doiiniaii en.- t^ntb los! perversoán memoras 
4iiraba;aC[i]fiLestadó (si se.|iuédé Ilainav asiíeo^loiiiío- 
ffaléomo en laiísiQo) de. una peiifdcta cd^l^p^íéil 
4iie hablan pnesto á Gárlps I¥. 'A cuañA>$'^t& pre-^ 
gantaba,' les bia siempte el mismo lema '^i^xsoiánime 
t<espüesta de que todo estaba quieto^f^oañjüdiendo 
isiempce 4ve la- quietud piodria altovatáeisi.seisspar^ 
cian nueyos temores de que sus majestades se ausen- 
tasen. Todas mis tentativas para es^citar aquel Teal 
ánimo suspenso fueron ranas: mas de una yez S. M.. 
enaiido a.un le instaba sobre lo^. peligrosrinteriqrej^. y 
esteriores de que se baílala, rodeado, yohiéndjose á 
otro lado, me trató de importuno y yisionario. . - 

De aquí ya nias no ine será posible referir, iáino 
de óidás , una gran parte de las cosas que fueron be- 
>cbas á escondidas y trajeron la estrepitosa y d^^lor 
vabUi peripeciade los dias 17, 1^8 y 19. He aqui.ejí 
suma lo mas ciétio y lo mas digno de saberse^ que, 
ya dé propia ciencia, 6 ya por relacioné^ de péfso- 
nais impáj^ciále¿ qfue óbl^éryaron 106 su'ce^s' y oyéi^on 
^Igp en los. adentros I puedo ófreper á mi^ lectoras. ,. 

4e impedir h manehat proyectada ^ly m resuelta de 
la real familia, ciertos, cual desgvaoiadameotoyiéi^ 



BEL PRlNCIFB D£ LA PAZ. 33 

jámente se creían poder estarlo, los partidarios de 
Femando , de que luego de llegados los ejércitos 
amigos y el emperador de los franceses , el verdade- 
ro 7 solo rey sería aquel principe , si acaso no del to- 
do en cuanto al nombre, por lo menos de hecho, 
partido el trono con su padre, y colocados ellos al 
contorno en la futura corte, hechuras del gran hom- 
bre, y paraninfos de las futuras bodas imperiales. De 
mí no habrían estado cuidadosos si yo no hubiese 
aconsejado y promovido eficazmente la partida que 
debia frustrar sus esperanzas; pero, cuando la vieron 
ya resuelta y tan cercana , todos los medios de im- 
pedirla los hallaron buenos. Hubo quien discur- 
riese 'arrebatarme por la noche y secuestrarme 
aquellos dias, faltando solo cuatro ó cinco, lo mas 
largo, para que llegar pudieran los franceses; otros 
llevarme á un puerto y relegarme á tierras retiradas; 
otros envenenarme; otros pagar un asesino. Por mi 
fortuna ó mi desgracia aquellos hombres consulta- 
ron sus proyectos con Beauharnais, y si es verdad 
lo que yo he oido, este, por mas humano ó por mas 
cuerdo , si bien era el primero que movia cielo y 
tierra por debajo para impedir aquel viaje , fué de 
opinión no se empleasen por el pronto para estorbar 
la retirada de la real familia sino tan solo aquellos 
medios que pudiesen ser estrictamente necesarios:, y 
entre ellos, los mas suaves y pacíficos. Tal fué>, des- 
pués de un largo acuerdo de los conspiradores, aquel 
amago de inquietodes que el 16 fué hecho, y el cual 

3 



34 IHEMORIAS 

habría bastado Giertamente á sus designios con muy 
pocos simulacros de la misma especie que hubiesen 
repetido para oprímir el ánimo del rey tan aprensi- 
YO j tan benigno. ( 

Pero las tropas convocadas ^ que de Madrid habian 
salido y se acercaban ^ dieron á la facción temores 
nueYOSy recelando que se esperaba su llegada para 
emprender la marcha. La yoz que habia corrido en 
un príncipiode que debia yerifícarse la partida el 17 
fué resucitada , y los fatales conciliábulos volvieron 
con mas fuerza. Hasta la calma misma que se notaba 
en el palacio fué interpretada como un hecho con que, 
mostrando gran descuido , se preparaba una sorpresa. 
£1 mismo infante don Antonio , de su propio herma- 
no que jamas mentia, hubo de sospechar que lo en- 
gañase , siendo él quien se acercaba con perfidia para 
calar sus intenciones y venderlo > como después lo 
hizo. Habíale preguntado si era cierto que se debia 
partir aquella noche ^ asegurando hallarse pronto á 
obedecer y á acompañarle de buen ánimo^ fuese acer- 
tado ó no el viaje. El rey le respondió con su fran- 
queza acostumbrada: ''me tienes muy cansado; si la 
»partida se realiza y te incomoda acompañarme, tú 
»eres libre de quedarte. Duerme entretanto descuida- 
»do, no me muevo, aguardo una respuesta; si resol- 
» viere la salida , nunca la haré de noche como quien 
» va huyendo 9 sino de dia, como conviene á un rey^ 
j»al frente de mis tropas , y declarados á mis pueblos 
»los motivos que dirijen mi conducta.'' 



DEL PRÍNCIPE BB LA PAZ. 35 

Cual se verá después, esta respuesta fué mi ruiua 
que aun no se hallaba aparejada. Los hombres del 
partido, creyendo que en efecto se movería el viaje 
aquella noche, habian imajinado dejarlos reyes y la 
real familia que partiesen, y apoderarse luego de 
Fernando en sitio oscuro, preparado un accidente que 
pareciese casual, como romperse alguna rueda, que- 
brarse un eje, ó cualquiera otra cosa semejante. Lle- 
gó empero Beauharnais, le consultaron este medio, 
y desechi^le, por la razón, bien puesta de su parte, 
de que era provocar la división entre hijo y padre^ y 
que al emperador, cuando llegase , no le seria posi- 
ble hacer pinguua cosa en buen^ regla sin la presen- 
cia de uno y otro, y. aun la del rey mas necesaria 
que la del principe su hijo, para zanjar y asegurar 
sus propósitos bei^^cos. En esto fué sabida la res- 
puesta que habia dado Garlos lY á su hermano doni 
Antonio, y concluyeron todos que el rey no babja 
cambiado de consejo, y que aguardaba el lleno de 
las tropas que llegarían el dia siguiente para pone^r- 
se en marcha y realizar mi pensamiento. ¿Qu^ re- 
medio i tan grande mal ,, juagado tan posible, ta9 
cercano y tan irreqaediable^. ú las tropas eran fíelas? 
Echar ^l^ajo sin tairdanza ql que ajitaba Ja, partida^ 
acometer su casai, gritar en contra si^ya, vitpipear al 
rey al mi&nip, tiempo, y hacer por este OLodo lo que 
es de estilo y uso, de ordinario, en todos ,lo$ tumul- 
tos de una corte. Beai^harnais dio pleno asenso J| 
aquel arbjt^q; perp recomendando nuevameqije dii^i? 



36 MEMOBUS 

jir el movimiento con tal pulso qae nada fuese hecho 
^n demasía, sino tan solo lo preciso para el efecto 
deseado que era librar al rey aquellos días de mi 
influencia. Insistió en esto fuertemente ^ y añadióles 
que seria bastante disponer la acometida de mi casa 
aparentando gran furor, mas calculada de tal modo 
que yo pudiera huir, como era de esperarse lo inten* 
tara á yista del peligro^ tomadas por supuesto las ave- 
anidas del palacio para cerrarme aquel asilo^ y que me 
viese precisado á retirarme tierra á dentro; que en su 
opinión, aquella fuga, lejos de impedirla , convendría 
facilitarla, y que era necesario dejar mi vida á salvo, 
no exasperar á Garlos lY, y no mancharse con un 
asesinato; que mi prisión no con venia ni seria posi- 
ble mantenerla sin ponerse en guerra abierta con el 
rey; que mi presencia en tal estado podría ser un em- 
barazo á la política eminente y circunspecta con que 
el emperador se había propuesto protejer al príncipe 
de Asturias sin chocar de frente con su padre, y que 
en resolución , un alboroto popular sin mas resultas 
que mi huida no seria un compromiso para nadie, y 
sobraría para impedir que Garlos lY, mal aconsejado, 
realizase su viaje. Este dictamen fué abrazado por los 
conspiradores; y como estaba todo preparado con 
jente y tropa sobornada para aquella noche en que 
se había creído que seria la marcha , y en' que se ha^* 
bia intentado hacer el robo de Fernando, fuéles muy 
fácil concertar y disponer el acometimiento de mi ca- 
sa de la manera y ala hora que fué hecho. 



BEL PRll«GIPB DB LA PAZ. 37 

De entre las varias relaciones de estas cosas que 
después corrieron 9 y muchas de las cuales fueron des- 
pués llevadas á sus majestades, cuando no era tíem-p 
po ni eran reyes, esta que dejo escrita es la que yo he 
tenido por mas cierta, no tan solo en razón de las per- 
sonas fidedignas y contestes de quienes procedieron^ 
sino también por su coherencia y su [erfecto ajuste 
con los resultados que se vieron , como se irá notaur 
do á cada paso. Y aquí encuentro el lugar de refutar 
muy fácilmente cierta especie que ha sido dicha y ror 
petida en muchos libros y folletos, de que el princi- 
pe Fernando dijo á un guardia : Esta noche es el 
viaje, y yo no quiero ir; y que de aquí fué el movi- 
miento y alboroto promovido. Que no era aquella 
noche, sabíanlo todos en palacio, donde ninguna cOr 
&a se movía ^ ni se alteraba en nada el orden cotidiar 
no. Mejor que todos lo sabia también el infante don 
Antonio de la misma boca de su augusto hermano, y 
por $us propios ojos y los de sus criadas que velaban 
como otros. tantos Argos. ¿Gomo es posible,, pues, quov 
el principe Fernando ,^ que estaba en. relaciones ínter 
riores con su tio, y vía ademas 1.a paa^ y la quietud 
en que se hallaba todo, hubiese dado aquella alarma? 
INo, no vino de Fernando el movimiento de aquella 
cruda noche, por mas que hubiese sido de su gusto 
lo que hicieron sus amigos; y aun me inclino á pen-^ 
sar que nada supo, sino algunas horas antes, del pror 
yecto á fuera convenido. 

Mientras que tales cosas se tramaban en lo ocultóla 



38 MEMOKIAS 

daba el ministro Caballero á Garlos iV las seguri- 
dades mas completas de que todo estaba en calma sin 
descubrirse en parte alguna el menor yíso de inquie- 
tudes, acerca de lo cual, tanto al rey como á la reina 
dijo que respondia con su cabeza , y que ademas juz- 
gaba muy del caso que por sus majestades fuesen da- 
das señales manifiestas de su entera confianza, sin 
aumentar su guardia , sin alterar en nada las como- 
didades de su vida, ni abstenerse de sus páseos acos- 
tumbrados. Y fué tan jeneral en unos el error ^ y en 
otros la perfidia, que no hubo nadie que dijese al 
rey ni le indicase cosa alguna de la tormenta tan 
cercana que debia estallar á media noche. S. M. sa- 
lió, en efecto, como tenia de uso por la mañana y 
por la tarde; la reina , el príncipe de Asturias y to- 
dos loá infantes pasearon igualmente, cada cual y 
cada cuales de igual modo que lo acostumbraban dia- 
riamente. El rey yíuo á mediodia de buen semblan- 
te, me tendió la mano y hablóme de esta suerte: 
"Yo soy ahora el que te traigo buenas nuevas; á mí 
jDpuedes creerme, todo está tranquilo y todo está 
j» acabado. Dios, que ve mi corazón, nos abrirá cami- 
»no: respiremos un poco, y á ver venir dejemos al- 
»go i su divina Providencia." 

Yo, por mi parte, que ignoraba enteramente lo 
que se estaba maquinando, dije al rey ''que mi te- 
Dmor era de á fuera, no de á dentro; que Dios hacia 
^milagros raras veces, y que en verdad podría tenerse 
» por milagro que los ejércitos francesos no trajesen 



DEL PRÍIfCIPB DB LA PAZ. 39 

))ellos mismos la respuesta que se habia pedido." — 
"Pero, por Dios, vivamos hoy, me respondió S. M.; 
»mañana no es muy tarde para hacer lo que con* 
)) venga; mientras tanto habrá llegado ya toda la tro- 
»pa que debe acompañarnos, sin lo cual, por lo que 
«pueda acontecer, no es bueno aventurarse." Después 
salió S. M. á su recreo ordinario. 

Largo y eterno se me hacia el espacio que aun 
faltaba para el dia siguiente con la última esperanza 
que me dejó entreabierta Garlos IV sobre la parti- 
da. Pasé buen trecho de la tarde trazándola á mis 
solas, discurriendo la manera decorosa y en perfec- 
to orden con que podría hacerse , y las medidas pre- 
ventivas que deberían tomarse para impedir un nue- 
vo movimiento de la plebe. Por si llegaba, en fin, 
aquella hora tan importante, tan ansiada, y por ma- 
yor seguridad, despaché con gran secreto un parte 
al general Solano con la orden de acelerar sus mar- 
chas y adelantar hasta el real Sitio. Tan pronto 
esperanzado, tan pronto decaido, fué para mi co- 
mo una especie de delirio la manera de andar mi 
pensamiento aquella tarde , sin ajitarme otro temor 
sino de que ganasen los franceses los momentos tan 
contados que aun faltaban para que el rey no se 
encontrase en medio de ellos sin libertad y sin 
decoro, y le arrancasen el tratado desastroso que 
Bonaparte deseaba. Por lo demás , en cuanto á lo 
interior, yo confiaba casi otro tanto como el rey 
en la tranquilidad y la obediencia de sus pueblos. 



40 MEMORIAS 

y mas si se les daba previamente el manifiesto. 
TSo faltó en tanto quien viniera y me advirtiese 
que se había notado haber entrado aquella tarde al- 
guna jente forastera, de mal aire en su figura y peor 
en sus modales, manchegos los mas de ella; que ú 
algunos se habia visto conversar de un modo caute- 
loso con los palafreneros del infante don Antonio: 
que otros, pasando por mi puerta, habian jesliculado 
de una manera indecorosa, diciéndose palabras al 
oido con risas descompuestas y afectadas; que las 
mujeres del mercado parecían inquietas y arriscadas; 
que se habian visto aquella tarde en los jardines va- 
ríos grupos de soldados retozar, y vocear y figurar 
camorras, sin ningún respeto á aquel lugar, y sin que 
nadie de la guardia lo estorbase; que se cerraban 
muchas tiendas, y que el aspecto, en fin, y la reser- 
va que se veía en el pueblo no anunciaban cosa bue- 
na. Yo, sin dejar de sospechar que era posible se in- 
tentasen nuevos movimientos por los que recelaban 
se llevase á efecto la partida, no pude persuadirme 
de que el ministro Caballero, las demás autoridades, 
y los jefes militares que respondían y respondieron 
al rey mismo en aquel dia de la quietud del pueblo, 
y' del respeto , la lealtad y buena disciplina de la tro- 
pa, podrían dormirse en sus deberes, ni mucho me- 
nos quebrantarlos. Me pareció que era ofenderles , y 
hacer yo un mal papel , el advertiries lo que , si era 
cierto, debían ellos saberlo, y no lo siendo, parece- 
ría flaqueza y miedo de mi parte. Y por igual razón 



\ 



BEI PBÍIfCIPB BB I.A PAZ. 41 

me abstuve de reforzar mi guardia, que era solo de 
nueye hombres (1); tenia ademas otro motivo para 
no aumentarla , y era que el rey no lo habia hecho 
en su palacio. Mi corazón , por otra parte, después de 
tanto tiempo de una brega inútil (¡tan inútil á mi 
celo y á mi patria!), tan contrariada y tan sin gloria, 
estaba puesto y resignado á cualquier golpe que ter- 
minase mis afanes como Dios quisiese. Aquella noche, 
como todas, fui á acompañar al rey; pero solo entera* 
mente, sin llevar conmigo ni siquiera un ayudante 
como de ordinario solia hacerlo. Tanto al rey como 
á la reina los hallé tranquilos y gustosos : habian 
llegado juntos á la vuelta de paseo S. M . la reina, su 
hija la de Etruria, el principe Fernando y entram- 
bos dos infantes sus hermanos. Todos, y el rey lo 
mismo, habian tenido en su camino aplausos muy 
colmados. Caballero habia estado á su recibo, y ha- 
bia pedido albricias á S. M. de la quietud que se go- 
zaba. 

''¿Y bien? me dijo el rey cuando quedamos so- 
))los, dime en verdad, ¿te encuentras mas tran- 
í) quilo?" 



(i) Gnando estaba yo en algono de los Sitios reales con 
los reyes , se componia mi gaardia solamente de ocho hom- 
bres y un cabo , servida por los cuerpos de la guardia de ca- 
sa real, infantería española y vi^alona. Mis húsares, que de 
ordinario tenían su cuartel en Madrid , componian parte de la 
tropa que se habia mandado venir á Aranjuez. 



42 MBHORIAS 

— " En cuanto á mí, señor, le respondí , está tran- 
»quila mi conciencia, por la certeza en que me ha- 
mUo de que desde un principio hasta el presente, du- 
»rante tanto tiempo en que he gozado su augusta 
^confianza, le he dicho siempre la yerdad, y lo he 
j»cansado muchas veces á fuerza de decírsela. ¡Mas 
»cómo puedo estar tranquilo, ni qué podrá impor> 
ii tar, si es que la hay, esa apariencia de quietud , en 
» medio de la cual y al precio de ella, de una hora á 
» otra podremos vernos sorprendidos, y un Borbon, 
»un rey Borbon , el solo que aun está de pie derecho 
»en toda Europa, entre las bayonetas de sus ene- 
Dmigos/' 

— "Dices bien , replicó el rey, que me has cansa- 
ndo muchas veces á fuerza de decírmelo. Mas tú eres 
»muy fogoso; yo tengo mas prudencia. Con la ra- 
))Zon que nos asiste se habrá juntado ya mañana, 
»de una manera respetable, la que convence mas que 
» todos los discursos, que es la fuerza armada. Mi re- 
«solución, por €n de todo, es la partida: ¿estás 
«contento?" 

— *' Contento , contentísimo , esclamé; no me ator- 
» menta otro cuidado sino es este; de lograr poner 
«en salvo á vuestras majestades y á su real familia, 
«aunque sea al precio de mi vida. Dios solo sabe los 
«apuros en que antes ó después podré encontrarme; 
«yo espero conseguir este deseo que me devora y 
«concurrir á tan gran obra; pero, señor , si por ven- 
ntura me viera yo arrancado de su lado antes de 



DBL PRlNGIPB DB lA PAZ. 43 

»tiempo , no olvide este consejo que aun me atrevo 
ȇ darle por mas que tema importunarlo: que Y. M. 
»no ceda en su propósito y lo realice con denuedo y 
»con muy grande confianza en la lealtad innata de 
»la España con sus reyes. Yo no creo á nadie des> 
«leal y osi#do á su persona , si Y. M., llegado un 
))caso necesario y se pusiere al frente de sus tropas 
iDCon imperio y con firmeza." 

— " Pero ¿por qué me dices tales cosas?" clamó 
el rey. — "Señor, le respondí, por un evento que, á 
i)decir yerdad, no lo aguardo ni lo temo; yo creo que 
»se respete en mi persona vuestra persona augusta, 
»de quien es la autoridad de que me encuentro re- 
» vestido; pero, al fin, ¿no es posible que hubiese 
Dun asesino que, sabiendo ciertamente, como todos 
«saben, que promuevo la partida, imaginase el im- 
«pedirla quitándome de en medio? Mi antecesor Fio- 
»ridablanca , en circunstancias menos graves , fué 
«asaltado y mal herido por un hombre, á no poder 
«dudarse , pagado y dirijido por los que estaban en 
«la sombra." 

— "Yamos, ¡visiones tuyas! repuso Garlos lY; 
«yo puedo asegurarte, de mis propios ojos, que todo 
«está .acabado y que Aranjuez está tranquilo. Para 
«fundar estos recelos ¿has tenido algún motivo que 
«yo ignore? No, no me ocultes nada si lo tienes." 

— "Señor, respondí al rey, en lo que he dicho 
«mi intención ha sido solamente fortalecer vuestro 
«real ánimo para un caso que ocurriese, no imposi- 



44 MEMORIAS 

))ble, por mas que yo esté lejos de pensar se verifí- 
j»qae. Vea Y. M. si tengo confianza , que he venido 
»solo. Las cosas que yo he oído son solo especies ya- 
ngas, poco significantes y que no pueden oponerse á 
ola certeza que á Y. M. le han dado los que tienen á 
»su cargo el orden público^ certeza en que ademas 
» Y. M. se ha confirmado por su propia vista/' 

Instado por el rey á que le refiriese lo que yo su- 
piera, conté á S. M, lo que habia oido, sin darles 
mas valor de lo q<ie merecian á aquellas relaciones, 
empero sin quitarles el que debian tener en una cri- 
sis tan arriesgada y tan penosa como era aquella en 
que se estaba. ¡Fuerza de los destinos! el rey, tan 
aprensivo como era en punto de inquietudes, no te- 
mió nada aquella noche ^ ¡tanto poder tuvieron como 
esto los aplausos que recibió aquel dia! ''Todo eso 
»es nada , todo eso es despreciable, me contestó S. M.: 
jocuanto á los forasteros, que eran pocos , Caballero 
»ya ha tenido buen cuidado de hacerles retirarse , y 
j»aun creo que ha hecho prender á algunos; cuanto 
ȇ la tropa^ sus jefes me responden de ella; y por lo 
jDquees mi hermano ^ yo no le tengo por tan guapo 
))que se esponga á que lo encierre en un castillo. 
))Duerme en paz por esta noche ; yo soy tu escudo, 
j» Manuel mió, y lo seré toda mi vida." 

Serian las diez y media , y atravesé de nuevo has- 
ta mi casa> solo en mi coche, como vine, y sin mas 
armas que la espada. TSo vi por ningún lado gente 
alguna sospechosa , ningún corrillo , todo en calma. 




BEL PRlIfCIPE DB LA PAZ. 45 

aoD mas que de ordinario. *'Gárk)s lY tenia razon^ 
«decia yo entre mi mismo, y nadie lo ha engañado.*' 
La misma calma hallé en mi casa ; la puerta quedó 
abierta; la mesa estaba puesta ^ y me senté á cenar 
con mi querido hermano el coronel do guardias es- 
pañolas y con el comandante de mis húsares. 

Y hé aquí una reflexión que ella misma de suyo 
se ofrece claramente: los conjurados fueron dueños 
de mi yida por dos yeces cuando pasé indefenso, á 
la merced diyina solamente, en mi ida y á la Tuelta 
del palacio; y esta segunda vez en hora mas á punto 
para un golpe de sorpresa practicable en un momen- 
to. Aunque hubiera Hoyado alguna escolta , tan pre- 
yenidos como estaban, cual después fué yisto, hubie- 
ra sido el golpe cierto , ineyitable* Si entonces no lo 
dieron, fué que no estaba aqnelk noche en su pro- 
yecto ni matarme ni lleyarme prisionero , sino orde- 
nar después el mayimiento por manera que me que- 
dase el medio de; la fuga, sin buscar otro efecto por 
el pronto que toi ausencia y mi separación de los ne- 
gocios. Mas ¿ por yentura la ira que tenian en con- 
tra mia se hubiera limitado á promoyer mi huida sin 
que la hubiese contenido y gobernado algún influjo 
poderoso? Yo yeo la prueba en esto de las relacio- 
nes fidedignas que he contado mas arriba , según las 
cuales fué el embajador Beauharnaís el que contuyo 
aquella jente y la redujo al solo intento (suficiente á 
los designios de su corte , al menos por entonces) , de 
asombrar á Garlos lY, y á mí alejarme de su lado, 



\ 



46 MEHOBIAS 

I 

rio habiendo sido de esta suerte, yo no hallo espli- 
cacion que satisfaga á estas preguntas: ¿cómo no me 
embistieron ni me asesinaron cuando Yolria á mi ca- 
sa, pudiendo haberlo hecho impunemente? Y si el 
intento no era otro que aherrojarme y obligar á Gar- 
los lY á perseguirme ó á alejarme de su lado, ¿có- 
mo perdieron la ocasión tan oportuna , tan grande- 
mente fácil que tuvieron á su mano? ¿Es de pensar 
que no me hubiesen yisto ni á mi ida ni á mi Tiielta 
los que se hallaban preparados y acechaban con tan 
grande yijiiancia mi casa y el palacio? Claro está 
pues que el golpe estaba apercibido y calculado de 
la manera que fué yista, propio para cansar un gran- 
de espanto , pero buscándose por él , mas que otra 
cosa , mi desaparición y mi caida. No es fácil gober- 
nar en un tumulto la violencia de las turbas desata- 
das; fué empero gobernado aquella vez con mucho 
pulso: acometida estrepitosa^ eáftruendo de armas, ; 
furibunda algarada de gritos y^imenazas, estrago 
entero de mi casa ; pero muy poco;empeño de en- 
contrarme, pues si lo hubiese habida me hubieran 
encontrado ciertamente en donde estaba. 

Era la media noche; mi hermano y el brigadier 
Truyols se retiraban ya á acostarse, y yo empezaba 
á desnudarme cuando se oyó sonar un tiro; después, 
un toque de á caballo , y á poco de esto , Yocería á lo 
lejos que iba creciendo por instantes y parecia acer- 
carse. Mi hermano, juntamente con Truyols, bajó i 
informarse y requerir la guardia ; yo tomé un capote 



DEL PRlnCIPB DE LA PAZ. 47 

y subí al postrer piso buscando una ventana desde 
la cual pudiese yer y descubrir las avenidas del pa- 
lacio y de mi casa: tras mi subió el criado que me 
asistia para acostarme. Yo entré en el primer cuarto 
qae halló abierto; mas como la ventana diese á lo 
interior, iba á salir j á buscar otro, cuando, sintién- 
dose ya el rnido y los clamores dentro de mi casa, 
mi criado, sin saber qué hacerse, me cerró la puer- 
ta, echó la llave, la quitó, y á la merced de Dios, 
sin otro amparo, dejóme alli encerrado (1). 

Cosas hay que son verdad y que parecen increi> 
bles. Toda la casa fué embestida, las turbas andu- 



(1) Es una invención mal forjada y desnuda de toda ver- 
dad j buen sentido, la que después fué contada por los con- 
jurados sobre el oríjen n ocasión del tumulto , diciendo que 
los paisanos, y los soldados que habian podido escaparse de 
los cuarteles , hacian la ronda aquella noche para impedir el 
viaje proyectado de la real familia; que la salida de mi casa 
de una dama con escolta dio motivo ú una patrulla para acer- 
carse y pretender reconocerla; que, habiendo opuesto resisten- 
cia los que escoltaban á la dama, fué disparado un tiro al aire; 
qoe aquel tiro fué creído ser señal de que iba ya el viaje á 
realizarse, y se tocó á caballo; que la tropa corrió á los pun- 
tos por donde podría verificarse la marcha , y que entre tanto 
mi casa fué asaltada por los paisanos. Es falso enteramente 
qae de mi casa hubiese salido dama alguna, ni con escolta ni 
sin ella ; falso de consiguiente que hubiese habido el pretendi- 
do encuentro con una patrulla. El tiro fué disparado bastante 
lejos de mi casa , y hubo entonces muy pocos que ignorasen 
que antes del tiro fué dada la primera señal desde otra parte. 



48 MEHOBIAS 

bieron alto y bajo en todas partes, rompieron mu- 
chas puertas, y aquella sola fué dejada sin tocarla 
en donde yo me hallaba. Pude inferir que no eran 
muchos los que subieron á aquel piso, el cual fué 
pronto abandonado. Todo el rigor y el gran bullicio 
era en los cuaros principales, donde se hacia el des- 
pojo y el estrago que duró toda la noche. 

£1 dia siguiente, después de entrada la mañana, 
sentí ya algún sosiego: los gritos eran raros y pare- 
cia amansarse el torbellino; mas tarde ya no oía si- 
no ruido de armas, yoces y broma de soldados. 

En situación tan rara y tan incierta como era 



cuando los reyes estaban ya acostados y dormidos. Sabido fué 
igualmente que los húsares de mi guardia, llegados de Madrid, 
y todos los demás cuerpos de tropas , habían sido consignados 
rigorosamente en los cuarteles por una snspuesta orden del 
rey, y que á nadie se permitió salir de ellos durante el estra- 
go de mi casa , sino á los soldados que figuraron en el tumul- 
to, elejidos y señalados para el caso : prueba innegable de esta 
verdad, que en mas de cinco horas que duró el alboroto y el 
estrago , ningunas tropas fueron llamadas para reprimir á los 
tumultuados. 

Mas ¿quién dio la señal? De propia ciencia mia no puedo 
responder á esta pregunta , y tengo por mas cuerdo no decir 
lo que otros han contado. Básteme solo repetir lo que ya he 
dicho poco antes , que de cualquiera parte que se hubiese dado 
la señal, esta no pudo ser para avisar la marcha de los reyes 
que se hallaban acostados y durmiendo, sino para el asalto de 
mi casa, sola hazaña que foé hecha. 



DEL PEllICiPSJIB^UL PAZ. 49- 

aqQeUa.éDqae<pie:lisllabi*;(ho me.faltabii tlaüespe^^ 
radBa de> algim láidrtiinado éuíéíámky Aipiel xríaidb,' 
de>qiiícii sÍBmpvd^tote iiiid¿Iiiai»'fviieba8 de lealtad y 
apego, i'ddbiá gr» iHpoi^e^qiie iiw^uria ¡pet' mi exial^iHt 
ciav^iqne, attáen^f» dóBáe^eátaha^ busoaríaitraza^de 
sacanáevé iÍMn»<peihabri;q:p«did¿)pe]ijétin>en el) 
palacb>f j^ar :.«TÍsáiriíEcyiidelacpiállapiir6 ^n qao mei 
habia dejado. De aqoi peéáaha^lpiegé qm tíi tardarse 
B»vacalB:qpod;rUknr ipoircj^a anÍK^dcéaseinias ól mé- 
np# laíinqiiíbtaé0Íí*.dareakjSxti)Q^ f««6«|igii«rdase')ias^' 
tailaJiioche fupa^c¿niav[€»naiiaaipeoiitOiiBiór'pwit sii«< 
tuaoíaibfli^ftst gVbe ae:llaieqpiidtto(4.^r6Í»v )pop>iiil' 
falUiiM bnsidd>wea)D0:¡ÍBi|^ídá¿(ifiaiitener iel'áním^^ 
tf a^iúlQ^>9M^teflJfcf raídbia {de.estpvQáitales i¿ii^ 
i¡máfmi€iolla^íi(jaq\ielOaiS^^^ mi-iaolo 

il&taAtd;ée(lXpsdb<dek«;fap(}iidinaí| db Biospnédi*' 
palibenta^i^iieLiBlíbiáDaiipe Ifálfaroé v ^i^ vo -■ lapattd» 
de mi jamás su hermoso nbtn^>í7 dBspaevidéí'faabei^l 
me/boeboiqíi^ pniufee)ttMk}8;leB¡e9tir«áios«'eiiilatprbs- 
j^datL^yiitafflasifdeégiHufias 'áñ ^ai»'{nam4o^m iba 
áei^a tifllaiiifcpaijarxiiÉryüdaiidoTteró sa 4m^ • 

]fe»'V«oiá4etcia9»scv4^a>eata&jM«morfá¿''*i''i <>:l »!(« 
if<íÍartB04iitóiUí{lido!el aUfaniítoj'Bd iqiM^i día idc|» 
sokttaá) tetuda) ál'pqooaipasiáfiders^ ^peisegaidoreg^' 
síÉftwadoTaUa^ftt dáfeiíaá qnoconá éndebleipnexta: Slf 
<cii|»ij^)4ípiid^]aitabA!bra deo«luaboabr<^ cuadraací 
))lAi$ifiHia(jQanMi4)tfes:íácbat]!é aillasv>mda>mesia> y «Ih 
<í9Íbntátí^aUí4(nietiio^ abierto, ttendttlikll^'paii y alM * 
^mi»bí|»afi»espÍHroidasf;íbBbiaiítaiidDSeil un¡ jarro que* 

4 



Xesii\z-xLnB |i6tíi:;água. «VDicisiiiUesihai-piMií^ta.la. ÍMSfif. 
ndijfáyo ^íin^ii sísikmiíiDÁas nb metoliculaieQtBrakneHtB;. 
))<;oinaan0s de suá da^esJI'Hioe mÍLi^faefÁ(m<{foé cjtesrU 
toi^vé /erái.TÍcvnes- a^^nel di^)rv: j< qMuoi el ia^lia.e$)ca{€ 
seiahft>. proiooaoéj écpnóilBaails'^ «^jabfar^sejalgpBia» 
. para.paaas/la: npdUá !SÍ<p(pieIla¡raB|) ariáü se, alaTi^a^ 
ba«iLaise¿» la.s§di£ii4 eL' jnffúnfentonasipeiiosbqbsi 
yaidye;; él oiiep Á^so^oitaUejir ííiiííi yiCt.^.liü'A'. v.-.'.u'' 
- .Y. hé «aqni^i :lailjcaida dk)rlOi^taaDde^ÍjJ9.c|isÍ!osaaréM 
cij^AJQ^^i^iatttíi^pMOf góá^QÍtaceisahaÉ.á'lá'poéiiá i^yt 
uiia iniiíqr/jiMienida^<qiiada:enpi^!f)ycf^ edoontiáiiri 
dolaioc^nadai J^jaieisbisiipalattra» s%Seaf|iiifiijbh{i; 
>>jiiiiiiiaiidadia)liffiif odidxkJnllaiD»;i»ítt^ idía>ji^l 

>tdeigiiaícíai''^t^'|JS0'j]ke(Bflij|i$«¿BÍdüHpEe9^(il«>^ 
»4íAiwa.¥éÉ db {tonofion^LÍ ¡<asi otod» málobktíkVt^i 
dimendo gr baiDfeQdoai{ÍDáloqn6<jfeid)lid)apjiÍ2ri.'M^ 
laT9dmdüiaL>0Q;<Hb ^p^niex Or-onn jd l^ ¿h.nf/ un oI> 
r»iiifieHo }Wid&lti!48eIaqpdAlloj.Aí¿8«i| Tupouéeiiiémn 
daitmipflD^initiiiafe^Ble <Hñnq^é^bn^%ínílán^\ÚQiiiMl 
cnanto, j úWámmittíMv^iimúá^paigtssfás^^ Sbcled) 
dicho y repe1»bhooraKiHi:)eoa(j^<ir¿«9or)i)r)]^br'^ 
qde éácáj^pl {raroifdnílils iamfaliaádbaiJááíraello/bii 
UBa esteran Iia^ qne;>babM*:9ii¿«qnpLc«mitol estiUtti 
pkíéstai;: t^L ves si hubiera lediído» álgnila 'eairoll^'' 
met.kabark ocaU)adoi4eiilva Berdllai cbno^icoaJcpriícwé'i 
otoo hjobiein^liAi^ibB •g[tial:*éa90^)q«c«iiOi'«9'Wl6r{i 
sino locft^a^ábandotiér :1a nrMb 5>ial'hopo^'e]lfa*ei<Ib^' 
manos, de ana t1uil0b;amoiABad9<^6tumMlq^e»)p•síbieMa^ 



DEL P&lHCIfS BB LA PAZ. 51 

indefenso librarle da sms iras. Mai k> qne estoy con* 
tindo es la rerdad^ por mas que tenga visos de nn 
prodijío ó de una fábula. • 

El qn forzó i» pnertd entnó en el cnarto; maá 
poc bajo de la cania^ yfokúó ft salir<, j dija i lá mn*» 
jer: *'Despaaha páeli; ^y Si estás seryidav saca loque 
«sea tu-^O'y^Bo lios'Bnielas contos UantósL*' él esta» 
miijer.iii cooedtá'de haberla yistó alguna Tez en níiS' 
caballerizas^ de^p» iiiíeri que aquel, ara su onartoi 
Yó lo9 xvé eñtrasüioe; nia»ellos no me viemi. Ye^ 
nia k detiiUe&ada' á recojer ^s preiidecillas 7 su ro^ 
pa dol batiVt >f ii^i^°'t'>3s ia sacab¿> 4X)nia creciese mas 
SH HasAO y eackihasé : • •'^'{Pobté sefior t.;; tan 'biiené 
j»como era T tirnto Uen'qiw m>shaGÍai..;v ¿ion dónde 
tfestorá 9¡hoÉ9t %%oévBío estairá sv allim?....'^ Otr» 
hombits ique-Uabla afuera respondió ctmaomar^^Mef 
Djor que tú y que yo...; ¿ es que no gestaba prereMH 
''4^ J^tomó pipa?'' En esto salia ya con su paquete, 
y Tolyiendo un instante, cojió el jarro diciendo á los 
de á' fuera que era suyo: ¡Pobrecitla infeliz? j¿on 
cuáátas ferás íne To bábria triaida DÍen provisto /í 
haber s^id^i^fij Jíievier^, aquel tor^pieiito deja se^ 
que sue afera^abaj.- : ; .. ..•:.• 1 .. . 

Estando ya éut iapuertá para irse, las últimas pa*^ 
labras que llegaron á mí bido' fuéíróú esbs: *'£njú« 
»gáte esas Ifágnmi^s,, no libres y no Kábles ; no des 
ylñsár á que fe pr^dan ó á que alguno tendaltrate. 

i>T;Pi!Ilwdp«.-5-" ,:..-,. ..^•.:)- 

lía noiei inasf elleá se fueron, y yo cpiedé asom^ 



52. ...;^ -.1 KEHOJUiíS.Ji .! -. . 

bradiO) casi pensando .si ora iin^ súeñoi aquella escena! 
ó algiindéliriq^dd mi;espúritiivSQlo y,a en aquel enac- 
to nuevamente, sin que ni auh.tjné quedase la jnse* 
guia<pi^otecctoh de aquella tfiate^puérta, vi en. plena 
lniiimi> désaipparo^ 17! deapldmáse mi esperanza. jle'qnej 
en. sabiendo: eliieydánde meh^Habq T^^cdoio'éstalia, 
cuidase devlibritmeíiiKme: libraae^ £n;jsii^ oabeza.sio 
cábiaüfueim criado <taii leal TiiláUilacUjcAftiá mÜpeiisQr 
Qd) üomoi «raí aquel' que ipejdéj^ mpextsaáo.^ me hUr, 
bi^ib abaBdonado:á<.mi fortuua ,;ííice«dermeiy miicbb 
menos» pocqiiebabria dicbp.^ojad0.etiltab9i;jjo^r^ ini 
fnéryisto'aqBdyU.tarde' que ctreian mm hs^ia: fugédo»; 
AfiQr;dábiiirensá]iysconíd¿Íánfó:trecbo¡ ja de.tíetfpo 
^i).'4ttejfd.9Íesé;iiadie;<á lú jsocojíroiM^jque 4 aqael 
hoiiibré.le^liahián miertojó pre^fo^^it «1 tumulto i^vcS 
qufiTcíI.'fOir.yaisto ]ówA^,:á C9ftémtátíáiber^iipwñ\ 

poder 'Sl^^iafai€Lt(l). • :; í .«i -^ :... v ííii'p / ;íÍ 'M]\i 'ii,\' 
^^>j1>':. ■;.[ s'ii (!(■•' s ,^ M'.:-. (.; .:> :.':.. ' ,Vi:c[»íí í'usíOJ / •■>i.< 
ry<] '..(•>[ .' :•l?^ o'ii;i lo oim>') , •Jiiíil.-.iií '.-.> s.',)i¡'[ ¡i »/ 

un tal Bartolomé r cnjo apellido ^ó .coascrvo en mi memoria. 

30 me eneané eiLmis conjeturas ; le habían preso. El fue uno 
e U'ké'k'á/ík'ífdéUi^Oíi^á' s'é^^irUlfc kb^^t^yia, fik^ 
contó que, al tiempo que bajaba 7 se encda^td'eüeín él hiSBitíiéi^ 
finji|9BdOidd1iéstoh|[ie '^fs^j ¡o^mtf^iipípúf ,irljD9. desliümltrQ 'di- 
ckndfif qne Ji^^y|0.^pia4o^j ,^?c^^ pop^pajjq^^rpr^^sa jjflr ^a 
Ducrta quQ qomiQúcaba con la, casa de la- duquesa viuda de 
Osuna: que toda aquella jente se agplpo a aquel punto , j qi;ie 
por este error en qiiela paso, denlo áet íáénos él' ataque 7 el 
rejistro de los pisos altos; que todo su conato fué 'déipbéfáitltf'O- 
dueii^ :en.^el' pál^cjo p8ra.airísar'alffé|r.i^iiiD peligDOi pero 



DEL PEtlICira I>E LA PAZ. '53 

Preciso ^era büsear^Qii nakn> asilo bajo el amparo 
de Ja noebe, y ari^oardariver^ si por fortuna/ calma- 
do iel moyiniietttoy me* ^bilaii^ó se^ pie abría ^el eamíí- 
no:de salTame decorósameiitel ¡Estrafia silóacioú lá 
m^a, OH' qáala e^eeis misma* qoe había oido de 
creerse qpie me. babia «airado; siipor aquel momento ' 
me dabaralguaxéspír^KV'faui retiraba al mbmotiem* 
po la esperaÉAia de:'qae*kriniese alguno <á liS>€írtarme 
aquella^ noche!] Hallé Jefa fin;, '- otra^^cákota' y 'un 4esr 
f air poli «inpa de ella ,> i dónde los dioses : laves dé ' mi 



T" 



1 ' t >'■. J ,• «,| , 1, t ,»•• '»'•! >/■' ''>■!■ / ,' I t 



*-^ 1 



j 



que le faé imposible , porque todo paso para á dentro esfialbá 
'mt^^^4o^9flf:]iiL,U4^3Li^^^ ;de tal 

modo qae , al postrer esfuerzo qae habia hecho para buscar 
entrada, le^ojieron, y-despoes de ap<ideado le-pusieron en la 
cárcel. 

•En cuanto al rej, ISj M.:, ettttndo volitefi^ it jniitaraos , me 
refirió su angustia y so penaúr áe aqfD^Ma ncícliA ¿n que se talló 
sin libertad ni medio alguna de kacerse.obedecer, á cansa del 
terror que le inspiraban y de ^e se mostraban pé«eidos, ó fin- 
jian estarlo, los) que debieron darle alient<^, cohibido por ellos 
de tal suerte «on preteato de Isaltad y amor á su persIoiEía, qué 
ni ann hablar le>habian d^ádo dentro del palada á los solda- 
dos de su propia rgoardia, alarga congoja inespticablev me de- 
M cia S. 9Ib, en que por mas de cinco horafr me tnyieroíi hasta 
» acercarse el dia, ti«npo ya én que , no á mi , sino á xdí hijo, 
n j cnando el mal estaba, hecho plenamente , hicieron se aso** 
n mase á la ventana para sosegar el movimiento. Entonces me 
» dijeron qué te halnas saltado, y qde era de creer que habrías 
n partido con dirección á Andalucía ; y efn seguida di la orden 
>» de que saliesen á buscarte y protejerte los earabtñeros , en- 



54 nuMBus 

cMt, mas fiadooos ipe los lüMibns^ poérm dmne 
«n hospodqe bvonUe. Kadie Tohió ú sdkir á ifM^ 
Uos cnarteft; j á j«g«r aob pw mi «láa^todo seiuH 
lUbi fimtof fBttKO dmr^-iM kahit t— ■!»>, y pa-* 
recii Kibtr áiéem «i mt can» 4t wqmi arden, qae 
M ekfittm «i los aurtfilfit, jHite de «mas^olaBeii- 
ts^raidd y hdbls da soldados, wakmss Jos mas do 
oUossi ■o lodos» ai máaos km foo ntthw mas cor» 
COMS á afsol fíao» al pié del «oal |mio miiar foo 
kahift «M (e«aidia« Doki iafeiirfvo stpoolk tiofo 
protegía la casa, j qoe croyéndomo á mi aoseote, mo 
la habriam presto pw soqpeciías i» qoe yo estaTiese 
doBlio. 
K moto haUlacioii Ima comodidiJ cnato al 




«1 ctels Is kfn 4tá nol éMxsOi: 

€l qércd» j Is ■SOBO» 1 
ééMmHMolGoéif» priociyr ét b Ftt, é» Im 





BEL PEtMGlPB SB LA PAZ. 55 

espado;. 'y «al abrigo. {Alli^sí -iqfae faabia esteras aird* 
Uadaía!rii# qoé iaie^faeaeii- lowcesariaa pava envolfer*- 
mk jwodtalmieiOD elUs^ donde protmUexKente iie 
ddbia tener anbkflBe nadie, pero perfiéetametfte aco^ 
modadaá^ oenmas ^ ¡mefr alfoiiib^as'y tiqpiees para 
innSir vn ledne confiortablé 4¿ eeilipa&a y á cubieir- 
4» éd'tierra de enemigos,^ qoe^talleta wi 4Ma por en- 
tóíiceei ÁUí tomé lépeeo ^ y desde alli Veia hmn Ité- 
di^de lofrciolDaV grande eottsotnoioii irii qve crda, 
tnal ^kn^pré le lie creído :¿riitemimt0 ) ^üe hay una 
9rÓvideki(ja, y.^né Dio6 es aiMStírd i^í^ei iieínpré 
id «isiBo* Jhs. k-iflaqneta ' jbumaila- nd pea*íáilé íaú^ 
diotíempo ekarenéttaiisvymé^^ólm il la tierra 
T ám indefenso al¿a8|iiíilo:'3Los 'délos se mcltiail j 
el tisa^ i^attiiudia^tail sobmi «speren^a» ettsi^é^ 
faiBÍda;«(sAalMiiíiiiiMd>le^ f «Ixeloj dis tnis destílaos M 
soiifld>a.{01il';jieirga nocheív.«.; ¡eieniat...^' jnodhé 
de de9?«rio,y de soñwr desierto i ardiendo bil c^ 
teiitpms la calentp]» de la sedVU^^cnr de'iddií^, la 
ína^ Inrava/wis Kgnda y ililís putifi^isnileJ^.. j jla qne 
IHos n» ipiiera .qeei mis taittyore^ ^üéttii^ Mucá 

- Sonaban: iMstifeta&loiibajo IdS Vásos y los jai*tos, 
y á lo que !j^ podU jn^gM* potadas ésdamacionés^ 
YMós'y 'po^rvidiss que 'Sé biiM^ «ei^ániíakmii el stíéfto 
i^p tüAAkÚtí» c^ Jb^^Vái^l Éiéfsi'dé ríúi Yee pensé 
t^at f^pm^i ftír á'iiq^iéíi^^áb petéhraMe eüi c(tie 
«iéib^lábiai*-yá^^dliirafiíé((^fitínO ie Sáltllhné, ya 
4Íalte^'iAl|^bn'ttnli^ittj^db€Ídt)4 ya un letargo g^ 




56 ..... UBBIQILIASJ J .... 

nearosoVtqtte sexUi.tB9íStfá(ál^:6fyfí.e9jtát BUAuanoside 
los que. ansidbaBí deT€]winfi<)£«iik>^jDBÍ letenda iPréirii- 
dencia de.bt)alparte,v9^})^o|r. Ul^tra>lfttidedde<ii|i da*- 
coro que. ppd7Íü.aip6tQigc(a^séL^n gnóaítmaiicaralsieido 
«ot)rec()|i^ eai^l »ii9meiiio<.de;ba8Qiriiiii libetlaid^y 
semejáQdom0;4 UQri^al^abléiqueae fH^a)'ápr<Dkyec&ai^ 
do las i^pixibrñs á^jlknmkQ^méttinyrieion.ewehhmit- 
coí ina]:ii|erb dobíder Ja itokmtaddÍFUiaolniáiliabia >da4- 
do.su coiipigiia9.F;^jNQlvi es^caí; 2\l:diaiV»(áoJUesi»- 
h^, .mi jrblQyo aquoUfi^JiíOcheJiKQ moiasiáluii^ fiiiédóider 
cirloi v: ^i|'t^<.eHi«9P90 jdie^iqáéUa ¡larga, (fu trabacjoJÉi 
e^f^cMtjicYa>(JiÍM9LtamQnidQ;}ajnpudrfté9¿nlítam^ leí 
d^^0<» d0 ^llaí^itaiBÍaisplAiilaiil^faipkideLqíse'itiiiie^e 
<;at9<Qiiiado i'/ Miuoa ile< Jte pleblss nb^^cíder iTolyer 
alilDíuudpi^ detfenderse^j^iáUnip^aitejiEst&si^easitáii 
{i^deJTQ^as do • irel&g ioíi. *;$t ' th^noif ; bne . f naáet^aro ti i del 
anicidio ^ .Qj9ga«^ reciXr^d do oobdi^eá lit^pllobos j 
áfi impíos parao^qmai) jb, bof a amailga /queio&décsé^ 
tos adorables .d9iii«iDiba,.q4e HQ^pprOjfemajr^.qiúeii 
somo^ hijQi^ V j»os .pse^entoqv £3ta jiiesígAacioniiie per- 
mita} do^miií! algm»^ aqxío» ^atoa, j iwais Jbabria dót^ 
mido si la sed cruel qne padecía no me apretara; fcil^ 
gapa$ yecesr CiOHj^gouJlasia^Ortab^iy !.a«n mD;íaci(er- 
do do un $aoAOj;ftí|^»foiíftiAíp^íb »<M¿iCki;.$uc!ñQ de 
gifap aQnwelor,*jíí]J?ii|bÍ¥ffíítPies ^^eiádi^í haqprlovívprr 
dadoro,^ faé.d^,qft«jhab^Sftpert0ftí^napdr.tQ; y que 
lui, amada patria lesJ^b^jibWíie s^ li».Qstes, y, que 
había, algifijios ^ue Jlq^i^)^» iI«A Áde^. dQ j^ii.p^ligí^ 
no habi? . sobrepnjadoi^ j pii)(^pie^tPÍ. dptxnidpM U 



, DBI. PElRCIFB^ »K LA PAZ. S^ 

inqniptiid que m» caqsfabD^in» causó coostaiitóiii^it- 
te éL tMs^lipie cDmádimip nyies j el esifodoL << >^ 
.: 'lilegA^-eiiifiítvla^auíiáiiraiafioray 6lsbl»d0lildjira<¡ik 
pata clii«ttado]3Íiia.l|i perezosa; parca, y^el'Oopoée 
laíiáwfftoiiQo.sftMakai to^arlbuSLliiibié^ 
do.lib^ilaxiaB pira iíempiiejdellos^lpesdteiinis'eiie- 
flügo^ ^Üijetoaptar 6q. vida,* á sna^ifproreal isin deattúráie 
yo . i 'wi ]s¿«m ^! ha^Hriki podida ; Eátilmente . abrfnife^ 
naniíib;ji vm áésúnoM^moúp^iia^mcioú^j^ct^íviet^ 
tuifOQ.itaitabá'aíC^oretirOiJsik^ 'apÁaMdx>''eii 

dondo üadia Jn0!l»1lscálM^.'JNexlt^l8:q1n^á is^álián «t 
Idisji^aiHtUipctr U>dO;0L r^aoi'niSeperBégútdores'hihai- 
iHaiioa- ,8b& 'larde iya dftspnesg icftandoiSBibQbiesé itro- 
f&LÁÍQ[i^iK : mi ioadát ev ó . wis t bpesos ¡»¡ )Ul ^resi hd^ien- 

' J[>ÍQftiM^^tieifia« Diodilae^ to^k (dispuesta xma cav-r 
reara liafgi^^d^. afliccio»^ .y ;da :jparaebas> queí aun eslo)» 
cnm]^Qi<do,^Í))ij9«í.$uJÍMe!azo pat^r|PkaI^f^ 
4p /^if^lfupr^ por.fím9<i^ I^ oks^^u dejarme perdpr 
iiij¡t£e(.pi vtpi>ei$P9raQ7ia* Díoanedid^, aliento y fortaleza 
paraj^prqjarJiíe «^ mdÍP)d€t)ell^ á p^ 
tO;y>á )a hkif id^ 4i(i v si m edcdntrase. nA»¡(<rbitirip 
d^i ü^onj^or. b99i^f4ti9ebjQi,)y sin íteiqpó»ai(laiá9#u0^ 
tioaa: > mMsk (^o^n^ , m^ Jjfiitiaftka ciiíoiincWQ»< . Babia 
s»ji)id0! ;>yo:;#«tdcií (WV^ i ^) maSánlfíii ?(|mA^ 
lloa. i^iwt^ ^^yjjlt^n^ -^r, dehíÜQ ajguswbcjlte- 




$8 \/ :¿ MBMOBILASiHa j:í«: 

gano ds ellos 'we s«ria fcsiblaiiíacerjlleg^vi^ iGár- 
loí^ilV :b faoticia demirqpaTadaBo;;i[9a8ip{nr(dei^riicia 
«¡raopí jiTAtoines « ¡j\ ^an:.ciialrpi]^oi:iiiov'méói«sl]ttsf>fiie 
JbíabUn > ¡sobtdbi neoeiiJaba ¡yol uab Isolo^^ y ^qneiiw Ai¿se 
iiQ'eairaníoFo.;ÁgpaTÍdé'an^%:if ál cabo de WDía Jibia ti 
«iibir toa aEtilleroviqüftise iseotó áiuaiaral^ié ^ ni 

asicaklav^c^ *íBhadD'eii,eila:v'^bid^ ÍMJ)Iando 
«i]oi{^M>pntaiidb.despdea aoos ^onédiU qiie habin^aa- 
f^adáildiei biolsHIoh»' Conib^ra teste 'Mijiado-de^üa^ 
§^ militur ijñB.habiáílj^itaiiliofcmieiitado hasta eiiMnia 
iatJE»resMiáátQiáaIefi[^é4jrer86rí aquella la odamion id¿ 

Ye0lisBs«kí:peiiáaiiiWBt(yv7i€^i^o ya^etifiíí, salivl^ 
IdcéLsb&al. á€ki¡a» «opiraMí , ^ di jele eu votf ba jd^ '^>*B(í- 
Dcucha, aguarda, yo sabré serte agradie$idO:.¿ii-' ifid 
tuf« tíenpb^pai^ ^íead^^el |itiiiyer movi^énf ^ dd'jol- 
daáa> fué ¡dm < |ib i impulso^ hYWMéi jiétó eÍHs^¿iltíde 
&ó)el «dei ¡ ttiedoví y /neto > s^ttkto >^ dieién'doiñé '*]io 
i»paedp'\ saltib abajo y osle' ¿téÉltíñciar mi ndiutefié 
ccnJiUiift yotB^pasbáda: ftasÜe e^ló^^^imido de atinas, 
pasoi? aeeletaáos^ <ro«é¿'^6tÍtótt^dlíá.''Kó di lúgai^i 
qiié^sUl>ieMii;>y()^bajaba yi^i^B'úis toátros'todafstiet^ 
tei^e ÍDij^re«ku|6)ít eti^aMos>M i^él^éto, la obseaci^ 
akíotro0>iJfli-'CnfemkMl:éiii^o^6,4vieoinpaé^ 
eb^ij la indedám edupímimú hsMtf^iuo'jscAdadbm 
-'^^»iiyd»«oyÍ''amigbs»mMi5/rI^:ilijev*^^ t<al0^d ^j\ 
7rdi^^6Í'i«'mt'v;dbié(M|«f¿diaÍ6« p<^(^ifthi|(ul|¡ra^<(<il 
^^e lidbía ^éo ime^tm'pad^e j;?^'^ <i;áMÍBíáfift )p6ritft^ 

di^de éH(MÍy «adk)iitt(ei^fiUiM'^y'«^<^^^''^^'^^ 



BBL PBlHCIVB BV. LA PAZ. 59 

maftera ^gunaé piesias det aú tac» ^ ni libre v^diarrés^ 
tadoxi un oficisdtqiiB ]K>co.ftieflíiipQ lentos le h^a saU 
cado de vt conflidoi le yi.apaTtai' de mi siisojos^ 
oraltane brotándole- las lágiínia8;<iiiiigviiO' daba ór- 
denesi Todo eslb f aé . eal mpaieñtos mii3r' contados, 
porque la toz babia salido, y comenzó á entrar ya iy 
á.4^3B>Vse él popvlactidi *': J[iletadmé al rey ^i os 
es posíUe /' di|e : á: ]o^' eeidadoe; ^yi«nderecó: müsi' pa^^ 
sos eafare ellos bajando láescalerit.y atraTOsaíido acia 
la paertau Yq jcréai^ lo li9d>na(n heeho s¿ padisraii^ 
laas jk er» iél pasaniab. idifiíál!, ;otecia 1 la entrada' der 
paisanos^f^nsañadoa 4oiMloi=^'(<^^9t^ ycomenzaíban los 
iasnltos j ainenaz^i contra ifai:persona^>^qQe'pr(>ntié» 
bnbieransida ^aafaakiitais.y. moütales nealidadei/iái 
no llegar á !nQndaístiB}ta oha partida de los guár^iats 
de la real persona, en medio de los cuales, sin que 
me hubiesen permitido montar con ellos á caballo 
por temer no mei akaaijaseii de algún golpe los áisje- 
sinos apiñados qtte amebazaban tni eii^tettciá', ib^ Vi 
obligado á caminar asido á' los arzoües de lá^ billas 
y siguiendo el'trote que tomarop. De esta mane;rá Jrui, 
Ueyaido ba^ elcuai;t0l de guardias, y fiun a^i^pi^; 
entremedia» de vülo» foi muchas veces maltratado , j'- 
recibí una herida peligrosa. Ouáslamé' pena refeíir^i 
lo, pero es justa ^^píé Sé- sépá^'que entrt ntí^ '¡áse- 
smós TI por mis propios ojos dos pnadps def inianfe 
don Antpijw^ ^fr^e ^(jprr^i^i;,^ sap^y^, Me.a^^^^ 
quien en.tpdp.el ti^ippQ.die so, mando noubabia^corr 
rido ni ttsa^olá'de'sns contrarios nide fliadia'CloF-^ 



le 



\ 



..Ví'i /.illBlilX)MiL8:;j i .í:'.í 

obodcUido^ijn «biübria; da^<bh|4rai ha^er lUerár^ ú lefécto 
sii^á^XfáOfe»iíqf¡p\m^ij[M9í rjolQr^doMní/Tetbro*dpiH- 

uvi.gitim éálj^^teiftonisix hijo. ^caifdo T!olYÍeDdo)9st¿( ^áA 
cuartel á darle cadplatidq^^me'hábiirisairado/i^till^ 
cpifk 0CtefipKidpíililppQeUo»iiqi()Of6tigo^ leiii^ottvino 
i;iyambiáeíjdeih«be(rofáltado;)en.«sljoídlireiflij^^ 

dof]|iabfiSiftáidadoittkf:itíliiDédi($)W)deetfetoíV)^6^ 

d^Jíai^oaiUibioQTdQLlaugtatelúlátitiady. iDbstJoip^íé 
Efirnímdwcdni dec^rr qafeinoolifihia<ihflUUbrDtroiéttÍAi<^ 
BOijpaff» poden Jál>][anBq síñb ^íqdeaks¡Üítí)i^iáV6¡á&\ 
qiie}fin;tnt^ia3yof iera'Saliflvai8.;>7j!c[ii0pii{^ ék^ 

IkwoIck^ WfcmirkibcasMB^sDiipvaiposildBiiiqpi^ 
«w aiddiOj^i)araf>qheiin6 saiéasop síbi^igvor'.nüoty?^ 
emiiplij^H elireaLifeeietcb fiécüéi'ápfiétíf '>qpe aigano» 
lmbícl9(9'íi»Írdo|^y> diirttIgad(¡iiioii|a<iKhablaarqnfi¿íadniré 
bij A sf^i^i^. 4;l«.v«itftffiri ioimAQ) So ifa^|b^a»ii ifisplonado 
l^c^<$l$i^9 ai.qnjéocmil'i Wdo^ii6taiitedí^tib 
^f^i9>,^{aP#li^i J^q dSi^iM qof^ BÁA^inü^Qltfae 
íi^(«Waég B6tIfWͧ ¿filos, «fcÍ!l:*iicpiokFer«fiiafld4 
OTflíJjf^sn^ i^jrfftíjtijjr/qfiQjJl tóly»]^rioÍQHTddjiiniccH. 
che de camino , juntamente c.^iiJ^[:yo%.heohft;iCOjrr0P. 



DBL PBÍNCUB PB LA PAZ. 65 

mañana, no prodaeidó. ni mostrado solamente con- 
tra mi per^na, sino también contra los reyes ^ en 
cayo oido'ifesonaront muchas reces (como contaba y 
se afirmaba siempra«n ello: Garlos lY). baldones y 
amenazas espantosas. Por mas que hayan negado es- 
tasiiíjoms y amenazas los qne agitaron y esforzaron 
aquel postrer tumulto, hay una realidad para probar 
qne fueron hechas, y es la resolución que tomó el rey 
aquella" misma tarde de desnudarse del real manto. 
Y si esto no fué asi, ¿en qué razón ó qué motivo fué 
posible se fundasen los que le aconsejaron y los que 
le aprc^Muron aquel medio á un. rey que el dia anterior, 
tan lejos se eneontró de abandonar el cetro ^ qne lo 
apretó mas' fuerte entibe isus maños tomando á cargo 
suyo el mando del ejército? "Tal vez (mé dijo Car- 
olos ly acerca de esta!) no hubiera yo cedido á 
j»los inspltos y ^ipnenazas, si hubiera habido /^tre los 
«hombres con quien debia contar para alentarme y 
«sostenerme alguno qne lo hiciera ; más cuando vi 
»venir, de aquellos mismos á quien estaba confiada 
»mi defensa, la palabra de renuncia como un me- 
lidioso sali^^ aquel conflicto, reflejé con claridad 
«que sipor;serme fieles me aconsejaban aquel medio, 
oddiia ser grande con estremo el riesgo en que me 
»hallabá , y ^e si aconsejarme de aquel modo era 
)) traición ó connivencia con -los conspiradores, no 
» tenia ya quien me guardase. En tal estremo no 
Acrei de mi decoro comprometer mi dignidad sin 

»tener con quien contar para salvarla , y arrojé- 

5 



66 MEMOftlAS .. . .:..r 

»les mi corona, dejanda á Díosl-Io ^reñidero (t)." 
Es de .adrertir aqaíxoido una. icircunstanciá. im- 
prescindible de los saeesos de .aquel dia^ qiae«. aunque 
no hubiera !yo caído enlre las manos dé miis eneaii-n 
gos, y aunque no hubiese durado todavía la^Jeneral 
creencia de quemé había salvado^ no. habna escar- 
pado Gárlocí lY i;lo9 horrores de lOtro tumulto :nuer. 






1. . . i . . » • \. J . ■ . I 1 . . } . ■ t 1 , 

(í) £íe aquí dé qué manera sé ha reféndo éste suceso por 
el tbndé dé IVArenro. w El rey bkúoi y la reina' María Ünisst^ 
^sobi^i^idobi^ottlaft nnéV(ai iiemostraciobeiidélftiiídr^^o^aty 
>i temiefon^H^a^ la: yida de ,su des^^oifidp amigOi Bl. r^.« 
^ acl^cosoj) fatigado con los desasados buUipios rPfxsuefdido 
n ademas por las respetuosas observaciones de algunos que en 
» tal apñeto le tepresentaron como necesaria la abdicación 
» en f(íOor dé' su hijoy y sobre todo creyendo , juntamente c¿ti 
»su e^osá, qne aqaeHa me£da sería* la sola qüepodlia salvar 
)i la. vida ¿ donüfanaeLGodoy, rést^vió convocar para las. siete 
» de la noche del mismo ^ 19 á todos los ministros del á^r 
» pacho , y renuji;iciar en sn presencia la corona , colocándola 
H en las sienes del principe heredero. » (En sn Historia de la 
revolución de España, libro lí). He notado a^ii esté pa^'ájé 
con dos t)l)jéfús : eipnmcYd, de conCnnar «oñ^í testímoftití 
de esté fcliklDé éSi5rí|tM*> ^m ni á Carlos iV «li á mi, se ^ 
mostrado nanea favorable, q«e la renuncia de la cprpiíl fti^. 
propuesta y aconsejada á a({uel buen rey atribulada % jauta- 
mente en la tarde de sn con&icto , por las personas mismas 
que lo rodeaban y cay a sagrada obligación era de sostenerle 
y defenderle ; el ^e^undo, de probar la mala fe y la mala li^ji- 
^a de este oáismoe^crílePi cnando se deja dedr qué utíede 
ios principales motivos cpie tnvo Garlos IV para abdicar -«laé 



DEL PBlNCIPfi Ufi LA PAZ. 67: 

YO ^piuriBjiido para airapcárle m fonweia. S<ila ma^ 
qokiapiofi se )iabría igiiorado 4e ignnl nio4o qpe fie 
igBor^p to4«v^ Dio poeoí» acto» de los c^QJiuradQ^, si 
el ioípi^Q CabaUQjFo,.]^ clf^(^9r d« ,«i ^l ^^pirobio 
de h^ev rendido i su mouax^^.noh hiibieao roFo* 
lado. He jaquí á la. letra lo gne escribió sobre este 
paBtoeo una «carta q»e dirigió i D. lúa» Jiloüwte^ 
que el mismo ü.aibaUero pqblicó jm Burdeos, y que^ á 
mayor ^bundamieQtOfjtnsieri^ después Inórente en :sus 
Memorias j wám&TQ 13^8. 

''Twios los MsecretaKios de estado y del dQspachp^ 
rescribe €La|)aUero^ dormimos en pala((ÍQ de lótdwk 
»del rey la noche ideli8; y como entre ocho y pue^ 
i>de la mafiana.del Id i»ubi á U cámara de la reina 



de ¿aberereido jüataineute con su «sposa* que aqueja me($- 
^ seria la úiiioá que podría jsalvar mí yida. Giertavieiito pne^ 
de decirse ^e Carlos IV ^o reveló ni pudo jamas revela^ su 
pensamiento al conde de Toreno > y (fao de consiguiente ha 
pnesto aqm' sn imajinacion j sn mala voluntad á guisa de ver- 
dad Idstóríca con infeliz injenio. ¿De qué manera pudo Car- 
los IV ágiBrarse que al que no faidiia podido arivar eomo mo^ 
aacca isa tpd» el Heno de sos iacoltades» padria librarle cuan- 
do jao seria mas que un xey decaído y desamparado de ,tod^ 
el mondo ? ¿i por venida , al abdicar, estipuló el rey alguna 
cosa, no diré en favor mió , mas aun en favor suyo ? ¿Pudo 
ser mas absoluto , mas rotundo , el acto de renuncia que pu- 
siéipon á su^ma? %ntre tantas absuré&áades qne se ban dicho 
é wentado acerba de «stas cosas , nadie , sino tan s<do el 
conde de Toremo, ba imajioado^na simpVsi^.seavei^attte. , 



68 HBHOBIáS ' 

»para solicitar el permiso de ir á ver á mi familia. 
» A esta sazoü entró el rej^ y contino en ello^ me^ 
» diante que todo estaba sosegado. AI salir de la real 
» cámara me encontré con el principé de Gastelfran- 
» co y coa los capitanes de guardias dé corps ¿onde 
»de Yillariezb, y marqaes de Albndeyle, que me 
» detuvieron é hicieron volver atrás con ellos ^ espre-^ 
» sdhdome habia una gran novedad, sin decir cual; 
» y á presencia de sus majestades refirieron que dos 
«oficiales de guardias^ bajo el secreto y palabra de 
TU honor, les haUan dicho qiie la noche de aqtiel dia 
aseria peor que la pasada* AI oir esto, no se pudo 
D contener mi fidelidad, y sin embargo de que ya 
» sospechaba que sus majestades desconfiaban de mi, 
»Ies dije: Caballeros , la autoridad del rey sufrió 
» ayer mucho ; mas el objeto se ha sabido era el 
m príncipe de la paz: este no existe en eí Sitio. Asi, 
» prosigue Caballero, lo creian sus majestades y yo, 
» quien de su orden habia mandado al comandante 
» de carabineros Espejo le pusiese en salvo , si como 
ocreimos habia tomado el camino de Andalucía. 
lüBajo este ^uptiesto, continué, eí alboroto de esta 
anoche no puede tener otro objeto que las personas 
»de sus majestades; y asi^ díganme ustedes una 
m verdad: ¿responden ó no de su tropa? Si respon- 
ndenj veinte hombres á caballo bastan para dis- 
npersar esa canalla; y si nOj es preciso vengan 
}) los seiscientos carabineros que están en Ocanaj 
fique seguramente no estarán corrompidos; y con 



DEL PEÍNCIP£ BB LA PAZ. 69 

nía arüUeria que manda el mariscal de campo 
>i Oeballos^ y no faltará^ me atrevo á tomar los 
apuntos precisos y á poner en salvo á sus majes- 
»tades/^ A esta pregonta (siguo Caballero) se enco^ 
ojieron de hombros j y respondieron que solo el 
» príncipe de jásturias podia componerlo todo. £b 
»sík yista me mandó el rey faese con ellos á hablar- 
ole, y contando á su alteza todo lo dicbo, le mani-^ 
»festé que era la ocasión de añadir á las pruebas 
»que tenia dadas de buen hijo nna muy relevante. 
»Me respondió que nada sabia' y que deseaba ins^ 
» truirse de lo que debia hacer por sus padres* L^ 
D contesté qae era necesario llamase á Jos oficiales de 
» guardias y demás jefes, y obligarles sa alteza á 
ji)que se rodeasen al trono. Lo ofreció asi^ y pasó 
j» inmediatamente al cuarto de sus padres á darles 
oeste consuelo, con lo que me retiré/' etc. (1). 

Tal es la relación de aquel ministro mismo que á 
la tarde fué el principal incitador que turo Garlos lY 



(1) £1 conde de Toreno , ai referir e&te mismo suceso ei^ 
el libro JI jdL citado , 4aade que ei principe, « prometió á sus 
» padres que impediría por medio de los segundos jefes de ló& 
>» cuerpos de la casa real la repetición de nuevos alborotos v 
» como también que mondaria d varias personas ^ cuya pre- 
n senda en el Sitio era sospechosa , que regresasen d Madrid^ 
» disponiendo 4Ü mismo tiempo que criados suyos se esparció^ 
»sen por la. población para acabaí' de aqui^ar el desasosiega 
ngue aun subsistía.» > • x . < 



70 .: MElffOBlAS . 

pm hacer la abdicación de Ja corona, del mismo 
que despees fné recompensado por Femando con la 
plaza de gobernador del supremo consejo de Haden- 
da en atención á sns buenos servicios^ y señalada- 
mente al mérito que había contraído en laf últimas 
ocurrencias del remado de su aUgusto padre (1). 
Teda la escena rd'erída no fué en la realidad sino 
una tentaÜTa concertada f por. si el temor de un al- 
boroto nuevo contra sns majestades y la idea del 
j^Etido y. del poder qne su hijo disfrutaba entre los 
snUéVados, podrian bastar para inducir al rey i tras- 
pasarle la corona^ Ko hsd^iendo esto, bastado, dispu- 
sieron la inteiga del i coche de colleras» y realiaaron 
jpor la tarde el moyiiniento que debia estallar aquella 



f'.í>: . '... 



(i). Palobf a» Jhéralés , eomo. de|é oj^iserirado fea otra par- 
tid, del á»CtetÁ} de Feraa^do, ^ue fbé éstatupado en la Qaceta 
del 6 de abril de 1808. 

(2) Machas son , á mas de esto, las inducciones que de la 
relación del ministro Caballero podrán sacar los que pusieren 
alguna atención en su contenido. ¿Qná pedia y qué debia sig- 
BÍficsr aquel enoojrmiento (U hombros de los jefes de la guar^ 
«da real qne tan injennamente cuenta Caballero , aqiieUa in-^ 
digna y baja pantomima (nó sé si diga mas indecorosa todavía 
para ellos mismos qne para den sus reyes ) con que , en pre- 
sencia áe SS. MM. , nos refiere qne eorrespondieron á las re- 
convenciones que Jes Inzo ? En el postrer sold»d<^4e la goar^ 
dia iinbíera sido criminal y vergonzosa tal manera de respues- 
ta , cuanto mas entre grandes de Castilla á quien el rey tenia 



BEL PBtlfCIVB DB LA PAZ. 71 

> Pedrá: aJgiUio; preguntar si el embajador firaHcee 
tuvo partcJ ó no U távoel 19 en los sucesos de aquel 
día que fuérop consumados por la abdicación, de 



±ÍLl. 



fiada la inmunidad de sa petsona y de sn casa. ¿No fué este 
tin modo de decirle , roinmente y claramente » qne no debía 
eoirtar éeú áa concurso para defenderla P { Y peor ^e esto U>- 
«bFÍa, potl si ann podía quedar algoaa duda en su real ánip|p 
de qiBB sa soberana ^ut^rí^ad P9 er^ ya p^d^ , respoi^den eq. ^i 
rostro que. tAQ solo al principe de Asturias le era dable com- 
ponerlo tpdo! Lae^o una de dos cosas: ó era S. A. quien man- 
daba como rej y como tal ya le niiraban, ó ellos no estaban 
prontos á defender al rey contra los conjurados que obedecían, 
al principie , ao' al rey. ^i^ ■quiénes er^m estos , y cuál era su 
ffmt%^?iJ^fmte hmn^^» d oaitaHo, dic^ Cabtm^rp, hatmm 
basta4o d cl¡ispersarlos ,- lpejg;o podian hacerlo , j no qvúsieroii. 
¿T qué habrían hecho aquellQS jg;rande$ pretorianos que se en- 
cpjián de hombros , si , oida su respuesta , les hubiese el rey 
mandado prender al principé de Asturias y acometer á los 
rebeldes ? ¿ Subiera* ^ido obedééide'P No pienso que haya na^ 
die qué lo ore^. ,. . í 

Hago estas refl^xioop^ por los que han dicho ^ayen^entt 
que la abdicación de Garlos IV fué flaqueza y cobardía. No 
hay rey ninguno qu^ pueda, mantenerse sobre el solio si le 
faltan los que deben sostenerle'; un rey ño es mas que un 
hombre, si los ^mas se le retiran. Kapotéon , iál misme, aquel 
guerrero formidaMe -quei ístibyugió ta^s naciones y no cabía 
199' Iji liíírra, jitiajpdfftíl^ ípdtvia 4^ sus so14jji4os (pie le, ^fa^r 
b^n con delirío, se encontró en c,asp parecido? y abdicó, sqIo 
por verse abandonado de los hombres que pudieron sostener- 
le moralmente y no quisieron. Garlos IV no tuvo ni conseje- 
ros ni soldados que sostuviesen sn real solio , y abdicó f salvó 
á lo Biéiio&sa decoro , y ahorró á sus enemigos un gran crimen. 



72 ' xEMcmiAS. . 

Garlos IV. Esta cnestion es importante para seguir 
el hilo de la historia y discernir los hechos en su 
orijen, sin mezclar ni confondir los queíáéron.pro- . 
movidos por la política francesa con los que fueron 
obra solamente de los conjurados. Quanto al pri- 
mer tumulto que se ocasionó por mi presencia el 19^ 
es evidente quQ Beauharnais pi tuvo ni fué dable 
que tuviese parte alguna, pues se encontraba, como 
todos, en la común creencia de que yo me habia 
salvado. Lo repentino del suceso y la desprevención 
ei^ que se estaba por unos y otros para aquel evento, 
no pudo darle tiempo ni para aconsejar ñipara obrar 
en pro ni en contra de lo que.fué hecho, sin ningún 
acuerdo precedente, por el populacho y por la tropa. 
Cuanto al tumulto de la tarde, todas las conjeturas, 
en armonía perfecta con las relaciones fidedignas 
que dejé antes indicadas, obligan á .creer, np splo 
que no tuvo influjo alguna ^n el ataque que produjo 
la renuncia del rey Garlos, sino que aquella intriga 
fué contraria enteramente á los encargos é instruc- 
ciones que tenia. Lo que quiera que hubiesen sido 
los designios ulteriores quQ habría formado en su ca- 
beza ,Bonaparte con respecto á España , no eran , al 
menos por el pronta, sino arrancarnos las provincias 
deseadas, y que esto fuese buenamente, por manera 
que nadie lo estrañase entre sus aliados, sino por el* 
contrario se contase como un rasgo de su amistad 
con Garlos lY cederle el Portugal, un reino, entero 
y sus colonias, por las solas provincias fronterizas 



BEL PElNCIPS INft lA PAZ. » 73 

de la Francia.^ Para esto le era necesaiio que Garlos 
IV se ayibiese i hacer el cambio, y qae yo ao 
firastrase aqael designÍQ como tenia por esperiencia 
que le había inistrado enteramente muchos ofxo^ 
dañosos á mi patria (1). Su idea desde un .principio 
kté alejarme de la cójrte. No habiendo conseguido 
este propcSsitOy ni por el principado del Alentejo y 
los AJgarbes donde con este objeto quiso colocarme, 
ni por las voces derramadas de que Tenia dispuesto 
i derrocarme y á dar su protección al príncipe de 
Asturias , claro está que encomendó á su embajador 
por ultimo recurso trazar y fomentar oculta y dies- 
tramente entre mis eneiñigos el asalto que me hicie- 
ron; medio usado y probado, tantas veces de diferen- 
tes modos y en diferentes partes con feliz suceso d,u- 
rante todo el tiempo de la república francesa y del 
imperio (2). Con esto le bastaba en.su concepto 



! ■»■ 



■ i 



(1) To no repito en este lugar la multitnd de casos en que 
resistí , y en qué por mi consejo resistió Garlos IV láS desco- 
munales pretensiones con que aquel hombre insaciable nos 
atormentó constantemente , de igual modo que acostumbraba 
á hacerlo con los demás gobiernos de la Europa , fuesen á no 
su$ amigos j aliados. Mis lectores hallarán todos estps casos 
en mis tres tomos anteriores. 

(2) Me podrá decir alguno que nadie ha vi^to las instruc- 
ciones secretas que podia tener Beauharnais ; mas jo respon- 
deré que fueron ¥Ísto$ sus efectos desde la ,ten|;^va del ]Qs- 
eorial , tan abiertamente favorecida y prg^iida p»9X Be^uhar- 



76 . MEMOfilÁSt. . :a: 

ñaparte. Este descaído de Beanharnais^ y esta gran 
falta de adyerlencia y. de pericia en sa primer. ^[isayo 
*de las intrigas diplomáticas, fué el fin de su cancera. 
Napoleón, en cuanto supo aquella peripecia no esr 
perada ni preyista, reyocd su nombramiento y reem- 
plazóle en la embajada por M. de Laforest, que yino 
luego (1). Demás dq esto, es bien sabida la sorp(resa 
que causó á Napoleón la eley ación del príncipe de 
Asturias: propios y estraños lo han contado, y mas 
que nadie los famosos hazañeros de Aranjuez que, 
hecho coro, se han alabado y se hav jactado en sus 
escritos de aquel golpe no preyísto, de consiguiente 
no inspirado por el emperador délos franceses; /^ 

£n fin , de cualquier modo que esto hubiese sido, 
el 19 por la noche se cumplieron los destinos/ hasta 
entonces indecisos^ de que debía pender por mu- 
chos años la suerte de la España. ¡Un rey desampa- 



(1) En la conyersacion que cuarido Ilegné á Bayona tuyo 
conmigo Bonaparte , y que referiré en sn lugar oportuno en 
toda su ostensión, hablando de Mr. de Beauhamais, me dijo 
estas palabras.; «No lo creía tan incapaz como se hayisto; 
» me ha. comprometido enormemente : nunca mas yolyeré á 
M ocuparle. » A la yerdad no he sido jo nunca de los que cre- 
yeron en la sinceridad de las palabras de Napoleón; pero tal 
yez la tuyo en aquel punto , porque á lo menos es cierto que 
jamas yolyió á ocuparle en los seis- años que se siguieron de 
su imperio.: ' . . 



DEL PBtnCIPB BE LA PAZ. 77 

rado, y un rey naeTO, idea, sistema opuesto de po- 
lítica, IcfS' ejércitos franceses atraresando á grandes 
tiairclias por Gaadárram^ y Somosierra, la^nueya 
corte ansiando su llegada cómo enviados del gran< 
hombre para ayudarla y afirmarla, llanto de pocos; 
alegría de muchos, contento semejante al délos pue- 
blos cnátido en los diaé primeros del diln^ió se pro- 
metían un año rico de cosechas ^ encarcelado en tan-^ 
to y destinado al sacrificio el solo hombre que 
combatía este engaño y pretendía salvar sus reyes y 
defender su patria : tal fué la gran trasmutación, que 
presentó la España en menos de tres dias, llevada 
de la mano , corriendo al hondo dbismo que le abria» 
regocijados los insensatos triunfadores de aquel hom^ 
bre infortunado. 

Los tiempos han mostrado quién erraba; pero es 
tan grande mi desgracia, y es tanta la maldad de 
mis contrarios, de algunos de ellos por lo menos, 
que cuando todo el mundo ha conocido mi lealtad, 
y ellos, hasta ellos mismos, se han visto precisado^ 
á reconocer y á confesar que yo acertaba , y que mis 
enemigos fueron los que erraron , ha habido quien 
pretenda que en mí no fué lealtad, sino interés per- 
sonal mió, aquel conato porfiado y aquel empeño que 
yo hice y me costó tan caro, de sacar mis reyes del 
peligro y hacer frente á Bonaparte; que aquel es- 
fuerzo, han dicho, no lo hice sino para salvarme yo 
á mí mismo, sabedor por las noticias que llegaban á 
mi oido de que el emperador venia resuelto d derrí- 



hav\ae.{i)iMay pocas «Qílmibhefr son iNifiiaiite pandar 
re^pue^ta á eísta infeUsE^^ escapatoria dé oiíj»: eniípígíi^l 
sin lójioa: jñmártá ni aun par^ la meíntijr»^ qna piaf. 
quitar jsiipceéicr^ á tqí lealtad, ieo^ decir esto^ han íH^ 
tido^ «i ^ta esjj^resion: al^ vulgar io me pi^mitc^i en 
una callejuéb BÍn salida.; lío les risiíipondo de esto 
smertec siienlápárfar de aqujelifkli^o tan kuneoadt' 
rablB.'qoejeKHrriiaxi.á mi monai^a! y á' sn real üamüii 
habiatádúén lia interés personal. mi6,.piruefoa será 
de qne el:delí3)ejr y laip«>tría ^ra.^nnQjmiamo con el 
mip/^rideqiue nii peligró (indébia: jñnlo con e) anyo, 
porqué rae puse'sáeniipre.^«in cnanlias cosas pude > por 
deladte 1^ cofntra ¿t batideiio'de Sns 'enemigos ^ sin te- 
HiBr:¿üs:^olp¿s^ y esponiéüdo : mi «úétencia del ni<H 
do que la espuse. Si venia Bonaparte i derribárnije, 
no podia sesees íuerza cotafesaiio) porque le fuese 
ÜBvdrable en su^ ^oyectas, sino al contrario» pw" 
que «i oposición én contra de ellos lo irritase; y si HOD 
puseYoluntariaéiente al blanco de Sfisiras^íEM^ pudo ser 
por kiteaies piarticnlar mió, sino por el del reino, del 



— ■ • — • — • — I 



'(1) '"PéttHaeHreUui^ieni á la fiistoria, y es conveniente qne 
se ^epái q|ie dee.iiuijisl^adoK <d8 ^primera cate^ofeia, c\xjo 
•ifcio las impone». delg;ual mado ^ue perseguir k los culpados, 
prpteier y guarecer al inocente perseguido, son los que , des- 
pues de treinta años de haberse visto todo claro en los suce- 
sos de aquél tiempo, han imajinado tergiversar de esa manera 
y rébajtii'la leáHad de mi «onáucta , eon él ^jeto de impedir 
ann todávia ^pie ^sticia roe «sea hecha» 



DEL PBlHCIJPE DB LA PAZ. 79 

caAl'^acia 3ro cL mioi No hobo, piie3> ma^ que. uno 
en. realidad^ 'lek i saber ^^atl de. mis reye^ y mi patria 
á^oiciies jroliabiaainido mis dosünois^ pronto á sa-; 
ffif cuaaito viniese^ yadf^ adentro 5 6 ya áú afuera^ 
&a mina mia. ir,., 

. ¡Oh ! si i intBtesef! iba personales, si, cua}; mí$ 
enemigos se propoiiian' los propios . suyo&i . h^bi^ir^ 
coBsbftido yo loisinios^ no me Jiabria.pt^curadQ im 
efiemigo'tdn grandemente poderoso cotno Qqpap^r 
te; mte el cmbl rae acataban en aquellos; días todos 
loiB reyes de .lá Eaino^á ; y cbn; 'mejores cartas /cpi^ 
todos mis coQirarios^ lo hubiera yo ganado, ^n fayot* 
mió. Guando en los últimos tres tneses;de mi m^ndp 
me hallaba ya tan solo sin tener en favor mió sino es 
al rey que peligraba de igual modo, si hubiera con- 
sultado Hii interés, no el de la patria, tenido aqnel 
mensaje de Napoleón que trajo Izquierdo, duéño'fuí 

de abrazarme á aquel coloso y de agradarle y cpin- 

• • • ■ ' . . . . \¡'t 

placerle, y de obligarle en gran manera, aconsejando 
al rey que perrarutase por el Portugal las provincias 
fronterixas dé la Francia , ci>mo aquel ansiaba tan at- 
dienlenienté , que adoptase el tratado de comercio 'y 
admítese la sociedad de guerras- qué contéñia él men- 
saje. SI^ todavía que los Álgarbes roe hubiera pro-- 
carado iüquel servicio á Bonaparte , y ^abria sido 
aniquilar i ixA&s mis contrarios, realzar mi poderío^ 
hacetlé iúcoütrastable , y vengar mis agtavios á pla-»- 
cer,ó perdonarlos, como mejor hubiese yo querido. 
En la moral de mis contrarios , no en la mia , el cofti- 



^lútet ú aquel tirauo hubiera «sido un interés perso- 
nal kiiio: no cupo, ño , en mi :alina tal interés ni tal 
ideay y én rez^ de consentir á la desmembración de las 

r 

]^rorincias y á las^nueras cargas que pretendia impó-^ 
nernos Bonaparte , preferí esponer mi yida á manos 
de ellos... de ellos que habian buscado é implorado del 
glande emperador aquel mismo favor que yo no quí- 
Set merecerle.... de ellos que contra mi se hicieron 
fueres bajo lar ejida misma que mi lealtad habia re- 
husado..:, de éllot^y en fin, qne se moistraron prontos 
y resueltos, por triunfar de Garlos lY, á conceder á 
Bonaparte cuanto por mis consejos aquel buen rey 
le habia negado (1),. 



,(1) Gonv^e en gran manera , para ver, en toda su. inz 
este. jarísimo contraste, renovar y juntar aqni diferentes es- 
pecios que han sido ya indicadas en estas Memorias, En el 
capitulo XXXI y último del tomo Y se contiene él mensaje que 
trajo Izquierdo con lá inéBcacion de los deseos de Napoleón 
¿obre<el cambio de las provincias de la* anlla izquierda dpi 
Ebro contra él Portugal, sobre un^ nueva alianza ofensiva. y 
4efei^iS|iv^.enti^ España j Francia sin ningunas escepciones, y 
sobre an tratado nuevo de comercio. A continuación se refie- 
re en el misn^o capitülp la respuesta nóbfe , severa y firme 
que fué daía por üárlos tV. De la misma manera, entre los do- 
¿umentos^üsidfícatiVos d^ citado volumen , se. contiene y bajo 
(0l<ñmnero 11, él ultimátum del^apoleon, su fepha 24 d|S mar- 
zo de 1808v enque aj)ueUa$^misma$ protensipnes, manifestay 

' • • • • . 

4a9 solamente como deseos y ruegos en el antecedente men- 
saje, se reproducían insolentemente, por mandado suyo, comD 
condiciones de su amistad con nosotros. tJitímaménte se ad- 



DEL PBtNGIPB DE LA PAZ. 81 

Deseo acabar y dejo de ocuparme en referir lo que 
ninguno ignora sobre las personas hasta aqui no men- 
cionadas, que en la conjura y los tumultos de Aran- 
juez toTÍeron mas ó menos parte. ISo sé yo si habrá 
alguno de entm los conjurados que pueda tener que- 
ja 'de que no le nombre, y que al contrario no sé 
alegre de que me abstenga de nombrarle. A ninguno 



vierte en aquel lagar , que él refeñáo ultimátum despachado 
en Paris el 24 vino á parar precisameiite , no á las manos de 
€árloB IV>y sino á las del principe Fernando ya reinante, y de 
sa corte. Este documento, que fué publicado en 1814 por don 
Juan Escóiquiz en su Idea sencilla^ es una prueba irrefragable 
de qoe aqaellas pretensiones, indicadas solo como deseo en el 
mensaje que antes habla traido Izquierdo para ۇrlos IV, fue- 
ron negadas, porque si hubieran sido admitidas, se habría ce- 
lebrado el tratado, y no habría luego venido aquel ultimátum 
amenazante. Claro está pues que, ac<msejando yo á Garlos IV 
la negativa que fué hecha , y su retirada al mediodía de sus 
reinos para que pudiese mantener su libertad é independen- 
cia, no pode' tener otro interés que el de mi monarca y mi 
patria. 

4$ Pensaron del mismo modo mis enemigos? Tan al contra- 
río fué y que no vieron en aquel uUmatmn sino su salud y el 
enmj^imiento de sus designios ; porque de él infirieron que, 
admitiendo aquellas pretensiones, obtendrían el reconocimien- 
to de Femando por el emperador de los franceses. Esta deplo- 
rable cnanto criminal esperanza que concibieron, fué la razón 
potísima y decisiva que tuvieron para arrbjarse á «n infanda 
peregrinación á Bayona. ¿Es esta una verdad? ¿6 son tan so- 
lamente conjeturas? 



82 HBMOBUS 

de lo^ que abrieron ó yudaron á escarar aquella gran 
corriente de miserias y desastres^ que en Aranjuez 
fné desatada, lo citará la historia entre los grandes 
hombres que después por sus esfuerzos inauditos j sus 
heroicos sacrificios concurrieron á atajarla. Los hom- 
bres de Aranju^ se encuentran casi. todos en la>lis*^ 
ta de los que, derribado Garlos lY j entronizado el 
hijo , después abandonaron á aquel hijo cautÍYO por 



Es «oa verdad taa cierta , como que nos ha sido contada 
^ ningim rebozo, cmi la mayo^ injenuidad, paladinamieiite 
por el minao don Juan E8C(^quiz , como un medio de defensa 
de su dictamen y de los demás consejeros de la nneva eórte 
acerca del viaje que emprendieron á Bajona. Los que quisie- 
ren podrán verlo j leerlo por sus propios ojos en la JéUa sen" 
cilla^ pajinas 18, 25, 38 y 3.9 , de <{ne en el capítulo XXXI 
liemos dejado hecha mención anteriormente. 

T he aqiii ahora el gran contraste : yo acoasej.é, promoví y 
ajilé un vii^e á lugar seguro , donde , ademas de salvar la real 
familia , se padiese organizar la resistencia contra las exorhi- 
tintes. pretensiones de Bonaparte, y contra cualesquiera otros 
designios mas escondidos que pudiese tener contra mis reyes 
y mi patria , arrostrando yo para, esto todos los peligros que 
de presente me amagaban, y los que podría correr en lo foto- 
ro. — ^EUos, por el contrario^ llevaron á las garras del tirano su 
principe querido, prontos k concederle el uUimatum^ á des* 
membrar la España , y á someterla á sus caprichos bajo un 
nnevo rey que estaría sujeto en adelante á sus mandatos , y 
que, casado con la sobrina, habría de haber sido (palabras tes- 
tuales del mismo Escóiquiz en su Idea senciUa, pajina 31) im 
hijo obediente y un aliado inseparable. 



DEL PRlNCIPB BB LA PAZ. 83 

SQ culpa, y úo se estremecieron de jarar, de procla- 
mar y de servir al rey intraso; ó bien en la de aque- 
llo^ otros que, al lado mismo de Femando en su des-^ 
tierro, no tan solo juraron obediencia al rey estraño^ 
sino que al mismo príncipe cautivo le humillaron 
hasta el punto de escitarlo á que enviase enhora- 
buenas al tirano por sus triunfos obtenidos sobre los 
leales que se inmolaban en España por librarle. Si 
de entre aquellos hombres de Aranjuez hubo mas 
tarde alguno que, á vista de la España heroica- 
mente decidida á mantener su independencia, arre- 
pentido ó vergonzoso, obtuvo la indnljencia de la 
patria y consiguió ponerse á la cabeza de las ñlas de 
sus ilustres defensores, la historia no los halla sino 
-en la triste lista de los que deslucieron las glorias y 
las armas españolas. Y cuando los esfuerzos de la na- 
ción magnánima lograron restaurar el trono escelso 
de sus reyes naturales, entonces si, la historia los 
halla á todos ellos usurpadores de las glorias en que 
jamas tuvieron parte , recojedores ellos solos del 
producto y la ganancia de tanta sangre derramada, 
hechos señores absolutos del poder que en Aranjuez 
habian buscado, proscribiendo , aherrojando y con- 
finando en los presidios con la marca de traidores i 
los que habian hecho mennzos las cadenas de la pa- 
tria , restablecido el trono, y abierto una era nueva 
de inmensas esperanzas cual ningún otro pueblo de 
la Europa al igual suyo era capaz de levantarlas. 
Tales fueron los hombres de Aranjuez , y tales se- 



84 MEHOEUS 

rán siempre en ios anales de la historia; muchos, ó 
por oscuros ó por mas dicliosos, se han escapado á 
sus catálogos. No seré yo quien turbe la paz de sus 
sepulcros, ni quien aflija á nadie recordando mu-, 
chos nombres de, aquel tiempo ya pltidados. ^ 



) . 



\ 



DBl PBtnCIPB DE LA PAZ. 85 



CAPÍTULO xxxin. 

Gontinaacion délos sucesos desde el 20 de marzo hasta el 19 
de abril. — ^Mi traslación al castillo de Yillayiciosa. — Rigo- 
res ejercidos conmigo. — Verdadero carácter de la abdica- 
ción de Garlos IV. — Voluntad resuelta y sincera que tuvo 
de validarla por un acto solemne bajo formas legales. — 
Condiciones justas j moderadas que S. M. se propuso para 
la validación de aquel acto. — Oposición invencible de la 
nueva corte en orden á admitirlas. — ^Violencia hecha al con- 
sejo de Castilla para el reconocimiento de la abdicación de 
Carlos IV. — ^Aflicciones, temores j exasperación del ánimo 
del rey por la conducta hostil á su honor y dignidad que es- 
perimentaba bajo el nuevo gobierno. — Su error en haber 
invocado el favor de Napoleón , y del modo que lo hizo. — 
Cuales fueron sus intenciones y propósitos leales en medio 
de este error cometido.— i-Su entrevista con el jeneral fran- 
cés Monttiion. — Su protesta contra la abdicación. — Cuándo, 
cómo y por qué influjo foé hecha. — Alteraciones graves 
cometidas en Francia sobre el informe del jeneral Monthion 
y sobre una carta de la reina. — Continuación de las durezas 
de la corte con Carlos IV* — Justa indignación que le causó 
la gaceta estraordinaria de Illadrid de 31 de marzo. — Sus 
congojas y temores por el empeño del gobierno en confinar- 
le á Badajoz. — ^Su correspondencia y de la reina con el gran 
duque de Berg.— Guales fueron entretanto los designios de 
Napoleón, y carrera que estos tomaron, -^Preparativos de 
la corte de España para su fipspedaje. — Resoluciones con- 
secutivas de salida de tres grandes de España, de Úbú Car- 
los, y del nuevo rey Fernando pitia 'recibirle. ^^ Bajezas 



86 M£]IIORUS 

cometidas. — Verdaderos motivos de los consejeros de Fer- 
nando para aqnel viaje , deducidos de los escritos de don 
Juan de Escóiquiz. — Nuevas cartas de Fernando á Napo- 
león. — Respuesta de este. — Examen de ella. — Sucesos de 
Vitoria. — Cartas de don Pedro Macanáz y de don Pascual 
Vallejo dirijidas desde Bajona á Escóiquiz , publicadas por 
él mismo. — Objstinacion de los coasejeros de Fernando.-^ 
Decreto dado en Vitoria. — Observaciones sobre varios pa- 
sajes de la Idea sencilla de Escóiquiz y sobre las impugna- 
ciones de este escrito que fueron hechas por Geballos. — 
Salida definitiva de Fernando y sus consejeros para Ba- 
yona. 

T 

De ninguno de tantos hechos lameotables que en- 
tre alegrías y regocijos de un ÍQ$t9nte formairon los 
estrenos de la nneva corte , no me es posible hablar 
de propia ciencia mia que nada vi^ ni nada supe de 
este mundo mientras me hallé bajo la llave de mis 
enemigos; podré empero referir de buen orijen mu- 
chas cosas que no han sido publicadas j que condu- 
cen grandemente para la historia de aquel tiempo. 
En cuanto á mi^ diré muy poco; lo que conmigo su- 
cedía podrá servir tan solo de lección á los que quie- 
ran aprender á ser pacientes por su patria. 

r^o bien del todo contenido el riesgo de la herida 
que recibí en la frente, ni mucho menos aplacada la 
aguda fiebre que sufría, fui trasladado en 23 de miar- 
20 de Aranjuez á Pinto, y desde allí al palacio ne- 
jo ó casa fuerte de Villaviciosa , puesta á cargó mi 
persona del marques de Gastelar, amigo mió y he- 
chara mia di^largoi^ años, m^s de repente convertí- 



DEL PRINCIPE DE LA PAZ. 87 

do con gran celo al nn«vo cnlto como tantos otros, 
por no perder lo que de mí tenian : nadie es mas 
enemigo qne nn amigo en las Irasformaciones de 
una corte. Mi castodia inmediata y permanente fué 
fiada á nn gmeso destacamento de guardias de corps 
qne al intento eligió el principe, ya rey, entre los 
mas comprometidos de aquel coerpo en los tumul*^ 
tos del real Sitio, Puedo afirmar que todos estos 
hombres cumplieron con su encargo de tal modo, 
qne ni de noche ni de dia abrí ninguna vez mis ojos 
sin Tor delante un héroe armado de aquellos bravos, 
pretorianos. Tres de ellos en facción contínna por su 
tumo, guardaban mi aposento y espiaban los instan- 
tes todos de mi TÍda, la de la res aparejada para 
hacer las iestas reales mas pompletas. Mientras es-' 
tuve en Aranjuez ture á lómenos el consuelo de yer: 
allí mezclarse entre los encargados especiales de mi 
guardia algunos pocos de aqueL cuerpo que nunca 
renegaron de mi afecto, mudos i la yerdaden cuan-* 
to á hablarme (tendia sus alas el terror sobre mi cuar* 
to y no podiaq), pero no mudoi de sus ojos cuya 
imájen aun conservo vivamente en mi memoria. A 
estos, y especialmente ú mt querido y constante ami^' 
gó don Francisco Manuel de Yille&a (segundo te-- 
nieate que era entonces dé la tercera compañía dé 
guardias de corps), tengo por cierto fui deudor dé' 
muchastrazas ingeniosas diríjidasi aiejár y distraer, ú 
mi salida de Aranjuez y en sus contornos, el trope}' 
nuevo de asesinos que ajitaron los que miraban im- 



88 MEMOBIAS 

pacientes retardarse el deseado sacrificio. Mucho 
ayudó también á libertarme de aquel riesgo la honra* 
dez y el firme continente de los granaderos de Gas* 
tilla, que fueron destinados, no sé yo por qué error 
de mis contrarios, para aumentar la escolta y com- 
poner la guarnición del castillo y su distrito. Incor-^ 
porados al convoy como á una müla de Aranjnez, 
cerraron bien sus filas, y su presencia y buena dis- 
ciplina dio fin á la esperanza de los que dirijian la 
nueva muta levantada de ahuUadores y asesinos. Yo 
contemplaba en el camino el porte mesurado de* 
aquellos graves milicianos, nobles hijos de los cam- 
pos, que, sin odio, sin aires triunfadores y sin mane- 
ras arrogantes, cumplian con su consigna, no enemi- 
gos, la compasión y aquella suerte de respeto que 
inspira una gran ruina pintadas en sus rostros; des- 
después hacia comparaciones dolorosas con el talan- 
te ^sqnivo, torvo y receloso de mis antiguos cama¿ 
radas, que, á ley de caballeros, cuando no de agra- 
decidos, me eran deudores, por lo menos, de aque- 
llos miramientos.que requería su propio honor y re- 
clamaba mi infortunio. Mas yo los disculpaba luego 
entre m mismo; se hahian comprometido fuertemen- 
te, veniau ganando sus arneses nuevos, nadie quería 
pasar por sospechoso: tener piedad en tales ocasio- 
nes como.aqudla.en que el partido vencedor aun no 
se encuentra . bien seguró , es un delito imperdona- 
Me en las faccipnes. 
Llegado á mi deslino , gocé la Ijiiz del cielo en de- 



DSL PEtnCIPB BE LA PAZ. 89 

rechnra algunos pocos dias. Daba ana reja de la es- 
tancia en que fai pnesto sobre la plaza de la entra-* 
da; la pieza, annqoe peqneña, era agradable y muy 
rísneña^para mi Cobrada. Yo no pensé que la muda- 
sen : la reja era muy fuerte > los mnros harto espe- 
sos , la pnerta y contrapuerta bien robustas. En cuan- 
to á aquella reja, guardado á yista como estaba á to- 
da hora, aun cuando hubiera yo querido tener inte- 
lijencias clandestinas, no era posible en modo algu- 
no establecerias ; pero se medio oian algunas veces 
las conversaciones de la guardia de soldados que es- 
taba por debajo y y se temió sin duda me llegasen por 
tal medio avisos ó noticias de lo que á fuera se pen- 
saba ó sucedia (1). Mis carceleros , pretestando me- 
jorar mi habitación lejos del ruido y darle anchura, 
me trasladaron luego al oratorio del castillo, triste 
remedo de un sepulcro, tal cual le aderezaron, sin 
entrar mas luz que la precisa de lo alto por entre 



(1) Uno de aquellos dias fué cuando oí lo que dejé conta- 
do en el capitulo XX de estas Memorias (tomo IV) sobre pro- 
vocaciones hechas á los granaderos de la guardia contra mi 
persona por algunas mujerzuelas echadizas, esparciendo hasta 
la especie de que yo habia tratado de entregar la España á la 
morisma y renegar de Jesucristo; La impasible virtud de aque- 
llos milicianos fué tal , que ellos mismos tomaron mi defensa, 
cosa muj poco vista aquellos dias en que el mejor amigo se 
contentaba con callarse. Asi fué qne á poco tiempo de esto fué 
mudada aquella tropa por orden del gobierno. 



90 müKHOEIAS 

yieyas y ^Hipolv^das celosías y vidrieras. En elal- 
ta^f faabi^ Hti «an Pedro con el ánjel desatando sos 
prisioneji; de noche» al resplandor escaso y move* 
disso de una lámpara ^ parecían mover los ojos y los 
bbips aquellas dos imájenes; y como yo fijase allí mi 
vista con frecuencia en mis desvelos (hablo verdad 
y, no exajero), lúas jde nna vez mis cuidadosos cela- 
doras se alertaron pensando si habría alguno que es^ 
tarja esp(>udi4o w el retablo. 

, A$í p^^ mi larga cuarentena; todos los días se 
pairedieron en iaqueila murada soledad, donde no j^ú- 
^ penetrar por alto ni p<Ar bajo ni siquiera un reca- 
do de los reyes padres por mas que lo intentaron, ai 
la menor noticia de las cosas que pasaban. J^inguo 
priado se ]baífó solo wnca en n^i presencia ; iamas el 
ciruja 1^0 4l^ y enia iicurarme diariamente (i) pudo 
hablarme á solas ni acercarse á mí, sin que le acom- 
pañare y lo observase, grandemente atento, algoao 
de los guardias. Una vez sola entró un barbero á ra- 



(4) Doa losé Antoaio de Gapdevila, cirujaao del cuartel 
d9 Cardias. €árlos IV'habia pedido inátiliueiite que se fíase 
uú asisteni^ia.á uao de sos eirujanos de cámara con ejercicio 
en compañía de doa iaitonio Jimbernat que era su primer ci- 
rujano. Gapdevila lo era tajnbied de cámara, pero sin ejerci- 
mo. Aunque «lejido por mis enemigos , puedo asegurar (y m^ 
complazco éu dar á su memoria este testimonio de nd gratí- 
tud ) que me asistió con toda la lealtad « y con todo el esmero 
y buen afecto que pudiera haber tenido el mejor de mis amigos. 



BEL PEtl«CIPS DE LA PAZ. 91 

sMram^e^pero 4^ tal maqera rodeadp, y coo tan ff[^n- 
d^t|}rb9cÍQDL t^mUándole la maao, que noacabó su 
obra. Habieado allí un altar, podifi decirse misa ¡ y 
dyendo la Paiscaa en aquel ti^júipp, parecia ra^pn 
Me hubiesen ppcufado que cumpliese con el pi^ 
wpto de la Iglesia « como ae procwralM y era uso ^en 
todas la3^Í8Íones; pero ni aun este desahogo de cris- 
tiinos me tuvieron; ni comunión., ni misa, ni un li-- 
brotan siquiera, ningún consuelo d^l espíritu* Po* 
drián decir que yo no lo pedia; mas yo no pedia na-* 
k, guardando en esto mi decoro; j ellos sabían muy 
bieii, pueA lo veían, que yo observaba este sistema 
bsta en las cosas mas precisas. Una tan sola eti todo 
d tiempo que allí estuve pedí un día , no á ellos, sino 
almoT^o que servía la mesa, y no me fué traída: ¿fué 
alguna COSA grande? Fué un poco caramelo de que 
ya usaba babítnalmente. Todo esto es increíble; mas 
iacreible lo que callo por decencia: baste decir que 
oi una miuda de camisa me fué dada en tantos días, 
7 que cuando salí de entre las manos de mis ilustres 
carceleros, mi capote y mi ropa ensangrentada fné mi 
único vestido; no había otro (1). 



(1) Si piensa alguno que exajero , podrá hallar comproba- 
4% mi verdad en una relación de la vida del jeoeral Olanhes, 
bajo cuya escolta fui conducido á Bajona. Léese allí en una 
nota de aquel escrito ^ página 69 , lo que sigue : 

«Ge malhenreux^ prince était couvert d'une mauvaise capo- 
»t« de soldat, teinte encoré de sou sanjí versé le jour dq Tin- 



92 HEMpBIAS 

Sobra con lo cfue he dicho para satisfacer á los ca- 
riosos sobre estas pequeneces concernientes á mi so^ 
lo: no era mi peligro lo que ocupaba ya mi espíritu 
dispuesto j consentido al sacrificio ^ sino la suerte de 
mi patria puesta en manos de los que fiaban en la 
protección j la amistad del emperador de los fran- 
ceses. Por lo que me pasaba, yo no podia dudar de 
que mandaban ya mis enemigos soberanamente. De- 
bia inferir también que^ si habian penetrado hasta la 
corte los franceses, se les habrían unido, y seria cier- 
to lo que con tanta confianza y tantas yeces se habia 
dicho por los conjurados de que yenian aquellos en 
su ayuda. Debí pensar, en fin, que el precio de es- 
tas cosas serian las concesiones que Bonaparte de- 
seaba, y la completa dependencia de la España so- 
metida y enfeudada como las demás naciones aliadas 
del imperio. ISo iban mas lejos por el pronto mis te- 
mores, y, si bien desolaba mis entrañas este cuadro 
doloroso, no llegué á imajinar la entera ruina á que 



» surrection d*Aranjaez ; sa barbe n'avait été faite depms 
prés d*iiii mois. « i^Notice historique sur l^ lieutenant-^énéral 
comte Manhes^ París, chez Denta, 1817.) 

Debo añadir aquí con lágrimas inagotables de mi eterno re- 
conocimiento á Garlos IV ^ qne la primera camisa limpia qne 
me pnse despnes de mi salida me fué enviada por S. M. de 
las de su propio nso , prenda inestimable qne conservo , y 
qne espero llevar conmigo como nna santa reliqma á mi se- 
pulcro. 



DEL PRÍNCIPE BE LA PAZ. 9B 

en tan brete plazo la llevaron los oonsejeros de Fer- 
nando. ' 

Dejando páes ahora mis inútile» dolores en la ti* 
niebla espesa -de que me hallaba rodeado^ iré jui^tan- 
do los: saceso^, procuraré enlazaurlos por .el órdón si- 
multáneo de los hechos bajo el cual debQii juzgarse, 
y á lo que todos saben, sobre lo cu4l.seró muy bre-^ 
je^ a^ajUré lo que aun se ignora» . Yer^se de. e^ 
iDiód4 á buen^luz y. por completo eltriste^y raro cua- 
dro de aquel naufrajio horrible que causaron los nu^r- 
yos timoneros de la España. _ 
, [Es necesario irlos siguiendo paso i paso para jad- 
mirar su$. yerros no láénos. graves que sus crímenes. 
Kk^uña cosa tan al caso, tan conyeniente, tan pre- 
cisa en la reyolucion que habian ya hecho, como po- 
nerle un buen cimiento indestructible en la bondad 
de Garlos lY, en el amor verdadero que tenia á Fer- 
nando, y en la noble y leal correspondencia de aquel 
hijo acia su padre, que tanto ómasique la piedad fi- 
lial dictaba la política , para lograr que aquel augus- 
to anciano, tan conocidamente jeneroso , sancionase 
en paz y en calma por amor lo que el terror tan solo 
habia obtenido después de tres tumultos. ¿De qué 
manera tan diversa pudiera el principe Fernando 
haber tratado con el audaz emperador, no como un 
rey incierto y un humilde pretendiente, sino como 
tal rey solemnemente declarado y confirmado por Su 
padre en plena libertad, verificados para esto los re- 
quisitos-mas precisos y esenciales del derecho; cuan*- 



íúÁ pddian al menos hat»er8eí«áKt;ád0^.¡Oh! noiqncM 
dó por Garlos lY que asi se háblese hecho: esperó 
Unto tieitípo á reiQ^diár el desfaonor d^: k ifetitificia 
tn^olttiitairiav qMí te ftfé ^rraiu^dnv cniínlo jard^ ¿n 
rer tmtú quéf círa ¿ft t^iío sti itfteií<:iíoií de tdlidaria 
ecúrenientemente y de Imút aquella^ afrenta , 6 ^ 
lo méno» paliarla^ mediante nii íáelo en lpd« regla y. 
C01Í las condiciones üecesáriás qti« peáia^ p^ nná 
parte > tá siHdrte de iáti» tmnoáí haíta etftóneei SÜVi^ 
menté conselrrádoá ; ^ que* ^^ijkiñ nd ttén«8, '^f 1^ 
otra y el honor de sa persoüa^sM éiiidteíida venideya^, 
y-el decorof^jio propicy^tiyb y deifareina. Ello^) los 
desleales c^ni^ejét^^de Fem«n4o/>tan fnneslioS'd hijo 
cdnio al padrea v'i^íqmsiéroa ni qtteiria^ sifio lo hnk^ 
tai^oy ?r üQ tiÍTÍerox^ ^ni aun e\ arte db omtémplar i 
&árIos IV, de Híadévle oiénos duvaí la abdicatnoii :de 
sfl corona , de epnd)lbcér los actos y los primeros '^•- 
sos díe aqnel hijo <fiie delna réjir la España.^ J dé fo]> 
matle tmp Teserray un glrande'balnirte en el afeeto^ 
eü la honradez á toda prueba , y eniél conciúráo.y tea4 
limieñto de sa pitdrel fisto fio lo. han contado aqne-^ 
Ifes hombres erimínaled, y no tan solb k> han ealLa*^ 
do:en mj^ escf ito8>^ino qae á masviio habiendo quien 
pudiese publicaTfe sino ellos, ni cpiieii pudiese res* 
ponder y desmentiorlps, se afarevíeron á émpañaar ¿on 
sus mentiras el honor de Cidos IV. Á mi me toca 
ahora lerantar el yelo de esta parte de \ti historia, 
presentar los hechos , y poner en eridencia la leal- 
tad^y baena f^ dé aquel monarca aun con sos pro<- 



BEL PRÍNCIPE DB Lk PXlK 9S 

1^ enemigos» JNada diré q«e no le habióse oído 
muchas yeces , contado siempre por so boc^ de 
igQ9l nodo, catl lo tenia imbofrable en st 4ne- 

El rey oo reniuició sina para editar iiia3iores'ititfe 
les, por no espoqer sa real decoro ú los ultraJM^por 
Qo t^er á qniea fiarse^ ni rer á nadie que resuelta^ 
mente se ofreciese á defenderle, porque cireyi^i^tt-pe-^ 
li^.la Tidal de lñ> reina j aan^ la suya p^opiav, y por- 
que afitollos mismos que dcdriattí- guardarle y ^Otíltf 
neile le aconsejaban laTenmein : «ste coMejo, dad¿ 
al ley en Ules circonfiíCancias. eoñu» aq^Mllas^ inflátHl^ 
lió en 8Q mmío de entenderlo y de juzgarlo á uiia ']prtf 
laeca intimación respeiuosary i h €Ufll podía segoi^i^ 
otra segunda. en términos TÍoleftot qtt€^'h(dla^ fi/á 
respeto. Tal modo de abdicar una corona Ü potitis ét|i- 
ti8 turcos podría juzgarse Tilido;' S4 M. lo eonocia, 
y estaba en su derecho* d& reclaáiar contra la fuei^a 
coando pudiese hacerlo libremente ; mas su alma era 
tan noMe que, aun en aquella misma estremidad en 
qnefué puesto y no soltó su real palabra con formal 
designio de romperla, sino de hacerla y oledera cual 
conyenia á la dignidad de su persona y de su hijo, 
si este correspondía y como espef aba , á su carácter jé- 
neroso. Y habria correspondido, me parece á mí, si 
lo dejaran libre los hombres criminales é Insensatos 
qne le tenían cercado; pero estos , no contentos todar 
^iade haber forzado á Garlos IV á la renuncia, lo 
aAijieron y humillaron á tal grado que c'a usaron y 



% MBSEOBIAS 

agotaron SU induljencia*. He aquí nn resumen muy por 
cima de los hechos: 

, Garlos lY había crdido qae seria bastante para cal- 
mar los alborotos su abdicación ya hecha de palabra^ 
yu de palabra* saya, tan segura y tan probada como 
sei-hpnrabiaiy se gloriaba de tenerla; mas no se con- 
tentaron, y; jle^ dijeron qne su firma era precisa aque- 
lla misma nocbp;. , ' ' 

. Fidi(}-S..']tti se con^íooase el real cóns^éjo, ó una di* 
putdcion ál manos de sus indiyidnos, no para discu- 
tirla abdicación» mas para minutarla y hacer que se 
e^M^diese. luego, bajo las: condiciones y ordenaciones, 
pj^eveocionés y, foifmalidades necesarias; f ero dijeróti 
no eora tiempo en.tales circunstancias de escitar rece- 
los é inquietudes; que las fornulidades podrian des- 
pués snpHüse; i - - , 

.. C^dió S, M«/ y firmó el acto de renuncia cuaHe 
iQ.estendi^QH (!)• Después entró Fernando á ser re- 

tv. ... ." ■ ■: ■{ ;•» '■ . ■ ' >. •■ • ' ■ '•'■ ■ 

' . ' ' '■ . ■ ■ • 

' (1 ji Hé aqtií él testo del acto de abdicación estendido en 
'íónna dé áüópile decreto por don Pedro Geballos, y hecho 
j&rmar á S. M. un dia después de haber declarado por otro 
real 4acreU} que era s^yoll^ltad: tomar por su propia persona 
el mando del ejército y de la marina : Como les achaques de 
que adolezco rió me 'permitan soportar por mas tiempo el 
gran peso del gobierno de mis reinos, y me sea presiso , para 
reparar nn salud , gozar en un cuma mas templado de la tran- 
quilidad de* la vida privada, he determinado, después de la 
mas spria deliberación^ abdicar mi corona en mi heredero y 



BEL PRlNGIPB DE LA PAZ. 97 

conocido y declarado rey de las Españas por su 
padre; 

Acto seguido el nuero rey partió para su cuarto^ 
y en pos suyo los ministros, los grandes que se ha- 
llaban de servicio en el palacio, los jefes de la guar- 
dia y los demás amigos que esperaban impacientes 
en las puertas para instalar i su manera al nuevo so- 
berano. Las tronadas de aplausos y de vivas estreine- 
cieron la real casa, correspondidas desde afuera por 
la soldadesca y por la jente amotinada. 

¡ Hubiese Dios querido que aquella noche la em- 
plearan solamente en celebrar el triunfo conseguido! 
Mas no fué así, sino que casi toda fué ocupada en 
proponer y discutir negocios, y en arrancar al nuevo 
rey el galardón de los servicios que sus amigos en- 
tendian haberle hecho. Aquella misma noche fueron 
acordados turbulentamente los mas de los decretos 
que después fueron saliendo, y el primero de todos, 
como prenda y muestra del sistema que debería se- 
guirse en el reinado nuevo, la cesación de ventas dé 



mi muy caro hijo el principe de Asturias. Por tanto , es nü 
real voluntad qae sea reconocido y obedecido como rey y se- 
ñor natural de todos mis reinos y dominios. T para que este 
mi real decreto , de libre y espontanea abdicación , tenga su 
éxito y su debido cumplimiento, lo comunicareis al Consejó 
y demás á quien corresponda. Dado en Aranjuez á 19 de mar- 
zo de 1808. — Yo el Rey. — A don Pedro Geballos. » 

'7 



100 HEMOBUS 

relijion católica romana , con esclusion de toda otra 
en sus estados j dominios de ambos mnndos; 

2.^ La absolnta y rigorosa indivisibilidad é inte- 
gridad de los mismos estados y dominios de la mo- 
narquía, sin que ni al principe su hijo, ni á ninguno 
de sus sucesores, fuese nunca libre desmembrarlos, 
traspasarlos ó cambiarlos roluntariamente de manera 
alguna; 

3.° La buena y leal intelijencia con todos los go- 
biernos con quienes la España se hallaba en paz, y 
muy especialmente con el imperio francés, procuran- 
do siempre mantener la perfecta amistad y alianza 
contraida entre las dos naciones, bajo el principio es- 
tablecido de la reciproca igualdad de intereses entre 
las mismas dos potencias, y el mantenimiento de la 
garantía de todos los dominios de la corona al me- 
diodía de los Pirineos, según la tenia hecha y so- 
lemnemente pactada y declarada por el tratado de 
Fontainebleau el emperador de los franceses; 

4.° La publicación que debería hacerse, en tiem- 
po pacífico, seguro y oportuno, del restablecimiento 
de la ley II, título XY , Partida II, concerniente á 
la sucesión de la corona , tal como se había acordado 
bajo su soberana aprobación en las cortes del añp 
de 1789; 

5.® La buena administraciun de sus reinos con el 
menor gravamen posible de la agricultura, las artes, 
la navegación y el comercio, y con la admisión jui- 
ciosa y sucesiva de las reformas y mejoramientos 



BEL PHlNCIPB DB LA PAZ. 101 

que reqaerianiieMro^mTel con J^ potencias princi- 
pales déla Europa;. :, \ ' 

6.^ La 'omnímódai.y á}>solttU libertad para esta-! 
blecer su residencia v juntamente con la reina, donde 
mejor )^udiese convenir á su salud , tranquilidad y 
reposo; 

>7.« £1 señalamiento 4e una renta anual fija. para 
el! mantenimiento suyo y dp su casa, en aquella can- 
tidad qne permitiesen: k>s medios del real, erario ^n 
aumentar las cargas jde sus pueblos; 

8.° El señalamiento de la renta fija y anual que 
por fallecimiento suyo deberia! disfrutar la. reina; y 
el amparo y esmerado tratamiento que se obligaría 
su hijo á darle y á tenerle, si llegase á quedak 
▼inda; 

S.^ La designación de un palacio y parque r^al 
para habitarlo y disfrutarlo sus majestades durante 
sus vidas como y cuando pudiese convenirles, con 
goce suyo propio y peculiar, y con la calidad de $u 
integra reversión é incorporación á los demás bienes 
de la corona por fallecimiento de entrambos; 

10.<* Recomendaciones jenerales y especiales á su 
hijo en favor de los infantes, manifestando su deseo 
particular de conservar en su compañía y de su es- 
posa al infante don Francisco; 

11.® Otra recomendación muy especial en favor 
de su hija la infanta doña María Luisa, y de sus dos 
nietos, hijos de esta, don Garlos Luis y doña Luisa 
Carlota y añadiendo encarecidamente á Fernando el 



100 HEMOBIAS 

relijion católica romana, con esclusíon de toda otra 
en sns estados y dominios de ambos mundos; 

2.^ La absoluta y rigorosa indivisibilidad é inte- 
gridad de los mismos estados y dominios de la mo- 
narqnia, sin que ni al principe sú hijo, ni á ninguno 
de sns sucesores, fuese nunca libre desmembrarlos, 
traspasarlos ó cambiarlos roluntariamente de manera 
alguna; 

3.° La buena y leal intelijencia con todos los go- 
biernos con quienes la España se hallaba en paz, y 
muy especialmente con el imperio francés, procuran- 
do siempre mantener la perfecta amistad y alianza 
contraida entre las dos naciones, bajo el principio es- 
tablecido de la reciproca igualdad de intereses entre 
las mismas dos potencias^ y el mantenimiento de la 
garantía de todos los dominios de la corona al me- 
diodía de los Pirineos, según la tenia hecha y iso- 
lemnemente pactada y declarada por el tratado de 
Fontainebleau el emperador de los franceses; . 

4.^ La publicación que debería hacerse, en tiem- 
po pacífico, seguro y oportuno, del restablecimiento 
de la ley II, título XY , Partida II, concerniente á 
la sucesión de la corona , tal como se había acordado 
bajo su soberana aprobación en las cortes del añp 
de 1789; 

5.® La buena administraciun de sus reinos con el 
menor gravamen posible de la agricultura, las artes, 
la navegación y el comercio, y con la admisión jui- 
ciosa y sucesiva de las reformas y mejoramientos 



BEL PHÍN£IPE DB LA PAZ. 101 

que reqnerianii^Mro.iitTel coh.la/s potencias prinoi- 
pales de la Europa;. *'. 4 ' 

6.^ La 'omnímoda i. 7 absoluta libertad para esta-. 
Mecer su residetncidv juntamente con la reina, donde 
mejor pudiese conyenir á su salud, tranquilidad y 
reposo; 

•7.^ £1 señalamiento de una renta anual fija.para 
ellmaiitenimiento suyo y de su casa, en aquella can- 
tidad que permitiesen: k>s medios del real erario ^in 
anmentalr. las cargas jde sn$ pueblos ; 

8.° El señalamiento de la renta fija y anual que 
por fallecimiento suyo deheria i disfrutar la. reina; y 
el amparo y esmerado tratamiento que se obligaría 
su hijo á darle y á tenerle, si llegase á quedak 
yinda; 

9.^ La designación de un palacio y parque real 
para habitarlo y disfrutarlo sus majestades durante 
sus vidas como y cuando pudiese convenirles, con 
goce suyo propio y peculiar, y con la calidad de su 
integra reversión é incorporación á los demás bienes 
de la corona por fallecimiento de entrambos; 

10.<* Recomendaciones jenerales y especiales á su 
hijo en favor de los infantes, manifestando su deseo 
particular de conservar en su compañía y de su es- 
posa al infante don Francisco; 

11.® Otra recomendación muy especial en favor 
de su hija la infanta doña María Luisa, y de sus dos 
nietos, hijos de esta, don Garlos Luis y doña Luisa 
Carlota, añadiendo encarecidamente á Fernando el 



102 BfBMOllIAS ! i I w 

encargo de mirtr for la saoerte dd referido infante 
don Garlos Luis en las transacciones, convenios ó 
tratados ulteriores qoe habriiin. de. concluirse eon 
respecto á sus derechos y al establecimiento ^ compe- 
tente que ]e era debido por indemnización, de) xeáno 
de Etrnria; 

12.<» ÜD encargo muy estredio dé preoúlrar. por 
todos medios la paz y la perfecta unión de todos los 
españoles, y de evitar y baoér evitar tod^ snerte de 
novedades y reacciones que podrían turbarla i; 

13.® La ejecución y pleno cumplimiento de su 
real decreto de 18 de marzo > por el cual S. M. se 
kabia dignado de concederme mi retiro^ declarin* 
dose en consecuencia de ^lo que ninguno de los su- 
cesos ocurridos contra mi persona podía dañar al ho" 
ttot contraído en lo6 servicios bechos bajo su reina- 
do, ni pararme ningma peijilicíb ; 

14.® tina recomendación, particular en favor de 
las personas de su real servidumbre ¡^aia cpie fuesen 
conservadas en sus respectivos •empleos, ^ que, en d 
caso de darse á algunos su retiro por no ser necesa- 
rios al servicio de su hijo, se les «mservasen sus 
sneldos, honores y prerogativas; 

15.® Y állímo: que le fuese hecho y entregadp 
por su hijo un acto de aceptación de la escritura de 
tennncia que le hacía , con arreglo á los artículos re- 
tiñidos , cuyo acto fuese semejante en la sustancia y 
en su espresion al que el príncipe don Luis faakía 
hecho para su a«g«»to padre el señor Felipe Y aoep- 



DEL P&íriC]^B DB LA PA'X. 103 

tando su renuncia; y, que eutran^bos <lps a<;tos fue- 
sen consolidados por todas las formalidades y requi- 
sitos legales que fuesen (^mpa tibies con la$ cireuns* 
tancias y la nrjeii^a del tiempo en aqueUa grave ao- 
ti^uiUdad en que se hallaban los pegocios é ínKereses 
de sus reinos. 

Tal fué el saludable, importante y moderadísimo 
concierto con que Garlos lY , en su sana y perfecta 
buena fe, se habia propuesto, no solo reparar y va- 
lidar lo que era nnlo bajo todo aspecto de derecho, 
sino ademas poner en manos de su hijo un fuerte 
escudo con que pudiese rechazar las pretensiones 
suscitadas por el emperador de los .franceses sobre 
el cambio de las provincias fronterizas , dándole de 
esta suerte, si se encontrase ñaco ó temeroso para 
resistir la tal demanda por si mismo, el modo tan 
seguro de escusarse y de cubrir su negativa con los 
mandatos de su padre, con quien Napoleón tenia 
jbratada la integridad y garantía de sus estados y do- 
minios. Cnanto á las demás cosas concernientes á su 
existencia y su decoro, era imposible ser mas parco 
y moderado de Iq que se mostraba Garlos lY en su 
proyecto de renuncia. En cuanto á mí, no era pedju- 
demasiado el sustraerme á una venganza no fnudada 
en otra cosa que en el odio de un partido poderoso, 
y honrar á un rey y un padre cuyo honor estaba 
unido estrechamente con el honor de su ministro (I). 

(1) ITHas adelaate se verá eu sulutj^arcorrespoudieüte, con 



104 HBMOBIAS 

]Xo quisieron empero los destinos, de quien los 
conjurados se hicieron instrumento, que asi se reme* 
diase en lo posible la violencia de la revolución que 
habian movido. Mientras que Garlos IV preparaba 
y resolvia en su ánimo aquellos jenerosos pensamien- 



documentos judiciales y auténticos emanados recientemente 
del actual Supremo tribunal de Justicia , que ni en aquellos 
dias , ni posteriormente en el largo trascurso de mas de trein- 
ta años , no ha sido producido ni formado cargo alguno en 
contra mia , y que el famoso proceso mandado fulminar con- 
tra mi persona se quedó solamente en proyecto , no empeza- 
do siquiera, mucho menos seguido ni realizado de modo algu- 
no. No ha sucedido asi, ciertamente, ni por falta de tíempoi ni 
por falta de voluntad de mis enemigos, los cuales dueños abso- 
lutos del poder portantes años, teuiany debian tener un grande 
interés en justificar tan graves y tan inauditas violencias y tro- 
pelías que contra mi han sido por ellos ejercidas sin ningnna 
tela^ ni contienda, ni sombra de juicio. T sin embargo ellos eran 
los dueños de todos mis papeles, de una gran parte de los de 
Garlos ly, de todas las oficinas y archivos del gobierno, y de la 
vasta y devotísima clientela de paniaguados y amigos que se ha- 
bian formado en todo el reino. Si hubiese sido yo culpable de las 
imputaciones que me hacian, ; cuan fácil les hubiera sido pre- 
sentar docnmentos y testigos ! No lo han hecho; luego no han 
podido: luego yo no era culpable. 

. Me anticipo aquí á decir esto , con el solo objeto de probar 
lo que arriba he dicho , de que no era mucho pedir lo que 
Garlos IV pedia de que su decreto de 18 de marzo fuese cum- 
plido, declarándose no deber perjudicar á mi honor ni parar- 
me ningún otro peijuicio los sucesos ocurridos. 



BEL PElNCIPS BB LA PAZ. 105 ' 

tos de paz qae ann podían salvar el estado en el 
borde mismo del precipicio en qae le habian puesto 
ellos, los insensatos, en el delirio de su trionfo, no 
contando para nada ni queriendo contar mas, ni con 
la voluntad ni con la autoridad de Carlos lY , y em- 
peñados en desviar enteramente del camino que se 
habian propuesto á aquel benéfico monarca, se da* 
ban prisa á' consumar los desafueros 7 violencias per> 
petradas , violando los respetos del consejo de Gas- 
tilla , presentando á aquel supremo tribunal la re- 
nuncia de la víspera, impidiéndole guardar, ni aun 
por la forma j apariencia, los trámites legales mas 
precisos para reconocer y dar su cumplimiento á un 
acto de tamaña gravedad como aquel era , y arran- 
cándole ab irato su sanción , para la cual , seguidas 
en rigor nuestras leyes y costumbres,, ni aun su pro- 
pia autoridad era bastante (1). 
Muy fácil es de concebirse cual fué y cual debió 



(1) El consejo, cuando le faé presentado aquel acto , des- 
pués de hacer algunas observaciones sobre la necesidad de 
ciertas formalidades muy esenciales , Una de ellas , en aquel 
caso , la ratificación de S. M. en su pleno albedrío f y otra , la 
ostensión de aquel documento al tenor de las reglas observa- 
das en tales casos, mandó pasarlo á loS fiscales para que^ die- 
sen su dictamen. Pero inmediatamente bajó un decreto fulmi- 
nante, dictado por el ministro Caballero, en el cual se repren- 
dia agriamente la conducta del consejo, y se le exijia la inme- 
diata publicación de la renuncia. Obedeció el consejo , y la 
publicación fué hecha sin la menor tardanza. 



106 rwmmxA» 

ser k inratjHciott miera de pesares y dolores, no me* 
mecidos ni' esperado» ^ que asaltaron j aflijieroh de 
irenuache el coraioa de Carlos IV cuando empesd á 
saber lo que pasaba á espaldas suyas, y cuando 
lié como se hollaba su respeto y se desestimaban sns 
jenerosas inienciones. Caballero y Ceballos yinieron 
á decirle aquella noche que la necesidad de saj^ar 
los moFimieñtos populares hacia marchar á toda pri- 
sa los sucesos; que todo estaba ya cumplido cuanto 
en aquellas circunstancias podía hacerse conrenién-^ 
temente; que el acto de renuncia habia ya údo au^ 
tomado por el consejo de Castilla ^ y anunciado a) 
pueblo eon jeneral contento y entusiasmo de Madrid 
y de los pueblos comarcanos; que podria ser muy 
' peligroso , al menos por entonces, proceder á nueros 
act^s que escitasen la espectacion del público y la 
desconfianza de los ánimos; que ademas se acetcaban 
, los franceses^ qne el emperador debia reñir, y que 
el gobierno tenia apenas el tiempo indispensable pa- 
ra atender á aquella grare urjencia; que S. M. de- 
bia contar en todo tiempo y en tqda su llenura con 
ei afecto de Fernando , sin que á este fuese necesario 
hacei; tratados para obligarse al cumplimiento de los 
deberes de un buen hijo^ el cual ninguna cosa de- 
seaba en tanto grado como su salud y su reposo, y 
que, en fin, estas dos cosas las podria tener S. M. si 
fuese de su agrado retirarse á Badajoz, cuyo tempe- 
ramento habria de serle fayorable , y donde nada le 
baria falta. 



BEJ. PBlRCIMI BS £A PAZ. 107 

S. M., por mas qne se sintiese hárido en lo mas 
títo de su alma , rq^rímidse cuanto le fué posible 
por no amenguar su dignidad ni arenturarse á nue- 
nm desacatos, limitándose i decirles que á Ío menos 
esperaba que su hijo tendría á bien que entre los dos^ 
si él lo quería , secretamente , con la asistencia sola 
de na nolario de los reinos , se estondiese aquel pa* 
ptl que les babia indicado, no por dudas que tuvie- 
se ^ su filial -afecto » sino por dos rasques de gran 
peso: la primera, la quietad de su condenóa ál des* 
hacerse en su persona de las obligaciones que con^ 
trajo con Dios y con sus pueblos cuando sébió al 
tono; j la segunda, porque, en el casi» de decirse, 
como «ra muy posible se dijese , que su renunda fué 
iorzMUi , pudiera producirse por su hijo un documen- 
to que le honrase y que afianzase su corona; 'que en 
esta pretensión, en que insistía de nuevo, no iba 
buscando su ínteres, sino el hooor y buena fama de 
MI hijo, el bien de sus vasallos, la integridad <lel 
rdino que estaba amenazada, y la certeza, al retirar- 
se para siempre del gobierno de «us pneblesi de que 
«nj^nno abusaría del juvenil carácter y de la ines^ 
peiiencía de su hijo. Hizoles en ^seguida jformar «¿ 
hrevm apuiübe de las condiciones , encomiendas «y 
mandatos que S. M. quería que contuviese «I beto 
de lenuncia , y despidiólos dulcemente. 

En medio de esto iban viniendo, como en tropel 
y de crecida, unas tras otras las noticias ¿t las cosas 
que pasaron y pasaban desde el 19 en el consejo de 



108 MEHOBIAS . 

Fernando, « tales ^ decía S. M. oontando> estosí suce- 
»SóSt como los mensajes que traían á Job sns nan«- 
»cio$.i> Uno de sus dolores mas punzantes fué el mx^ 
q«esu hijo había llamado áEscóiquiz y á Infantado^ 
y que á este le había hecho un nombramiento seme-i 
jaínte; al que <;on lacre negro le había espedido eñ yí^ 
da de su padre pocos meses antes. Otro na monos 
gráyei lastimó su. corazón profundamente cuando Je 
fqé contado que.se buscaban doi^mentos para ganar 
mejor áBonáparte mostrando las medidas que S;»9L 
había adoptado por ínñujo mío para aflojar ó desatar 
los lazos de amistad y de alianza que uñían á Espa* 
ña coa la Francia ^ y encareciendo el celo de la nne^ 
va corte, por la cual se había impedido la ruptura 
de la paz que, sin los movimientos y sucesos de 
Airaajue^,«e habría seguido luego entre las dos po- 
tejuelas. No era que viese Bonaparte sus acuerdos: y 
sus órdenes lo que mortificaba á Garlos lY; empero 
lo aflijia sobre medida que le acusasen de perfidia, 
y que se interpretase eú tal sentido la conducta tan 
noble, tan leal, tan moderada y tan ceñida á su de- 
ber que había tenido: dolíale al mismo tiempo acer- 
bamente que se adoptasen tales medios, tan inicuos, 
para hacer cierta la corona de su hijo, que la pluma 
en la mano estaba pronto á asegurarle en toda for- 
ma y en debida regla con su firma. De aquí fué el 
concebir S. M. que había un sistema concertado en- 
tre sus enemigos de consumar su humillación por 
todos modos, de deshonrarle en su persona y en la 



■s 



í 



1 



BEL PElnClffE DE LA PAZ. 109 

mia, de confinarle y de entregarlo en un retiro in- 
decoroso al menosprecio de las j entes. Fortalecía es- 
tas presonciones , tan desolantes para un rey , el aire 
de estrañeza y (pena da el decirlo) de desprecio que 
empezó á notar en las personas que, mas que nunca 
aquellos dias, en el ceremonial del real serricio de- 
Ueron esmerarse cuidadosamente, porque S. M. no 
echase menos tan de pronto el resplandor de la dia- 
dema (1). Tras de esto, las noticias que llegaban de 
las reacciones y alborotos de Madrid , donde con el 
pretesto de ser amigos mios eran atropellados en sos 
casas y personas muchos hombres estimados y esti- 
mables por sus serricioSy sus talentos y virtudes; tras 
de esto, en fin, la pena que le daba mi situación tan 
dora y el peligro en que me veía sin alcanzar i re- 
mediado en modo alguno. 

De esta manera fué creciendo su ansiedad y tur- 
bación, 7 con mas fuerza eldia siguiente 21, cuan- 



(1) Entre maclios casos de esta falta de atención j mira- 
núento á so persona qne contaba Garlos IV, referiré nno solo 
para mnestoa. Gonda S. M., y asistiendo al servicio de la real 
mesa el coade de Fernán Rnñez en sa calidad de jentilhombce 
de cámara, entró nn criado de Femando , se acercó al conde, 
le habló al oído, y se quedó esperando la respoesta. Sn M., no 
acostombrado á semejante desacato , preguntó al conde con 
viveza qoé demasía era aquella. Fernán Nnñez respondió tan 
l i solo estas palabras: « Señor, el rey me llama.»» Hizo nna revie- 
gl rencia , abiadooó el servicio y partió inmediatamente. . 



i 10 UEMORIAS. 

do en fin le fué dicho rotunda y secamente qne^ no 
era daMe hacer mas nada de lo qne estaba hecho; y 
lo qoe Caballero osó ann decirle, como un coüis^ 
qat le daba de lealtad y amor á sn persona ^ qne ito 
partida á Badajos era precisa , cnando no bnhícse 
otto mótlYo de emprenderla sino el de escusat des- 
aires y conflictos muy posibles con el emperador dé 
los franceses. 

¿Mientras tanto, Fernando no estaba en el piala- 
cío? ¿Mo hablaban padre é hijo? Si; mas este se t$- 
casaba diciendo no. era libre, y decia bien,; povqie 
Un» que temian la anión del hijo con el padre ^ rece- 
losos de sai espol^ion ó su castigo merecido, la ésh- 
tod>aban, y al hijo lo asombraban con el pueblo qae 
ellos «lorian y gobernaban á su arbitrio, y le deciati 
que era forzoso se prestase á los deseos del pueblo 
si no queri» esrponerse á que el amor que le mostra- 
ban se entibiase. 

La censura mas estrecha y mas severa de la his- 
toria (necesario es decirlo y repetirlo muchas reces) 
no alcanzará á negar á Garlos lY , comparativamen- 
te con los demás monarcas y gobiernos de su tiem- 
po, la yeaitaja y el merecimiento de haber sabido 
preservar sus pueblos de ambos mundos, durante to- 
do su reinado , de las revoluciones interiores f- este- 
rtores que sufrieron sin descanso tantois reinos y na- 
ciones: diez y seis años de gobierno y dirección po- 
litica, sin padecer ninguna quiebra sus estados .en la 
tormenta jeaeral y permanente qoe sufrian la Euro- 



DEL PBÍ1!«ÓIP£ DB LA PAZ. til 

pa y SQS coloniü^, no pueden ser mirador como nw 
efecto del acaso; cnanto mas grande era la España, 
otro tatito se hallaba mas espnesta á la ambición de 
la Inglaterra y dé la Francia, y sin embargo eñ 
gfierra siempre ó c&ü la nna ó coa la otra, y vnlne-^. 
rabie en tantos puntos, en ningtt'teo fnil eneentada^, 
iQmé le faltó á este lanroy á esta gloria^ para poder 
cootftf á Garlos rV mn))^ por cima de los dema» mo^ 
larcas de sn tiempo? £1 colmo de su gloria (| oh 
rey amado mió!) hubiera sido no haber doblado > 
nnnca su eernz augusta para implorar el patrocinio» 
del emperador de los franceses, ceder á la violencia 
tt aquel golpe irremediable que arrancó el cetro de 
stiB manos, abandonar la escena, retirarse á B»a>da- 
joz cémo querían sus enemigos, ó en tina estrema á 
Cádiz, dejarlos á ellos solos responsables de sos 
obras> y mantenerse en guarda y en reserra para el 
caso en que su autoridad y su presencia hubiesen ú^' 
do necesarias para salvar sns reinos^ dé la itán^ *^ 
donde aquellos los llevaban. Si hubiera estado al 
lado sayo, yó se lo liubiera aconsejado, óórtíó lé' 
aconsejé pocos dias ái::tes dé tos sucesos de Araivjüéíi* 
qaé á stt hijo le n^mbrasé^ stt hrgíéf-íeniwrté;^ Jr 'qué 
S. M. se retirase á Badajoz para guardarle las es- 
palda» y guardar el reinad ac o nteciese una desgca.-» 
cia (1). IXada tan fácil en aquellas circunstancias co- 



(1) Mis lectores podrán recordar esta especie en el cá^- 



112 . MEMOBIAS 

mo antever el precipicio en qne la nueva corte iba á 
lanzarse y á lanzar la España poniéndose á merced 
dé Bonaparte; y ¡ah! ¡cómo habría corrido entonces 
el pneblo castellano á invocar á Garlos lY , y á am- 
pararse con su nombre y defenderse contra la usur- 
pación qne meditaba aquel tirano! 

Dios quiso empero castigarnos, y permitió que 
Garlos IV 9 sin consejeros, sin amigos , sin protec- 
ción de nadie, de todo punto abandonado y va^cilan- 
do, como quien huye á tiento en las tinieblas los pe- 
ligros de que se siente amenazado, resbalase y caye- 
se en el camino mismo que seguian sus enemigos, 
que era buscar la protección de los franceses.^ A la 
verdad tenia disculpa,; por lo que vio, por lo que oia, 
y lo que procuraba la facción que le dijeran para aca- 
bar de amedrentarlo, temió que en toda España rei- 
narían los mismos movimientos que de Aranjuez y 
de Madríd se iban siguiendo á la redonda, y se cre- 
yó perdido y puesto en blanco á la persecución, á las 
afrentas y al ludibrio público. En medio de esto, sa 
intención al invocar el patrocinio de la Francia no 
fué de abrir dos campos enemigos por la vindicación 
de su corona, ni en su cabeza entró la idea de ape- 



ii j i i i<( 



.;/> 



tulo XXXI, tomo y de estas Meritorias^ la aprobación qne 
mereció á su majestad , y de qiié manera aquel consejo fué 
frustrado. 



DEL PElNGIPE I>B XA. PAZ. í 13 

Ilídar las armas estranjeras para reinar por medio de 
' la fuerza ; quería buscar tan solo un desenlace favo- 
rable en los peligros que corría Iz España, y para sí 
adquirirse una existencia independiente y un asilo 
innaccesible á las miradas y á los tiros de sus injus- 
tos opresores y enemigos. Su grande error fué de 
juzgar á Bonaparte susceptible de pensamientos je- 
nerosos, de imajinar que por su propio bonor y dig- 
nidad no abusaría de tan estraordinaria y lastimera 
situación en que S. M. se bailaba , y que podría sa- 
car partido de aquella misma situación, tan digna de 
atenderse entre monarcas, para obtener por ruegos 
lo que tal vez no habría alcanzado por las armas, 
que era la integrídad de la corona como la babia te- 
nido de su padre, y como felizmente babia logrado 
mantenerla basta aquel tiempo. Guióle esta esperan- 
za tan errada como noble , y el que intentó ponerse 
ala cabeza de sus pueblos y sus tropas para pedir 
razón á Bonaparte y contenerle, lanzado de su asien- 
to por los mismos que debian guardarle y sostener- 
lo , yíqo á parar en acojerse á aquel versuto y fiero 
usurpador sin otro escudo ni mas armas que su yir- 
tnd y sus desgracias^ 

Y be aqui llegado el caso de tratar de una cues- 
tión que los diversos escritores que ban bablado so- 
bre la protesta del acto de renuncia y del dia fijo en 
que la biciei:a Garlos lY, faltos de datos ciertos no 
babian resuelto todavía sino por meras conjeturas. A 
mí me toca referir lo que contaba aquel buen rey 

8 



114 MEMOKUS 

para quien la verdad de sus palabras fué siempre nu 
gran sagrado. 

Garlos IV al abdicar , de la manera y en el caso 
en qne lo bizo, sabia níuy bien la nnlidad de sn re- 
nuncia, y no pensó sino en salrar aquel peligro en 
que se ria , tomando luego tiempo para pensar en 
protestarla ó ralidarla y usar de sn derecho como le 
conviniera y entendiese convenir al reino , cuando 
se hallase libre para obrar con buen acuerdo; lo cual 
vale decir que tal como la hizo bajo el terror en que 
filé pnesto , la resistió en 'sa pensamiento no pedien- 
do resistirla de otra suerte. Después^ como ya tengo 
referido, prevaleció en su ánimo la idea de validar- 
la, óvpor mejor decir, de hacerla nuevamente, ba|o 
las condiciones qne igualmente he mencionado. N# 
conseguido sn deseo, y hallándose oprimido^ descon- 
siderado^ é iunoblemeiite r¿quérid(> deí retirarte á 
Badajos y de fijar alli su residencia , creyó posible 
mejorar también la situación de los negocios > buscan- 
do en sn aliado la autoridad que le faltaba y levitun- 
do que se lo hiciesen enemigo; resuelto empero d* 
renunciar y á asegurar su paz en el retiro en cqaato 
fuesen terminadas, lo mejor que. sel pudiera para Es-^ 
paña, las cuestiones que pendian y alórmentaban su 
real ánimo. 

Tal vez, si hubiese habido todavía algún rebato jr 
miramiento en la conducta de lá nueva corté ^ hahrisi 
aflojado Garlos IV en su designio, tal vez pensando 
t repensando lo hubiera abandonado; pero estrecha- 



BEL P&ÍNGIPE DE LA PAZ. 115 

do mas y mas para partir á Badajoz, sin que basta- 
sen ni los ruegos eficaces que S. M. hizo á su hijo, 
ni los que casi de rodillas y con amargo llanto le hi- 
zo también la reina pidiendo se les diese tiempo y 
libertad para elejir sn residencia donde mejor les con- 
finiese , perdida al mismo tien^po la esperanza de lo> 
grar la transacción honrosa que tanto deseaba Gar- 
los IV llevar á efecto con Femando , y agotado ya 
su sufrimiento, auUMrizó á sn hija la infanta María 
Luisa para entenderse con Mnrat y descubrir sí po- 
dria hallar en el apoyo de la Francia algún recurso 
contra la opresión que padecia. 

Morat^aproyechando la ocasión, se mostró pronto 
i sostener á Carlos lY, sá bien con la reserva conye- 
niente para evitar encuentros con la nueva corte has- 
ta tener las instrucciones necesarias de la suya , que, 
conocido 9 dijo, el leal carácter del emperador, no le 
quedaba. duda habrian de ser muy favorables á sus 
majestades. Bajo de esta abertura fué entablada la 
c(nn<espondencia que, pasados ya dos años, se gozó 
Napoleón en hacer pública; ansias, jemidos toda ella, 
dolores exhalados-, y flaquezas humanas si se quiere, 
empero procedentes de los que derribados , después 
de veinte años que reinaban , de las alturas del real 
solio , y ya en el postrer tercio de su vida> no tenian 
en torno suyo á quien volver los ojos para buscar 
consuelo á sus cuitas: publicación inicua y doblemen- 
te impropia de un gobierno poderoso, en que no so- 
lo fué violado aquel respeto que aun los postreros de 



116 ' MEMOHIAS 

los hombres saben guardar j observan reiíjiosamen- 
te con los que les confian sas aflicciones^ sino en la 
cual también (según los reyes padres se quejaban 
vivamente cuando llegó á sus manos) se suprimieron 
muchas frases que mostraban sus nobles intenciones, 
se intercalaron otras que no había , y otras , en fin, 
se aderezaron al paladar de aquel que habia ordena- 
do tan baja como inútil felonía. 

IXo se tardó Murat en enviar quien esplorase el 
ánimo del rey y añadiese leña al fuego para hacer de- 
finitiva la funesta división de padre é hijo: modo se- 
guro de abrir campo á su cuñado y de proporcionar- 
le la elección de aquel partido que mejor cuadrase á 
su política. £1 jeneral Monthion vino á Aranjuez de 
parte suya, tan cargado de lisonjas para los reyes pa- 
dreSy como provisto de instrucciones y de encargos 
para arrancar del rey un acto de protesta. Su majes- 
tad, después de referirle cuanto le habia pasado y le 
pasaba, concluyó por espresarle sus deseos de reti- 
rarse libremente, y de acabar sus dias donde mejor 
cumpliese á su salud, á su seguridad y á su decoro, 
para lo cual, hallándose impedido enteramente por los 
malvados consejeros qué dominaban á su hijo, y es- 
puesto á insultos nuevos, era su intento reclamar la 
protección y la asistencia de su amjgo y aliado, fian- 
do á su amistad, á su palabra y á la grandeza de su 
alma , lo primero de todo , la estabilidad y garantía 
de sus dominios cual tenia el consuelo de que se la 
hubiese prometido; lo segundo, la suerte de su hijo. 



DEL P&lNGIPE DE LA PAZ. 1 17 

que, por mas ingrato que le habiese sido, yolyeria 
en su acnerdo; lo tercero, su propia suerte, de su 
esposa y demás hijos, sin olvidar su nieto Garlos Luis, 
ni á su madre María Luisa , junto á todo esto muy es- 
pecialiiientQ la salvación de su ministro, con cnya 
ayuda habia logrado atravesar durante quince años 
las borrascas de la Europa con la mayor felicidad po- 
sible y adelanto de sus pueblos; siendo tanto mayor la 
obligación en que se hallaba de clamar en favor suyo, 
cnantOy á pesar de haber pedido muchas veces su re- 
tiro, se lo habia negado y lo habia espuesto á aquel 
peligro en que se via : pena , añadió S. M. , que si le 
hacian morir sns enemigos acabaría también su vida. 
El jeneral Monthion aseguró á S. M. que el prin- 
cipe Murat, cnanto su posición le permitiese, nin- 
guna cosa omitiría para aliviar sns penas; qne S. M. 
podia estar cierto de la amistad sincera que el em- 
perador le profesaba, y de qne no podría mirar sin 
grande indignación los desacatos y atentados come- 
tidos contra su autoridad y su persona ; , que , pare 
obrar con todo acierto en circunstancias tan difíciles, 
convenia esperar las instrucciones que enviaría el 
emperador, y qne entretanto, á fin de que pudiese 
intervenir en los sucesos ocurridos sin que fuese vis- 
to introducirse de movimiento solo suyo en cosa aje- 
na ,,S. M., si no lo hnbiese hecho todavía, debería 
formalizar sin perder tiempo nna protesta contra el 
acto de renuncia á que se vio forzado, y enviársela, 
interpelando su socorro y su aisistencía. 



118 MEHOUIAS 

£1 rey le respondió que en cuanto á la protesta, 
S. M. no habia formalizado por escrito documento 
atgnno, lo primero^ por no tener persona á quien 
poder fiarse para autorizarla conyenientemente^ y lo 
segundo , por cuanto su intención , para evitar dis* 
eordias intestinas que podrían moverse , habia sido 
practicar un acto nuevo de renuncia si su hijo se 
avenia á consentir las justas condiciones que debían 
estipularse; que, defraudado en sus deseos pacíficos^ 
S. 91. se hallaba libre en su conciencia y en su ple- 
na derecho- de formular y producir el acto de pro- 
testa, si bien resuelto enteramente á retirarse des- 
pués qué se borrase aquel escándalo, teniendo cum- 
plimiento lo que S. M. tan justamente reclamaba y 
se le habia negado. 

£t leneiral repuso que no era< presumible que el 
emperadok* prestase su anuencia para la renuncia tan 
de pronto; que la abdicación definitiva era un nogo- 
cío qae debia ser meditado en pl^na calma del espí- 
ritu, sobre la cual también, en su manera de peur 
sar, debis^ contarse con el interés de su aliado, y que 
la SQla cosa necesaria y conveniente en el momento 
era escribirle y remitirle una protesta simple y neta 
en que el emperador fundase su conducta. Para abre* 
víar, después de muchas reflexiones de una y otra 
parte, en que la reina habló muy poco y en igual 
sentido que su real esposo , se terminó el coloquio 
por entenderse la protesta y la carta i Bonaparte, 
entrambos documentos bajo la inspiración del jene- 



DEL PEtl^ClPE DS LA PAZ. 119 

r^l SI(Hithioa, sia otras precauciones que evitar el 
re^í toda^: las frases j palabras que pudiesen indicar 
la pretensión de ceñirse nuevamente la corona. Es 
fabo enteramente que & M. tuviese escrita de ante- 
mano Ip protesta y su misiva á Bonaparte; al preten- 
ÜAo informe escrito de Montliion que fué mas tarde 
publicado» en alguns^s cosas inexacto, j en otras in- 
completo,^ se añadió la tal especie para apartar la idea 
de qae aquel acto hubiese sido snjerido; falso tam- 
bién i intercalado en una carta de la reina aquel pe- 
riodo e» que á S. M. se hacia decir al jeneral Murat 
que.laprotesjia estaba hecha. Cuanto á la fecha de 
esta, el rey no se acordaba de^.dia preciso que Ueva- 
raf y aun dndaba si fué puesta (1). 

Despides de este suceso no fue ya dueño Garlos lY 
de si mismo; el enemigo echó la red con grande ar- 



(i) Acerca de.eáta carta -ao ha habido i^adie qae haya de* 
jado de spspechar la^aptantacioi^ qpe fué cometida, haciendo 
decir ¿ la reina que desbaba el rey ver y hablar al gran duque, 
y darle por si mismo la protesta que tenia en su poder ^ lo 
cnal se halla en manifiesta contradicción con lo. que poco an- 
tes se ve escrlio en la iliisma carta, de qae^S. MI. no qae* 
viáii sino asegurar su eiistencia en mi comps^a donde mejor 
tes 4{PiivicÁet3e para su salud, sin mandos ni intrigas que jamas 
lendnafif Miiqae el ^iforme atribuido al jeneral Montiiion , la 
protesta del rey y su carta misiva al emperador sean tan co- 
nocidas, las encontrarán mis lectores, por si no las tuvieren á 
la mano, entre los docuineatos justificativos bajo los números 
I, II j III con alganaá' advertencias "necesarias. 



120 ' MEMORIAS 

te debajo de sus pasos, y trecho á trecho la sigaió 
apañando sin que S, M. se recelase del camino que 
emprendía. De la una parte le acosaban á fuerza de 
rigores y pesares, de la otra lo adulaban y prodigá- 
banle el respeto que no hallaba entre los suyos. ¿En 
qué podía parar sino en caer á cierra ojos en la sima 
donde se hundieron juntos padre é hijo? Ambos ha- 
cían igual camino lamentable; pero ¡qué grande di- 
ferencia en losmotÍYOs y en su objeto! ¡cuan lenta- 
mente el uno y cuan de prisa el otro! ¡Qué fácil ha- 
bría sido todavía contener á Carlos lY con tan solo 
ayenirse á concederle lo que tan justamente había 
pedido! Para probar que Carlos lY había hecho su 
renuncia libremente y de buen ánimo^ han mencio- 
nado sus contrarios el agrado que siguió mostrando 
con su hijo aquellos dias^ agrado yerdadero, agrado 
algunas reces que rayó en la linea del de un hu- 
milde subdito; mas lo que fué yirtudy dignidad de 
parte suya han pretendido interpretarlo, los que tan- 
to le aflijieron> en defensa de ellos. Su honor pedia 
que se mostrase superior á la corona que perdía, y 
que no se degradase mostrando ceño y descontento 
por lo que había hecho: esto por una parte; por la 
otra obraba en él su afecto todayia al Ahsalon que 
tanto amaba , haciendo esfuerzo en atraerle con su 
resignación y con su agrado , no para poner cobro á 
su corona^ sino para ponérsela del modo regular con 
que debia Ueyarla, cumplidos con su padre los de- 
beres de que ninguna ley, ni diyina ni humana, te- 



DEL PElUGIPB DE LA PAZ. 121 

nía poder de dispensarle. Mientras mantnyo esta es- 
peranza Cdrlos lY y no se la quitaron totalmente, 
había remedio todavía aon después de estar hecha 
la protesta; partiendo ya su hijo de Aranjnez para 
Madrid, le abrazó- de todas yeras de su alma, le re- 
pitió sus ruegos, y le siguió desde el balcón con lá- 
grimas de padre, que atribuyeron muchos malamen- 
te á envidia y á despecho, y otros después, hacien- 
do mención de ellas, á la coni^rmacion, por actos 
subsiguientes y espresivos, de la renuncia que había 
kecho el 19. 

Empero no supieron aprovechar aquellas lágri- 
mas y componerlo todo , sino al contrarío hicieron 
mas espesa la oscuracion que cobijaba el techo de 
aquellos tristes reyes decaídos del fulgor del trono, y 
agravaron mas y mas la situación desamparada y te- 
merosa en que quedaron, espiados bajamente, rodea- 
dos de una guardia sospechosa , sus servidores mal 
mirados, y hechos correr á cada instante á sus oidos 
rumores alarmantes, á fin de intimidarlos y obligar- 
los al viaje que tanto repugnaban. Y en esto llegó 
i^scóiquiz para aumentar los yerros , para mover fu- 
rores nuevos y desatar las tempestades. ¡Primero su 
amor propio y su venganza que la patria, el santo sa- 
cerdote! ¡primero todavía que el ínteres de su discí- 
pulo! ¡ninguna pazj decia, con el tirano ! que así 
llamaba á Garlos IV, y así llegó á su oído.... Y pocos 
días después fué publicada la gaceta estraordin^ria 
que renovó todas las llagas de aquel monarca atri- 



122 UEMOBIAS 

bulado y dándose en ella en forma de resumen , tal 
como trabajado por Escóiquiz , una publicación, á su 
ventaja enteramente y de sus cómplices, del proceao 
del Escorial, tan puesta en favor de ellos como en 
deshonor de Garlos lY , sin que pudiese nadie des- 
mentirlos estando en medio de ellos el ministro Ca- 
ballero/ el verdadero promotor de aquel proceso, el 
que sabia todas las cosas, el que les dio mas fuego, 
y el que, por deshacerlas luego y haber vendido i 
Garlos lY, recibia su galardón en el favor mezquino 

y momentáneo que le dieron Y para completar 

este gran triunfo, tres días después se manda abrir- 
me causa, y es designada la del Escorial por fianda- 
mentó principal, y en realidad el único, para for*- 
mar los cargos que debian hacérseme (1). 
Jia impresión dolorosa que hicieron estos nuevos 



I t I i ' II >' I j ^r^^^*t*»r 



(1) Gomo se verá mas adelante cuando pre^ei^t^ «^ ijois 
lectores la historia legal y auténtica del proceso intentado eil 
contra mia ( no seguido ni aun comenzado después de treinta 
y dos años trascnrridos ) , el solo instrumento enviado al con- 
sejo de GastiUa para formarme cargos fué el proceso del Esco- 
rial. Interpelado en seguida el ministerio por el mismo conseja 
para que le fuesen remitidos los demás documentos y pápele^ 
que, después del rejistro hecho de losmios, pudiesen ser con- 
ducentes á la formación del sumario^ le fué respondido th» 
existir mas papeles ni documentos que poder enviarle sirio la 
causa ya remitida del Escorial con los que d ella eran acce- 
sorios. • . 



DEL PBÍNGIPB BE LA PAZ. 123 

hechos en el corazón de Garlos IV fué tan grande 
qne, sufriendo como estaba un paroxismo de la gota 
qae le tenia casi baldado de la mano^ tomó la pluma 
j escribió á Murat, denunciando como falso y sub- 
repticio el contenido de la gaceta estraordinoria, y 
reclamando jiramente su favor y el del emperador 
para cpia fuesen suspendidos hasta la llegada de este 
los procedimientos que se estaban intentando por la 
uuera corte. Y no se piensa que esto lo hiciese Gar- 
los IV tan solo por librarme; su honor estaba de por 
m^o , como escribió á su hijo aquellos mismos dias 
dándole grandes Quejas » y haciéndole patente que 
aquel proceso prprocado por sus malos consejeros 
trascendía á S. M, derechamente^ y eqüiyalía á po- 
nerle en causa en testa ajena , á amancillar su recti- 
tud 7 ^u justicia , y á espedirle un pasaporte ignomi- 
nioso que le atrajese el odio y el desprecio de los 
pueblos donde quiera que fijase su existencia. 

La respuesta, de Fernando fué yaga y evasiva, 
dando á su padre por escusa de aquellas cosas que 
se hacian no estar en mano suya el evitarlas por 
mas que desease complacerle , y que si instaba tanto 
por que S. M. se retirase á Badajoz, era por con- 
seguir que su presencia tan cerca de la corte no 
avivase mas el fuego de los descontentos; que por el 
pronto su atención estaba dedicada á preparar todas 
las cosas para el recibimiento del augusto huésped 
que de un instante i otro se esperaba; qu(9,,en medio 
de esto^ haría cuanto pudiese á fin de remediar )o que 



124 MEMORIAS 

fuese remediable; y trataría de conciliar las despar- 
tidas de soberano y de buen hijo. 

Al contenido de esta carta , en que sin conceder 
ninguna cosa positiva á Garlos lY, el solo modo de 
acallarlo era causarle mas temores, y esto espresado 
por un hijo que, hablando con su padre, le mostraba 
ya tan pronto su calidad de soberano, juntóse y tomó 
cuerpo con mas fuerza la aprehensión que tanto in- 
comodaba á Garlos lY, de qu& intentaban retirarlo á 
Badajoz para poder á mano salva indisponerle con el 
emperador de los franceses y oprimirle doblemente 
con su ayuda. A esta aprehensión dio un nuevo 
acrecimiento la salida de don Garlos á buscar y re- 
cibir al proclamado huésped; y aquel temor llegó á 
su colmo cuando supo que, en compañía de Escói- 
quiz é Infantado^ se apercibía también Fernando para 
salir á recibirle adelantándose hasta Burgos. S. M* 
se negó entonces firmemente á su partida á Badajoz, 
y resolvió pasar al Escorial con la intención de estar 
mas cerca para poder hablar á su aliado y deshacer 
cualquiera intriga que se armase en contra suya y lo 
espusiese á la persecución de Bonaparte (1). 



(1) Nada muestra tanto esta aprehensión tan ^iva que do- 
minó á los reyes padres , como las cartas de la reina , donde 
apenas se hallará una pajina en que S. M. no se deshaga en 
protestas de su adhesión , de la del rej j de la mia , al empe- 
rador de los franceses, proponiéndose por este modo-combatir 
las acusaciones que el partido triunfante podría hacerles y ha- 



DEL PEÍNCIPB DB LA PAZ. 125 

TSo es mi intento defender el paso errado que dio 
el rey tomando acpiel partido; tanto S. M. como la 
reina, cuando contaban estas cosas, reconocian ha- 
ber errado, y disculpábanse tan solo de su yerro por 
aquella posición tan humillante, tan precaria, tan 
espuesta y tan aislada en que se rieron sin tener á 
quien pedir ni auxilio ni consejo. Y otro error aun 
mas grande reconocian sus majestades^ y fué, ya que 
resolvieron escudarse con la amistad y la alianza de} 
emperador de los franceses , haber mostrado tan 
abiertamente sus deseos de retirarse, en rez de ha- 
ber j^edido y reclamado su corona sin moverse de su 
asiento; pretensión contra la cual no habría podido 
declararse Bonaparte sin que todo el mundo hubiese 



cerme , de la llamada hecha á las tropas que estaban en Por- 
tugal, j del proyecto consentido por SS. Wíí, de retirarse al me- 
diodía á la cabeza de su ejército, dándose ellos el mérito de ha- 
berlo impedido, de haber evitado la guerra con la Francia, etc. 
La gravedad de aquel temor será una disculpa que sabrán dar 
á la reina sobre aquellas cartas todas las almas bien nacidas, 
lastimándose de aquella situación tan estraordinaría en que 
SS. MM. se hallaban temerosos de todo el mundo, y de todas 
las consecuencias que la revolución comenzada podría traer- 
les^, si el emperador, en vez de protejerles, se declaraba su 
enemigo. La dignidad de reyes no desnuda á nadie de la na- 
turaleza humana , y mucho menos es posible desnudarse de 
ella á los que, habiendo sido reyes, llegan á encontrarse por 
debajo de la nada« 



126 MEMOBIAS 

dicho que, con la capa de alianza, habían venido sus 
ejércitos á destronar á Carlos Di j á aniiliar los 
conjurados. Dignas son de alabanza todas las virtu- 
des v con tal <]tie haya en el hombre á toda hora y en 
toda circunstancia una potencia superior que sea la 
reina de ellas y las arriende y rija conrenientemen* 
te; la yirtud mata muchas yeces por esceso^ y así se 
vio que la sinceridad , la buena fe^, y hasta la misma 
abnegación de Garlos IV contribuyeron á allanar el 
campo que los conspiradoras 4e Aranjuéz habían 
abierto á la ambición de Bonaparte, ó, por mejor de- 
cir, donde la despeñaron para mina suya y para es- 
trago, no solo de la España, sino también de Fran- 
cia, cuyos trabajos posteriores y el hundimiento 
mismo del imperio traen su primera fecha de aquel 
fatal oríjen. 

Y he aquí ahora otra cuestión que merece ser re- 
suelta al ir juntando y enlazando los diversos hilos 
de esta historia dolorosa: ¿cuál era la ambición de 
Bonaparte , y dentro de qué lindes se encontraba an- 
tes que le llegase la noticia tan inesperada de lo que 
en Aranjuez había pasado? La respuesta á esta pre- 
gunta se contiene plenamente en aquella especie de 
ultimátum que en 24 de marzo fué enviado á nuestra 
corte de su orden, y en que insistía con grande em- 
peño y agriamente en la permuta de las provincias 
fronterizas por el Portugal entero que intentaba dar- 
nos, y en la celebf ación de los tratados que tenia 
propuestos, el uno de comercio y el otro de alianza 



DEL PRINCIPE DE LA PAZ. 127 

defensira y ofensiva (1); pretensión desmedida cier- 
tamente, mas pretensión entre la cual y la de apode- 
rarse del cetro de la España hábia nn espacio in- 
menso. Su manía fija de abarcar en sns dominios lo 
que por mas ó menos tiempo habia abarcado Garlo- 
Magino, aqnel deseo qne lo ajitaba de lejítimar su 
asorpacion y de constituirse de tal modo qne á los 
que le pidiesen nn titulo lejitimo pudiese respon- 
derles qne no era el sucesor de los Borbones, sino de 
aquel monarca poderoso de Occidente cuyo imperio 
habia restaMecido> tal fué la causa y la cuantía de 
su ambición, ceñirá, 1^1 menos por entonces, á. es- 
tender sns fronteüras basta el Ebro, y de camino ha- 
cer entrar á España en el jirón de los demás confe- 
derados del imperio. Ño es de dudar que en sú ca- 
beza rodase siempre el pensamiento de acabar con 
los Borbones^ y que acechase el tiempo y la ocasión 
en que pudiese hacerlo sin dar un grande escándalo 
en el mundo ; mas lo ligaba entonces la fe dada i 
Cirios IV, hacía apenas cinco meses, constituyén- 
dose garante de sus dominios en Europa ; y esta 
grande ¿airerá que él mismo se habia puesto, no le 



ll « !■ I 



.^^.X. 



(1) Este documento se halla contenido entre las pieías 
jnstifíoativas del tomo V de estas Memorias bajo el número II, 
con yaríás notas de mucha importancia. En el mismo tomo V, 
capítulo XXXl, Se cuenta largamente la historia de las referí- 
das pretensiones. 



128 MEMOEUS 

era fácil derribarla sin grande infamia saya reinan- 
do Carlos rV. 

Dios solo habrá podido perdonar á los qne la qui- 
taron de delante y dieron á aquel hombre temerario 
la ocasión que él no esperaba tan de pronto. Cególe 
aquella luz que le dio el muro derribado, y si un 
momento concibió la idea de restablecer á Carlos IV 
y comportarse á ley de buen amigo y aliado, su am- 
bición devorante y su política ^andariega que jamás 
tomó descanso, dejó á nn lado los sentimientos jene- 
rosos, y se atrojó á probar si en, la tormenta levan- 
tada podria pescar en agua turbia la corona .de la 
España. La carta dada á luz después de muchos años 
por su hermano Luis, según la cual Napoleón , un 
dia después de recibida la noticia de los tumultos de 
Aranjuez y de la abdicación de Carlos IV, le pro- 
ponia venir á sucederle, muestra bien cual fué la 
hora en que le vino aquella idea descabellada que á 
él le trajo tantos daños, y á la España tantas penas 
y trabajos. «El rey de España, le escribia IXapo- 
»leon, acaba de abdicar la corona, y el principe de 
»la P^z ha sido preso. En Madrid habia comenzado 
» un levantamiento cuando estaban todavía mis tro- 
»pas á cuarenta leguas de aquella capital. Sus habi- 
» tantes deseaban mi presencia , y el gran duque de 
» Berg habrá ya entrado allí con 40.0.00 hombres. 
» Cierto como estoy de que no podré tener una paz 
» estable con la Luglaterra sin haber dado un gran 
» movimiento al continente, he resuelto colocar á un 



DEL PEiNCiPE DB LA PAZ. 129 

li principé francés eñ el'trona de EspañáVetc. (1).» 
De aquí se V^ éon evidencia qne* nuestra ígrañde ba* 
tnarte en'Idpcditico contra láá''miras' ambiciosas del 
emperador de los franceses eta tan' solo Garlos IV; 
con qnien estaba religado á no poder soltarse «in 
deshonra inmensa suya por aqnel tratada, el de Fon- 
taineblean que tanto han censurado 'mis contrarios, 
nudo gordiano qne en postrer recurso' logré ponerle 
por delante , y que los hombres' de Aranjuez le des- 
ataron derribando á Cálalos lY. <cLas ¿itbnnstancias 
«sonyá otras (decia'á^IzquierdoBonaparte al dia 
i» siguiente de recibir las nuevas del trastorno obra- 
ndo en nuestra corte ) ;^ yt) estoy* ya Kbre enteramen- 
i^te de las't»bligadones que contraje por el último 
7) tratado. Mi alianza con el padre no me obliga en 
«modo :dguno con el hijo que le ha tomado lia coro- 
Ana -en medio de un tumulto. Una revolución, cual- 
» quiera que esta sea, en el gobierno de un estado, 
»pone eñ suspenso cuando H^énos la obligación déla 
ootra parte contratante, libre no solo en tales cir- 
» cunstanciás de rescindir los pactos onerosos que se 
«hubiese impuesto, ^ino hasta de prestarse al reco- 
unociiniento del gobierno ó del monarca que la re- 
»Tolncion ha producido. Por afección, por simpatía 
■»cón Carlos IV, y también por honor mió, aunque 



.<i . 



(1) Dbcuments historüfues pnbHés par Louis Bonaparte, 
París, 18M. 

9 



13Q ]|£MOBU& 

?> 119 est^ previsto en Jqi^ tj^^U{do&.el c;i^ fsn qae. ivos 
D: meq^cis» mi UteDcioiji ^s jftp^eiierlQ j ti^c^ Tplrer- 
»le Ij^ corola si ha &ido TÍoleafado| pero pn tra^^ 
jinuevo es iieces;|ri<^* ^1 otro ha feaeeido, parque las 
ü circunstancias ]^an pambi^do^ y Garlos IV no puede 
» r^ponderm^ <^dio antes de la pnion de su familia 
i) ni de la faz de sus estados. Si resígnadQ á los su* 
a cesos prefiera, libremente, retirarse y fitf^i^donai; e^ 
» reino á su heredero, cqf^ él no hay nada que ine 
DÜgue sino -la ley cornial :de las naciones; yo.es^ 
» toy en libertad de hacer lo que conyenga á minís- 
» tema de política. y á la prosecncioq. de mis prosee- 
utos control la Jbigla terrea* Dado que se. aviniese sLmis 
D consejos, que me o&eciese garantías cual .yo las i^-^ 
Jiicesito, y que la nueya corte me inspira confií^ns^, 
iicosa.que d^udo mucho, podré reconocerle; pera de 
» cualquier, modo, ó con :^1 p^dre.ó con el hijo, tx^" 
4) tados nqe?os spn preci^s^» 

De esta u^opfa Bon^pa^>. suelto x^ual se estima- 
ba de obligaciones anteriores con la España, di¿ 
rienda á su ambición de (;ada dia, ó por mejor decir, 
d^ cada hoxa^^ buscando c¡ii lo impreyisto el cumpli- 
n^ieuto ^^ $u lúfi^^j .ruin í^iaww^, mas. no del todo 
cierto de poder l|e?aiila i cabo;, pfi^da en la mispia 
carta ya citada aJi rey de Holanda, le anadia el pár- 
rafo siguiente: «Respóndeme categóricamente cual 
»sea tu jmodo de pensar sobre este proyecto ¿ bien 
» ves que no es i^a;^ que proyecto, y que, aunque ten- 
00.000 hombres en España, puede suceder 




DEL PBÍNGIPS DE LA PAZ. 131 

»por circunstancias (jne sobreyengan, ó qne jo mis- 
óme yaya directamente y se acabe todo en quince 
odias y. 6 que camine, con mas lentitud, siguiendo en 
o secreto las operaciones dorante algunos meses, j» Y' 
en otra carta i ya citada muchas reces, en que dos 
dias después daba á Murat sus instrucciones, le de- 
cia: a Manejaos de tal modo, que los españoles no 
«puedan sospechar el partido que pueda yo propo- 
onerme; esto no os será difícil , porque yo mismo lo 
o ignoro todavía.» 

.DlieQtras tanto, en España, la nueva corte, mal 
segura de la protección que había esperado tan lar- 
ga y anchamente prometida por Beanharnais , redo- 
blaba sus esfuerzos para hacerse grata á Bonaparte, 
le prodigaba testimonios de amistad la mas perfecta^ 
y de la devoción mas oñciosa ( 1 ) , le preparaba un 



(1) He aquí ano de los moltiplicados documentos con que 
aqueDos núsmos que á mi me acusaron tan descaradamente 
del sistema político se{p]ido en mi tiempo eon la Francia, 
no dndaron mostrar ¿Bsposiciones absolutas , y harte superio-^ 
res á las mias , por lo tocante á la alianza entre las dos pé-^ 
tencias $ don Pedro Geballos es quien habla al gobernador del 
Consejo: 

**IlastrÍBÍmo señor: uno de los primeros cuidados del rey 
» nuestro señot después de su advenimiento al trono ha sido 
wel de participar al ettiperador de los franceses y rey dé 
» Italia tan fefiz acontecimiento, asegurando al mismo ti^upo 
» á S. BL I. y B.: que, animaido de los rhismos sentimientos qus 
» su augusto padre , tejos de variar en lo mas minimú el m- 



ÍS2 HEMOBIAS 

hospedaje suntuoso, mandaba lerantar arcos triun- 
fales, ordenaba el programa de las fiestas que debían 
ejecutarse, le remitía la regía espada que ganaron 6n 
los campos de Paría contra los franceses nuestros 
gloriosos ascendientes (trofeo que yo lebabia nega- 



n temajpolitico con respecto d la Francia , procurará por to- 
» dos los medios posibles estrechar mas y mas los vínculos de 
n amistad y estrecha alianza que felizmente subsisten entre la 
n España y el imperio francés. Su M. me manda participailo á 
>»y. I. para qae, poblicándoloen el Goasejo, proceda él tiiba- 
M nal á consecuencia en todas las medidas qae tome para íes- 
w tablecer la tranquilidad pública en Madrid , j para recibir j 
n snministrar á las tropas francesas qae están dispuestas á en- 
» trar en esa villa todos los auxilios que necesiten; procurando 
n persuadir al pueblo que vienen como amigos , y con objetos úü' 
n les al rey y d la nación. Su M. se promete de la sabiduría deí 
» Consejo que, enterado de los tíyos deseos que le animan de 
» consolidar cada dia mas los estrechos vínculos que unen 
náS. M. con el em/perador de los franceses^ procurará el Con- 
n sejo por todos los medios que estuvieren á su alcance inspi- 
n rar estos mismos sentimientos á todos los vecinos de Madrid. 
n Dios guarde á Y. I. muchos años. Aranjnez, 20 de marzo de 
» 1808.— Pedro Geballos." 

Tres dias después comunicaba el mismo ministro al Consejo, 
entre otras varias órdenes relativas á la llegada de Napoleón, 
la siguiente: " Teniendo noticia el re j nuestro señor, que den- 
u tro de dos y medio d tres dios llegará á esta corte S. M. el 
n emperador de los franceses, me manda S. M. decir á Y. S. I. 
» qae quiere que sea recibido y tratado con todas las demos- 
ntraciones de festejo y alegría que corresponden á su alta 
» dignidad y dsu intima amistad y alianza ton el rey nuestro 



DEL PBlNCIPB DE LA PAZ. 1^3 

do había mas de dos años) (1), se hacian reunir al 
paso del que no llegaba grandes diputaciones de to- 
das las prorincias comarcanas desde Madrid basta la 
raya, y por si no bastasen tres grandes de Castilla 
y nn infante para salir á saludarle, los consejeros de 
Femando lo arrancan de su asiento, y paso á paso, 
mientras mayores son los desengaños, y mientras 
mas se aumentan , no solo los motivos de temores 
que ofrecia la situación , sino ademas, tantos arisos 
saludables que les vienen, tantos consejos y adver- 
tencias de españoles respetables que les salen al en- 
cuentro, tantos clamores de los pueblos que se opo- 
nen al viaje, mas se obstinan y se empeñan en pasar, 
no el Rubicon, sino el funesto Bidasoa. 
Los que fueron testigos de estas cosas las han con- 



n señor ^ de la que espera la felicidad de la nación i mandando 
«asimismo S. M. que la villa de Madrid proporcioné objetos 
n agradables á S. M. I. y R. , y qne contribuyan al mismo fin 
» todas las clases del estado. '' 

Es de notar qne al esciibirse estas cosas, ni aun contesta- 
ción habia tenido el nuevo rey á la carta en qne, confecba de 
11 de octubre del año anterior, babia pedido su protección al 
emperador y la mano de una princesa de su casa , y que el 
mismo embajador Beaubarnais, sobre cuya fe reposaban todos 
los amigos de Femando, andaba retirado y se escnsaba al re- 
conocimiento de Fernando. í A qué ignoñiinia le esponian por 
tales medios sus culpables consejeros ! 

(1) Véase sobre esto el capitulo XXTV, tomo IV de estas 
Memorias. 



134 UEMOBIAS 

tado largamente: yo estaba entonces bajo los cerro- 
jos y candados de aquellos mismos hombres que iban 
buscando ansiosamente las cadenas de su patria en 
el faror de Bonaparte mendigado infamen^ente; en 
mi capilla^'ealabozo ninguna cosa supe de lo qué afoe- 
jra sucedia, y mal podría ocuparme de esta parte la- 
mentable de la historia si nó es que repitiese lo que 
todos saben y anda escrito; presentaré tan solo al 
buen sentido de los pueblos una cuestión que es dig- 
na de tratarse y en que muy pocos se han parado. 
¿Fué ceguedad no mas, fué un cálculo mal hecho, y 
no interés personal suyo, quien decidió á los conju- 
rados de Axanjuez á un paso tan espuesto como aje- 
no de la dignidad y del honor del que acababan de 
aclamar por rey de las Espa&as? TSo^ en rerdad y 
en eyidencia; quien gobernó su pensamiento, quien 
diríjió su marcha, fué su interés tan solo , la posición, 
el descubierto en que se hallaban si les faltase la 
sanción del hombre poderoso en quien fundaron to- 
da su esperanza para arrojarse á perpetrar el atenta- 
tado cometido; aquel temor que concibieron de que 
el emperador restableciese i Garlos lY , que se des- 
vaneciese el porrenir tan favorable para ellos que se 
habian trazado, y que justicia fuese hecha con mé- 
rito i sus obras. ISo fué por cierto el riesgo de la pa- 
tria quien los lleró á Bayona , sino el suyo: sabian 
muy bien , pues habian visto el ultimátum que Bo- 
naparte habia enviado; sabian muy bien, repito,^ que 
el reconocimiento de Fernando no podria cumplirse 



DEI. PElÜQCtPB BB LA PAZ. 135 

sin ckmóedér á ft^nel cü^kito j^edia ; p^to ¡St sas ojos 
et^ tttétto» hácel' d« Es^áfiá tína ^tiMüáií mediaia'- 
da de la'Ftattciá » dé^meiÉíbrairlfl , hácbrla coiicamr 
i ha emi^redad y )á láá guerras del imperio cotno las 
demás tiacidnésqüe le estaban etlíétidadas, y oonce^ 
derle en monot^dlio sü coméroid en los dó¿ ttititidos, 
^e es^oñiefi'se i i{üe reiiía^ó nueyaiñéuté O^los IV. 
Si sé quisiese tK)&er düd^ aéek'cá de é^to/hay tin 
testigo itrecQsable , que esí él primei^ actót" de aquel 
iüfelk drámá, él túistbo Esdóíquíz éñ ^ idea sen- 
dlld) Tuerza ibé é» ptodncit üü iar^o ttóíó de este 
oj^úsctíló, doádé , iñteiitaíido su défensá/déjó yer su 
pTopio éríttieu y el de ^u^ allegádoái. { Cuántos que 
túí han leído habtáil dejado dé lia^^elr a(to sobré e^a 
confé^ióÉ de parte > taU ciará", ikú sencilla , túú bien 
formalÍ2ád«í! . 

Para justificarle, después de' i^eferir como oú tét^ 
ticio grande sumtélijencia ystí^ manejos elahdéé^ 
tinos coú el enibajador Beauháfrnái^ patia lás ptéteiif - 
didas bodas de Fernando; pétrtídü (dice página" II) 
por el cual nú púdia IVapolébn^dúptárun sisiemiz 
fnas favorable á sus vérdadéfüé ÜtíéréSes qué él 
ée remover 4 iifi^eñiígó d^ttdrádó (pot mí es jrOr 
quien lo dice), adquirir un total influjo sobre un 
rey amigo , y. prepararse en su heredero un aliado 
inseparable^ poderoso , y necesario para contra^ 
restar el despotismo marítimo de la Inglaterra su 
rival j estreckaúdó tu amistad con servicios tan im- 
portantes y anticipados ^ y con los vínculos de la 



136 : BIEHORIA^ 

sangre; después dé hacer nieacion de la pr^binda 
enemistad que me tenia Beauliamaís^ y después de 
escribir en todas letras con la mayor sinceridad (pá- 
gina 18), que su opinión ^ conforme con la del con- 
sto del ret/j habia sido que las intenciones mas 
perjudiciales que podían recetarse del gobierne 
francés^ eran las del trueque de las provincias mas 
allá del Ebro por el reino de Portugal ^ ó de uña 
via militar desde la frontera hasta 67, ó tai vez la 
cesión sola de la lYavarrq,; después de. suponer que 
al rey Femando se le hacian instancias mezcladas 
de amenaza^ para salir á recibir á Bonaparte (paji- 
na 24), lo cual es falso enteramente cuanto á Ia3 
amenazas, y lo cual no era lo mismo que abandonat 
el reino y atravesar la raya poniéndose á merced y 
sin defensa alguna en manos del tirano^ diciendo, 
en ñn, haberse prometido un éxito pacifico y dichoso 
del yiaje proyectado, yuelre. luego la hoja y dice de 
esta suertei (pajinas 2^ y 27): «Yeia, al contrarii)^ 
» que si en aquel estado de crisis j de debilidad sq 
Dponia de cualqui^i* modo á los franceses en el caso 
i>de un rompimiento,, estos, asegurados de sacar 
D del rey padre el partido que quisiesen (1) , y de 



•• 



(1) Mentía en esto contra sn conciencia el inicuo , pnes * 
sabia muy bien que el protesto de la conjuración de Áranjtaez 
no fué otro que impeiUr la partida al mediodía de la España, 
que tenia resuelta el rey, para evitar y resistir las exijencias 
de Napoleón y salvar la integridad y la iadependencia de sos 
reinos. 



DEX. PRÍnCIPS BB LA PAZ.. 137 

sa peffidia á los ojos de las demás potencias 

*€om el ^etesto, en la apariencia plausible para 

ellas for no estar instruidas en la Terdad de los 

sacesos, de sostener á un padre destronado por sa 

hyOy ss ssFomzAJLiAii a colocablb bb huevo bu bl 

TROIIO^ COJUnZAIUM) POR PRBUDBB a so HIJO T BU- 

t 

TiEGAmsRLO, lo qoo no podia evitarse estando este 
» Madrid 7 teméndole rodeado con tantas fuerzas, 
de lo que por la resistencia del pueblo y de la cor- 
ta goamicioB española necesariamente babia de re- 
tobar la mayor carnicería , la destrucción de aque- 
lla córhR, y aun en tal confusión, la muerte quizá 
dd rey Femando y de las personas reales que es- 
taban en su compañía; y, aun cuando tuviesen la 
fortuna de escapar de muerte y de prisión, la &b- 

SOTACIOll MB. LA GAIISA DEL EsCORIAL (i) , la exbe- 

redadon de Femando con este pretesto, y una 
gneira civil y estranjera á un tiempo, que no ten- 
drian obro término que la destrucción total de la 
E^aia; ¡mes que, no debiéndose dudar que los 
franceses tendrían el cuidado de hacer separar 
á la reina del manejo de los negocios^ y de hacer 
seguir en la apariencia la causa del príncipe de 



\y) Be la caal era el reo principal ; j de aquí mas que de 
ÚBginia otra cosa sa temor y so iateres personaUsimo en em- 
l pi^ar al principe y á toda su corte á Bajona para ganar el fa- 
! vor de Bonaparte. 



140 MEHOBIAS 

gándolo la España, la impunidad de sus delitos, el 
;fecouocim^ento de Femando, y el mando deseado. 
Para mayor desgracia y para afrenta muy mas 
grande de la España, ni ann supieron revestiise 
aquellos hombres del noble orgullo de españoles, ni 
bacer resplandecer aquel sistema de decoro, aquella 
gravedad y aquel talante superior y circunspecto, 
tan propio, tan antiguo, tan sagrado entre nosotros, 
con. que podrian haber impuesto algún respeto á Bo- 
naparte , cual le fué impuesto tantas veces con digni- 
dad y con mesura, reinando Garlos lY (1). Gomo 
nada contaron la majestad de la nación, jamas, en 
ningún tiempo de la historia , en ningún siglo do-f 
blada al estranjero para constituirse por ajena ma- 
nó ^ hecha á elejir sus reyes y á tenerlos solamente 
delsn:ley de estado, con absoluta independencia del 
resto de la tierra. Después de mas de treinta años ya 
pasados, no habrá español alguno que no jima todar, 
TÍa al leer la colección de los decretos vergonzososi 
y. humillantes que fueron espedidos como otros tan-. 



(1) Los que hubieren leído por entero mis Memorias^ 
podrán rei^ordar la multitad de hechos históricos y auténticos 
que lo prueban desde el tien^po de la guerra contra Portugal en 
1801, hasta principios de marzo de 1808 en la noble , digna 7 
severa respuesta que fué dada á Bonaparte sobre sus preten- 
siones del trueque de las provincias fronterizas y de tratados 
nuevos de alianza y de comercio. Esta respuesta se encuentra? 
en el tomo V, capjitulo X^ÜU. 



DEL PBlNGIPB DB Lk PAZ. 141 

tos medios ^e probar -al desdeñoso emperador qae el 
rey iraeyo, con fa España toda^ iseria puesto á su al^^ 
bedrio, con tan solo la licencia que le diese de ce^^ 
ñitse la corona sin nmguü litijio, y que le honrase 
con tenerle por su hechura. Referiré tan solo algu^» ' 
na parte de estos- tristes, documentos, no porque me 
sea grato referirlos, sino para que sirran de lección 
en ^¿delante sobre las funestas consecuencias que las 
usurpaciones traen consigo, y sobre el riesgo inmen- 
so que se corre en apoyarlas, ó buscar su< apoyo en 
d fanror y protección de los gobiernos extranjeros- 
He aquí á la letra el real decreto que fué dado 
motiyando la salida de Fernando para recibir á Bo- 
naparte (1). "El rey nuestro señor acaba de tener 
motidas fidedignas de que su intimo amigo y au- 
»gusto aliado el emperador de los franceses y rey 
»de Italia se halla ya en Bayona (2) con el objeto 
»mas gréUo, apreciable y lisonjero para S. M. co- 
nmo es el de pasar á estos ^feinos con ideas de la 
nmayor satisfacción de S. M, y de conocida utili- 



(1) Gaceta estraordmaria de Madrid del sábado 9 de abril 
áel808. 

* » • 

(2) lío había llegado todavía ni llegó á Bayona sino seis 
dias después de la fecha de este decreto t en la noche del 14 
al 1 5; la del decreto era del 8. 



142 mBMORIAS ; 

)idad y ventaja para sus afntulos vasallos r 'y aiea* 
j»dov eomo e», cónrespdndiente d la estrechísima, 
aamistadqw féliziiiente'reina ^ftlre Ifts doscorQ^aBi! 
)iy aLmuy alto caráotérde S. M. I. y R. que'.St.Jff» 
»pa$é;á recibirle y cumplinieiitárlé, y darlQ éasípruttr, 
abas mas sinceras ^ seguras y constantes de su api* 
nmo y resúbucion. de mantener, renovar y estrea^h^ 
nUibuenaarmonia^éntímaamistadyveniajosaaUanr 
» Manque dichosamente ha habido y conviánC'iim* 
ahaya efUr^ esíos ¿los . monarcas (1) , ha .xe$o^to 
))S..M. salir prontamente á .«fectuarlo. Y;.cemo.f))t|^ 
>ia«setteia ha de ser por pocos días: > e3^erai do la' fi- 



I . 



(1) Yo quiero preguntar aguí, dada la ocasión' y como de 
paso $ los que tanto han censurado la alianza moderada , jin- 
ciosa y circunspecta que se habia tenido con la Francia duras- 
te él reinado de Cirios tV,' y entre los cuales el ministro iC*^ 
ballos fué el prúmsro y m9¿^ vehemente p«^a vituperarla ^t^ 
fampso Manifiesto , <¡qué podrán decir mas que hiperbQlic9 d^ 
este decreto, obra del mismo Geballos? ¿Dirán que esto fué 
escrito por temor de que Napoleón se negase á reconocer al 
rey Fernando ? Sea así en efecto , si se puede creer que tanto 
estremo de humillación hubiese sido tolerable. Pero, ¿por qué 
culpar á Garlos IV y á sus ministros de haber entretenido mas 
bien que mantenido', por conservar la España intacta , aquella 
misma alianza , sin qne por ella hubiesen descendido á tali^ 
humillaciones y bajezas á que descendió la nueva corte , sino 
al contrarío manteniéndola con toda la dignidad qne permitían 
las raras circunstancias de la Bnropa, y escediendo en tsí&é 
todos ó á los mas de los otros gabinetes del continente ? 



DEL PBll^CJ^JK I>« LA PAZ. t43 

lamente de los ^q «9ta corte qi^e , 14^: repetidam^to 
osa 1q ha» acií^ditodo, qiie oontimianin; tra4i|QU^ 
«confiando y descansando en el n€4;oirÍQ <;elo de:S^ 
Dimiii$iros y tribotkaleai^ y prmQipalwente en la jUn- 
i^ta de gobiepm presidida porels^enisiiQQ. 9e3or 
oínfaote- don Antonio^ qne qiteda e^tobleeida; j qi^e 
dieguü^iín obserrandav como corresponde» la paai y 
«háena. .armonía que hasta ahora haa.tenido con las 
ütfopafide S. JU. I. y R., saministráúdQlés pnntvual-* 
i»meaté todosb los.sbcorcos y auxilios que neoesite^ 
«»para su subsislenieiav Aa£<éi qmvciyan á tospuwíQS 
^que s^ han propuesta para el mayor bim y f/ftí^ 
üddad de amlnis ilaciones: asbgiieái^pbo S. M. que 

«MO HÍ¥ EECÍELO AIOUCIO PB Q1I& SE TDBBE »t ALTBÍU& 
l^DICHA TBAIHQUILIDAD» BUENA ABJSCONÍA. Y. YEDlTAJOaA 

»aiiIai«za; antes mas bim 9, S. M. sb halla hxíy ai^ 

»T^FBCHO BB QUB CADA BIA SB CONSOLIDAN MASi. 

»TendreisIo entendido, etc." 

£1 mismo olvido del decoro y majestad de un prinr 
dpe español, que, de cnalqoier manera que esto hu- 
biere sido, ocupaba ya de hecho el trono de la ^afa- 
na y de sus Indias, se hace sentir y dfipkrar eni aqae- 
Ua humilde carta que los consejeros de Fer lundo 
pusieron i su fimia para pedi^ á Bonaparté una rea* 
p«esta á tantas otras qne no la habían tenido^ y ré^ 
damar su patrocinio nueyamente. En esta caria no 
se trata ya tan. solo de estrechar los lazos d^ aliaMa> 
sino de pedirle humildemeate el reéénocimieiitoqiie' 



144 MEHOBUS 

tanto se tardaba, j producir, para lograrle, meréd- 
mientos y senicios que no podían probar á Bona- 
parte wio temor, flaqueza é ilimitado rendimiento. 
He aquí el testo de esta carta: 

*' Señor mi hermano: elerado al trono por abdica- 
»cion libre y espontanea de mi angnsto padre, no he 
»podido Ter sin una yerdadera pesadumbre que S. A. I. 
»el gran duque de Berg y el embajador de Y. H. L 
»Y R. no hayan creido deber felicitarme como sot»- 
Draino de Espada , cuando lo han hecho los de otras 
jicdrtes con quienes no tengo enlaces tan íntimos y 
jitan queridos. No pudiendo atribuir la causa de es(o 
Dsino i que carezcan de las órdenes que les son ne- 
•cesarías, me permitirá Y. M. esponerle con toda la 
jisinceridad de mi corazón, que desde los primeros 
«instantes de mi reinado no he cesado de dar á Y. M. 
j»L y R. los testimonios mas señalados y nada eqní- 
jiYOcos de mi lealtad y adhesión á su persona : que 
nía primera de todas mis providencias fué la de 
nhacer volver á Portugal las tropas mandadas sar 
»lir de allí para las inmediaciones de Madrid; que 
»mis primeras atenciones tuTÍeron por objeto la pro- 
DYÍsion , alojamiento y subsistencia de las tropas 
Dfirancesas, á pesar de la estrema escasez en que en- 
j»cotttré mi real hacienda y de los pocos recursos de 
»las proTÍncias en que se hallaban aquellas, y que 
»no he titubeado un momento en dar á /^. M, la 
nmayor prueba que podia darle de mi confianza, 
»mandando satír de mi capital las tropas mias 



D£L PBllfCIFB BE LA PAZ. 145 

upara recibir en ella tina parte de las de su ejér- 
»cito (1)- 
j»De la misma manera he procurado en vaila» car- 



(1) Conviene observar aqui, annqae no sea sino de paso, 
qae nno de los motíyps que alega Escóiquiz en sa Idea senci- 
lla para disculpar la locura del viaje á Bayona » fué 1^ falta de 
tropas en que dice se hallaba Madrid j el reino para poder 
cubrir la retirada de Femando. Pero ¿k quién la falta de esto, 
si una bnena parte de las tropas con las cuales hubiera podido 
cubrirse la retirada, á saber, las que jo habia hecho venir de 
Porl;i^al , y las que formaban la guarnición de Madrid y de to- 
da sn provincia, se les mandó, á las unas volver á incorpo- 
rarse con las divisiones francesas de Portugal, y á las otras 
ausentarse en su mayor parte do Madrid y de los reales Sitios, 
entregándose Femando cuerpo y alma en medio de las le- 
jíones francesas que ocuparon la capital? Tanto aquel princi- 
pe, á quien el mismo Garlos IV habia oomnnicacto antes de los 
tumultos de Aranjuez mi proyecto y mWdios de defensa en la 
retirada que S. M. tenia resuelta á las provincias del medio- 
día, como el ministro Geballos y mi estado mayor conocían 
perfectamente estos recursos , que debieron igualmente ser 
conocidos por los papeles de mi secretaría de que se apode- 
raron. Dneños fueron de aprovecharse de estos medios los 
hombres de Aranjuez, y de haber alzado en masa la nación 
para mantener á todo trance su integridad é independencia, 
é imponer respeto á Bonaparte^; pero ellos no quisieron empe- 
ñarse en las contiendas que prescíibia el honor ^ y prefirieron 
mendigar del extranjero la corona de Femando'. 

Si aun se quisiese en prueba de< esto un testimomó 'relevan- 
te, se hallará en la misma Idea sencilla de don Jnán deEs- 
cóiquiz (pajina 172), cuando,, refiriendo > sus coloquios con <el 

10 



.146 MEMOAIAS 

)>tas que tengo escritas á Y. M. ofrecerle cuantos 
)> motivos de persuasión han estado en mi mano darle 
Jipara hacerle rer mis deseos de estrechar de un mo- 
))do indisoluble j para la felicidad de mis pueblos j> 
»los lazos de amistad y alianza que existian entre 
j»/^. M.y mi augusto padre. Con esta misma idea 
«envié tres grandes de mi reino que salieron al en- 
»cuentro de Y. M. en el instante de haber sabido 



emperador de los franceses , pretende haberle dicho que en 
el caso de haber estado ciertos (él y sns amigos) de qne sn 
intención era destronar al rey Fernacdo , habrían podido adop- 
tar otro medio. «¿T qué medio era ese, canónigo?» refiere 
» que le dijo Bonaparte. — « El de hacer huir secretamente el 
M joven rej,»> cuenta Bscóiquiz que le dijo y j que aquel le 
» preguntó: «¿Y á dónde le habrían W. llevado?» — «A 
n Aljeciras , señor , dónde teníamos un pie de ejército j está- 
n hamos vecinos de Gibraltar.» — «¿Y qué habrían W. he- 
M cho después ? >i — « Siempre constantes en nuestras mán- 
»imas, cuenta Escóiquiz que le dijo, de conservar una alian- 
n za estrecha , pero decorosa con Y. M, , le hubiéramos pro- 
Npue&to continuarla con la condición precisa de qne nos vol- 
M viese las plazas fronterízas y retirase sus tropas de la Esp^^ 
M ña 4 y en caso que Y. M. se hubiese negado^ le hubiéramos 
H hecho la guerra con todas nuestras fuerzas hasta el ultimo 
» estremo. Tal era mi dictamen si hubiéramos sabido de algnn 
»modo sus verdaderas intenciones.» A lo que contestó el 
emperador: ««Eso. era todo lo que habia que hacer y lo mejor 
«pensado.» Yerdadero ó falso este relato de mi mayor con- 
UmQ r. condena su conducta^ y ¿ mi me justifica. 



' i 



DEL PBlNCIPBi DE LA PAZ. 147 

»qiie y. M. tenia intención de reñir á España; y 
upara demostrar con mayores pruebas mas solemnes 
«mi alta consideración acia raestra angusta persona, 
«hice salir después con el mismo objeto á mí muy 
«querido hermano el infante don Garlos, el cual ha 
«llegado á Bayona dias hace. Asi es que, me atrevo 
«á lisonjearme de que Y. M. habrá reconocido por 
«estos pasos mis verdaderos sentimientos. 

nDespues de esta sencilla esposicion, Y. M. me 
«permitirá que añada aquí la grande pena que me 
«cansa estar privado de cartas suyas, aun después de 
«la respuesta franca y leal que di á la pregunta que 
»el jeneral Savary vino á hacerme en Madrid en 
«nombre de Y. M. Este jeneral me aseguró que los 
«únicos deseos de Y. M. eran de saber si mi adve- 
«nimiento al trono podria causar alguna mudanza en 
«las relaciones políticas de nuestros dos estados. 
«Mi respuesta no fdé otra que una reiteración de lo 
«mismo que había tenido la honra de manifestar é 
«Y. M. por escrito, y condescender ademas á la in- 
«vitacion que me hizo de salir al encuentro de Y* M. 
««n el camino para hacer mas pronta la satisfacción 
«de conocerle personalmente, tanto mas cuanto ya 
«había y^o anunciado á Y* M. mis intenciones de ha- 
«cerlo de voluntad propia. En consecuencia de esto 
«he llegado hasta' mi ciudad de Yitoria, posponiendo 
«los cuidados indispensables de un reinado nuevo 
«que requerían mi residencia en el centro de mis 
«estados. i' . 



148 HEHOlULiS: >> 

»Raego paes á Y. M. L.iy R.con eficacia, qáe ten- 
»ga á bien hacer cesar la situación penosa á que 
ame hallo reducido por su silencio^ y disiptír por 
nmedio de una respuesta favorable las vivaá inqnie- 
jDtudes qne mis fieles yasallos sufrirían con la dura- 
»cion de la incertidumbre. . • 

»Raego á Dios, ect. ect. — Vitoria, 14 de abril 
»de 1808.'' * 

Se encuentra en mnchos libros, folletos y diarios 
la respuesta que con tardanza de dos dias dio á esta 
carta Bonaparte , y por bacer mas breve esta penosa 
historia, me ceñiré a copiar algunos trozos, los que 
basten para notar la obstinación indisculpable con 
que los consejeros dé Fernando lo aventuraron todo, 
patria ,. honor, independencia j hasta el culto mismo 
de aquel ídolo qne alzaron por. su cuenta para. ser 
sui^ sacerdotes. 

Después de un gran pjceámbújkü en que. opa mu- 
chas precauciones <)ratorias/ y en tono de lección, ó de 
coñsejjo soltaba Bonaparte ideas amargas y admoni- 
ciones agridulces, viniendo- luego; aL.punto cuestio- 
nable» d^ia á Fernando de esta suerte : ''.Cuánto á 
«la abdicación de €árloS: JY, esta ha tenido lefecito 
jixen un momento jen que mis ejércitos ocupaban Ja 
oEspa&a; y á los.ojos.ide la.£unoj^a y.de laposterir 
i»dad podría parecer que^yo haSuria* enviado dauUs 
Dtropas para precipitar del tron^^é mi amigo >y alia- 
ndo. Gomo soberano vecino debo enterarme de lo 
' «ocurrido, antes de reconocer esa abdicación. Lo di- 



DEL PRÍ{I€U>R DE LA PAZ. 149 

)>go á y¿ A. H., á kn iespañoles y al mando entero: 
»si la abdicación del ifoy^G arlos ha sido de paro mo- 
oirimiento «suyo , y no ha sido forzado á ella, por la 
»insarreq¿ion y .motines de Áranjaez, yo no tengo 
»difíciiUad en admitirla, ni en reconocer á Y. A. R. 
))como rey de España ; y de aqaí es mi deseo de ha- 
))blar( caw^er) con V. A. sobre este asanto. La cir- 
»canspeccion qae de nn mes á esta parte he gaarda- 
))do ^obre estos negocios, debe responderle del apo- 
»yo qae hallará en mi, si sucediese en adjslante que 
«las facciones > de caalquiera especie que fnesen ,.lle- 
«gasen á inquietarle en su trono*" 

Después, hiáblando en la misma carta del asunto 
del Escorial, loma un tono severo, y no se abstiene 
de increparle de esta suerte: "V. A. R. habia sido 
))muy culpable , sin necesitarse para mí otra . prueba 
A>de ello que la carta que me escribió y que i^iempre 
»he querido ignorar: cuando á su vez fuere rey, 3a- 
»brá cuan sagrados son los derechos del trono. Todo 

> 

»paso dado cerca de un soberano estranjero por un 
«principe heredero es un crimen." 

Testo seguido se lee luego: ''El matrimonio de una 
»princesa francesa con Y. A. R. le juzgo conforme 
»con los intereses de mis pueblos, y, sobre todo, co- 
»mo una circunstancia que me uniría con nuevos tin- 
acuIqs á una casa á quien no tengo sino motivos de 
«alabar después que subí al trono." (1) 

— ■■ " ' ■ ■ ■ . > .. . ■ y . I ■ ■ I -■ 

• ■ ■ • 1 

(1) Esta parte del texto sobre bodas no se encuentra en 



150 MBMOBIAS 

Concluido este periodo Tienen luego, sin tran- 
sición alguna que con él los ate, los siguientes: ""Y. 
«A. R. debe recelarse de los estraTÍos j de las con- 
jimociones populares. Se podría cometer algún asesi- 
unato sobre mis soldados esparcidos; pero las resul- 



la pablicacioa de la misma carta qae conüene el Mmiitor de 
3 de febrero de 1810, del cual tengo un ejemplar i la vista; 
razón por la cual debe pensarse una de dos cosas, á saber, ó 
qhe el emperador mandó suprimirle en aquella publieacion, 
6 que ftié intercalado por D. Pedro Geballos en lá que este 
hizo de la referida carta en su Esposicion á manifiesto de i.* 
de setiembre de 1808. La falta de ilación que se nota en el 
contenido de este periodo sobre bodas con las ideas j frases 
que le preceden j con las subsiguientes, dejan lugar á pensar 
con alguna probabilidad que Geballos lo introdajo é intercaló 
con el designio de hacer parecer menos temeraria la resolu- 
ción departir á Bayona después de recibida aquella carta. To 
no prevendré el juicio de nadie sobre esto; pero no creo será 
inútil para conjeturar la verdad trascribir aquí el testo fran- 
cés del Monitor y donde, apartado dicho período , se encuen- 
tra la correlación de ideas que faltaría interponiéndole. El 
testo francés está concebido en' estos términos : « Yotre al- 
» tesse rojale ,avait bien des torts : je n*en venx pour preuve 
w que la lettre qn*elle m^aécríte, etque j*ai constamment von- 
» lu ignorer. Boi á son tour, elle saura combien les droits du 
» troné sont sacres. Toute démarehe prés d' un souverain 
>^ étranger de la part d*un prínce héréditaire est críminelle 
»> V. A. R. doit se défier des écarts, des émotions populaires. 
mOu pourra conunettre quelques meintres sur mes soldats 
uisolés; mais la rmne de l*Espagne en serait le résultat, 
etc., etc. 



DEL PRlHClPK BB Lk PAZ. 15i 

'>tas seciao la ruina de España. He visto ya- con sen- 
»tiaiienU).qae se han hecho circularen Madrid cier- 
«tas cartas del capitán jeneral de Catalana, y qtoe 
Mse ha hecho todo cuanto podia exasperar los ánimos. 
»y. k. R. conoce, pues, mi pensamiento todo ente- 
rro, y verá que vacilo entre diversas ideas que nece- 
«sitan fijarse; puede estar seguro de que en todos los 
«casos me comportará 4M>n Y. A. del mismo modo que 
»con el rey su pa¿re. Esté Y. A. persuadido de mi' 
«deseo de conciliario todo y de encontrar ocasiones 
«de darle pruebas de mi afecto y perfecta estimación: 
«Con lo que ruego jl Dios os tenga , hermano mió, en 
«su santa y digna ^arda.** 

Una carta de esta especie y dd este tono por su' 
sob contesto habría bastado i cualquier hombre, iañn 
de inferior sentido, paca conocer la astucia y la sofla- 
ma con que obraba Bonaparte» y para buscar vado en 
tierra propia contra aquel torrente que de tan cerca a* 
menazaba; mas paraEscóiquiz y los mas de sus amigos 
faé un bálsamo de vida y de esperanza aquel escrito; 
y por tal hizo tetferlo á su engañado alumno y á sus 
ciegos consejeros. Entre los dos peligros para él, ses- 
gan los conpebia, de que .reinase Garlos* I Y, ^ que' 
Fernando aventurase su libertad, su porvenit, su real 
decoro y los destinos de su patria , parecióle este se- 
gundo menos malo , y tuvo por mas cuerdo caer en 
manos del terrible emperador, que en las del piado- 
so Cirios lY. Juntóse á esto su amor prbpio, aquelb 
idea tan alta que él tenia de su talento y su elocuen- 



^ . 



i52 .' ; . MBIKOIIIAS 

cía (de tatitos, modos desmentida eu sus csoríias), y 
se creyó poder vencer con su sabiduría al que i- la 
E^Fopa. toda babia vencido con su política y sm 
armas. ... v. 

Bien babria quizá sido para España todavía,' que^ 
ya que Escóiquiz se estimase suficiente para tal em- 
pelto, UQ hubiese carecido de aquella devoción acia 
Fernanda qw le debia por tantos títulos, mas de la 
ci^l rio í^Ja verdadera muestra > U grande que de^ 
bief a haberle dado: en jaquel casoí, «corriendo él solo 
los^peligrps, si es quepeligro h tibiera habido para élsolo 
s^deUnjUudQ^i^ : á. esplorapr. á Bonaparte oomo eáviadio 
de Fernando. ¿Fué que esto noile vino al pensamien- 
to? ProhaUemente^no le vino de su propio instinto; 
pforo .otros^,: $us amigos y. confidentes suyos en Bá** 
yona, leprc^usieroja esta idea y 1^ rdgaron vivamente 
q^e él é Infantado^ ó él solo tan áquiera^ fuesen á Ba* 
yona, á platicar con Bpnaparte. y ;á. evitar por. este 
medio que la nave del eiátado naufragase; faltóle «sin 
embargo la lealtad para rendirse á este consejoy á 
estos ruegos* E^l .mismo Escóiquiz en su Idea .senci- 
lla {^á^inn 179), con su sandez acostumbrada-, cu- 
mp un medio de defen&a suya propia publicó esta 

■ 

c^rMi.de tin amigo suyo(l), su fecha el 18: 



• I 



.1 • ' ' 



'(i) - Aunque Bscóiqfnh ealla el nombre de este amigi) 
siiye^.^e sabet hienqne esta carta le fué puesta por don Pe- 
drpjllacaaa^z que p^rtepi^cia d)a copoitiva de D. Garlos. 



DEL PEllXCIPB BB XA PAZ. 153 

"^ISSi m^ estimado amigo: asi; como dije ai ¥.. 
ooie pa^ec^ia :pri]4j9Xiter,:.eB vista denlas esplicaeibaes 
»iQÍsterio»as, de los diarios, y'de I03 rumores que 
))cixculabaii .^qoi je^eralmente, ilo hiciesen YY^viq*; 
j^ted^d ^n siu es^tancia .mieotras qo esperásemos á' 
j)dq9ciibrir las miir^s qpnd hubiese acia nuestra cau- 
)|sa, asid^de.ántf^.de.ayer que empegamos i desr- 
ttcnl^rirlas, dije á Y.^ y tepijCó teugo por indispensá- 
«lile la entrevista de i|i]ae^tro jey con el.j^mpérador.: 
nfiqf^ce que este señor se ha ej^píicadQ destronando 
nmn^J(\OM i}0 ta^,fioio, el que m haya yú, venido 

»nf¿«f¿r;() df^TH^f SIJ^IO BL .QCPB IHO SB HAXAIH! ADELANTA- 

»m y. i Infantado á tbatae con ¿L^soBaB bi;.. 

' ■' "x . . • • 

»GBANDE. ASUNTO EN I^ISPUTA¿ P(o .mo OS pOsiblo en-r> 

xitrar por escrito en pormenor alguno: .perOj amig.o 
»mio^ en el dia de hqy las cqsos están peor que 
m^nfia, y el evitar el naufrajio de la nave no esr 
»t^ seguramente áni^s^ros alcances. J^e^ganf^J^., 
npues^y, vengan luego sin pen-der dia ni moí^núo; y 
»ssiií0.se ajbeventodo$á. pasar la baya, veíígan.w* 
jddos, ó y. á lo henos. con una gabta pai^a ^3tb 
))s£ií0b, y háfilelb al cobazon el lenguaje de la 
»vebdad; que acaso se podbán evitab.pob bsíiib 

»]lfE;Di](9 LOS GBAj;«P£S HALB^ ,QUE NOS AMENAZAN. EsTO 
»BUBGA.A y. PQI^ EL BIEN JDBL BEY Y DB SU FAMILIA. 
»TOpA^ Y PQB LA SALIjrD DE LA PATBU^ SU.AHIGO, etC," 

Tal es la carta acusadora suya y de sjis c<S(Apj[icQ$ 
y amigos que el mismo Escóiquiz i^ios rovela.' Oido 
tal grito de aflicción y de Socorrp como el de, esta 



154 MBHORtáS '■'"■ 

carta ^ ¿de qué linaje de españoles eran aquellos 
hombres que, pudie^do ir libremente con honor y 
con decoro por si solos á Bayona , no acuden al mo- 
mento á tantear á Bonaparte y á registrar con ofos 
linces el campo peligroso donde Fernando era atraí- 
do? ¿Por qué se esquivan? ¿por qué temen, y pre^ 
ñeren que el rey de su elección, el rey amado, yaya 
á hacer la ^ueba que ellos sin. riesgo alguno pudie- 
ron haber hecho? Y cuándo riesgo hubiese habido, 
¡qué español, cuya yirtüd y cuya sangre no hubiese 
decaído de su esencia y de su orijen, no se habria 
aprestado al sacrificio y á la muerte misma tnedian- 
do aquellos nombres de sulud, de rey y ^patria que 
de Bayona les llegaban! Bastárales leer qtte era po- 
sible hallar remedio al mal que amenazaba, para 
cerrar los ojos y votarse á todos los peligros, no solo 
por su rey, mas por la España cuya voz y cuyo nom- 
bre habían tomado, de cuya suerte, buena ó mala, 
apoderados del gobierno,. debían serle responsables. 
Mas no era, el rey, no era la patria la causa que ser- 
vían aquellos hombres, sino la suya propia; y por 
lección eterna á los que fian en conjurados é imaji- 
nan ser servidos jenerosamente sin ser sacrificados 
al ínteres de la conjura, los seductores de Femando 
le tomaron como prenda de resguardo de ellos mis- 
mos, y lé llevaron á partir la cotnun suerte calcu- 
lando que á su sombra saldrían mejor librados. 

* -Á Bayona , " pues, se dio la orden , "y á Bayona 
» todos juntos,-' cuanto hubo sido recibida aquella 



BEL PElllGIPB DE LA PAZ. 155 

carta (i). No es ya un monarca.de dos mandos, in*- 
dependiente y libio» aquel que Uqyau sus amigos de 
la mano para salir á saladar un hoésped qaé/KÍeile.i 
sos estados á estrechar los laios de amistaíd ly^-de 
alianza entre las dos naciones ^ sino un- humilde pre* 
tendionte, caya corona es disputada .y. va á solicitara- 
la, desarmado, en tierra ajena, del enemigo de su 



(i) No se piense por ^st^ qup el dictáineii de Macanaz, 
espresado en ella, fuese de.qne Fernando, en suposicipn de 
una entrevista suya con Napoleón, bobiese ^e tenerla tierra 

I 

adepitro de la Francia. En otra carta suya á ^scinqph con fe- 
cha del dia anterior 17, publicada también por el .mismo Es- 
cóiqoiz en sn /dea sencilla (página 177) le escribía alterca de 
esto lo qué sigue : «Lleva el jeneral carta para ^ rey, y es- 
nperamos sea satisfactoria. Por ella verán W. qne «mpiezan 
n á mudar las cosas de semblante, y que, puesto que manifies- 
nta este señor deseo de tener su entrevista con el nuestro, 
I» convendrá mucho se decida á ello, y que vengan W. desde 
» luego hasta Tolosa, de donde podrán proponerle que escoja el 
«paraje, dia y hora donde haya de ser, valiéndi^se del mismo 
«jeneral Savary que volverá con la respuesta. Hemos trata-^ 
ftdo, aqui de ello ^ y nos parece que podré convenir sea, lapri- 
nmera entrevista sobre el puente de Jrun, gen Irw^ mis- 
» mo^ ó en la casa de campo del conde de Torrealta que está 
n en beUa situaciotí sobre el JSiddsoa entre. Irun y Fuenterra- 
» bia. Jungue conviene no mostrar desconfianza,puede insis- 
»tirse sea acia la parte nuestra, por pvitar la inquietud qujs 
» en la situación actual tendrá la nación de ver salir á su rey 
»de España á un pais donde .no estuviese ya reconoc/do 
ticomo tal.»» 



)í;iisa :('1>).' iEn vano isa levanta el pueblo déViforia pa- 
ra evitar taMOi'fteAi^ro:y'tffnt|i :afceiitk;.en:yano apu- 
idB'la>3eak^diy;'pl-'Celo d&tmabhos españoles < jencrol- 
sbs^ Jísliadtt dé) aquel viajeiteiaertoo-y yérgoiia»D* 
te '4 Bicóiqáisi'iy 'á^:tnfantáda;<eD y>áno.Íes ofredén 
madiol ciertos^ ::segni!9Si que teniam 'dispuestos ipara 
aalvdr al rey:¿Fárnando:'>esta.klilta(Í8é.YÍtiipeiía^8é 



•(¥)'• fte'-ídqui''éDf t)rneba dé ^esta dóldrcfáá* verdad lásdos 
éürtas ^tiei Éibtéfe d¿ cruzar lá tayk, flieroü'diHgiáásírf'Stf- 
bétljío 'éiii^él^dor ' 'éóti' la firma de Fernando'. 

' La {írim'éW ; de Vitoria, d Í8i «Señor mi híermano: he 
»xiecibid6-cl6ii la'niayor satisi^^eióüla carta qué V.M. í. y B: 
n ha'téáfdd^'á bien ¿tíjirmé; bón fecha del» 16, por medio del 
('jéiier&I ^skVary. Iktconftdfi&a qtte r. ííf. nta inspira^'y mi 
n áesbo deshacerle ver t^ue'ta utid^udón del rey mi padre d 
>í mi favbr fué efecto dé un puro movimiento suyo ^mé han 
•ti' eSecfdidhd' pasar rmrtet^Hatarnente d Bayona, Pienso^ pues^ 
ñ salir máfkmti pbt la múáchia para Irun^ y pasar después 
"nde mañana d' ttt Citsa de campó de MsCrao en que se halla 
F/M, '/. E, Boy con lóff sentimientos de la mas elevada es- 
timación, etfe.-^Fernatído; ' !. . 

La segunda desdé Irüm , el 19 : Señor nú hermano : en 
» cónsecneiicia de lo que tuve el honor dé escribir ayer á 
» V. M^ L y B., acabo de llegar á Irun , de donde pienso Sa- 
»lir á las ocho de la mañana inmediata para coiisegüir la sa- 
wtisfaccioni de conocer personalmente á 'Y. M. l,^ y B. etí la 
» casa déMárac coríSúpermiiOi como lo deseaba niuchotiem' 
Upo hace. '* « • » ' 

'''«Soy con los sentimientos ¿e la mas alta estimación y 
» consideracioui etc. — Fernando.» 



BSL PBlN.CIPS QS-LA PAZ. í&l 

i^biate^sedeseeliai en Tana, en fia, -les esforsactos y 
l^les' Alavete» cortan loa tiranleis'de las mvi&i^.ú]^rr 
tap el r^ coche, y i ^ito herido clamaá qne^noiparH 
t^ el¡ j<iven rey; los tiros se reemplazan^- Fernando 
parte en medio de los llantos y lameptol de lacbns!- 
ternaida mnchednmbre^ y el pneíblo fiel es reprendió 
dóL (no añadiré engañado) por él decreto que fué dat 
do de : real «órdén • de está manera icanceboido : ■ . 
*'!B1 rey está agradécidi^mo aljeiHkaocdinario afee-' 
))to de su leal pueblo de esta ciudad y proyinciá de 

9 

)>AlaYa; pero siente ^U6 pase de loÉ" limites debidos 
í>y pueda dejenerar en falta dé f^espetO-iooñ pretes^ 
»testo de guardarle y €0ti;«re;arÍ0i, : Conociendo qne 
»este tierno amor á $u real persona i, y el cOnsi^aién- 
»te cuidado, son Jos móviles ijue le. animan, nopue- 
«det mé^os de desengañar á todt^s y ^ cada uñ>o de 
nsus individuos ^ de que no tonmria la resolución 
nmportante de su viaje j, si wo EaTPviESE bien oieb* 

«TOBE LA SINCERA ,V COBDIAXAHI^TÍD' BB;3U ÁIJADO 

))EL EMi^EBABOR BE 1.0^ Fi^AiíGísESi y sde (fue tendrá 
lulas, mas felices, conseau^hcütSe. Jíes' manda j pues, 

»gru^ SE TRA7(QUILICEI9^X.ESP£]|P)*{,OmÍI9TEá.BE ñHk- 
»TRO Ó SEIS BIAS BARAN GRACIAS Á DiOS T Á LA PRV- 
ABENGIA BE S. M. BE LA AUSEÜ^GIA QUE AHORA LES 
«IHQUIETA (1)/' ¡ • •" '''^'^ ^■'■'•''''^ ' 

(1) TestuaJ>^ en 1^ segunda gjOpeta, e^tra^rdinQxi^/Ui^^ar 
drid del viernes 22 de.a)iríl de t803. . j. f.i'. !,> |(, / ,f, , 



d56 -^v/-! /J l[BM0(BM9iUM J.ai 

)í;asa :(i>)j (En vano Ua levanta el pueblo déYiloria pa- 
ra evi4ár;ta«toif(dB^oí5['tffnt|i::afceñtk; en vano acu- 
idB'la'3eak^Iy'^^>celo-de!>inubhos españoles jencrof 
sbs^^ dísiMidít ák aquel viajeiteinerloio y vergonzan- 
te >4 £icóiq¿k'iy fá^tnfantada;<eii y>2¡no.Íes ofiredén 
mediol «iértos'o^íiegniiosíqtte teniam dispuestos pan 
aalvabr aLrey.:Fáráando2'€sta^}¿liha48¿ vitup^a^se 



'(f)' ÍÉe^'¿aIIui'*éóf t>raeba de M;a doltíitilsa' verdkd laidos 
éiártas \¡tLei kúté^ úi é^zár lá irayk, íberoii-'ditígidás al so- 
béfí)ío 'enipéirador ' éóiaftí fíriha de Fernáhdó'. 

' Laí jiritóléW ; de^oria', €»li«.* «iSenio^mi fternaanorbe 
» x^CibidélxlMi la'iAa^ór satisi?áé«xK>üla carta qué'Y.K. I. yB. 
n ha téáfdd'-á biéñ ÁiijinueVbott fóefaá del> 16, pormedio del 
«í^jéiíerál 'SkVaryv tSá confianza qíie ¥^, 'M, rtté inspira^ y mi 
n deseo deshacerte ver tfue'ta abdicación del rey mi padre d 
yi mi fáúbr fué efecto de nn puro movimiento suyo ^im hm 
-ii'eteddidhépásár mnietííéetamente d Bayona, Ptenso^ pues, 
^ Sütir máfkmü pof la mú'ííana para Jrun, y pasar después 
» de mdñáfia d- tdtitísa de ca/rtipó de Éfe^ao en que se halla 
F/M. '/. R. Soy con \bs sentumeütós'de la mas elevada es- 
tiiiíacioa, ete.-^Femafído'. ' 

La segunda desdé Irtia , el 19 : Señor mi Ifermano: en 
» cdnsecneiicia de lo que tuve el honor dé escribir ayer i 
>» V. Mrf I. y B., acabo de llegar á Irnn , de donde pienso sa* 
» lir á las ocho de M. mañana inmediata para conseguir la sa- 
wtisfaccioni de conocer personalmente á 'V. M. I.x y R. en la 
» casa déMaraic córi^perrmio^ como lo deseaba niuchotiem' 
¿>po hace. «» • • • . , 

'''«Soyt;on los sentinuentos de la mas alta estimación J 
» consideración, etc. — Fernando.» 



DSL PBlN.CIPS Mr LA PAZ. i&7 

i . se deseelia ¿ en vano , en fia , -les ésfonactos j 
teles Alaveéé& córtaa lo» tiranlesde lás^ molas^^slparr 
tan el r^codbe, y i ^ito herido ielamaá queinoiparn 
^el¡j<}yeii rey; Ibs tiros se reemplatan^- Fernando 
parte en medio de los llantos y hiñeiitol de lacbnsr 
teniada muchedumbre^ y el püeíblo fiel es repreiidi-> 
do (no añadiré encañado) por el decreto que foé daí 
do de 'real M^rden , de está manera «cancebiiido : . 

''El rey está agradécidisámo aljeiHkaotdinarío afees 
oto de sn leal pueblo de esta ciudad y proyinciá de 
«Álava; pero siente 9U6 pase dt loÁ' limites debidos 
^fmeda dejenetar en falta dé f'espetO'icoñ pretes-- 
atesto de guardarle y €on^€re;arí(K:[ Conociendo qne 
«este tierno amor á $u real personal, y el cOnsi^uién- 
»te cuidado f son Jos móviles ijne le animan, no poe- 
«de menos de desengañar á todos y f cada uño de 
ñus individuos^ de que no tommia la resolución 
^importante de su viaje ^ si hq esítp^ie^e bien oieb* 

»TOnE LA SINCERA V COnBIAXilO^Til) nB;3U ÁUÁDO 

«EL EMi^EEAnoB DE 1.0^ Fi^AiíGísESi ifsde quB tendrá 
9las mas felices, cQnseau^náaSf. Jíes'mándaj pues, 

«QfUE SE TBANQUILIGEI9>X,BSP£]|P)*{,0mÍNTEáDE GUAr 
OTBO Ó SEIS días darán GRACIAS Á DiOS T Á LA PRV- 
«DENCIA DE S. M. DE LA AUSENCIA QUE AHORA LES 

•INQUIETA (1)/' ; )./!,. 'v... ./ 



i'. ••!> ».o.'. » 



I 



(1) Testual, en 1^ segcuoda gaiseta, estrcmdéiMtitÍ4f^4$Mar 
dñd del viernes 22 de abril de t808. . ,. s,,, },. n, / „., , 



160 : í » XEMOEUS ^ 

npondria al mofnento que lé riese echarse entre sns 
»brazos y hacerle dueño de su suerte* Su alma es 
i>inuy grande, los antecedentes todos dé su vida, que 
uiyo he estudiado mucho, no me dejan duda de Jo 
.»>qne estoy diciendo; fuera de que, si hace el esqiii- 
»T0 ^hora^ es porque no se piense que ha influido ó 
»que ha tenido parte en los sucesos ; mas , no lo du- 
»de y., sos intenciones, tiempo hace^ son que Fer- 
»nando reine; poco antes de partir me lo afirmó el 
^>embajador, y reforzó mi confianza de tal modo que 
»seria temeridad el no creerle." 

£1 duque: "Señor don Juan, es muy posible que 
»él embajador no mienta, y que no obstante ño sea 
» cierto lo que afirma: basta leer el Monitor del 27- 
))del mes ultimo para dudar, si no del enviado , del 
jihombre que lo envia (1). Si tales son, como Y. cree, 
»las verdaderas intenciones del emperador de los 
»franceses, ¿quién le impide seguir los equipajes que 
))ha enviado por delante y cumplir tantos anuncios 



. (i) Sin dada el daqae de Mahon se refería por esta cita 
á la segunda edición del Monitor del 27 de marzo que, ségnn 
.cnientaM. Desmarestea sus Témoignages historiques, mando 
•Jiacer I^apoleoni y en la coal, entre otras espresiones baístan- 
te graves», se enisuentra la siguiente : c^ Le prince des Astnries 
-n monte sor le trÓne' tóuvekt dn sang de sonpére qniloí a 
wpardonné, ilyapen demois, ses attentát^.n Esta 'misma 
redaccioq , cuenta Desmarets que fué enviada' en la noche del 
26 al Journal de V Empire. 



DEL PRl9GIP£ BB LA PAZ. 161 

Dque de su yenida han $ido hechos? Si su designio 
»es favorable, aqaí podria cumplirlo á sa placer en- 
»teramente, y hacer cuantos papeles le pluguiese pa- 
x>^ra mostrar que obraba imparcialmente. ¿Qué tiene 
A que temer entre nosotros ese grande hombre con 
Dcien mil hombres por delante, y en un pais donde 
)>le aguardan como amigo de Femando? Si no en- 
»tra , pues, debe pensarse que sean muy oíros sus 
^proyectos, fatales á Fernando, ó {jétales, Dios no 
»quiera, para el reino. En fin, señor don Juan, pien* 
osfr V. esto que es muy graye: Femando es aquiun 
íírej/y'pero en pasando la frontera no es mas que 
»principe de Asturias^ 

Escóiquiz : " Y rey de España in petto para el en^i- 
Aperador de los franceses. Yo alabo la lealtad de Y.; 
Dpero le ruego al mismo tiempo que no nos compro* 
Jiraetatpor un esceso de su celo^ que nos podria per^ 
ñder á todos. No me, es posible decir mas..,, créa- 
nme y.^ señor duque j que tenemos cuantas segu^ 
»ridades podrían sernos deseables: es un asunto 
;)concluido , y vamos á Bayona.'' 

Cuáles y cómo fuesen estas seguridades de que ha- 
cia Escóiquiz un misterio, él mismo nos lo cuenta en 
su Idea sencilla (pdjina 40): "Justamente, dice^ 
«persuadidos el rey y su consejo por este cúmulo de 
«razones, y por las cartas particulares de los co- 
^misionados de Bayonaj recibidas en Vitoria en 



11 



162 MEMORIA^ 

Dlosdias 17 y 18 de abril, en qne aseguraban las 
)>baeiia$ disposiciones del emperador (1), de qae do 
»teDÍa qae recelar la menor perfidia de parte de este 



(1) El cúmiilo de razones á qae aquí se refiere , quedan 
ya referidas poco antes , figurando entre ellas muy epecial- 
mente el temor de que, desagradando Femando al emperador» 
este se declarase en favor de Garlos IV, y de que á todo mal 
venir las cosas, aquel se contentaría con exijir el trueque de 
las provincias mas allá del Ebro por el Portugal^ ó tal vez so- 
lamente la cesión de la Navarra, pretensiones que en cam- 
bio del reconocimiento de Fernando por el emperador las re- 
putaba Escóiquiz y las juzgaban sus amigos concedibles. Las 
demás razones que aun no bemos referido, y de que hablaba 
en este lugar , son un panejírico ostentoso del carácter mo- 
derado del emperador y de la inviolable fidelidad que, segno 
su modo de opinar, atribuía al emperador $ elogio tan desati- 
nado como impudente que teje Escóquiz á espensas de la 
mayor parte de los demás soberanos de la Europa, para ve- 
nir á parar en que era imposible creer que intentase aquel 
usar de perfidia con el príncipe Femando. 

Cuanto á las cartas particulares de que habla, recibidas en 
Titoria de los comisionados de Bayona, son, ni mas ni n^nos» 
las que él insertó con los números 4.* y 5.* de los documen- 
tos justificativos en su Idea sencilla^ y que dejamos referidas. 
En la segunda de ellas, como queda visto , le decía Macanaz 
que las cosas estaban peor que nunca^ y que el evitar el ruxur 
firajio de la nave no estaba á sus alcances^ rogándote cuk" 
mas viniese con carta de Femando para el emperador^ y que 
is hablase al corazón^ por cuyo medio acaso se podrían evi- 
tar los grandes males inminentes. ¿ Cómo pues dice Escói- 
quiz que estas cartas aseguraban las buenas disposiciones 



BEL PalRGIPS DE LA PAZ. 163 

»qae en sa carta convidaba á S. M. á venir á tratar 
D amistosamente con él en Bayona, reflexionando que, 
a> rodeados, como se hallaban en Vitoria , de ocho 
»mil franceses de infantería y caballería , estaban en 
))sas manos, y qae una noble confianza era tamas 
apropia para sacar partido de aquel monarca, i quien, 
» visto so orgullo, lisonjearía infinito el afirmar la 
j»corona en las sienes de uno de los reyes mas pode-* 
«rosos del mundo (1), dando á toda la Europa el 
^ejemplo de reconocerle , asegurarse de un aliado 



del emperador sin dejar motivo de recelar la menor perfidia 
de su parte? 

T ea fin, cnanto á la carta del mismo emperador, ¿quién 
^jue la lea conrefleiion podrá encontrar en ella ni el mas pe- 
qneño viso de seguridad? Geballos mismo, cómplice de Es- 
cóiquiz, dice en sus Observaciones sobre la Idea SEnaLLi (pa- 
jina 80 ) estas palabras : <« Yo la leí diferentes veces con de- ,. 
» seo de encontrar seguridades^ y en su lugar no hallé sino 
» motivos de temor y sobresalto,** T comentando luego di- 
cha carta, concluye de esta suerte: «No se concibe como 
w una carta , tan atestada de insultos^ y tan desnuda de (os 
M términos del decoro, singularmente entre soberanos , pudo 
wser considerada por el señor Escóiquiz como preliminar de 
» ventajosos resultados, m Esto escribió Geballos $ y con tal 
conocimiento fné á Bayona ( ; y estos hombres fueron luego 
proclamados , respetados y ensalzados en España I 

(i) Guando á los hombres faltan pruebas y ra;9Qnes, 
presentan en vez de ellas desatioos y disparates de esta 
especie. 



164 MEMOBUS 

«inseparable (1) y atraerse el amor y la admiración 
«española con un acto tan glorioso y desinteresa- 
»do (2) , creyeron que el partido mas seguro y ven- 
«tajoso era el de que S. M. pasase á verse con él en 
»dicha ciudad." > 

TSo hace aquí mención Escóiquiz de los avisos re- 
petidos que tuvieron de personas fidedignas /entre 
ellos los del honradísimo joven don José Martínez 
HerváSy que tan claro les mostró el peligro en que 
iban á arrojarse (3), los del alcalde de Ameyugo, 



(1) Vale decir de un rey que rejiría la España como 
un teniente suyo que la tendría á sus plantas y á sns ór- 
denes. 

(2) Si el reconocimiento era debido , no podia escitar 
la admiración de España; solo no siendo justo podia ser 
admirado. 

(3) Cuanto se podia j se debía temer de Bonaparte otro 
tanto les predijo Hervás , y bien debían <5reerlo, puesto que 
el mismo Macanaz y su amigo y compañero cerca de don 
Garlos , don Pascual Yallejo , en la misma carta ya citada del 
17, publicada por Escóiquiz, le decían de esta manera: «El 
» dador de esta será el amigo don José Hervás , acreedor d 
n todo nuestro aprecio , no solo por sus circunstancias per- 
» señales y las de su padre , sino por lo mucho y bien que nos 
)» ha servido, trabajando estos dias con el mayor ahinco^a- 
nra vencer las grandes dificultades que hemos hallado aqui»n 
Pero, aun recomendado de esta suerte por los mismos confi- 
dentes de don Juan de Escóiquiz , desechó este sus avisos, 
pretestando que era un echadizo de don Eujenio Izquierdo 
partidario de los reyes padres, y grande amigo mío. Era ver- 



BEL PElNGIPB BE LA PAZ. 165 

los de Urquijo, los del duque de Mahon, y tantos 
otros que les dieron los que oían hablar á los fran- 
ceses alojados en sus c^sas, que sin ningún rebozo 
dejaban entender, como por mofa, la locura del viaje. 
Sobre esto calla , y solo dice , mencionando los nobles 
moyimientos del pueblo de Vitoria lo siguiente: "¿Y 
»qaé estrano es que, penetrados el rey y su consejo 
»de tantas y tan sólidas razones como tenian, des- 
^conocidas del público (1), para mirar como una lo- 
0cnra increible en el emperador el pensamiento solo 
»de mudar la dinastía de España, no atendiesen á 
))los clamores d^l pueblo leal de Vitoria , que, moyi- 
)>do de la desconfianza vaga contra una nación es- 
»tranjera, quiso oponerse. 4 su partida para Bayo- 
»na ?".... Y mas adelante (pajina 43) acaba de esta 
suerte: *'£1 rey y su consejo, segnu la idea que de- 
Dbian tener del emperador , y que entonces tenia to--. 



dad qae Izquierdo hahia rogado á Hervás que manifestase 
erectamente á quien pudiese , fuese al padre , fuese al hijo, 
los peligros qoe amagaban la corona: ¿mas quién podía dudar 
por esta causa que los avisos dados en pro{áo nombre de 
Hervás no fuesen verdaderos? 

(1) Estas razones que dice ^ desconocidas entonces del 
público, son las mismas que después él nos ha revelado, y 
las cuales, no sin peligro de cansar á mis lectores, dejo men- 
cionadas 7 juzgadas. Sin duda he sido largo en esto ; pero lo 
he sido porque temo que todavís^ eu España queden muchos, 
que no hayan juzgado á mis contrarios y enemigos. 



166 HEMOBIAS 

»do eí mundo ^ debían creer que, por ambicioso que 
))fiiese, no seria tan ciego que se arrojase á una lo- 
meara que, lejos de traerle el menor frato, preveían 
jDComo totalmente opuesta á sus intereses, etc." Con- 
tra lo cual Geballos, que escribió después dos folle- 
tos de Observaciones contra la Idea sencilla^ en el 
primero de estos (pajina 63) escribe de esta suerte: 
''¿A quién que hubiese TÍsto á Napoleón á la clarí- 
»dad de tan luminosas noticias que de él se tenían, 
»podia ofrecerse la idea de aconsejar el viaje á Ba- 
»yona? IVo se me objete la proclama dirijida á tran- 
yyquiiijsar el leal y advertido pueblo de J^itoria; el 
)y señor don Juan sabe que no fué obra mia^ y que 
)) estuve pasivo en ella** 

De esta manera aqaellos hombres sin temor de 
Dios ni de la patria, asi cual forajidos que bpscan 
un asilo en tierra estraña para lograr la impunidad 
de sus delitos, sacrificaron á Fernando, y travesa- 
ron el puente levadizo, que no debían pasar de nue- 
vo sino á la. vuelta de seis años para eclipsar la in- 
mensa gloria que en ausencia de ellos la España ha- 
bía adquirido, y derramar en ella, como las derra- 
maron , todas las plagas del abismo , aun no acaba- 
das de sufrirse. 



DBL PBlNCIPB DE LA PAZ. 167 



CAPÍTULO XXXIV. 



»«*»4 



Goaúnuacion de los sucesos hasta los lUtímos dias del mes 
de abril. — Ofi salida del castillo de Yillaviciosa j entrega 
que faé hecha de mi persona á los franceses , sin que hu- ' 
biese yo tenido parte alguna en la adopción de esta me- 
dida ni adquirido por ella mi libertad. — Comparación im- 
portante entre mi conducta política j la de mis enemi- 
gos. — Ocasión lamentable que estos dieron para que Bona- 
parte se afirmase en su designio de robar el trono de la 
España , entrando j poniéndose á merced suya en Bayo- 
na. — La resolución de Bonaparte , comunicada á Feman- 
do en la noche del dia 20, anterior, por tanto, á mi salida 
de la prisión en la madrugada del 21 y á mi llegada á Ba- 
yona cinco dias después. — Injusticia y mala fe de los que 
han escrito que fui yo mandado llevar á Bayona por Bona- 
parte para que le sirviese en su proyecto de arrancar la 
corona á los Borbones. — Mi situación en el campamento 
ñuincés á donde fui llevado el 21 — Una carta de Car- 
los IV recibida por mi en aquel mismo dia, — Mi llegada 
á Bayona el 26. — Mi posición y aislamiento en las inme- 
diaciones de aquella ciudad. — Estraña y funesta reserva 
que guardó la corte de Fernando no cuidándose de avisar 
á Garlos IV, ni directa ni indirectamente , de las circuns- 
tancias criticasen que su hijo se hallaba. — Mi llamada 
al palacio del emperador , y conversación que tuvo con- 
migo. — Dudas y desconfianzas que me quedaron de la sin- 
ceridad de sus protestaciones y promesas en favor de Car- 
los IV. — Observaciones sobre el empeño que con anterior 
rídad k estos acontecinúentos habia mostrado Murat de 



168 m£moriás 

restablecer ea el trono á Carlos FV. — Contestaciones y con- 
venio de Mnrat con la junta de gobierno sobre este nego- 
cio. — Soledad absoluta en que se hallaron los rejes padres 
en el É^orial bajo la influencia esclusiya de Murat.-^Par- 
tida de sus majestades para Bayona el 25. 



Misericordia fué de la divina Providencia en fa- 
vor mió que , mientras tales cosas sucedían , me ha- 
biese yo encontrado entre los cuatro muros donde 
mis enemigos me guardaban sin ningún contacto con 
el mundo. A haber yo estado libre, quizá también 
hubieran dicho que la emboscada en que cayeron 
fué obra mía, como después de la gran ruina que 
ocasionaron á Fernando, á la familia real entera y á 
la España , ellos ^ que habiran llamado á Bonaparte^ 
y le aguardaban impacientes y gozosos, me car- 
garon las resultas desastrosas de sus traiciones y 
atentados. Fernando y sus amigos habian entrado ya 
en Bayona , cuando los ruegos porfiados de los solos 
amigos inmudables que me quedaban en la tierra, 
los ruegos de mis reyes xiompieron mis prisiones. A 
ellos solos les debo la triste libertad bajo la cual, 
al menos, he podido defenderlos anchamente y es- 
cribir estas Memorias. Si hubieran sido obedecidos 
y acatados un mes antes, el rio que desbordaba hu- 
biera entrado en madre por la fuerza misma de las 
cosas ; INapoleotí hubiera hallado en posición inac- 
cesible á sus intrigas y á sus armas á un rey á quien, 
como él decia , mover la guerra hubiera sido un sa- 



DEL PBlNClPB BB LA PAZ. 169 

enlejió, y con el cual, en actitud independiente, no 
habrian valido sus intrigas. ¿Quién me dijera á mi 
un mes antes que en tan pocos dias serian llevados 
en reata por Sus propios pasos, indefensos, humil- 
des, suplicantes mis reyes y mis príncipes, y yo 
también con ellos misero proscripto de la patria, por- 
que intenté salvarlos y salvarla? ¿Y quién me hu- 
biera dicho c(tú serás testigo de tamaña ruina, j 
«habrás de figurar, mal que te pese, en t^an inmensa 
«desventura?» ¡Oh cara patria mia! ¿á quién la cul- 
pa de esto? ¿Al que advertido apenas tu peligro bus- 
có el modo de salvarte, ó á los que ya advertidos, y 
desoyendo los avisos mismos y clamores de los pue- 
blos, se pusieron y lo pusieron todo entre las ma- 
nos del que con el achaque de amistad y de alianza 
venia inundando con sus tropas el sagrado de tu sue- 
lo? Si ellos se disculparon llamándose engañados j 
lo fueron, si tan seguros se creían por sus promesas, 
no podrán alegar que las tuvieron sino por hablas 
clandestinas, criminales é indirectas sin ningún ca- 
rácter, sin ningún escrito, sin ningún tratado, sin 
ninguna fe jurada. Diversamente de esto, si Gar- 
los IV fué engañado, fuélo mediando pactos y con- 
venios solemnemente celebrados y ratificados por la 
ana y la otra parte, que no podían violarse sin des- 
truir abiertamente la fe de las naciones y hacer un 
retroceso de once siglos al tiempo de los bárbaros. 
Y este tratado, al fin de todo, tomando Garlos lY la 
posición independiente que yo le había trazado, hu- 



170 MEMORIAS 

biera sido el grande escollo donde se habría estre- 
llado la ambición de Bonaparte. Ellos hicieron yano 
aquel tratado destronando á su monarca, y ellos hi- 
cieron que él que pudo y quiso sostener la monar- 
quía en medio de sus pueblos, y al frente de su 
ejército , reconviniendo á Bonaparte de soberano i 
soberano, se viese reducido á mendigar su amparo y ^ 
á arrastrar sus pasos por la misma senda ignominio- 
sa que abrieron á su hijo. 

Dirán tal vez algunos que repito lo que he dicho 
muchas veces; mas yo diré también que mucho mas 
se ha repetido la vulgar calumnia de que yo fui cau- 
sa de los males que vinieron á mi patria. Fuena 
también me ha sido repetirlo llegado á referir la li- 
bertad que me fué dada de la prisión en que cai por 
un tumulto apalabrado, sin mas motivo ni protesto 
que haber querido eficazmente salvar mis reyes y mi 
patria, que ellos por el contrarío derrumbaron y pu- 
sieron al albedrio del estranjero ; y esto me queda 
de consuelo, que no fui por mis pies ni á elección 
mia, como ellos fueron, á Bayona (donde jamás, te- 
niendo libertad, yo hubiera ido), sino que fui lle- 
vado , y que si prisionero fui también de Bonaparte, 
no fué por culpa mia> sino por culpa de ellos. Se 
abríeron los cerrojos que una conjura me habia echa- 
do, tal vez salí de un gran peligro; mas sin tener 
yo parte alguáa en el suceso que me sacó de entre 
las manos de aquellos enemigos , sin haber rogado, 
sin haber pedido á nadie, y sin pedir á Dios tam- 



BEL PBlnCIPE DE LA PAZ. 171 

poco que me acordase cosa alguna que no me convi- 
niese. Estaba resignado á sus decretos., pronto i la 
Tida y á la muerte cual lo tuviesen ordenado, tran- 
qmla mi conciencia, cierto de haber servido i mis 
reyes y mi patria en cuanto habia podido y alcanza- 
do mi lealtad, en tiempos tan acerbos como fueron 
^ los años de mi mando, de que tan poca cuenta se ha 
tenido. ¡Pluguiese á Dios, pues mas no fué posible, 
que aun aquello solo que yo pude, ol^ patria mia, 
en beneficio tuyo, y que mi afán continuo habia lo- 
grado conservarte en reinos y en dominios y rique- 
zas, pudiera ahora juntarse á lo que tantos años te 
ha costado de ensangrentada lucha con mis enemi- 
gos que eran tuyos y no los conocias, y bajo cuya 
mano todo fué perdido! ¡ Cuánto pasó después de mi 
caida, y cuánto luego se ha sufrido por mas de trein- 
ta años, ninguna cosa fué obra mia; la fecha de tus 
males verdaderos ellos la comenzaron, y ellos son 
quien la alargan todavía ! 

No es necesario detenerme en referir lo que por 
tantos se ha contado sobre la resistencia porfiada que 
hicieron mis contrarios en cuanto á deshacerse de su 
victima. Los que tan prontos estuvieron para entre- 
gar la espada del rival de Garlos V (trofeo glorioso 
del gran siglo de la España)^ y al partir para Bayo- 
na marchaban decididos á ceder á Bonaparte nues- 
tras provincias fronterizas de la Francia , vale decir 
millón y medio de españoles, para obtener su bella 
gracia , estos no obstante le anduvieron con regates- 



172 MEMOBIAS 

cuanlo á entregarle mí persona que era ya poco tné- 
nos que la nada; pero les importaba en gran mane- 
ra, mientras hacían lesfuerzos para justificarse de sus 
crímenes, tenerme á mi en los hierros y ganar tiem- 
po hasta alcanzar, como esperaban, él reconocimien- 
to deseado que debía absolrer todas sus obras y ase- 
gurarlos en el mando, libres después para inmolar- 
me impunemente y completar su triunfo. £1 desen- 
gaño de sus yerros, tan fatales á la España, yíno 
pronto de su propio peso, ¡peso inmenso! ISo fué ya 
la cuestión que . ellos pensaban la que les fué puesta 
sobre sí hubiese sido ó no lejitima la abdicación . de 
Garlos lY, ni sobre las provincias que su adorado 
emperador podría pedirles para reconocer por rey 
de España al príncipe Fernando , sino redondamen* 
te , en neto , el trueque de la España y de sus Indias 
por el ducado de Toscana , no en forma de cuestión, 
sino como resuelta y ya sentada irreyocablemente la 
esclusíon de los Borbones del trono de la Espa- 
ña ^1)! Aquellos hombres obcecados que temían de 



(1) Don Juan Escóiqoiz , en su Idea sencilla^ capitulo 
IV, cuenta, la resolución tomada por Bonaparte y la primera 
noticia que tuvieron de ella, de esta suerte: «Llegado el rey 
» con toda su comitiva á Bayona al alojamiento que se le te- 
» nía preparado, d las diez de la mañana del dia 20 de abril 
M del año mencionado^ ya con la noticia funesta que sus co- 
» misionados en aquella ciudad, á cosa de dos leguas en el 
u territorio francés, le babian comunicado de que la verda- 



DEL PBÍMCIPB DB LA PA¿. 173 

mi no malograse la consamacion de sus proyectos si 
se me abrían las puertas qae con tanto empeño me 
tenían cerradas, riéronlos destruidos por sus propios 
pies y manos, poniéndose á merced del solo hombre 
de quien no temían y que era tan temible. Asi el 
mal, el grande mal irremediable, estaba hecho, y la 
feroz resolución de Bonaparte , confirmada irrevocar 
bletnente y declarada el 20 , antes que mí rastrillo 
hubiese sido abierto. En el capitulo anterior dejamos 
TÍslo que la primera tentación que turo Bonaparte 



« dfira intención del emperador era la de destronar d la casa 
nde Borbon en España^ recibió á poco rato la visita de aquel' * 
■ ' ^hombre pérfido, que duró poco, j en que do se trató» sino 
■ ;ide cumpliitiientos. » Infiere luego que en la misma tarde, 
después de pagada p<)Ír*lFernando la visita ^L emperadoi^ , en 
ia cual no se: trato tampoco sino de cu¿iipli^ento's , á él 
. (Escóiquiz) le ñateó á parte el emperador , con qmea tuvo la 
conferenciare refiere en el número tercero de documeij^s, 
j en la cual le declaró aquel su determinación de no tolerar 
que la dvnastta de los Bortones ocupase mas tiempo el trono 
de España , y le propuso el trueque de la corona de esta por 
la de Toscana. En el mismo capítulo, pajina 46^ refiere otra 
nueva conferencia tenida con el emperador el dia siguiente 
21, y cuenta de esta suerte : « Tuvimos por desgracia al dia 
nsigmente el dolor de oirle en la^ segunda conferencia á 
n que nos citó á Ceballos, san Garlos , Infantado y á mi^ que, 
• después de bien pensado ,* fiabia determinado irrevocable^ 
M mente la mutación de dinastía^ y nos propuso de nuevo la 
«iconq^nsacion de Etruría.» 
Bq la relación de estos mismos sucesos por don Pedro Ge- 



174 MBMOAIAS 

de sa alevosa fechuría fué un día después de haber 
sabido las novedades de Aranjuez y la mudanza del 
reinado; pudo después titubear en su proyecto fal- 
tándole las piezas necesarias para el difícil juego que 
intentaba : tenia Fernando detrás suyo el gran par- 
tido que en la nación le habian formado sus amigos» 
y puesto al frente de los pueblos y la tropa como rey 



ballos en su Manifiesto ó esposicion generalmente conocida, 
se encuentran los mismos funestos anuncios que cuenta Es- 
cóiquiz, hechos al rey Fernando en su camino á Bayona por 
los grandes de España que le habian precedido para saludar 
á Napoleón ; pero sin hacer mención de la conferencia que 
cuenta Escóiquiz haber tenido con el mismo emperador en la 
noche del 20, refiere Geballos que apenas vuelto Femando del 
convite que aqilél le habia tenido el mismo dia de su llegada, 
llegó el jeneral Savary para declararle qus el emperador 
habia resuelto irrevocablemente que no reinase mas en Es» 
paña la dinastía de los Borbones, y que la reemplazase la 
suya^ eocijiendo aquel que Femando en su propio nombre y 
de toda su familia, renunciase d la corona de España y de 
sus Indias en favor de la dinastía de Eonaparte, 

Así la nna como la otra de estas dos relaciones, aunqne m 
«stén del todo conformes en las circunstancias accesorias, lo 
están enteramente en el fondo cuanto al ponto de que el 
mismo dia (^0 de abril) de la llegada de Femando á Bayona 
^faese por medio de Escóiquiz, fuese por medio de Savaryi, é 
por el uno y por el otro) se verificó la declaración hecha , ó 
mandada hacer por Bonaparte , de sn resolución de cambiar 
la dinastía española. Esta fecha, como va á verse , es im- 
portante. 



DEL PBÍNGIPE DB LA PAZ. 175 

de España caya corona no sufría sobre la tierra va- 
sallaje alguno humano, Mapoleen habría tenido que 
entrar consigo en cuenta muy prolija antes de resol- 
verse á acometerle y empeñarse en una guerra de ro- 
manos que podía desbaratarle las ventajas , síempro 
inciertas y arriesgadas, que en el norte de la Euro- 
pa había logrado. La íncertidumbre de su espíritu, 
por propio testimonio de los amigos suyos que han 
contado estos sucesos, era muy grande antes de que 
Fernando hubiese ido á pretender y mendigarle la 
iavestidura de sus reinos (1); pero después que He- 



(1) I^ada praeba tanto esta verdad como los pasajes sl- 
gmentes de su carta al gran duque de Berg , fecha/ en 29 de 
marzo : « Le prínce des Asturies n*a aucune des qualités qui 
«sont nécessaires au chef d'une naúon; c^a n'empéchera 
«point que, pour nons Topposer, on en fasse un héros. Je ne 
«venx pas que Fon use de violence envers les personnages 
« de cette famille : il n'est jamáis utile de se rendre odieux 
«et d'enfiammer les haines. L*Espagnea plus de eent mille 
« hommes soas les armes ; c*est plus qu'il n*en faut pour son- 
«teñir avec avantage une guerre intérieure ; divises sur pin- 
«sieors points, ils peuvent servir de noyan au sonlévement 
« total de la monarchie.» 

Mas adelante, después de significar á Mnrat las dificultades 
que encontraba en declararse por Femando , y el débil lazo 
({ue, en su modo de pensar , sería una alianza de familia , le 
dice de esta suerte : « Je pense qu*il ne faut ríen précipiter, 

«QU*U.CONVI^NT DE PRBUBBB COIlSBILDBSJÍVtilfSMJBnS QUI VOUT Bul- 

«vu J'aviserai uhéríeurement au partí qui sera á pren- 

K dre ; en attendant, voici ce que je juge convenable de vous 



176 MEMOBIAS 

gó á yerle tan de cerca y á tenerle en poder soyo 
dio fin su oscilación, y entonces fné el creer qae 
cnanto imajinaba y deseaba era posible. Vistos los 
reyes desde lejos, en su altara, y puestos sus minis- 
tros por delante de ellos en los negocios diplomáti- 
cos, no pierden el prestijio que les da su dignidad y 
^1 poder de que son dueños; pero, llegados á abocar- 
se entre ellos mismos, desaparece al punto lo divi* 
no, queda tan solo el hombre, y la ventaja es del 
mas diestro, por lo común del mas astuto y mas ver* 
sado en estas pláticas. ¡ Qué inmensurable diferencia 
entre aquel hijo poderoso de la reyolucion francesa 
que meneaba el mundo entero, y nuestros principes 



» prescrire. Vous ne m'engagerez á une entrevue, eh xspag* 
»N£., avec Ferdinand, que si vous jugez la situación des 

u CUOSES TELLE QDE JE DOIVE LE EECONNAITBE C03I1CE BOI D*Es- 
» PA6NE,» etc. ^ 

He aquí, pues, Napoleón que estaba incierto de>la marcha 
que debia seguir cuanto á reconocer ó no reconocer por rej* 
al principe Fernando, y no desconocia que tal podia llegar á 
ser la situación , que le obligase á saludaile como rey de Es- 
paña. Si en vez de conducirle innoblemente hasta Bayona 
sus depravados cnanto ineptos consejeros , le hubieran coló- 
CBjdo y sostenido en la noble actitud que convQuia á nn rey 
de las Españas y á una nación celosa en tanto grado de sn 
honra, Napoleón, él mismo, habría venido, mal que le pesase, 
á celebrar las fiestas reales. En cuanto á Garlos lY habría 
bastado un poco de decoro y miramiento á sus caballos blan» 
eos que aqqellojs malos hombrea no le habian tenido. 



BBL PBÍI9CIPB DE LA PAZ. 177 

j reyes, si era llegado el caso de estrenarse y de 
medirse cara á cara con aqael coloso en armas y en 
política, no la política coman qne él no seguía, sino 
la suya á él solo! Uno de los motiros que yo tuve 
para ansiar tan vivamente la partida de los reyes y 
de la real familia^ lo interior del mediodía, fué mi 
temor de que, llegados á abocarse Garlos lY y el 
emperador de los franceses,; lo envolviese este y le 
arrancase las concesiones tan dañosas para España 
que buscaba ansiosamente , siendo mny fácil este 
triunfo á aquel dominio que ejercía con su locuela, 
no menos peligrosa que sus armas. Geballos mismo, 
d ¿nico que hizo algún esfuerzo para impedir la en- 
trada en Francia^ una de las razones que oponía era 
la insuficiencia de Fernando para poder haberlas y 
tenerse cuerpo á cuerpo con un hombre como Bona- 
parte j- bajo de su poder y sin aquel aliento que, á 
falta de otros dotes necesarios, podía darle la pre- 
sencia y el arrimo ppderoso de sus pueblos; á lo que 
Escóiquiz,. olvidado del ínteres supremo de su pa- 
tria , respondió sin sonrojarse, que mientras mas cui- 
tado y mas humilde le encontrase Bonaparte, mas 
propio y mas al caso le hallaría para poner en él su 
confianza, para adoptarle en su familia, y para ha 
cerse en él un aliado que nunca le faltase (1). 



\ 



(i) Por si acaso aigano repitiere todavía ú oyere decir 
á mis contrarios, que si faltaban á Fernando aquellas calida* 

12 



178 MEMOBIAS i 

Gonclasion de todo esto , qoe jo (ai quien acerta- 
ba y qnien serria i mis reyes y á la España limpia- 
mente, sin atender mis intereses ni los riesgos per- 
sonales de que me hallaba amenazado por mis furio- 
sos enemigos, cuando con tanto ahinco trabajaba pa« 
ra apartar mis reyes y mis principes del contacto y 
de la garra del emperador.de los franceses; que los 
amigos de Fernando, no solamente hicieron de. él 
un instrumento para dorar sus propias culpas de 
ellos, lo aren turaron en Bayona y pospusieron á los 
suyos los intereses de la patria , sino que fueron cau- 
sa de que el emperador se confírmase en sus proyec- 
tos y propósitos, y de que due$a de Fernando, de 
quien habia temido que pudiese hacerle frente le- 



des necesarias parababer podido hacerse respetar por el em- 
perador de los franceses, fué por falta ó culpa mia, le rogaré 
que lea, si no lo hubiere hecho todavía, el capitulo XI de la se 
gunda parte de estas ^emorta^ftoaioni^ donde se refieren los 
maestros que tuvo el principe de Asturias, y el empeño hasta 
cierto punto temerario que yo hice con Garlos IT para qne en 
lugar de precipitar el casamiento del principe , le hiciese sa 
majestad viajar por la Enn^a y tomar el baño que le era tan 
necesario de nuestro siglo. En aquel lugar , y en otros mas 
adelante, hice también mención de la calumnia que me vahó 
este celo que yo tomaba por la instrucción de Fernando , á 
qnien oús enemigos persuadieron que aqnel proyecto mió no 
habia sido sino un medio que habia yo escojitado para alejarle 
de la corte, debilitarle el cariño de su& padres, y buscar ca- 
mino y medios de usurparle la corona. 



DEL PRlKCIPB DE LA PAZ. 179 

rantando la nación en masa-; pusiese luego en obra 
lo poco que faltaba, qae era atraerse y engañar, i 
titulo de amigo j aliadlo, i un pobre lej caído, 
abandonado de sos subditos ^ incierto <de «a suerte, 
no acostumbrado á los trastornos > y con esceso te^ 
moroso de las revueltas de los pueblos. < 

De esta manera es visto y evidente i todaa luces, 
que lo )f ue en Bcñiapartey á los principíosy lántes de 
que Fernando cayeseentre sq& manos /W* fué sino 
un proyecto eventual al ver venir -de ios sucesos, 
cuando logrd tenerle en su poder, '4ie éoüvirtid en 
resolubion.ín^ocable puesta al instante en. obra, y 
que el mal, el grande mal y estaba beeho'-culrtÉdo sa-^ 
li,. no. á libertad,, sino á cambiar de «cárcel en Bayo* 
na bajo el poder de Bonaparte^ y á %urar en el des-^- 
tierro y en^lai raina de mis ireyes y mis príncipes, 
particifaaÉeMsnisaióprésáo» y en; sus desgracias, yo 
que tanto hábia ansiado y dado tanta prisa para lle- 
varlos y ponerlos tra&el muro inespugnable , donde 
en seisisñof de guerra oarni<;;era y ^rfiada' se estrób- 
ilo tedolfl podei éA grande imperiei^ Puestos tenia 
los tiros para la partida en iieinpo bábilv dispuestas 
ya las tropas que debian cubrir la retirada deis «real 
familia^ las u^as ya reunidas^ las otras en camino, 
las-, otara»., que después debian juntarse; el núcleo 
justamente qbe temia Napoleoii, coma decía á Mu- 
rat, que fuese muy bastante para alzar en masa el 
reino entero y eternizar la guerra; motivo, para mí 
glorioso, de la gran ruina en que me hundieron )os 



180 , HEMOBIAS 

N 

que buscajTOu en Bayona la grandeza, el esplendor 
y el lastre del trono de Pelayo. Callen , paes, ten- 
gan pudor, los qoe dijeron que fui yo conducido pa- 
ra servir i Bonaparte en las renuncias que arrancó 
en Bayona,. Uno de aquellos hombres . conrómpides 
que el emperador lie ró consigo fawz servirle en 4us 
intrigasi y maldades, pájaro- de reclamo puesto di Es- 
cóíquÍK pa^.inovede á persnadir al rey Fer^ando^l 
trueque de* Ja. España por la Etruria^como eucSíecto 
trabajé pot persuadírselo, este hombre mismo, 'el 
santo ¡obispo de Poitiers qne entonces era ^ jupie 
de^poBS ,.' pagado con' dinero , me ha oalomniadoftaiy ^ 
to en Bm$\i/tíeAumas sobre la revolución de' España 
(Dios le hajKa perdonado), M; Pradt, se esplica 5I 
cuenta pomo sigue: '/Unidia qne me permitió hacer* 
.jt>le algunas; observaciones (Ü íNapoIebn) sobre* la 
j» naturaleza del empeño qné traía 'entre «lam^s*^ si^ 
i> lúe; dijo i reconozco que lo que estay haciendo np 
üiiesibieii bocho; pero dedárenme. la ^errj^;» y'co-c 
Dinoyole eOoitiestaseí qne no .eraidoiia^eararsé una 
ji> declaracíofi de guerra por pdrsenasiitrakplantadás 
ttiueca de sii= territorio y privadas dé libertad, «y 
'» ¿para qué bán .venido, replicó, jentes sin esperien- 
ncia, que se han metido aquí sin pasaportes? No es 
» difícil concebir cuanto juzgo necesaria esta empre- 
»sa, pues que,. teniendo como tengo tanta falta de 
)> marina,. va esto á coslarme los seis navios que es- 
»tán en Cádiz.» Otras veces decía: «Si yo pensara 
«que esto me podría costar ochenta mil hombres, no 



DEL PBlirCIPfi DB LA PAZ. 181 

»lo hariá; pero es negocio cuaado mas de doce mil, 
»iiii juega de raochachos.' Esas jentes no saben to- 
9 dayia lo que es la tropa francesa; lo mismo eran los 
^pnisianos, y á la vista está lo qneha pasado. Crea-* 
» me y. cpie esto irá \ít¿. Yo no quisiera hacer mal 
ȇ nadie; pero^ una vez lanzado mi gran carro 
»politico^ es preciso que pase^ y ¡desgraciado del 
"9 que se atraviese en^e las ruedas!» Gomo esto 
fué, añade M. Pradt, el fondo de su conversación du- 
rante muchos dias, etc. (1). 

Siendo 9 pues, tal como aquí cuenta este testigo 
presencial y nada amigo mió, la disposición tan ar- 
rojada, tan decidida y tan resuelta en que se halla- 
ba Bonaparte, ¿quién dirá que mas tarde pudo aña- 
dir alguna cosa mi presencia á sus resoluciones en 
daño de Fernando?^ ó ¿quién dirá cuanto á mis re- 
yes, que habiendo yo podido^ y mas que el carro 
furibundo ya lanzado n|e hubiera hecho pedazos, no 
habría yo sacrificado mil vidas que teñido hubiese 
por libertarlos y sacários. de la ruina. que les habian 
causado, y en que ellos mismos se habian puesto los 
que tomaron^ su corona para ir luego á avasallarla y 
enfeudarla a| enemigo natural de ilosBorbones? Pe- 
ro de cuantos fueron á Sayona no hubo nadie que 
se hallase en situación tan nula y tan precaria como 



(1) IHenwifés hiSforiqúés "sur, la ^Wólution á*Espnfjne<i 



182 ' MEHOBIAS 

aquella en qiue yo estaba , sin tener en derredor apo- 
jo alguno humano^ desalumbradoi enteramente de 
las cosas qne pasaban , echado en medio de aquel 
lago sin salida donde mis enemigos se embarcaron 
j embarcaron los destinos de la España , roto el ti- 
món en manos de ellos, y en poder todos del corsa- 
rio, los que habian ido de su grado» y los que por la 
fuerza é'> por la astucia fueron llevados á remolque 
sobre aquel aguaje. ¿Quién podrá baberdesano jai* 
cío que me haga cargo, ni aun por sombra, del jen&- 
ral naufrajio padecido? ¡Oh! mi interés, á mas del 
de mi patria (cualquiera puede concebirlo),, no era 
que Garlos IV , mi grande bienhechor , el solo ami- 
go verdadero que en el mundo me quedara, de quien 
estaba cierto que no me hubiera abandonado en mi 
desgracia, y que la hubiera reparado á haber podido^ 
renunciara su corona para Tivir en el destierro bajo 
el poder y albedrio defonaparte. No, por I>ios, no 
estaba en esto mi interés , ni n^da de esto se encon- 
traba en los antecedentes de mi vida . á contar des- 
de el dia misnio en que estrené mi mando haciendo 
desTÍTÍdo cuanto en arbitrio humano estuYO i mis 
alcances y nadie hizo en la Europa, por salvar la 
vida áéí jefe de la casa de mis reyes, hasta el dia en 
que, después de haber bregado quince años con feliz 
suceso por librarlos y librar mi patria del jeneral 
incendio y destrucción que lloraban tantos pueblos 
y monarcas, por haber yo querido firmemente poner 
muros y defensas contra el gran devastador que, ho- 



JD£L PBÍNCIPE D£ LA PAZ. 183 

liando los tratados^ Tenia á acabar con los Borbones 
y i uncirlos á sn carro ^ perdi á manos de traidores, 
amigos é instrumentos de aquel hombre torticero, 
cuanto puede perderse en este mundo, sin quedarme 
otra cosa, por milagro, que la vida, para llorar á un 
mismo tiempo mi desastre, y los desastres de mi 
patria. 

Dirán algunos que declamo á cada instante y que 
piso esta cnerda dolorosa de continuo; pero cualquie- 
ra en igual caso baria lo mismo; son las postreras 
Toces que le quedan á un anciano tan duramente 
maltratado, tan gravemente herido. Vuelvo á seguir 
la triste serie de estos sucesos postrimeros. 

De prisionero en propia tierra, cual lo era el 20 
por la noche todavía, cambiadas mis cadenas, al des- 
puntar del alba el 21, baíleme prisionero de laFran* 
cia y trasladado al campamento del jeneral Govet, 
en donde abrí mis ojos á la lúa del cielo, como un 
muerto que, salido del sepulcro se encontraría en un 
mundo nuevo: sin conocer á nadie, sin ninguno de 
los suyos, y entre jen te estraña armada, como una 
especie de visión del Aríosto." ¿Quién reina?" pre- 
guntaba: los unos me decían que Garlos IV, otros, 
que el principe de Asturias; algunos, que el empe- 
rador de los franceses; y algún otro mas sincero res- 
pondía que no reinaba nadie. Del principe Fernan- 
do me dijeron , que había salido once días antes, que 
estaba ya en Vitoria, y que probablemente seguiría 
á Bayona donde el emperador había llegado hacía ya 



184 MBMOBIAS 

cinco días: cuanto á los reyes padres, me añadieron 
qne corría la yoz de que sus majestades irian también 
á Terse y entenderse con su amigo y aliado; y en 
cuanto á mi, me respondieron que el emperador, á 
quien Fernando habia hecho dueño de mi suerte, ha- 
bia mandado me llegasen á i^ayona. Era mas de me- 
diada la mañana cuando un comisionado de la jau- 
ta de gobierno, y secretarío que fué mió, á quien 
yo amaba mucho, de apellido San Miguel (del nom- 
"bre no me acuerdo)^ yino á traerme alguna ropa y 
un socorro de dinero, si no me engaña mi memoria 
cien mil reales. Por él supe que mis bienes y cuan- 
to yo tenia se hallaba secuestrado. Por lo tocante á 
novedades, la misma incertidumbre que habia en el 
campamento sobre la suerte de la España me dijo 
que reinaba en todas partes, si. bien las voces que 
corrian y las noticias que enviaban los viajeros de la 
nueva corte eran muy favorables á Fernando. Con- 
tóme los estragos y persecuciones que sufrían y ha* 
bian sufrido mis amigos , y se ofreció á seguirme 
donde quiera que los destinos me llevasen. Doy este 
testimonio á su amistad tan noble como rara en aquel 
tiempo de peli^Qs y asechanzas. 

Mas tarde atravesó á lo lejos el jeneral Murat, y 
sin bajar á verme, dejó y mandó que me entregasen 
una carta que para mi traía de Garlos lY. Venia es- 
ta carta abierta como S. M. se la habia dado sin que- 
rer cerrarla, y sii tenor era á la letra como sigue: 

"Incomparable amigo Manuel: ¡cuánto hemos pa- 



DEL PBllfCIFB BB LA PAZ. 185 

ixdecido estos días yicndote sacrificado por esos im- 
Dpios por ser nuestro único amigo! Mo hemos cesado 
»de importunar al gran dnqne y al emperador, qne 
»son los que nos han sacado á ti y á nosotros. Ma* 
Ȗana emprenderemos nnestro viaje al encuentro del 
»emperado]c(l)9 7 silli acabaremos todo cuanto me- 
»jor podamos para ti, y que nos deje vivir juntos 
^hasta la muerte ^ pues nosotros siempre seremos^ 
»siempre, tus invariables amigos, y nos sacrificare- 
»mos por ti como tú te has sacrificado por nosotros.-^ 
» Carlos." 

To sé bien que habrá no pocos todavía que cen- 
suren y condenen esta amistad de rey tan poco usa- 
da, tan rara en las historias; si bien , no muchos años 
antes, Garlos III, con mejor suceso que su hijo , sal- 
vó también de un gran peligro, en medio de un tu- 
multo furibundo, á otro ministro suyo á quien ama-» 
ba con estremo : tal vez habrá tai^bien alguno que 
tache de jactancia la publicación que hago de esta 
carta; no ha sido tal mi intento, ni yo la publicara 
si su contesto, en todo semejante á la corresponden- 
cia , tan sabida y conocida ^ que los reyes padres si- 
guieron con Murat, no confirmase plenamente lo que 
en el capitulo anterior dejé sentado con harta pena 
mia, es á saber, el inocente error que cometieron en 
no haberse mostrado codiciosos de tomar de nuevo 



(1) Sas majesUdes no pudiei'oii luego partir hasta el 25 



186 MEMOfilAS 

la corona , y en dejar ver aquella propensión en que 
se hallaban de bascar su paz y de evitar conflictos 
nuevos. La soledad y la tiniebla en que se veían, la 
incertidumbre de su suerte, aquel estado de abando- 
no en que se bailaron sin declararse nadie en favor 
suyo, y la actitud violenta y aterrante que ofrecian 
los pueblos, son una grande disculpa de aquel apo- 
camiento de su espíritu y del error que padecieron; 
error, como ya dije, que abrió á IXapoleon un me- 
dio mas y una esperanza mas segura de ganar sa 
inicuo juego, siendo, como lo ha sido en todo tiem- 
po, muy mas fácil sorprender la buena fe del inocen- 
te, y burlar la confianza del que no sospecha. Y he 
aquí toda la luz sobre el estado de las cosas con que 
partí del campamento aquella noche, vale decir, sin 
otra luz por parte de mis reyes que la de aquella 
carta ; de la cual era muy fácil deducir que sus ma- 
jestades no aspiraban á otra cosa que al retiro (1). 



(1) Es de advertir en este lugar que, aunque el dia 17 de 
abril fué entregada por Murat al infante don Antonio una car- 
ta de Garlos IV en que le declaraba que su abdicación haMa 
sido forzada y que era su voluntad volver á tomar las rien- 
das del gobierno, fué convenido entre el gran duque de Berg 
y la Junta, presidida por el infante , que aquel documento 
quedaría bajo un inviolable secreto todo el tiempo que tarda- 
ría sn majestad en trasladarse á Bayona, sin que entretanto 
practicase ningún acto en calidad de soberano. ISadie sabia 
por tanto cosa algmia de esta grave ocurrencia sino los que 



, DBL PBtNCIPE BB Lk PAZ. 187 

Ajsí lo concebí, y asi llegué á ]a quintil donde me 
alojaron en las inmediacionea de Bayona sin te- 
ner mas naeyas, y sin haber oido sino palabras suel- 
tas y embebidas de los que me escoltaban, bastantes 
sin einbargo para temer y presentir un grande au- 
mento en las siniestras intenciones del emperador 
de los franceses. Mi respuesta á Garlos lY fué de 
gracias solamente sLa mezclar en ella especie alguna 
de política, entiándosela abierta como la suya habia 
Tenido. 

Mo olvidaré jamas el dia^ dia 26 de abril, en que 
llegué á aquel campo de Bayona, tan distante y tan 
diverso del que un ines antes, poco maS;» tenia yo 
preparado para salud de nuestros principes. La os-* 
curidad de la prisión de donde habia salido no me 
causó' tanta congoja como aquel sol de primavera tan 
radiante que bañaba los horizontes estranjeros, don- 
de tenia de decidirse sin defensa alguna nuestra , ba- 
jo un poder el mas violento y mas desaforado de la 
tierra, la suerte de mi patria; no que yo recelase has- 
ta qué estremo llegaría la audacia y la perfidia de 
aquel hombre sin consejo y dementado por la gloria 



estaban en el secreto, razón por la cual no es estraño que mi 
secretario San SEguel, que no podia saberlo , no me hubiese 
hablado de ella. 

De esta carta de Garlos IV á su hermano hablaré en lu lu- 
gar; mas adelante. 



188 MEMOAIAS 

que nos tenia la acción ganada; mas yo^ no ría salida 
ni transacción política posible, ni con el rey, ni con 
su hijo, que no hubiese de costamos inmenso» sacri- 
ficios. ISo habia á quien preguntar ni á quien poder 
fiarse , sujeto todo como estaba á la redonda á uaa 
serera policía , mi alojamiento rodeado de una guar- 
dia, de honor en la apariencia y en el nombre, mas, 
sin poder dudarse, de obserracion también y vijilan^^ 
cia , con mas los individuos destinados á mi ser- 
TÍcio y asistencia, que, á fuerza de atenciones ofi- 
ciosas é importunas que me prodigaban, parecían 
guardarme á yista. ¡Oh! si Geballos, cuando llegué 
á Bayona, teniendo en mas su patria que los renco- 
res del partido á que se habia votado , me hubiera 
dado aviso, como pudo, délo que pasaba (1), y vien- 
do ya perdida la esperanza de salvar el cetro en ma- 
nos de Fernando, hubiera vuelto en si para buscar el 
modo de salvarlo en manos de su padrie, no hubiera 
sido fácil que á Garlos lY lo engañara Bonaparte, ni 
que lo hubiera entretenido tan alevosamente con pro-* 

(1) El mismo dia de mi llegada por la tarde , vinieron 
jnntos á verme el duque do Frias y el conde de Fuentes ; pero 
ni una sola palabra me hablaron de política, ni yo me atreví 
á preipintarles , notando su reserva , no fuera que pensasen 
que yo quería esplorarlos. Esta ocasión y otras muchas, á 
haber querido Geballos, pudiera haberlas aprovechado para 
poner de acnerdo las dos cortes , y que ni Garlos IV ni yo 
nos hubiéramos hallado á ciegas de las pretensiones que el 
emperador habia ajitado y ajitaba con Fernando. 




DEL PRllfCIPB DB LA PAZ. 189 

mesas y protestas de Tolrerle al trono hasta la hora 
y el moaiento éú que ofuscando 9ü razón logró ^ar*^ 
ra;ncarle, de sorpresa j de repente , la corona. Mas 
RO ffiéasi>j»o ló quisieron, y quizás ni aun lo pen- 
sarout La ceguedad de aquellos hombres llegó ha$ta 
elr.pilntó de creer que en sus enormes pretensiones 
o'Q itttebtaba; Bona^^arté sino trabajarlos y molerlos 
para sacar uii)bueii/pdrtidt) de;Fenlando. Este es ún 
kecho teferido páladináirientef por él mis^ino Escói*? 
qniz'éxi stBlelea senrílla (pajina 49) en donde! nanra 
detesHa suerte: :VSériíaf/;dice, itiútil entre jtener al lec^ 
»tor: coú^tod^s las ideas injeniosas^jestrañs^ ó. trina- 
rles, con t^das las. disputas y cuestiones que ocurríe- 
»Eon eq una colección tan numerosa de yotantes (1)4 
»pere lo detito res quejas razones,qneprobabfo.;¿aan 
ji^eiyudical eraipara la Francii^ yipajva el emperador 
fttnisniQ^ el prdyectode destronaría Fdi»^«diO(^ pdter 
))cieran á todos' tan fuertes^ 'que,;|Ci$ipíi aAteripriQejiíite 
4o he insinuado, :/«( mayorparter^.^.ientr'et. etios-el 
dmim^tro ds estpftío Caballos i. Labrador / ^aHe^Qk 
^OríM^y Bardaji^ no soló se li^mjmron, shíaqu^ 
niseobstiffiarofi con tal empeño sn SQSt&Kkerque el en^ 
»peradofno podia pensar yjii pensaba seríamení^ 
»en destronar á Femando^ que cuanto hacia no t^ 
ünia.otro objeto que el de sacar el mejor partida 



i. . 



(1) Habla aqül del' consejo que formó Fernando de todas 
las personal mas distingüádas de su comitiva. 



190 MEMOBIAS 

nposibíe de él, y que si se le paraba firme ^ no solo 
)mo exijiría las provincias 4e la orilla izquierdadel 
nEbro, sino aun la Navarra, contentándose á lo 
yernas con alguna de nuestras coloniaSj<[ae aun á loft 
»qae estábamos ya mas desengañados j mas remotos 
»de 4;an agradables esperanzas, nos hicieron titubear. 
dEI efecto de este sueño, hijo del celo y de larectí^ 
}ytud del juicio, fnó el pasar en TÍTas contestaciones 
Dcon el emperador y sns ministros los pobos dias qne 
«mediaron basta la venida de los reyes padresw En la 
«noche qne precedió á su llegada , llamado por el em-* 
Aperador^ me encargó dijese al rey qne todo ttato 
«con él estaba ya concluido, y que en adietante solo 
«trataría con su padre, noticia qué disipó enteramen- 
«te la ilusión de aquellos buenos españoles,'^ ect. 

Aun era tiempa todavía cuando saílieron de esté en- 
gaño para hab^ avisado y prevenido' á Garlos lY 
contra' los 'die^ignios que Napoleón habia mostráído. 
La historia! ofrece casos á millares de enemigos je- 
nerosos ó prudentes que han sabido reunirse ame- 
nazados de un comün peligro, y se han reconciliado, 
ó puesto al menos treguar á sus enojos y á sus pré-^ 
tensiones encontradas, mientras duraba, aquel peligttK 
T^o eran ya las personas, sino la cosa líiisma disputa- 
da ó disputable lo que corria mas riesgo; nada im- 
portaba en tal apuro quien fuese en fin de cuentas el 
qne llevase la corona, «ino que la dinastía Borbóni- 
ca no fuese despojada. Cuanto pasó en Bayona raya 
en lo increíble , y una de tantas cosas increíbles (eñ 



DEL PBÍIfCIPB DB LA PAZ. 19! 

^e niiiguiio^ que yo sepa , se ha parado) fué que en-^ 
tre las personas qae formaban la numerosa comitiva 
de Fernando, no hubiese habido nadie que practica*^ 
se éstos oficios para alumbrar á Garlos IV en tiempo 
hábil, y promover y concertar el interés común de 
padre é hijo poniéndoles de acuerdo, no solo por setw 
tirios, siné por servir la patria en cuyo amor debian 
ahogarse 7 estin^irse todas las quejas y rencUIas 4e 
una y otra parte. Mas ks pasiones dominaron de tal 
modo á los amigos de FerñanáfO, y tanta fué la ce*^ 
guedad de aquellos hombres, que á Bonaparte le4e^ 
jaron proseguir á su perfecta anchura sus planes ma* 
quíayélicos, abandonando á su fortuna, buena 6 ma- 
la, á aqudi anciano desapercibido del peligro quecbr'* 
riá y que ellos solos conocían. Yo me encontraba tan 
distante ni aun de sospechar lo que pasab;aí:, quieren 
mi manera de jus^gar, era Femando el que gavaba 
la partida, si bien Mapoleen; (Jueriendo hacer alarde 
de imparcialidad y limpieza en los sucesos ocurriáos, 
fé habría tal vez prepuesto que en presencia siyá, y 
bajo formas regulares, proporcionado á Garlos lY un 
buen retiro honoroso, á su contento ^ ratificase sp re^r 

fiunciat. 

De esta manera de pensar me hallaba yo, cuando 
al siguiente dia por la mañana paró en mi puerta un 
coche del emperador para que f uese á verle: partí, 
y encomendéme i Dios y le pedí que me alumbrase^ 
Napoleón me recibió de buen semblante , y parecien- 
do condolerse al ver mi herida de la frente íio bien 




192 HlBlíOBIAS 

cicatrizada todavía , hizo nna esclamacion diciendo: 
'*{Eso es croel y es un nkraje, aun masque á Y., 
«al soberano á quien serria!" Después con tono afa- 
ble; prosiguió diciendo: "En Én ya está Y. libre y 
»habrá Y. visto que yo no era su enemigo: una de 
«las ofensas que me ha hecho ese partido de vuestro 
oprincipe de Asturias ha ^do haber pensado que yo 
»podria alegrarme de la conducta que ha tenido con* 
btira él ministro de un monarca tan. digno dejrespe* 
i)to, i t9n querido .mío. Ko es esto disculpar á Y« de 
«haber mostrado tan poca confianza en mis designios. 
» Sabia mejor que nadie los peligros de que eftaba y. 
«cercado en unajcócté socavada por las intrigas deJUn 
»glatenra,y había querido libertarle de. ^Uos formáiaidQ* 
lile un estado independiente, y haciendo nosirvie^e por 
«mastiempo-d/aipretestoá los n^anejos que traían los re- 
«.voitosos para precipitan á darlos lY. JXo quiero yo 
fthflijir i Y'.;' pero te digo en buena paz que me ha he« 
jich^'muy mal juego' esa aprehensión de que Y. ha 
]>ad«^ido en todo tiempo sobre mi política. ¡;0h! mi 
«política erá:grande, muy favorable para España; yo 
«no podía decirlo todo, y había llegado á persuadir- 
«me de que Y. tendria mas confianza, constítuyénr 
«dome garante, cual lo hice, de los estados y domi- 
onios de la monarquía e$pañola. Dirá Y. que después 
«de esto he pretendido la agregación de tres provin- 
«cias al imperio; pero yo daba a YY. seis, con el au- 
«mento de casi dos millones de habitantes, con una 
«capital como Lisboa; el Miño, el Duero, el Tajo y 



BEL PBlllGIPB DE LA PAZ. 193 

»el Guadiana enteros por la medianería del Ebro 
«solamente 9 y el litoral completo del Océano por el 
»solo golfo de Gascuña. ¡De cuánta gloria hubiera 
»sido para Y. ponerse de mi parte, en yez de haber 
aquerido hacerme guerra, y de haber dado á sus con- 
tttrarios la ocasión que no tenian ni habrían tenido 
))de perderle!" 

" — Señor, le respondí, después de dar las gra- 
»cias á y. M. I. y R. por la bondad que se ha dig- 
))nadonsar conmigo f sin que esas quejas que tenia 
»de mí se lo hayan estorbado; tanto por el respeto, 
))Como por la gratitud que debo á su augusta perso- 
na , le ruego que me oiga y me permita derramar 
» mi corazón en su presencia : mi regla ha sido siem- 
»pre la verdad, y en la ocasión presente debe serlo 
»mas que nunca. La alianza con la Francia en inte- 
» res recíproco ha sido siempre mi sistema , no solo 
»por afecto, sino también por conyiccion de que, 
»bien correspondida y observada de ambas partes, 
» preservaría á mi patria, como hasta de presente ha 
»sido visto, de los males y destrozos que han sufri- 
» do tantos pueblos. La conservación del trono en la 
» familia augusta que lo ocupa, y la de sus estados 
»de dos mundos, ha sido solo, y no era poca en 
» tiempos tales como los presentes, toda la ambición 
o de mi política. Esta segunda parte era el empeño 
}) grando y la idea ñja que dominaba á Garlos IV, 
»co;iservar y mantener la España entera como la 
» había tenido de su padre. Era mi rey, le merecía 

13 



194 BEMORIAS 

»sa entera confianza, j 70 debía llenarla á lodo 
» precio sin aventurar ninguna empresa, ninguna 
» transacción , ningún concierto que pudiese defran-* 
» darla. Señor, la integridad de España» la reunión 
i) de todas sus provincias bajo un solo soberano, y el 
» ser que tiene de nación , habia costado muchos si- 
»g1osde discordias y guerras intestinas; volver 4 
» verla desmembrada, quitar el nombre de españo- 
))les á los que tanto se gloriaban de llevarlo, hacer 
)) un trueque de vasallos ñeles y leales por un pue- 
))blo que al contrario detestaba nuestro nombre y 
)) nuestro yugo, era pedir i Carlos IV que se arran- 
n case las entrañas. El sentimiento nacional y la leal- 
9 tad de mi conciencia me inspiraban de igual modo, 
» sin ser dueño de pensar de otra manera ; y Y. M. 
1) podrá creer que no habrá un español en todo el 
» reino que piense de otra suerte " 

" — Se engaña V., me replicó Napoleón inter- 
))rumpiéndome; si yo quisiera, me bastaría tan solo 
» una sonrisa de favor al príncipe de Asturias para 
» reunir esas provincias á mi imperio, y sin volver 
i) por ellas nada." 

" — ^Yo lo concibo fácilmente, proseguí; mas V. BL 
I) comprenderá con su alto juicio que esa disposición 
» accidental, de mera circunstancia, no infirma la 
«verdad de lo que voy diciendo; y con arreglo á 
» ella, mi consejo al rey " 

Napoleón me interrumpió segunda vez con su vi- 
veza natural, y sin dejarme tiempo de acabar mi fra- 



DEL PRINCIPE DE LA PAZ. 195 

se, la acabó él mismo de esta suerte: ''Quiero qui- 
Dtar á V. la pena de decirlo: su consejo de V. fué 
» hacer una cuestión de paz 6 guerra de la conserra- 
»cion de esas provincias, y resol feria puesto en 
» armas." 

" — Cuestión de guerra, respondí, no hubiera 
»sido nunca por su parte, persuadido como estaba 
» Garlos lY, y yo igualmente, de que en el alma 
» grande y jenerosa de V. M. no podia caber hacér- 
»sela; y mucho menos era su intención ni mi con- 
»sejo provocarla , sino tratar y discutir en plena 
»Ubertad, cual conrenia á su dignidad y á la razón 
»de estado, tan graves intereses, y disipar las dudas 
»que y. M., mal informado, podria tener de su po- 
»litica, como también las propias suyas por las es- 
))pecies y las voces tan siniestras y alarmantes 
» que la perfidia derramaba en todas partes para afli- 
»jir y hundir su espíritu. La guerra hubiera sido 
»una calamidad para la España, y un grande es- 
» cándalo á la Europa; S. M. quería evitar estos dos 
» males, y entenderse dignamente con su antiguo 
)) amigo y aliado como los soberanos deben enten- 
» derse en tales casos. Sabia yo , en medio de esto, 
» que era yo el gran pretesto y la palabra convenida 
»de los que conspiraban, y quise retirarme muchas 
» veces, y le indiqué á S. M. personas fieles á quien 
D podia prestar su confianza ; mas nunca pude conse- 
» gnirlo; Y. M. podrá saberlo de su propia boca. £q 
» cuanto á los Algarbes yo había pedido al rey los 



1^6 MEMOKIAS 

» aceptase para uno de sus hijos; no porque fuese yo 
» capaz de tener en poca estima la situación tan yen- 

))tajosa que Y. M. se dignó hacerme, sino por el te- 

• 

» mor de que dijesen en mi patria que un don de tal 
» cuantía podria ser precio de servicios indebidos ó 
» culpables. Yo no ignoraba mi peligro, el cual crecia 
»por dias y por instantes, tanto mayor, cnanto los 
» conjurados suponían y hacían creer que estaban 
» altamente protejidos; pero S. M. me retenia con el 
» mayor empeño , y mí deber era servirle y defen- 
)) derlo. Mi vida, mí fortuna, el ser de hombre, todo 
>i lo había votado á un rey que con tan grande amor 
»me había adoptado en su familia; y aun sin contar 
Dtan grandes beneficios que me ha hecho, por él 
» hubiera dado y daría siempre hasta la postrer gota 
»de mi sangre. Si hubiera sido yo francés, y Y. M. 
)>me hubiera honrado y admitido en su servicio, hu- 
» hiera hallado en mi la misma devoción que tengo á 
» Garlos lY. Y. M., señor, tan alto apreciador y 
» tan buen juez de los hombres públicos, me hubiera 
» despreciado y reprobado si hubiese yo tenido otra 
» conducta.'* 

" — Yo le hago á Y. justicia, me contestó el em- 
»perador,en cuanto á su lealtad á Garlos lY; yo 
» también quiero que sea ciega y absoluta en las per- 
Asonas que me sirven; pero no puedo perdonarle 

Duna gran falta, la de no haberme comprendido 

» ¡Fatalidad! yo envié á Beauhamaís, que, en vez de 
«practicar mis instrucciones, se volvió un hombre 



DEL PBÍNGIPE DE LA PAZ. 197 

»de partido ¡jamas! ¡jamas! tenga Y. cueota, 

» volveré á emplearlo me ha faltado quien espli- 

»qae j quien orille en vuestra corte mis intencio- 
«nes y proyectos. Pero, á pesar de todo, yo no re- 
Anuncio á ellos, yo hablaré con Garlos lY; .mi in- 
» tención es sostenerle y hacer venir personas que 
»nos ayuden á entendernos y á marchar en dere- 
j> chura á los destinos tan gloriosos que yo prepara- 

»>ba á vuestra patria y Y. también es menester 

nqvLQ vuelva á España, á ese pais que es tan difícil 
A» de comprender y gobernar, y qne Y. ha preserva- 
» do de tropiezos y vaivenes en los dias malos de la 
» Europa," 

'' — ¡Oh! cuanto á mí, repuse, Dios me libre; yo 
» he concluido mi carrera ; el que después de haber 
«sufrido ya un naufrajio volvería á embarcarse, no 
Dtendria razón para quejarse de ÜXeptunó si pade- 
Dciese otro desastre. Un puerto si lo hallo, y no 
» estar mas al blanco de las intrigas y calumnias de 
«mis enemigos interiores y esteriores, es todo á 
«cuanto aspiro/' 

" — Sobre eso ya veremos, prosiguió el empera- 
«dor; su rey de Y. llegará pronto: ¿qué piensa 
«Y.? ¿se encontrará bastante firme para empuñar 
)) de nuevo el cetro?" 

" — Señor, le contesté, no me es posible adivinar 
» de que manera se hallará su espíritu después de los 
«sucesos tan terribles que han mediado. De una tan 
«sola cosa me es dable responder, qne es, de su 



198 HEMOBIAS 

D amor inalterable para con los pueblos que Dios le 
))ba confiado, j que este amor es superior al de si 
» mismo en todas cosas , como lo tiene bien probado 
Den su sistcma|de política de que la Francia es buen 
«testigo^ y cual la España^ tanto tiempo libre de 
»las calamidades de otros pueblos^ lo ha tocado. 
jdEsfe amor esencial que lo domina y en que tiene 
» tanta parte la rectitud de su conciencia, me hace 
» pensar que si S. M. comprende que el bien de Es- 
»paña lo requiere, tomará de nuevo la corona; y, 
»mas que sea de espinas, sabrá llevarla, sin dolerse, 
» noble j dignamente; pero que si colije que la 
» tranquilidad y el interés del reino piden que su 
j»hijo consérvela corona, no opondrá ningún impe- 
» dimento." 

" — Acerca de eso, replicó Napoleón,, yo seré 
» quien le oponga; jamas el que ha invadido los dq- 
» rechos y el respeto de su padre y soberano encon- 
» trará lugar en mi familia , ni tendrá el cetro por 
»mi voto; seria muy mal ejemplo: ¿pues, qué, no 
n hay mas sino que una gabilla de traidores se en- 
» tre una noche en mi aposento para obligarme á que 
o renuncie y apoderarse del estado? El príncipe de 
» Asturias se ha hecho indigno de ser rey." 

'* — Pero, señor, le dije, la falta de esperiencia 
Jila sujestion continua que ha sufrido largo tiempo 
dIo disculpan. No solo no le miro como causa de lo 
»que ha pasado, mas ni aun ^omo instrumento; el 
j» principe no ha sido, como yo, sino un pretesto con 



DEL PRllIClPE DB LA PAZ. 199 

»qae sus seductores han cubierto la ambición que 
iílos moría." 

*' — Diga V. la Inglaterra y dirá bien, replicó Na<- 
»poleott; al principe de Asturias lo han perdido, al 
Mrey le han puesto en situación muy crítica ^ y á mí 
))en an compromiso en que mi ho*nor padece, pues 
»se creerá que, hallándose mis tropas derramadas en 
» el reino, han alentado y protejido esas infamias. 
«¿No tendrán los ingleses buen cuidado de decirlo?" 

*' — Mas V. M., repuse, está por cima de todas 
alas mentiras; ¿y quién podrá creerlas , sí V. M., 
» reconciliando al hijo con su padre , y al padre con 
))sn hijo, pusiere fin á esos disturbios?" 

" — ¿Querría V. que reinase el príndpe de As- 
»)turí9s?"me preguntó Napoleón con algún tanto 
de soflama. 

'* — Lo que mejor convenga á la quietud, á la fe- 
»licidad y á la grandeza de mi patria, siendo al 
» contento de mis reyes, eso es lo que deseo. No 
»seré yo quien les dé quejas contra el príncipe Fer- 
Duando, ni quien atice y sople la discordia levan- 
» tada ; mi corazón no siente ni el mas pequeño hipo 
»en contra de S. A.; es hijo de mi rey: soy como 
»el can que ama á los hijos de su dueño aunqua es- 
jDtos le maltraten; por él también daría la vida." 

" — Están W. quitos^ me contestó Napoleón con 
jDtono irónico; él me ha ofrecido la deiY. como, la 
» concesión mas ancha que pudiera haberme hecho 
»en este mundo." ;• 



200 MEMORIAS 

*^*^ — Y sÍD embargo, dije entonces, no es su colpa. 
» Su Yolnntad yo la concibo de esta suerte , la que 
»era propia suya , bien diferente de la ajena que sa- 
» fria y que probablemente está sufriendo sin pen- 
Dsarlo. Yo hubiera perecido si S. A., en los azares 
»del tumulto, no me hubiese libertado del furor de 
Jisu partido. La voluntad con que lo hizo debo pen- 
iisar que fué la suya, y á esto me atengo, por lo 
»ménos para serle agradecido» Cuanto S. A. hubiese 
A despulas hecho 6 decretado en contra mia, na es 
j»para mi obra suya, sino de sus amigos, que 6 me 
ttdebian hacet pasar por delincuente, ó dejar rer 
)i»que ellos lo eran.'*' 

" — Diga y. cuanto quiera, siguió Kapoleon, yo 
» no yeo mas en cuanto dice que la fidelidad de Y. 
»acia sus reyes y sus principes ; ella es el gran 
» principio de las monarquías y el que yo aprecio 
i^sobre todo en las personas que me sirren. Pero 
» ahora*, hablanda sin rodeos, ¿qué piensa Y. de la 
«renuncia?" 

" — ¿Qué puedo yo decir á Y. M,, le respondí, 
» sobre una cosa de la cual m^ soy testigo ni de vista 
»ni de oídas!" 

" — Una renuncia, prosiguió, que ha sido hecha 
)>en medio de un tumulto; desamparado Garlos lY 
»por su guardia , consternado, sin apoyo en sus mi- 
«nistros..* " 

"-—Yo creOí le contesté, que, habiendo sido 
»de esa suerte, S. M. está en el caso, ya fuese 



DEL PElNCIPB BE LA PAZ i ■ 201 

»de anularla, á ya de confirmarla libremente/' 

" — ¿Y qué idea tiene V., continuó, sobre la 
1^ fuerza del partido que sostiene al principe de As- 
»tarias?" 

— ^'^Al modo, dije, que un enfermo, cuando se 
i^alargan sus dolencias , se consuela con mudar de 
jrmédico, asi también los pueblos se consnelao mu^ 
lachas Teces cuando el poder muda de mano. La Es* 
»paña sufre por la guerra , menos á la verdad que 
Dotras naciones, pero padece mucho en la obstruc- 
»cion de su comercio j en los recursos que le faltan 
»de sus Indias. Los amigos del principe de Asturias 
»han hecho concebir á la nación que los trabajos que 
«sufrían tenian su causa en el gobierno, j que sus 
»males cesarian si el príncipe reinase. El nombre de 
nt'emando es en España un talismán de mucha fuer- 
»za; hemos tenido grandes reyes de este nombre, y 
»esto alimenta el entusiasmo, lo» deseos y la esperan- 
»za entre la muchedumbre. A mas, se ha hecho creer 
oque yo era un enemigo del principe de Asturias, y 
))que quería prírar la España del logro de este prin- 
»cipe, que escederia en virtud y en gloria á sus an- 
«tepasados de igual nombre. Por este medio le han 
«prestado una gran fuerza popular, que en la oca- 
«sion presente habrá tomado un grande acrecimien- 
oto. y. M. verá muy claramente que le hablo la ver- 
odad, y que mi objeto es orientarle y dar luz á su 
opolitica en el conflicto doloroso que han producida 
oíos sucesos^* 



200 MEMORIAS 

*^*^ — Y sÍD embargo^ dije entonces, na es su colpa. 
»Su Yolnntad 70 la cancibo de esta suerte, la que 
.»era propia saya, bien diferente de la ajena qae sa- 
»fria j qne probablemente está sufriendo sin pen- 
DSarlo. Yo hubiera perecido si S. A., en los azares 
»del tumulto, no me hubiese libertado del furor de 
Jisu partido. La voluntad con que lo hizo debo pen- 
»ssíT que fué ta suya, y á esto me atengo, por lo 
» menos para serle agradecido» Cuanto S. A. hubiese 
A después hecho 6 decretado en contra mia, no es 
»para mi obra suya, sino de sus amigos, qne ó me 
ttdebian hacer pasar por delincuente, ó dejar yer 
^qne ellos lo eran.'*' 

" — Diga y. cuanto quiera, siguió Kapoleon, yo 
» no yeo mas en cuanto dice que la fidelidad de V. 
»acia sus reyes y sus' principes ; ella es el gran 
» principio de las monarquías y el que yo aprecio 
i^sobre todo en las personas que me sirven. Pero 
zahora-, hablanda sin rodeos, ¿qué piensa Y. de la 
«renuncia?" 

" — ¿Qué puedo yo decir á Y. M., le respondí, j 
» sobre una cosa de la cual n^ soy testigo ni de yista I 
»ni de oidas!" 

i 

" — Una renuncia, prosiguió, que ha sido hecha : 
«en medio de un tumulto; desamparado Garlos IV 
«por su guardia, consternado, sin apoyo en sus mi- 
« nistros " 

" — Yo creo, le contesté , que , habiendo' sido 
«•de esa suerte, S. M. está en el caso, ya fuese 



DEL PEÍNGIPE BE LA PAZ. . 201 

»de anularla, ó ya de confirmarla libremente." 
" — ¿Y qué idea tiene V., continuó, sobre la 
fuerza del partido que sostiene al principe de As- 
turias?" 

— ^'^Al modo, dije, que un enfermo, cuando se 
alargan sua dolencias, se consuela con mudar de 
médico, asi también los pueblos se consuelan mu* 
cbas Teces cuanda el poder muda de mano. La Es- 
paña sufre por la guerra , menos á la verdad que 
otras naciones, pero padece mucho en la obstruc- 
ción de su comercio j en los recursos que le faltan 
de sus Indias. Los amigos del principe de Asturias 
han hecho concebir á la nación que los trabajos que 
sufrian tenian su causa en el gobierno, y que sus 
males cesarian si el príncipe reinase* El nombre de 
tremando es en España un talismán de mucha fuer- 
za; hemos tenido grandes reyes de este nombre, y 
esto alimenta el entusiasmo, lo» deseos y la esperan- 
>za entre la muchedumbre. A mas , se ha hecho creer 
)qne yo era un enemigo del principe de Asturias, y 
>qi]e quena prirar la España del logro de este prin- 
')cipe, que escedería en virtud y en gloria á sus an- 
otepasados de igual nombre. Por este medio le han 
«prestado una gran fuerza popular, que en la oca- 
»sioQ presente habrá tomado un grande acrecimien- 
*>to. y. M. verá muy claramente que le hablo la ver- 
')dad, y que mi objeto es oríentarle y dar luz á su 
«política en el conflicto doloroso que han producida 
»loi sucesos." 



204 MEMOBIAS 

»piiede creerme, conserya su pureza; el oro todo de 
»lnglaterra y de sus Indias no alcanzaría á comprar- 
»Io. Y esto en lo lejos lo mismo que en lo cerca; de 
»un polo á otro en las Américas no ha conseguido 
»en tantos años de guerra y de porfía sobornamos 
«ningún pueblo; y ahora recientemente se ha ristb 
Del heroismo con que en Buenos-Aires, aquellos fie- 
dles habitantes, no tan solo han desdeñado la liber- 
»tad que les brindaba la Inglaterra, sino que han 
jt> peleado por su madre patria estrenuamente, y han 
»rendido veinte mil ingleses que se atrevieron á asal- 
jDtarlos." 

— "Yo lo comprendo á V. (me contestó Napoleón 
Dcon cierta sorna) ^ y Y. habla noblemente ; pero las 
«ilusiones son muy malas en política, y yo creo qae 
»y. las tiene aun después de lo que ha visto. Me ha- 
»bla y. de Buenos-Aires; mas allí no habia parti- 
))dos : si los hubiera habido no habría faltado en- 
»tónces quien se apoyase en la Inglaterra. El senti- 
»miento nacional de que Y. habla no impidió un si- 
nglo hace que unos se declarasen por la Francia y 
DOtros por el Austria; hubo traiciones, deserciones, 
«felonías, como suc>ede siempre cuando se encienden 
«las pasiones; hubo una reina calumniada, dos ó tres 
«reyes en cuestión , y hasta hubo un conde de Oro- 
«pesa que salió por los tejados de su casa huyendo 
«los furores de la plebe concitada por ,sus enemigos, 
«sin que el favor del rey pudiese darle amparo. En 
«igualdad de circunstancias los hombres son los mis- 




DEL PRÍIiCIPB DE LA PAZ. 205 

j»mos ; tal yez en rnestra patria sean mas tercos cnan- 
ndo han tomado ya nn partido. La situación presen- 
cie piudiera abrir mucho camino ú los ingleses^ j el 
j»qne yo tengo andado para la paz de Europa, ma- 
«logrármelo. Es necesario precaver tan grande mal 
j»sín dar lugar á que principie. Yo debo sostener á 
»G arlos TV: mis simpatías en favor suyo están de 
«acuerdo con los intereses de mi imperio. Con él tan 
«solo tengo obligaciones contraidas; si las desesti- 
«marón en España, me encontraré mas libre para 
«hacer lo que mejor convenga á la quietud del con- 
«tinente. Descanse Y. y restableza su salud; mi pri- 
«mer cirujano está encargado de asistirle." 

Tal fué la única conversación ó conferencia, como 
se quisiese llamarla, que tuve en Bayona con el em- 
perador de los franceses; cuando volví á mi aloja- 
miento, mi primer cuidado fué fijarla- por escrito pa- 
ra instruir acerca de ella exactamente á Garlos lY. 
Lo mas obvio y lo primero que se ofrece al pensa- 
miento sobre aquella plática, es que Napoleón, en la 
locura que habia invadido su cabeza de arrebatar de 
ana garfada la corona á la familia real de España, 
tuvo intervalos lúcidos y que titubeaba en su desig- 
nio, peleando su conciencia , 6, á falta de ella , el sen- 
timiento del honor, con la ambición que le arrastra- 
ba á un atentado tan indigno de su nombre y de la 
edad en que vivia. Cuantos le vieron en Bayona y 
lo observaron desde cerca aquellos dias, han referi- 
do la inquietud y las oscilaciones de su espíritu que, 



206 UEMOBIAS 

á pesar suyo , se mostraban. £1 mismo obispo de Poi- 
tiersy lan grande servidor y amigo suyo en aquel 
tiempo , pintando esta batalla quelXapoIeon traía con- 
sigo mismo, lo representa como atormentado por los 
remordimientos (1). ¿Fué tal vez en las horas en 
que volvia en su acuerdo y añojaba en su propósito 
cuando conmigo se esplicó de la manera que dejo re- 
ferida ; ó fué mas bien cuanto mt dijo un artificio, 
para que, en llegando Garlos lY, lo afirmase yo en 
la confianza que por medio de Murat le habia inspi- 
rado, y para asegurar mejor por este modo el golpe 
de sorpresa con que logró arrancarle la renuncia? 
Be mi podré decir que sus palabras no bastaron á 
deshacer mis dudas sobre el valor ó no valor que 
ellas tuviesen ó se pudiese darles; que no vi en sa 
rostro ni en su manera de decir aquellos movimien- 
tos y señales que demuestran la sinceridad de la es- 
presion en las personas que nos hablan; y que, entre- 
medio de mis dudas, la sola cosa cierta que yo veía 
con una angustia imponderable era que Bonaparte 
no acordaría de balde su favor ni á Garlos lY ni á 
su hijo, por cualquiera de los dos que al fin se pro- 
nunciase. Aislado cual me hallaba, no era posible 



(1) »Voilá rétat dans lequel je Tai vu (dice en sus 3íem<h 
nrias sobre la revolución de España)^ livré aux plus violentes 
»agilations, et quoiqne j^entende la voix publique qui me críe 
nd'arréter, j'ajouterai atix remoras '^ témojn de ses combats 
Miutérieurs, j'ai pu diré: morale', tu ne monrras pasi»i 



DEL PBÍnCIPE DE LA PAZ. 207 

yer mas lejos. £1 hilo de los hechos que aun está pen- 
diente por lo tocante á Garlos lY, aumentará las dn- 
das cuanto á juzgar si en Bon aparte fué todo ma- 
niobra ^ ó si sus veleidades fueron tan solo la ocasión 
de las diversas fases que los sucesos presentaron. Los 
qne han escrito de estas cosas las han tratado en glo- 
bo^ y no han cuidado de estudiar y comparar los he- 
chos , ni de llevar la cuenta de las fechas tan cuida- 
desámente como era necesario. Por lo que importa á 
la verdad y al honor de Garlos IV, voy á tomarme 
este trabajo. 

Basta á mi objeto un solo dato que debe exami- 
narse atentamente. ]\o tan solo Murat ofreció á S. M. 
la protección de su cuñado , y le indujo á protestar 
contra la abdicación de su corona como un acto in- 
voluntario, sino que, aun antes que Fernando hubie- 
se entrado en Francia, y sin saberse si entraria, ó 
aguardaría en Vitoria á que el emperador pasase la 
frontera X cuando ninguna cosa cierta acerca de este 
punto podia en Madrid presuponerse, hizo Mnratun 
grande empeño por declarar y proclamar á Car- 
los rV como rey de España , de hecho y de derecho, 
y por hacer reconocerlo como tal á la misma junta 
de gobierno que Fernando habia dejado establecida; 
y este, no por demanda suya propia y oficiosa, sino 
en virtud de orden del emperador como lugar-te- 
niente suyo, y amenazando con las armas si la junta 
se negase á obedecerla. Esta , después de un gran 
debate entre Murat y el nuevo embajador francés 



^208 MEMOBIAS 

M. de Laforest por una parte , y dos de entre s«8 
miembros don Gonzalo OTarríI y don Miguel Asan- 
za por la otra, alcanzó á duras penas que Morat ce- 
diese en cuanto á la proclama que tenia ya lista, 
conviniendo por el pronto en que, para eritar las in- 
quietudes de los ánimos y obrar mejor en regla^ se 
entendiese Garlos lY en derechura y reservadamen- 
te con la misma junta; que no se diese nada al pú- 
blico ni se innovase cosa alguna hasta que, dada 
cuenta al principe Fernando, se recibiese su res- 
puesta; y que entretanto Garlos lY , que se disponia 
á partir para tener una entrevista con el emperador, 
no ejerciese ningún acto como soberano (1). Aun asi 
convenido, fué visto á los tres dias de estar zanjado 



(1) Este grave incidente se encuentra referido con todos 
sns detalles en las. dos cartas que la junta de gobierno diríjió 
á Femando YIl, la primera de ellas con - fecha de 17 de abril 
á las tres y media de la mañana^ y la segunda, con la misma 
fecha, ampliando en ella la relación de las especies que en 
aquel penoso debate se habian vertido de una y otra parte. 
Siendo muy conocidas estas dos cartas, me abstengo de in- 
-sertarlas'^ pero no omitiré las últimas especies que se encuen- 
tran en la segunda, por la atención que merecen en la cues- 
tión presente. «Su alteza imperial , escribía la junta, ha repe- 
ntido muchas veces que la España no perdería ni una sola al- 
>idea, que los prívilejios de las provincias no esperimentarían 
nmudanza alguna, que la constitución de España sería mejo- 
^rada , y que esta entraria de una mftnera mas activa que 



DEL PBineifE^Bl LA PAZ. 204' 

Mífdido ehtérocniíifKiiíeiiCd i Ids endsrgos qae te-^* 
iif i¿'pofqmdn.¿añado bilosikailíeiíé MpetUo, f^' 

indas 'ó tencerás mdftoiB^, q«erv^iltf ieomproní^tef á'llo 
tsané& ia aatoíñdádip ja.pkltfbiiilqiier'hadH« dado, le 
icaseii ders«tÁnfcAb/'Los)ibt fediucesto'tiM'MtMH-' 
roQ sorprendter «láttptesosyijpldilieiif'd'iiiatiifies^ 
h mismo qáe> Qlhira t ^abiaí Iraxadcí v ^ píodiaii - tener - 
ákiow^ siñdi de.iél «rismóv ábnMaió ¡múimtt^.' V miüv ' 
p^ir def. :1o 'tratadla eov la Jiiiát»^' jr aeer¿aí dé W 
lál hábia«)0iiiipeñadp su >^alab]?a Carlos lY^oomo' 
Mptícs'mb'refirüt'&l MJ, bíoí qoídi^ nsfo^rvo que Moh 
it no hiciese' 'para' ittdiícítié' 4 'pToeláínáf se «bbera- 
o^atrapélkndd'iy deiJribanidé ^aqUéli gobierno inie^ - 

•;■ . ';ii i.-lé.'fií'l .'.ilr.-, Ir. <.1j;: "ill íi'íii:. ' ; 1 '¡. ;:;'.' 

ht»ta él^pié^tílééúél^^^^iM^éi U cthééOétaiéióú M- 

.fiTj?apaiq^^i;iapo^. jfafps para^ f rqcff . t^fatin^^ fjioieii^ei 
Ujanta), qae el sistema fed6ratiY9-d^lAed^o^^es}rba:^f|o 
el priacipil objeto de la entrada y de la reiiD\oii, de l^s tno- 
pU n^anbé'sas en España, j qaepá'yez él emperador bál)rá 
müdiAb p^Míai¿iJñáiá¿s Vi^i^fóbaiiéiíCéftf át!á£do ¿iii él' 
^eastO'piKt^eide'VJÓl.' » i>''->' •'••{" '''•*''■' "■' ' '' '••'''' 
•iltJjÍÍíS9Í¡^ |k»:cap9id^rf^Q:lo4k»Jaa|^E^^QnllnBS:q^ 

®^í? Í^F0flaQdi§i}ji^,4e:sf^ <^VfWfflfiaMí)y»W^ J*«^ 
prmcipalm^nto so atencioop sobre lapaile con^eniieift^ «1. 
sistema feáer^iivó del meáiodia. lftadnd> 17 dé abril de , 

14 



»»;. • : .'. . '.»."•' 



210 HBXOBUS 1 • 

rinarío^ bajo j^iome^a qne l0;liacia 4e reintegrarle en 
sn poder y sostenerle á todo trance con la fneíaa.ar** 
nuda..¿!QQé hubiera ^sucedido si se hubiera prestado. 
Cirios IV á las instancias porfiadas que le hacia Mu-. 
rat? Y una vez reintegrado Garlos IV en su corona 
por las armas de la Francia,, ¿qué solircion hobien 
dado Bonaparte á los sneesos? Una de estas dos co- 
sas es necesario, ct^ejir, óbiev^ique ot enviar aque- 
llas órdenes tuviese por objetó. •qnei8é*'l& hiciese. re* 
sisteacia, y que' uñai. insurrección contra sus tropas le 
ofreciese la ocasión de entrar como, enemigo sin que 
laEuropa lo ^trañase^ d bien que su intención de 
reponer y sostetier i Garlos IV hubiese sido, enton- 
ces verdadera. P^ro.el primer estrenio no cuadi^a.con 
los hechos, porque, si tal hnbiera sido su designio, 
Murat k) habría llevado al cabo, mientras fué visto y 
es sabido que si cedió y entró en concordia con la 
jnnfa de gobierno, fué por el temor que esta. le opu* 
so de que la muchedumbre se irritase y resultase un 
gran conflicto. ¿Gomó, pue^'^ ú iba buscando este 
conflicto, éedió pot evitarlo? . . ' 

I^o.he dicho muchas veces y vuelvo á repetirlo: 

'. . . • ■ ■ • , ' . ^ . ' ' 

no prueban estas, cosas sino la inconstancia y la mo- 
vilidad de las ideas opuestas que ajitaban y que á( car 
da paso ponian perplejo á Bonaparte; perplejidad de 
qñifr la corte dé Fernando pudo muy bien haber sa- 
cado un gran pahido^' sosteniéndose á pie firme so- 
bre el suelo patno, y esperando á que.vipi^se coqgio 
tenia anunciado, ein yez de ir^áentregarseá cuerpo 



BBL PBlRCIFB DS ¿A PAZ. 211 

destfdbierU entre sná manos; pei^leJicladtaidiieH'qae 
pudiev^i haber valido en gran manera! ii CiiloB lY^ 
tlenlos qiie pstabaü gobernando, yieordp tomo reían 
el' cófliipromiso j él peligro ; en . que^ Fieniaiidoi iba í 
encoütrarae, hnbiese habido nn resta, por. lo mdnos^ 
de raxon j buen sentidq para aendir á sa boen.pa-» 
dre, para rogar por aqoel hijo^ para oireoetlerecilMf 
en nombre snyo las condicioines ráxdnablesceii qne 
el piadoso- aneiano habi» querido jir; pretendido reno- 
var sa abdicación j hadarla firme y yaledera ea té^« 
minos legales; para oontmestar en lopoisiUe la in^ 
fluencia i^nidosa de lt«rat^r para lleyarle Iul j des- 
hacer aqndla sitüdbion en'qde se' hallaba v solo, des-> 
aiA^radOy despreciado y mal mirado de Jios qne fne-» 
ron snyos;, tléne^de mil tem«frés, j sostenido j>hala«« 
gado' solatnenle para la iFrancia« ¿Qnión,: na diré ¡dé 
los qne hatMan tratado ó caibcido desde cerca á€diH 
loé IV, masni ann entre sns súbdiCoa los mas>indi- 
ferentes ^S^ménoa^allegados^^ pudiera: haber dndadq 
de la nobleza de su ahna / de sn bondad, > dei sn >cle** 
mencia; tirtndes suyas 4an prol^adasj y.üunoa.des^ 
mentidas, en los veinte<añes'ipie ¡Ueyadiade reiQado? 
T no se diga que la jni^ta no estaba autpritéda para 
tratar con Garlos IV; n ocasiones j en »ap^^oa tan 
éslt^juadotf j 'im^ graresen que se encontraba la raer* 
té déla'íEq^fiayel ceie y la lealtad valen [pohiérder 
nés'. ¿Qué ño se habria alegrado el rec^(Fei;iiaikd<2(d0 
qne le hubiesen cénciliádo lia voluntad de»a» huela pft 
dre. y que , i pe&ar de la motesta que^.-M. tenia^n^ 



212 ' ■ESCOBIAS 

iríadtf , = ft«iife)M • 4ed|an^ nheriormettle ^e i éstabn 
ptdnWi' validar «u'jfadicacioii dé la /maalBci ^ia^Imt 
móp dieho? ¿!Y ^é dirrevso te^dktddiy^odfaDliabéF 
teiMUío 'los'saoeioa V jsiy «ose^iádos! los temoces ;del rey 
£ivlo8 |i¿r Iqs pases oficíósoís y siocéios deilajuiitai 
j'estimdildiMie' aun añado j rdq^etado piá* sus sobdi* 
fié; >coiftÍ9ivtD^^ síildar^iDs d«s»caEtos interiose^ qufe 
9n;real deobto'habia's«fridi^^aiDÍ¿0'dttil»,pÍB yi an^ 
siofioi edal • se iiaUabaí^ lén. .tfttií.TÍhiléH)lai triaisiy del . tfúr 
rolfimkimséétaisúáaiál cABJed cpie.én:p(^s̀ͻQ tan 
Faoai;^ IJnyff^cdrb.leeiDiNii^iEibftimftl^u gtado', y.fiím 
lan; grande.fescnscí tan ímidiidft qtepqdiajhiab^tr.d^do 
der la adwbidádi da los dcflotesfdeí lii>giota ;^^,eT4 TJUr^ 
(oéstarisnffienddí Todl»(6stp.pud<>ibf€0rsa:j.{y. ^ipal 
pecaJa! ']io> sd hi^o:. disyarDü i ál acas€t;l4^ ^pef^QSi.y 
dijáibh f inhiraiadios^ 6:inieii'éble8>'.estjreíUAr/$0.i^lf Hbo 
coaita el otro V podre é hiioy á Id& pÁ«$ delj9i$tra^^TQ^ 
-' i 'GáiieiflY.bdi bd tbnido^iiien átü/m'áfi ^iqqif 4 ^sh 
pUqheisircdnáacta»! nq ba.babidlo: qpmikiú^dfinÚAí^ 
ealos áetalled idtMibras ^ffal qnitov^tcMtoandftltmülb^í- 
kmtanesaotai ba9^aj^sad«f:lo»!Sfieese6idíQ'jU m)á.iy>l9 
6tal« párteilLojkt ttotijiin^deshde lA-san^zi^ .y etii^r 
Bai<pa])lidcnqii0:fo¿ada]X)Díy Kipari)[niiS i}a EsJ^anat^í^ 
tD*>tÍ8mffi:con ^Lmasidnro diespinisiath^^Oid^ja^OPUii 

anb'i «olo< j haUbr i eü] • 1i6b6f séyo i «cb^DdjQ fJnfiiiKi» J|a 
bbwtadiy Td dvkAta'Aernik^aBdo^i fué mirüd^^^ .ca^ 
Ú§afim^éúmai\aLÚ)idBÍídefü i(¡i)il¡Bié¡ esAa n«»áila}iM a^ 

(1) Los que se acordaren bien da los 'anos ae lofdt 




DEL PBÍBÜQIML.IUÍ LA PAZ. 218 

menosprecia y la xálamipiia ^^ii^ieva^VfBe^/.GfiMKM^ 
Los qao ^^pues niiíéetMi bao £róidav^o>qúQ oia^^xir 
hn jiz^adasQ titeiDj^íy.sú jebiadb,{4Í gnandeij^etr^ 
pÍTjd qii&Iuáiijpe2^tdd«^'CHiDpldidL'd^bcr>qoriinb^l^ 
toC3d<?i>Io*pdstvéi*a.dfe)sgiaoiá iqfuQttoiiu^ ]|Q>copQ| 

yi:i^b pópidulpiaí' bagraíf 'i iii¿;tiB ÍQbiiiBbeig^jheáel)t;ailp 
bajo su aspecto verdadero. 

Mnrat, el soloinnnbre qne ocupó la soMíid en qne 

t^^fk4^ <i[« ;>5Pcb^Ka.»J,t¿ffflp9a^|8<c^s?JíiQ,.p^^,g3^^i^ >u 

etefiáttZíi'9K Itócetseiiáueño ^O'Sas aotos.i£a 'Tajtofué 
(y d'esgráitia fué' también'; dOmoVa he dichb ottias don 
Teces) qae le dijese Garlos lY que no queria^réitiáif 
mientrajs sus pueblos. no lo aclan^ásen nuevamente: 

]!Íjara^>.d^raVík>qWr^ hopor (í^.,sif.,ft^ 
ría que JuQse' reintegrado siá .taxdaiuta ea la. corea ji, 
qtíG''ti^ del todo necesario la 'tornee nuetam^te 
para qüitkr él itfal éjeiñj^ló qué seria' éh la Eürc^áM 
destronamiento por una guardia sublei^adá; qué lá 
anafq^Í9/empezaba.ya.4 nípstrars^ ^epi y.^ios Rpfliif;os, 



» ,.ií":' • , . ■ . S .' • . » .• 



I I F . I II I . I 



1816; 1817 y 1818/podfán cdntatifcon qiíe rigor é¿- p¿¥6igfiéó 
por' jiqdeft tíétójió áf los que , rioínpársltido aqiiálibs áfio^'de-jwr- 
secacióñ, d¿^uí)!iciOs,'iálé ém5¿rá'ciótoéis y destierros, 'i^éM^dti- 
b'á¿ y hácj^n teéorakr'lar-paí5'5^tefiy)í» qae sé'haMÍ'gtóttdoí'bkf- 
jo'él reinado dé' Cíárl¿í¿'ÍV',''qtífeÍíailíáS siíifnárd S'tA' ea*)eíA»«te 
idtígiiii partido, y en: duyid tiempo* fátniliá tdngiitíat sé' Vib eú'^t^ 
c áSo de vestir Into por errores ni déHtos polftiéós . 



2i4 ' wmoiBus 

i^quekle'nó adoptar aquel consto que \ie daba ^ tai 
poéria sef^elmal qktj según Jos encpirgos que ten 
»ta> se vi^eprecisado á establecer la Ity marcial 
jfú gobernar militarmente. De, está manera lé fué 
fácil arrapcar á Garlos lY > la. eérU^ que JBrm^ S. AL 
paira el^ infante don Antonio, (1). Contado dejé ya 
qbe, á hab^r cedido en todo Garlos lY i las instiga- 



rrr' 



■n-+ 



« • ■ 



' (^) Áe a^üi'ét testo ¿le ésta carta qne Illiirát llevó mi- 
nutada á so imjektad, y eá lá ¿tial ésde iiotar la Hjéreiíaila 
inezacCitad y. la iiuioria eon que ftié dictada. Hubo motrra id» 
txf^et qs'P ^l.antur de ell^ íi]é> el etnbajador frfúmé^. ;]![.. 4^ 

ciEn 19 delmes pasado be confiado á mi bíjo uñ decreto 
»de abdicación. £n el mismo dia estendf una protesta solem- 
"tktd contra él decretó dado en medio' dbt tumulto, y^ forzado 
M^r las criticas circanstaacias. Hoy, ^e la quietud esteres-» 
i>tablecida> que mi protesta ha llegada á las manos de mi aa-> 
«gusto amigo y fiel aliado el emperador de los franceses j 
»fey de italia^ qne es notorio que mi hijo no ha podido lograr 
»le reconozca bajo este titulo, declaro solemnemente que et 
>aclb de la' áb^Qcacion qne firmé el dia diez j nueve del pa- 
>kiado mes de marzo, es nulo enteramente, y por esto quiero 
»qne bagáis conocer á todos mis pueblos que su buen rey» 
»iinante de sus vasallos, quiere consagrar lo que le queda de 
»vida en trabajar por hacerlos dichosos. Confirmo provisio- 
analmente en sus empleos de la junta actual de gobierno á 
wlos individuos qne la componen , y á todos los empleados 
«civiles y militares que han sido nombrados desde el 19 del 
»mes de. marzo ultimo. Pienso en salir luego al encuentro de 
wmi augusto aliado , después de lo cual trasmitiré mis últi- 



JDBL PHÍITGIFB BB LA PAZ. ^^i5 

ciones de Murat, aun á pesar de lo tratado y conre- 
nido con la janta de gobierno, S. M. habría ejjirci* 
do, sin pasar ma& tiempo* su dignidad de soberano; 
prefirió empero la'^obseryaLÍlCia défcbnyenio hecho, j 
arrastrando con su& males partió para Bayona^ 

i ' 1 I . ' 

; o. -i . '...VVH.:.. í'J- • ■••1. • ^ - . . :. ; 



r" • 



»imás ék^denei á lajú&CáJ San Ldrento á 17 de abtíl dé 1808. 

•— Ye el Bey^'i-, .'::••■; '■•''■ • í ■• 

Lare&pÉMísU M "imiáXé ááá Xxitoíáé íúé ál^ letra édmo 
t^et ■ '■■{ ■'■' ^'l J'- ^ ^ítí-">'>"'' •;■■• •■ ■ • >(i- - 

^ t«Se$€rv tti inüy iuriadéléuriiMliior aea&<^.dfe^ réeftir lar ear- 
•it» de Vii Mv de ayer,'é knnedíittaiá^te heeonveeád&ía iunr 
»€a de goyeraa para éonkiBkiársela.' Goit'stí acuerdo bé^de- 
>»teffaakMÉ4o enviarla 8m];iérdida dé' tiempo al augusto hijo de 
*Y, M. paya que din§a' á la junta' sus reales órdenes, que de- 
nseamos séaii las das toúfétiSétídes al bien de la moriá!rqnia. 
M^nesti^o señor g4«»ide ta eetéKea real persona de Y. M. los 
»rauches<a&osque'ye^séo. Madrid, 1^ ábtít de 18(^8.— Se- 
wñdTf'de V.- M. aiúaste herntano.! — Antomo*Pascud.r-*Al rey 
Mptt^e^ mi muy querido hermano..»»- 



\ < 



■^ '. ! :.-; 



•í • . 



■ . . - •» 'i ' ( ,' ■ ■ 



«l31'6 .\'A'( /A MEHOftláJSfl'i j:t(i 

Aspecto político que ofreció Bayona en los meses de alnril y 
ini^o' de Í1S08,— Re'cibiMerit»"solenme hecho STíoT re je$ 

Tivas de amistad qiie les fueron prodigadas fff^ !b| #vpe- 

majestades. — ^Disposiciones favorables al príncipe F^^fk^ 

,í^al}^ta44W'a^ftfi?apoteqp^a»p4p^eíQ^ «íC^aaflk^.Ae.fu 
, ,ff}fj^t^0B.f7frllft»lodQ.dftíí(f»^«^ ffiitfCaadMOl» ;on«fs«- 
^, liflij qíi^i)§|;j|]2CÍ4SLrTriC^^ ]P^map^ al tie^y oaftfedMi 
, 4e lí,T;.(áe:ffl^^, jHobj^^rlRDestiiiaciw^er.Ja e<»g»a»hTt(M^ 
,.»,sp;rvacfjw«í .«P^M^^..l9Síe etsfiRttíVrrVísitaíjie.nap^lflftn *la« 
reyes en 2 de mayo, ep.la.PMS^l: §©iW<iíii?^i^liJWWf«Ni(í« I 
trazar la respuesta que debia darse al príncipe. — Cartas Ij 
interceptadas , noticias de España , y nn parte de Murat 
con que el emperador comienza á aflijir el ánimo de los 
reyes — ^Nuevas insinuaciones de Garlos lY á Napoleón so- 
bre nn acomodo honroso con su hijo como medio de ter- 
minarlo todo pacífícamente.j^Oposicion constante de Na- 
poleón á esta medida. — Garlos lY adopta el texto de la i 
respuesta á Femando, que le es enviada por Napoleón en 
el mismo dia. — Contenido literal de esta respuesta.— 
Nuevas visitas del emperador á los reyes en los dias 3 
y 4. — ^Partes de Murat y nnevas correspondencias inter- 
ceptadas, ó snpuestas, con que Napoleón atormenta á los 



DBi. tv^fíffftrjfi» ik PAZ. >at7 

■Nji^ táitítsmiokkim iMcfmdaaiiá nepoÉkiiBs ipliU*! 

gkdat a sos :inanos, j probablemenie forjada posteriormente 

ríBfdoi^iAifJiíW dífinúlJMjTiy^ dianfinaor aui&¿iiifim 
Jiiiífi#4Mrpa¿osaiqiifeij»pmontfc d» liliii^íaqnileoiiH 

fií¿^s«i'd&¿Ioiíi»éii(yiid4«BgaD09'MJiie aniiiidc^Bt- 

lfk(yQ:PQi}>k0;¡YApiD^di>dftül8Íglona/iJhpidiínBi4raI^ 
j^cm^iditniía.vfidcaihii miiláiarejiondBiisRfiraipDtB 
kbj«n.id9^;t|iadBjoiné>b^is^iÉr ipoj^inaiJBBüIotiaipQsi^ 
ift¿ií^#atíQ$tn|áaú úlqaBdtirlifm indeYo^ieiDnlaMhisCo^ 
I daJb«:^QiBhiflQ^£Qiho.(iiánÍ901«bn>7i<b^ 
enr M«<|n«l«piá0Aibdéplqrableiisr^«ttcmMlpn^ 
jiíW»ai^£Í.Q0Étaj¿Í9ÍhBf tñid^ taii'*0ilvaiíá> tfétbiMá 
ibmrf ndofe^oa^nNtfHdU jii redñllaído eiii^lo^ tcMimis 
'ta^iAíxUat da>ii]9rn4piBiQiite)i|nniiatro:& %a|iMí¿iiiipt^^ 
íjbla/eojelodaiicteluitíl 3d¿iirMk>^4eik^jidiil0ll^I^ftlu- 
bale esta pájinaiá lalhiiUtÍTWv^V4t&*'^b^'i'^^i^^^ 
» jíÍBiLo»Bipl0|2^ tod0i»ia V fy^ishivádBHVg^^V 'B^ inas 
lé iro rmeiepi^aM(^]i^boiiipteliafIar>3^i(if bdtickfoi v des^ 
^ deiraaai^e tn^iiiat aftosí traoaoitido» JdMpare^ 



«131'6 .\/.<( /A MEHOftláJSfrí JAu 

-i-ji;»*^'.» i:jí.^ il .if. .fu ,<í;rí;>:(ío>; ob ííU¡'-í[ í;I íki', o!i|í 

Aspecto político qne ofreció Bayona en los meses de abril j 

' inayó'de ISirST^RecibiJmlint^ sTlos Teye» 

. h 0P>4P9í íi )5p.>ftnt4a4^ , «p , ftflP^Hft i c wda^KHJ^WOiííílftCriwies 

Tivas de amistad qiie les fueron prodigad^^ fff^ ib} S9^' 

(. n i?;a^ri 4p ííp* frftP^JSpSffí-^ jr^ifM^icaíweKf W^ft'if QiM sus 
majestades. — ^Disposiciones favorables al príncipe F^i^p^ 

..il>sftjl4jíipíH:ft. mí^ l^,fto^xtf»fiiw ,4Q.fcif«<»*^CUin«^ 
y', ^l wper)9^ .Áiloi?rr^ei?Hr-Sseí^ri»S; dernoiíl^^ 
.^^aij^tf^ 4^;gi)|B,S(apol^gn«:gd9p Jp;)^ 

, vi^e$Ude6.rfriy[inio4Q.dQi4Pffia^«íí>y «í-TCjwtdiftOt» ;0it<a9se- 

, 4e.Mj.(cle.:ffl^4i^- ítQbn9r.lR,,Des^<;acÍ9ift4©r,}a e<»p»a»hTií3íbí- 
,.»/p;rvacfa#e$.•p^ff^..l96ste €»$|i?^t(VrrVísitaíjie.naív>l©ftu ,í|qs 
reyes en 2 de mayo, en.lajQfls^: ^Qi^<¡^]^,^ltap:V^f|ft((le 
trazar la respuesta qne debia darse al príncipe. — Cartas 
interceptadas y noticias de España , y nn parte de Murat 
con que el emperador comienza á aflijir el ánimo de los 
reyes — Nuevas insinuaciones de Garlos FV á Napoleón so- 
bre nn acomodo honroso con su hijo como medio de ter- 
minarlo todo pacífícamente.;^Oposicion constante de Na- 
poleón á esta medida. — Garlos lY adopta el texto de la 
respuesta á Femando, que le es enviada por Napoleón en 
el mismo dia. — Contenido literal de esta respuesta. — 
Nuevas visitas del emperador á los reyes en los dias 3 
y ^. — ^Partes de Murat y nuevas correspondencias inter- 
ceptadas, ó supuestas, con que Napoleón atormenta á los 



g^a^ a sus .manos, j probablemenxe forjada posteriormente 
''^^pW'W^áiái^o'betf^iil^iiti' si^ mim¿i^^k¿^YÚoÚs 
-'ni^.|loll^lMBr^I/e|(M«éi<Be^'ltf ifli^iéyMi? ÚamWASk ¥fel 
'ntiBia 4.i-HCl»^ap d¿'>nab ac«iidaidBaLíd«»¿Lteidittíic«^<tits 

t?ifc owp <!»ííiíii ^ ^-ioi jj¿ ilOJ ^olírjJoo') fiolls tvb goo 

-j'fSii)almj(JiiW di&mlJMriyq dianfinaorcmifiíiiiifim 

46í¿9s#^dtí¿Iotíi»dií^>id4«BgaD09-i^iie aniiiñá^p^Bt- 

J«í^iJNi^if)litniiSíirfiiiaa¿(ii mi|láia:ejiondBÍB»>ii)09)DtB 
j||bj«m,ida^ t|iadgjosriá:>b^is^íÉr ipoj^inaiJBB^Ie^tiiiipQsi^ 
JUftdí-tfaíiaQ^tv^áaú úlqaBdtiídifm jmleYo^ieiinlaMfaisco^ 
ilf. 4eik«-^Qnih«iQ^£adio.(aiár náfúl«iiii^9i(l#9ittegói'á 
ipfelif^ M«<|n«l«piáf)Aib dkpki|rabIeifab«tt<cmi«alpT<^ 
(díJk>fa$tiiEliiQ0Éta;^iÉhBf tñUbfl^ tanoesdraAá) tfétbiü»^ 

b^]aieojel(:daiÍcteiuiél 3d¿iirMk>^4«ik^ jidtil0llTE^llu- 

tábale esta pajina lá laihiiUtÍTWV<v4^*'^b^'i>'^^i^^ 
BOibÍBii;o»Bipl0|2^ tod0i»ia V ^isbi«áainF§p9V^ (^«r^inas 
qué :|re rmeiep^em^^s^icoiiipteéafla^Siiij^^dcícitfoi \} A^sh 
piie» deiiiiaii)^* tveéniat afosí trawaitido9^!dél)^are^ 



icido y vaello,en bumó^quei ruidoso metéoro que hi- 
zo teiláblar la tieri^ iüúttlmeiite, de^piies átí táiitos 
vaélctfs qué ha dado V está dando 'naéstró sijgjd^ y de 
la rana suerte gae han corrida en sn existencia j en 
>«iji i];^^nQra:,4e existir: landos . poablos de aInbQ$..)Vl«n- 
:'dos«v*no<bíeñ se&tadoS'iiBnchios deieUostodayia^ sobre 
los Idndaméntód qneios' deslinos les han ptiést6;^^po- 
eos de ellos contentos con su lote^ y tantos que aun 
iBloohaiLy^saiaffianáh por jedcdtitxtaF áfU'=€iíei^é^^'¿re- 
-fM]sp,'>de8pnes:de t^ntoqiie se:iái li^to y sé»esMl^1i'- 
-do^diarijimenlo én Ijuiera yacilapte^ eii '4|irt¿)1rítittfÉii, 

-doildé/ piBÍir^gpiom mira» lo pasad<>V'0^'^^ ÜKehft 

•de priueij^íosy é> ipor mejor decir^ 'é^ las pasioMd^'^e 

-a^íajitaa j^so colturea com el^ino^bre: de •éHos^«'eiiáli^ 

-na.coDel'fliglov sinlqoe ningtmoi ten^ifai eíMKfiQíbttii en 

40ipresent»4 los. unos deseando, temiendo tatilosf <rtM6 

mn por?6iur cercado ¡al que nb alcanza humaieíá vii^ 

4a; en tales tieinpos^' digo, como, los pre^éntiB^'lds 

acontecimientos tan iwcientes: que traigo á lanmetiio^ 

ria, aon como historia viejade^ siglos ya patsulo^qn^ 

«e olvida ó se oscurece poi; la del día corrientes iQ"^ 

ídfibkeno de atención podría: fediise i qnienei^'yaíilíe 

importa nada condenar ni iGescargar, á las qw¿ poir 

colpa propia, ó por ajena, naufragaron' eniBayoius 

Jo^UQrtps ya losü mas de jelbs, & ¡tocando loipooosl^^ 

han qa«d(i4» la.etiirna orilla del olvido? p.i. < * a./': í 

..:£mperolo6 fnétlwscan larverdad, pcícos^éimnoho^ 

y üen^nJo iuturo mirando lo pasado:^ noctendfarái 

pop inútil el .estudio del cnadro qi» aquí ofrezco por 




DEL PBtnCIPa IkB LA PAZ. 2t9 

entes» V tan. mal .d^lÍQ^^i tai^ oáonra, tan infida* y 
tan mkndqso.inteft de.aWa.! Laa^impmianpa, taléis 
conÉft. entonces, se üormaxon ..en Jos ánimo^i y ca^l 
despneft se mant«TÍen>n en Espa&alp^f la W^icja lifr. 
chanque contenta gloria termina íeobtra <^'9oberbÍQ 
dictador del oontineftte^^han sido ^stnsa de.tenecse 
en .mén^s.'k' realidad, i no dirá solo detl poden isíb 
xienda álguiiailriimaaa de : qoe¡ . era due&o> ;eiUánce9i 
sbo ann4.1o:qne<lBé masi 4® aqoella.esi^ie da apür;; 
rato fascinaüté eiijqne sabii^:0AyolT|^liúb y. ost^ntuid^ 
de.aqoeUa ataósfefag^esada y Tap<0psa ,q^el ^ste^dia 
en sn rededor, para pasmar los. ¿^(Hnl^r^s» de aqv^Uii 
xerdadera sélra doi.Dodona qne triaz^ ^ni;Qajomi;i[ 
sn cánmitocpn lodos los prQs|jiji<^ jiS^imwd^i&fí 
hap: contado losipdetasv No^^h^lo compar;9ci,o|i«i^, ni 
imájmies bastantes para pintarlo^, q^p ^lli tmb^x^lp 
qne allí fné visto ^ lo qne era ailli .^«tido^ n||i^.|^ 
deesplicarseípor los efef^tps qne produjo^ dop4fi 
cuantos pasaron la frontera « Ips unos bien,, lo^ otros 
mal sn grado, llegados á aqnel campo de menl^^i 
no-encontraban la ristade $ns ojos, j, padeciendo 
un mismo pas.inp., nnos tras otros, sin escepcion níi|;t 
gpna de persogas ^ni de clases ó partidos, los flacos y 
los. fuertes, unos mas pronto, otros mas tarde, sut^ 
cumbieron, y ni^al quejes pe^ase^ reyerenipiaron aque} 
ídolo jurando los .mas de ellos sus altares. El que 
triunfaba allí, no coa las armas, sino con traicipn^s 
y perfidias desusadas, i la ambicioi\ de un Alcyan-r 
dro juntaba la fortuna y el talento tmilitar de i^n Jqi-* 



tío ..ivi /x sEaoxiicSij'í .i':«i 

lio< Odséry' lá taitaoki de lip 'lOotaif U», ielt aisla, 4e>mD 

Vi4i><»tiBMafiité«i y^¡h qué e^^iMBVbOHioísé vi^ieÉil* 
VMiiol«pqutí^'U>dIoé eaiáiift)'m9Íioi>iAeii)aíiiaf;s8do da 
lüidviaA :qiie> i- <agÍDniQti[sof>¿Daa».hdrfar.gaqddgída¿< 
p««f dii hklMrtdiiHdpi y>^orta»lÑMft>'>>tqdolQl^ 

tlritttf fab íkiém)^ qdé «ifttPeiiiec6e»¿ncd>ki«BaKipái^ ÍFM 
ltM'(iéé>«á46' (tota "ptttit^V i0<^ 

tt¿all¿t'áiis^Ul6dkli» A¿s(«dtisiaato¡ r^innéifida>i^km^ 
l(cfAÍeM<rpflrraJAé(tñati^s^ hoi«trrei^^ fBíé 'el'deükodii' 
bkk^'^ sc^tétidérk^; pasar como ú» pi^dyjMl/iy pa^ 
féfééy aé(aotéi^(ie'*«nós ^nk) dn sttp«íe6to;pí(MbroM»'4e 
Iftü^d^mó^'iiatiVé^ áwláf tierra!; T;á<Vo2ltoKiS ^«^¿ikui 
^ó'ét'iñisinó, j !Ü'ét tfo ^6 ¡^réia^^,' átibillh&í««r*q«i 
M'bi'éyé^ttK los'j;lfiebIós asotnb^ttdos j<ibsfí :ct>ittitif 'Áfc^ 
faüdiro' tafáo erieéiÉ^^b AiViéa 'y eoÍAsiá' qtt^i Jcitre^^mi 
sét^^árei' Gúúúá6 'Ibgpó'^étt* Baréfáá 'Móloiídi^&i* ^éMi 
sle'{n^éáeÍíik'''át6^ ^tfé había etíéiín^iáo\ liOiM* M¥ó 
Póüáiiho; én'sñ ettreiWá, to eHéiidiá! ddicffádara^'á 
ttMt<yiéÍ cétítitretflé^i tébrá^bajól átt'ée^ro la'ItftUa-Ma 
emA, \iVv¡mcik;^Ík^S^u;U HólaüdaVtiflift grfiía 
páMe^ de Além^Bfláí h éstadistica'itti^^rUl haéin'cofl- 



DEL PBlKCIirBiDJBí' LA PAZ. ttt 

tar ísesfotaf ¡Jt) tfKiS wSlhmsu de babitjMile» . jsuofisiilr.il 
fisidiidcD«á,,y (ígiiatyid© 9qiid[h<lttpiirápíifA»4iS«bM 
esloiilo Jfiáias de^la ^iéiQMtti f )(kiiide;rQ{|i96a;ii)Isuh 
hbchniosij^conrflEtídd en f(Mid^/^Q;^i6ub4Í(ftf Abfih 
hMb% I dhavfaitfti|Nniici^8 : íi^asulhi^i Iterd^íb^tofi ^^r. 
fiebre» FdBrpQB(éon<3r:/ie<cfi]d6rj9 siom^rb lisMs ql^l^ 
yíMvrihrehhatk Mr ii«eTo! ilti|)íerio¿í> tfl ;A«9f ^ÍMTpMÍ^t 

jfcdiiiiovtiáa^fib'jAiadkíáuH^ «BomAidoirlH 

Ficmobu'Dé «este mtmtm^ éométido .j'..itffall^dp<'.($l 

etñddd¿í)tií /p^gk) rf qs|b ^teirdfeE'j(ar:dqneli:lj(mipiH 
tiftaiá sniitei; ^sik» feales¡ eniBaiIanát, ,^ áijrclbarfnil 
reiliof aonlgd) sdrptsndioiflciiconiel.ludo; ifr^osoübJái^ 
itt' gióviai ' f Alsbrai» ^imnoTldl a};pifeUo); faeriStp .qvb 
MiK» ifánte bliiTQDtédDr^dfifiibiiilis.Kég^oaí jri;í(i9CÍoiii«8f 
qtt¿í TOfflpfó' aifidr. tcnkco ide': fol govips: i|r > piüstífíte ; rtji 
pfobó'f<<la(fianipi «pm^bl «JtfeteIlíi9da/b1leT«líGaIll0<^ 
MáipHii !¿p«p«noi|)tef < peroit^ngawrr^L itténos I aoaq^^ 
liotf '^B' lo9 i9«b(pé'«bm:obtráraiii'aipvtnn|[imxi]CBl^ 
aoy&f ^^siii üÍ0g{ii»i«inip)irQ áí ttecóvito Uamantí^ffen 
a^»l'tebefiiito^íit]i9^i««b)^ El gbtt|de'iirimktfiifi0)ft 
rdiroUdí ítié^'jelr db^§¿iKypii(lBÍ'i<efigaf¡Hd6piddnhíj%t' ff 
engañador del padre , cometedor de un gue^^ni^dkmi, 
dé 4tíéf't^'^!Íyerá>iflVtr^Mikd<f üillOé^W'BiOi^.SEl 
é^^^án^'^é^tfdó'^^é ^ éé*^ QlíJPlléEvaift»! >t|i'I^M 

qúd t^1[áiri駥ifl¥^!iAé^á^ideí'|fna'<4l^^liíi^ fiatüp 



GÍWii<ÁlP'B%»t;Éift^AV^»efi^dotf^(|á<^JaM 'Áé'^^Siái ¿ 
nadlbrhlétliífyetíifidáddriétftCiA'dí^É'ií ¿fé' éir 'BSí^tfiA^ 

o«lo«ipát^ijj(i(de^áí¿io[ilo¿«éf0i«í<i:f»)el'íti^^ 

tmtá^hriel feo ^fli < ^tmio'.^El ^{ú^^éV^UstüñJéLiv: 
jtftblív 'fi!ifli<^ii^'défei(s»i>fli^áij tiaM j'étd^l^'déí ái|U^^ 
ll¿0ÍioliiM« (|Ue-taii l¿alW4áfiéttÉfé$ai'x)iiií'Í)^ áSrUál 
ifatflipasd>>Ie /tfafetiefob V j^i i^ 'talbf Íef\§M^1!6>4 
b8raí'ik^4Mkft/>qtííil<« f^cO^ diab'^^ai^ofQ'^éfa^fiífStíá' 
ai 0éf ilíoid áatitttr«ioiy0jr !fHpóÍéóiiidla l(l)^'4&ViJUBfi*' 

fil 'ti) t'ii !/ ohíniíilií?!»*/ ^' i;ntfí.í! jr-)il<ji!'; » uijgfuifi 



DEL PRlliCIPE DE LA PAZ. 225 

mente ambicioso el uno de ellos, su mayor amigo j 
su maestro que , por llegar á ser alguna cosa de lo 
que habia soñado, pretendió inducirlo á que trocase 
el reino de dos mundos por el ducado de Tosca- 
na (i); tan poco prevenidos todos ellos, que cuanto 
se trataba y discutia en el consejo de Fernando era 
cootado luego á Bonaparte (2); y aquel príncipe. 



el conde de Fernan-lSíuñez, su montero mayor; el de Orgaz, 
su jentil hombre de cámara, etc., etc. Tal fué también el otro 
héroe de la conjura, don Pedro Geballos , trasfígurado en mi- 
nistro de relaciones esteriones del rey José, y el mismo que, 
en ejercicio de su nueva plaza^ mandó reconocer y jurará to- 
dos los individuos del cuerpo diplomático español $ el mi^mo^ 
de quien ha quedado en la historia su carta á un amigo suyo 
intimo donde le decia lo siguiente : «He tenido el honor de 
npresentarme al rey, que llegó ayer de Ñapóles, y he forma- 
ndo el concepto de que su presencia, su bondad y la nobleza 
«de 3u c.prazon que se descubre^ á primera vista , bastarán^ 
»sin ejércitos , á calmar esas provincias.» Aun mucho mas 
que esto es de notar la proclama en favor del mismo rey José 
dirijida á todos los españoles que £rmó en Bayona^ dia 8 de 
jamó, juntamente con el duque del Infantado, con el del Par- 
que, con el conde de Feruan-lNíuñez, y varios otros individuos 
de los congregados en Bayona. 

(1) ' Véase á don Juan Escóiquiz en sn Idea senciUa^ desde 
la pajina 50 hasta la 56 , donde se alaba y pretende justi- 
ficarse de haber pensado de este modo y dado este consejo á 
Feroanido. 

(2) »iSospechábamos (dice el mismo Escóiquiz en su Idea 
y^sencilla, pajina 48) con sobrada razón casi todos los vocales 

15 



226 MEMORIAS 

entretanto, hundido bajo el peso de la conspiración 
qae habia obligado á Garlos lY á desnudarse de su 
púrpura^ traido á juicio en tal estado tan precario 
por aquel violento y astucioso cohechador que, para 
dar valor á la renuncia del rey Garlos, le pedia la su- 
ya prometiéndole el ducado de su hermana; Fernan- 
do, en fin, aislado de sus pueblos , cerrados los ca- 
minos para volver á España , sin ningún socorro hu- 
mano, y palpitando entre las garras de aquel águila 
rapante bajo de cuyas alas lo habian puesto sus ami- 
gos, i Qué situación y qué papel tan lamentable! 

De la otra parte , un rey desposeido y humillado, 
comido cuerpo y alma de dolores y pesares, padre 
muy mas que soberano en cuanto á amar sus subdi- 
tos, y soberano tanto como padre para atender i su 
resguardo, que conservó todos sus reinos sin ningún 
desfalco, que gobernaba sus estados de dos mundos 
sin rigores, y sin embargo supo libertarlos de las 
revoluciones desolautes que ajitaban á la Europa , el 
que después de quince años de este continuo anhelo 
hasta aquel tiempo no frustrado, asaltada la España 
en plena paz por una atroz perfidia , sin arredrarle 



n(del consejo de Fernando^ que en nuestro número habia d lo 
nménos un pérfido por quien el emperador sabia al momento 
» cnanto pasaba en ellos; y esto impedía mucho la libertad 
wde las esplicaciones; pero los circunstancias lo hacian in- 
«evitable.» 



JDEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 227 

ni sus años ni sas enfermedades^ iba á ponerse á la 
cabeza de sus tropas y sus pueblos resuelto á defen- 
derlos ó perecer en la demanda , y fué impedido en 
el momento mismo de querer 11er ar á efecto este de- 
ber sagrado de un buen principe, y á mas escarneci- 
do, desechado y arrojado por hombres desleales otro 
tanto como ingratos; rey sin mancha, en quien la 
rectitud, la probidad, el pundonor de sus ideas^ la 
Terdad de sus palabras y la fidelidad en sus empe- 
ños, podian servir de ejemplo d todos I09 monarcas 
de la tiera, que no mintió jamás^ ni en el largo 
discurso de su vida se atrevió á faltar á su concien- 
cia y sus deberes por ninguna mira de interés^ de 
ambición ó de política , puesto en faz y á discreción 
del que jamás se tuvo por sujeto, si podia eludirla ó 

acallarla, á obligación ó ley alguna humana este 

que se juzgaba omnipotente y lo era en aquel tiem- 
po cuanto un hombre puede serlo.... aquel, sin otras 
armas que su virtud y la piedad que escita un infor- 
tunio grande no merecido ni buscado.... rey sin cor- 
te, sin amigos, sin familia (1), vendido por los su- 
yos, desamparado por sus pueblos, solo de todo ca^- 



.. (i) Tan larga y namerosa como fué la comitiva que el 
partido vencedor aglomeró en Bayona , con muy poca discre- 
cioa, para formar la corte de Femando, tan diminuta fué la 
de. su augusto padre reducida á los dos mariscales de campo 
doa Joaquin Manuel de Villena y don Ramón de San Martín 
en calidad de jentiles hombres de cámara , con la circnns- 



228 HEMORIAS 

bo, sin raas arrimo qae un proscripto, qae, por ha- 
berle amado, y haber servidole fielmente , se habia 
visto apedreado, maldecido, y como por milagro li- 
bertado de la muerte. Tal faé la posición en que se 
hallaba Garlos lY y la figura que allí hacia , salvo 
la dignidad de su persona, aquel aspecto venerable, 
aquella majestad y aquel talante regio y natural de 
sus Ínclitos abuelos , que no alcanzaron á eclipsar ni 
á deslucir los deslumbrantes resplandores con que el 
soberbio emperador brillaba entonces en el cénit de 
su fortuna y su grandeza (1). 



tancia de que este último no siguió al rey, como Yillena, de 

» , ' , 

propio impulso suyo , sino de acuerdo con la nueva corte para 
esplorar las intenciones y observar los actos de los reyes pa- 
dres. La servidumbre inferior estaba compuesta en su mayor 
parte de criados mios. Lancina no llevaba mas que una sola 
.camarera, mujer del leal y honradísimo Yillena. Tal es y ha 
sido siempre la suerte de un rej caido , inferior en muchas 
cosas á los demás hombres por cima de los cuales habia 
estado. 

(1) Cuantos estranjeros , de los que se hallaron entonces 
en- Bayona, han escrito ó hablado sobre las escenas que allí 
vieron, han rendido este tributo de alabanza y de verdad á 
Garlos rV} mucho mas los que allí y después , principalmente 
,en Marsella, tuvieron el honor de verle y tratarle desde cerca* 
El mismo M. Pradt , gran c amarada de Escóiqui'z y escritor 
vendido por dinero al partido enemigo de Carlos IV, vendió 
. su mala voluntad estampando en sus Memorias ya citadas 
machas veces lo que sigue : « Je me souviens de l*affluénce 
ndes personnes qui se précipitérent autour de la voiture dn 



' DEL PBlNCIPB BE LA PAZ. 229 

Mo es necesario detenerme en repetir ó fomentar 
tanto como se ha escrito, en bien y en mal, acerca 
de este hombre estraordinario que era el protagonis- 
ta y el autor á un mismo tiempo de aquel drama es- 
candaloso de Bayona. Aquel que tanto fué aplaudida 
por algunos cuando dijo: Vo me contemplo solida- 
rio de toda la política francesa desde Clovis hasta 
el Comité de salud pública ^ se pintó mejor con es- 
ta sola frase, que podrian pintarla los Suetonios y 
los Tácitos modernos. De cada siglo, ciertamente^ 
tomó algo , sin perdonar las escursiones en la políti- 
ca italiana y en todas las políticas; pero su marcha 
principal y mas perseyerante fué tomada en los car- 



»roi , lorsqae, venant de Bayonne á Marrac , il se disposa á 
ndescendre. Re9u á la deséente da carrosse par Napoleón^ 
»il ne témoigna aucun embarras, et comme poor répondie á 
nrempressement de la foule dont les regards le cherchaientt 
»il s'arréta assez longtemps sor le perron place á Tentrée du 
ncháteaa, et ils*y tint avec ce calme et cette aisance dans 
»les manieres qiii ' naissent de Thabitude du commandement 
net qui lui conviennent si bien. Oar voyaitvuhomms qui se ser- 
niAXT roí pábtoct 00 IL ÉTAiT. II salua les Frangais comme il 
naurait falt sa famille. On fut frappé de la banteur de sa sta- 
»tare, de Fair de bonté empreint sur sa figure, déla rondeur 
»de ses manieres : la teinte de son visage et de ses cheyeiix, 
)»le caractére de ses traits et de sa pbysionomie retra^aient 
»tont-á-fait la race dont il étaitissu. Seúl, au milieu deTEs- 
npagne, un voyageur Taurait reconnu pour un Bourbon et 
»ponr un Franjáis.» 



230 MEMORIAS 

riles de la república francesa. Napoleón no hizo otra 
cosa qne llevar á efecto^ con mano muy mas firme, 
mas eficaz y mas derecha , en su provecho , la inva- 
sión universal que proclamó la Convención france- 
sa por sus decretos atrevidos de 17 de noviembre y 
15 de diciembre de 1792, con la sola diferencia de 
haber cambiado las insignias y adoptado la diadema 
en lugar del gorro frijio; la política , la misma cuan- 
to al fondo que la de aquellos tiempos en que decia 
Barreré perorando contra España: '*No olvidéis, 
» ciudadanos, vuestra bella misión, que es la de ha- 
n cer revoluciones en todas las potencias , sin usar 
»de los caminos que ha trillado la vieja diplomacia: 
» á nosotros nos toea abrir otros conductos para en- 
D tendernos con los pueblos y fundar un derecho de 
D jentes todo nuevo." De esta manera aquello mismo 
que la democracia habia querido y por ella fué ape- 
nas empezado, después vino á cumplirlo el que al 
salir de sus hijares le dio muerte y se hizo su here- 
dero, y estableció por máxima qu^ para hacer triun- 
far una idea inmensa^ todos los medios que con- 
ducen á su logro son laables y lejttimos. En conse- 
cuencia de ella los qne en Bayona ponia en obra por 
^ mas inicuos y mas torpes que en sí fuesen , los hacía 
buenos su política , fiado al mismo tibmpo en que la 
gloria de sus armas y el estruendo de su nombre so- 
brarían para cubrirlos ó enmendarlos , y á todo esto 
$e juntaban sus poderosos medios personales aquel 
arte en sumo grado que tenia de embelesar y de ca- 



DEL PElNGIPE BE LA PAZ.. ^31 

zar las yoluntades, de causar miedo ó de dar ánimo, 
de despreciar ó de mostrar estima; tan dulce y espre- 
síyo para obligar con sus caricias como violento y es- 
pantoso para aterrar con la amenaza, la figura tan 
pronto de nn Ulises, tan pronto de un Aquiles, y 
aquella gran facundia natural acompañada y sosteni- 
da por la elocuencia de su frente y de sus ojos, so- 
berbio busto del antiguo, magnifica cabeza de aca- 
demia, é imájen acabada para representar en toda 
sa espresion la prepotencia y el dominio. 

Los demás actores^ subalternos todos, que le ayu- 
daban en la escena, no eran sino autómatos, á la 
verdad perfectamente bien montados y admirable- 
mente exactos cuanto al juego y desempeño de la 
parte que á cada cual estaba señalada; mas sin cabal 
conocimiento de la intriga y de la marcha de la pie- 
za que era allí representada. Napoleón no revelaba á 
nadie por entero su secreto; los que sabian alguna 
cosa porque su encargo requiriese saber algo ó diese 
campo á conjeturas, se guardaban de decirlo, y tal 
callaban como los mudos del serrallo (1). Esta re- 



(1) He aqai de que manera se esplicaba M. Pradt sin 
embargo de la parte activa que tuvo en los enredos de Ba- 
yona. nNapoleon , dice, queriendo enmendar lo que la aspe- 
nreza de su representante (Savary) podia haber tenido de 
»>enojoso, me hizo llamar el 24 de abril, y me encargó ir á 
Mconferenciar con M. Escóiqpiiz. Yo ignoraba , como todo el 
*>mnndo, cual fuese el fondo del negocio que se trataba entre 



232 HEMORIAS 

serva jeneral , en medio del bullicio y del estrépito 
creciente por instantes en aquella corte improvisada; 



»el emperador j la corte de España. Teiase bien el juego es- 
uterior; pero en cuanto á la naturaleza de la negociación 
nnadie sabia cosa alguna, salvo los que de él hablan recibido 
unüsion para desempeñar alguna parte. El vulgo piensa que 
nbasta andar cerca de los grandes ó en los lugares donde se 
»tratan los asuntos para informarse de ellos ; mas sucede al 
»contrarío , j de ordinario es allí donde se sabe menos. Se 
»ve el juego de las máquinas y ninguna otra cosa $ fuera de 
»que, como lo saben los que han andado cerca de Napoleón, 
»no dejaba este ningún camino á la indiscreción, ni á la cu- 
Mriosidad. To ignoraba pues lo que en los adentros estaba pa- 
nsando , y en verdad no llegué á saberlo: por lo que me ha- 
»bló el emperador , porque con aquella ocasión , lo mismo 
»que cuando me encargó la embajada de Yarsoyia , me habló 
»tan vagamente, que de todo cuanto mp dijo no quedaron en 
nmi memoria sino dos cosas , la una que me avistase con M. Es- 
MCÓiquiz; y la otra qne viese el modo de reparar las malas 
»impresiones que su enviado habría podido causar en los es- 
» pañoles , concluyendo luego y diciéndome festivamente qne 
»entre personas de una misma ropa seria mas fácil enteñder- 
»se, etoi Este lugar de las Memorias de M. Pradt ló he 
traído también á cuentas para hacer ver cuan poco informa- 
do, por su propia confesión , se hallaba de lo interior de los 
sucesos, de la facilidad con que en lá narración de las cosas 
que no sabia y que no vio ni pudo ver se dejó llevar de las 
pérfidas inspiraciones de su amigo Escóiquiz , haciéndose su 
complaciente y robando, para llenar su folleto, cuanto pudo 
hallar al caso en la Idea sencilla^ en los escrítos de Geballos, 
en las Memorias de Llórente , y en los vanos librejos j 
apuntes de que le surtió la corte de Fernando. 



DEL PElNGIPE BE LA PAZ. 1^33 

aquella policía qae lo entoldaba todo y que estendiá 
sas redes inyisibles desde Madrid hasta Bayona; 
aqaella inqi^isicion , muy mas que policía, dé la ciu- 
dad, y mas que todo, de las residencias de los reac- 
ios huéspedes en donde se espiaban hasta los mas se- 
cretos pensamientos , y ninguno en su retiro mismo 
podía tener certeza de que algún Dionisio no estu- 
YÍese contando sus suspiros; aquel rodar continuo 
de jendarmas, echado el sobrecejo, y esforzando 
adrede sas miradas torvas é irritantes (1); aquel 
hinchado y ostentoso lujo de poder que allí se des- 
plegaba, y que podía eclipsar todas las pompas.de 
los tronos del Oriente, las músicas, las fiestas, los 
saludos, las entradas y salidas de las tropas, á todas 
horas los tambores, las trompetas y el chasquido de 
los postas, movimientos teatrales concertados, y tra- 
moyas los mas de ellos, pero de grande efecto^ todo 
esto en un recinto tan estrecho debía aturdir y es- 
tremecer á los que inciertos de su suerte, inermes, 
indefensos y apartados de los suyos, pendían del so- 



(1) Sabido fué entonces hasta que punto llegó la avilaü- 
tez de uno de estos jendarmas , que , encontrando en la calle 
solos al príncipe Fernando y á su hermano don Garlos , se 
atrevió á echarles mano imajinando que trataban de fugarse. 
Por mas necio ó por mas brutal que se quiera suponer á 
aquel jendarma , muy estrecha debia de ser la consigna con 
que aquellos hombres se hallasen, para haber de arrojarse á 
tan rain atentado. 



234 MEMORIAS 

lo hombre que reinaba entonces por la astucia y por 
las armas en casi todo el continente de la Europa. 

Mi papel en esta corte enmascarada con tan espe- 
sas larras era así como el de un bombre que , des- 
armado y prisionero en una zalagarda de enemigos^ 
yiyiria de gracia en medio de ellos, sin tener á quien 
fiarse ni medio alguno humano de esplorar sus ver- 
daderos pensamientos. Durante aquellos dias de es- 
pectacion que pasé solo, mi afán era observar, jun- 
tar ideas, aljebrízarlas, buscar igualaciones que tan 
siquiera aproximadamente me hiciesen columbrar 
aquella incógnita de que pendia la suerte de mis re- 
yes y mis príncipes, no menos que la suerte de mi 
patria; y en medio de esta brega de mi espíritu, di- 
simular y hacer el bobo con los que me acechaban y 
espiaban. Mi yida hubiera dado por poder entender- 
me franca y noblemente con la corte de Fernando; 
mi amor á Garlos lY hubiera sido menos que los in- 
tereses de mi patria, y, á Dios pongo por testigo, no 
me importaba en tal conflicto quien reinase, con tal 
que en fin de cuentas quien quiera que reinase la 
salyara , y poseyese la corona con menos costo de la 
España. Yo sabia bien el corazón de Garlos lY , y 
en desear un acomodo decoroso con su hijo mi leal- 
tad no se tenia por amenguada. Dios no quiso qae 
así fuese; mis enemigos implacables se engañaron en 
medirme con el mismo marco con que ellos arquea- 
ban sus propios corazones. 

Mis medios de saber ó de conjeturar lo que pasaba 



BEL PEÍIIGIPE DE LA PAZ. 235 

eran pasivos ^ pocos y dudosos, quiero decir que no 
pedia saber sino es oyendo, que eran muy pocos los 
que hablaban y decian alguna especie de importan- 
cia , que de ninguno de ellos me podia hallar cierto 
de que dijese la verdad, y que tan solo era posible 
formar juicio, ó, por mejor decir, adivinar entre ti- 
nieblas, por la manera de decir, ó por el tono con 
que soltaban sus palabras, ó por la inconsecuencia ó 
las contradicciones de sus dichos; junto con esto la 
certeza de que los que hablaban eran ajentes, ó mi- 
nistros, ó personas dependientes del poder á quien 
estaba alli sujeto todo el mundo. En esta situación 
tan parecida i la de un buque dado al través y bata- 
llando sin ningún socorro entre las rocas encubier- 
tas^ el disimulo y el recato eran el solo medio que 
podia servirme para no empeorarla. En mis conver- 
saciones, harto raras, con aquellos que de suyo ó por 
encargo ajeno hablaban algo de las cosas sucedidas 
ó pendientes, guardé constantemente el mismo cír- 
culo de ideas á que me habia ceñido con el emperador 
en la conversación que ya dejé contada, mi tono 
siempre favorable, cuanto en mi situación era posi- 
ble, al principe de Asturias, lo primero por lealtad, 
sentimiento sublime y superior á todo jénero de que- 
jas , sin el ciiai no hay monarquía ni puede haberla; 
y lo segundo , por política. Los que no crean en lo 
primero y me hagan esta injuria, creerán al menos 
una cosa, y es que mi posición pedia también que yo 
observase esta conducta. Después de tantos años de 



236 MBMOEIAS 

esperiencia en los asuntos y en los misterios diplo- 
máticos, debia ser desconfiado con estremo ^ y mocho 
mas en aquel caso tan singular y estraordinario. Yo 
no sabia tampoco cual podría ser en conclusión des- 
pués de tantas penas y amarguras la voluntad de 
Garlos lY. Fernandp era su bijo, y un bijo á quien 
amaba por mas ingrato que le fuese; si Garlos IV 6 
por amor, ó por cansancio del reinado, ó por políti- 
ca, revalidaba su renuncia, Fernando era mi rey. 

]Xo era^ en tanto, posible imajinar, ni al diploma-, 
tico mas ájil se le babria ocurrido sospecbar lo que 
JXapoleon tramaba en su cabeza para arrancar á Gar- 
los lY la corona dulcemente sin ruido ni fatiga. La 
voz que en los postreros dias de abril corria por la 
ciudad era que estaba decidido firmemente á repo- 
nerle sobre el trono, y así lo daban á entender, en- 
tre otros grandes oficiales de su corte, el mariscal 
Duroc , ;el conde de Gbampagny y el duque de Ró- 
yigo. Esta creencia fué cuando se rió el recibimien- 
to que fué hecho á Garlos lY. Como á mi persona 
misma, respondió INapoleon, cuando le preguntaron 
de que modo seria su voluntad que fuese recibido 
Garlos lY. Y así lo fué en efecto, con toda la gran- 
deza del ceremonial y de la gala del imperio; y hubo 
de haber sin duda encargos especiales del mismo 
emperador para aumentar las ilusiones, visto el ru- 
ido de vivas y de aplausos populares, que jamas se 
hubieran dado sin su orden á príncipes borbones, 
mezclados estos vítores con el estruendo de las sal- 



DEL PBlliCIPS DB LA PAZ. 237 

ras que partían de mar y tierra , los bajeles del 
puerto empayesados , toda la gaarDÍcion sobre las 
armas, y los mas altos militares j oficiales del impe- 
rio formando el real cortejo hasta el palacio; estc^ 
palacio el mismo que estuvo en un principio preve- 
nido para el emperador, soberbiamente pnesto y 
effnipado (1). 



(i) He aquí acerca de este recibimiento la relación he • 
cha en sus Memorias por el prefecto del palacio imperial: 
«Le roi Charles et la reine d^Espagne arrivérent le 30 avrU á 
» Bayonne. L*emperenr avait envoyé le duc Charles de Plai- 
/is^nce á Imn, et le prince de líeufchatel aux bords de la'Bi- 
wda^spa, ponrcomplimenter LL. MM. Catholiques. Ellestrou-; 

H.yérent á leur entrée en Franco un nombreux détachement 

". ' ' ■ ' , 11» 

» de troupes qui leur servit d^escorte jusqu^au moment oü la 
♦i'^arde d'honneur á cheval du d&partement ftit rencontrée. 
Ñ>LL. MM.fnrent reines áBayonneayec les plus grands hón* 
«neurs; lagarnisonétait sons les armes, lesvaisseaux dapprt 
i>étai^nt,pavQÍsésf les canons de la citadele^t dnport les f^- 
tiluérent, et toutela population les accneillit avec des cris de 
» joie mille et mille fois répétés. En descendant de ypifiüre au 
i»¿iatais dti góuyernement, elles trouvérent le grand-mar¿cha1 
»qni les conduisitdansleurs appartements, et quileur presen- 
wta-lcs^ personnes que Tempereur ayait nommées ponr faire 
» nn seryice d*honneur auprés d'elles. G'étaient son aide-de- 
w'camp le general comte Heille, faisant les fonctions di& óápi- 
Mtakié des gardos et de gonyémeur da palais^ le cottite 'Du- 
«manoir, chambellan, et le comte d'Andenarde, écnyei', tous 
tttrois. distingues par leur politésse, lenr esprít et leur exoe^ 
toUenttpn.» 
El duque de Róyigo cuenta también en san Memorias de 



238 MEMORIAS 

Fácil es comprender las itnpresiones favorables 
que este recibimiento debió hacer, no tan solo en el 
alma del rey Garlos^ sino en todos cuantos vieron 
tantas muestras esteriores de amistad, de honor y de 
respeto que Napoleón le prodigaba. Y esto fué poco, 
comparado con las que dio después personalmente á 
nuestros reye^, con aquel habla seductora y aquella 
gracia de espresion á cuyo májico poder habia debi- 
do una gran parte de sus triunfos en política. Ni eran 
lisonjas solamente las que, usó con nuestros reyes, 
sino promesas terminantes sin ninguna forma ambi- 
gua, ofrecimientos positivos y evidentes, protestas y 
palabras fervorosas de amistad y unión eterna; y esto 
con tal manera de elocuencia familiar sin nada de 
aderezo ó de misterio, que, como Garlos IV decia 
luego, no era posible.recelar que no brotasen de.ún 
áiúpio sincero. *' Vuestras majestades, les decia, han 
•» padecido ntuchó/ porque ha faltado un modo de en- 
)itendetti(os cron aquella franqueza y" abandono que 
» requiere la amistad, y con aquella mutua confianza 
j) sin la cual no se hace nada bueno ni eficaz entr^ 



esta sajarte :. »I/etnpereur le fít réoévoir comme roí d'Espag- 
i>;qie.;Ti<HJLti06 qn*ily avait de troupes áBayonne prit lesar- 
»»me3¿.rartilleríe tira ce^t et un coups de canon, el les offi* 
».eier9 attachés k la maison de Temperear allérentaugmenter 
n son cortége qui le conduisit au logement destiné anparavant 
Mpour Femperenr lui-méme.» 



DEL PRÍIfCIPE DE LA PAZ. 239 

»Ios soberanos aliados. Yo tampoco hice bien en 
» respetar tan minnciosamente, como pensé que de- 
»bia hacerlo, vuestros asuntos interiores de familia 
»que han tenido un fm tan doloroso ; pero, aun no 
» viendo claramente lo que habia, velaba yo por 
» vuestras majestades, y hacia acercar mis tropas á 
» sus reales residencias para impedir un atentado que 
n era muy posible , y que dichosamente , si no hubo 
«tiempo de estorbarlo en el primer momento, lo ha 
9 habido de enmendarlo y reprimirlo." Y dirijiendo 
»la palabra á Garlos lY: "Y. M. ha visto, prosiguió, 
» que hasta su propia guardia le ha sido corrompida, 
»y que ninguno de los cuerpos de su ejército que 
«mandó venir para escoltar su real persona, no le- 
«vantó la voz en su defensa. ¿Qué hubiera sucedido 
»8Ín mis tropas? Y. M. lo ha visto: la perfidia itt- 
Dglesa, una misma en todas partes, y ahullandó']^r 
M ganar algún terreno sobre el continente que le eáitá 
«cerrado, habia dispuesto bien sus máquinas puta 
«abrírselo en España: la sangreí babria corrido: á 
«ríos, porque jamas se verificaba mudanza dd un 
» sistema repentinamente sin escesos y crímeües hor- 
«ribles, y mas en pueblos como España donde las 
«pasiones son taü vivas y tenaces. Asi lo iba bns- 
« cando la Inglaterra , y si yo hubiese estado menos 
«prevenido , la anarquía habría ganado en breve 
« tiempo todo el reino. Por fortuna todo está acaba- 
«do; Y. M. será restituido en todos sus derechos. 
«Este es mi gran deber, por amistad, por gratitud, 



1 

240 HEMOKIAS 

» por conveniencia , por interés mió propio y de to- 
D dos los monarcas, que es uno mismo j solidario eü 
Dtáles casos como este. Yo quiero dar d España una 
i)Jecciou de mi política; y á Y. M. una gran prueba 
j^la mas noble de mi sinceridad y del carácter de la 
^> amistad que le profeso. Aparto mano enteramente 
» de toda pretensión de las provincias cuyo cambio 
»'fot el Portugal, por mas que á todas luces fuese 
D.tentajoso para España ^ daria pena á Y V. MM. por 
D'el ámoir con que las miran como parte de sus rei- 
/> nos heredados; y abundo en este modo de pensar 
Mton tanta mas razón ^ cnanto veo que, si insistiese 
A:de priesente sobre tal idea, se daria lujgar á que di- 
DJésQ 1 9 Inglaterra que había yo aprovechado las 
>^iPÍ);cup$t9ncia$ lamentables en que Y Y. MM. se en- 
i)i(t)qjt)í^an» La ¡sola cosa que yo espero y me pro- 
^(f)^eA<K.d0.'^sta pr,ueba que les doy de la lealtad de 
^j|QÍS;!de$ígmQs^€s que la España de hoy ya mas 
f^^0p l9:;epiilpBñer:a de la Francia sin restricción al- 
^glli^9iaii eáta, guerra. á muerte que es necesario ha- 
n§Qfá 1q9< ingleses j y á la cual el continente todo se 
i>pir0pa)?a!p^ra lograr h paz y abrir los mares. IXues- 
ji)rj|ra$mue^|rin¡as necesitan reponerse; sobre esto pido y 
i>;^^ir4; G(^)i$t9titemente un concurso estraordinario 
^^h J^H^Aa, auti Ibas interesada en este esfuerzo 
a^WÜ \i^,Vx%ncÍB, por -ra^on de los dominios de sus' 
i>J^dÁ9^rKn /Cnanto á lo demás, nuestro tratado de 
^Ffóli^í)l^e)g|}eai;i tendrá su cumplimiento con mudhas 
:^!cii»^$[ .ma^; püe& tni intención es que la España, 



BEL PElliCIPE BE LA PAZ. 241 

«i:Gueste lo qae costare, recobre á Gibraltar^ que nos 

• hagamos daeños del litoral del África , y que el 
•Mediterráneo, sea la partición, por escelencia, de 
^la Francia y de la España. Todo lo lie dicho en 

• esto: es un gran bien para los pueblos y se anda 
•mas camino cuando sus soberanos pueden enten- 
•derseboca á hocz sm intermedio de ministros y 
nsinlm formas diplomáticas que todo lo entorpe-- 
ncen. Afortunadamente en esta crisis ppdremos com- 
•prendernos, y yo habré hecho lo bastante para que 

• en lo venidero no tenga nunca entrada la descon- 
•fianza en nuestros gabinetes. No necesita yá la 
•Franéia ser^ mas grande en cuanto á territorio; pero 

• le conviene mucho qiie las potencias con quienes 
•e^tá aliada sean taiábicn poderosas en cierta pro-^ 
•porción con ella, y que caminen todas juntas, cada 
•cual con su parte de poder, á la gran obra de'lá 
i^mejoracion del mundo que, ala cabeza de ellas, me 
•han confiado los destinos.. Y. M. tiene delante de 

• si y debe ver venir los mejores años de su reinado 

• y de su vida sin temor de que nadie vuelva á amar^ 

• gárselos: yo tengo fuerzas sobradas para entrambos.'' 

Yo no he hecho mas que referir aquí en compen- 
dio, con arreglo á mis apuntes y recuerdo^, alguna 
parte, no bastantemente bien vertida, de aquel de-- 
cir tan prestijioso, tan fecundo y tan poético, con que 
encantó á los reyes aquel hombre indefinible, de 
quien podria afirmarse que cambiaba de alma cada y 
euando lo juzgaba necesario para poder decir de co- 

16 



242 MEltDBIAS 

razoD y sin mentira las cosas qae espres2|ba. Sns ha* 
lagikmas melodiosas firases coman como una fuente 
bolUciosa de sa boca^ capaces de adular y de hacer 
3iiyos los oidos mas difíciles^ cuanto mas los de los 
reyes padres tan necesitados.como estaban de consoe- 
los y esperanzas, y que á nadie habian (udo hablar 
t^n dulcemente y con tati gran Tehemencia de sen- 
timientos amistosos, naturales y sinceros , cual' su 
magnífioo hospedante tenia el arte de mostrarlos. En 
Buedio de esto Garlos IV, que. pecaba por esceso ^n 
ponto de rerdad y de franqueza, y no quería que na- 
die le venciese en estas nobles cualidades , desabro- 
chó su corazón para mayor desgracia , y, cual si codi- 
ciar una corona que era propia pudiese tener aire de 
ambición personal snya , y trabajado todavía por la 
impresión dé los sucesos que habian hundido sa real 
ánimo, abrió el flanco que jarnos debiera haber mos- 
trado á Bonaparte, contándole por cima sus dolores 
y trabajos, y diciendo luego: a Que en la invasión 
«escandalosa que su autoridad habia sufrido^ no se 
»cuidaba de otra cosa que de su honor y su respeto 
»sin querer hacer violencia á sns vasallos; que en 
nverdad se sentirin infinitamente dichoso de poder 
•trabajar por la paz del mundo en compañía y en la 
«intimidad del héroe de la Europa; pero que », ateo' 
»dída la efeírvescencia de las pasiones que los malo- 
«volos habían escitado en España^ y para conseguir 
«la unión y la concordia de los ánimos, pudiese ser 
«necesario ó conveniente renunciar de «no manera 



DEL PEÍNCIPE DE LA PAZ. 243 

olegal y honrosa su corona en favor de sa hijo F^r- 
ftnaBdo, se hallaba pronto á hacerlo^ no mirando en 
4»esto otra cosa qne la qníetnd j paz de sos estados, 
«á la eaa) en todo el tiempo de su reinado habia 
»dírijido sas mayores esfuerzos, sin perdonar ningún 
Mf enero de sacrificios en lo tocante á sus intereses 
«personales; que la corona yerdaderamente de espi- 
«ms que había Ueyado tantos años no le ofrecía atrae- 
»tiyo alguno, ni 1q causaría dolor q1 desprenderse de 
»ella; si bien, reconociéndose acreedor á la yenera- 
vcion y al reconocimiento de sus pueblos, no podía 
DCODsentir en yerse despojado de su trono ígnomí- 
miíosaniente-, ni sabría cederlo sin que antes fuesen 
¿reparadas las injurias que tenia sufridas, y su abdi- 
dóacioQ se hiciese luego, por lo menos, con igual so- 
»l»rantdad á la q[ue había tenido la renuncia de su 
filustre abuelo , con mas las condiciones y reservas 
aque eran justas y debidas á su real persona después 
»ie vuelto en toda regla á sus derechos inviolables 
í^y lejítimos." 

IXapoIeon, manteniendo el misino tono de intimidad 
y de cordial afecto, respondió á S. M«, a que no era 
)^eii modo alguno conveniente, ni, moral y política- 
emente hablando, posible, que abdicase sií corona en 
)^aquella actualidad ni en todo el tiempo que tardasen 
»eii lograrse las paces jenerales ; ^ne no habia mas 
jtypersona en su familia que S. M. en cuya buena fe, y 
»bajo enya garantía, pudiese estar segura la alianza 
ade las do& naciones; que e} principe de Asturias ca- 



244 MEMOHIAS 

recia de las prendas y virtodeA necesarias pata ocu- 
par el trono; qiie, fiel y consiguiente á su política, 
no le era dabl& convenir en que aquel principe rei- 
nase «mientras no corrijiese su conducta y adquirie- 
se la esperiencia, las virtudes y la capacidad de que 
se hallaba enteramente falto; que traspasarle la c6* 
roña seria entregar el reino á las facciones en con- 
tra de las cuales no babia sabido , ni probablemen- 
te sabría nunca precaverse; que, aunque S. M. hi- 
ciese en él una renuncia enteramente libre y volun- 
taria, se negaría á reconocerle^ y se vería en la pre- 
cisión de ocupar militarmente la España mientras 
la paz universal no se ajustase; que isu hijo don Gar- 
los y su hermano don Antonio se hallaban bajo el 
peso de una misma complicidad con el príncipe de 
Asturias, y militaban contra ellos las mismas cau- 
sas y ^razones, haciéndose por esto necesario obli- 
gar al infante don Antonio á que viniese á Bayona 
y que los tres quedasen en la Francia de por tiem- 
po , para quitar á los facciosos el apoyo que áu pre- 
«sencia podría darles; que S. M. estaba todavía en 
»la mejor edad de un rey para el gobierno 'de sus 
»pueblos, que su nombre era adorado en las Amén- 
»cas, y que no era fácil prometerse que el del prín- 
)) cipe su hijo mantuviese la lealtad tan firme y es- 
pontánea que á S. M. tenían probada aquellos ha- 
nbitantes; que había dado ya sus órdenes de; hacer 
»venir á las personas de mas nombre y de mas peso 
»&nh opinión, no tan solo de Madrid, sino también 



DEL PElNGIPE DE LA PAZ. . 245 

»de las prorinciaSvpara satisfacerle, antes de todo, 
uide los agravios recibidos, y tratar después acerca 
»de los medios de enderezar de nuero el carro del 
nestado, y de abrir caminos anchos á la felicidad y 
j»á la grandeza de sos reinos; qae en España, no ave- 
jozada á las reyolociones , seria cosa may fácil resta- 
)iblecer el orden y emprender nna gran marcha bajo 
»la rienda de las leyes sin cuestiones ni alborotos; 
>xqae estaban hechos de su mano los modelos para el 
j»bien de todo el mundo ^ que la Europa los copiaba 
))y paso á paso los iba recibiendo con jeneral prove- 
»cho; y que, en resolución^ á ver venir los tiempos, 
«terminada, cual no podría tardar de serlo ^ la guer- 
Dra de los mares , S. M. podia contar que su corona 
Dse Toívería de rosas y laureles.» 
, «Falta una cosa solamente, coacluy<) IXapoleon^ 
Dy es que Y. M., de su plena y absoluta autoridad, 
»llam& á su hijo y lo requiera de dar por concluido 
Dsu gobierno, de renunciar á, sus culpables j^reten^ 
Msiones^ y de volverle su corona por un acto escrito, 
MÜrmado de su puño. IXo estaría bien que yo lo hi- 
jociese, porque no soy su padre ni su rey, sino tan, 
«solo un soberano amigo y aliado de YY. MM. Esto 
j»no obstante, si lo juzgaren conveniente, para inlpo- 
»ner mayor respeto á ése faijo estraviádo, yo estoy 
»pronto á acompañarles y asistirlos en este gravé' 
>)pasoque es inevitable. (1)." . : , . 

* ■ ! -■■ ■ ' ' " •-■■■' i- ■ . I ■ ' ■■ H" . '' ■ P .h *' ' ' ' : ' ' / 

\Í) A la vista salla cual pudo ser ea esto la intenciou de' 



246 MEHOBIAS 

Bien sabido fué en Bayona caal fuese el porte que 
JO ture en aquella triste y rara situación en qiie se 
hallaron padre é hijo, l^adie me vio presente preten- 
diendo hacer figura contra mis enemigos. Mi grande 
estudio fué eclipsarme cuantas veces, ora el rey Fer* 
nando^ ora sus cortesanos, vinieron á rendir á Gar- 
los IV y á la reina su respeto. Yo no queria que pa- 
reciese delante de sus ojos como un triunfo mi pre- 
sencia y y me escnsé constantemente con SS. MM. por 
mas instancias que me hicieron de ocupar mi puesto 



Bonaparté. Una entrevista á solas de Fernando con sUs pa- 
dres sobre una cuestión de tan grave importancia, hubiera 
producido esplicaciones por las cuales estos habrian sabido la 
inicua pretensión que babia ajilado Bonaparté con su bijo y 
con su corte sobre él cambio de la España pórlaBtrQtia. Gran 
gnerrero como era, so tarea en aquellos dias fué mas bien de 
de un jugador de manos. INo tan solo no habló nada el prínci- 
pe Fernando sobre aquella tentativa del emperador, sino que 
en su respuesta dada luego por escrito no dijo una palabra 
acerca de ella , como se verá muy pronto. ¿]\o es de pensar 
que el que trazó la tal respuesta se hallaba corrompido, ó in- 
timidado, cuando menos , guardando aquel secreto cuya re- 
vdacion hubiera dado una gran luz á Garlos IV ^ ¿Sería vtt*' 
dad lo que oí contar mas tsffde ciiati^o todo era acabado, qp^ 
aquella carta fné trazada al paladar de Bonaparté por alguno 
de los Séidas que vendian la corte de Fernando , y que Es- 
eóiqoiz y Ceballos la aceptaron ciegamente,. 6 por temor de 
Bonaparté , si revelaban á los reye^ padi'es aquella pVeteÉ- 
sion á que se había arrofadocon Fernando? Ma» adelante iré- 
nos viendo.. 



DEL PRÍNCXPB BE LA PAZ. 247 

en tales ea^os: mayor razón de retirarme cuando Fer- 
nando fué llamado, el rey y la reina y el emperador 
presentes. De lo qne allí pasó ó fué hablado yo no fui 
testigo; pero si diré que oí mas adelante lamentarse» 
tanto al rey, como á la reina , de que los partidarios 
de su hijo habian exajérado y malignado inicuamen* 
te las reconvenciones y los cargos que le fueron he- 
chos. La reina sobre todo se quejaba amargamente 
de que se hubiese dicho que pidió para Fernando el 
último suplicio, ¡noble madre que echó al fuego por 
librarle el documento con que lo pudo haber perdi- 
do! (1) Fué cierto que la reina hizo memoria de este 
hecho como prueba de la nobleza de conducta que 
con él habia tenido , y para hacerle recordar qne 
aquel papel habria bastado para ponerle en un patí- 
bulo. ¿Qué grande diferencia, y de que modo tan in- 
justo se ha alterado siempre la verdad contra los qne 
han caido sin defensa bajo el furor de los partidos-' 
¡Y qué conducta tan diversa la de aquellos padres 
que, mientras tales cosas se escribian dentro de Es- 
paña , en Francia, Italia y casi toda Europa , dispa- 
radas contra ellos toda suerte de calumnias, se abs- 
tenian de defenderse y me prohibian que yo lo hi- 
dese, por no esponer su hijo ni la España á nuevas 
turbaciones y desastres (2). 

- - - ^^ — - — — 

(1) Yjéase acerca de esto el capknlo XXX de estas 
Memorias. 

(2 ) Es UQ hecho bien sabido qne el congreso de Viena Se 



248 HEMOBUS 

El gran dolor délos dolores faó que Napoleón hu- 
biese conseguido apoderarse enteramente de la con- 
fianza de los reyes padres, y la hubiese ganado de 
tal modo que, sin tener necesidad de personas inter- 
medias para dar cima á sus designios, se pudo reser- 
var y reserró para sisólo el entenderse con Sfe. MM. 
El dia de la comida en el palacio de Marrac, las atén- 



negó á reconocer atrey Femando, mientras sn augusto padre 
no fie hubiese desprendido en favor suyo de sus léjítimos de- 
rechos cual lo hizo de buen ánimo y de perfecto acuerdo con 
la reina, por el amor que entrambos le tenían , y por la paz 
del reino; siendo un contraste digno de notarse.,, que así 
entonces, en aquella misma actualidad,, como después por 
largo tiempo , se escribían y se pagaban tantos y tan diversos 
vituperios y denuestos contra aquellas nobles víctimas. £1 
propagador de esta impostura que refuto, fué el obispo Pradt, 
el grande y digno amigo de don JuanEscóiquiz, que con él for- 
maba coro en sus escritos contra los reyes padres con grao 
gusto de la corte de su hijo, el cual ni tan siquiera se halló 
libre bajo aquel partido para prohibir la Idea sencilla que tan 
inicuamente los trataba. La tal especie dijo M. Pradt que h 
habia oido del mismo emperador; pero, aun ¿ado que sea 
cierto que tuviese tal oríjen, Napoleón pudo engañarse y na 
haber comprendido exactamente lo que la reina habkba ei 
una lengua por su majestad muy poco usada ; como tambi^Q 
fué muj posible que el mismo Pradt no hubiese oido ó en- 
tendido claramente lo que, seguñ él cuenta, referia Nepoleon 
en su jardín en medio de un gran ruedo de sus cortesanos 
apiñados para oirle^ entre los cuales es probable que hubiese 
habido muchos otros por delante de aquel curioso y novele- 
ra sacerdote.. 



DEL PRÍIfCIPS BB LA PAZ. 249 

Clones, las finezas, las lisonjas, las promesas y los 
magníficos anuncios de nn porvenir dichoso que le» 
seria abierto > les fueron repetidos por ^Napoleón con 
redobladas muestras y encarecimientos de amistad j 
afecto, sin dejarles ver la menor sombra ni aparien- 
cia de nublados y dificultades ulteriores (1). ¡Qué 



(1) A propósito del dia de esta comida ha escrito M,Baus- 
set qué yo no estaba puesto en lista para la mesa, lo cual 
es cierto. No lo es empfero K) 'Recuenta de que Carlos IV^ no- 
ta)ido mi auseacia^ hubiese preguntado al emperador si babia 
sido yo olvidado. Nó 5 en Carlos IV rebosaba la dignidad, y 
nadie en todo el mundo le escedia en la ' circunspección que 
exijia su real decoro y el noble orgullo de su estirpe. Fué una 
atención de Bonapárte,- sin duda preparada con estudio, 
cuando al sentaírse preguntó por mi á sus majestades , man- 
dando Inego me buscasen ; y así es como lo ha referido éen 
toda verdad M. Desínarest én ius Testimonios históricos, pa- 
jina 218. Dejo aqtii sin trasladar la indecente y baja chocar- 
rería coin que BI. FáusSet, olvidando los debei^és de un hom- 
bre bien educadoy de la pdsidion que entonces tenía, ha pre- 
tendido agradar nó sé á quedase de lectores, trovando á su 
placer y alterando bufbnaihente la conversación que Gár'S> 
los rV tuvo en la mesa sobre sus cacerías, muy diferente en 
la sustancia y en el ntodo de ella del carácter y de la sazón 
ridicula que esté escritor, de última dase en cuanto al mé- 
rito literario, le ha prestado en sus Memorias anecdóticas'. 
Este mismo autor pudiera haber contado con mejor verdad y 
bnena fe aquel diálogo que oyó cuando se hallaba cuidando 
del servicio del café», y el emperador viendo qué el rey no lo 
tomaba y se eseusaba de tomátlo por ne ser bebida 'de sn ñso,, 



252 . ME1E0BIA9 . . 

u ttrlas y aceptarlas qoe mi hijo,! que venia, bascando 
»h confírmacioa de su atentado. De aquí debo ye in- 
»ferir que no son grandes concesiones las que eiem-' 
aperador tendrá én, su idea pronunciándose por mi 
«que no me encuentro en igual caso que mi hijo, 
A^ siendo yo el rey lejitimo. !No mas desconfianzas, 
» porque ya serian inútiles, y peor que inútiles da- 
A ñosas. Dios la ha querido de esta suerte , y nos ha- 
aliamos en las manos de este hombüre que tan faro- 
A^rable se oosimuestra por encima de nuestras nm- 
jt>mas esperanzas: Dios dispondrá lo que convenga 
Dpara en .adelante." 

': Yo, no tenia ya mas que aconsejar ni que decir, ni 
en punto de fe humana podia ya caber duda de qoe 
el emperador cumpliese las promesas que á SS. MM. 
habia hecho tan terminantes y formales. Y diré mas, 
y es que lo fueron de tal modo, tan espresivas, y 
bajo toda suerte de apariencia tan cordiales, que aun 
es hoy y al acordarme pienso tnuchas veces que en 
aquellos dos primeros dias, desechados sus pensa-- 
mientos ambiciosos á vista y en presencia de aquel 
monarca infortunado, tan respetoso y venerable, qoe 
venía i buscar en él su amparo , prometió y hablé 
sinceramente. 

Mas de cualquier manera que esto hubiese sido, 
aquél feliz empiezo duró poco. Gomo después de un 
bello diá de sol comienzan á mostrarse telarañas en 
el cielo, y.Jia. .atmósfera á perder su trasparencia ? asi 
el dia 2 de mayo (tan grande y doloroso para Espa^ 



DEL PElT^eiPE DE LA PAZ. ÜSS 

ña, como funesto, andando el tiempb^ á Boloaparté) 
o^menzd i turbarse elgdzo y la esperanza de los re-^ 
yes padres. Aquel dia por la mañana reiribíeroh la 
respuesta por ésctíto ¿e sli hijo, muy diversa <de la 
^'e aguardaban, y a sus niájéstade^ tanto más Sensi- 
ble y -dolorosa, eueíñto mas temían ía intervención 
violenta • iifuo el emperador podría adoptar en la dis^ 
pota que iba á dbrifse. Atin(|ii6^sta i^t^ii^^'cóiió^i'^ 
dá y se encuentra en muchos librOis/^él- hilé de está 
historia laméfUtí^bld eiije qu,e la inserte' y que la una 
á estas Memorias con algunas notas oportunas. La 
respuesta de Fernando estaba concebida en estos tér- 
minois(l): 

- "Venerado padre y señor: V. M. há convenido en 
»qae yo no tuve la menor influencia en los móvi- 

, • . , . . ^ . . . . » 

>)ipientos de. Aranjuez dirijidos, como es notorio y 
»á y. M.. .consta i no á disgustarle del gobierno y: d^l 
Atronó , sino á que se mantuviese en él y no aban- 



F'-a. 



• • • 

• ■ ^'í 

(1) Deseando siempre la mas escrupulosa verdad en todo 
lo que escribo, debo advertir que traslado aquí esta carta según 
fué publicada por don Pedro Geballos entre las piezas justi- 
ficativas de su Manifiesto 5 y aunque no tuve lugar de leer la 
orijinal sino una sola vez, cuanto puede alcanzar mi memoria 
no se hallaban en ella algunas de las frases en forma de re- 
convención que se leen en la publicada por Geballos : bien 
enteadidp que esta diferencia en las foripas mas ó m^noS ás- 
peras de la carta, no quita nada al fondo y sunstancia de su 
contenido. 



■ • .r 

■ . i 



»dQpase h ^lultítti^d de los .q.DU9 eu.w (existencia de- 
jípendiaA ;^l^^]juil,9jaieiite del tnono minino (1). .V* JL 
ji)TnQ 4iJP. ig^fi^lm^n^ q<»e..^u abdicación babift ; sido 
^iesjpi>;t4nea , y. q#e^aiitt cnaindo ,dguno me asegifrar 
i>$.ft lía ijqptj^ariq n4> ]« crejíes^^^pues jama^ habia firr 
iíP4adQ;<:osa alg^ft4:lCQ^ inas g%§to, Aiwa me dice 
dY, m. q«e»)^u^qu0.Qs (HQrtO:queibizi)>k;abdÍGa)<tióii 
apftft.ítoda m)fíí?ía4fc'íQdaY¿a. SQ yeisíej:F<5t eA su ínmo 
^Yolv^r 4 tQid^r laft rifeftd4s. de líígobiei^no cu^ndio lo 
«creyese con Ycwientei (í)^ Bej i pf o^ntado en «onseT 

I * 

(1) Es necesario observar sobre el contesto dei é^\;^^?^ 
mera especie Ja ^aüsa^siTposii^ion que e!:^eJla sejb^^ce deque 
elreyhabiíi intentado abandonar el trono retirándose ó pre- 
tendiendo reararse á las Andalucías , cuando^ todo al coqt^a- 
rioi iBfá' ¿n ólijetd bótaservarle poniéndose á cúbiertií ^ délos 
morimieiltéíft ^slíiei^ 6 sospechosos de las tropas francesas', j 
defender :f US reln^* Es di^ notar, tumbies la mala'ié .aontqae 
esta especie se escribía, no diré por el principe, sino por sos 
inicuos consejeros, después que por «u propia esperien^ 
babian visto los designios de Napoleón, y que el peligro del 
trono estaba en Bayona donde ellos babian querido tenif , y 
no en Sevilla ó en Üádiz. i donde Cirios IV babia determiiiadd' 
trasladarse y hacerse fuerte con todos los que en su eéisteth 
eia dependian absolutamente del trono , que eran sus hijas y 
familia, ¿Era qne éstos hombres {uretendian alabarse toda- 
vía de sn viaje á Bayona P 

(2) Mis lectores deberán recordar sobre esta otra espe-' 
£Íe lo qne en el capítulo anterior dejé dicho ; lo primero,' 
acercare la necesidad en qne por su propio decoro se halló 
^1 rey de disimular la fuerza, por lo menos moral , qué había 



BEL PRÍnCXPB BB LA PAZ. <&S5 

iM;«enciá i V. M; si quiera Toherá reinar, y V. M. 
«me ha respondido, qttis, ni qheria reinar ní:¡n»inos 
aiTOÍTGr á España (1). Ko obstáivte me mahda Y. M. 
nqiie renuncie en sa favor la corona que me han ¿a- 
^dpJis leyes fundamentales del reino, mediante bu 
«¡asfbntittea abdicación. A nn hijo que siempre- qd ha 
j^distiiigiiídp porél atnór.^ respeto .7 obedieiícia^á sus 
^pi^dros (2)9 ninguna, pnteha qve pueda' «alifit:arcis- 



■!. 



9éfri# oaajiMEo proái^iuaaó y, firmo sa reaunéia \ lo segundo, la 
disposición en <qae después s^ biilló &ij^ real émúo de yali^r 
aqaella renuncia bajo las formas legales y las condicioiies 
que requería su dignidad y la grandeza de un tal acto.. J.os 
4ue dictaron esta carta se desentienden de ésto j de ía in- 
cte3>le repulsa que opusieron á las jenerosás intenciones jr dé- 
6«0S de Garlas IV. 

(1) Garlos lY qae , «orno hé dSáiho taotai veces, .j«isia8 
mentía, cuando leyó esta carta en el Manifiesto de Geballos, 
estrañando como yo estrañaba también ciertas faltas de e^^acr 
titud en la reproducción que aquel ministro hacia de la oríji- 
nal, me aseguró que sus palabras á las cuales se refexiía esta 
clausula fueron las siguientes: «Yo no quiero reinar ni vc4ve^ 
á España sin el decoro que es debido á mi persona, y; sin qiíe 
antes me ¿ea becha una solemne reparap^ por lo^ q^eine 
han faltado y ofendido, entre los. ciia)es ere$ tá ^pcimeilo 
de quien yo la exijo. » Su majestad no consecraba la carta 
or^ins^l , porque Napoleón se apoderó de ella paramioptar por 
si mismo la contestación , como se verá después , >y no so 
cui^ódd volverla, 

(2) £1 que dictó esta carta (la cual por los solecismos que 
contiene, mu j. frecuentes en los escritos de Escóiquiz, pudie- 
ra atríbuirsele) no tuvo aquí presente la que el engañado prín- 



.256 ... ISEMOMIS 

»las cualidades es violenta á su piedad filial; prin- 
4)cípalniente cnandó el ciimpliraieiito deimis deberes 
icón V. M. como hijo suyo, no: están en contradie- 
«don con las :iielaciones qae como rey me ligan con 
Bmíá. amados rasallos. Paifa qne ni estos^ qne'tienen 
»é\ primer derecho á mis atenciones, queden oféndildos, 
«mi .Yi M. descontento de mi obediencia , estoy *proih 
^>4o; ateüdidas las circunstancias en que me hs^,i 
»hacer la renuncia de mi corona en faror de Y. M. 
»bajo1as siguientes limitaciones: 

1.* «Que Y. M; Tuélra á Madrid, hasta donde 
»le acompañaré y serviré yo como su hijo mas res- 
»pelnoso; 

2> )>Que en Madrid se reunirán las cortes; y 
»pues que Y. M. resiste una congregación tan .^mh 
»merosa, se convocarán al efecto todos los tribuna-^ 
»les y los diputados de los reinos (1); 



cipe Femando dirijio en 11 de octul)re del año anterior á Na- 
poleón trasladándole la obediencia que debia á su padre , pi- 
diéndole una esposa, ofreéréndole ser su hijo el' mas recónó^ 
eülo yí afecto^ invocando su protección, acusando á su pádré 
ée dessüTectó á-Ia alianza francesa y de estar rodeado' de 
egoístas pérfidos , pitHénádle que abriese lo's ojos de sus pa- 
dres y que tomase por su cuenta hacer la dicha de la naoioñ 
y la suya, 

(1) El autor de esta carta comete aquí una falta de bueña 
lójica, porque aunque fuese fácil de presumir que el rey no 
querría congregar las cortes , no habiéndose i tratado ni pro- 



t 

DEL PRllVCIPB DB LA PAZ. 257 

3." »Oae á la yísta de esta asamblea se formali- 
»zará mi renancia esponiendo los motivos que me 
»condacen á ella; estos son el amor que tengo á mis 
» vasallos, y el deseo de corresponder al que me pro- 
»fesan, procurándoles la tranquilidad, y redimién- 
» dolos de los horrores de una guerra civil por me- 
» dio de una renuncia dirijida á que V. M. vuelva á 
» empuñar el cetro, y á rejir unos vasallos dignos de 
»su amor y protección; 

4.* «Que V. M. no llevará consigo personas que 
))justamente se han concitado el odio de la nación (1); 

5.' «Que si V. M. , como me ha dicho, ni quie- 
»re reinar ni volver á España, en tal caso yo gober- 
»naré en su real nombre como lugar- teniente suyo. 
«Ninguno otro puede ser preferido á mi: tengo el 
«llamamiento de las leyes, el voto de los pueblos. 



puesto antes cosa alguna acerca de esto , no podia darse por 
sentado que S. M. resistía esta proposición , y debió decirse 
en logar de pues que^ y «por si V. M. resiste , etc. >» No hago 
estas observaciones que podrán parecer minuciosas , sino pa- 
ra hacer notar las inexactitudes y la mala fe que ofrece esta 
carta. Es también mucho Je notar en ella que , no habiendo 
pennitido los ministros de Femando al consejo de Gastilía 
que se detuviese ni aun á oir en voz á sus fiscales sobre la 
abdicación de Garlos IV , pidiesen y exijiesen tantos requisi- 
tos para la renuncia de su hijo. 

(1) Vale decir el hombro que , si no le hubiesen derroca- 
do , á todos los habría salvado , y no se hubieran visto en la 

terrible y humillante posición en que se hallaban. 

17 



258 memobiás 

»el amor de mis Tasallos, j nadie paede interesarse 
x>en sn prosperidad con tanto celo ni con tanta obli- 
Mgacion como yo (1). Gontraida mi renuncia á estas 
» limitaciones, comparecerá á los ojos de losespañu- 
»les como una prueba de que prefiero el interés de 
»su conservación á la gloria de mandarlos^ y la En- 
i>ropa me juzgará digno de mandar á unos pueblos 
Dá cuya tranquilidad he sabido sacrificar cuanto hay 
»Ae mas lisonjero y seductor entre los hombres. 

x>Dios guarde la importante yida de Y. M. mn- 
»chos y felices años que le pide postrado á L. &. F. 
»de V. M. su mas amante y rendido hijo — Fer- 
onando. — Pedro Geballos. — Bayona ^ 1^ de mayo 
Dde 1808." 

Por el contenido de esta carta se ye bien de qué 
manera los consejeros de Fernando le alejaban de 



(1) No clame nadie que esta aseguración de Femando 
no fué cumplida en los años de su reinado. Con muy pocas 
escepciones, todos los principes que se aman asi mismos aman 
á sus pueblos ; pero no siempre son libres para hacer obras 
que lo prueben. La desgracia del rey Fernando fuá de no ha* 
ber podido nunca sacudir el yugo de los que le entronizaron 
antes de que le llegase su tiempo. Todos cuentan que Fernan- 
do gobernaba interiormente su casa con grande amor , libera- 
lidad y sabiduría , mostrándose en ella como un escelente pa- 
dre de familia. En esta parte fué libre , y siéndolo se hizo 
digno de alabanza. Mal pecado el de aquellos que no le deja- 
ron serlo como rey , y que hasta la postrera hora de su vida 
lo gobernaron , lo atormentaron j oprimieron. 



DEL PRINCIPE BE Lk PAZ. 259 

un feliz concierto con su padre, en circunstancias ta- 
les como aquellas en que la unión sincera y el per- 
fecto acuerdo de uno y otro eran el solo medio de 
salvar el gran peligro en que se hallaban y de que 
estaba tan ajeno Garlos lY. Faltaron á sus reyes, y 
faltaron á su patria , dejando de instruirle sobre las 
pretensiones que el emperador habia traido con su 
hijo; falta tanto mas grare y mas culpable, cuanto^ 
como el mismo Escóiqniz ha contado (1), "en la no- 
»che anterior á la llegada de los reyes padres le Ua- 
»mó el emperador, y le encarg<5 dijese á Fernando 
))que todo trato con él estaba concluido^ y que en 
j»adelante solo trataría con su padre." ¿Fué temor, 
ó fué mas bien intelijencia que el que dictó la carta 
halbria tenido con el emperador ó con algún ájente 
suyo para que callasen lo que importaba tanto que 
supiese Carlos IV? Yo no sabré decirlo; pero si di- 
ré que el haber ocultado á Garlos lY en ocasión tan 
critica tan graye antecedente fué un servicio do gran 
monta prestado á Bonaparte. La intimidad de Escói- 
qniz y de Pradt era muy grande; Escóiquiz era fa- 
tuo no menos que perverso; Pradt, uñ hombre astu- 
to y ajilisimo. Escóiqniz se gloriaba de que el em- 
perador habia formado de él un gran concepto , al 
cual, como ha contado en sus Memorias el mismo 
M. Pradt, le llamaba aquel (por antífrasis sin duda) 



( 1 ) Idea sencilla , c apítnlo IV , pajina 50 . 



260 MEMOHIAS 

le peüt Ximenez (1); no sería, pnes, un joicío te- 
merario sospechar de Escóiquiz que, viendo el pleito 
«n mal estado, para evitar su riesgo y de los suyos, 
se hubiese manejado de manera que le pudiese rae- 



(1) La necia vanidad de Escóiqaiz, y la flaqueza que le 
dominó en Bayona de figurar allí como un gran político , y de 
parecer como un diplomático apreciado y distingoido por el 
emperador , se manifiesta con la mas deplorable fatuidad ea 
el relato de las conversaciones ó conferencias que con él re- 
fiere en su Idea sencilla haber tenido. Eo la pajina 135 se ala- 
"ba de que el emperador le hubiese dicho que le habían dado 
^ja una idea de su rectitud é instrucción,- en la pajina iá8, 
de que le habia dicho : Sé que F, es un hombre de bien,' en la 
153, de que, sonriéndose y tirándole con bastante fuerza de 
una oreja , le dijo : Me han hablado de V, mucho , y veo con 
efecto que caza V, muy largo \ y en la 176 se alaba de que 
Napoleón habia dicho al duque del Infantado : El canónigo 
me ha hecho esta mañana una arenga ciceroniana. Este in- 
sensato no alcanzó á sospechar que [estas lisonjas » verdade- 
ramente burlescas , eran la añagaza con que el emperador, 
conocida su simpleza, se proponia ganarle á sus designios, 
como le ganó en efecto para que fuese á persuadir al rey Fer- 
nando el cambio de la España por la Etruria. T así fué que el 
entremetimiento de este hombre en los negocios qne no le to- 
caban, mangoneando y tratando sin misión alguna con los 
ministros y ajentes de r^apoleon , ayudaron á mantener las es- 
peranzas de este, y á tener aun en menos de lo poco que va- 
lia la corte de aquel príncipe. De esto se quejó bien claramen- 
te don Pedro Geballos en sus Observaciones sóbrela Idea seth 
cilla ^ publicadas en Madrid en 1814, donde, hablando de es- 
ta introducción oficiosa é indebida de Escóiquiz con los ajen- 



DEL PRÍNCIPE DE Lk PAZ. 261 

recer eo todo erento la protección de Bonaparte. La 
cierto e&, conu) se ve por esta carta, que le faé guar- 
dado uu fiel secreto de sus pretensiones coíiFernaa- 
do^ que la carta dejó á oscuras de estos hechos á los' 
reyes padres, que este silencio déla carta fué pre- 
cisamente un silencio meditado y una inicua felonía^ 
ya fuese por temor, ó ya por connivencia co;i el em- 
perador de los franceses. 

]Xo tardó este en presentarse en la posada de los 
reyes un cuarto de hora apenas de recibirse la tal 
carta, lo cual deja lugar á sospechar que turo aviso 
de su envió. En cuanto fué anunciado que llegaba, 
rogué al rey me permitiese retirarme, siendo un 
asunto del principe su hijo el que iba allí á tratarse. 
S. M. convino en que saliese por el pronto, pero sin 
dejar mi cuarto por si el emperador pedia se me lla- 
mase. No lo pidió, ni yo bajé hasta después que hu- 
bo partido y cuando Garlos lY tuvo á bien llamar- 
me. JNapoleon, como por prueba de su afecto y de 



tes de Napoleón, se esplica (pajina 23) de esta suerte: «No 
Mpudiendo yo llevar en paciencia qui) el señor Escóiquiz, 
» aanque fuese con buen celo , entrase en conferencia con los 
» satélites de Bonaparte , le pregunté con qué autoridad se 
» mezclaba en discusiones diplomáticas , cuando para ellas 
uno le había autorizado el rey^ y me respondió que le busca- 
u ban y que no podía dejar <le dar oídos d los que le habla" 
nban,' ¡nuevo jén6ro( continúa Geballos) de poderes deseo- 
H nocidos en la diplomacia hasta la época de Bayona ! » 



262 hemobias 

su celo por el honor del rey, se habia ofrecido, 6, por 
mejor decir, se habia encargado de dictar él mismo 
la contestación qne convendría se diese al principe 
Fernando, y prometió ponerla cual correspondia á 
la dignidad de su primer amigo y aliado, para que 
S. M^ hallándola conforme á su merecimiento pro- 
pio y al objeto de ella, cuidase de enviarla. 

£1 rey se hallaba triste y abatido; IXapoleon le 
hafaia^ mostrada diferentes cartas interceptadas , una 
de ellas del principe su hijo al infante don Antonio, 
en la cual^ entre otras faltas de reserva en cuanto á 
decir mal de los franceses^ la emperatriz^ sin qne 
viniese alease el hablar de ella, parecia puesta en 
menosprecio: sobrada lijereza en tales circunstancias 
la de aventurar escrítos de esta especie sin estafetas 
ni correos segaros (1). Las otras cartas me dijo Car* 



(1) M. Bausset , que refiere en sus Memorias haber tra- 
ducido esta carta en francés de orden del emperador , qne- 
dándose con una cc^ia de ella^ la estampa toda entera, ad- 
virtíendo que la qne fué publicada en el Monitor y y después 
en las Memorias de M. Pradt ^ no era sino un fragmento de 
la oríjinal que él publica. La inserto aquí y tal como M. Baus- 
set la ha dado , completa j con el solo objeto de hacer ver to- 
davía de qué manera > hasta en una carta confidencial, y tan 
confidencial que se ridiculizaba en ella hasta cierto punto á la 
emperatriz Josefina, se guardaba pleno j absoluto silencio so- 
bre las pretensiones de Bonaparte en orden al trueque de la 
corona de España por la de Etroría y exijido imperiosamente. 



DEL PRINCIPE DE LA PAZ. 263 

los ly que oran de espaaoles^ las unas de persona» 
de la comitiva de su hijo, las otras de corresponsales 
suyos de la corte, hostiles todas ellas é injuriosas á 



Ule aquí el testo de esta carta eu francés, según se encuentra, 
á la letra, en la obra de M. Bansset: 

Bajonne, 28 arrillSOS. 
A don Antonio. 

*' Gher ami , j^ai re^n ta lettre dn 24 , et j*ai la les copies de 
» denx autres qa*elle renferme , celle de Murat et sa repiense; 
MJ*en suis satisfait: je n*ai jamáis dout^ de ta prudence ni de 
» ton amitié pour moi. Je ne sais comment fen remercier. 

» L*impératríce est arrívée ici hier au soir á sept heures $ il 
u n*7 eut qne quelqnes petits enfants qui criérent vive Vimpé- 
«I ratrice ; encoré ees cris étaient-ils bien froids ; elle passa 
M sans s*arréter et fnt de suite á Itfarrac , oh j*irai lui rendre 
M visite aujonrd*huL 

n Geballos a en un entretien fort vif avec Tempereur , qui 
» Ta .appelé traitre , parce qu^ayant été ministre de mon pére, 
MÍ1 s*est attaché á moi, et que c*était lá la cause du méprís 
» qu*il avait pour lui. Je ne sais comment Geballos a pu se con- 
>* teñir , car il s*irríte facilement, surtont en entendant de tels 
» reproches. Je n*avais pas jusqu^á ce jonr bien connu Geba- 
n líos : je Yois que c'est un homme de bien qui regle ses sen- 
w timents sur les véritables intéréts de son pays , et qu il est 
H d^un bou caractére ferme et vigoureux , tel qu'il en faut dans 
»»de semblables circonstances. 

»> Je tWertis que niaríe Louise (reine d^Etrurie) a écrit h 
n Tempereur qu*elle fut témoin de Tabdication de mon pére, 
»et qu'elle assure que cette abdication ne fut pas volontaire. 

»» Gouverne bien , et prends des précautions de peur que 
» ees maudits Franjáis n en agissent mal avec toi. Rereis les 



264 MEMOBIAS 

SU real persona , y mayormente las de España (1). 
Junto con ellas, añadió S. M., "que üNapoleon le 
» había mostrado la correspondencia de Miirat^en 



>i assurances de mon tendré attachement. — Ferdinand. ** 

Después continúa M. Bansset contando lo qne sigue acerca 
de su carta : " J'observais TemperBur pendant qu'il lisait ma 
Mtraduction. H me panit choqué de ce qui concemait Timpé- 
») ratríce ; mais indigné snrtout de Tépitéte de maudits Framr 
nQais. «Étes-vons bien sur qué ce soit exactement le motp» 
»> Je luí fis lire Toríginal: malditos, «G^est bien cela.... cemot 
•»cstpresque italien, maledettOt» me répondit-il. L^oríginal 
» fut repris par Tempereur.'* 

(1) Cual fuese esta inicua violación del sagrado derecho 
de la correspondencia epistolar tratándose de nn pueblo ami- 
go y aliado , lo cuenta frescamente el mismo M. Bausset de 
esta manera : » II est inutile de faire nn mystére des précan- 
n tions qui furent prises pour étre instroits de ce qui se faisait^ 
» se disait et s'écrivait dans le palais occupé par les infants. 
mGcs mesures, dit-on, sont d*usage en pareil cas. Gette conr 
» jeune et confiante était loin de s'en donter dans les premiers 
» temps de son séjour á Bayonne. Des rapports joumaliers et 
n secrets instruisaient Napoleón, Le prínce et ses courtisans 
n écrÍTaient sans précaution ; mais leurs courriers étaient ar- 
» rétés á la frontiére par un double cordón de gendarmes d*é' 
» lite et de douaniers qui fouillaient imfútojablement tous les 
»yojageurs, méme les femmesdu peuple, sur lesquelles on 
» trouva souvent des dépéches qu^elles devaient remettre á 
I) des émissaires espagnols qui attendaient au-delá >de la Bida- 



» ssoa. 



El duque de Bóvigo cuenta lo mismo y con igual frescura 
que M. Bausset , de esta suerte : « A quelques lieues de Ba- 



DEL PRllfCIPE DB LA FAZ. 26& 

» qae este le escribia qae la inquietad iba creciendo 
»por instantes, no tan solo en Madrid, sino también 
»en las provincias^ qae la junta de gobierno, lejos 
i)de poner freno á los desórdenes, contemporizaba 
D ocultamente con los perturbadores j los dejaba or- 
» ganizarse; que habia una grande ira manifiesta en 
» contra de nosotros, y que habia sido gran fortuna 
)) que hubiésemos partido y aprovechado los momen 
Dtos críticos, porque una vez corrida , como ya lo es- 
»taba, la voz de mi protesta, podian habernos ata- 
jd^cado los malévolos y haberse orijinado una catás- 
»trofe; que la reina de Etruria estaba mal mirada y 
» muy espuesta, que habia sabido con certeza que en- 
»tre algunos partidarios exaltados de Fernando se 
» meditaba sorprenderla y al infante don Francisco, 
» arrebatarlos del palacio é internarlos como por re- 
)>henes del principe de Asturias; que igual maquiná- 
is cion sabia se habia tratado contra él mismo y con- 
»tra algunos jenerales del ejército; que se encontra- 
)) ba prevenido y preparado grandemente contra to- 
»do acaecimiento de esta especie, pero que tenia 
i>por mas seguro quitar las ocasiones, y enviar al in- 



»yonneoa arrétait les courriers qu'il (le prince Ferdinand) 
» envoyait en Espagne ainsi que ceax qui en v.enaientf on les 
nmettaitdans une maison oü ils étaient gardés á vue, bien 
>» nourrís et soignés , mais on leur prenait leurs dépéches que 
» Ton apportait á lempereur." 



266 MEMOEIAS 

» fante y á su hermana á incorporarse con nosotros 
»en Bayona; y en fin, que si la junta de gobierno, 
» que aun rejia bajo el nombre del principe Fernan- 
»do, no mudaba de conducta, se yeria obligado i 
)> hacer partir también para Bayona al infante don 
» Antonio, y á ocupar la presidencia de la junta (1).'' 
Después de la lectura de estas cartas , deeia S. M.: 



(1) Es de advertir en este lugar qae cuando los reyes se de- 
cidieron á emprender su desventurado viaje , ja Murat habia 
pretendido que llevasen consigo al infante don Francisco y i 
la reina de Etruria , pero que SS. MM. se negaron á llevarlos, 
por dos razones , la primera por evitar cuestiones y choques 
con la junta de gobierno después de haber prometido el rej 
que no baria uso de su autoridad durante su paso á Bayona; j 
la segunda, por no dejar lugar ni á sus amigos ni á si^s ene- 
migos para que pensasen que abandonaba el reino , ó que le 
faltaba confianza en la lealtad de sus pueblos. Esto, no obs- 
tante , después de haber contado niurat á SS. BIM. con los 
mas fuertes colores los alborotos de Burgos y Toledo ocurri- 
dos en aquellos dias , logró arrancar á Garlos lY nna carta sin 
fecha para su hermano con orden de hacer partir tanto al in- 
fante como á la infanta para Bayona, dando Murat á S. M. la 
palabra que este le exijió , de no hacer uso de aquella carta, 
ni llevar á efecto aquella orden sino en un caso estremo que 
no ofreciese otro recurso. 

En cnanto á lo demás ; es de pensar que el pliego de Murat 
que Bonaparte mostró al rey no seria sino una carta conve- 
nida y ostensible^ independientemente de las comunicacionef 
Ocultas con que sin duda era manejada aquella inicua intriga 
tan difícil de creerse si después no hubiese sido vista. 



D£L PBlNGIPB DE LA PAZ. 267 

"'INÍapoIeon no solo se ha mostrado consiguiente á sus 
» promesas anteriores, sino aun mas firme y mas ve- 
»hemente en sostenerlas, esclamando y protestan- 
ȇo que antes de pocos dias me baria subir al trono 
» de su propia mano, y que si bailaba resistencia , me 
)>ser7Írian de gradas los cadáveres sangrientos de mis 
«enemigos. IXapoleon no me conoce, y asi le be di- 
» ebo francamente que yo no quiero la corona á pre- 
»cio de la sangre de mis vasallos seducidos; que rail 
» coronas que tuviese las querria perder mas bien que 
» pretender reinar como un Tarquino, apoyándome 
» en la fuerza que podrían prestarme las armas es- 
j>tranjeras; que al cabo de mis años y de un reina- 
» do tan suave y tan pacifico como el mió lo ba sido^ 
»no quiero desmentir en mi vejez la mejor gloria de 
» mi vida , que es la de baber reinado sin rigores ni 
» sevicia veinte años , y que de nuevo le pedia que, 
o sin perder de vista en cuanto fuese necesario los 
D intereses de la España y de la Francia^ se acomo- 
»dase con mi bijo, abriéndome un asilo donde acá- 
» bar mis dias sin los tormentos del reinado. Todo 
-^esto ba sido inútil; me ba repetido, que jamas con- 
JD sentirá que mi bijo reine, y ba calmado al fin un 
» tanto mis angustias, baciéndome esperar que podría 
» todo componerse sin las armas por medio del con- 
» greso que tenia intentado de diputados españoles^ 
» que en Bayona , libres del temor de los partidos^ 
» podrán abrir camino á la concordia de los ánimos.'^ 
Muy fácil fué después^ cuando se consumaron loss 



268 ]££M0EL1S 

sucesos y recoDOcer la falsedad y la segunda con que 
procedía Napoleón en todos estos pasos; pero en la 
soledad y el aislamiento en que se hallaban nuestros 
reyes y en que yo me hallaba ^ no era posible adivi- 
nar sus verdaderas intenciones. Tal vez que entonces 
todavía no hacia otra cosa mas que tantear los me- 
dios del ataque; y es fuerza confesar que los benig- 
nos y leales sentimientos que le mostraba Garlos IV, 
le dejaron ver el lado por donde podría herirle y su- 
plantarlo. Después de aquella hora y de aquel día no 
tuvo el rey mas tregua ni descanso en sus penalida- 
des de alma y cuerpo. La reina, poco menos abatida, 
lo alentaba, conforme enteramente con S. M. en la 
resolución que había mostrado de no entrar á mano 
armada á recobrar su trono. La idea de aquella es- 
pecie de congreso que Napoleón tenia intentado y de 
que tanto hablaba , le parecía un buen medio por el 
cual podrían cesar tantos peligros, conciliarse los par- 
tidos , y ponerse en salvo los intereses de la España 
que eran los primeros. 

Vino en tanto sin tardarse, el mismo día, la res- 
puesta para el principe Fernando de que el empera- 
dor se había encargado, traída y entregada en pro- 
pía mano con la mayor reserva á Garlos IV por el 
mariscal Duroc; al cual, habiéndola leído, le mostró 
S. M. su complacencia , y le encargó decir á su eficaz 
amigo y aliado ''que la adoptaba toda entera, que 
I) aquel escrito era una prueba superior y la mas no- 
»ble que podía añadirle de su amistad ilimitada, y 



DEL PRlrVCIPE DE LA PAZ. 269 

nun papel equivalente á un manifiesto y á una com- 
» pleta apolojia de su reinado.*' 

El contenido de esta carta , bien qae sea muy co- 
nocida., pertenece al orden de los hechos cuya histo- 
ria «stoy contando; y, aunque en estilo enteramente 
gálico, y con algunas inexactitudes en los detalles, 
sostiene de una manera enérjica y elevada la razón 
y la justicia que militaba triunf antemente en favor 
de Garlos IV, dejándose ver en ella al mismo tiem- 
po el profundo disimulo y artificio con que procedía 
JNapoleon para inspirar confianza á los reyes, y apar- 
tar de sus ánimos todo motivo de dudas y temores 
mientras preparaba su gran golpe inesperado. He 
aquí el testo literal de aquella carta según fué publi- 
cada por Geballos: 

''Hijo mió: los consejos pérfidos de los hombres 
» que os rodean han conducido la España á una si- 
»tuacion crítica: solo el emperador puede salvarla. 

» Desde la paz de Basilea he conocido que el pri- 
»mer interés de mis pueblos era inseparable de la 
» buena intelijencia con la Francia. Ningún sacrificio 
o he omitido para obtener esta importante mira : aun 
» cuando la Francia se hallaba dirijiida por gobier- 
» nos efímeros , ahogué mis inclinaciones particula- 
» res para no escuchar sino la política y el bien de 
» mis vasallos. 

» Guando el emperador hubo restablecido el orden 
»se disiparon grandes sobresaltos, y tuve nuevos mo- 
j»tivos para mantenerme fiel á mi sistema de alian- 



270 9LEM0RIAS 

» za. Guando la Inglaterra declaró la gaerra á la Fran- 
» cia , logré felizmente ser neutro y conservar á mis 
» pueblos los beneficios de la paz. Se apoderó después 
i>de cuatro fragatas mias y me hizo la guerra aun 
liantes de habérmela declarado; y entonces me tÍ 
» precisado á oponer la fuerza á la fuerza y las ca- 
i>lamidades de la guerra asaltaron á mis vasallos. 

» La España rodeada de costas, y que debe ana 
» gran parte de su prosperidad á sus posesiones ul- 
«tramarinas, sufrió con la guerra mas que cualquie- 
» ra otro estado : la interrupción del comercio y to- 
» dos los estragos que acarrea aflijieron á mis yasa- 
dUos, y cierto número de ^llos tuvo la injusticia de 
» atribuirlos á mis ministros. 

» Tuve al menos la felicidad de verme tranquilo 
»por tierra, y libre de la inquietud en cuanto á la 
» integridad de mis provincias, siendo el único de los 
» reyes de Europa que se sostenia en medio de las 
aborrascas de estos últimos tiempos. Aun gozaría de 
» esta tranquilidad sin los consejos que os han des- 
»viado del camino recto. Os habéis dejado seducir 
» con demasiada facilidad por el odio que vuestra pri- 
A>mera mujer tenia á la Francia, y habéis participa-* 
j)do irreparablemente de sus injustos resentimientos 
» contra mis ministros , contra vuestra madre y con- 
)) tra mi mismo. 

» Me creí obligado á recordar mis derechos de pa- 
» dre y de rey: os hice arrestar, y hallé en vuestros 
«> papeles la prueba de vuestro delito; pero al acabar 



DEL PBllVCIPB DB LA PAZ. 271 

» mi carrera , reducido al dolor de yer perecer á mi 
»hijo en un cadalso , me dejé llevar de mi sensibili- 
x>dad al ver las lágrimas de vuestra madre. ]\o obs-r 
»tante, mis vasallos estaban ajitados por las preven- 
» ciones engañosas de la facción de que os habéis de- 
D clarado caudillo. Deste este instante perdi la tran- 
» quilidad de mi vida , y me vi precisado á unir las 
» penas que me causaban los males de mis vasallos á 
» los pesares que debí á las disensiones de mi misma 
» familia. 

» Se calumniaba á mis ministros cerca del empe- 
Drador de los franceses, el cual, creyendo que los es- 
ji pañoles se separaban de su alianza, y viendo los es- 
npiritus ajitados (aun en el seno de mi familia), cu- 
abrió bajo varios protestos mis estados con sus tro- 
» pas. En cuanto estas ocuparon la ribera derecha del 
)>Ebro y mostraban tener por objeto mantener la co- 
)>municacion con Portugal, tuve la esperanza de que 
» no abandonaría los sentimientos de aprecio y de 
» amistad que siempre me habia dispensado; pero, al 
»ver que sus tropas se encaminaban acia mi capital, 
» conocí la urjencia de reunir mi ejército cerca de 
» mi persona , para presentarme á mi augusto aliado 
»como conviene al rey de las Españas. Hubiera yo 
» aclarado sus dudas, y arreglado mis intereses: di 
» orden á mis tropas de salir de Portugal y de Ma* 
A>drid, y de reunirse sobre varios puntos de mi mo- 
Anarquía, no para abandonar á mis vasallos, ¡sino 
» para sostener dignamente la gloria del trono. Ade- 



272 MEMORIAS 

»nias, mi larga esperíencia me daba á conocer que 
» el emperador de ]os franceses podia muy bien tener 
))a]gun deseo conforme á sus intereses y á la politi- 
iica del vasto sistema del continente , pero que estu- 
)) viese en contradicción con los intereses de mi casa. 
))¿Guál ha sido en estas circunstancias vuestra con- 
))duGta? El haber introducido el desorden en mi pa- 
» lacio, y amotinado el cuerpo de guardias de corps 
» contra mi persona. Vuestro padre ha sido vuestro 
» prisionero ; mi primer ministro que habia yo criado 
»y adoptado en mi familia, cubierto de sangre faó 
)) conducido de un calabozo á otro. Habéis desdorado 
)) mis canas, y las habéis despojado de una corona 
))poseida con gloria por mis padres y que habia con- 
)) servado sin mancha. Os habéis sentado sobre mi tro- 
I) no ^ y os pusisteis á la disposición del pueblo de 
» Madrid y de tropas estranjeras que en aquel punto 
)) entraban. 

»Yala conspiración del Escorial habia obtenido 
))sus miras; los actos de mi administración eran ^el 
» objeto del desprecio público. Anciano y agoviado 
»de enfermedades, no he podido sobrellevar esta 
» nueva desgracia. He recurrido al emperador de los 
» franceses, no como tm rey al frente de sus tropas 
ny en medio de la pompa del trono j sino como un 
TU rey infeliz y abandonado. He hallado protección 
i>y refujio en sus reales, le debo la vida, la de la 
» reina y la de mi primer ministro. He venido en fin 
» hasta Bayona, y habéis conducido este negocio de 



DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 273 

O manera que todo depende de la mediación de este 
» gran principe. 

c( El pensar en recurrir á ajitaciones populares.es 
» arminar lái España , y conducir á las catástrofes mas 
)) horroro^áíá^ á tos, á mi reino ^ á mis rasallos y á mi 
» familia.' Mi corazón se ha manifestado abiertámen-*- 
i^teal'emperador; -conoce todos los ultrajes que he 
» recibido y las violencias que se me Han heého; me 
»ha dechrado^^e' no os reconocerá jamas por rey, 
»y qué'el eneibigo de su padre no podrá .inspirar 
»eónfiañza á los-estraños^ Me ha mostrado: ademas 
j» cartas da Tuestra mano qoe hacénr.eri claramente 
MtóeMro odio i la Francia. «»: )». 

<( En ésta situación, ftiisf derechos son claros y mu'r 
» cho mas mis deberes. TSo derramar la sangre.d6>nfis 
D vasallos, nohacer uada'al fin de u^i canrera que'pue- 
»da acartear asolámienlaé itfcendib á laEspaSar^t- 
ft^duoiéndola i la mas horrible miseri».; Gi^^meitte 
«que si, fiel á vuestras primeras obligaciones y.á I013 
» sentimientos de> la naturaleza , bubi^aisi; desQcliaidp 
»los consejos pérfidos, y que, cQustifliKte^liil^lt^ sentar 
]».do'd:mi ladkisipara núi^^n^^; hi^bí^i^t^j <Bsy^r,ado 
9 el curso regular de la naturaleza que debia señalar 
» vuestro puesto dentro de pocos años, hubiera yo po-^ 
»dídó conciliar fa pólíliííá y^-iM^téá^íd^'Es^ña'Con 
» el dé tódós. Sin aüdaVliáce séfe'ÜSW'm 
)) cnnstancias han smo cnticas; pero, por nyas quejo 
» hay^n sido, aun bubier;» o^t^i4f) Jef^^^j^jjogii^ji^-. 
» nes de mis v»s»llos, ^e los . medios qnei.aan kfmUy 

48 



274 MEMOBIAS 

» y de la fuerza moral que hubiera adquirido , preses- 
atándome dignamente al encuentro de mi aliado i 
» quien nunca diera motiro alguno de queja (I), un 
» arreglo que hubiera conciliado los intereses de mis 
» Tasallos con los de mi familia. Empero^ arrancando- 
j»me la corona, habéis deshecho la Tuestrá^ ijnitáii- 
» iole cuanto tenia de augusta 7 la hacia sagrada á 
«todo el mundo. 

«Yiiestra conducta conmigo, ruestras cartas inter- 
» captadas han puesto una barrera de bronce entre 
»TOs j el tpono de España; 7 no es de Tuestrointe- 
iires ni de la patria el que pretendáis reinar. Gnar* 
» daos de encender un fuego que causaría ineTÍtabie- 
» mente vuestra ruina completa 7 la desgracia de £s- 
»pafia. 

orYo soy re7 por el derecho de mis padres; ni 
p abdicación es el resultado de la fuerza 7 de k tío- 
»tetlcia; no tengo pues nada que redbir de yoís^ ni 
» menos pu^o consentir i ninguna reunión en jnn- 
*»ta, nueva necia sujestion de los hombres sin espe- 
~)>riencia <|ne os acompañan. 

óflé reibodó para la felicidad de mis vasallos^ 7 



(1). Eo la ctugMi fíe eM. carta publicada en lengua caste- 
llaa por el.Jfo;n^r francés de 6 de febrero de 1810 , se lee: 
d quien nunca diera motivo alguno de guerra,- pero en la yer- 
npi^ francesa qvíe contíeñe el mismo Monitor se encuentra la 
' í^iitáhtá- queja' "¿nliiQBT de la de guerra, leyéndose de esta 
iinét^e i-MÉqi^ie. ^'itoai^ jármaist dormé de suíet de ptainü^ 



y : 



>íí 



DEL PRÍNCIPE BE LA PAZ. 275 

uno quiero dejarles la guerra ciril, los motines, las 
» juntas populares y la revolución. Todo debe hacer- 
use para el pueblo, j nada por él: olridar esta má- 
» xima es hacerse cómplice de todos los delitos que 
» le son consiguientes (1). Me he sacrificado toda mi 
DTÍda por mis pueblos, y en la edad á que he llega* 
j» do, no haré nada que esté en oposición con su re- 
j»lijion, su tranquilidad y sm dicha. He reinado para 
» ellos; constantemente me ocuparé de ellos: olvi- 
j» daré. todos mis sacrificios , y cuando , en fin , esté se- 
9 guro que la relijion de España , la integridad de sus 
»proTÍncias, su independencia y sus privilejios se- 
»rán eonserrados, bajaré al sepulcro perdonándoos 
»la amargura de mis últimos años (2)« 



(1) El que estendió esta frase cometió aqní una gran fal- 
ta de lógica y de sintaxis , como cualquiera podrá reconocer 
á muy poca atención que ponga en ella. En la versión fran- 
cesa ya citada del Monitor de 5 de febrero se lee : Oublier 
cette máxime , c'est se rendre coupable de tous les crimes qui 
dérivent de cbt oubu ; pero la copia que allí se encuentra en 
lengua española contiene el mismo defecto que la publicada 
por Gebdlos. Este no nos ha dicho en poder de quien fué de- 
jada la carta oríjinal. 

(^) Gonyiefie advertir en este lugar que en la publicación. 
qIl^ Jba hecho el conde de Toreno de esta carta (refíríéndese 
á la publicada por Geballos entre las piezas justificativas de 
su JSf posición 6 Manifiesto de I." de setiembre de. 186 8 , ba- 
jo, el número 8 ) ha oodtido aquel escritwr una frase impor- 
tante de dicha carta , cuando diciendo Garlos IV, líe reinado 



276 • IHUSHORIAS 

«Dado en Bayona en el palacio imperial ^ llamado 
»del gobierno, á 2 de mayo de 1808.^ — Carlos/'. 

Los dias siguientes, 3 y. 4 d^ mayo^no ofrecteroii 
á los reyes padres sino una dura serie de tribulacio*- 
nes en que las esperanzas mismas, casi seguridades, 
que el emperador les daba de un pronto, desenlace 
favorable, les aumentaban su inquietud y sus angus- 
tias; tanta era el arte y la malicia con que JXapoleón 
sabia mezclar el yenenoy la triaca^ aquel en grande 
dó^is; esta, escasa; pero endulzado todo con las mas 
vivas apariencisia dé amistad, de celo y decisión en 
cuanto á hacer triunfar la causa de sus majestades. 
Napoleón liabia encontrado el medio cierto. de afli*' 
jirlos y abismarlos, comunicándoles los partes ;qáe 
le venian de España, y presentándoles las cartas que 
interceptaban sus jendarmas y aduaneros; todo' ésto 
sin testigos, á solas con los reyes, haciendo gran 
misterio, y encomendando la reserva dé estás codas 
como secretos de amistad que les fiaba mientras po- 
nia remedio á todo. Con tales datos en la manóles 
representaba el suelo de la España mas y mas ame- 



para ellos, lo cua] se lee en la publicada por forano, «igueel 
rey diciendo: constantemente me ocuparé de ellos, Lá oimsion 
de está seganda frase podria inducir en error á loS <}teié'iM> 
lean sino el libro de Toreno , pues podria dejar lugar á |>én-^ 
sar que en aquella actualidad , vale decir en 2 de mayo^^ se 
encontraba ya Garlos IV poseido de la idea dé reiamiclar so' 
corona , lo cual seria un error gravísimo, '"^'' 



DEL PRINCIPE DB LA PAZ. 277 

nazadocada día det fnego subterráneo que los cods*^ 
piradoresajitabant^ y que era alimentado^ les decia^ 
desde Bayona mismo por su bijo y por sus arrima*; 
dos. ۟anto se bacia en Madrid y cuanto se pencaba 
lo sabía, basta el proyecto do una nuera juntan p09 
Id'cual, la de g^obierno había intentado ó intentaba 
bacerse remplazar en lo interior del reino y en país 
libi:^; Las^. inquietudes de Madrid, la ajitacion de 
U^itprorincias , los acopios de ^rmas que sé bacian 
eli 'Araron y en otros puntos, el rompimiento jprep9: 
rado, contra los franceses^ de que» sehablaba^sin re- 
bozo, ^^ un.itiforme dirijido á los consejeros de Fer^ 
najftdo (1), y sobre, todo estci las iasclaiáacíoiies. y 
amenazan de castiga yi da ;(^éngáiizá' que profema ]Xa'^ 
9OI00B9; berüan «1: ánimo jdel* rey y ;de la r^i ^ que 
nada ' sentiah tátitO' > eómp* ser pretesto ú . ocasión • dé 
qnA< s^ derramasa la baiigre db sus subditos. Mien^ 
tras mas se enfurecía l(^ aparentaba Boítaparte enfu'^ 
il^cerse hdblanda4e estas cosas*, mayor era el partid 
ioiqmé sacaba fiara:éI;'deémáyo:de los reyes f y cfcan^ 
4o había claiüradioibipalds águiicmes en ssus almas;, los 
bacía rnalsiisity.os ylgaimibía maa^su^cotiGanza con la 
esperjmzk iqiie.'tle^^dabajdeique S4it.(e8pbrienüiá.y- su 

(1) m. ffausset , en sus Memortqs anecdóticas ^ na ne<^uo 
i¡íen(íí6tf de é?ró iiifijAné iiitÉirceiptadóVy Ka dado en eílajf'al- 
¿antfá^tbzoi á» esté'ésóúíé', tr&daeidé-, según diee', ^{Nr> él 
«nsmo^i.jdfi'úrdeadefQBiip^vte». r r. <. 



278 MEHOKIAS 

política podría tal vez ahorrar la sangre , interpo- 
niendo acerca de esto sn palabra de qae no seria el 
primero en hacer uso de las armas ^ ni las haria em- 
plear mientras no fuese provocado con hostilidades 
manifiestas. Guando asi el rej como la* reiiía me 
contaban estas cQsas, el' grande mal que yo temia era 
que se abatiesen hasta el pnnto de no querer roltier 
á España; no porque desease en intei^is mió propio 
solamente y en el suyo que reinasen, sino mny nts» 
por el peligro de mi patria, si, consternado G arlos lY^ 
y temeroso en tanto grado, cual lo era, de las ren)-' 
luciones y llegaba á echarse á tierra y abandonaba lá 
corona. Sobre esto hablé á sus majestades con el ma- 
yor esfuerzo, pidiendo á Garlos lY no diridase^ y 
que fijase bien en su memoria , lo que el emperador 
le habia enunciado desde el primer día, de que S. Mi, 
y nadie otro de su real familia le inspiraba copfianza 
en aquella «actualidad para:poder manjar de nuevo la 
amistad y la alianza de lasdos naciones; visto locualt 
S. M. debía piensar que siy desanimad^ por la iúgttt^ 
titud de alguno de siis subditos, «retiraba su mano 
salvadora de la España , quedaría: esta abieita á la 
ambición de Boaapartei^ tanto más^ duanto le^sobi?'^ 
rían protestos para hacer la guerra , ya fuese al prín- 
cipe su hijo, ya fuera á quien mandase en nombre 
suyo. "V. M., señor, tan solamente puede salvar la 
))£spaña en Qsta crisis, le decía cpn toda la, TQhft- 
j»mencia de mí alma; con V* M. tan solamente tiene el 
j»emperador obligaciones qi» no podría romper' sin 



DEL PRINCIPE BK LA PAZ. 279 

•perder la confianza de todas las poteBtíafi>ooa qaíeu 
jieistá ligado y deshonrarse ante la fas del mundo: siu 
»y. M. todo es pevdido , perdido enteramente." 

Tal fué el postrer consejo que di al rey en medio 
de la nada j de la oscuridad á que me hallaba' redu-^ 
cidoy consejo reiterado muchas veces mientras tuve 
tiempo, el cual volaba preñado de tormentas y des- 
gracias nuevas. S, M., saltándole las lágrimas, jun- 
tó su mano con la mia (la suya estaba ardiendo), y 
respondiiSme solamente: " {Oh! ¡qué mal te han co- 
» nocido! ¡qué mal te pagan y me pagan!" 
: El dia siguiente fué aun mas crudo. Napoleón vol* 
vid á la carga con sus noticias alarmantes, tíian nue- 
vos pliegos recibidos , 7 con cartas y mas isartas^ 
verdaderas 6 finjidas, de correspondencias españo-^ 
}a$ (1). Lo que mas consternó al rey fué el parte de 
Morat, por el que daba cuenta de la fermentación 
q«e iba creciendo por instantes, de sus debates in4 



(1) He ¿Qclio verdaderas ó fmjidas , porque \ aunque yó 
ti6 vi ninguna de eHas , lo que SS. MM. me contaron que ha- 
bían leido con sus propios ojos, me parecía imposible qti6 hu- 
biese «t^ escrito por qcden tuviese sangre de españoles. Na- 
poleón tenia consigo dos secretarios intérpretes , aún sin cpn. 
tar la ayuda de M. Bausset , que se ha alabado de haber he- 
cho traducciones y de haber andado en estos chismes. ¿No es 
de creer mas bien que alg;unas de estas cartas , ó á lo menos 
estas últimas , hubiesen sido contrahechas en BajQua para 
acabar de bunidir el ánimo dej reyl^ < 



280 M£M0BIAS . 

cesantes con la junta de gobierno, :de la ópodcion 
que esta movía con el mayor empeño á ^a partida del 
infante don Francisco, de la anarquía , según conta- 
ba, que amenazaba á todo el reino, y, mas que todo, 
el semblante y actitud hostil que ofrecía la capitalísb 
que la junta hiciese nada para calmar los áüiíaos y 
estorbar un gran conflicto entre los habitantes de 
Madrid y las tropas de su mando que parecía iúmí-* 
nente, y que podría causar, á. pesar suyo^. un gran 
desastre; "todo, decía, por falta de un gobierno fir-* 
»me á cuya frente estaba un hombre tan incapaz é 
DÍnerte como enemigo.de su hermano y de laPran- 
Dcia/' De esta manera., solo siempre, como cuidaba 
estarlo con los reyes, sin darles tiempo de pensarlo, 
y ponderándoles la urjencia de anticiparse á prbca-» 
¥er «n horroroso estrago del cual podriam ^urjir las 
mas funestas consecuencias, arrancó JXdpoleon á Gár-^ 
los lY el nombramiento de Murat para lugar-tedíen- 
te suyo y presidente de la juota de gobierno. 

Otra aflicción no menos viva de los reyes aquel 
día fué que , preguntando Bonaparte á Garlos lY si 
su hijo no le había enviado su desistimiento de sus 
pretensiones y de las condiciones que había puesto 
para volverle su corona, como S. M. le -hubiese di-^ 
¿ho no haber tenido todavía contestación alguna , ni 
aun aviso del recibo de su icárta, esclamó aquel en- 
furecido, que estaba ya muy cerca de usar de su de- 
recho y encerrar en un castillo al principe, á su her- 
Inano y á todo su consejo, porque S. M. no era ya 



DEL PRtnCIPS BE JLA PA¿. 28 1 

solo el ofendido $ sino.tambien/éLnísflio, eoA nati4 
cia cierta que teiií<ade iqne; el prífacipef j sa corlee 
conspirabaa $ia respetar el territorio -donde por pu- 
ra gracia fueron recibidos V y i]ujd:iratabaa uada.mén 
nos qne.de espedir la orden de sublevarla \España^ 
de convocar las -cortes yroippeP'la.^uefra conlb 
Francia. Sus majestades- it^pondiepon.Vles pateci^ 
Jiínip09ible que sárhijo se qtifiÍTÍese^ái<autotízair) una 
«resolbcign de aiquell? especie ^-ijt^que; si bjen.enlrj^ 
» sus consejeros era dable hkibiesei habídói'(a|gaiid 
j»qne la propusieray^íoi podtán^.oieelr qMe »i Eernailf 
»do>ni su bérmanxyfuésbuL capaces deyadoptarlá; que 
x)le rogaban se abituTÍese deí medidasLtígoijosas. que 
^podrían hacer tnas norayes las' penosas 'circuástáñ^ 
Dcias en que ..se encontraba la cuestión pendiente; 
Dque si era necesario^. repetiaítt,(cederian.conteQ)tQS 
o en (Femando, la doron^ ploréyitar'tantosiescdndálos 
ocontrá él Iionor de 8faifajBÍlM;,|rr^eoriqáe.éstd tto^ 
» tos riesgos que lantenazabimJá'ius reinos;: que; en 
j» vez , en fin , de proceder- por miedio de rigores ^sef 
»ria mejor que se iguardasescon jíacienclaila llega*^ 
«da de los diputados*, buyi» presenil ^ériiprobaUe 
9 qne ¿astase ipára ü^almar los ánimos y^ terminal: . eii 
-D paz tantos disgustos.'' Atormentados; j; tondidos.de 
esta suerte ios' Corá^néd :de los^^ ];ey«a )masi^u^,«l 
grano bajo la piedra del moliiM)f]iea:di<im)Ue9ttia(R(>T 
ñaparte de aplacarse, pero ana^éndcíles ;U ;e^peci^ 
de.que ][a juntaide ]K9drid;:SQjii4lía):nQgado; ^ :^9.tfir 
mar los pasaportes psira la e^traídaien' Fránciia.de 



182 . MEMORIAS 

]o» notables ^cdmrdcsíáos ^ niienfjra$ ím^' toríe^e <Sr* 
ifeii para tsto.delipriñcípe Fernando» 

Me es necesario aquí hacer alto^ y. deten^nme 
acerca de una cartia publicada por Geballos coiap re»^ 
puesta dada el 4^or el rey Fernando ala q«e,eii 2 
db )nayo le dirijió su padre. Tal carta, si fué escrita, 
puedo asegurar qué no llegó á sus manos» ni macho 
menos iJasmlas^ nideí persona, alguna del palacio. 
¿Seria que Bonapa.rte h hubiese interceptado? £s 
bien posible; pero me inclinó á sospechar que aque- 
lla carta es uno de-ios datos falsos que injirió en^^a 
Mmifieslo aq[uel ministro. ELque finjió, por danse 
toi^o 6 por deiseo de sincerarse^ la carta que supone 
dirijida por Femando en 6 de mayo á Garlos IV, 
carta que, andando el tiempo y cotejada oon olios 
docnmentos reconocidos como auténticos, ha visto 
toAo el mundo ser apócrifa » pudo muy bien liaber 
fingido la del i^^OiVfiytmmfíXiAo cual se hallaba gra> 
remaqte;«l buen Geballos, no tan solo por haber 
jurado y proclamado al rey intruso, sino aceptado 
ademas de esto de su maoío y eiereido el cargo, de 
primer ministro suyo mientras picaba el rientojen 
la tercera nave que montaba; este ministro, digo ^ da 
tres reyes en tres tneses, por ambición, y mas que 
todo per temor, se ?ió obligado á hacer sa pro^a 
apelojia por cuantos modos se encontraron á 4su «a* 
no en unos dias qneno habia nadie que pudiese^ é 
á^^ien le conrinieée desmentirlo, yisto qpe aquellos 
qnej^iaii habeíio hecho eran "participantes de los 



DBL PBtNCIPfi D8 LA PAZ. 28S 

yerros, de las faltas, las flaqneizas yí las . colpa j que 
hábisB sidocclmetidas (1). Entre ia^ aflai»Hsás>:¿s(^ 
quisitas que ^e dio CehMü^ ^en$vL Manifiesta y^n 
de ellas fué de ser aütot di^ 1^ dos cartas, de'qu^'ba^*' 
Mo, de la primera , sobre todo , qoe él llama pnMérnt^ 
tMma, Á mis lectores Tae¡gt> me perdonan qne^ los 
canse refiriéndola y poniéndole debajo alganas Víptís^ 
tillas, nei^esarias pérlo menos ábs) que ctesearén 
podei^ juagar imparoialmed te. ,:.ui í 

" Señor. — Mi venerado padre y señor 3 be r^Mbi^^ 
» do la carta que Y. M. se ha dignado escribirme con 
» fecha de antes de ayer, y trataré de responíer á to- 
D dos los pisntoá qne abraza con la moderaeioltf y ies- 
«peto debido ' á V. M. ' ' 






JS' ilf.l'. 



(1) 19o ^ pion§e por esto qoe escribo qu^ iatig^at^ viti^p^ 
rar el bien que hizo coa ^a Manifiesto diespertando :1a $it6iid 
cion.de los gobiernos de la Buropa sobre los atentados, <i;9ib£^ 
tidos 00 d^paña por el emperador de los franceses* Si bubi^T 
ra yo pi^dp* hubiera bfK^bo lo jmismoi y él sabifi mejoc qpQ 
nadi^ la proclama á las naciones que estaba preparada eni mi 
despacho para el caso en que , retirada á lo interior; l^ jfidf. 
familia,, habria seguido Bonaparte en saproppsUo de ipyadiff 
la España y someterla á sus caprichos. Yo culpo solo á aqve} 
miinstro de lo que tantos otros le culparon, hasta^ su aipjgQ 
Escóiquiz , de haber querido defenderse á ^osta aj.ena s y yo 
le ^^{po mas de haber osado defenderse y pretendido acre-r 
dit«^-se. ajandQ y calumniando 4 aqwl buen r^y , 9i,qukn >d^ 
bió up.amor particular, y sa carrera y su fprtq^a, y haf^tü 
haqieudas.... •'! u-. 



284 :. i^ i • XEMomiAS . • 

•,.•;« Trata Y^.llv eii:^ríiiier lugar de sÍBcerar su ooq^ 
« docta .cQü. resisto: á la Francia desde la paz de Ba- 
• süea; y t» verdad, que nó creo haya habida en 
•,£spaña guíense haya quejado de ella :' anteÉ bien 
9i^tOde$ unáninieshan alabado á f^. Itf. fior su.CQns- 
mtlancia y fidelidaden hsprinclpios qué había 4id¡ofh 
»Sado^ Jjos míoseffí e^é pariícularsón/enterúmen' 
mte idéíUicos á los.de J^rM*\j,hñ dado;^praebaaiir^ 
» refragables de ellas desde d 'momento en qaé Y*' H^ 
jijaMicó.en mí la carona (I)*. . > ' 
ft- • ' '..'i • ■ ■.•'.'■ ■•;■.;■ 

— ►. . ■ ■ ■ ■■ ■ r— 

- -C^) V^ J^u0 que hace es^cv^e de esU ^uertO' ál ;prin>* 
cipe Fernando , condena acerbamente esta poUtic^ po^,^^ hy- 
jas mas atrás en su Manifiesto \ añadiendo que el motivo prin- 
cipal, de haber sido adoptada i fué el de conservanne jo en 
el favor que gozaba cerca de Garlos lY ; sabiendo , en medio 
d^'esto Geballos ^-j coñstándole de propia ciencia) que jamas 
habían ¿ido e^trecbadas mas ínümamente las reTaJciones de la 
Bftpafta con la Práncía qne bajo los mfniistériM'de don filí»- 
cfseó Saavedrá yde don Maiíano Lra^ de Ürqoijd (dé Ida ^s¿^ 
lék ni el nno ni el otro dieron mnestra de ser \ak^&»tíÁ.M) 
bn. los tres años en que estnve retirado de los úegoeiois-'^ 
Iñando algtltío^ coüStándole igualmente , no diré soloiÉnis de^ 
l^tesi sino también los suyos, éü mi ayuda, con él gabinete 
hraüceb ¿eídte é! año dé 1'8Ó1 en qne etrey voMó' k ocapar^ 
liie'én sti servicio $ debates que üfié atrajerod'Iá enémiátiad de 
. Bonápartev'y en los últimos tiempos- 'lo6 ataques '7 petseciH 
ciones del embajador Beauhamais por medió de Feníaáado 
hasta dar conmigo en tierra. T este mismo hombre t algonaí 
hojas nias adelante, se alaba de haber dicho á M. Ghatn^gtrf 
en Bayona, que la conducta polittca de Carlos IV <^ despus» 



DEL PElNCIPE DS LA PAZ. 285 

« La cdusa del Escorial ipie'V^i' Mi da lá -eíntendér 
» turo pórorijeii d odi(>.qQc mí mujerme haUa íiik<* 
» pirado contra la Francia, contra los miiiistF06r.de 
»y. M., contra mi amada níadre y/coñfra'Y.'M.'^rais- 
» mo, si se hubiese seguido por toÜos lok tránrites 
)i legales {í)i habria probado evidentemente lo coa- 
i>traria; y- no obstante (pie yo n6 tenia la menor in- 
Mflneacáa'^ ni ñas libertad qtsíe la aparente v <e& q&e 
» estaba guardado á vista por los criados que Y. M. 
»qniso ponerme, ios once consejeros elejidos por 






del tratado de Basüea^ ofrecía una gran prueiM de ^ue ios 
soberafios saben saerificar stts intereses de familia cuando ¡e»' 
ios se hallan en oposición con los de sus estados-^ y quería. sv* 
tuacion topográfica de los dos reinos Jbastaba para demúsirar 
la émportanda para España. de mantenerse en buena inteiu' 
jehcia con la Francia , siendo el único estado del continente 
deia £uropa con quien tenia relaciones largas y diréotasti^iy 
con él^cual debia por tanto «MAüfTBKBB una pas PEfiistuA^ Estas 
contradicoionles de Ceballos ^ eñ onübro tan pequeño y dejan 
ver qae'aqi^ei homboe qué ilegp «á tejoyer tréstiCjeoraxonesipara 
servir tres Teyes qae^ des^jañm socesiv9iBent(^/«l tmontf 
otroy t^ma tapibien en su cartera recetas de. poUtieapailA adu- 
lar, '^^i^^^i' ybíacer traición á cuantos ^eyes lejyiainasen.á 
servirios.^ ■ ■ ■'• -i • • "of 

<1) I Vale decir: Si F, M, no me hubiese perdonado I Ba 
biendo^ coál sabia GeBallos, caañto hnbo^n «stcí^asiintfti-.y 
como ft|é guiada y concluida aquella causa, ¿en dólide 'fistá 
la[ buena fe , siquiera un color de ella , tratsjndoAe de .iHi(Nbgo 
que se supoue hablar eu esta carta con su augnsio^^pádrep i 



286 . MEMORIAS 

» V- M^laerotí vteánimemente de parecer que no ha- 
»lHá iDotiyo de ácusáeioa, y que los supuestos reos 
A erajQi' inocentes (1). 

> Y. n* habla de la desconfianza que le causa- 
• ba U entrada de tantas tropas estranjeras en Espt- 
» ña, y de que sí Y. M. habia llamado las que tenia 
»ea Portugal y en Madrid, no era para abandonar á 
üfius rasólos, sino para sostener la gloria del trono. 



Trrrr 



• » » 



(2) Al trazar este párrafo tuvo Geballos tan corta memo- 
ria, qae no se acordó de la carta de Napoleón de 16 de abril 
al principe Femando , contenida en el Manifiesto bajo el nú- 
mero 3 , donde aquel se espresaba de este modo : «(Guando el 
M rey Garlos me pspüeipó los mcesos del mes de octubre pró- 
wximo pasado , me cansaron el major sentimiento , t mb u« 

n gOEUBO VE HAB^B GONTiminDO POB mS IlfSIIfüACIOIlJBS ÁL BOBV 

njfiíaro BBL asvuto bsl Escobial. y. á. R. era culpable ^ bas- 
uta para prueba la carta que me escribió y que siempre be 
tt deseado ol?idar. Siendo rey sabrá cuan sagrados son los de- 
tirechos del trono: cualquier paso de un principe kereditario 
M cérea de un soberano estranjero es criminal , etc. » 

BEs lectores habrán iristo ó podrán ver en el capitulo XXS 
de esta segunda paite de mis Memorias de qué manera fiíé 
seguidoíytenmnado aquel proceso <i cual faé la parte que Inn 
To el ministro Gdiallero en el trionfo de los culpados , «nal la 
influencia del embajador francés , y cual una respuesta qoo 
mé tuyo el decano del consejo sobre la sentencia que :fiié 
puestas «Guismdo el principal acusado ha obtenido la clotnen- 
« eia rMVy mañana á el otropodrd llegar d suceder qne^em- 
^fMe ei cetro 9 .¿nos tocará á nosotros condenar á los que 
•» han sido sos ajentes P 



DEL PElNGIPB BB LA PAZ. 287 

DPermitame V. M. le fa«ga presente ^e mo deóia 
» sorprenderle ta entrada de mas tropas amigai y 
» aliadas, y quej bajo este concéptOj debían inspirar 
» una total confianza (1). Permítame V. M. obser- 
» varíe igualmente que las órdenes comunicadas por 
»y. M. fueron para su viaje 7 el de su real familia á 
» Sevilla; que las tropas las tenian para mantene^r li*- 
»bre aquel camino, y que nó hubo una sola perdona 
fi qiie no estuviese persuadida de que el fin de quien 
» lo dirijia todo era trasportar á V. Sí. y ísu real fá- 
D milia á América. Y. M. mismo publicó un decreto 
^para aquietar iA ánimo de sus vasallos. $obre este 
» particular; pero^ como seguían embargados los car* 
ihríaújes y apostados los tiros j y se veían todas las 



(1), Por el waoLQit de la verdad, un instante no mas, aqui, 
á mi lado , lector mió. ¿ Se podrá creer qae hablase así Fer- 
nando , ó se le hiciese hablar de esta manera por Geballos, 
srgnjendo á Garlos lY de haber desconfiado de Napoleón por 
el aameato de mas tropas amigas y aUadas que enTÍabaP 
Fernando habría podido tener este lenguaje cuando , engaña- 
do por Beanhamais, creyó que aquellas tropas venian en fa- 
vor snyo$ pero en 4 de mayo no era posible decir est», :ni 
cabia otra cosa mas qne confesar su yerro , pedir perdón á 
su buen padre , contarle francamente y en todos sus detalles, 
siu ooaltarle cosa alguna, los inionos procederes con que Ka^ 
poleon había intentado arrehatarle la corona, y si no osá|^ 
haceiio por e&eríto, haber enviado algmio de los suyo» qi» en 
secreto revelase á Garlos TV lo qoe había pasado, y lo pnsie-* 
se eb guarda del peligro ^ que uno y otro se 'encontraban. • 



2S8 /. ' MJEMOBUS : 

odisspofticiones de «in prckimo viaje, á lá costa d^ An-^ 
» dalécia , la desesperaron se apoderó de los ánimos 
»y resaltó el monn^iento de Ar^njues; (1). La parte 



■ . ' . » ■■ 



(1)' Cfertkmente que eú lá éstremidád á que habiah llega- 
dorios sa<;eso9 cuanjdo se- «supone escrita «sta e!air|;avt]o era 
tiempo jopoítao^. p«ra di^^^utír e8tQ^ iiec)^& ; ni n^apha nqeiios 
^ la^ circan^tancias en gufl .^jernajiido y svis amigos se h^lla- 
ba^l i ejs cf ejble que s^ hubiesen atrevido á ^ospentír ^ C^r- 
los IV de una majipra que rfiyab^ ipn la insolencia^ Pero, dejan- 
do ésta cuestión j aprovecharé la co^ntura qué esta pWté del 
testó iaé ofre6e para hacer ver á un mismo tiempo la injusti- 
cia f la ínconsdcnenda de mis enemigos. Probado* y Aesposr 
trado dejéhaf^fa la evidenciaen el capitulo XXXI d^^sta si^gmir 
da parte de mis Memorias^ j en diferentes lugares de ellas, 
que jamas filé la intencioa de Garlos IV ni la mía üe abandor 
nar el reino j emigrar á la América, sino de sostener la mo« 
narquia jla'coroína con la asistencia de sus pueblos y coa jos 
auxilios que hsá)ria invocado j obtenido , no solo de lá Inglar 
térra, sino de ios demás principen de la Europa que soporta* 
ban;:mAlso'grada9:él jngOy la prepotencia del emperador 
d»loÍ9Íranceses« Lók<conspírádores de Aran juez lograron ía 
áesigmo espaarcienáo'pérfida:mente la vóa- de qüe^ : Garlos -EV 
sé-pvoponia abandonar sus rretnos.^ como |os. príncipes portn* 
gneses; Rabian abáhdoiLado<los suyos., todo lo enal e^ bien sar 
bidoj pcqfo lio ]p es tanto., y m^zece ser traído á cuenta 'en 
esté lugar , que los .mismos que han pretendido cubrir la re» 
volnoion de Aranínez con este protesto, quisieron luego trañ^ 
•yir con. Bonaparb»',' consintiendo en que Fernando renuncia* 
tet elitronq d& la Ifispaña á condición de que aquel le permi* 
tiés« ir á reÍBair.fiKi; lais< Am^ixioas. %si4 proposición, fué con« 
acertada entr9. d«ai Jaan.-de Pspóiquiz j ^1 (^po Pradtt' A 



BEL PBÍnCIPB BB LA PAZ. 289 

»qne yo tave en él, Y. M. sabe que no faé otra que 
j» ir por sn mandado á salrar del furor del pneblo al 

«OBJETO BE su OBIO POBQÜB LB GBEIA AUTOB BEL 



cual nos lo ha contado en sus Memorias <t como también que 
Bonaparte se negó á admitirla. Mas adelante todavía volvió 
á ocuparse Escóiqniz de esta idea , y el mismo iiarra lo que 
signe en sn Idea senciUa (capitulo Y, pajinas 78 j 79) : «El 
» motivo del viaje que hicimos el duque de San Garlos y jo á 
9 Paris can aprobación del rey^ fiíé habernos dicho Talleyrand 
» que al emperador se le habia metido entonces en la cabeza 
»el proyecto de enviar al rey á Méjico ó á cualquiera de las 
» colonias suyas que elijiese , con condición de renovar sn 
» renuncia de la España, y de llevarse consigo , no solo á los 
M señores infantes , sino á los reyes padres , al infante don 
» Francisco, á la infanta doña María Luisa y su familia, y á 
«cuantos principes de la casa de Borbon pudiese rebojer, 
o ofreciéndoles estados en aquellas vastas posesiones, etc.» 
T poco mas abajo añade lo siguiente : « Fué cierto en efecto 
» este proyecto del emperador , que, si se hubiera realizado, 
n siendo por naturaleza nulas cuantas cesiones hiciese el rey 
» en el suelo de la Francia , le hubiera valido la libertad y la 
» proporción de volver á España en el momento en que se 
» hubiese encontrado entre sus vasallos de Ultramar, etc..'>i 

He aquí, pues , los grandes hombres del partido que derri- 
bó del trono á Garlos IV bajo la falsa especie de que intenta- 
ba refojiarse en sus estados de la América , solicitar después 
ignominiosamente (por ellos mismos confesado) trasladar alU 
á Femando , verificada su renuncia á la corona de la España. 

(1) Incurrir en el odio de sn patria por haber querido sal- 
varla , es el último grado de merecimiento á que puede* a^- 

19 



390 MEM01IA8 

i> Pregante Y. M. al emperador de los franceses j^ y 
o S. M. I. le dirá sin dnda lo mismo qne me dyo i 
»mi en una carta qne me escribió á Vitoria, á saber 
» que el objeto del viaje de S. M. I. y R. á Madrid 
» era inducir á Y. M. á algunas reformas , 7 á que se- 
» parase de su lado al principe de la Paz cuya inñnen- 
» cia era la causa de todos los males (1). 



oender un buen ciudadano. Si el viaje de qne tai antor se hn- 
hiera cnmj^ido^ la familia real no se hubiera visto prisionera 
en Bayona, y probablemente no hubiera habido tampoco guer- 
ra , porque, no teniendo Napoleón ningún motivo para hacerla, 
hubiera desistido de sus designios malogrados , y no habria 
querido desacreditarse en la Buropa persiguiendo á un amigo 
suyo y aliado de tan alta esfera , y á cuyas grandes pruebas 
de amistad se habia manifestado obligadísimo en dos de sus 
arengas públicas á los cuerpos del Estado. Asi es que por es- 
ta sola frase que estoy apostillando, tanto como á mi me- ele- 
va Geballos sin pensarlo , otro tanto él se deprime y se con- 
dena á si mismo , qn& no tan solo se opuso al vic^je salvador 
que yo tenia dispuesto , sino que se agregó á la conspiración, 
y fué uno de los grandes farautes del viaje de perdición qne 
dejó á la España huérfana y empeñada en una guerra eierta 
y espantosa. 

(1) Cuya infhíenciá era la causa de todos los meUeSt ®s 
una añadidura qne pone aquí Geballos, pues qne esta frase no 
se encuentra en la tal carta. En cnanto á los deseos de Bo- 
naparte de separarme del lado de Garlos lY, cierto es qne los 
tenia desde el año de 1802 ; pero esto me honra mucho y es 
para mi una gran defensa, porque, si yo hubiese sido servidor 
y partidario suyo, hubiera trabajado, no por separarme, sído 
por sostenerme junto á Garlos IV. 



DBL PBÍIfOIFB BB Lk PAZ. 291 

n El entusiasmo qne sa arresto produjo en toda la 
)> nación, es nn^ pmeba evidente de lo qne dijo el 
» emperador (1). Por lo demás Y. M. es buen testigo 
» de qne, en medio de la fermentación de Aranjnez, no 
>y se oyó nna sola palabra contra Y. M. ni contra per.-* 
ji sona alguna de sn real familia; intes bien aplan- 
»dieron á Y. M. con la mayor demostración de jn- 
» bilo y de fidelidad acia sn augusta persona (2). Asi 



(1) Después de haber keoho mis enemiges creer al pue- 
blo que yo había intentado perder y suplantar al príncipe 
de Asturias, y que, viniendo I^apoleon con sos tropas á soste- 
nerle y á derribarme á mi del poder, había yo sorprendido el 
ánimo del rey representando como suyo el peligro que no era sino 
mió, é induciéndole á una fuga vergonzosa con toda su familia 
á las Ámérícas, de cuyas Yesnltas no podía menos de suceder 
qne Napoleón entrase en España como enemigo , y se produ- 
jesen los mismos desastres que estaba padeciendo el Portugal, 
después, digo , de tales alarmas dadas á la nación en contra 
mía, nada tiene de estraño que mi caída y mi arresto hubiese 
producido un contento jeneral. Pocos hay en el día que no ha- 
yan hecho esperiencia délo que son las iras de los pueblos, y 
de que modo se levantan y se benefician por los partidos in- 
teresados en promoverlas. A los qne desearen saber todos los 
odios de que fui victima y los verdaderos fundamentos de 
estos odios i les ruego que lean el capitulo XXXI de esta se- 
gunda parte. 

(2) Gebalios no dice aqni que los aplausos y aclama- 
ciones de que habla recaían sobre concesiones y decretos 
arrancados al rey bajo el lemor y la preocupación de los 
tumultos movidos y continuados en los dos días que precedieron 



292 . KEVOEIAS 

«es que la abdicación de la corona qne Y. M. hizo 
» en mi fayor sorprendió á todos y á mi mismo, por- 
«qne nadie la esparaba (i) ni la habia solicitado. 
»y. M. mismo comunicó su abdicación á todos sos 
» ministros, dándome á reconocer á ellos por sn rey 
»j su señor natural; la comunicó Terbalmente al 
«cuerpo diplomático que residia cerca de su persona, 
9 manifestándole que su determinación procedia de 
»su espontanea voluntad, y que la tenia tomada de 
j) antemano. Esto mismo lo dijo Y. M. á mi muy 
«amado hermano el infante don Garlos, y a mi tio 
j»el infante don Antonio, añadiéndole que la firma 
^ que Y. M. habia puesto al decreto de abdicación 
» era la que habia hecho con mas satisfacción en su 
«yida; y últimamente me dijo Y. M. á mi mismo 
«tres dias después, que no creyese que la abdicación 



á sn abcGcacion. Hombre de estado como era, no podía ig- 
norar cual fnese el valor j la significación de estos aplausos. 
(1) T sin embargo pocas hojas antes dice Geballos en sn 
Manifiesto qne , con anterioridad de tres semanas k los tn- 
mnltos de Aranjnez, habia oido á sn majestad decir á la reina: 
(« María Luisa, sería mejor retiramos á una de nuestras pro- 
nvincias, donde pasaremos nnestra vida en quietud: temando 
«que es joven podrá tomar sobre sí el peso del gobierao.n 
Contar esto en nna parte de su escrito , y decir luego que la 
abdicación de sn majestad sorprendió á todos, es una contra- . 
dicción manifiesta, y sabido es de todos que los que mienten 
se contradicen: mientras tanto , tiene buen cuidado de callar 
qne Carlos TV, despnes de los sucesos del Escorial , contó muy 



DEL PBÍNGIPB BB LA PAZ. 293 

»habia sido inyoluntaría, como alguno decía, pues 
» habia sido totalmente libro j espontanea (1). 

))9[i supuesto odio á la Francia; tan lejos de apa- 
x>recer por ningún lado, resultará de los hechos que 
DToy á recorrer rápidamente todo lo contrario. 

» Apenas abdicó Y. M. la corona en mi favor,' di- 
»)rijt rarias cartas desde Aranjuez al emperador de 
»Ios franceses, las cuales son otras tantas pruebas 
j»de que mis principios, con respecto á las relaciones 
1) de amistad y estrecha alianza que felizmente sub- 
D sistian entre ambos estados , eran los mismos que 
»y. M. me habia inspirado 7 habia observado invio- 
i)lablemente. Mi viaje á Madrid fué otra de las mayo- 
» res pruebas que pude dar á S. M. I. y R. de la coü- 
» fianza ilimitada que me inspiraba, puesto que, ha- 
j» hiendo entrado el principe Murat el dia anterior en 
«Madrid con una gran. parte de su ejército, y estan- 
o do la villa sin guarnición, fué la mismo que entre- 



geos dias de paz bajo el peso y en el batideco casi contknie 
de aflicciones que le causaban, de la parte de afnera la con- 
dncta inesplicable de Napoleón , y á la parte dé adentro^ las 
maniobras de ios partidarios de su bijo. Toíoebtnio encon- 
trarán mis lectores perfectamente ii detallado en el capíMo 

XXXI. ■,•••.■:. A ...\'U. - 

(2) La realidad de las cosas que aqnl se e^ebtau desfir 
juradamente sobre la conducta de Garlos I,V^*despnes <de su 
abdicación, se encuentra con todos sus pormenores en el'ca*- 
pitulo XXXUI de esta «egiiuda partid -> "•' ' '- 



294 MBMOBIAS 

»garme en sus manos (1). A los dos dias de mi re- 
» sidencia en la corte me fué dada cnenta de la cor- 
jirespondencia particular de Y. M. con el empera- 
ndor de los franceses^ y hallé que Y. M. le habla 
j» pedido recientemente ana princesa de su famiUa 
»para enlazarla conmigo j asegurar mas de esté mo- 
» do la unión y estrecha alianza que reinaba entre los 
» dos estados. Conforme enteramente con los princi- 
»pios y con la voluntad de Y. M. , escribí una carta 
»al emperadcHT pidiéndole la princesa por esposa (2). 



(1) Esta eoníbsion se hace aquí como un motivo de ala* 
bauza por el primer ministro j principal consejero de Fer- 
nando ! Don Juan de Escóiquiz no había llegado todavía á Ma- 
drid, de donde resulta que el primero que puso al principe 
Femando en poder de los franceses fué don Pedro GebaÜos. 
¿ Qué se hubiera dicho demi, si hubiera yo inducido al prin- 
€ip$ de Asturias asemejante pasoL.,^ T sin embargo^ jo qne 
bice cuanto estuvo en mi poder para librar á su alteza , á sus 
augustos padres j á toda la real familia, fui tratado como on 
reo de alta traición, traidopor las calles, sumido en una prisión, 
despicado de mis honores j mis bienes, y difamado por Ge- 
ballos y 808 amigos durante treinta años como autor de los 
Biales que vinieron por la mano de ellos.... f Ellos reccnnpeiir 
sados, alabados y ensalzados en los primeros puestos del es- 
tado } JO perseguido , maldecido j deshonrado permanente* 
mente!... Dios ha querido darme tiempo y vida para que yo 
dmi vez kaga nrüotiAi. la infamia de ellos en estas pa- 
jinas que UGfibay y quede» confundidas las que ellos han es» 
Grito. 

(2) \ Cosa bien digna de estrañarse que, habiendo sido 



DEI. PBÍHCIPB DB tk PAZ. 29S 

» Envié ana. diputación á Bayona paira qne campli- 
amentase ea mi nombre á & M. L j R.; hico que 
t> partiese poco después ini muy querido hermano, el 
«finíante don G^Ios para qne le obsequiase en k 
» frontera; j, no contento con esto, sali jo mismo de 
o Madrid en fuerza de las seguridades qne me habian . 
»dado el embajador de S. M^. L y H. , el gran duque 
»de Berg, y el jeneral Sabary, que acababa de Ue- 
j# gar de Paris^ y me pidió una audiencia para decir- 
jt>me de parte del emperador que S. M. I. no desea- 
»ba saber otra qosa de mí, sino si mi sistema con 
» respecto á la Francia seria el mismo que el de Y. M., 
» en cuyo caso el emperador me reconocería como tef 
» de España , y prescindiría' de todo ló demás. Llefld 
» de confianza en estas promesas , y persuadido dé 
» encontrar en el camino á S. M. I., vine hasta esta 
» ciudad f y en el mismo dia en que[ llegué» se hicie* 
i> ron yerbalmente proposiciones á álguno^s sugetos 
»de mi comitiva, tan ajenas dé h (fue hasta entéñ" 
» ees se habia tratado j que ni mi honor j ni fni con- 



FeíBando el primero <|iie , á Mcondidas dé su padre» pidió ana 
esposa á Boaapárte ptatestáúdoie, qm t^istiria oon in/títnci" 
éU cotKtancMincasampmio ám ctíálqukrá otra persona que 
fitesBMm 3U eonsentimiento j aprobación (bartá 11 de octobre 
de 180 7)4 Éb Ui haga Aecir aijní, qae la pidió después de haber 
visto qae BU padre lo había ya hecho! Véase sobre aque- 
lla peticioa: de esposa el capitulo XXIX de esta segunda 
parte. 



296 HEMOBIAS 

» ciencia j ni los deberes que me impuse cuando las 

w 

» caries me juraron por su príncipe y señor , ni los 
» que me impuse nuevamente cuando acepté la co- 
i^rona que ^. M. abdicó en mi favor ^ ms han per- 
emitido acceder á ellas (1). 

o No comprendo como pueden hallarse cartas mias 
•en poder del emperador qne pmeben mi odio con- 



■^ 



(í) A no ser este el testo mismo literal de la carta publi- 
cada por Geballos, cnal(iuiera podría sospechar qne se hubie- 
se suprimido alguna parte de ella, no pudiéndose espHcar el 
secreto que se guarda en ella todavía sobre la naturaleza de 
las proposiciones que habían sido hechas por Napoleón al 
príncipe Fernando. Aun cuando esta carta hubiese llegado 
(que como tengo dicho no llegó) á las manos de Garlos IV, no 
hay en ella una sola palabra por la cual su majestad hubiese 
podido venir en conocimiento de que el emperador se había 
manifestado pronto d reconocer d Femando como rey de Ss- 
paña^ d condición de que esto fuese renunciando la misma co- 
rona que le reconocería , y trocándola con él por la de Etruria, 
Ni Garlos IV, ni yo, ni nadie hubiera podido adivinar tamaño 
j tan inimajinable despropósito. Todo lo que estas frases em- 
bozadas pudieran haber hecho pensar al rej, habria sido que 
Napoleón, por precio del reconocimiento 'que Femando pre- 
tendía, le habría pedido al^n desmembramiento de provía- 
cías ó algnn grande sacrificio de intereses nacionales. ¡ Por 
qné tazón estos' misterios ! \ Por qué razón gnardar este se- 
creto coya revelación á Gárbs IV le hubiera puesto en guarda 
contra Bonaparte, y hubiera echado abajo todos los engaños 
y artificios ccm que había logrado ganai^ su entera confianza! 
To no lo concibo. 



BBL PBÍUCIPB DE LA PAZ. 297 

tara la Francia después de tantas pruebas de amistad 
que le he dado (1) , y no habiendo yo escrito cosa 
alguna que lo indique. 

D Posteriormente se me ha manifestado una copia 
de la protesta que Y. M. hizo al emperador sobre 
la nulidad de la abdicación. Luego que Y. M. lle- 
gó á esta ciudad, preguntándole yo sobre ello, me 
dijo Y. M. que la abdicación habia sido libre , aun- 
que no para siempre. Le pregunté asimismo: ¿por 
qué no lo habia dicho cuando la hizo? y Y. M. me 
respondió que porque no habia querido; de lo cual 
se infiere que la abdicación no fué violenta, y que 
yo no pude saber que Y. M. pensaba en volver á 
tomar las riendas del gobierno (2). También me di- 



^ É 



(1) Otras machas de estas pruebas omitió Geballos en el 
ntenido de esta carta ; una de ellas , la de haber mandado 
Iverse á Portugal las tropas que yo habia hecho venir para 
fensa de los reyes y de la real familia; la otra , de haber 
tregado la espada de Francisco I, demostración vergonzo- 
qae debió haber herido en lo mas profundo de $ns entrar 
A la nacionalidad española, y haber ilumina4o machas 
mas. 

(2) El contenido de este párrafo no sería eensorable mas 
le por sn enroscada lójica , si la verdad de los hechos no se 
tBase tan gravemente alterada. Guando Garlos IV leyó por 
imera vez en Boma esta carta , en una traducción italiana 
)l Manifiesto de Geballos , publicada en Palermo por el auo 
B 1814, me asegnró S. M. que se acordaba muy bieu de lo 
lie en aquella ocasión habia hablado con su hijo , reducido á 



298 MSHO&us 

» jo y. 9L qae ni qaería reinar ni Tolyer á Esps- 
D ña (1). 

i)Á pesar de esto, en la carta cpe tuTe la honra 



decirle « que S. M. no tenia que darle cnenta de sus obras ni 
» de sns pensamientos ; que su intención no había podado ser 
» de ninguna manera trasmitirle la corona de un modo ana 
» mas deshonroso para él mismo que para sn real persona; que 
«su bondad paternal habia querido después eunendar aquel 
» escándalo y dar muestras de haber obrado con libertad re- 
u produciendo su abdicación con las formalidades y condicio- 
w nes debidas á su dignidad y á su decoro \ pero que ni él ni 
» sus perversos consejeros habian qneiido, y se habían conde* 
n nado y perdido ellos mismos, n 

Es de notar también la falsedad con que se pretende hacer 
entender aquí, que el principe y sns consejeros no habian sa- 
bido nada de la protesta de Garlos IV , siendo así que» antes de 
haber salido de Madrid para recibir al emperador , estaban 
casi ciertos de que la protesta habia sido hecha. La prueba de 
esta verdad es el pasaje siguiente de Escóiqiuz en su látá 
sencüla (capítulo I, pajinas 14 y 15) : ««Entre estos yoealeí 
» mirabatt todos coa desconfianza á nno solo, que era i Gaba* 
»llero, á quien sospechábamos, con sobrado fundamento « de 
» secreta intelijencia con el gobierno francés y con los reyes 
» padres 9 cía quienes Uníamos casi seguridad habian proles* 
n tado contra la abdicación de su corona , y de que se mUoh 
n (tíanóon aquel gobiemo , mediante la rema viuda de Tostar 
»nayelgranduquedeBerg,t> 

(i) To he referido ya en otra nota cuales hubiesen sido 
las verdaderas palabras de Carlos lY , es á saber , de qne no 
quería reinar ni volver á España sin el decoro debido á SB per- 
sona , y una solemne reparación hecha por los que le habian 
faltado ú ofendido, y por su propio hijo. 



DELPBÍnCIPB BE LA PAZ. 299 

ttde poner én manos de Y. M. , manifestaba estar dis- 
spnesto i renaaciar la corona en sn favor, mediante 
jola reunión de las cortes ó^ en falta de estas, de los 
» consejos j diputados de los reinos; no porque esto 
Jilo creyese necesario para dar valora la renuncia, 
usino porque lo juzgo muy conveniente para evitar 
»la repugnancia de esta novedad, capaz de producir 
» choques j partidos, y para salvar las consideracio- 
»]ies debidas á la dignidad de Y. M., á mi honor y 
» 4 la tranquilidad de los reinos (1). 

» En el caso que Y. M. no quiera reinar por si, 
A> reinaré yo en su real nombre, ó eu el mió, porque 
j» á nadie le corresponde sino á raí el representar su 
«persona , teniendo, como tengo, en mi favor el voto 
»de las leyes y de los pueblos, ni es posible que 
» otro alguno tenga tanto interés como yo en su pros- 
» peridad (2). 



(1) Todas estas razones, bien pesadas en la balanza de la 
JQstieia , eran otros tantos cargos contra la aceptación inme- 
diata , y por decirlo asi solntanea, de la renuncia de €¿r)os IV, 
pronunciada en medio de las ajitaciones populares, tanto ma» 
en contra de aquella aceptación y de la validez de la abdica* 
eion, cnanto ni aun concedido le fdé después al rey ratificarla 
con alguna sombra de libertad, adoptando las formas legales y 
las condiciones justas y moderadas qne 8. M. deseaba y había 
pedido. 

(2) En tiempo hábil , cuando S. M. , el príncipe y toda su 
real familia se hallaban libres en medio de sus pueblos en 14 
de marzo , aquel buen padre había propuesto á su hijo uomr- 



300 HEMORUS 

» Repito á y. M. nneyamente qne, en tales circans- 
»taQcias, y bajo dichas condiciones, estaré pronto á 
» acompañar á Y. M. á España para hacer allí mi ab- 
n dicacion en la referida forma; y en cnanto á lo que 
»y. M. me ha dicho de no querer Tolver á España, 
i>le pido con lágrimas en los ojos, y por cnanto hay 
»de mas sagrado en el cielo y en la tierra^ qne, en 
ocaso de nó querer con efecto reinar, no deje nn pais 
«ya conocido, en que podrá elejir el clima mas aná- 
»logo á su quebrantada salud, y en el qne le asega- 
»ro podrá disfrutar mayores comodidades y tranqoi- 
»lidad de ánimo que en otro alguno (1). 



brarle lagar-teniente snyo, y retirarse tierra á dentro, si S. A. 
se creyese con mejores medios y mejores esperanzas para 
tratar con r^apoleon, manteniendo la integridad del reino, 7 
evitando tratados onerosos á la España. El principe no qniso. 
(Véase sobre esto el capitulo XXXI acia el fin. ) No qaed6 
tampoco por Garlos IV en Bayona , como ya dejé contado, que 
Napoleón se hnbiese acomodado con Femando. Si Napoleoí 
no qmso y pronunció qne jamas lo reconocería como xxif da 
España, ¿ á qtiién la culpa? \ Á. nadie mas sino al mismo qpn 
se alaba de haber dictado esta carta; á Geballos y á sñs demás 
cómplices y amigos que , pudiendo, cual pudieron en Bfadiiá 
ó en Aranjuez , haber asegurado la corona noblemente sohie 
ias sienes de Fernando de mano de su augusto padre bajo las 
debidas reglas y formalidades , prefirieron ir á recibirla 6 i 
hacerla valedera de la mano de un principe estranjero y ene- 
migo natural de los Borbones ! 

(1) Sobre la sinceridad de estos ruegos bastará observar» 
que la facción bajo la cual se vio obligado el rey Fernando á 



DEL PBlnCIPE DE LA PAZ. , 301 

» Ruego por último á Y. M. encarecidamente que 
»se penetre de nuestra situación actual, y de que se 
tí trata de escluir para siempre del trono de España 
)) nuestra dinastía, sustituyendo en su lugar la impe- 
i>rial de Francia: que esto no podemos hacerlo sin 
Jt>el espreso consentimiento de todos los individuos 
»que tienen y pueden tener derecho á la corona^ ni 
» tampoco sin el espreso consentimiento de la nación 
» española , reunida en cortes, y en lugar seguro; que, 
» ademas de esto, hallándonos en un pais estraño, no 
a> habría quien se persuadiese que obramos con liber- 
»tad, y esta sola consideración anularía cuanto hi- 
» ciésemos^y podría producir fatales consecuencias (1). 



plegar su voluntad todo el tiempo de su vida, no le permitió 
después, en los dias de su felicidad, invitar á aquel augusto 
desterrado para que volviese á España donde sus años podrían 
haber sido mas largos. 

(1) Es todavía de admirar el misterio, ó sea la manera de 
expresarse, vaga, confusa y embebida que se nota en este otro 
párrafo sobre una materia de tanta importancia , callándose 
siempre los hechos cuja entera noticia bien circunstanciada 
era tan necesaria para alumbrar á Garlos IV sobre los desig- 
nios de Bonaparte. Decir al rey que el emperador los tenia 
contra su dinastía, no era añadir nada á lo que S. M. mismo 
habia dicho mas de una vez á su hijo después que r^aptoleon 
habia destronado á su hermano el rey de r^ápoles. Por estar 
bien penetrado S. M. de esta idea , que por espacio de cerca 
de tres años habia yo procurado inculcar altamente en su 
ánimo, fu(^ su resolución de escudarse y hacerse firme en lu- 



302 hemobiás 

«Antes de acabar esta carta, permítame Y. M. de- 
» cirle que los consejeros qne Y. M. llama pérfidos, 
» jamás me han aconsejado cosa qne desdiga del res- 



gar seguro contra la invasión de sos reinos traidoramente co- 
menzada. T poes Femando j sos amigos impidieron á mano 
armada aquella resolncion por la coal debió haber sido salva- 
da la corona, j por cansa de ellos se encontró ó crejó encon- 
trarse Garlos IV en el caso de ponerse bajo el amparo de 
aquel mismo contra el cual había iatentado defenderse j de- 
fender la España, era un doble deber de aquellos hombres que 
en tan mal paso se hablan puesto y le habían puesto, el de ha- 
berse unido á su monarca sin ningunas condiciones , y de ha^ 
berle informado abierta y plenamente de cuanto había oconi- 
do , pues no podían dudar que Garlos IV lo ignoraba, con tan 
solo haber visto el contenido de su carta al príncipe Femando. 
Esta que yo comento prueba bien que no lo hicieron. 

Pero, como tengo dicho, ni aun llegó esta carta á Garlos IVi 
y, visto el tenor de ella , es muy probable que, si en efecto la 
escribieron , no se atrevieron á enviarla. Guante á no haber 
sido recibida , añadiré una pmeba mas , y es una copia autó- 
grafa , que Garlos IV me hizo el honor de darme, de ana pos- 
data que había puesto en una carta al rey de Ñápeles después 
que hubo leído ^p&r primera vez el Manifiesto de Ceballos. 
8u AL me autorizó para mostrarla á todo el mundo , y se ha- 
llará litografiada al fin de este voliímen en la misma lengua 
italiana en que la escribió Garlos IV , y con su misma orto- 
grafía, 

<(P. D. Doppo scrítta questa lettera mí e capítato tra le 
n maní un libbretto ristampato in Palermo , e scrítto da don 
>i Pietro Gevallos , che fu mió secretario di stato , in cuí rife- 
nrissce le cause é sucessi della rivoluzione de 1^08, nel 



DEL PElnCIPB BE LA PAZ. 303 

JO peto, amor y veneracioii que siempre he profesado 
» y profesaré á Y. M. cuya importante vida ruego á 
dDíos conserre felices y dilatados años. Bayona 4 de 



» quale fra altre cose false sul mezzo mette una sua rípresen- 
» tanza fatta nel eonsiglio di mió figHo e ia soa presenza ia 
n Yitoría la qaale é una orribbile calannia, e inyettiya contra 
«lil principe della Paee che e stato il mió piu fedele ministra 
n único amieO nostro inseparabbile , e che é stato la yittima 
ik del soo attaecamento per me , a cni anno infámate contra 
>» ogni raggione e venta ^ e verso ii fine ci sonó due lettere 
n clie si dicono scríttemi da mió figlio Ferdinando , Y una del 4 
» maggio e Y altra del 6, le quali non ho visto e che sicura- 
M mente non avrei sofierto per il loro contenuto e poco rispeto 
» alia mia persona: vi prego a non permettere simile scritto e 
» fare tatto il vostro sforzo per rítomare la sua stíma al prin- 
n cipe deUa Pace che ve ne saró obbHgatto tanto come se lo 
n faceste per me. » 

La supuesta carta del 6 de mayo de que habla aquí Gar- 
los IV, estaba concebida tal como la ha insertado Geballo^ en 
su Manifiesto^ de la manera siguiente : 

«c Venerado padre y señor : el primero del corriente puse 
Men las reales manos de V> M. la renuncia de mi corona 
»> en su favor. Ue creido de mi obligación modificarla con las 
n limitaciones convenientes al decora de V. M. , á la tranqui- 
N lidad de mis reinos , y á la conservación de mi hokior y re- 
» putacion. 

» No sin gran sorpresa he visto la indignación qne han pro- 
n dncido en el real ánimo de V. M.unas modificaciones dicta- 
ra das por la prudencia, y reclamadas por el amor de que soy 
n deudor á mis vasallos.» 

M Sin mas motivo que este, ha creido V. M. que* podia ultra- 



304 HBHOBUS 

» mayo de 1808 — SeSor , á L. R. P. de V. M, sn mas 
j) humilde hijo, Febuando." 

Este capitalo es prolijo, j yo lo reconozco; pero 
conduce mucho para poner en claro con la luz que 



» jarme, á la presencia de pii venerada madre j del empera- 
» dor , con los títulos mas homillantes ; y, no contento cones* 
» to, exije de mi que formalice la renuncia sin límites ni con- 
» diciones , so pena de que yo y cuantos componen mi comi- 
n tiva seremos tratados como reos de conspiración. En tales- 
>i tado de cosas hago la renuncia que Y. M. me ordena pan 
M que yuelva el gobierno de la España al estado en qoe se 
» hallaba en 19 de marzo, en que Y. M. Mzo la abdicaciones* 
)> pontanea de su corona en mi favor.» 

«Dios guarde la importante vida de Y. M. los machos años 
n que le desea, postrado á L. R. P. de Y^ M., sn mas amante 
M y rendido hijo F^RNAirno. — Pedro Geballos* — ^Bayona 6 de 
»mayo de 1808. « 

Tanto esta carta, como diferentes otros hechos, unos falsos 
y otros alterados que coutenia el Manifiesto de Geballos, dis- 
puestos por él como mejor le convino para su propia apolojíai 
fueron creídos jeneralmente en España hasta el año de 1814i 
en que cada uno de los que agraviados por este ministro ei 
su escrito se encontraron en posición de poder escribir Ubre* 
mente, cuidó de hacer la vindicación de su honor y de la ver* 
dad en 4a parte que le tocaba. Entonces filé visto qoe esta 
carta del 6 de mayo de que Geballos hace ostentación en so 
Manifiesto , era una invención suya, y que la verdaderamcB' 
te escrita y diríjida á Garlos lY por su hijo con aquella fecM 
estaba concebida de esta suerte : « Mi venerado padre j s^ 
» ñor : para dar á V. M. una prueba de mi amor, de mi ol*- 
» dieucia y de mi sumisión , y para acceder á los deseos 40'' 



\ 



DEL PEllYCIPB DB LA PAZ. 305 

les faltaba los sucesos de Bayona, acerca de los cua- 
les no se había oido todaria sino lo que han contado 
los que tenían necesidad de disculparse por haber 
llevado y puesto en manos del emperador de los 
franceses la^uerte de sus reyes y los destinos de su 



«Y. M. me ha manifestado reiteradas reces t renmieio mi 
» corona en favor de Y. M.| deseando qae Y«BI. pueda gozar- 
»la por machos años. Recomiendo á Y* M. Jas personas qne 
M me han servido desde el 19 de marzo : confio en las seguri- 
» dades que Y. M. me ha dado sobre este particular. Dios 
» guarde á Y. M. felices y dilatados años. — Señor, á L. R. P. 
wde Y. M. su mas humilde hijo, /Febkákdo. — Bayona, 6 de 
»mayo de 1808.» (Yéanse sobre esto las Memorias de Lló- 
rente, tomo U, desdóla pajina 168 hasta la 1,74 inclusive.) 

Todavía, si se puede dar crédito á M. Bausset en sus Me^ 
morios anecdóticas, resulta que el testo de esta carta fué en- 
viado previamente al emperador de parte de Fernando para 
que aquel la reconociese antes de enviarla á su padre , y que 
hecha la traducción en francés, y presente á aquel acto don 
Jnan Escóiquiz , fué practicado el cotejo del orijinal espa- 
ñol con la versión francesa y dada la aprobación por Ro- 
naparte. 

Demostrada asi la falsa mercancía qne dio Geballos al pú- 
blico en su pretendida carta del 6 de mayo, no es temeridad, 
después de todo lo que dejo dicho anteriormente , el deducir 
qne Ifi carta del 4 es un producto de la misma fábrica. El he- 
cho es, que no hay mas autoridad que la de Geballos para pro- 
bar que esta carta ñié escrita y enviada, y que el que fabricó 
la del 6 pudo haber fabricado la del 4, una y otra en el inte- 
rés de su propia alabanza para volver á ganar la opinión qne 
había perdido por los sucesos de Rayona. 

20 



306 KSMORIAS 

patria. Voy á dar fin copiando aqni nna nota de don 
Jnan Llórente, qne se encaentra en sns Memorias 
(tomo n^ página 161 y siguientes) á continuación 
de la carta de 4 de mayo publicada por Geballos. Es 
de oI>seryar á propósito de esta nota , que Llórente 
bizo en ella un esfuerzo por manifestarse imparcial, 
y que sin embargo escribió lo que sigue: 

''Yo no llamaré, como Garlos lY^ pérfidas á don 
» Juan de Escóiquiz y al duque del Infantado , por- 
x> que tal vez creyeron compatible su conducta con la 
«fidelidad i Garlos lY. Pero diré á la faz de todo el 
D mundo que el primero que dio nacimiento á las 
» desgracias de España fué Escóiquiz con sus tra- 
i>tos y consejos secretos á un hijo, sucesor del trono, 
» contra la libre autoridad de un padre que lo poseía. 
» Tan imposible me parece disculpar estos consejos 
» y sus auxilios prácticos para que produjesen efecto, 
» como dar satisfacción á los argumentos del empe- 
» radorlXapoleon en su carta de 16 de abril de 1808, 
D y á los que hace Garlos lY en la que da ocasión á 
» la presente. Esta es la causa de todos los padres 
»j/ de todos los reyes. La miran con indiferencia, 
D según vemos: el tiempo les hará abrir tarde ó tem- 
»prano los ojos , y yer sus propios riesgos. 

»El duque del Infantado (continúa Llórente) es 
» cooperador en segundo de todas las desgracias de 
x> España (aunque no pensase causarlas), porque con- 
» tribuyó á las intrigas de Escóiquiz, ya presentán- 
iidole al embajador francés Beauharnais, ya acep- 



BEL PBÍNGIPJE SS LA PAZ. 307 

n lando el nombramiento de comandante jeneral de 
» todas las armas españolas, inclusas las it lá casísi 
»real; pero está exento dé toda culpa en los $ncesos 
» de Aranjoez : á lo menos yo yivo persuadido de que 
D no tuYo parte, lüo es lo mismo acerca del'Tiaje de 
^Fernando á Bajona« £1 duque j Escóiquiz, y aun 
» San Garlos, y los otros menos metidos en la intri- 
» ga , se creyeron perdidos para siempre si Ñapo- 
t) león declaraba defínitiramente por nula la renun- 
»cia de Garlos IV y mandaba que esté toI viese á 
» empuñar el cetro. Confiaron que persuadirían á 
»IVapoleon lo contrario en Bayona, condéscen- 
» diendo en desmembrar las^ provincias españolas 
»de la orilla izquierda delEbro, en conceder fran^ 
«quezas exhorbitantes al comemo francés en Amé- 
» rica , y en casar con una sobrina (1). Esta confían- 



J L 



. (í) He aquí todavía sobre esto algunos pasajes de nna 
cartazo don Mariano Luis de ürqnijo ¿ donOr^gQrío de la 
Cuesta. (fecha 13 de ed>nl de 1308) publicada en diferentes 
colecciones de documentos relativos á estos sucesios $ y en la 
de Llórente, tomo 11, bajo el número 34. 

«< Sobre todo les he preguntado (á los ministros j conseje- 
»ros de Fernando) ¿cnél era el objeto de su ?iaje? ¿cómo 
»i se degradaba al soberano de una monarqiáade £spaña éln- 
» dias, 7 se le llevaba á nn reino estranjero súa convite , sin 
N preparativos , sin toda la etiqueta que en taleS casos se oh- 
» serra, y sin habérsele aun reconocido , poes se le llama 
» siempre principe de Asturias P Les he dicho que recordasen 
N el nombre de la Isla de los Faisanes en los Pirineos, en don- 



308 . KBXO&IAS 

liza faé el rerdadero motiro del TÍaje qae hace-des- 
» graciadas , sin colpa ninguna de ellas , doce mil fa- 
• milias, qne tiene convertidas en escombro algunas 
«poblaciones, qne ha empobrecido á la España para 
n nn siglo, y qne ha separado las Américas para siem- 
npre. El deseo de mandar bajo el nombre de Fer- 



tai*i 



n de, para una entrevista de los soberanos^ se tomaron tantas 
» precauciones de igual número de tropas á nna y otra oríRa 
»» del rio Bidasoa , ignal número de personas en los i>arcos, 
w pesándose hasta los ameses para qne no hnbiese nada qne 
n recelar, etc., etc., etc. ¡ PIbmsse Y., áiogo no ! j Por toda 
«Tespnesta me han dicho qua solo se iba d contentar la anh 
nbicwn del emperador con ciertas concesiones de territorio y 
** de comercio J Al oírles no he podido menos de contestar qne 
M entonces le diesen la España.» 
Mas adelante se lee en dicha carta este otro párrafo: 
«En fia , amigo mió, he dicho á Infantado cnanto hay que 
n decir sobre lo arriesgado del viaje, y qne sus consecnencias 
n podian ser el esterminio nacional. He hecho mas : le he di- 
n cho qae si él no quiere ir de embajador á Bayona, iré yo i 
w pactar con el emperador y conclnir este desagradable ne- 
n gocio, tan mal principiado y conducido $ pero que entretan- 
» to por nna de las casas inmediatas á la del alojamiento del 
w rey, se saqne á S. M., é media noche, disfrazado , y se le 
» lleve por de pronto á Aragón, pues el alcalde de aqoi, Urhi- 
» na, proporcionará la salida de S^ M., la cnal, y el ver qne 
• puede y sabe obrar por si, sin duda decidiría al emperador 
n á mudar de designio : ¡Nada , nada , he conseguido en mi 
w conferencia!... To veo con dolor que todos están ciegos j 
yt caminan al precipicio.» 



DEL PBiffÉIPB BB LA PAZ. 309 

»,iiandOf y el miedo de ser castigados, si Tohie$e á 
» reinar Garlos lY,. fueron los únicos moÜTOs de tan 
winCaosto y pernicioso riaje." > 



capítulo xxxyl 



i.. 



El 5 áemayó.' 

* j ■ • > 1 • . . í . 

En tal dia como este, año de i808-,.nn jcej pací- 
fico ^^ hombre de bien^ amador die «ns pueblolb, inca- 
paz de dolo j artificio, fiel, i su. palabra,, mtidelo, de 
rérdad, y prototipo «plHÜsimo de rectitud y bionór en 
todas sus acciones, fué sorprendido , consternado, 
piártirivado en su espíritu, trasUnmado eu^su raxon, 
y, reducido i un rerdadero estado de enajenamiento 
mental^ por un soldado podei^oso que Uegái ser em- 
perador y rey, amigo suyo y aliado; el cual, des-*, 
poei de haber rencido con. las aírmas Jos ademas re- 
yes de lii Buropa que le fueron enemigoa ^ comof lé 
hubiese parecido una especie de sacril^o hacerla 
gue^a i este rey amigo suyo, .«prefinid arr^at^rlefsn 
corona por el engaño )iilaisorprcisa,yie aprancd-ima 
renuncia en favor suyo del tronerde^.dos mundos. 
' Seis años mas tarde, aquel mismo gnerreroLpodé- 
roso,. después de haberse TÍsto obligado por Jas ar- 
mas estsanjeras y por U reprobación desuap^pioc 
subditos, á abdicar sus dos coronas, tío anuneoeríbl 



310 MEMORIAS 

primero diaí de sa destierro en la isla de Elba, en 
dfico del nrismo mes de mago. 

Y en cinco también dd. |át»pío mes d^mayo^iñi*' 
pues de siete años de rigoroso cautirerio en medio de 
los mares « fné llamado á la otra vida á rendir caen- 
ta de lo bueno y de lo malo que habia obrado fnn so 
carrera portentosa^Ji -tistá^id¿¿stas raras y notables 
coincidencias de los tiempos- que han pasado delante 
de nosotros, se han hecho inseparables en mi espirita 
estas tres fechas misteriosas, ó, por mejor decir, pro- 
yídenciales: la snplatitaeión del justo es ünli de las 
mate c^ifi»>:iicevea ^e laS' cuales (a dirina. justicia 
^^eostaÉibparre>rblbr|6i:^ñ; este mundo. Voy á contar 
at^el 4íá cinc(>^>tí)i'ma9 tíólisíit» y mas amavgo de 
cttimfós he pasado en esta viüd» > > ^^ • 
:i<Yo 6slab» ocm io^'iÉdyes,^ y era ya mef¿ia Itái-de, 
cuando trmott' Teñir álémperádóíf á cábálki^ despa- 
cio, con nmy ^oca comitii^a;. al parecer de muy mal 
cejo sd'Bemblaute; lastímente á aquella hora estaba 
el rey hsibUndo deh inquietud qae le causaba el bo 
haber recibíijb^ttodavía contestación algnatt db sa hi- 
jo, y* se temió qae esta visita sería algón auero ién- 
redt^I'^d^ttís^en^rildQfrrVejidria. á contarle/ Yo^quiae 
Mtínrmer; pero na hubo tiehtpow 

Napoleón estro! die: un íMcO lurusco. I» patüdei y 
el fuego de h ira marcados en^ so rostro .y. eii sus 
ojos. ''Ya yo lo habia previstOyisentrÓ diciendo, yo 
»<ki:agi|aHpdaba esto: Id Inglaterra triunfa de nosotros, 
i'la anaccpiía lur levantado ju cabeasa ya en E^afla^ 



BEL PBtlICIPB BS LA PAZ. 31Í 

» se ha degollado á mis soldados alerosameofte , la 
JD sangre de franceses y españoles, tan largo tiempo 
ji> amigos y aliados, ha corrido por las calles de Ma- 
jDdrid.... por mis condescendencias..^, por ensayirr 
JD medios pacíficos en donde (no cabian sino rigores... 
i> Todo este grande encendimiento se ha votad^í des^ 
j»de aqui^ desde Bayona.;.. Tengo laS'Cartirs y ía¿ 
D pruebas en la manó.... ¡Iníetía^ padre! {ícnfdlis réi- 
» no! ...'' y otras esclamacíones semejantes áe'qtte su 
boca era un torrente. En seguida dio i ieer ]á Gdr- 
Ips lY el pliego de Murxt qsé estaba concebido ein 
términos atroces, su prodbiiúiiy' y laisaiiigríenta^órdeñ 
del dia del terrible ^ de n^ayo. ISacha 'pbtte^de éstaár 
cosas leyó eL mismo erapbiordériyi^^.'ccKd^si^lodó'ésto 
do bastase para aterrar su iyiictimav hizo ooércat^e al 
oficial que había traido<:aq[ne)l(is:j^art^^ ^y le'ttiáú^ 
áó que^liabiara y que coütxsé como testigo ^ffieseil-^ 
cial.los horrores que lidnir yísIo. Gnunido ei^eJittlMi 
acabadoi y fie.fcabáipniosicomentoscpKehaciarNap^ 
le6n i cajda! hiátánte ,( pré^ontd éstd *tá Garios lY 'ÚM 
hijo noifai4)ia(itfiorila^:ó:si.']ákü9bÍ0n)lí!OÍMb(a<vm^^ 
á devolverle la corona. Garlos lY respondió j'qbéílaMfá 
tenia una pena mas como una añadidura á la aflic- 
ción mortal que le causaban las espantosas nuevas 
recibidas, y '«me eátá^^úa eirá él^itefatíód^ su Urjo 
Napoleón rompió de úliévó' todas ]ías'. compuertas iíe 
SU ira ..y dijo a tiárlos IV : £s necesario hoy misr 

;)mo poner fin á ,^ntQs,pr]me^e$».;.r JP^p^dUí^B^ 
» vuestro hijo.... |f(offlia|s treguas i t| no mas trogaas!'' 



312 xsxo&us 

£1 rey mandó llamarle. Yo aproreché esta cayan- 
tnra para retirarme, y no me hallé presente á las es- 
cenas lamentables qne siguieron, ni fui llamado á 
ellas. Mí cuarto, en el segundo piso, daba casi enci- 
ma del fatal salón, en donde, sin pensarlo nadie, iba 
á jugarse en una sola suerte la corona de España. 
Allí jemi oprimido de una mortal congoja sin poder 
Terciare; pero ofreciéndose á mi espíritu en confuso 
todos los azares que podría traer la competencia de 
hijo y padre y y las temeridades á que podría dejarse 
ir Napoleón andando los sucesos cual empezaban ya 
á mostrarse^ y d partido que aquel hombre podría 
sacar mas adelante de un princ^e y un rey que no 
se hallaban avezados á contiendas y yaivenes de es- 
ta clase. Yo no llegué á pensar, ni era posible adí- 
TÍnarlo, el repentino y asombroso desenlace coa que 
todo Sq^. acabado aquella tarde; todos los grandes 
males ^e presentía mi corazón los Teia como cerca- 
na, mas no como presentes.... ¡Ah! ¡tan presentes 
como estaban !... ¡tan. inmediato el hundimiento del 
terreno sobre el cual había montado Bonaparte aqnd 
teatrol(l) 



(1) Entre las infioifcas inexactitades» cuentos é invencio- 
nes de qne adolecen las Memorias del daqne de HóvigOt j 
con mayor especialidad en los asuntos de España , una de 
tantas es lo que cnenta, dé que mientras duró la sesión á qne 
fnéklRimado el principe de Ástdrías t presentes solamente los 
reyes padres y el emperador» á puerta cerrada , el tal dnqne, 



DEL PBÍnCIFB I>B LA PAZ. 313' 

Dos horas, por mi coenta, para mi dos siglos, 
eran ja pasadas, caando yinieroa á llamarme. Na- 
poleón kabia partido. £1 rey estaba inmoble sin ha- 
blar ni nna palabra, sn roslro hecho ana brasa, y sus 
hermosos ojos, sanguinolentos y empañados. La rei- 



70 y algoDos oficiales franceses estavimos escuchando y atis- 
bando por las rendijas de la puerta. Guando hubiera yo podi- 
do prescindir del respeto que me debia á mi mismo poniéndo- 
me á la escncha de una manera tan innoble^ me habria guar- 
dado con mayor razón todavía de hacer semejante pápela 
presencia de los principales individuos de la comitiva de Fer- 
nando , qne, como refiere el mismo duque de Róyigo , ocupa- 
ban la antesala. To no dudo que Savary, el cual de ninguna 
cosa de j^sté mundo &e. avergonzaba, hubiese cometido esta 
falta de decoro y de delicadeza en presencia de aqqelios mis- 
mos hombres que habia traido engañados desde Madrid^ y sin 
tener cuenta consigo propio del alto grado que ocupaba en la 
corte francesa: pero, por parte mia, aan cuando no se quisie- 
se tener en consideración sino tan solamente mi amor propio, 
Badie hallará creible tal conducta; fuera de qne, si hubiese 
sido verdad , Escóiquiz, Geballos j tantos otros enemigos mios 
de aquel partido que se haUaron presentes, habrían tenido 
buen cuidado de contarlo. 

Aun es mas raro, no un cuento, sino tma singular macha- 
da de M. Bausset, el cual refiere en sus Memorias anecdóti' 
cas i que el rey, durante una conversación de mas de una ho- 
ra con ét emperador, pasó dos veces á su aposento interior, 
sin duda, dice, para comunicar conmigo y pedirme cons^. 
Aquel augusto anciano, enfermo, sufriente aquel dia mas qne 
pingan otro de los dias anteriores , sosteniéndose apenas y 
disimulando la fiebre que atacaba su cuerpo no menos que su 



•314 MEMO&US 

na sollozaba amargameote al otro lado, j coa la toz 
entrecortada prorumpid 4iciendo: ''£1 rey ha renan- 
)>ciado la corona en Bonaparte!.,." Yo me sentí 80- 
brecojido de nn espanto indefinible; yo iba á pre* 
guntar al rey si era posible tan estrana noredad 
inesperada; pero S. M. fuera de sí me interrampió 
esclamando: '"'ÍSo, yo no he dado nada.... yo no era 
»mas rey.... ¡mi corona!... ¡mi corona!... ¡en Aran- 
Djuez me la quitaron! yo no he dado nada mió. Yo 
»soy nn rey proscripto: esa reYolncion que habéis 
»oido, ha sido en contra mia.... tal vez también en 
JD contra de la Francia por la única razón de haber- 
» se oído que el emperador trataba de reponerme en 



espirito , no foé dueño de entrir momentáneamente ea so 
cuarto para consolar su aatnrdeza, sin que el alma iaseui- 
ble y fría de M . Baustet infiriesb de esto que entraba- á eonr 
sultarme ocultamente. To dejo á este escrit(Hr, como ya dqe 
otra vezy de-áhima clase,, la igpoomiaia de liaber eseiittf'taa 
miseros renglones* . \ r ' 

Heme aqid pues en tanto ^pot deeklo asi, hecho ubiew^ 
según el testimonio del duque de Bóvigo, acechando con él 
por las rendijas y resquicios dennapnertaloqne pasada aden- 
tro; segnn M. Bausset, en lo interior, aconsejando k CÜiios 
iV. Gomo esto son todas las cosas que se han dicho en contra 
miá : mi silencio prolongado tantos años mientras yívíó Fer- 
nando por obedecer eternamente á su buen padre , títo y 
moerto, ha podido dar valor i tantas fábnlas, y sin arrepentir- 
me de haber cnmptido en esto nn gran deber heroico , io Uofo 
y lo conozco. 



B£L PBÍNCIPS Dfi LA PAZ. 315 

«mis derechos..*» {Las trapas de la Francia!... ellos 
olas deseaban, ellos salían á recibirlas, ellos las fes* 
j» tejaban caando creyeron qoe Teniau i coronar mi 
j»hijo: si abora se han vuelto contraerías, es^^oh^ue 
a se. han mostrado favorables á sa padre.... ¿ Quién 
j»me ha llamado desde España? ¿Qiñén me ha es- 
j»crito? Vosotros lo habéis visto, que ni una sola 
» carta heipos tenido de entre tantos boÉibres>qQe me 
j» debían su saerte, sa elevación^ su gloria, y, mucho 
«mas que todas estas cosas,. mi amistad, mi afectos 
» f Al tiranOiiB^s bajo'de la tierra no. se leJiabm tra-^ 
»(iádadeesta suerteiHubo un Kei^a en Ríuna; y 
j»siii embargo tenia amigos, y dcf no .pocos. faé-illora^* 
odow^To no he sidoñn tirano; yo he sido élfpadre 
»de mis pueblos veinte años — ¿Prefieren émihrjó? 
aTéáganle eii.hora boena: [no quiera Dios que por 
»4»8tigo¿^... Yo no me he opnesto^iy al contrario^ 
»h9 inteircedido en favor sayo muchas veces. No ú^<^ 
»nb mas contrarió para if á coronarse: qué aquel mis** 
amo de quien había esperado. k coroda, y i fuien 
o sirvió taa. grandemente cerrándome: los poísos que 
» yo daba para. salvar mis reinos y i él salvarla jun«- 
••t^mente; de mí no tiene qn^ quejarsk^..^' 

•«-"Pero^.^enor, le dije, ¿es que el emperador 
a ha retractado «u palabra qne ha repetido Uaita$ ve<- 
» cas de reponer á vuestras majestades. en ^sut^ono?-' 

-^.*']No, no ha retrocedido, dijo el rey /me ha re- 
^novado sus inslancias y promesas; pero quiere ha- 
a carme entrar. á fuego y sangre en mis estados. Tú 



316 MEHOKUS 

i>me conoces bien.... ¡jamás!... ¡jamás la sangre por 
)>mi cansa! ¡jamás ser un verdugo de mis subditos! 
» ¡jamás reinar por el auxilio de tropas estranjeras!... 
» Tu me lo oías cuando mi hermano consintió en 
j» volver á JXápoles después de tantas muertes, tantos 
» horrores y suplicios con que le rescataron su coro- 
>>ua los ingleses, y los turcos, y los rusos. Mil veces 
Ate lo dije, que no habría yo tenido cara para mos- 
» trarme sobre el trono deslustrado con la sangre de 
)» mis pueblos. To no he cambiado.de opinión; 70 
»aoy el mismo.... mis manos están limpias, y al tri« 
»bunal divino quiero llevarlas de esta suerte. Dios 
«es quien da y quita las coronas.... yo no la he 
» amancillado, la que me habia dado.... la que yo 
» guardaba sin faltarle ni un quilate." 

— "Pero un indulto jeneral...*" repliqué á S. M., 
que me respondió al instante con dolor : '' Ko es tiem- 
» po ya de indultos, el incendio ha prendido larga- 
I» mente, é irá ganando las provincias; si es verdad 
o lo que esta tarde hemos oido, están ganadas. Si yo 
I) bastara solo, y si mi hijo se me hubiera unido 
» abandonando sus insensatas pretensiones , quizás 
» habría remedio; pero, llevado yo á mi asiento por 
»,mano de estranjeros, me escupirían los españoles, 
» y yo no quiero merecerlo. Y á mas de esto (entre 
» nosotros , hablando francamente) ¿ quién me ase- 
» gura á mi de que el emperador no enrede de tal 
» modo los sucesos que, después de haberme deshon- 
Drado yo á mi mismo acometiendo por su manoá 



BEL PHÍIIGIPE DE LA PAZ. 317 

» mis rasallos j haber servido de pretesto á so ambi- 
ncion^ no dé fin á sns proezas por hacerse dueño de 
» mis reinos j dejarme sepultado en la ignominia? 
» ¿]\o es mucho menos malo qué el odio de sus ac- 
»tos recaiga sobe él solo, y que jamds pueda decirse 
Dque yo he sido su instrumento? ¿Habrá nadie ni 
«en la Europa ni en el mundo que pueda persuadir- 
» se de que yo me haya encontrado en libertad , 6 de 
i>4ine haya sido yo tan necio que le haya regalado la 
D corona por sus bellos ojos? ¿]\o vale mas hacerle 
» una renuncia aqui en Bayona , donde á la luz de 
todo el mnndo será nula , que verme acaso precisa- 
»do á hacérsela en España, si, con tantos medios co- 
j»mo tiene para todo^ se procurase allí un partido en 
Dfavor suya? Y aun sin esto, ¿no seria posible que, 
» como ha hecho en otras partes, provocase una reac- 
Dcion por bajo mano en contra suya, y suponiendo- 
I) me implicado en ella, me atacase en regla y me 
D robase la corona como á mi hermano el rey de TSi- 
Dpóles, teniendo en este caso un titulo especioso con 
D que cubrir su usurpación ante los gabinetes estran- 
D jeros? ¿Puede caberme duda ya al presente de que 
» su venida y su manejo én esta dura situación en 
que nos vemos , no tenga mas objeto que arrebatar 
j»el cetro de la España? ¿No es una cosa vista que 
» su intención es acabar con los Borbones? Y cuan- 
» do tú me persuadías la retirada para ponernos en 
» seguro y defendernos, ¿no eras tu mismo quien 
»me hacia sentir este argumento?'' 




318 MEMORIAS 

» — y. M., señor, le respondí, tiene razón sobra- 
))da en cuanto dice; pero le ruego me permita pre- 
D guntarle, si fué suya la iniciativa de renuncia, ó si 
))el emperador...." 

S. M. se alteró mucho, no me dejó seguir, j me 
increpó diciendo: "Tú me ofendes!... ¡la iniciativa 
»mia!... ¿y tu podrías pensar que fuese yo capaz de 
Duna flaqueza semejante? Él es, él es el que ha lan- 
» zado la palabra ele renuncia sin el menor rebozo, 
o Si y. H. no qniere ir, me ha dicho con dureza, 
D ni que yo cumpla mi deber de tolocarle nneyamen- 
Dte sobre el trono, yo me haré dueño de la España: 
x> no puedo permitir que reine en ella ni el principe 
j»de Asturias, ni su hermano, ni su tio, todos tres 
D conspiradores, é incapaces á mas dé esto de regir la 
D monarquía en las presentes circunstancias; vuestro 
» otro hijo , por desgracia , no tiene edad para reinar, 
» y no es posible una rejencia en el estado en que se 
Dve á la España. ¡La espada!... no hay ipas ley ni 
» mas autoridad para impedir que la Inglaterra infes- 
» te la Península. Si y. M. no quiere ó no se atreve 
» á tomar parte en este empeño , yo le daré un asilo 
»en mis estados, y /^. M. me hará renuncia de los 
» suyos. Cuanto yo hiciese en nombre suyo estando 
» ausente de sus reinos sería muy mal interpretado; 
» dirían que y. M. no obraba libremente , y haría- 
» mos uno y otro una figura muy equívoca. TSo hay 
» otro modo de hacer frente á los negocios de la Es- 
i) paña; ó yo solo por mi cuenta, ó y. M. conmigo.** 



BEL PttíT9CIPB BE LAPAZ. 319 

" Despnes me habló dé mil fonestas contin ¡encías, 
»de gobiernos militares, de particiones de provin- 
«ciaSy j de nna turba de desastres que podrían orí- 
» jinarse si la anarquía llegaba á tomar cuerpo como 
» había empezado. En medio de esta angustia, le pre- 
» gnnté que garantías podría ofrecerme, sí yo le hi- . 
)> cíese la renuncia. Me respondió que aquellas cna- 
»tro cosas qoe podrían interesar mi corazón mas ri-* 
»Tamehte:Ia independencia de mis reinos bajo un 
)>K7 de su familia que i la nación le faese grato, 
Asin meecla de otra alguna; y una amnistía comple- 
xa ta. To he admitido ^ta propuesta. Pierda yo todas 
» las cosas de este mundo con tal que España se man^ 
» tenga entera , indivisible y poderosa cual yo la he 
)) recibido de mis padres^ cnal yo la he manteni- 
»do hasta el presente, cual yo la hubiera defendí- 
odo hasta el postrer suspiro sin esa mala raza de 
» traidores que pervirtieron á mí hijo. Sin soldados, 
)>sin vasallos, sin amigos, y prisionero cual me en- 
»cuentro, por lo menos moralmente, entre las manos 
» de este hombre , aun he hecho cnanto puedo en mí 
)) desgracias por los que no me quieren...." 

Las lágrimas corrían por sus mejillas cuándo de- 
cía estas cosas ; su voz salía ya ahogada^ y yo temía 
que se insultase. Venciendo sin embargo mí temor/ y 
en medio de la angustia que oprimía mí espíritu, dije 
á SS. MM.: "Pero, después de todo, una conver- 
)> sacien no es un tratado, y aun puede haber re- 
» medio: yo estoy pronto á dar la cara y á disputar 



320 HEHO&IAS 

abasta la mnerte los derechos de YY. MM." 

El rey me respondió: "To he dado mi palabra, y 
}) el emperador no es hombre que se desbaga de sa 
D presa." 

La reina qae se habia abrazado con su real espo- 
so sosteniéndole, rnelta acia mi, me dijo: "Eso es 
DYerdad.... ¡qué compromiso! ¡qné horrible desen- 
ttlace! ¡qué dirán de nosotros en España!'' 

T Carlos lY, revolviéndose con fuerza: "Dirán, 
D dirán que yo no be sido quien rompió los lazos que 
» me ligaban con mis pueblos.... Dirán que ellos han 
Bsido los que los han disuelto lanzándome del trono 
» y no volviendo nadie por mi causa.... To no he ve- 
» nido aqui por mi elección.... yo quise sostenerlos y 
cellos me lo impidieron.... esto dirán los hombres 
» cuerdos cuando serán contadas las traiciones que me 
»han puesto en este estremo. Sobre todo, Dios está 
))en los cielos, y él me hará justicia si los hombres 
Dme la niegan (1)." 



(1) De las cosas que pasaron aquella tarde éntrelos reyes, 
el «mperador y el principe de Asturias, he aquí lo que resolta 
en algouas publicaciones francesas de aquel tiempo, con las 
cuales está conforme, á poca diferencia , la qne el duqne da 
Róvigoha insertado en sus Memorias, y en la cual, después de 
referir los cargos qne los reyes padres hicieron á su hijo, 
cuenta que Napoleón le habló de esta manera: 

«Prínce, jnsqu'á ce moment je ne m'étais arrété k aueom 
»parti sur les éFénemenls qui voos ont amené ici $ mais le 



DEL PEÍNGIPE DE LA PAZ. 321 



El rey estaba ardiendo en calentura j le Ueyó la 
reina á que tomase algan reposo. Fnera de mi j el 



w sang répanda á Madrid fíxe mes irrésolations. Ge massacre 
M ne peat étre que ToeaTre di*un partí qae vons ne ponvez pas 
» désavouer^ et je ne reconnaitrai jamáis ponr roi d*£spagne 
M ccloiqui le premier a rompa rallianceqiüdepms silongtemps 
» ramssait 4 la JPrance, en ordonnant le meortre des «oldats 
n firangais, lorsqae loi-méme venait me demander de sanctío- 
» ner Taction imple par laqaelle il voulait monter aa tróne. 
M Yoilá le résnltat des manyáis conseils auxqnelsvoas avezété 
» entrainé ; yons ne deyez yous en prendre qu*á enx. Je n'a 
» d*engagements qn'ayec le roi yotré pére $ c'est lai qne je 
n reconnais, et je yenx le recondaire á Madrid , s*il le dé- 
Msire.M 

Le roi Charles IV répliqna yiyement : «Moi je ne yenx pas. 
»Eh! qn*irais-je..faire dans nn pays onil a armé tontos les 
« passions centre mol? Je ne tronyerais partont qne des snjets 
w souleyés $ et aprés ayoir été assez henrenx ponr trayerser 
» sans pertes nn bonleyersement de tonto l*Enrope , irai-je 
M déshonorer ma yieillesse en faisant la gnerre anx proyinces 
N qne j*ai en le bonhenr de conseryer, et cóndnire mes snjets 
nk Téchafand? Non, je ne le veux pas,' ti s'en chargera 
» mieux que moi.n Et regardant son fils, il lui dit: « Tn crois 
» done qn*il n'en conté rien de régner? Fots les maux que tu 
nprépares d l'Espagne, Tn as suiyi de manyáis conseils, et je- 
» n*j pnis ríen; tn t*en tireras comme tn ponrras; je ne yenx 
»pas m*en méler: ya-f-en.» 

» Le prince sortit^ et fnt suiyi par les Espagnols de son par- 
n ti qni r attendaient das la piéce á cÓté.M 

Los reyes me contaron después en nuestro destierro , qne 
los cargos que hicieron á su lájo aquella tarde fueron enérji- 

21 






322 MBHOBUS 

alma traspasada de dolor, me eché á pensar si po- 
dría hallarse algún camino para enmendar un mal 
tan grande, tan inmenso, j sacar salyo el trono de 



eos j amargos otro taato cnanto fné horrible j desesperada la 
sitnadon repentina en que se vieron puestos , derribadas to- 
das las esperanzas qne habían concebido de un acomodo y de 
una terminación pacifica ; pero, cnando leyeron el Mamfmiú 
de Gdl>allos, entre las imposturas qne escitaron su indignadmi 
contra aquel ingrato y fementido ministro, señalaron miij 
particularmente la qne contem'a la supuesta carta del 6 de 
mayo sobre ultrajes hechos á su hijo, y sobre una nuera inti- 
mación de Garlos IV mandándole hacer la renuncia absoluta 
de la corona so pena de ser tratado él y toda su conutÍTa 
como reos de conspiración. « Tan falso es esto, decia G&^ 
nlos ly, qne cnando consternado, no por mis palabras, sino 
»por las que oyó á Napoleón, dio por toda respuesta que se 
n hallaba pronto á hacer la renuncia sin ningunas condiciones^ 
»le dije que yo era el rey, y qne no necesitaba de sn rennn- 
n cia, porque esta suponía derechos que él no tenia, visto que 
«la usurpación no podia dárselos ; qne mi amor por la pai y 
»tmi deseo de abrirle un camino honroso qne reparase sos 
n errores, fueron el solo motivo que yo tuve en nuestra prí- 
wmera conferencia para exijirle una renuncia , y qne en mi 
» carta del 2 le habia ya hablado bastante claro acerca de 
neste ponto.» Y esto es tan cierto que^ como se ha visto mi 
poco antes, la verdadera carta del dia 6 no habla de tal nue- 
va intimación que hubiese sido hecha por Garlos IV. Elúnieo 
qne promovió y exijió esta renuncia tardia fué I^apoleont 
porque asi convenía á sn intento \ pero con tan mala mt' 
fia, que la hizo poner con fecha el dia 6 cuando había ya 
concluido su grande y malvada intriga del dia 5. 



DEL P&ÍKGXFE D£ LA PAZ. 323 

la España, de qne aqael pre8tijiador> sin niogun te- 
mor de Dios ni de los hombres, habia probado á ha- 
cerse dueño por un golpe de sorpresa , por un golpe 
calculado sobre la desgracia , sobre el abatimiento, 
sobre el desamparo, j, mas que todo, sobre la leni- 
dad j la Índole paciñca de un rey á quien, á titulo 
de amigo, ahogaba entre sus brazos. Mientras S. M. 
se hallaba repodando, hacia yo mil preguntas á la 
reina, la cual ni mas ni menos referia de lo que Gar- 
los lY habia ^a dicho. ''No es mas pronto, anadia 
á\a atribulada reina, no es mas pronto el lazo escur- 
iirídizo ó el juego de una trampa con que asegura el 
j» cazador su presa, que el artificio de este hombre 
«sobre mi pobre Garlos. Yo quise hablar; mas no 
» dié tiempo, amontonando frases y palabras, hablan- 
jidoselo todo, y prometiéndonos tal jénero de dicha 
«que á él mismo, nos decía, le seria envidiable. Sus 
«últimas palabras sobretodo me desmayan, porque 
« suponen en su ánimo un hecho concluido y acep- 
otado. La felicidad no existe ni existirá jamás, dijo 
«ese engañador, bajo el dosel del trono: yo renun- 
«ciaré también un dia cuando sea tiempo; yo siento 
« alguna cosa dentro de mi mismo como Diocleciano 
o y como Garlos V." 

— ''Mas á pesar de todo, dije yo á la reina, si el 
« rey cobrara mas aliento y consintiera en proponer, 
«en 'reclamar, ó en exijir una entreyista nueva con 
« el emperador para tratar en pleua cabna una cues- 
« tion tan grave como la presente, cuestión que de 



324 MEMOBUS 

» mía j otra parte se ha tratado bajo las pecosas y 
» TÍoIentas impresiones recibidas esta tarde , 7 si S. M. 
I» se hiciese firme en pretender qae la resolución de- 
Dfínitiya que hubiera de tomarse se sujetase á confe- 
»rencias en reglas diplomáticas, hecha abstracción, 
»cual debe hacerse, de la resolución intempestiya 
D que su aflicción le ha hecho adoptar sin tomar tiem- 
upo para obrar con pleno acuerdo de su ánimo, yo 
j»no puedo imajinar que, de bueno 6 de mal grado, 
»deje el emperador de conformarse y de ceder á esta 
» exijencia que S. M. se encuentra en todo su dere- 
i»cho de imponerle. ¿Qué podria hacer Napoleón eo 
» contra de esto sin esponerse á la censura de la Eu- 
i»Topa y á la alerta de sus otros aliados? ¿En dónde 
» está el empeño ni mucho menos el contrato que po- 
li dría fundarse sobre lo que esta tarde ha sido ha- 
» blado sin testigos entre el emperador y W. MM. 
D asombrados? Yo, por último serricio, echando 
» el pecho al agua como ya lo he echado tantas Te- 
i»ce8, estoy pronto á dar la cara; y venga luego 
)i cnanto Dios quisiere sobre mis espaldas, peor no 
» podrá ser de lo que ha sido: me quedará á lo m¿- 
» nos el consuelo de haber hecho en est^ misma es- 
»tremidad y en esta nada en que me hallo, cuanto 
»ha podido ser posible para salrar mis reyes y mi 
» patria, aun después de estar proscrito porque quise 
j»hace dos meses libertarlos. 

n — Dios oiga tus deseos y nos ayude, me respon- 
B dio la reina. Difícil como es Yolyer camino atrás con 



DEL PEÍIIGIPB BB. I.A PAZ. 325 

«Bonaparte, yo encaeotro ano mas difícil persuadir 
» á Carlos á entrar haciendo guerra á sus vasallos, ni 
xtyo .tampoco soy capaz de aconsejárselo. ¿Crees tu 
» qne sea posible recobrar nuestra corona sin que ha- 
» ya sangre derramada? 

» — Y tan posible cual lo hallo, respondí al ins* 
Dtante. Napoleón ha hecho su juego ponderando ese 
» peligro y sorprendiendo ú VY. MM.; yo no corn- 
il prendo tal peligro: una amnistía, no mas, un acto 
» jeneroso de olvido y de clemencia que en YY. MM. 
»es innata, bastaría al presente para calmarlo todo y 
o para que saliesen á su encuentro sus vasallos con 
»Ios brazos desplegados. £1 movimiento de Madrid 
»por mas violento que haya sido, y por lo mismo de 
nhaber sido tan violento, deja ver bastante claro qne 
» es efecto de un sentimiento nacional de indepen- 
A dencia y patriotismo, cuando han caido de su error 
» los que creyeron que el emperador venia sin otro 
j»fin qne el de casar y coronar al príncipe, mejorando 
nal propio tiempo nuestras leyes; mas al presente 
oque ven claro, el interés común no paeáe ser ya 
DOtro que la defensa de la patria y la conservación 
náe la corona de sus reyes. Una amnistía e^ bástano- 
ste para enmendarlo todo; es necesario conocer el 
))leál carácter délos españoles: pocos serán hoy dia, 
» si aun hay algunos, que no hayan conocido quien 
«pretendía salvar el reino, y quien le ha puesto al 
» canto de su ruina.'* 

La reina comenzaba á respirar y se mostró resnel- 



326 MBMOHIAS 

ta á aprovechar la primer hora en que encontrase al 
rey mas despejado, para inspirarle mis consejos y 
para hacerme entrar á sostenerlos. Hablando de estp 
sin cesar, y ensayando la reina sn papel y la mejor 
manera con que podría animar y levantar el corazón 
de Garlos IV^ he allí que vienen á anunciar al ma- 
riscal Dnroc qne pide hablar al rey sobre un nego- 
cio urjente qne el emperador le había encargado. Sa- 
lió la reina á recibirle, y á poco de esto vnelre á en- 
trar diciendo qne Duroc traia el tratado de renoncia, 
y qne pedia el emperador que fuese concluido aque- 
lla noche. 

Cosas son estas que algún dia parecerán novelái 
mas qne historia , y sin embargo son historia Terda- 
dera. INo se atrevió la reina i dar respuesta por si ao« 
la; triunfaba allí el terror , la inmensa mole del ter- 
ror con qne Ptapoleon pasmaba el mundo en aquel 
tiempo. Un dia despnea pudiera haber hallado resis- 
tencia, y trabajando estábamos en esto: ¿de qué nu- 
ñera le era dable atravesamos y salimos al encnen- 
iro? Apresurando el golpe, golpe seguro tanto mas, 
cnanto era menos esperado. Desatinar al enenugo, 
sorprenderle, acometerlo, no darle tiempo á reoo^ 
brarse..,. asi ganó las mas de sus batallas y asi triun- 
fó por muchos años su política. 

La reina entró y halló despierto á Carlos TV; con- 
tóle lo que habia, le dijo era un buen medio el de 
escusarse por el estado en que se hallaba, y le indi- 
có con grande prisa las .ideas que yo le habia pro- 



D£L PRINCIPE DB LA PAZ. 327 

puesto. Yo entré tambieá para esfonarias, ¡vano em- 
peño! El rey se levantó, tomó ana silla, estuvo pen- 
sativo nn breve rato, y esclamó en seguida: "Pues 
»Dios lo quiere ó lo permite, sn voluntad se cnm- 
Dpla;'* y dirijióndome la vista: **yé, y ajusta ese 
» tratado." , ' 

"• — Señor, le repliqué; lo que Y. íl. me manda 
j» no es posible ; no hii habido tiempo de pensario. 
j» (Renunciar una coronal.;. \y la derSspáña!.... á 
»y. M. le ha sorprendido y le ha engañado Bona- 
» parte." 

Y el rey con mucha calma: ''Él es el que s6 en- 
»gaña: llegará precisamente un dia en qino se sepan 
a estas cosas.... de la manera que él las hace, y míen* 
» tras mas se apresurare , mqs nulo es toda cnanto 
ohaga.... es imposible que su reino duremacho tiem- 
i> po.... esta es mi vez ahora...." 

'' — Señor, clamé, para los casos como este es el 
» vigor de una alma réjia; consienta al menos Y. M. 
» en diferir por esta noche una resolución tan e»trer 
»mada; yo tomaré sobre mi mismo cnanto vengC 
«hay mil caminos todavía para salir de' este mal 
upaso." 

" — No hay ninguno, dijo el rey; por cualquier 
«lado que se tome, nos saldrá al encuentro.... ál que 
jisus pueblos no respetan, mal sabrá respetarlo el 
»que ambiciona su corona con un poder tan grande. 
j»Si le oponemos resistencia, no se hará otra cosa 
»qae agravar los males y que llegue b1 peor de to- 



328 MEMcmuiS 

j»dos, la desmembración de España.... Vé i impedir- 
dIo j ajusta ese tratado, mientras por él se saWe la 
j» integridad de las Españas, su entera independen- 
»cia y nuestra santa fe católica." 

" — Señor 9 señor, clamé de nuevo, por la príme- 
Dra rez después de tantos años, por Y. M., por su 
» interés, el de su casa, el de sus reinos, me atreT&- 
i^ré á decirle que no puedo obedecerle....'' 

" — Y bien, me dijo el rey, yete á juntar con loi 
D demás que me han desamparado; ye me seré, bas- 
Dtante, yo iré á ajustar ese tratado.... ¡rey misera- 
j^ble,, á tal estremo, que no tiene ya siquiera quien 
»le dé su firma!...." 

T S. M. iba á salir temblándole sus miembros sin 
escucharme ni á la reina. 

En tal estremidad de circunstancias, yo cerré mis 
ojos, cumplí su Yoluntad, y tí entonces por mí mis- 
mo que no hay fuerzas en lo humano contra la fuer- 
za del destino , y que se da con él mas ciertamente 
por la senda misma por donde el hombre espera y se 
propone con mas ansia destajarlo. 

Tales fueron los sucesos interiores que pasaron 
en Bayona, «n el palacio del gobierno, durante los 
seis dias en que los reyes padres fueron envueltos, 
festejados, engañados y robados por su heroico hués- 
ped. Los que ninguna cosa vieron de lo que pasé 
allí dentro, y los que fueron cansa, solo ellos ^ de 
que el emperador de los franceses cautivase toda en- 
tera la familia real de España (que á no impedirlo 



DBL PBÍNCIPE DE LA PAZ. 329 

ellos atrozmente porla-faerza, bobiera yo librado y 
defendido á todo trance); después han pretendido 
inicnamente hacer creer que yo escité á mis reyes á 
ceder á Bonaparte su corona. Si aquellos hombres, 
desleales igualmente á Carlos lY y á Femando, de 
los cuales una parte, de la noche á la mañana, se 
yetaron al servicio del monarca intruso, é igualmen- 
te, todos ellos, hasta el mismo Escóiquiz, lo acata- 
ron como rey , y se reconocieron por escrito sus va- 
sallos (1); si aquellos hombres, digo, no pudieron 
ni quisieron comprender los sentimientos de lealtad 



(1) ]^s lectores hallarán por entero en el fomo 11 de las 
Memorias de don Juan Llórente, número LXXY, la- carta de 
Escóiqniz y demás individuos de la comitiva del rey Feman- 
do al rey José desde Valencay, en 22 de junio de 1808, rin- 
diéndole obediencia y pidiéndole el favor de ser reconocidos 
por vasallos suyos. Me ceñiré á copiar aquí , porque es muy 
larga, algunos rasgos , los mas vivos y mas dignos de notarse; 
por ejemplo, este: «Los esponentes consideran como obliga- 
M cion suya muy urjente la de conformarse con el sistema 
n adoptado por su nación , y rendir sus mas hunildes homena- 
» jes á V. M. C, asegurándole también /a misma inclinación^ 
» el mismo respeto y la misma lealtad que han manifestado 
-n al gobierno anterior ^ de lo cual hay las pruebas mas distín-* 
n guidas : creyendo que esta misma fidelidad pasada será la 
» garantía mas segura de la sinceridad de la adhesión que 
» ahora le muestran, y jurando obediencia d la nueva cons^ 
n titucion de su pais , y la fidelidad al rey de Sspaña José- 
» primero, » 

T para que se vea el gran móvil, el de su interés tan solo. 



330 MEMOBIAS 

con que en el desamparo en que se hallaba, aconse- 
jé fielmente á Garlos lY , sin temer ser ríctima de la 
aversión con qae de antiguo me miraba Bonaparte; 



qae tuyieron siemj^e en todas sus acciones , he aqní el pám- 
fo que sigue : 

«La jenerosidad de Y. M. G., su bondad y sa humanidad 
»les hacen esperar que, considerando la necesidad que estos 
n principes tienen de que los esponentes continúen sirviéndo- 
nles, se dignará Y. M. G. de confirmar el permiso qne hasta 
» ahora han tenido de S. IK.I. y R. para permanecer aqni; y asf- 
» mismo continuarles con igfial magnaminidad el goce de ios 

n BIENES T EMPLEOS QUE TEMAN EN EsPAfÍA, CON LAS* OTEAS 6BA- 

» aAS QUE, Á PETiaoN SOTA, Us tiene concedidas S, M, /• y i?. 
n hermano de V, M, C, y constan de la adjunta nota que 
» tienen el honor de presentar á los pies de Y. M. G. con la 
i> mas humilde súplica. Una vez asegurados de que ann sir- ^ 
» viendo como están á áus altezas reales , serán considemdos 
» como vasallos fieles de V. üf. C. y cofno españoles verdadS' 
» ros prontos k obedecer cueAifEHTE la voluntad de Y. M. has- 
» TA en lo mas MfNiMO $ SI sc Us quisiese dar otro destino , par» 
n ticipardn completamente de la satisfacción de todos sus 
n compatriotas , d quienes debe hacer dichosos paka sompbi 

»Uir MONABCA TAN JUSTO, TAN HUMANO T TAN tíBANDB EN TODO 

• SENTIDO COMO Y. M. G. EUos dirijcn d Dios ios votos mas 
» fervorosos y unánimes para que se verifiquen estas bspeiak- 
«ZAS , y para que Dios se digne coservar por muchos años la 
n preciosa vida de V. M, C: y con la mas profunda iramil- 
M dad y mas sincero respeto , tienen el honor de ponerse , se* 
n&or, á los pies de Y. fliL G. sus mas humildes servidoares 
»y fieles vasallos, en nombre de todas las personas déla 
» comitiva de los príncipes — Bl duque de san Garlos, grande 



DEL PRlnCIPB DE LA PAZ. 331 

ellos qae, asi en Bayona como en Madrid y en Aran- 
jaez , no consultaron otra cosa que sa ambición, sq 
impunidad, sus intereses y sus miras personales, ú 
juzgar por ellos mismos y por sus propios corazones, 
habrian. debido al menos concebir que mi interés, mi 
honor, mi porvenir y toda mi existencia dependia de 
que reinase Garlos lY; mi lealtad y mi interés en 
aquel caso estaban al unísono, "üi yo fui como ellos; 
yo no pedí al emperador , como ellos le pidieron, 
gracias y favores; yo no reconocí á José ni lo juré 
cual lo reconocieron ellos y juraron por conservar 
sus bienes: José dispuso de los mios como si no tu- 
viesen dueño conocido; y por no rendirle en modo 
alguno, ni directa ni indirectamente, mi sumisión y 



» de España de primera clase , teniente jeaeral de los rea- 
»les ejércitos de S. M. G. y mayordomo mayor de la ca> 
»sade sus altezas reales. — Don Juan Escóiqniz, limosne- 
» lo mayor de SS. AA. BR.. y consejero de estado de S. M.G 
— ^Bl marques de Feria. — Don^ Antonio Correa. — Don Pedro, 
u Maeanaz, etc., etc.» 

No necesito ofrecer proebas sobre este documento que el 
misBio Eseóiquiz, acusado por su cofrade Ostolaaa de tan ruin 
b^^eza, se vio obligado á recoriocer como cierto en su Idea 
sencilla , disculpándose y suponiendo que lo escribieron y lo 
. dirijieron por inspiración de Talleyrand, y por temor no fue- 
ra que los apartasen de los principes $ vano efojio, pues se 
neg^oa á firmarle el mismo Ostolaza y otros varios indi- 
viduos de la comitiva, sin que por esto hubiesen sido echa- 
dos de ella. 



332 MEMOBUS 

mi respeta, no reclamé este agrario, y conténteme 
en tal estado de las cosas con yirir de las niigajas.de 
la mesa de mis reyes, qae en diferentes intermedios 
de su peregrinaje doloroso , rivieron de prestado, 
como faé publico en Marsella y en Italia. Lo he di- 
cho ya otra vez, y lo repito con orgullo : yo soy uno 
de los pocos hombres de la Europa que en las vici- 
situdes tan violentas y frecuentes que han sufrido los 
gobiernos^ no ha prestado mas que un solo juramen- 
to , el que presté á mi rey y he mantenido hasta ss 
muerte y después de ella , obedeciendo sus encargos 
y mandatos hasta el punto de postergar mi honor y 
mi defensa al cumplimiento de ellos. ¿Y habrá aca- 
so todavía quien , después de tales pruebas é induc- 
ciones en contrario, pueda ni aun sospechar que yo 
induje á Garlos lY á renunciar en Bonaparte la co- 
rona? (i) 



(1) £1 perverso y venal amigo de Escóiquiz, M. Pradt, qae 
jamás entró en el palacio del gobierno donde los reyes esta- 
ban hospedados, que jamás se halló en las visitas que Napo- 
león les hizo, y que nada supo de lo que pasó allí dentro si- 
no lo poco que halló escrito en los folletos de Escóiquiz y 
Geballos, como puede verse t>or las citas que les hace , aun 
se adelantó sobre ellos á afirmar, sin ofrecer ninguna praeba 
ni presentar hecho alguno con que apoyar su dicho, qne la re- 
nuncia de Garlos IV fué obra mia, y que en ella no hubo otra 
cosa por parle de su majestad qne su sola rúbrica. Para afir- 
marlo así, ni siquiera nombra á alguno á quien lo hubiese oí- 
do. Su dicho es una mera complacencia que le fué pagada 



DEL PBÍNCIPE DE LA PAZ. 333 

Fáhame solamente rindicar á aquel buen rey de 
las injurias y baldones con que sus enemigos y los 
que han adoptado los escritos de estos, han censura- 
do su renuncia. Si fué un error ó fué una falta de fir- 
meza, tiene disculpa, ó no la tiene nadie de los que 
sucumbieron en Bayona con menor motivo bajo la 
prepotencia y la osadía y el terror deBonaparte. Me- 
nos disculpa tienen los que arrancaron la corona en 



por mis enemigos , como las demás mentiras tan acaloradas 
que contra mí ha embastado en sns Ufemorias. Antes de qne 
muriese, llegó ¿ sus manos el primer yoliímen de las mias, 
y un dia que me encontré con él en París en una casa respe- 
' table se disculpó conmigo, diciéndome qne le habian engaña- 
do, y qne se proponia reformar su dicho en los papeles públi- 
cos. Lo mismo dijo pocos dias después al coronel/M. Esmé- 
nard , añadiéndole qne, después de haberme conocido, no sa- 
bría acusarme de otra falta que de no haber puesto mis cau- 
dales al abrigo de los bancos estranjeros : sentimiento propio 
y digno de tal hombre ! Después no se acordó ya mas de mí, 
y ha muerto en su pecado. Acabaré con una observación acer- 
ca de este obispo , y es la siguiente : que el pensar mal de mí, 
y de cualquiera otro que fuese, en punto de lealtad, no podia 
menos de serle muy fácil, juzgando de los otros por sí mismo 
que vendió á su bienhechor y soberano en' Yarsovia, y qne 
después en marzo de 1814 trabajó con el mayor esfuerzo en 
contra suya para derribarle del trono á él, su hijo y toda su 
familia. T no hablo yo aquí al aire sin ninguna prueba, como 
él ha hablado en contra mia, pues que de molde está su libro 
intitulado ía Embajada de Farsovia^ en que se alaba de es- 
tos hechos, los especi6ca, y pide el premio de ellos. 



334 MEMORIAS 

Aranjuez á sn monarcaj^orque queria ponerse en 
gaarda contra la irmpcion de Bonapaírte en sns esta- 
dos; los que no contentos de esto llevaron j posie- 
ron á Fernando entre sns manos; los que le aconse- 
jaron adherirse á la renuncia de su padre, y, aban- 
donando al rey de su elección, sirrieron y juraron 
al intruso; los que le proclamaron, y los que reci- 
bieron y aceptaron de la mano de Napoleón, de nn 
principe estranjero, la ley fundamental que les im- 
puso como medio el. mas seguro de afirmar la usur- 
pación de la corona ; los que se. hallaron, ó á lo me- 
nos se mostraron muy contentos de estas cosas, y es- 
cribieron y enriaron á la España tantas grandezas y 
alabanzas del nuero rey que habian jurado. Por sns 
pies fueron de buen grado los mas de estos á Bayona 
aun á sabiendas ya de lo que habia pasado , y á to- 
dos dominólos y arHstrólos Bonaparte bajo su dicta- 
dura y con el solo peso de su nombre , tantos varo- 
nes fuertes que alli fueron , tantos sugetos eminentes 
.que eran reverenciados en España y componian la 
nata de sus hombres públicos, todos votados á Fer- 
nando, grandes de España , majistrados supremos 
de todos los consejos, jenerales, dignidades eclesiás- 
ticas, obispos, inquisidores de la fe, y hasta vicarios 
jenerales de las órdenes monásticas (1). Disculpa ha 



(i) Los qae quieran ver el por menor de los indivicTiios 
que se encorvaron, do solo en Bajona, sino en Madrid mismo, 



V 



DEL PRÍNCIPE BE LA PAZ. 335 

habido para todos , para tan grande mnchednmbre 
de magnates que no osó poner defensa ni hacer ros- 
tro á la circnnrencion de Bonaparte.... ¿y no habrá 
escusa ni piedad para el rey desren tarado que, sin 



bajo la volantad j las insinaaciones de aqnel* Júpiter tonante; 
los qae ambicionaron y obtuvieron los empleos j dignidades 
de la nueva corte , personajes todos ellos del partido de Fer- 
nando ; los qne felicitaron á la España la dicha que eneon- 
traban en la introducción de la nueva dinastía; los que escrí- 
bieron, d^ su cabeza y de su pbño, las proclamas persuadien- 
do al pueblo castellano á someterse á aquel gran rej que le 
venia como del cielo por' su alta providencia, y los noventa y 
tantos qne aceptaron y juraron la constitución que ayudaron 
á formar, para la España, al mismo Bonaparte, los hallarán 
sin fidtar nadie en las Memoric^s de don Juan Llórente, tomos 
I y n. Alli encontrarán entre los primeros que desde Madrid, 
en 13 de mayo, dieron gracias á Bonaparte de que se dignase 
enviar á España un rey de su familia , á los acendrados pa- 
triotas Femandinos don Jrias Mons y don Frey Francisco 
Gü^ miembros de la misma junta de gobierno á quien Feman- 
do habia fiado por su ausencia la suerte de lá España. Asi es- 
tos como sus dos colegas, Piñuela, Caballero, Asanza, OTarril, 
Iriarto , el duque de Granada, y el marques de las Amarillas, 
pudieron escaparse de Madrid y trasladarse á punto libre \ j 
sin embargo no lo hicieron, y escribieron esta frase entre 
otras muchas de la misma estampa: c< Convencidos nosotros 
» de qne la posición de España y todos sus intereses se unen 
n esencialmente con el sistema político del imperio que Y. M. I. 
» gobierna con tanta gloria, creemos que lamas grande prueba 
N de amor que nuestros soberanos han ciado d la rkacion espa- 
nñola es la de haber fundado sus xUtimas determinaciones 



f 



336 HEHOBUS 

amigos y sin rasallos, sin ningan amparo de sus pue- 
blos, sobijo en contra, y nadie -en faror sayo, su- 
cumbió bajo el poder, el poder mismo bajo el cual 



» sobre un principio que es evidente por si mismo y confirma' 
n do por una larga serie de acontecimientos políticos: no haya 
ytmas Pirineos,** «La monarquía española, dicen mas adehn- 
» te, ocupará de nuevo el rango que le pertenece , cnando se 
» vea unida por nuevo pacto de familia á su aHado natural co- 
» ye poder es tan grande. Cualquiera principe que F. M, not 
n destine entre los de su augusta familia , nos traerá con esta 
Vi sola circunstancia la garantía que necesitamos. ,<^El consijo 
» de Castilla ( cuya prudencia ha ofrecido d estos principio» 
M todo el apoyo que la misma prudencia debía ciarle) se vm 
» d este voto de la junta suprema de gobierno,» ^memorias da 
Llórente, tomoll, núm. 62.) 

De la misma tinta, y aun mas viva y reluciente, son las de- 
mas arengas y proclamas de la multitud de personajes qoe 
figuraron en Bayona, donde sobresalen siempre las firmas da 
don Arias Mons, decano del consejo, del duque del Infantado 
(á quien Bonaparte dio permiso de viajar, y el cnal prefirió 
ser coronel de guardias españolas al servicio del Rapoleoní- 
da) , y de don Pedro Geballos que le juró tres veces, la pri- 
mera , como jeutil hombre de su cámara $ la segunda , como 
individuo de la asamblea constituyente de Bayona^ y la ter- 
cera , como ministro de negocios estranjeros. 

Al producir aquí estos desagradables recuerdos, no ha sido 
mi intención ocasionar disgusto á nadie , y por esta razón me 
he abstenido de citar una multitud de nombres propios. Ifi 
objeto es solamente reclamar en favor de Garlos IV tan si- 
quiera la induljencia que, atendidas aquellas raras circunstan- 
cias de la situación , han obtenido tantos hombres, aui aque- 
llos mismos que las produjeron. 



DEL PKlHGIPB DB LA PAZ. 337 

cayeron tantos grandes hombres 7 tantos padres de 
la patria qae contaban á lo menos, ó contar pudieron 
icon la nación entera que se mostraba detras de ellos? 
¿Hnbo por suerte alguno de entre tantos individuos, 
que aun en situación muy menos dura de la que ha- 
bía tocado á Garlos lY , resistiese, y hubiese defen- 
dido la corona de sus reyes? 

Y no tan solo se ha tachado á Garlos lY de fia* 
queza y cobardía, sino aun, lo que es mas grave, de 
insensibilidad, de desafecto acia sus hijos, y de aban-* 
dono de sus pueblos. La sola relación que dejo hecha 
4ia pordia, de la fascinación, de los engaños, los 
^ardides y artificios con que el emperador de los fran- 
ceses logró arrancarle su renuncia, basta y sobra pa- 
ra su defensa; pero, si para algunos no es bastante, 
añadiré por último argumento un paralelo entre el 
rey Garlos y el hombre de mas medios y mas fuerte 
de su siglo, puesto aquel hombre, no diré en igua- 
les , sino aun en mucho menos graves circutistáncias. 
La ventaja en cuanto á la disculpa del acto de renun- 
cia se hallará en favor de Garlos lY tan injusta- 
mente escarnecido y despreciado, al mismo tiempo 
que el cotejo de uno y otro mostrará la mano de Dios 
vivo sobre las injusticias de los hombres. 

Napoleón , el gran Napoleón, se vio también aban* 
donado, no de todos, sino tan solo de una parte de 
los suyos, de los que mas habia querido, levantado 
y rellenado de honores y riquezas, y aunque muchos 
Ae sus servidores no renegaron de él, y le ofrecie- 

22 



338 MEMORIAS 

roD su lealtad y sa asistencia, renunció no obstante 
dos coronen que su poder habia adquirido , doble- 
mente afirmadas con los votos, los aplausos y el afec- 
to de la Francia y de la Italia. 

Garlos IV se halló solo enteramente: ninguno de 
sus subditos se atrevió á mostrarse en favor suyo, y, 
á mas de abandonado por sus pueblos, te'nia en con- 
tra sus dos hijos mayores y su hermano. 

Napoleón contaba para sostenerse, si queria , con- 
tra los reyes aliados que le exijian su abdicación, no 
tan solo las tropas con que en Fontainebleau se ha- 
bia apostado, y entre ellas los invencibles veteranos 
de su guardia , sino también al duque de Dalmacia, 
que aun le defendia en Tolosa con cincuenta mil 
soldados: al mariscal Suchet, que con otros quince 
mil regresaba ya de España á Francia ; á Augerean 
con igual numero; con diez mil lo menos al jeneral 
Maison; las guarniciones de las plazas fronterizas, y 
al virey Eujenio, que aun podia acudirle con trein- 
ta mil soldados de la Italia. 

Garlos IV no tenia ni jenerales ni soldados: to- 
dos le habian faltado ó se encontraban oprimidos por 
el partido dominante de los engañadores de su hijo. 

Napoleón se hallaba en tierra propia, dueño abso^ 
luto de sus actos: detras del Loira habria podido de- 
fenderse bravamente y defender la Francia, como 
en igual paraje la defendió Garlos Martel contra un 
diluvio de tropas agarenas. 

Garlos IV se hallaba en tierra estraña, en medio 



BEL PRllfCIPB DE LA PAZ. 339 

de las tropas de la Francia, sin mas defensa que 
aquellas mismas tropas con que Napoleón le habia 
ofrecido recobrarle la corona que queria quitarle. 

Napoleón cedió al desmayo que causó en su espí- 
ritu la defección de los que hábian tomado las rien- 
das del gobierno, y sobre todo la proclama de la jun- 
ta provisoria (1). 

Garlos IV se encontró en el mismo caso con res- 
pecto á España, y mucho mas que á Bonaparte la 



(1) üe aquí alguaos lugares de aquella Droclama : » ¡ Sol- 
» dados ! la Francia acaba de romper el odioso yugo bajo el 
» cual ha jemido con vosotros después de tantos años. Vos- 
M otros no habéis combatido nunca sino por la-patria $ pero 
4>'b2^o la bandera de ese hombre que os faanda todavía, vnes- 
•> £ros combates no podrán ya ser sino contra ella. Gontem*- 
>» piad todo lo- que habéis sofrido^r su tirania: ¡un millón 
n componíais de soldados , j casi todos han perecido ! se les 
» ha entregado al hierro enemigo sin subsistencias y sin hos*- 
»> pitalesi condenados á perecer de hambre y de miseria... ¡Vos- 
» otros sois los mas nobles hijos de la Francia y no podeísi per- 
» ienecer al hombre que la ha desolado, á el que la ha enti'ega- 
» do sin armas y sin defensa , al que ha querido hacer vuestro 
» nombre >odio90 á todas las naciones, y habría comprometido 
n tal vez vuestra gloria, si un hombre que ni siquiera es fran- 
» cea pudiera amenguar el honor de nuestras armas y la jene- 
» rosidad de nuestros soldados !» 

Ciertamente que tales acusaciones no podian escribúse 
contriüt Garlos IV ; pero S^ 01. tuv.Q el dolor de leer, en uniatde 
las «artas qoe le presentó Bonaparte como interceptadas , las^ 



340 nuiomiÁS 

proclama de sus enemigos interiores, desmayaron y 
abatieron i aqnel augusto anciano las oorrespondea- 
.cias (tal reí algunas de ellas contrahechas como an- 
tes dejé dicho) qoe aqnel le habia traido, y en algu- 
na de las cuales se trataba de su Tida, dado el caso 
de Yolrer á España. 

Napoleón dio por motiro principal de someterse i 
la renuncia que le imponian los aliados su deseo de 
no empeñar la Francia en los horrores de una guer* 
ra civil y esiranjera (1). 

Garlos ly tuvo no solo este motivo, sino tamlHea 
el noble sentimiento de no querer reinar por fuerza 



sigmeates frases qae minea se borraron de sn memoria: «Ha- 
»mo8 sido flacos t nos ba faltodo resolacion, nos ha faltado 
n on Béningsenjxm^. noebe como la del palacio de San Migncb 
• nn graa príncipe del nor# no estaría hoy reinando, si ara 
B amigos fanbieraü sido tan remirados como nosotros ; pero no 
» es tarda todavía , etc. »> 

(1) El testo fileral de la renuncia de Napoleón^ en ii do 
de abril de 1814 * íoé como sigue: «Habiendo proclamado las 
n potencias aliadas qae el emperador Naptdeon era el ránce 
» obstáculo que habia para el reslableciniento de la paz en 
«Europa f el emperador, fiel á sns juramentos, declara qoe 
n renuncia por ñ y por sus hijos á los tronos de Francia y de 
n liaba, j que no hay sacrificio alguno , hasta el de sn pro|Ha 
» vida , que uo esié pronto á hacer por los intereses de la 
«Francia.!) 

nios hizo de este modo que se desciñese ál mismo áe ea* 
trambas dos coronas que tema de la misma suerte qoe él 



D¿I. PBlnCIFB DB LA PAZ. 341 

da armas 9 bajo el auxilio y dependencia de trcqpas es- 
tranjeras. 

Napoleón, armado como estaba todayia, 7 con to- 
da la yentaja que le daban sns talentos militares y el 
afecto de sus tropas, no fué dueño de imponer nin- 
([unas condiciones al tratado que fué hecho con los 
reyes aliados. La Francia perdió al fin, no tan solo 
las fronteras que habia ganado la república, sinoufla 
parte no pequeña de las que Luis XIV habia ad<- 
quirido. 

Carlos lY estipuló como una condición indispen- 
sable, sin cuyo cumplimiento la cesión que hcu)ia 
á Napoleón de sus derechos no debería surtir efec^ 
ío^ la integridad del reino en todos los dominios de 
la monarquía española en los dos mundos, con abso- 
luta indq^ndencia nacional, y con entera prohibi- 
ción de hacer mudanza en sus fronteras. En fuerza 
de este articulo, y sin embargo de la guerra tan en» 
camizada que se siguió después entre españoles y 
franceses , la integridad de España fué guardada y 
respetada, sin que Napoleón, que tanto ansiaba unir 



kafóa heciio deshacerse de la saja á Garlos IV, y con tgnal 
motivo. 

SL de Ganlaincourt, cuando Napoleón le^dió á leer el acto 
de renuncia que kabia escrito, le dijo estas palabras : «Sireí 
M no hay nada en la historia que pueda oempararse al sacrifi- 
» ció que V. M* acaba de hacer en este nMwaento.» 



342 HEMOBIAS 

al territorio de la Francia nuestras provincias fron- 
terizas , hubiese osado hacerlo. El mismo rey intru- 
so se escudaba con aquel articulo, y escribía á sa 
hermano terminantemente , que si quitaba á España 
la izquierda del Ebro, resultaría infrínjido el tra- 
tado. de Bayona con sujeción al cual reinaba: que 
sú honor estaba de por medio, y que al primer de- 
cfbto de reunión que le llegase, dejaría la España al 
dia siguiente (1). 

Hecho este parangón tan lójico y tan justo, viene 
ahora al caso esta pregunta: si no ha vituperado na- 
die á Bonaparte de cobardía ni de flaqueza, ni de 
falta de amor acia su hijo y su familia , ni de 
abandono voluntario de sus pueblos, por la abdica* 
cion que hizo, aun pudiendo haberse defendido con 
esperanza de un buen éxito, ¿con qué razón se vitu- 
pera á Garlos ly de la cesión que hizo sin libertad, 
sin armas y sin ningún auxilio humano? En 1808 
Napoleón pesaba mas sobre todo el continente qne 
después pesaron sobre él los aliados. 

Por cima de esto Garlos IV tiene en favor suyo 
que él no elijió la situación en que fué puesto; qae 
su intención y su conato, y su designio noble y ré- 



(1) Véanse sobre esto las cartas del rey José que fueron 
interceptadas y se publicaron en Cádiz en la G/OOéta de M 
níencia de 2 de jnmo de 1812 $ como también las Memorias 
de Asanea.y de 0*Farril, ada el fin de ellas. 



D£L PBÍNGIPB DB LA PAZ. 343 

jio fué de hacer frente á Bonaparte , de enviar en 
tanto de yareyes á la América dos 6 tres infantes de 
Castilla, y defender á todo estremo y conservar in- 
tacta sa querida España de acá y del otro lado de 
los mares , que esto se lo impidieron volviendo en 
contra suya hasta su propia guardia, y destronán- 
dole, los que, desconfiando malamente de la España 
para afirmar el cetro que pusieron en manos de sn 
hijo, prefirieron el voto y el apoyo del que ansiaba 
conocidamente, tiempo habia, la destrucción de los 
Borbones, y le llevaron á sus garras, y á aquel in- 
feliz padre lo apuraron y lo redujeron á seguir la 
misma suerte. 

Grande, magnífico, admirable hubiera sido Gar- 
los IV , si á la manera de Pió YU hubiera sostenido 
sus derechos, prisionero, en medio de las armas ene- 
migas que le rodeaban, si bien esta constancia le hu- 
biera sido inútil, como lo fué á aquel papa; mas no 
se olvide nunca que si cedió á la fuerza Garlos IV, 
fué por ahorrar la sangre, de sus pueblos: ó que al 
, menos no fuese derramada por su causa ni en su 
nombre; y que su postrer voto y la suprema condi- 
ción bajo la cual dobló su cuello, fué la integridad 
de España y su inviolable independencia en cuerpo 
de nación indivisible, cual habia logrado nlantener- 
la mientras tuvo q1 cetro de ella. Rey nacido para 
días de paz, tocáronle los tiempos de las guerras mas 
furiosas que en la edad moderna se habian visto; y 
sin embargo de esto (es necesario repetirlo muchas 



344 HEMOBIAS 

Teces i los qne han nacido ulteriormente y no le han 
conocido sino por los dicterios y sarcasmos de sos 
enemigos), coando cayó del trono, después de qmn- 
ce años de rerolnciones, de reinos destruidos, de im- 
periós mutilados, y de naciones absorbidas por It 
Francia y por la Crran^Bretaña en la espantosa la- 
cha en que enTolvieron i los pueblos, la España es- 
taba incólume sobre las cinco partes de la tierra que 
ocupaba. ¡ Quién diera i los presentes yer su patrii 
tan grande cual lo estaba entonces; mas las instita* 
dones y los mejoramientos de sus leyes que en tiem- 
pos favorables y tranquilos se habrian hecho y esta- 
rian rijiendo aquí y á la otra parte del Atlántico! 



*^x=il 



COIrtJLXJSlÓN. 



• • ' 



Ikjo cumplido, en fin, elíalkméB^ éflopefio que 
me propase ^n estaobra y ptfra ^-caal la dima Pro^ 
TÍdeiicia se ka dignade datme tiempo : la histodá del 
reinado, del señor don Éáéles lY , bajo ^el ctial^rri 
á nú patria, está acabada. Mejoren j^ámas qíié lá'miaf 
podrán formarla bajo un sistema: ma» sisttcillo^tieiel 
qne yo he seguido, puer no tendrán, qs^ entrar eaí 
laa.contínuas discusiones 'qbe me han sido necesarias 
para echar por tierra las impostoras y calumnias qi^e 

' la :prepoteñcia de un partido^ dominante j- esclusivo 
largos años', hizo paísar^ asi en Bspafíaycomoenlós 
puéUós estranjeros, por historia rerctadera. Kingínn 
hecho he presentado que no.«ea*pdi)licb> ynotorio, 6 
qkie no esté documentado, ó que la marc^a^y la ca- 
dena de sucesos de aquel tiempoy de los poslerióifes 
no hubiese confirmado ó re^eladow FáhiAales la Inri 
bajo la cuál . debian ser yistosi ' comparados- y jnkgi^ 
dos,, luz que le hábüín quitado Ibs- que, 'apiS>Techando 
entre nosotros el olvido ó la ignorai»eiade los suce^ 
sos de :1a Europa oi^ra durante 'aquella épotay aia^ 

. laron nuestra historia^ no tnTÍeion)(c;tteiita^delclrta*^ 
dismo aniyersd>eii^ lo 'político que lii^^tmírido^''<€á 
nuestro continentei y terkiren el>cotéjO'de hUSt^liÉi 



•», 



«■ 



6 HEMOKIAS 

con los Otros pneblos, que mientras Garlos IV tayo 
el cetro 7 mantenía los suyos sin desfalco en medio 
de las olas, padecieron infinitamente mas que ella, y 
muchos de los cuales perdieron l^asta el nombre. 

Faltaba dar á conocer y denunciar á todo el mundo 
el duro monopolio, que, como en todas cosas , en 
punto de escrttór había ajerddp U facción tiránica, 
tan largo >ti^QBi]^:€^pady9nada de laJO^pAña^ 7 que 
pfíx tántiM tifi09 i i fo^rZ(« ide Hodntirias,! de rigores 7 
TÍelen|[;ÍAfl!, ^retenid^Ó cdtok jbs ilegroüs y lifcealosos 
ci)iA^^&:dfi 8U:.TÍda 7 d6 $U .orijidtt, oorrompie]|do!li 
épkeáou, )t 9ftliii«maiido^ proscribiendo y.aterrahdo 
^ aqu^Uos fBie^ ppdiian hacerle .frente.! No descuajadas 
pinamente,. todavía laa raices tan profundas '^iieiluN 
bía echado ^bre el. suelo, de la España^ amLTiTen 
eotíaSadaspoT sus falacesfradicionea .'muchas Jantes^ 
Ei(á facción abominable que la liistoria.noha pintado 
Ipdayia con todoa Ips colcnres qne merece;- esa facdon 
qc^e es. rea de cuanta «angra de espa&ol^s ba^^sidD 
df)iraAiada desde losf4nmtiltos.de Aranjuet hasta b 
toqiá de . Moréllá ; . esa fabcion^ que e» . diez 7 naata 
|iñ0s.i|reA.. i6a4io.de la paa de^toda Europa, ha ¿on^ 
s«iuidp al;dbble.piai)t^8orda que consumió :1a ^arra 
con IftFrabciajr con ;la Gran ^retañaibajoCJárlos-JV} 
esa.laccionl.asbladoEa qué desterró todas las: InéM^ 
que Qnt^nebri0ió á la^Ei^fia^: qun ec)ípsó su antigua 
glc^^ria^ t qn^ fi ;su^ Jieróicas ó inmoirtales huestes ^ 
irQS!]L(SÍt«i*on 4.1a Europa^ snbstítii7ÓiqpttníeBl09'lMrtá- 
Vm^ da; v0luitíaríQSi ó por mejor decir», de JMXh 



BEL PRtüGIPfi DB LA PAZ. 7 

binoa realu^ no para oonijiústar de naeTo las Áiné« 
dtas ,qae(9((ur la ¿alfO; de. ella ae perdieron., ni loa 
ducaídi»!^ eapañoles en la Italia^ ni el alto puesto .^ue 
gQZ¿ U España tantos siglos entre las cortes esixan^ 
Jetas 9 siiiQ piara gulardar x Aos^er sai tiranía yíhaiiet 
eallar l^aslá Jos 4i7es fias respiracioiies. mismas de 
loa que Ageñisaban.por su ipatxia (1)) esa faocidnr na 



'i. '.'.1 *; I'Íjj 

II I -^ 



(1) ' fiscontéoiénté y ñebe^áfíó qué lá'Es^á i^éctterdé y 
qne la Enropa toda sepa cual íné esta creación inaudita en los 
anales de la historia , que con el nombre de cuerpos de voluri" 
taños weatístas^ obra de la facción «, pesaron sobre la España 
dorante diez años contu^nos, No qoieroyo contarlo por mí mis- 
mo f no sea que en los paises estranjeros se crea que escribo 
con calor los hechos qoe yan á referirse j qoe tienen trasa de 
increíbles. Gaéntelo aquí nno de los hombres mas moderados 
de la Sspañsv don Victoriano de Encima j Piedra , «itigno 
laioistro español^ en sn obra intítnlada i SuoesQS de San Jlde*- 
fánso^ de quien son ¿ la letra los pasajes siguientes* ^'Bate 
» soerpo en que se alistaron muchos de los jefes de la faeeion, 
1» que fué formado con el fin de apoyar sns yastas pretemsiones« 
» 7 que ni el gobierno ni el rej pudieran dar un paso^sin con^* 
Msnttarla, pretendió aun muy á los principios vivir sm ley« sin 
Mreigla y sin otro moderador ^e sn voluntad > sn capricho > ¿ 
«las siqestioiies del hando á que pértenecia^ Por esto toé que 
» cuando en 1823 el ministro de la guerra de aquel tiempo 
H quiso sujetarlo á una dÍ66iplina>egnlari se levantó contra ¿1 
w un grito y pu clamor tal , que toda la protección del monar^ 
uca no (^ pudo §alvar del fitror del partido , m de la C4»éa 
» que le formaron airibuyéndole erimenes que no habia cornea 
ntídq, y amenawndo 4,cadamttaiUe $us düu emla dmrm 



halló otro medio para. darse, tona.j acallar á todo él 
mñiido, sino el 4& denif^ar aquel reinado que ella 
liaJ^ia echado por los suelos, 7 apellidar despótico j 
turámco* el gobierno del qae. abrió poertasLy yentanas 
alas laces de. sa siglo, encadenó«U inquisición, rijni 
en paz sin^potidas U España y las^.ÁnrfrütáiSf ycón** 
serró la monarquía eiitre.losbaracaiids de sn tiempo 
cnal la habia tenido de sus padres. Mis Memorias 
ban rengado esta maldad de los que, no contentos dé 
baber puesto por ,lo$ suelos á la España^ ban preten- 



» prüüm en que se U tenia custodiado» La fiíerza física y ino* 
u ral de este cnerpo, borlaban las mejores intenciones del go- 
»i biemo t 7 kl bet se tió bh la racEspiAn ns beiablo yitib bh 

n ABSOtVTA ¿ÜBBFBSfDBlffCIA BBL laiOLSTEBIO BB LA •OüBBBA , Sujeto 

» i nn solo jefe qae se entendía con & M.., y de conseniir se 
» gravase d los pueblos con arbitrios sin limites para pianUner 
tt este desorden^ obligando dios justicias y munidpaliüaéss i 
nqueobedeceriañ las órdenes de agueljefe^ sik'la mbucxiiih- 

» TBBVBBaOlf BI COBOClMIBITrO BBL MHUSTBBIO DB HACIEIinA: de 

i) modo que existía en el estado un ejército fbrmidábh que vo 

M BBGOHOCU L4 AÜTOBIDAI» BBL DEPABTABÍBBTO DÍS XA SüBBBA, y Wl- 

n nuevo sistema de contribuciones, i>e que iero teiiia Iía kbbob 
wifonoiA/ :BL MuasTBO DB HAOBBBA, ymucho íoos senstbU que 
M las demos cargas del estado pob -la tuebza bbütax qvb las 

MBXUIA.w 

« Era tal el desorden ( continúa él señor Piedra) y tanta k 
» confusión y arbitrariedad del manejó de este cuerpo , que 
n habia pueblos que contribuían para la compra d» vestuario 
wy armamento de un batallón^ sni tbbbb mas qub sibz ó bogb 
M.iBBiviPoos AUSTABOs , por manera qbe los concejales y jostí- 




BEL PRlnCIPB DB LA PAZ. 9 

dido, calumniaiido aqael reinado, distraer á los in- 
cautos y apartar sa vista de los males (irreparables 
machos de ellos) que á su doliente patria le han 
causado. 

Desgracia fué también que el partido de las luces 
que trabajó por dar á España instituciones nueris, 
se hubiese amalgamado en un principio con aquellos 
mismos hombres que después fueron sus verdugos, 
j que en unión con ellos hubiese difamado ciega- 
mente el anterior reinado, y cmprestillase de ellos 
todas las calumnias que por cubrir sus crímenes for- 
jaron en mi daño. De aquí la prevención y el jeneral 



»i cias de un lado , y por otro la inspección jeneral y jefes de 
n los voluntarios realistas prodigaban la sangre y stidor del 
» pueblo , ó atesoraban estos costosos sacrificios para darles 
n aplicaciones ajenas de su objeto ^ ó satisfacer sus caprichos* 
» T esta es la razón por qué , tratando de saber el nnevo mi- 
» nisterío de I.*» de octubre de 1832 (el señor Piedra era nno 
>» de ellos encargado del departamento de hacienda) la sitaa- 
>i clon de este cnerpo, se le inform6 qae en Madrid, Yaüádolid, 
n Sevilla y otros puntos , tenia depósitos que importaban mas 
M DE SESEKTA MILLONES SE BEALES , y quc Uzs cantídaHesi que 
i9. paraban en poder de las justicias y ayuntamientos por Iqs 

1 

n escesos referidos eran incalculables, ,n 

Los que desearen formarse una idea mas completa de los 
males causados por esta facción podrán leer la obra entera del 
señor Piedra , de la cual no son sino nna muy pequeña parte 
estos lugares que he insertado, y se encuentran desde la péjina 
47 haslala49. 



10 ' .MEMO&ÍAS 

error con qae la España me ha mirado tanto tiempo^ 
Tiendo entre nos contrarios hasta aijiiellos mismos 
hombres que yo amaba y que formaron libremente 
sus talentos á mi sombra. Si la facción triunfante 
tuTO por motivo para infamar y calumniar el reinado 
antecedente, asegurar el suyo y dominar la España 
á su provecho de ellos esclusivo como lo consiguie- 
ron en efecto; los que, al contrario, desearon sacudir 
de un solo golpe el gobierno absoluto de tres siglos, 
se hallaron Men parai su cJbjeto con las calumnias 
propagadas contra el de Garlos lY, y bien é mal 
creídas, empero acomodables y oporttmas á su intei- 
to, entrambos dos partidos, aunque con fines dife- 
rentes, procrearon la tradición odiosa, que, á falta 
de otros datos y de otros escritores , tomó cuerpo 
^outra aquel reinado y comenzó á tomar asiento en 
nuestra hktoria. Tal vez, si yo no hubiese escritoj 
habrían permanecido en ella para siempre con des- 
honor de España los errores y mentiras que acerca 
dé aquel tiempo canonizaron las pasiones; y tanto 
mas hubiera sucedido de esta suerte, cuanto ha mos- 
tradola esperiencia que los estranjeros se complacen 
de ordinario en admitir en sus escrílos todo lo que 
hallan propio para amenguar la España, y cuanto á 
nosotros, los que han nacido en tiempos posteriores 
no podian ver (salvo un esfuerzo no común en los 
que leen y los que oyen) lo que era falso ó verdadero 
en Ui^ gacetas, los folletos y los libros consagrados 
por el tiempo. Todos los hombres nuevos que han 



DEL PRl^^Jg J)^ LA PAZ. 11 

▼ivido y que haiii»iifríjji^, m dixúh^i^. ol rei«i9(lp de 
Fernando VII, Hnohií^^hhjmh9í4íi^h fop<áoíi a«o- 
¡adora qae ha doiai»^(itsu^(Q^la^s.^n, España, po- 
dría haber ccei4o<jqti^>if^ ^§i^aft4o 4e ^íi; padre fué 
au9 roas duro,.sift4sr»^rbit^ar«\» ,h|sis f^^uto, y mas 
desopinada ^u laf u4<^ÍPi^ qj^plque^f^an delante- 
£u mis 0emmas h^b^in iV^o cq^ j^^tpibro , año 
por año^ sucedo j^qx suc eso y iodo, comprobado , que 
aquel gpbier^p uo pfi^eció uing^ufi^ aíO^^ señoleante, y 
que, absoluto comoa^a, géAÓJLkpáñA bajo de él mas 
libertctd que en todós^íés^i'&ifíckk^^iékteriores; que 
se dio principio en^él a énmienSiá'y reformas que 
hasta entonces se juz¿;aban imposibles, en España; 
que en materia d,§,Jl^9jB^ jr adeI;^pto.$ en Jas aiejpicias 
se aharon nuestros sahiois al nivel de Jos primeros 
pud[>los dé la Europa; que bajo 'aquel gobierno se 
formaron la mayor parte" de los* honíibres que han 
hriltaclo en nuestros dias en los consejos nacionales^ 
á la cabeza de las tropas, en los tribunales y en las 
sillas eclesiásticas; qup aqQ^|^,(fi^f^ri^$ i^diyidups 
■que dieron taiktói biiiUoiiy l%nta>Iglott^<!á oiuestra pa- 
tria, todos ó cad todos fueron pfiedtó^'^obre el can- 
délero'bajo aquél reinado; q[ae niiikfa ñ^uró partido 
alguno en, los cpnsejps 'del ^oñarc|i, .que no hubo 
capiajriilas; que jíima^ subió ,lg\s,j^^9al9ras 4q1 palacio 
la caoalk ; que no hubo Hu^íortes, uihubo Corpas; 
que no encontraron -álli oido en* ni»gini tiempo los 
delatores y soplones, 6, por mejor détir con gloria de 
la España, que aun no se conocia esta peste en aquel 



12 HEMOBIiiS: 

tiempo; que no hubo proscrípcioBes (i), qae Badi 
faó juzgado sobre ningim delito sino por sus jueces 
naturales; que no hubo én tantos años tribunales es* 
peciales; que por ningún inotíro ^ yió ciudad, ni 
rilla ni territorio alguno fiíéra de iá ley, nuevo tra- 
bajo conocido en tiempos posteriores; que en los pai- 
ses estranjeros no se vieron emigrados de aquel tiem- 

(1) Todas los éuéáiigos de Garlos' lY y mios hmi traído á 
dientas contra aqnelürmnado «ku cttifioacion de don Melebor 
Gaspar de JoFeUíines^y i^ la, ^n. atribuido. Se ha caUado 
maliciosamente qne este üastre puhlicista habia caido en des- 
gracia de la corté, y habia sido confinado á Jijón en tiempo del 
ministro Floridablancaf que por oficios mios ñié vuelto ala 
gracia del rey , y que yo ñií quien aTcanzó de S. M. en 1798 
qae le nombrase ministro de Gracia y Justicia.. Se ha caQad* 
igualmente que su nue?a caida fué jobra de su enemigo capital 
don José Antonia Caballero qae, le sucedió; en su plaza de mi- 
nistro ; que el fundamento de esta desgracia fueron las ^ye- 
nenadas contiendan del llamado jansenismo ^ gran protesto 
para los qne déseáb'án persecuciones contra las personas mas 
distinguidas por stfá buenos estadios : que aquel incendio ñié 
ahogado por la lealtad; do los oficios conciliadores que yo prac- 
tiqué aquietando la conciencia dd rej^y templando los resen- 
timientos de Roma j del nuncio apostólico; que sa^vé á ua erao 
número de sugetos eminentes comprometidos en aquellas cues- 
tiones, y qpe, á haber podido^ habría también salvado á Jove- 
nanosy á quien por lo menos tuve la satisfacción de hahéñe 
evitado un proceso y un auto de fe que }fi tenían dispuesto sos 
enemigos, semejante al que sufrid Qlavide bajo el reinado del 
sefior Garlos m. (Viéase sobre esto el capitulo XLI de la pri- 
mera parte, y el lY de la segunda, tomos 11 y 111 de estas Me- 
morios.) 



DEl PBÍIVCIPB BB LA PAZ. 13 

po, sino españoles libres^ protejidos por su rey, j 
los que á espensas del erario se enviaban i instruir* 
se, óá visitar la Europa para. importar las luces, ó 
para concurrir á las sesiones y á las faenas de los sa- 
bios en cuyas academias figuraban muchos de ellos 
con singular aprecio; que si la imprenta no fué libre 
por la ley, lo fué de hecho cuanto en aquellos nue- 
vos tiempos que empezaban era dable , y cuanto nun- 
ca lo habia sido bajo ningún, reinado antecedente (1); 
que en lugar de cerrarse la. enseñanza, se estendié 
con profusión por i todo, el) (reino y. se hizo jeneral á 
toda clase de itidividüos; que, la instrucción primaria 
fué. llevada hasta los lugares y las aldea&^.mas inte- 
riores;' que no hubo, á la verdad, ni yino á nadie al 
pensamiento para aumentar lá* gloria: de las artes , un 
real colejio de toreros^ que debió. después la España 
al buen gusto, á la largaeza y> á la encumbrada ilus- 
tración de la facción cristiana y apostólica; pero que 

(1) Gnalsaele vQrse e;) una selva d^spojadfi4^,/$i|9;9nti- 
guos árboles , alguno de est^s qne ha quedado, co^o por me- 
moría, asi vive todavía. en la capital del reino, amado ^ revé- 
renciado y umversalmente apreciado , el antiguo y dignismio 
juez de imprentas cnyo nóitfbí^íento Mico Garlón ÍVk raegos 
mios, don Juan Antonip lÉdóil^<^{>adre, amigo y protector, mas 
bien que censor, .de:<p{^T^J!iii;p^^ ^quQljtÍQQipQ escf^ieto^J 
trabajaron para el amn^ento^..^Qpagaci.on de, í^s l^ras y lap 
ciencias en España. A^un quedan millares de, personas que po- 
drán confírmái* este debiido testimonio qné me complazco en 
darle , y que ninguno d^'éüátítds le haín conocídb Sábrian és- 
cusar$e de rendirle. «¡^ • ' ** j' t'-í 




14 MSMOaiAS 

á falta de este rasgo digno de ella, ea todas las ciu- 
dades hubo cátedras fundadas nueramepte -de cieur- 
cias naturales, y fueron. prodigadas en el reino es* 
«oelas de enseñanza .paja los labraJores y artesano^ 
para los comerciantes, 4^cuelas de comercie y de esr 
tadistica ; para los hombres públicos anianles del pro^- 
greso de su patria, de ecoiieÁía política; que cada 
sociedad de Amigos del País fué ana iribom nacio- 
nal^ á cielo descubierto, .alipientada y sostenida por 
<d brazo mismo del gobierno, tnbona honrosa y ¡^ 
neral en donde se , ensacaron y ^empei^fon sn cuyrera 
tantas lenguas aijenti^las que dieron dtiego avenido 
es los congresos nacionales; qup! la salud y primera 
base del trabajo? j del bienestar dé las famili^s^ fiaé 
«n objeto el'.anas'.contíiino' y mas co(|istBnte de k^ 
ateucioness del gobierno, abastecida, y idemramada la 
enseñanasa de ias ciencias y artes: médicas con uta 
proteomn tan >¿ficas y liberal que casi daba envidia 
á las demás escuelas de otros ramos; que los azotes 
y trabajos de terremotos, carestías y fiebres que IMos 
quiso enviarnos, fueron aliviados, remediados y des- 
parecidos en gran parle, sin perdonar ningún dispen- 
dio , según las inteociq^^^jp^ternales de aquel rey 
piadoso y amanjte de sasrpueblos; que. los quebrantos 
de la guerra i^asi no^ sitilM^($ii entre la muchedum- 
Inre de* tas clases prodiactor^';''4üe él peso de los gas- 
tos se repartió á medida del poder de cada una, y 
^r primera vez se hizo .9i<;udii^ el clero á ellos en 
proporción con su opulencia, gran pecado aquellos 



D£L PBlriGIPE BE LA PAZ. 15 

días para los santos, por mas que asi se hubiese 
obrado sin empobrecerlo ni humillarlo, j bien trata- 
do ^ cual hoy lo deseara poder serlo; que, uno solo 
esceptoado, cuantos empréstitos se hicieron bajo 
aquel reinado fueron noble y francamente nacionales^ 
contratados á la par y sin ningún desquite de comi- 
sión y de manejos ruines que en los tiempos poste- 
riores se han usado con tan grande escándalo; que 
su empleo fué intervenido por el Consejo de Castilla 
del mismo modo que las rentas y productos de obras 
pías y áe bienes eclesiásticos convertidos en rentas 
del estado; que el solo empréstito estranjero, que lo 
fué el de Holanda, se negoció por mas de un triplo 
de valores reales que los préstamos ruinosos y leo- 
ninos que después se han trampeado y consumido 
vorazmente por la facción triunfante y gobernante; 
que de aquel negociado con la Holanda, á que obligó 
la urjencia estraordinaria de los tiempos y en que 
medió la diplomacia, di el honroso y noble ejemplo, 
no seguido bajo el posterior reinado, de rehusar como 
una mengua del carácter castellano los vergonzosos 
gajes comenzados ya á tomarse por los medianeros 
de estos tratos, gajes que por su parte no Ixalló in- 
dignos de su altura un grande dignitario de la Fran- 
cia (1); que en una corta clara de la paz marítima, 



(1) Véase acerca de esto el capitulo XXVH de la segunda 
parte de estas Memorias , en el cual hallará también el lector 



16 MEMOBIAS 

qoe dnió apenas treinta meses, se oopsigoió llegar 
hasta la 72' amortización de yales reales, y se des- 
cargó la deuda pública de 229. 297. 129 reales por 
actos públicos pasados ante el Consejo de Castilla (1); 
que ni las rentas del estado ni los demás recursos 
añadidos alcanzaban á cubrir los gastos qae cansaba 
la guerra de los mares, y los que es fácil concebir 
que requeria la situación del mundo en aquel tiempo, 
y el deber supremo de salvar y mantener i todo costo 
la inmensidad de los dominios españoles en medio 
del desquicio universal que producia con tantas mi- 
nas la ambición desenfrenada de la Inglaterra y de 
la Francia; que aquel tiempo, nunca yisto en los 



un fijero bosquejo de las gandes tareas emprendidas , j algu- 
nas de ellas finalizadas en 1806 y 7 por las oficinas de rentas 
j por las qne nneyamente se crearon con el título de FkrmeatOy 
para preparar la reforma radfical qne por mas de tres agios 
era deseada en todos los ramos de la hacienda pública. 

(1) Véase el capitulo XIX de la segunda parte acerca de 
este dato, donde se contienen otros mncbos sobre las gravísi- 
mas atenciones cumplidas por el gobierno en aquella época 
desde 1801 hasta 1804. Véase también el capitulo L de la pri- 
mera parte donde se refieren los errores cometidos en materia 
de hacienda j crédito público, y los desastres qne de aquellos 
errores resultaron, mientras jo estuve retirado enteramente de 
la corte y de los negocios públicos por los años da 1798, 1799 
7 1800. 



BEL PElNGIPB DB LA PAZ. 17 

modernos fastos de la Europa V no fué en nada pare- 
cido á los días de plena paz que tuvo el mando todo, 
mientras la facción dominadoi^á de la España devoró 
i su salvo no tan solo el' dinero del estado, sino él 
que á mas petardeó con ignbmima^ de la fe española 
i las demás naciones; que si en los dias de Garlos lY 
padeció el comercio por las guerras de aquel tiempo 
y no por culpa suya, dobló la agricultura sus pro- 
ductos por las medidas que sacaron de las manos 
muertas tantos campos pi eductores ^ y se aumentó la 
industria en multitud de ramos que hasta entonces 
béneñciaba solo el estrapjero: en vez que luego, bajo 
la mano de los hombres que tan injustamente difa- 
maron aquel tiempo, vino la ruina casi entera de la 
agricultura , de la industria , de la navegación y del 
comercio, sin otros enemigos en el mundo contra 
ÍBspaña que ellos solos ; que todos los errores y todos 
los abusos en materia de gobierno que venian de an- 
tiguo, comenzados ya á enmendarse en no pequeña 
parte bajo los tres reinados anteriores, y mas que en 
ningún otro bajo el de Garlos lY, ellos los renova- 
ron, los consagraron nuevamente y los acrecentaron 
de una manera escandalosa nunca vista en nuestra 
historia; que los que tanto han censurado los sacriñ- 
cios pecuniarios á que las circunstancias rigorosas y 
estremadas eu que se halló la España, y en que se 
halló la Europa toda, forzaron al gobierno del rey 
Garlos para apartar de entre nosotros las ruinas y 
desastres que cupieron i tantos otros pueblos en la 

2 



18 MBSfOBIAS 

asoladota ludha dé Ijailjnglaterra y de la Francia (i), 
ellos en medio de la paz del mando entero, sin cari- 
dad nin^n^na de la pa1irÍB< derrocharon sus caudales 
para bascar favor y apoyo á su tiránico gobierno en 
las potwciias kstraQJ^aa.{2)'; fue las yirtude^ ciricas, 



(1) Virase aeerca de eíto el capitdo XTV de la segonda 
j^te ée estas Memofi^s, 

,. (2) Larga cuenta df» estp tendrá que formar el que hubie- 
se de escribir la historia del tiempo en que, tomando el nom- 
ore de Dios j de Fernando TU , reinaron estos hombres. No 
hablaré aquí de las inmensas sumas empleadas y gravosas 
deudas conlaraidas para restablecer su dottiinacioB tímánica ea 
18 2 3; deudas yémpeñps cpn que.4i^ron £n á nuestro créditOi 
y que pesarán largo tiempo sobre, presentes y venideros | ni 
me detendré tampoco en recordar y referir los valores qnct 
por complacer al emperador moscovita y tenerle de su partC) 
fueron sacrificados en la compra de la encuadra podrida qoe 
filé hecha á la Rusia bajo la intervención del insigne tugarte 
de asquerosa memoria ; ni de las humildes deferencias de in- 
tereses que fueron hechas á los Estados anglo-amerícanos , ni 
de la deuda contraida con el gobierno francés por gastos de 
la invasión que ellos promovieron y lograron. Otros serán los 
que con documentos Bxactos á su mano podrán contarlo todo 
detalladamente. Me bastará por muestra de estos execrables y 
Tolnntarios des^farros citar aqui un logar del antigiM minis- 
tro don Victoriano de Encima y Piedra en su obra ya mencio- 
nada anteriormente, donde, entre los diversos cuadros afren- 
tosos que presenta sobre las iniquidades de tales hombresi 
escribe lo siguiente (páj. 22 y 23): «Por tíltimo , para que se 
II vea la estupidez , la ignorancia y abandono con que estafóc- 
1» cidn mira todo lo que no dice relación á sus fines ambiciosos 



DEL PBtNGIPB DE LA PAZ. 19 

«1 ^mov de la patria, el d^ la gloria, 0l honor, la 
Iiermanda4t la buena fe, la mutua ponfiauza, la de-> 
YQciou reciprqc^ y todas Ia^.,de|tias virtudes propias 
delji^paña, que, á mai^ de^e^ai^le^ar la vida, man- 
tienen \l poder de los estados , florecieron llenamente 



>S * » t iM """ 



Vir f^§^>I'^g^do$• oo bay «as que recordar el contrato de in- 
n ^i^i^9áiÍQu que eñ el año de 1823 se celebró oonla Jnglater. 
» r^íoB^ que se estipuló qae la España no podria reclamar da- 
>»íliesr;f^ peijuieiosV ni^stps de ninguna especie anteriores á 
niBO^ ftqae á lauliiglaterra se le abonaría lo que tuviese que 
«1 fTf^íimai' 4esde iefita< misma époea«» 

if*!Xí^ el alando sabe , eontinna el señor Piedra , que la Es- 
t> paña poco ó nada tenia que pedir i la Inglaterra desde 1808 
» en adelante^ pero si era acreedora ú resarcimiento de consi- 
n derables menoscabos j qn^rantos que, por apresamientos ile- 
M líales ó violación de tratados, se le habían infierído en los tiem- 
9 pos qoB precedieron iidicba época. De sus resultas, en vez de 
m percibir un saldo de importancia que hubiera arrojado de si 
*» una liquidación bien entendida , tuvimos que reconocer un 
» crédito á* favor del gobiemo ingles de 300*000 libras esterli- 
naas« ó ^an cuatro mülones j medio de pesos fuertes, canti- 
» dad que habría sido lo menos que huMéramos podido reclamar 
n de aquella nación: de modo que, de dados á tomarlos, perdi6 
>i la l$spana nueve millones de pesos inertes $ y la multitud de 
»» particulares lO^^olps que esperaban una transacción de go- 
» bierzu9 á gobierno para recobrar sus pérdidas, tuvieron que 
M ab^donar sus esperanzas , j resignarse á la tríate suerte 
» quo la imbecilidad y el desprecio de los mas sagrados de- 
M bcores les tenia reservada. Sería nunca acabar si me detuvié- 
)ira tá esj^io^r j examinar los infinitos erro|:es poUticos y eco*- 
nm^fíÁQO^ cometidos por la facción en el tiempo de que ha- 



V 



20 MEMOKIAS ' 

bajo Garlos lY (1); en la^ar que, bajo de ellos^ to- 
das estas riitades faénm deshonradas, comprimidas, 
perseguidas, castigadas atrozmente , y qae de haber 
ellos podido las habitan desarraigado enteramente en 

.. . . r. , V.(; : 

» blamos, j las injusticias, tropelías j desacatos con qoe^ tniu/- 
» tó la moral pública j atropello los derechos de todos.» 

Yo desafio, entretanto, ai mas valieiita de mis eüeaágoli 
qae con pruebas en la mano pneda decir alcona cosa aseme- 
jante del reinado de Garlos IV, ó de las personas qae 'gober- 
naron en sa .tiempo. Todas mis peF$ecaci(mes y todas' iris 
desgracias proceden de no haber contemporizado jamas cob 
la facción de qae aqai se trata , única aat(H'a de todofr4^ ma- 
les y desastres safiidos por la España después de la eaida de 
aqael bnen rey tan digno de otra suerte. 

(1) Praeba incontrastable de esta verdad^ * sin' que sea 
necesario repetir aqai las acciones heroicas qae ofireció nndB- 
tra guerra contra la república francesa ,> d h^roismo < de Cá- 
diz, del Ferrrol, de Aljecúrasyde otoos pontos de nuestros 
litorales en los ataqaes siempre infractoosos qae nos^ íoeron 
hechos por los Ingleses; la gloriosa defensa de Tenerife, donde 
el famoso IVelson perdió un brazo juntamente con el honor de 
las armas británicas que comandaba $ el valor y la grandeza 
de nuestros marinos en la terrible batalla de Trafalgar; la 
acendrada lealtad con que los americanos mantuvieron y de- 
fendieron k todo trance en Puerto Rico , en las costas de Gua- 
temala , en Caracas , y en Buenos-Aires, los gustosos .Tincólos 
que los unian por aquel tiempo con la madre patria ; la espe- 
dicion filantrópica de la propagación de la vacuna en la Amé- 
rica y el Asia , concebida y ejecutada en medio de la gneira 
de los mares, y tantos otros rasgos de virtud sublime con que 
se distingiúó en aquel reinado la España de dos* mundos con- 
servada intacta, de que dejo hecha larga historia imperedble 



DEL PRÍHCIPE DB LA PAZ. 21 

nuestro suelo patrio (1); que mientras tuvo el cetro 
Garlos lY brilló la relijion en todo su esplendor sin 



en mis Memorias; sia necesidad, digo, de repetirios en este 
lagar , me bastarán estas dos solas preguntas : si las virtudes 
de que dejo hecha mención se hubieran desmentido ó alterado 
bajo aquel reinado, ¿de dópde pu4o salir a<{uella devoción 
heroica, única, singular entre ks demás naciones, ¡del conti- 
nente , que no tan solo hizo frente j abatió al formidable con- 
quistador de la Europa , sino que hizo resucitar con su ejem- 
plo el sentimiento nacional en todas ellas? ¿Por ventura, des* 
pues de los seis años de la horrorosa túrania', corrompedora 
de las costumbres y de todos lo^ .sentimientos jenerosos, que 
á con|ar desde el ano de 1814 ejerció á su anchura la facción 
malvada que destronó á Garlos IV « alcanzó la España á resis* 
tír , no diré á un Napoleón, á quien antes habia resistido y ven-* 
cido tan g^riosamente, sino tan solo á un duque de Angulema? 

Cnanto á la»urbanidad de las costumbres , la libertad y la. 
expansión del ánimot la tranquilidad individual pública y do* 
mastica, la comunicación franca j leal de la amistad, los sen- 
timientos dulces de una patria común bien asentada, la garan- 
tía del honor público, la seguridad en la protección de las leyes 
y en la mansedumbre del gobierno, la benevolencia recíproca 
de ciudadano á ciudadano , del superior y el inferior , del go-* 
bemante y el gobernado, aquella grata y tranquila harmonia. 
de la sociedad que se gozaba, todo esto y mucho mas de bue-»* 
no en aquel tiempo dejo á los viejos que lo cuenten, y quoidi-r' 
gan si después, bajo el látigo levantado en 1814 y reforzado' 
en 1823 por la impía facción creciente, volvieron á ver, algu- 
na semejanza de aquellos dias serenos^ confortables y halagü^-« 
ños que ofreció la sociedad durante el reinado de Garlos IV. 

(1) Hable otra vez acerca de esto e} señor Pjiedra, cuya, 
moderación en opiniones y en carácter esnotoriaS; el cual, des- 



22 MEMORIAS 

dUigrádnrse, qnioiFO dieéir, dñ sangre ni rigores con 
que se habia itiaúchado en. otra tiempo entre nos- 



pues de referir por cima los atentados y los crímenes á qaeen 
1814 y en los siguientes años se abandonaron estos hombreSt 
M esplica de esta snerte (páj. 16 y 17): «Todo esto j mncho 
» mas que omito en obsequio de la brevedad j por ser dema- 
n siado sabido, fué obra de la facdon fratricida de qne babla- 
Nmos, quei teniendo en continua alarma al soberano, y hacién- 
»dole sospechar de las acciones mas indiferentes y dé los 
tfsagetos mas paciñcos, le persuadía al mismo tiempo que no 
if-habia otro modo de salTarsié'que un rigor brutal y el olvida 
«completo de los der<3ebos y (aligaciones que nos unen en la 
«sociedad. Esta facción mis^áble dejaba mas atrás el conato 
>» de aquel que habría querido acabar con el pueblo romano si 
»no tuviera mas que una cabeza, y gozosa de tiiuníbs ^ éspia- 
»ba sin descanso el asUo doméstico, los '¿ésabogos inas Aata- 
» leales, y hasta los jestos y miradlas del j^cifíco habitcüite, qne 
trse daba por contento si pedia regar impttiieméiité' con sds 
>» lágrimas el amargo pan que repartía con sus hijos y familia. 
M^Tpara qué todos estos sacrificios? (éontinúa el señdr 
«Piedra). ¿Para qué tantas persecuciones, embargos , violen- 
ncias, rapiñas é injusticias? Para engrosar el patrimonio de 
nía facción, para restablecer órdenes relijiosas y conventos 
wsin necesidad; para aumentar las cargas y gastos púbÜcoS; 
>r al paso que se disminuían los medios de adquirir y contribuir, 
tfpara diseminar la corrupción en todas las clases^ para tener 
» en continua ajitacion al estado y con este motivo pedir un 
» cetro de hierro que protejiera los abusos , y en fin para que 
» te iqrwrancia , los vicios y el desorden fuesen el poderoso 
» baluarte en donde se estrellaran los mejores deseos y las , 
Mmas sanas intenciones, y cimentar la violenta y ciininal 
» nsttrpacicm de los enemigos de la patria, n 



BEL PBÍNGIPE DE LA PAZ. 23 

otros, con que volvió á mancharse cuando bajo el 
posterior reinado se convirtió en un hach^ dcil pód«r, 
7 no cabildo ya en las cárceles las victimas, se tras- 
formaron en prisiones los conventos y en carcele- 
ros los prelados (1); que nada en fin hubo común ni 



(1) El reinado de Garlos IV ha sido el primero bajo el cual, 
despaes del establecimiento de la inquisición, no se ha quema- 
do á nadie. La última quema tiene la fecha de 1780 , reinando 
na monarca tan celebrado emno el señor Garlos m, y siendo 
SH ministro el conde de Floridablanca. La cuestión del tormen- 
to dejó también de tener uso baje el reinado de Garlos rV{ y 
sabido es hasta qué punto fué encadenada la inquisición en su 
tiempo. Dirá tal vez alguno que toda esta mejoracion fué píro- 
ducida por el imperio de las luces ; pero ¿ quién les dio ancha 
entrada entre nosotros sino Garlos IV y su desventurado con-> 
sejero y amigo? Fuera de que, ^ habia menos luces en los 
años de 1814 y siguientes, y no bastaron estas para impe& 
que la inquisición hubiese sido restablecida en todo su hervor 
antiguo. Mas de veinte victimas estaban previstas para el fue- 
go en la famosa causa que fué seguida por los años de 17 , 18 
y 19 para la esterminacion de los masones, y la España hubie- 
ra visto otra quema como la de los templarios sin la revolíH^ion 
de 1820. Toda España «abe también que en aquella misma fa*- 
talisima época fué rest^ecida de hecho la cnestion del tormén^ 
to , y muy pocos habrá que ignoren quienes fueron las víetimasf. 
Las carnes se estremecen al oir tan solo contar las atroces eje- 
enciones de muerte que ensangrentaron la ominosa y nueva 
época de terror comenzada en 1823 bajo la jermanía epostólir 
co-politica que pesó sobre la España tan acerbamente , siendo 
de ver la increíble impudencia con que aquellos mismos hom- 
bres que fulminaban (como nota el señor Piedra, pajina 25) 



24 MEMORIAS 

semejante entre el gobierno innoble , sanguinario, 
corruptor é impío de aquellos malos hombres, y el 
benigno, cristiano, amigo de las luces, jeneroso y 
tolerante del piadoso Garlos lY (1). Todo esto es 



decretos tan atroces contra los masones f teman lojias y re- 
tmiones secretas para urdir sus tramas y maquinaciones can 
tituhs tan consoladores como el cíeÁifjfLBSTSBMiiiABOB, psbbz- 

CA TODO BL MüItDO Y VIVA LA BELUIOü , J OTBOS SBMJSJAKTSS. 

(1) Corruptor se llama en todo el valor de esta palabra 
aqael gobierno que» por medio de falsas y mentirosas doctrina» 
impuestas antontativamente, vicia y destruye en los corazones 
y en las conciencias todos los sentimientos humanos de donde 
nacen y de que viven las verdaderas virtudes morales, civiles 
y políticas ; que sostiene su poder por el terror; que turba y 
acobarda los ánimos pesquisando y espiando las acciones-, las 
palabras y hasta los pensamientos mas íntimos ; que el amor 
de la patria lo constituye en crimen de lesa majestad^ que 
abre el campo, honra y premia á los delatores } que disimula ó 
protejo las violencias y los escesos de los cuadrilleros que 
le sirven; que aparta su favor de los que esquivan agregarse 
á esta perversa cofradía, y que á aquellos que profesan, ó sos- 
pecha que profesen, ideas contrarías á la tiranía que ejerce, los 
condena á la espatriacion, á los grillos, ó á la muerto. Bajo un 
gobierno de esta naturaleza no hay patria: los individuos y las 
familias se aislan, los vínculos sociales se desatan, nadie cuida 
sino de sí mismo , la candad se apaga, y por último resultado 
de esta gravísima enfermedad política se produce la miseria 
jeneral , y con ella el postrer grado de la corrupción y pudri- 
miento de Jas almas. Toda virtud que en tal estado de las co- 
sas no se dobla á las circunstancias del tiempo es sacrificadaf 
la hipocresía , la mentira , la bajeza y la prostitución son los 



BEL PBtnCIPE BE LA PAZ. 25 

evidente; y cuando me pregunto yo á mi mismo cuál 
puede ser la causa de que el reinado de este principe 
haya sido difamado tan injusta y duramente, cuando 
apenas se halla un libro que se encone ni aun por 
sombra de igual modo contra los que mandaron bajo 
el reinado subsiguiente, llego á pensar, con grande 
pena mia, que el partido de estos hombres^ ó la be^ 



solos medios de salvarse ; los de prosperar j ser dichosos , to- 
mar parte en la opresión j en el botín de los qae mandan. Las 
jeneraciones nuevas han visto todo esto : de entre las anterio- 
res , yo desafio al mas terco de los difamadores del gobierno 
de Garlos IV , á que con datos y hechos comprobados y feha- 
cientes cuente y diga si en su tiempo vio en España alguna 
cosa parecida á este sistema que he descrito , y que después 
de la caida de aquel noble soberano ha sido visto y aguantado 
tantos años. 

Impío, á mas de corruptor, he llamado también á ese gobier- 
no que fundaron los ínclitos varones del Escorial y de Aran- 
^aez , y que después abrió en España , con nombre de apostó- 
lico , todos los pozos del abismo. Mas que negar á Dios es 
impiedad tomar su nombre para el crimen : su relijion divina 
la afrentaron con sus obras, y ellos dieron lugar á los baldones 
y blasfemias que ha sufrido, r^o asi en los dias de Garlos IV, 
en los que fué acatada y adorada bajo sn carácter propio , de 
la sola manera que es posible de hoy ya mas que sea reveren- 
ciada con voluntad m^ra por los pueblos , dulce , apacible, 
sabia, persuasora, m^Boera» conciliante, contenidos sns mi- 
nistros en sus justos ranes, sin espada, sin mas armas que la 
cruz de Jesucristo y la palabra santa, magistrados de paz y de 
concordia, no alguaciles, ni fiscales, ni prebostes, ni verdugos 
de los hombres. 



26 MEMORIAS 

rencía por lo menos de sus principios y habitades, 
tenga mucha faerza todavía y se mantenga en lo en* 
cubierto. Y otra respuesta mas me hallo en lo que 
cuentan los viajeros de la relijion de algunos pullos 
del África y del Asia, que reconocen un Dios bueno 
y un Dios malo; que á este se le respeta, se le adora 
y se le ofrenda por temor del mal que hace ó puede 
hacerles, sin que se atreva nadie á lamentarse de 
sus obras; pero que se desquitan mofándose del bue- 
no que no les hizo nunca daño ni es capaz de hacér- 
selo, menospreciándole por tanto ^ diciéndole baldo- 
nes y escupiéndole en su rostro con frecuencia. A 
este maniqueismo deplorable se parece en gran ma- 
nera la relijion política en casi todos los países de la 
tierra. 

Estoy al fin > y fáltame tan solo epilogar, y decir 
algo para aquellos que leen poco sobre la política es- 
terior que fué observada en el dificilísimo reinado que 
tocó en suerte á Garlos lY. De entre todas las cosas 
cuestionables ninguna abre mas campo á las disputas 
que los sistemas políticos, juzgados de ordinario muy 
mas por el suceso que han tenido , que por las bases 
y motivos sobre que fueron concebidos y adoptados. 
Empero fué tan natural, tan bien fundado, y por en- 
cima de esto tan necesario y tan forzoso el que en 
España fué seguido durante los períodos sucesivos de 
la revolución francesa, que para defenderle basta solo 
referirlo. 

De tos tres primeros años, desde la abertura de los 



DEL PBlNGIPB DE LA PAZ. 27 

estados jenerales hasta la formacioD de la república 
francesa (tiempo qtie no fué mió), no diré nada que 
no sepa todo el mundoé La indecisión y el titubeo de 
los diversos gabinetes de la Europa ^ la variedad de 
miras é intereses que reinaba en sus acuerdos^ la di^ 
verjencia consiguiente en los proyectos, y la dificul- 
tad de concertarse en uña idea común acerca de los 
medios mas prudentes y seguros que podrían ser pues- 
tos contra la jeneral perturbación que amenazaba al 
continente, fueron causa de dos males de infinita tras- 
cendencia: el uno de irritar él fuego de la Francia y 
darle pasto; el otro, de acudirá contenerle y empe- 
ñar la lucha sin un plan asegurado contra todos los 
eventos, y sin aquella unión, aquel esfuerzo y aquella 
decisión universal y simultánea que no llegó á tenerse 
sino después de veinte años de desastres. Cuanto á 
España, no es menos conocida la marcha irresoluta y 
variante que, consiguientemente á las oscilaciones de 
las demás potencias, fué tenida por los dos ministros 
que me precedieron bajo aquel nublado pavoroso que 
se espesaba por instantes (1). Yo no subí al poder 



(1) Garlos IV tenia por costumbre señalar á sns müiistros 
los principios y bases de conducta que deseaba se observasen, 
encomendando á su lealtad los medios que convendrían para 
su cumplimiento. En aquellas circunstancias fueron sus deseos- 
qne, lo primero dé todo, se trabajase de mancomún, si era po- 
sible , con los demás gabinetes , en poner por obra todas las 
medidas que pudiesen determinar una solución pacífica en la$ 



28 MEMORIAS 

sino á la misma hora de comenzar los rayos y los 
truenos que estremecieron á la Europa. Y sin embar. 
go^ á la ventura^ á cierra ojos^ con el mayor esfuerzo, 
por cuantos medios fueron dables en aquellas circuns- 
tancias, solo en la Europa para mi designio, sin nin- 
guna ayuda de los demás gobiernos, tenté á poner el 
pararayo que se debió haber puesto en mejor tiempo, 
y que pudiera haber salvado, no menos á la Francia 
que á las demás naciones, de los estragos prolongados 
que después vinieron. Mas , por desgracia , ya era 
tarde: la cabeza augusta del rey de los Franceses 
rodó sobre el tablado, y el torrente de la democra- 
cia desatóse amenazando todas las fronteras de la 
Francia (1). 

La guerra fué forzosa, y se rompió por todos lados, 
y no aguardó la Francia á que la España se la decla- 
rase; ella fué la primera en declararla porque no co- 



turbaciones de la Francia, y qne no se empeñase una coalición 
mientras aquella no comprometiese la paz y la seguridad de 
sus vecinos. Dado el caso de qne la coalición- fuese absolnta- 
mente necesaria, sn majestad deseaba qne esta liga fnese asen- 
tada sobre nn convenio espreso y una garantía común de no 
dejar las armas sino por mutuo acuerdo de todas las potencias 
coligadas. Mis lectores encontrarán en los capítulos VI y Xn 
de la primera parte de estas Memorias cual hubo sido la direc- 
ción política que observaron en aquellos tres años sucesiva- 
mente los. condes de Floridablanca y de Aranda. 

(1) Véanse sobre esto los capítulos VI y VH de la primera 
parte de estas Memorias, 



DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 29 

metimos la bajeza que exijia imperiosamente de des- 
guarnecer los Pirineos (1). 

Nuestra primer campaña fué feliz y gananciosa (2); 
la segunda^al contrario, desgraciada y costosa, aunque 
no tanto cual lo fué por todas partes la de las demás 
naciones aliadas (3); la tercera, grandemente laborio- 
sa, reñida fuertemente de ambas partes^ eumendadora 
de las quiebras que por la anterior se habrían sufrido^ 
cefta^a á fuerza de armas y prodijios de valor y de 
peritíá á parecerse á la primera , cuando la paz nosT 
fué propuesta por la misma Francia, paz ansiada por 
su parle sin ningún rebozo, controvertida y disputada 
por nosotros por mas tiempo de dos meses, sin dejar 



(1) Mis enemigos, sin temor de contradecirse, atacando á 
diestro y á siniestro cuanto yo hice , me han atacado diciendo 
que aquella guerra fué el resultado de mi inesperi^cia en los 
negocios y de mis deseos de hacerme popular visto el voto je- 
neral de la nación contra la Francia, y que debiera haber bas- 
tado poner cien mil hombres en la frontera adoptando el siste- 
ma de neutralidad armada. Losqae tal han dicho, han probado 
moia de estas dos cosas , ó su completa mala fe , ó su completa 
ignorancia de los sucesos de aquel tiempo , siendo un hecho 
histórico que la convención francesa se negó inflexiblemente á 
reconocer este sistema con respecto á todos sus vecinos, y que 
ella fué quien nos declaróla guerra. (Véanse en prueba de esto 
los capítulos Vn» Vni, IX y X de la primera parte.) 

(2) Véanse los capítulos XVI y XVH de la primera 
parte. 

(3) Véanse los capítulos XXQ y XXm de la misma. 



á 



30 MEMORIAS 

las armaS) no asentida ni firmada sino debajo del es- 
cudo (i). 

Mis enemigos sin embargo la ban llamado yergon- 
zosa; j vergonzosa la ban creido j la creerán los que 
no leyeron , ó no lean sino sus escritos mentiro^s. 
Los Franceses, al contrario, b^n alabado en $iis his- 
torias de aquel tiempo la firmeza de la G^^pafta cuan- 
do se trató de aquellas paces., y no se ban desdeñado 
de contar que cuando se firmaron, estaban ya las arpas 
españolas á punto de invadir de nuevo el territono de 
la Francia (2). 



(1) Véanse los capítulos XXIV y XXV, donde hallarán mis 
' lectores los detalles de esta gloriosa campaña, y la. historia de 

los sucesos y de las negociaciones propuestas por la Francia j 
se^uídast como escribió M. LacreteUei ppr el gabinete de Ma- 
drid lenta y mesuradamente con toda la flema nacional en 
medio del estruendo de las armas. 

(2) La mala fe de mis enemigos j de QL Pradt, que se hizo 
después el eco de ellos , ha pretendido hacer creer qua la Es- 
paña pidió la paz de resultas de haber pasado el Ebro el ejér- 
cito del jeneral Moncey amenazando ya las Ga&tillas. Lejos 
de que asi hubiese sido, tres mil hombre;s qjo» destacó este 
jeneral sobre el Ebro para distraer á nuestro ejército de la de- 
fensa de Pamplona , fueron arrojados, con grave pérdida, del 
castillo de Miranda que ocuparon solo algunas horas. Los que 
mienten es necesario que tengan grande cuenta con las fechas. 
Las paces se firmaron en 22 de julio en Basilea, y la incursión 
de aquellos tres mil hombres no ocurrió sino el 24. ¿Cómo 
pues pudo ser que por resultas de ella se pidieran las paces? 
Hay otro dato mas acerca de esto, y es que la plenipotencia de 



DEL PRlNCIPJ^ BR LA PAZ. 31 

A los que digan que aquella paz fué vergonzosa por 
las condiciones con que fué hecha, deberá bastar por 
respuesta el testo literal del tratado, que se contiene 
todo entero en el capitulo XXYI de la primera parte. 
Y en el capitulo XXYU encontrarán también, que 
de todos los tratados de paz que las demás potencias 
coligadas hicieron con la Francia , el nuestro fué el 
mas honroso de todos, sin ningún otro sacrificio que 
la cesión i la Francia de la parte española de la isla 
de Santo Domingo^ la cual^ lejos de ser estimable^ no 
era mas que una carga y un peligro después que, 
dada por la Francia la roz de emancipación y libertad 
á los negros, se desenvolvió la insurrección y la anar- 
quía en aquella isla, que no volvió á ser mas ni fran- 
cesa ni española. Cuanto á España, ni una sola aldea, 
ni un palmo de terreno nuestro fué guardado por la 
Francia; nuestra neutralidad fué reconocida, y nues- 
tra mediación aceptada en favor del Portugal, de Ña- 
póles, de Parma, de Gerdeña, y de cuantas potencias 
la buscasen (1). 



la república para tratar de paces con Esp2^ foé. despachada 
al ciudadano Barthélemy con fecha de 10 de mayo; y la de 
Garlos ly á don Domingo Iriarte con la de 2 de julio : la ero- 
nolojia es un gran medio para deshacer mentiras y purificar la 
historia. A los que dudaren de estas cosas , les pido que lean, 
ademas de los capítulos XXIV y XXY ya citados , el XXYm, 
eampnesto todo de relaciones de los historiadores franceses 
en honor nuestro. 

(i) Espuesto queda ya el solo y único sacrificio, verdade- 



32 MEMORIAS 

¿Faé un error aquella paz, ó fué un pecado de nues- 
tro gabinete? Guando esta paz se hizo, la Suecia, Di- 
namarca, Yenecia y la Suiza reconocian solemne- 
mente la república francesa y enviaban sus ministros 
cerca de ella. La coalición se deshacia; la Toscana 
en 9 de febrero, la Prusia en 5 de abril, y la Holanda 
en 10 de mayo habian hecho sus paces con la Fran- 
cia. De la Alemania uno detras de otro iban llegando 
á Basilea en busca de las paces los delegados de sus 
principes, y el mismo emperador habia enviado al 
conde de Lehri)ach para probar á hacerlas, si la re- 
pública francesa se qneria avenir á devolver alguna 
parte, por lo menos, de los estados conquistados al 
imperio. ¿Debia la España á estotro lado de la Fran- 
cia, sola, sin mas ayuda que su pobre vecino el Por- 
tugal , consentir á verse espuesta á soportar el peso 



ramente nominal, que faé hecho por la España, cediendo la 
parte española de Santo Domingo : he aquí ahora lo qne costó 
la paz á las demás potencias qae la hicieron en la misma época. 
El duque de Toscana fué obligado á pagar una cuantiosa in- 
demnidad. — El rey de Prusia y el landg^ave de Hesse-Gassel, 
á ceder á la república todos sus tenitoños ocupados por las 
armas francesas á la izquierda del Bin. — La Holanda, á cam- 
biar su forma de gobierno, á pagar cien mil florines á la Fran- 
cia, y á cederle sus estados de la Flándes, y con ellos la ri- 
bera izquierda del Hondt, Maestrícht, Yenlóo y sus dependen- 
cias, á hacer común el puerto de Flesinga á la Holanda y á la 
Francia, y á dejar en poder de esta, mientras durase la gnerra, 
todas sus plazas fuertes. 



DEL PRÍr^GIPE DE LA PAZ. 33 

de la guerra, cuando cada cual de las demás naciones 
coligada^ lo soltaba , ó buscaba, el modo de soltarle? 
¿No hice yo un gran servicio á mi monarca y á mi 
patria en aceptar aquella paz tan ventajosa y tan hon- 
rosa que nos fué propuesta por la Francia? ¿Y por 
ventura el voto nacional en favor de aquella paz no 
fué uno mismo en toda España? ¿Y por acaso ignora 
alguno que mientras tanto que la España peleaba á 
costa suya enteramente sin ningún subsidio de Ingla- 
terra ni de nadie, la Prusia que cedia, el Austria que 
buscaba el modo de ceder y componerse con la Fran- 
cia si la encontraba favorable, y la famosa emperatriz 
de Rusia que á nada cooperaba sino con promesas y 
palabras, se repartian bonitamente la Polonia ? 

"Pero, de hacer la paz, hasta aliarse con la repú- 
»blica francesa^ habia un gran trecho," dirán mis 
enemigos y lo han dicho. Yo tengo respondido lar- 
gamente acerca de esto en mis Memorias (1); reno- 
varé no obstante en un brevísimo resumen mi res-^ 
puesta. 

[Nuestra situación política en medio de las guerras 
porfiadas que la revolución francesa ocasionó en la 
Europa^ era distinta enteramente, y singular por es- 
cepcion , de la común en que se hallaban las demás 
potencias de nuestro continente. La monarquía espa- 



(1) Bulos capítulos XXX, XXXI, XXXH, XXXUI, XXXIV 
y XXXV de la primera parte. 

3 



34 MEMORIAS 

ñola de aqnel tiempo no era la de ahora: reinaba Es- 
paña entonces del nno al otro polo en las Améñcasy 
tenia ricos dominios en África y en Asia , y el sol, 
como se ha dicho tantas veces, á todas horas alam- 
braba algnna parte de sus innumerables posesiones. 
Capaz de see he&ida Er« tantos puntos , mi debei, 

DEBER CUMPLIDO, DE QUE NADIE ME QUITARÁ LA GLO- 
RIA, FUÉ GUARDARLA Y DEFENDERLA EN TODOS ELLOS. 

En todas circanstancias, aun las mas comunes, se 
necesitan aliados, si la neutralidad se hace imposible; 
¿y quién mejor que la España hubiera deseado poder 
contar con la Inglaterra para tenerse neutra en las 
contiendas de la Europa, y atender holgadamente á sa 
conservación y á la conservación de sus dominios de 
ambas Indias? Pero hubo antes de mi un ministro, lar- 
gamente celebrado por mis enemigos , que nos enaje- 
nó por largo tiempo la amistad de la Inglatrra coope- 
rando con la Francia, ó,por mejor decir, sirviéndola 
con grande riesgo nuestro, para hacer perder á los In- 
gleses en América sus posesiones mas queridas , un 
gran reino, cuyo valor inmenso no hay nadie que lo 
ignore. Este resentimiento envenenado nos lo guar- 
daba la Inglaterra, y en amistad ó en guerra^ amigos 
ó enemigos, buscaban los ingleses su desquite, que al 
fin de fines lo han tenido (1). 



(i) Véase sobre esta causa de la enemistad de la Inglater- 
ra con la España el capitulo XXXVn de la primera parte. 



DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 35 

He dicho amigos ó enemigos , y cualquiera podrá 
ver que yo no me engañaba^ pues lo que no pudieron 
en diez años mientras fuimos enemigos, lo alcanzaron 
siendo amigos cuando con una mano auxiliaban á la 
España contra Bonaparte, y con la otra protejian y 
fomentaban la insurrección de los dominios españoles 
en América 

' Yo habia hecho lo bastante mi esperiencia en los 
tres años que la Gran-Bretaña fué nuestra aliada con- 
tra la república francesa, y otro de los motivos que yo 
tuve para adoptar la paz cuando fué dable el adoptar- 
la con honor y sin faltar á los empeños contraidos 
con las demás potencias, fué el de evitar el riesgo de 
que los ingleses nos alzasen bajo mano las Américas 
si en los azares de la guerra con la Francia nos toca- 
se, por mas ó menos tiempo, algún desastre semejante 
á los que Holanda, el Austria y tantos otros pueblos 
padecieron. Puesta en duda la existencia de la monar- 
quía española por cualquier fracaso de los que en 
aquel tiempo fueron tan comunes y frecuentes en la 
Europa, no era ya fácil responder de la lealtad y la 
constancia de la España ultramarina. 

En esta posición^ y bajo el peso de tan inmensas 
atenciones^ es necesario que se juzgue mi política. 
Keutral logré que se quedase España con la Francia, 
libre en sus relaciones con todas las potencias, y entre 
ellas la Inglaterra, con la que se tuvieron cuantas de- 
ferencias amistosas eran permitidas á un pais neutro. 
¿Quién nos llevó al estremo de renunciar á aqueles- 



r 



36 MEMORIAS 

tado y de aliarnos con la Francia? La conducta hos- 
til de la Inglaterra durante mas de un año, hacién- 
donos sufrir con guerra sorda y traicionera toda 
especie de insultos y de agrayios^ poco menos que 
pudiera haberlo hecho en una guerra abierta (1). Era 
ya el tiempo en que la lucha encarnizada que se trabó 
en la Europa, desconocia el derecho de los pueblos 
á rehusar su concurrencia en los debates estranjeros: 
el gran duque de Toscana yíó ya por aquel tiempo 
su neutralidad violada por ingleses y franceses: Ge- 
nova, también neutra, vio en pocos dias hollados sos 
dominios por ingleses, austríacos y franceses: poco 
después Venecia, neutral entre la Francia y el impe- 
rio de Alemania, fué el precio de la paz de Campo 
Formio; y no es menos sabido por los que leen la 
historia de qué manera tan tenaz y tan violenta des- 
hicieron los ingleses la neutralidad armada que mas 
tarde se formó en el norte por la Rusia, Prusia, Sue- 
cia y Dinamarca. La naturaleza de esta guerra, decia 
Pitt resueltamente á nuestro embajador en Londres, 
no nos permite distinguir entre enemigos y neutrales; 
y mientras tanto proyectaba de secreto con la Rusia 
el modo de obligarnos á la guerra ocupando el Por- 
tugal con un ejército angloruso, y entrando en nues- 
tro suelo á fuego y sangre. 



(1) Véase el capítulo XXX y los siguientes ya citados has- 
ta el XXXV inclusive. 



DEL PRiiNGIPE BE LA PAZ. 37 

Y no fué mi opÍDÍon tan solamente la que hizo de* 
xidirse á Garlos lY á unirse con la Francia; todas 
las clases del estado que podian juzgar esta cuestión 
imparcialmente y con acierto^ fueron consultadas, y 
todas convinieron , si la alternativa de unirse ó con 
la Inglaterra ó con la Francia era forzosa, en preferir 
la unión con esta última (1). 



(1) Vívanse acerca de esto los capítulos XXXI y XXXH 
de la primera parte , de los cuales , consultando á la breve- 
dad, no reproduciré aqui sino algunos fragmentos délos dictá- 
menes que fueron traidos al Consejo de estado. «En las presen- 
» tes circunstancias (nos decianuestro sabio diplom ático Iríar te) 
» no se está en el caso de elejir entre un bien y un mal presen- 
» tes , sino de entre dos males el que ofreciere menos riesgos 
» de turbar la monarquía y de causarnos pérdidas irreparables.» 
£1 arzobispo de Granada , ilustre Americano ^ político eminen- 
te y gran conocedor de su pais , habiendo sido consultado por 
el rey, se espresaba en estos términos : « La conservación de 
M aquellas rejioncs depende enteramente de la tranquilidad de 
n la España. Cualquiera turbación en su gobierno , la domina- 
» cion estranjera sobre todo , aun cuando fuese pasajera ó mo- 
» mentanea , movería en las rejiones de la América el deseo 
I) natural de evitar igual suerte, y este deseo sería un protesto 
») para aquellos que querrían hacer independiente $u patría. Si, 
>» resucitada la guerra, ocurrieran en España desgracias del ta- 
» maño de las de Italia, ^^quién nos asistiría para conservarlas 
»» Américas? ¿Por ventura los ingleses, que por interés propio 
>» suyo y por venganza , no desean sino apropiarse el comercio 
» y las riquezas de aquel pais afortunado ? Aliada con la In- 
» glaterra , si una lid nueva con la Francia nos trajese reveses 



38 MEMOBIAS 

La praeba del asenso jeneral prestado á esta medi- 
da y del conyencimiento en que se estuvo en aqael 
tiempo á favor de ella, fué que mis sucesores en el 



» j desastres, no padiendo atender á otro objeto que á su pro- 
» pió suelo , ¿ confiará la España á los ingleses la conservación 
»> j la guarda de sus Indias, j al lobo la custodia del rebaño 
>» apetecido? La esperíencia de lo que han tentado en los tres 
» anos de la guerra que se ha tenido con la Francia « deja ver 
» lo que harían si una guerra mas empeñada y mas incierta en 
» sus resultas les volviese el tiempo que les ha faltado para 
» falsear en las Amérícas todo el sistema de intereses qne las 
n une á su metrópoli. Hablo de ciencia cierta , de esperíencia 
n mia propia; nadie me aventaja en España para juzgar de kw 
» negocios que conciemen á la América : la América española 
n no tiene simpatías ,con los ingleses , j al contrarío , con los 
M franceses tiene muchas. Apartados estos , acariciados los 
M ingleses por nosotros, j dueños á su salvo de surtir aquellos 
n puntos, de halagar el gusto y de ganar la voluntad de aqne- 
»llos naturales, ¿ les daremos una influencia j una acción qne 
n aun no tienen? Mi conciencia^ mi lealtad j mi calidad, como 
» obispo , de consejero nato de la corona , me hacen saHr tal 
»vez de los lindes del informe que se me ha pedido: mi deber 
» es de ilustrar al gobierno en la materia de que hablo, porqne 
» en España hay muy pocos que conozcan , como ella es , k 
» cuestión de ingleses y de Américas. INo es la Francia donde 
» apuntan estos provocando una rotura nueva contra ella: el 
M objeto de sus tiros con la lucha en que quieren empeñamos, 
» es la riqueza de la América que la paz de Basilea ha salvado 
n de sus manos, etc., etc.» No debo ser cansado en lo qne solo 
es un resumen : en cuanto al resultado de los demás informes 
y dictámenes que alumbraron las sesiones del Consejo, remito 
á mis lectores á los dos capítulos citados. 



DEL PUIGIFJB BS LA PAZ. 39 

mando^ por ninguno de los cuales se dio maestra de 
ser parciales mios, y en un tiempo en que yo ñopo- 
dia nada, la siguieron con la mayor constancia, y se 
estrecharon con la Francia muy mas allá del linde y 
de la tasa que yo me habia propuesto y observado 
cuidadosamente (1). 

Muchos han dicho , y se les ha creido, que mi 
opinión por la alianza de la Francia tuvo por objeto el 
escudarme y conservarme por su inñujo en el poder; 
imputación tan falsa á todas luces, que uno de los 
motivos por que salí del ministerio fueron los ataques 
que el directorio ejecutivo de la república francesa me 
habia hecho h^sta el estremo de pedir oficialmente á 
Garlos lY mi retiro del poder^ alegando, entre otras 
quejas^ que trabajaba yo secretamente por los realis- 
tas de la Francia y contra la república (2). 



(1) Véase el capitulo XLIX de la primera parte, donde se 
trata este punto estensamente. Una de tantas injusticias que 
me han sido hechas y de las mas grandes , ha sido la de atri- 
buirme los errores y los yerros que fueron cometidos , tanto 
en la administración esterior como en la interior , durante el 
tiempo de mi absoluto retiro de los negocios , á contar desde 
marzo de 1798 hasta mas de mediado el de 1800: mi vuelta al 
mando de una manera definitiva en calidad de jeneralísimo no 
fué sino en 1801. Véase también cuanto á los negocios inte- 
riores durante el tiempo de mi retiro el capítulo L de la pri- 
mera parte , y el n de la parte segunda. 

(2) Por dos veces tuve la felicidad de resistir con feliz su- 
ceso la invasión del Portugal pretendida con el mayor ardor 



40 MEMORIAS 

Gaanto á la utilidad de esta alianza, la prueba 
son los hechos^ y, por mejor decir, un solo hecho que 
es bastante;, y fué el de haber guardado y conserrado 
nuestras Indias en medio de una guerra peleada y 
sostenida tantos años. Tírese una mirada sobre las 
guerras anteriores contra la Inglaterra: bajo Feli- 
pe U Cádiz fué asaltada y saqueada por ingleses: 



por el directorio ejecutivo : ni menos pudo alcanzar de mi la 
reunión de nuestras fuerzas marítimas á las espediciones fran- 
cesas de Irlanda y del Ejipto. ^o pudo tampoco conseguir en 
mi tiempo la espulsion de los emigrados pacíficos á quienes 
España daba una jenerosa hospitalidad. El directorio habia co- 
menzado por halagarme; pero, irritado de la constante opos^ 
cion que encontró en mí á las pretensiones que resistí, por ser 
incompatibles con el interés y la dignidad de la corona , como 
hubiese hallado un rastro de mis relaciones secretas con el 
director Barthélemy tocante al restablecimiento de la monar- 
quía constitucional en Francia; mandó al embajador Truguet 
darla queja á Garlos lY y pedirle mi deposición, como en 
efecto fué pedida. Guales hubiesen sido mis esfuerzos y mis 
miras por la casa de Borbon lo da á entender muy bien en sos 
Memorias M. Pradt cuando me increpa en ellas acerca de este 
punto y se esplica de esta suerte : « On connatt les intrigues 
n ourdies par le prince de la Paix, pour amener quelques mem- 
nbres du directoire á placer sur le trdne de Franco le second 
» fíls du roy d^Espagne. On sait aussi le nom du négociatenr, 
»Ie temps de son séjour á París, et la maniere dontil fut écon- 
n duit. » Después de esto, yo no sé que pueda darse una prue- 
ba mas evidente de que yo no tuve por objeto sostenerme con 
el favor del directorio cuando me resolví á establecer la alianza 
de la España con la Francia. 



DEL PRllNGlPE DE LA PAZ. 41 

bajo Felipe IV nos arrancaron la Jamaica; bajo Fe- 
lipe V nos quitaron Gibraltar, destruyeron el puerto 
en Vigo, y, apoderados en América de Portobelo, 
arrasaron sus fortalezas: bajo Garlos III, en los 
tiempos de un Wal, un Grimaldi y un Aranda, con- 
quistaron la Habana, y se apoderaron de Manila y 
demás islas Filipinas, con mas en la Florida, de San 
Agustin y Panzacola: mas cerca de nosotros, en tiem- 
po de Moñino^ tomaron por asalto á Omoa en la 
bahía de Honduras, y apresaron las naves del rejistro 
cargadas de oro y plata, que estaban allí ancladas. 
Bajo de Garlos lY, una isla solamente, la Trinidad 
de Barlovento, nos fué quitada en los diez años, y 
no lo fué por falta de defensas , sino por sorpresa y 
por traición de los colonos estranjeros (1). La alianza 
con la Francia y con la Holanda nos sirvió constan- 
temente para multiplicar las atenciones de la marina 
inglesa, dividir sus fuerzas, entretenerlas por lo me- 
nos é impedir que se ocuparan en empresas sosteni- 
das contra nuestras Indias. Mezquinos son por cierto 
y poco dignos de figurar como maestros en política 
los que han querido echar en cara á los ministros de 
aquel tiempo los gastos que causaron nuestros cuan- 
tiosos armamentos, sin advertir que eran el precio 
de la inmunidad de nuestras costas y de la salvación 
de nuestras ricas posesiones á la otra parte de los 
mares. 

(1) Véase el capitulo XXXYIII de la pñmera parte. 



42 MEMOKU» 

Muchos han dicho (y ea decirlo han probado su 
ignorancia de la historia de aquel tiempo) que nues- 
tros armamentos fueron hechos en beneñcio de la 
Francia solamente; cuando, al contrario de esto, fué 
visto que la Francia perdió del todo sus colonias^ y 
que nosotros conseguimos conservar las nuestras con 
tan feliz suceso como fueron conservadas. Si al pa- 
recer de algunos era la Francia quien sacaba el fruto 
de la unión de nuestras fuerzas en los mares con ella 
y c^n la Holanda, visto al fin el resultado tan favo- 
rable para España, dirían mejor que los franceses 
hacian mas bien nuestro negocio, tal vez 9Ín que 
ellos mismos lo pensasen. Y hubo también de nues- 
tra parte cierto egoismo de política de que no pocas 
veces se quejaron, puesto que no quisimos ayudarles 
en la espedicion de Ejipto, ni á sus espediciones en 
Irlanda , ni en los inmensos armamentos y faenas de 
los preparativos de Boloña (1). 

Debian pensar en fin los que tan duramente bao 
censurado esta alianza, que no la hicimos absoluta 
contra los enemigos de la Francia , sino tan solamente 
contra la Gran-Bretaña, que era el único enemigo 
que tenia la España. Prueba de esto, entre otras mu^ 
chas, fué que, en la segunda coalición en que tan 
apurada se encontró la Francia con los enemigos á 
sus puertas después de mil derrotas, no le dio Es- 



(1) Véase el capitulo XXXV de la primera parte. 



DEL PHÍCiPB D£ LA PAZ. 43 

paña ni un soldado, ni la república francesa se atre- 
vió á pedirnos asistencia , por respeto á la tasa con 
que nuestra alianza fué pactada ( 1 ). 

Mudóse luef;o aquel teatro, y levantáronse los se- 
llos de los furiosos males que aun estaban reservados 
á la tierra : ¡ mal pecado ! aquella misma coalición 
volvió la vida á la república francesa que estaba ya 
espirando , y á Bonaparte dióle el cetro de la Europa 
de por tiempo^ 

Nuestro primer trabajo fué aquel prurito que le 
vino en medio de sus triunfos de invadir el Portugal, 
proponiendo unir sus fuerzas y las nuestras para obli- 
garle á renunciar, hasta las paces generales, á su 
amistad con la Inglaterra , como en un caso semejante 
se habia hecho por el rey Garlos III y por Luis XV; 
ó bien que se le diese el paso inofensivo para cum- 
plir él solo aquel proyecto. El Portugal lo merecia 
en verdad por su conducta infiel con la España y 
con la Francia ; empero Bonaparte era para nosotros 
un amigo muy diverso de Luis XY. 

Negar el paso era dificil , visto que la ley común 



(1) Vírase el capitulo XXXIV, y el articulo XVm del tra- 
tado de san Ildefonso , cuyo testo literal es el siguiente; "Sien- 
>i do la Inglaterra la única potencia de quien la Es]^aña ba 
» recibido agravios directos , la presente alianza solo tendrá 
» efecto contra ella en la guerra actual , y la España perma- 
» necerá neutral respecto á las demás potencias que están en 
» guerra con la república." 



44 MEMORIAS 

de las naciones señala algunos casos como el nuestro 
en que deba darse (1) , y que, negado que le hubiese 
sido á Bon aparte , se lo habría tomado él mismo, 
siendo forzoso entonces á la España cruzar las armas 
ella sola con la Francia. Para mayor conñicto, los 
ministros que me sucedieron en el mando habian 
aminorado nuestro ejército aun por debajo de la 
fuerza necesaria en dias de paz, junto ademas con 
esto que^ por sus yerros en hacienda, el tesoro estaba 
exhausto. 

De aquí tomó principio la cadena de desgracias 
con que cargó el destino mi existencia, volviéndome 
de nuevo á las tormentas de la corte. Llamado por 
el rey, que se encontraba consternado por la obstina- 
ción del gabinete portugués en no prestarse á sus 
consejos para evitar aquella lucha , mi dictamen fué 
no solo hacer la guerra , sino precipitarla y empren- 
derla por nosotros, sin esperar á los franceses, re- 
uniendo nuestras fuerzas tal como se hallasen, y su- 
pliendo la audacia y el valor de nuestras tropas los 
medios que faltasen para romperla á toda prisa. Si se 
lograba de este modo reducir el Portugal á la -razón 
cual lo pedian las circunstancias , el concurso de la 
Francia se hacia inútil, se evadia el peligro de tener 
abierto indefinidamente el paso militar á los franceses, 



(1) Véase á Grocio, lib. II, cap. II, uiím. 5, y á Vattel, 
lib. III , capitulo VU. 



DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 45 

j se impedían , lo que era mas^ las tentaciones de que 
era tan capaz el triunfador soberbio que reinaba ya 
de hecho en Francia y en Italia. 

Mi consejo era buenp; mas no habia nadie que 
quisiera comprometer su gloria y acometer la em- 
presa sin un ejército al completo, bien equipado y 
pertrechado. El rey en tal apuro me propuso que 
me encargase de ella si le arriaba^ y yo acepté el en. 
cargo por amor suyo y de mi patria. 

Cierto no fué ambición tomarla por mi cuenta, 
cuando pendia de un dado lograr un buen suceso, 
y por la cual, si se fustraba mi designio, debia que- 
dar al blanco de los escarnios y la mofa de españoles 
y franceses; pero la Providencia favoreció de aquella 
vez mis nobles intenciones: cada marcha fué un triun- 
fo, y cuando los franceses pasaron la frontera, la 
paz estaba hecha. Luciano Bonaparte se habia dado 
por contento, y el Portugal se hallaba en regla con 
la España y con la Francia , quedando por nosotros 
una joya mas á la corona, Oli venza y su distrito. 

¿Fué por complacer á Bonaparte por lo que fueron 
hechas estas cosas? Empresa mas difícil que someter 
el Portugal fué luego para mi el empeño de sostener 
aquel tratado que habia hecho, y al tenor del cual el 
rey se declaraba al principe rejente por garante de 
sus reinos. Yo habia tratado por España, Luciano 
por la Francia, y era un asunto concluido. Bonaparte, 
no obstante, desaprobó el tratado de su hermano, y 
no le quedó piedra por mover para lograr que Gár- 



/l6 MEMORIAS 

los lY retractase el suyo : muy cerca de tres meses se 
sigaieron de contiendas agrias de entrambos gabine- 
tes; pero, con mucha gloria de la España, triunfó el 
nuestro^ y el ejército auxiliar retornó á Francia, de 
bastante mala gana , sin haber pisado el Portugal ni 
disparado un tiro contra nadie. 

]Ninguno me ha tenido cuenta de estas cosas: mis 
enemigos se han burlado de esta guerra, ¡ y ha habido 
un conde de Toreno que la llama escandalosa! Me- 
nospreciable ha sido para ellos el doble sacrificio que 
yo hice^ primero el de arrojarme sin fuerzas y sin 
medios suficientes á una guerra en que pudiera ha- 
ber hallado al Portugal entero alzado en masa , y por 
encima de esto^ á los ingleses; segundo, haberme 
contentado con la paz, cuando en mi mano estOTO 
llegar hasta Lisboa, y hacer alarde de esta gloria y, 
afirmarla con los franceses que llegaban: pero prime- 
ro fué mi patria: si yo no hubiera obrado de aquel 
modo, y les hubiera permitido penetrar en Portugal 
y guarnecer sus puertos como lo ansiaba Bonaparte, 
desde aquella fecha habría empezado España á ser 
cuartel de los ejércitos franceses, como lo fueron lar- 
go tiempo en todas partes las provincias de los otros 
aliados de la Francia (1). 

Después de estos sucesos, por desgracia mia, que- 



(1) A nds lectores ruego que den una ojeada sobre los ca* 
pitólos V y VI de la segunda parte , tomo DI. 



DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 47 

de amarrado á los negocios, porque asi lo quiso Gar- 
los IV , corriendo siempre en contra mia el odio y el 
fnror de aquel partido que, á la larga, concluyó por 
destronar á su monarca y sumerjir la España en un 
abismo de trabajos perdurables. 

La paz de Amiens nos dio un respiro ^ y aun des- 
pués de rota á poco tiempo entre la Francia y la In- 
glaterra, á duras penas, y no sin grandes sacrificios, 
conseguimos mantenernos neutros , hasta que la se~ 
gnnda, preparando nuevas ligas contra la primera, 
quebró también las paces con nosotros alevosamente 
sin dejarnos mas partido que asociarnos, ó con ella, 
ó con la Francia. 

napoleón gozaba entonces de todo el entusiasmo 
que le habian dado los sucesos, sus talentos y sus ar- 
tes. La Prusia se negaba firmemente á nuevas luchas, 
y el Austria andaba incierta: fuerza nos fué asociar- 
nos nuevamente con la Francia y con la Holanda 
para la guerra de los mares. La prueba del acierto 
que tuvimos en elejir este partido, fué el desastre do- 
loroso que sufrió mas tarde el Austria. La Inglaterra, 
que la habia empeñado en aquella nueva guerra pre- 
matura, consiguió por este medio libertarse de la in- 
vasión terrible de que se hallaba amenazada por la 
Francia. Para esta, las resultas fueron hacer mas só- 
lida y segura la entronización de Bonaparte, y refor- 
zar las alas de las nuevas águilas que hacian temblar 
el continente. 

]\o fué mi culpa si entretanto no triunfamos en los 



\ 



48 MEMORIAS 

mares. Nada qaedó que hacer por parte nuestra para 
dar un golpe á la Inglaterra , ningún esfuerzo perdo- 
nado en los soberbios armamentos que se hicieron; 
j si después de una campaña prolongada y bien reñi- 
da con no pocos sucesos fa?orables, no sin estrago 
grande de su parte, triunfó la Gran-Bretaña, en Tra- 
falgar, de Francia y de la España, jamas nuestros 
marinos adquirieron mejores títulos de gloria sobre 
los que ganaron con esfuerzos mas que humanos de 
Talor en aquel durísimo combate (1). 

Grande foé y dolorosa aquella pérdida por mas que 
nuestro honor saliese de ella á salvo (2); mas no foé 
comparable al gran desastre que, luchando al sueldo 
de la Gran-Bretaña, sufrió el angusto gefe del im- 
perio de Alemania, el cual, después de la derrotada 
Austerlitz, yióse obligado á mendigar personalmente 
en el rivac de Bonaparte aquella paz que en mala 
hora intempestiya rompió contra la Francia. Aquella 
gran catástrofe fué mil i^eces mas funesta para la Ale- 
mania de lo que fué para nosotros el quebranto qoe 
en Trafalg?r sufrimos con un destrozo casi igual de 



(1) Véanse los capítulos XYm, XXI y XXn de la segunda 
parte. 

(2) Los cantos líricos de Qointana , de Illoratin , de Ania- 
za, de Mor de Fuentes y otxos varios de nuestros poetas, con- 
servarán en la posteridad la gloria inmarchitable que adqui- 
rieron en Trafálgar nuestros marinos. (Véase todo el cap/talo 
XXn de la segunda parte , tomo IV.) 



DEL PainClPB Bfi LA PAZ. 49 

Baos inglesas, y de francesas y españolas. Si España 
liabiese dado oido á la Inglaterra (que no bastó otra 
cosa en la tercera coalición sino endosar sa propio 
riesgo á sus amigos), pudiera haber sufrido igual des- 
astre al de los austríacos y los rusos; y justamente^ 
al tiempo mismo en que la fiebre ^ los terremotos y la 
escasez de granos añijian nuestras provincias' (1). ^ 

¿Dirán mis enemigos entretanto que nuestro gabi*'* 
nete mautenia su buena intelijencia cou la Francia á 
fuerza de humillarse y dfísufrir su dictadura; ó que 
yo apuntalaba mi poder doblando el cuello á Bona-* 
parte y complaciendo su p(dítica? 

Asunto es este sobre el cuál lo» que hubiesen 1^ 
ido estas Memorias sin otro fin que el de juzgar con 
ánimo sincero los sucesos de aquel tiempo, me encon- 
trarán justificado plenamente. 

Yo les diré á mis enemigos (porque conviene mu- 
cho en este punto hacer comparaciones que ellos con 
grande estudio han evitado), yo les diré, que las con- 
descendencias de nuestro gabinete con la Francia son 
antiguas, viejas de mas de un siglo; las mas de ellas 
y las mas notables, las del gabinete autor del pactQ 
de familia bajo el rey GárJlo$ UI:^ y que «stas fueron 
muy mas grandes y mas «graves que las que se tuvie*< 
ron bajo Garlos lY, mientra^ los malos hombres del 



-.1 



ji*^ 



(1) Véanse sobre estas plagas los capítulos XVm y XIX dé 
la se^oBási parte. 

4 ; 



50 MEMOBUS 

Escorial y de Aranjuez no destruyeron mi sistema de 
política. La influencia de la Francia sobre España 
fué un resultado necesario de la nuera situación en 
que esta debió hallaise por la obra que emprendió y 
á que dio cima Luis XIV. Después de -aquella fecha, 
la España anduvo siempre remolcada y conducida por 
la Francia á todos sus debates: una tan sola vez que 
bajo el ministerio de jálberond pretendió Felipe Y 
sacudir el yugo de su casa^ vióse obligado, á fueni 
de armas de sus propios ^deudos, á bajar cabeza y de- 
sistir de sus proyectos. Y en verdad ni el rejente de 
la Francia y ni después Liáis XV, ni Luis XYI mas 
tarde, fueron hombres de la talla del emperador de los 
Franceses (i ). . , 



(i) A los qae preocupados por los escritos y las bahías de 
nús enomigos haa creído que la Bspaña bajo Garlos IV perdió 
su dignidad é iodepeudáocia temponzando coa la Francia, leí 
rogaré que antes de todo lean la bistoria de los reinados ante- 
riores , y de el del rey Garlos m mayormente , á quien los 
enenugós de sn hijo han preseatado al mundo como rey mo- 
délo. Gonrendría hacer la suma de los gastos en hombres j 
en dinero qne costaron á la España sus condescendencias 
voluntarías con k Francia ,. ya en la guerra de 1762^ áqne 
nuestro gabinete fué arrastrado pm" el de Versees para sos- 
tener contiendas que en nada interesaban á la España ; ja 
desde 1778 basta el de 1782 en una guerra que, lejos de ini' 
portar i la España, iba derechamente contra su interés íim- 
damental en las Améríeas , protejiendo y fomentando coa sos 
armas la insurrección de las provincias anglo-araerieaiías 



D£L PBllfCIPE DB LA PAZ. 51 

Véase después si España fué en presencia de este 
hombre, sobre todo gnarísmo poderoso, tan fácil ó 
tan blanda como lo habia sido con la Francia bi^o los 
reinados anteriores. IHo, ¡por Dios i y en bonra de la 
España lo diré, que en todo el continente • no liubo 
potencia algana que tuviese mas medida en bvís con- 
descendencias con aquel caudillo de la F.r,ancia tan 
temida en toda^ partes^ Para no tenerlas grandes y 
afrentosas ^ como las tuvieron tawlos reyes y^ntos 
príncipes vencidosviué el tencArle algMas, aquellas 
salaiiiiente que füeroii^GompatibleB>conla dignidad de 

- — — — ■»' • I ■ » .1 I ■ ■ 

i V-\ . \ iU i •.■•>• . • , '. , 

contara su metrópoli; insurrección que %m funesto ejemplo j 
t^n inmenso campo diq y abrió á los habitantes de nuestras 
grandes posesiones de aquel mundo. Consecuencia inmediata, 
como todos saben, fué la famosa insu];reccion. del Perú y de 
una parte de la Plata, el mismo año justamente en que la in- 
dependencia de lo$ Bstados de la ünion fué consBgirada por 
las armas; de la. España y. de la Francia. <^Qaá' sacrificio 40 
esta especie fué .lincho á Financia p^|]itras €^l0s lytuvo el 
cetro ? ¿ |p[ué no costo de spmas aquella, ^a}a guerra á que la 
España fué enganchada por la Francia sin ganancia alguna 
nuestra , y al contrario , para echar en aquel suelo retirado la 
semilla dé las insurrecciones que después nos han robado 
naestra gran obra de treis 'siglos P 194^ lué así Carlos W cuando 
se unió á M Hraneia: uaiósB mio'^m «l ym hil cojisbai^» 

AQDl^I. E]lfE0ia0 DE JUQUfi^ÁS'IlE, ]LX UA^SOO^ ,PÁT|tIA , Y €0I!TS^H|ir,6]^{ 

con LA FRAKGLi : SU augusto padre nos habia le^do la enemis- 
tad de la Inglaterra; no hubo otro medip de eyitar sus justas 
represalias que unirnos con lá Infancia , y su noble designio 
fué logrado. . . ; 



52 MKMOBIAS 

la corona y con su independencia. A los qae tanto 
han censurado mi política, quisiera haberlos visto 
en lugar mió sorteando aquella fiera y osando resis* 
tirle. Mientras que no hallé modo ni divisé camino 
alguno bien seguro para empeñar la España en una 
guerra que ofreciese feliz éxito, anduve bordeando, y 
á la capa , para no estrellar la nao querida contra aquel 
inmenso promontorio del poder que no habían visto 
semejante los nacidos, ni se habia visto en muchos 
siglos. Guando fué tiempo, no quedó por mí que los 
ocho lamentables años que siguieron no se hubieseo 
abreviado. 

He dicho, y lo he probado en mis Memorias con 
multitud de hechos, que en todo el continente no 
hubo potencia alguna que aventajase á España en la 
medida de sus condescendencias con aquel eterno pe- 
didor y eiijidor de los que él llamaba sus amigos : he 
aquí en breve una reseña de los principales lanc^es en 
que no duiíé poner enmienda , ó pronunciar un no 
redondo á sus moleistas y pesadas eiijencias. 

El año 1800 negoció su embajador Berthier con 
don Mariano Luis TJrquijo el cambio de la íiuisíana 
por el gran ducado de Toscana con el titulo de reino 
para el príncipe heredero del ducado de Parma y de 
Plasencia. Yo reformé mas tarde aquel tratado, al 
cual faltaban garantías y condiciones necesarias para 
su entero valimiento, y exijí de Bonapárte lo afir- 
mase por un articulo especial en el de Luneville,7 
que añadiese al nuevo r>eino el principado de Fiom- 



DEL PRINCIPE DB LA PAZ. 53 

bino. Yeñficado asi^ cuarenta dias despnes de confir- 
mada la paz deLuneyille se rescindió el primer trata- 
do: y celebré otro nuevo con Luciano Bonaparte (1). 

Por el mismo tiempo fué la gran cuestión del Por- 
tugal de que ya he hablado poco antes , y en que la 
voluntad de España, y no la voluntad de Bonaparte, 
fué cumplida. 

La tentación primera que tuvo Bonaparte de enla- 
zarse con alguna casa real y antigua de la Europa, 
databa ya de aquella época. Luciano Bonaparte, po- 
cos dias antes de volverse á Francia, me hizo con 
gran reserva una asomada acerca de esto, y la persona 
deseada por entonces fué la infanta doña María Isa- 
bel que habia tocado apenas la edad nubil. Yo me 
encerré en palabras vagas , las sazoné cuanto me fué 
posible con alabanzas de su hermano, y procuré en- 
cubrir la desazón y la sorpresa que tamaña especie 
me produjo. De aquí fué luego la gran prisa de ca- 
sarla con el principe heredero de las Dos Sicilias. 
Desde el dia en que estas bodas fueron concertadas, 
cambió semblante con nosotros Bonaparte (2). 



(1) Véanse los capitulos II y ni de la segunda parte. 


\ 

(2) Es necesario entender que las insinuaciones que me 
fueron hechas por Luciano Bonaparte sobre el tal enlace , no 
tuvieron mas carácter en la manera de-pr&ducirlas que el de 
un simple pensamiento suyo para en adelante ; pero sobrada- 
mente claro para conocer su verdadero oníjeo. & alguno me 



I 



54 MBIÍOBUS 

Ya por el tiempo de haberse convenido en los pre- 
liminares de la paz de Amiens la restitución de Malta 
al orden de San Juan, y que, verificada la elección 
del gran maestre, se le baria la entrega de la isla, 
Bonaparte concibió la idea de intrigar y conseguir 
que el nombramiento recayese en algún miembro de 
las lenguas de Aragón ó de Castilla. Su objeto era 
sin duda, andando el tiempo , de apoderarse nueva- 
mente de la isla, contando ó no contando para ello 
con nosotros. La previsión del compromiso en que 
este caso nos podria poner de quelnrar mas adelante 
nuestras paces, ó con Francia ó con la Gran-Bre- 
taña, fué para mi un motivo de aconsejar al rey que 
incorporase á la corona para siempre las lenguas y 
asambleas de España, y que se declarase gran maes- 
tre por lo tocante á sus dominios, como en tiempos 
mas antiguos se habia hecho relativamente á los 
maestrazgos de Santiago, Galatrava, Alcántara y 



pidiera pruebas de la exactitud de esta especie , le diré que 
antes de publicarla en mis Memorias , bice comunicar á Lu- 
ciano Bonaparte , por medio de M. Ladvocat, editor de la tra- 
ducción firancesa de ellas , todas las hojas de mi escrito en 
que se hallaba contenida, y que Luciano no opuso cosa alguna 
•n contra de ella , ni después de publicada la ha contradicho 
en mas de enatro años que pasaron antes de su faüecimieiilo. 
Su secretario de embajada , IKIr. Feliz Desportes , qoe ano 
TÍve, fué sabedor de esta tentativa, y mas de una vez h ba 
recordado conmigo. (Véase el capitulo VI da la f egaiida parte.) 



BEL PBllfCIPE DE LA PAZ. 5S 

Montesa. Hizose de este modo tan de pronto , que fué 
ya tarde cuando vino la proposición de Bonaparte co- 
municando sus deseos y su intención de procurar á 
España, según él^ aquel gran lustre: todos los esfuer- 
zos, ya personales con el rey, ó ya conmigo y con 
Geballos, que practicó el embajador por que el pre- 
tendido favor del primer cónsul se aceptase, fueron 
vanos. Bonaparte dio quejas muy amargas sobre esto 
á nuestro embajador Azara , diciendo que la España 
habia quitado una gran basa á su política (1 ). 

Para llevar á cabo su famosa y desastrada espedí- 
cion contra los negros ^ nos pidió la escuadra que á la 
sazón se hallaba surta en Brest, y la asistencia de seis 
mil soldados nuestros que podrían hacerle mejor jue- 
go para sujetar aquella parte de la isla donde el nom- 
bre de españoles no estaba tan odiado como el de 
franceses. Una y otra petición le fué negada , consin- 
tiendo solamente Garlos lY en que la escuadra nues- 
tra que debia partir al mismo tiempo para América, 
ayudase á la ifrancesa para la conducción de tropais 
de la Francia (2). 

La corona á que aspiraba sordamente Bonaparte le 
hacia buscar los medios de adquirirla, dé lejitimarla^ 
y de quitar el grande estorbo que podían hacerle 



(1) Véase el capitulo X de la segunda parte. 

(2) Véase sobre esto el mismo capitulo X. 



56 MEMORIAS 

acerca de esto los derechos de los principes fraoceses. 
Y he allí que acnde á España con el objeto y el em- 
peño'de que Garlos lY propusiese sus renuncias á la 
corona de Francia. Era ana de mis reglas mas cons- 
tantes de política la de cubrir al rey en cuantos casos 
podia hacerlo , y evitarle compromisos con los minis- 
tros estranjeros. La proposición y mi respuesta co- 
medida y grave podrán verse en el capitulo XII de la 
segunda parte. Bonaparte, mal que le pesase, de^- 
tió de importunar al rey con aquella pretensión tap 
impolítica, y ajena en tanto grado del honor de un 
rey Borbon con respecto á su familia: poco después 
logró del rey de Prusia lo que por parte de la España 
fué negado. 

Hecha la paz de Amiens, como tardase la Ingla- 
terra en evacuar á Malta mientras las tropas de la 
Francia no evacuasen por su parte la Holanda y la 
Suiza, agriándose de nuevo las dos cortes^ pretendió 
el primer cónsul que la España , como parte intere- 
sada y contratante que habia sido en el ajuste de las 
paces , le ayudase y sostuviese en sos reclamaciones 
sobre el articulo de Malta. Yo me sostuve firme en 
resistir aquel empeño que podia comprometer nuestra 
amistad zanjada ya con la Inglaterra sin ningún mo- 
tivo de disputa, y di por fundamento, no usando de 
rodeos, que no era España quien ocasionaba aquel 
retardo de la parte de Inglaterra, sino la Francia so- 
lamiente en interés tan solo suyo, porque, después de 
aquel tratado, acrecentaba sus dominios, no cumplía 



DBli PBÍnCIPE DE liA PAZ. 57 

las transacciones sobre Holanda , y á mas de esto sub- 
yugaba á la Suiza (1). 

El fin de estas disputas fué otra vez la guerra en- 
tre las dos rivales: no quedó modo de rogar, ni dé 
inducir^ ni de empeñar , hasta acercarse á la amenaza, 
que no usase Bonaparte para arrastrarnos á la lucha 
como arrastró á la Holanda. Firme yo en tanto en mi 
propósito de mantenemos neutros, pude lograr que 
el primer cónsul desistiese de su tema^ á condición 
de que la España le prestase algún auxilio compati- 
ble con su estado neutro, y consiguiente á su alianza 
con la Francia (2). A la verdad no estaba contenido 
un caso semejante en aquel pacto , mas no hubo modo 
de acabar esta disputa sin ceder en aquel punto. Yo 



(1) Véase el capitulo XIY de la segunda parte. 

(2) "Dar un socorro moderado, cuando el hacerlo así 
» provenga de una antigua alianza defensiva , no es hacer la 
u guerra ni asociarse á ella. Puede cumplirse lo pactado sin 
»> faltarse por esta causa á los deberes de neutrales : los ejem- 
» píos de esto son frecuentes en la Europa. " (Vattel, libro lU, 
capitulo \íl. ) He dicho j repito que el caso pretendido por Bo- 
naparte era en la realidad muy disputable; pero es necesario re- 
conocer al mismo tiempo que en el estado á que llegaron nues- 
tros debates, á no terminarlos con las armas en la mano/ no 
ofrecian otra salida que la que fué adoptada. Todas las poten- 
cias del continente se hallaban entonces en paz con la Francia; 
razón por la cual habría sido una gran temeridad de parte 
nuestra resolver aquella disputa por medio de las armas , sin 
otra asistencia , sino la siempre incierta y siempre peligrosa 
que podría haberuos dado la Inglaterra. 



■^ 



58 MEMOBIAS 

estuve ya iquj oerca de lograr que se diese por con- 
tento Bonaparte con un tratado favorable de comer- 
cio cuanto era dable que lo fuese en tales circuns- 
tancias, y sin dañar á nuestra industria; pero tuve 
en contrario la opinión de varios consejeros, y entre 
ellos la del ministro mismo de estado doii Pedro Ge- 
ballos, el cual en su manera de pensar juzgó ser cosa 
menos grave el pago de un subsidio pecuniario. £1 
rey siguió este parecer, y el subsidio fué adoptado 
por mas esfuerzos que yo hice en persuadir y dar á 
comprender mi pensamiento, que, á mi juicio, debia 
cargar en favor nuestro la balanza del comercio. La 
idea de este subsidio me ha sido atribuida por mis 
enemigos, y sin embargo yobabia dicho en el consejo: 
/ mas bien la guerra que el subsidio / ( 1 ) 



(1) La verdad de este hecho que refiero se encaeatra en 
la Historia de la guerra de España cernirá Napoleón Bona- 
parte^ escrita y publicada en Madrid por los años de 1815 y 
siguientes por una comisión de militares españoles bajo la in- 
mediata inspección del gobierno de aquel tiempo , y parte de 
ella , siendo Geballos otra vez ministro de Femando Tu; lo 
cual vale decir , que en este punto que me es favorable puede 
ser creida^ si bien la intención de los que escríbian no fué sino 
de censurar mi proyecto de un tratado de comercio hasta 
cierto punto Hbre. Los que quieran cerciorarse de esto, podren 
hallarlo en el capitulo m de la Introducción á dicha obra, acia 
el fin de aquel ca^tnlo. ( Yéase también sobre esto mismo el 
cantólo XIV de la segunda parte de mis Memorias ^ en las úl- 
timas pajinas de dicho capítulo.) 



BEL PRÍnCIPB DB LA PAZ. 59 

Muestro principal cuidado, cumplido ya el deseo 
por no decir nuestra ilusión , de ser reconocidos y 
poder seguir viviendo como neutros, fué mantener 
aquel estado por manera que el gabinete ingles no 
concibiese celos de nuestras relaciones con la Fran- 
cia. Continuas fueron las demandas que^ á pesar de 
lo pactado , seguia haciendo Bonaparte (á veces mas 
gravoso á sus amigos y aliados que á sus mismos ene- 
migos), y á todas sin embargo nos negamos con la 
mayor firmeza. ((Siquiera carpinteros de marina y 
))gentede maestranza para los armamentos deBoloña.» 
nos decia el embajador de parte suya. !Ni aun esto le 
fué dado: y en aquel incesante batidero, yo era siem- 
pre la piedra de tropiezo de aquel hombre, para el 
cual la oposición á sus deseos y á sus caprichos, por 
mas justa que esta fuese, era una afrenta. 

¿Podrá creerse en punto de esto que aquel hijo y 
heredero de la república francesa nos argüyó de des- 
afueros y licencia escandalosa de la imprenta? En 
nuestro estado de neutrales era un deber de parte 
nuestra que en un periódico oficial cual lo era la gaceta 
de Madrid se contuviesen igualmente los debates de 
la Francia y de la Inglaterra sin glosar ninguno de 
ellos. Diónos^ no obstante, amargas quejas Bonaparte^ 
y se atrevió á pedir que en adelante no contuviese la 
gaceta sino los artículos ingleses, comentados cual 
se hallasen en los Monitores; ó bien, que se cesase 
de ponerlos. Tamaña pretensión me ocasionó dispu- 
tas las mas agrias con el ministro de la Francia en 



60 UUUOIUA» 

noeftra cfirte, al cual no «iéodola baitante» las razo- 
ne» moderada» que procuré tenerle, me foé iofiofo 
declararle definitivamente, qoe »i £»paoa, sobrada- 
mente generosa con la Francia, había cedido nobte- 
mente cnanto á interese» pecnniarios, jamas podría 
ceder á pretensión alguna con que su honor se depri- 
miese, ni avenirse á que poder alguno de la tierra se 
mezclase en lo interior de su gobierno* Dióse drdea 
en segnida de que en los artículos tomados de los pa- 
peles de Inglaterra, se citase al pié de ellos el nooH 
bre del periódico britinico de donde cada uno proce- 
diese* Nuestra gaceta ({oh Francia en aquel tiempo 
sufridora!) fué prohibida (1). 

no cuento otros sucesos de esta especie que pasaroo 
en lo oscuro sin saberse á fuera, y que podrían tenene 
por inventos á fuerza de increíbles. En la segunda 
parte (capítulo XXIV) podrá verse como muestra de 
bs raras pretensiones que nos venían de Francia, 
aquel antojo que le vino á Bonaparte de pedimos co- 
mo una nueva prueba de amistad se le cediese j envia- 
se la famosa espada que en la batalla de Pavía ganaron 
nuestras armas, y la repulsa fiera j castellana que 
por mí fué hecha, sin arredrarme la amenaza con que 
su enviado pretendió aterrarme: ¡triste espada!... ¡ah! 
¡quién entonces me habría dicho que años dei^nes 



(1) yéa§B el capitulo XII cM la segunda parte. 



BEL PRllf€IPB DB LA PAZ. 61 

seria el primer regalo que le liarían mis enemigos 
para adquirir su bella gracia! 

Y aquel hombre, por cierto, no dormia, pensando 
cada noche lo que al dia siguiente podría pedir á sus 
amigos ó arrancarles. En alguna de e^tas noches fué 
sin duda cuando le cayó en mientes que podría cua- 
drarle el puerto de Pasajes, y sin aadarse por las ra- 
mas otra pretensión al canto, con el mayor ahinco, y 
siempre amenazando, de que le fuese, dada, hasta las 
paces jenerales aquella rica joya^ porque sabia que 
los Ingleses se proponian robárnosla. La respuesta 
fué tan pronta como la demanda: *'Jjo que rebasa la 
I» amistad, dije al embajador, porque no es dable con^- 
» cederlo, ninguna suerte, de temor que se querría im- 
» ponernos podrá arrancarlo de nosotros. £1 imperio 
» francés y el reino de España tienen de un mismo 
» modo sus límites sagrados, "üo estamos en Italia, ni 
ji> nuestra alianza es feudo, ni España ha dado todavía 
M ni ngunasi muestras de ñaqueza á amigos ni á enemi- 
j> gos. !Nae$tra casa sabemos defenderla, sin necesitar 
i) qi|e otro mas fuerte se aposente en ella, porque nos- 
» otros nos bastamos (1)." 

Todo esto emponzoñaba dia por dia las relaciones 
de la España y de la Francia, envenenadas doble- 
mente por la noble resistencia qne fué hecha de re- 
conocer al nuevo rey de Ñapóles; pero no era ann 



(i) Véaso el capítulo XXIV de la segaada parte. 



62 HBMO&IAS 

tiempo de romper, si bien el tiempo se acercaba de 
poder hacerlo sin esponer la España i nna funesta 
continjencia: la tercera coalición babia aumentado el 
poderío de aqnel coloso, cuya columna de la plaza de 
Yeildome, labrada con despojos de sus enemigos, se 
alzaba hasta las nubes. £1 disimulo y la paciencia son 
una regla de política cuando se tiene en frente un 
enemigo poderoso: con disimulo y con paciencia se 
aguarda la ocusion de desquitarse con buen logro. 
Por aquel mismo tiempo tuvo Napoleón el desempa- 
cho de pedirnos nada menos que un año de subsidio 
pecuniario que trató Gebállos con la Francia tan i 
pesar mió. Era razo^ y era un derecho nuestro claro 
y evidente que cesase aquel subsidio desde el dia es 
que, rompiendo la Inglaterra nuestra paz, unimos nues- 
tras armas con la Francia y con la Holanda. Asi fué 
respondido; pero Napoleón, mudando de tono y refi- 
riendo el descalabro en que se hallaba su erario por 
los inmensos gastos de armamentos de marina que 
habia hecho en los tres años anteriores, y por los em- 
peños nuevos que la tercera coalición le habia cauca- 
do (1) , se ciñó á pedir á Garlos IV le socorriese poco 
6 mucho con lo que pudiera, bajo el ofrecimiento que 
le hacia de renovar nuestro tratado de alianza con 



(1) Era justamente el tiempo en que el crédito público ha- 
bia sufrido en Francia un grande contratiempo , y en que las 
«édulat mismas del banco no corrian sino con pérdida. 



DEL PRÍNCIPE DE LA FAZ. 63 

tales condiciones, que las yeii tajas y las cargas fuesen 
equilibradas á contento de la España. Dejado el tono 
exijidor, halló mejor camino por los ruegos para sa- 
car partido de la honradez de Garlos IV, el cual en 
el postrer consejo que se tuvo acerca de esto, con- 
cluyó diciendo: «JNo es cordura que se niegue todo; 
» padézcalo el dinero pues que el honor no es el que 
» sufre; désele lo qne alcancen nuestras fuerzas.» 
Dióse en efecto la tercera parte de lo que habia pe* 
dido (1). Jueces quisiera hacer acerca de este hecho 
á todos los ministros de los demás gobiernos de la 
Europa que se hallaron al timón de los negocios en 
aquellos años, los cuáles ciertamente se reirían de 
nuestros sacriñcíos tan pequeños, comparados á los 
que costaba en todas partes el ser amigos ó enemigos 
del Emperador de los franceses (2). 

Gomo las aguas que las arenas tragan al pasar por 
un desierto sin quedar señal de su pasaje, asi eran los 



(1) Yéase el mismo capitulo XXTV ya citado de la segunda 
parte. 

(2) T sin embargo el conde de Toreno en su Historia dé 
la revolución de España ha pretendido formarme una gran 
culpa de esta concesión en ^e intervino Garlos IV y todo su 
consejo de ministros, diciendo fué un servicio d que di mi 
aprobación por la esperanza de ser elevado d mas eminente 
puesto. A mis lectores ruego que lean atentamente la respuesta 
triunfante qne he dado á esta invectiva en el capítulo XXiy 
de la segunda parte. 



64 HBHOBIAS 

hvoxm qoe se hacían á Bonaparto cuando cesaba la 
corriente. Esta esperíemcia faé coman á todos los 
gobiernos de la Earopa: ce Cien pruebas de amistad 
n y deferencia , decia un ministro de la Holanda en 
«nuestra corte, no bacian mella en aquel hombre, y 
» equivalían á nada si pedia la ciento y una y no .le. 
)} era concedida, d Vuelto á la carga luego para eii- 
jir que Garlos lY reconociera al nuero rey de Ñápe- 
les, nuestra resistencia fué absolota. «Hermano por 
» hermano, dije yo á sn embajador, no yale menos 
ji>el de un rey do España para ser considerado que 
»el del emperador de los franceses; y ya que los 
)) respetos de amistad y da ^lianza, tan dignos de 
)) atenderse, no Uan bastado para contener el diuo 
» golpe que el emperador ba descargado sobre el 
»que Garios lY amaba tanto, déjese ppr lo menos 
)> condolerlo y respetarlo en su. desgracia sin preten- 
» der que se degrade autorizándola. » 

Este incidente tan penoso hizo encresparse los de- 
bates de la una parte y de la otra , lloTados por la 
Francia hasta el estremo de amenazar la dinastía 
española , la sola que quedaba de principes Borbo- 
nes ocupando un trono (1). La imprenta de la Fran- 
cia fué desatada contra ellos , y en la historia han 
sido conservadas las últimas palabras desleales é im- 



(1) Véase un resumen de estos debates en el mismo capí- 
lulo XXIV. 



DEI PBtlIGIFB DB tk PAZ. G5 

prudentes quo, partiendo ya para, la gnerra contra el 
rey de Prusia, y deeahiiciado de arrancarnos el re- 
conocimiento que pedia 1 pronunció INapoleon contra 
SQ noble amigo Carlos lY , contra aqael. mismo ami- 
go suyo de qaiei^, pocos meses antes, habia dicho, 
en pública asamblea, á k»s representantes de la Fran* 
ciji> ''qae no hallaba espresiones qne bastasen para 
» alabar á nn aliado tan leal , tan jeneroso y tan 
amaguMnimo como con él se habia mostrado el reg 
»ée JEspaña (ly 

íéU medio de/estas cosas yo me habia dormido 
como mis sucesores eaando salí del ministerio , qtte 
poD ana mala, econotnia en dias tan peligrosos como 
presentaban las turbaciones de la Europa, reforma- 
ron el ejército de tierra que yo dejé tan bien mon- 
tado. Mi grande ocupación durante cuatro años, á 
pesar de las graves atenciones que toIyíó á ofrecer- 
nos la guerra d^ los mares, fué organizarlo nueva- 
mente, y establecer nuestra milicia sobre los mismos 
fundamentos de instrucción y disciplina que se ha- 
llaban adoptados con mejor suceso por las demás po- 
tencias de la Europa. !Este es un hecho incontestable 
que mis mayores enemigos no han negado, y sobre 
el cual no es poco lo que han hecho los mas de ellos 
con callarse (2). No me dormia tampoco en esplorar 



(1) Al cuerpo lajislativo en 2 de mano de 1806. 

(2) En el mismo capítulo XXIV de la segunda parte he ci- 



66 • 1 / .BIBBIORIAS :;i ' .1. - 

los sentimientos y lendQDcias 'de liDedüyersos* gabine- 
tes de la Europa, ni. en piocovarmeioformes razo- 
nados da la fnerza moral, ccmqúQ, llagado un dia, 
podrían contar en lasdísppsiéienés.de los pueblos lis 
potencias .oprimidas ó/agra¥Íada^ .port el ^empeirador 
de los franceses.: Viajaban, poif la^F-rancia y poiiitodo 
el continente 'araigosfielesn^ios y buenos. esp^nolM; 
que, con ¿chaqiie de.c^j[>lorar las ciencias y* los 'pro- 
gresos de las artesf estudiaban^. á la'^par los: >bat()me- 
tros políticos, y me comunicaban pun(uaTme|ite sos 
observaciones, tan exactas de er£,naño ytan cúm- 
pUdas/cuañto era daMe báaerlsBs^ein la meteorolojía 
tan incierta y tan difícil de los i elementos, diplomáti' 

: ■ . . t.t ^;> . .11 I H'.íl'lü i *' ■ ■ • . . . ¡ ' ■• 



" I '»» 'it* t < j'r ii > » i í »»> > li ' i ' i i ii ^ 



» « ■:".','".<\'.-^ ' 



tado el testimonio qiie, por decirlo asi, como á regaña dientes, 
me han dado acerca de esto los' autores ¡Siélíí'Htstoria de la 
guerra deEtpaña contra' Napoleón .Bünhparth ; loñ cuales, i 
pesar de los esfuerzos que 00iltránii)]Ácietx)n en ella paj:^ com- 
placer la corte del rey Fernando YH i rebajando lal^ii^rito de) 
ejército que yo habia organizado, y ppniendo por mi cuenta, 
no solamente los yerros que se cometieron durante el tiempo 
de los ministerios de Saavedra y de Ur(]fuijo , sino también los 
cometidos en los reinados anterioras, iíej'aron escaparse de sa 
ploma este rasgo , harto peqneñdr'pero para mi importante: 
«( Ei jeneralísimo, dueño de la confiaj92aide sa,soberftiv)».rx)éí^«- 
n do de los hombres de mas mérito , y teniendo á su vista los 
n planes que habia reunido de todos los ejércitos de Europa, 
» hubiera podido dar al de España la forma mas completa á su 
» objeto; pe^ seria noticia no convenir eñ que lo mejoró con' 
n 8iderableinenté,n 



DEL PRiNCIBB.JDB LA PAZ. 67 

COS. GoQ paciencia' española^ que, como ha escrito 
con mucha yerdadJUr.. de Ghatoaii})idáiid, se parece 
en lo larg^a ;i Jia..diyina , estaba 170 aguardando la oca- 
sian.dé desviar aquel jigante que^ Goa titulo de amigo, 
ttoa^ hacia asentir un peso insoportable;, mucho mas 
cuando yo.oique su enemistad con los.Borbones em- 
pezaba á amenazarnos. 

La cuarta. coalición*^, he aquí ya el caso en que 
UJEjoropa toda.pudo lograr su independencia, 7. por 
resiiltás^de la cual la Francia misma pudiera haber 
tenido, juntamente con las glorias de. mas de quince 
años, «u reposo,. sin haber perdido los lindes natu- 
rales qu& tenia .ganados noblemente.. Mientras mas 
triunfos ¡y cosqujistasi. consiguiese SQ;^urbule|ito em- 
perador, !mas pesada debia hacerse la.'Cadetia.que á 
su libertad letenia; puesta, y mayor habia ^ ser la 
suma de peligros ique debiaín amenazarla en la reac- 
ción del continente, qua^imas tarde «5 ma^ temprano, 
por el orden en lo moral y. en lo político, no podia 
menos de cumplirse. . • 

Ko fué un deslumbramiento lo que ocupó mi eápi- 
ritu para el designio que me vino de cargar la espa- 
da de la España en la balanza salvadora. La Rusia, 
la Suecia y la Inglaterra estaban concertadas con la 
Prusia; el Austria, silenciosa y precavida después de 
tantos golpes que tenia sufridos^ pero.no despreve- 
nida^ hacia el papel de neutra, pronta no obstante á 
decidirse en viendo realizarse con, un buen éxito 
probable los empeños de la nuevaíliga; y cuando le 



68 MEMORIAS 

fué dicho por la Rusia que la España estaba lista 
para entrar en la palestra, prometió^ rota nna vez la 
guerra al mediodía j al norte , salir también al cam- 
po, á la hora y ponto conyeniente, con todo el lleno 
de sus fuerzas*. Napoleón en tanto arrebañaba para 
so agresión toda lá tropa activa y disponible que te- 
nia en la Francia, y la dejaba descubierta á estotro 
lado, ocupada otra parte de sus drmas en las dos Ga- 
labrias que se: habían alzado en ma$a. La Holanda 
estaba ansiando Terse libre, no poca parte de la Ita- 
lia disgustada, la Francia no contenta. 

¿Era temeridad por parte de la España el asociar- 
se á aquella empresa?. KuesUro ejército de tierra, 
aunen pié de paz como se hallaba^ ' llegaba á cien 
mil hombres de entre todas armas en servicio activo, 
sin incloir en este número otros cuarenta mil de las 
milicias provinciales, ni los cuarenta batallones de 
marina que, en caso necesario, podían servir en tierra. 
Llegado el rompimiento, estaba todo prevenido pan 
un nuevo alistamiento que formase la reserva (1), 
contando ademas de esto con treinta mil soldados 



(i) A los qae pudierea pensar que exajero , les rogaré que 
den una ojeada sobre los dos estados, números 7 y 8, de nues- 
tras fuerzas militares de mar y tierra , á principios del año de 
1808, que encontrarán al fin del primer tomo de la Histom 
de la guerra de España contra Napoleón , que be citado poco 
antes ; y sin embargo estos estados fueron hecbos con todas 
las dimiancion^s. pasibles para balagtir á mis enemigos. 



DEL PRÍNCIPE BE LA PAZ. 69 

que el Portugal eslaba pronto á darnos. En cuanto á 
jenerales, contaba con los mismos que hablan medi- 
do ya sus armas con las de la Francia cuando esta 
peleaba con el doble entusiasmo de la libertad y de 
la gloria, y con los mismos, todos de mi tiempo, to- 
dos de mi elección, los que en la guerra de la inde- 
pendencia dieron triunfos verdaderos á la patria (1). 

Lo mas difícil para roí fué decidir á Garlos lY por 
la guerra. Aquel buen rey pacifico miraba como casos 
de conciencia todos los grandes casos de política , y 
¡ojalá todos los reyes y todos los gobiernos los mi- 
rasen de esta suerte! mas no liabia casos de concien- 
cia con el hombre que, aspirando al dominio univer- 
sal , carecía de ella enteramente. 

Guando hube conseguido persuadir al rey y obtu^ 
ye el ^í que tanto me era deseado, me di prisa, mu- 
cha prisa para evitar se malograse aquella buena 
hora; porque notaba yo que el ánimo del rey estaba 
inquieto, y me temia que alguno lo mudase. Tal fué 
el motivo que yo tuve para mi proclama que se ha 
llamado intempestiva: ella fu4el solo medio que en* 
contré para afirmar á Garlos IV en ^a propósito, y 
que, pasado el rio, se resolviese á ir adelante, pero 



' (1) Me esplico de este modo , porque tony pocos de los 
hombres que anduvieron en las corijuraoáones' rdel Escorial y 
de Aranjuez fue visto que corríesen ¿^as armas para defender 
la patria; y porque aquellos pocos qiie acudieron ^ peligvoi no 
le Rieron siuo pérdidas y afrenta. / » ...i . 



70 HSMOBIAS 

como jamas yo hacia niDgciaa cosa sin tomar su Te- 
nia, le llevé mi escrito, j aonqne sa majestad con- 
YÍno en qae lo diese al público, como le pareciese 
estar muy fuerte y dema^adamente espreso ^ me hizo 
mudarlo y remudarlo de mil modos; yo complací sn 
voluntad^ derecho acia mi (J)jeto de cualquier ma- 
nera que esto fuese (1). 

Era entretanto el tiempo en que el partido que 
Escóiquiz gobernaba hacia ocho años y que logró 
poner bajo la ejida de Feruaudo y de su esposa, ha- 
bia mudado de sistema para abrir mejor camino á la 
influencia y al poder que iba buscando de su real 
alumno. Mientras vivió aquella princesa, cuyo gran- 
de empeño fué constantemente que la España se alia- 
se con la Gran-Bretáña, dirijió Escóiquiz bajo aquel 
sentido todas sus intrigas; pero después que murió 
aquella, como no fuese eH bien de España lo que bus- 
caba aquel partido , ni aspirase á otra cosa mas qne 
al mando, y como en aquel tiempo hubiese comen- 
tado Bonaparte á procurarse entronques xeales para 
^evar á su familia y asegurar mejor sus aliados , des- 
atinóse Escóiquiz con la idea de que, casando al 



(1) Mi circular á los papitanes jenerales y á las demás 
aatorídade^ principales , toda mia , sin ninguna enmienda , es- 
taba mas espresa y mejor compajinada. Esta circular y la pro* 
.cl^m% se eoGuentinaib «entre . los documentos jnstifícativcis del 
tomo IV. ..j... 



DEL PRINCIPE DE LA PAZ. 71 

principe de Asturias cou; alguna de las fembras im- 
periales, podria elevar al hijo por cima.de su padre, 
y paso á paso aislar á este , darle su paz en un retiro^ 
reinar aquel en lugar suyo, y al modo de ^Iberoni 
en otro tiempo , llegar á ser él mismo, como promo- 
vedor de aquellas bodas ^ el hombre de la España, y 
el amigo predilecto del emperador dé los france- 
ses (1). ,.;:.' 

Justamente al tiempo mi&moeD queEscóiquiz dis^ 
curria con sus ami^s sobre el jhodo de montar y 
aparejaren sus telares^ta: invencioa satánica, fué 
el darse mi proclama ^piir la cual, comprendido bieim 
su objeto, vio convertirse eb humo sus proyectos^ 
Pero el remedio loi.halló^al^ punto:* poner en movi-^ 
mieiitb la faccioü para haiceii correr de boca en bocaí 
que, ganado por el gabinete ingles 'iba yo á perder la 
España, á enajenarle un < aliado cuya gloria se der-^ 
ramaba sobre ella / y á poner en cuestión nuestra 
existencia, cometiendo iguales^ yerros á los qué fa,a^ 
bian perdido al Teyi de Ifápoles, , * 

Este rumor, que se. íiúnentaba cada .di^) no tardó 
en sonar á los oidos dejt monarca, y por si acaso no 
bastaba aquel murmullo sordo, llegaron á «us manos 
hasta anónimos capaces de turbar en su lugar el áni« 



4 ■ 

y j(¿4:) |.,y^anse á píopósito^^e 1?L .con^Wta.y del <?í|r¿jcíjír de 
esJteiQon$pÍJfador , «Ijc^pitiilo Xlifil de I4 ppmera pa|rte,íy los 
capítulos XIV, XVIHyiXXlV di 1* segwwla. 



I i». 



72 MEMOBUS 

mo mas faertc (i). Y he aquí que en medio de esto 
YÍenen las noticias del desastre del ejército prasiano. 
Unos de baena fe y otros de mala , nadie se gaardó 
entonces de aconsejar al rey qne desistiese del em- 
peño comenzado. 

Yo me hallé casi solo para probar á sostener al rey 
contra estos débiles consejos. Cuanto» esfuerzos ca- 
ben en la persuasión humana ^ otros tantos puse en 
obra para conseguirlo, con documentos^ relaciones, 
correspondencias diplomáticas, planes; medios y re- 
corsos de las potencias coligadas^ y todo jénero de 
jHTuebas en la mano para hacer rer qoe esta primera 
victoria no bastaría á desvaiiecer los grandes com- 
promisos y peligros en que el etnpbrador se hallaba 
puesto, y su ruina casi cierta^ si la España y el Aus- 
tria cooperaban á la grande empresa proyectada; pero 
todo fué inútil , todo eñ<Tano cuando llegaron á decir 
á Garlos lY que los pueblos mui'muraban, y que 
aquella guerra tenia en contra el voto de la España. 

De allí, de un paso en otro, de un yerro en otro 
yerro, se adoptaron las mediSas qae el temor aconse- 
jaba. Y no quedó por n^ que se tomase la que yo 
pedi con ansias que me saliad de las entrañas, y fué 
que el rey me despidiese para satisfacer á Bonaparte^ 



(1) Una de las muchas revelacioQes que el príncipe de 
Asturías hizo á sus padres , de resistas de la causa del Esco- 
rial, fué que donjuán fisctnquiz y sus amigos habían sido los 
aulorcs de los anÓDÍmos dirijidos al palacio. 



DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 73 

y que el honor de la corona se salvase á espensas 
mias. ¡Tiempo también perdido! negóse el rey á con- 
cederme mi demanda. De cuantas veces pedi á su 
majestad me concediese mi retiro, nunca me negó 
esta petición con tanto empeño como en aquellas tris- 
tes circunstancias. ¿Fué virtud, fué flaqueza obede-* 
cerle á tal estremo? Yo he respondido á esto en mis 
Memorias: «Fuese virtud, fuese, flaqueza, fué un 
» verdadero sacrificio, fué abnegación entera de mi 
)) mismo. Los que aun puedan dudarlo se hallarán 
)> obligados á esplicar ¿cómo fué que, llegadas las ca- 
» tástrofes de Aranjuez y de Bayona, lejos de alri> 
» huirme sus desgracias, se culpó á si propio de las 
»mias, y tomó tan á pechos mi salvación y mi de- 
»fensa? ¿Sucede así frecuentemente con los reyes? 
»¿De qué provino esta escepcion, que lo es en rea- 
nudad, de los ejemplos que en semejantes casos se 
» encuentran en la historia? Garlos lY lo dijo mu- 
))chas veces de palabra y por escrito; JÉÍ se ha sa- 
» crificcuio por haberme obedecido. » 

A este infeliz suceso se eslabonaron luego todos 
los grandes males que después vinieron atropellada- 
mente, arreados por la vara de aquellos malos hom- 
bres que, desconcertados un instante en sa camino, 
hallaron campo abierto para concertar á mano salva, 
no mi ruina solamente, que era poco para ellos, sino 
también la del monarca venerable cuyo tropo dérri- 
barón. Lisonjear á Bonaparte á nombre de Fernando, 
y presentarlo como el iris de la paz que iba á turbar- 



74 MEMORIAS 

se, indisponer al padre y hacerle despreciable y 
sospechoso al qne podria vengarse j oprimirlo , ofre- 
cerle a mor y respeto y obediencia de la parte de su 
hijo, y pedirle nna esposa como prenda de una amis- 
tad y ona alianza ilimitada y absoluta; héáqní todo 
el proyecto concebido , puesto en dbra: y conducido 
hasta el despeñadero donde precipitaron á sus reyes 
y su patria. Y por si les faltaba un caldeadot inteli- 
jente para añadir mas fuerza, á' la locomotiva que 
moiitaban, les vino á punto y como aparecido el nue- 
vo embajador que enviaba Bonaparte para abrir ca- 
mino á sus designios, Francisco de Beauharaais. 

Y yo no sabia nada, ni en mis ideas cabia que en 
almas españolas cupiese tal proyecto, que equivalia á 
poner la patria entre las manos y á la merced del in- 
saciable tragador de estados y. coronas. Y en la con- 
tinua espedacioo de los sucesos, cuando, llegaban 
nuevas de la guerra de Polonia^ de la situatdon ame- 
nazante que guardaba el Austria con sus cuatro ejér- 
citos (1), y del peligro cierto en que se .haUd»a Bor 



(1) Kstos cuatro cnerpos puestos en tren de guerra béii el 
pretesto de ^ostene^ la neutralidad del Austria, se hsiUaban al 
m^cbd^.lft? archiduques Garlos, Juan, Fernando y Maximi^ 
liano: las ifuer.;^as austríacas se componían en aquella actuali- 
dad de trescientos mil hombres, se hacia ademas una gra^ JeTa* 
y se manqaoa orgaínizar en todas partes las milicias naciona- 
les. Eü él Wéfúsaje del emperador de los franceses al senado 
pidiendb la' conscripción Áe 1808, se leían estas palabras: 



BEL PBtlf€IPS DE LA PAZ. 75 

ñaparte^ corría al palacio j me afanaba Mevamente 
por inftamar á Garlos lY, dicióadole: « ¡ann es tiem- 
))po! » .' 

Gaando^ pidió Kapoleon desde Hosterode la cobs-- 
crípcion anticipada de 1808; cnando á sus federados 
de Alemania les hizo redoblar sns continjentes; cuan* 
do la Italia, Holanda y la Suiza fueron estrujadas 
inhumanamente para formar las grandes masas qi» 
necesitaba am urjencía; cuando en fin se abalanzó 
hasta á pedir á España tropas auxiliares, a ¡aun es 
» tiempo! )) clamé al rey con doble esfuerzo.... (cY tu 
» tienes razón, me respondia, y yo te alabo de pensar 
» tan noblemente; pero el voto de España no está por 
» esa guerra que tú quieres y que yo quisiera. » A 
Dios habrán ya dado cuenta los qtie engañaron á su 
rey tan malamente: murieron sin que España la to* 
mase^ porque también á ella lograron engañarla car* 
gándome sus culpas y maldades..... ¡Ah! no quedó por 
mi que, en vez de aquel socorro que pedia Mapaleon^ 
se hubiesen enviado en contra suya doscientos mil 
soldados. 



«Todos los estados coleantes toman las annas: la Inglaterra 
» acaba de mandar se pongan sobre ellas otros doscientos mu 
» hombres; varias potencias levantan igualmente considerables 
«ejércitos, » etc. , etc. La capital, en tanto, y las provincias 
de la Francia, aun én medio de la opresión, mostraban su 
disgusto , y en aquel tiempo justamente fué la primera teüta-* 
tiva del jeneral ]\IaUet contra el imperio. 



76 MEM0KU8 

Entre ñus grandes amarguras y mis funestas pre- 
visiones me vino luego al pensamiento otro proyecto, 
que á lo menos pudiera haber quitado á Bonaparte la 
ocasión ó los pretestos de introducirse en nuestro sue- 
lo. A poco mas ó menos por el tiempo en que espi- 
dió en Berlin su colérico decreto sd^re.el bloqueo 
continental de la Inglaterra^ se le escapó decir i nues- 
tro embajador en Prusia que era forzoso separar de 
nuevo el Portugal de su amistad con los ingleses; y 
aun sin haberlo dicho, bastaba aquel decreto para 
inferir de cierto que la cuestión del Portugal seria 
movida nuevamente. Era importante^ urjente^ desviar 
aquel peligro, y yo no tardé en ver que á la sazón 
era mas fácil el salvarlo, que^lo fué cinco años dotes 
con tan próspero suceso. Napoleón estaba lejos, todas 
sus tropas ocupadas en el norte; la fortuna parecia 
indecisa entre los dos emperadores combatientes, y 
la campaña de Polonia se alargaba. En tanto, los in- 
gleses, aprovechando el tiempo como tenían de uso, 
empleaban sus escuadras y sus mejores tropas en sos 
espediciones de Buenos-Aires y de Ejipto. Yo lo pro- 
puse al rey aprovechar también el nuestro, y asir al 
vuelo la ocasión, tan cierta, tan segura, que se venia 
á las manos, de obligar al Portugal á que de bueno 
ó de mal grado, se uniese con nosotros contra la In- 
glaterra cerrándole sus puertos , y guarnecidos estos 
igualmente y en unión por sus tropas y las nuestras. 
Este era el solo medio de salvar los dos paises, si 
^Napoleón volvia triunfante. Lejos de mostrar queja 



DEL PBlNGIPE DE LA PAZ. 77 

de nosolros, se hubiera visto precisado á darnos gra- 
cias de lo que, á fin de prevenirnos contra él mismo, 
habría EQos hecho. 

Mi pensamiento fué acojido por el rey como. una 
inspiración venida de los cielos; pero^ poniendo á un 
lado la mitad de mí proyecto, la parte belicosa, la 
amenaza ^ y toda eapiecie de violencia. En su juicio 
no cabia que el Portugal no se prestase á una medida 
que debia ser su salvación, si el emperador de los 
franceses triunfaba del de Rusia. Tenia ademas su 
majestad gran confianza en el inñujo de su hija, y 
hasta llegó á pensar que los ingleses mismos, por sal- 
var al Portugal de aquel peligro, consentirian en que, 
aguardando mejor tiempo venidero, cediese aquel 
gobierno á la necesidad que le imponia el presente. 

Avisos y advertencias y ruegos porfiados fué lo solo 
que se hizo en muchos meses, siempre en vano. Un 
momento, no obstante , pareció moverse por los con- 
sejos de la España, y aun llegó á adoptarse, para 
obrar al tenor de ellos, el borrador que se estendió 
en mi mismo cuarto de un manifiesto decoroso que 
daria aquel principe, escrito de tal modo que no hi- 
riese enteramente á la Inglaterra, ni al Portugal lo 
rebajase (i). Se veia la muerte al ojo; Napoleón ha- 



(1) La sustancia de este escrito, que estuvo preparado y 
convenido en mi cuarto con el conde de Ega, se encnentra en 
el capítulo XXIX de la segunda parte , tomo Y. 



78 MEMORIAS , 

bia triunfado y ajdstaba ya sus paces con !& Auna y 
conlaPrusia. 

■ 

Mas la Inglaterra dominaba siempre ial. gabinete 
lusitano^ y el embajador ingles !hií o creer con ma- 
quiavélico, artiñcio que su gobierno ;fie. indinaba aba* 
céi; también las paces, pronto jar^n eü estado que te- 
man las cosas ábonsleátirypor elpeeposo de la Europa, 
todos^los sacriñcioaqne faesencompatibles con el ho^ 
ncMT bvitánico. De esta manera fué impedida aquella 
marcha salrádora en el momento mismo de ir i ha* 
cerséi; creyóse en Portugal que la medida y^ acordada; 
no era qrjente^ y que seria prudencia diferirla 7 teil 
venir las cosas. 

Yo insté al rey, clamé, rogné, y cnanto puede por* 
fiarse con un rey» lo hice también por que me permi- 
tiese negociar á la cabeza y en presencia de un^ ejér- 
cito....]Xo pude conseguirlo: las virtudes mas loableg 
pecan con frecuencia por el esceso del principio mis- 
mo sobre el cual están sentadas. Garlos IV se enten« 
dia directamente con su hija y lo esperaba todo de 
ella, sin acabar de convencerse de que por mucho que 
pudiera una mujer, no era bastante para contrarestar 
la influencia inglesa, tan poderosa y: tan antigua en 
aquel reino. 

£1 triunfador volvió á París ^ y sin tomar reposo, 
como si nada hubiese hecho mientras aun le quedase 
por hacer alguna cosa deseada , nos dirijió su primer 
nota, puerta con grande estudio para inspirarnos con- 
fianza, proponiendo al rey: 1.^ interponer su media- 



DEL PBlriCIPI^ BE LA PAZ. 78 

cion y valimiento con la familia de Braganza para 
que se asociase al continente contra la Inglaterra; 
2.^ unir sus armas con las del impernx coalara el prin*- 
cipe rejente, dado el caso de que este se negase á lo$ 
oficios amigiables de la España y de^la FrakiciaJ Al 
mismo tiempo dirijia suintimacion al principe rejente J 
Jío cabe en un resumen contar jcitakito fué :hechai 
para' atr.ae(r al Portugal al único partido que.podia 
salvarlo , j á nosotros libertamps de taai;.grave pom- 
promiso (1). Todo ^elmimdoísalieicnalfibé laindeci-^ 
sion, la Vicleidadjy el cegamientof del: gabinete portih 
gnes en circunstancias tan. premiosas , sabiendo biem, 
coino skbia , la inflqxíbilidad de Bonaparte y el en- 
greimiento' y el orgullo que le daban sus victorias 
consieguidas, sabiendo al misino tiempo, cual sabia, 
qii^ en el peligro en qup se hallaba , ocupada como lo 
estaba la Ingjaterr» en otras partes , no podia venir á 
su socorro. Cumplido el fatal plazo* que Napoleón le 
habia fijado para decidirse, y otros dos mas que con- 
seguidKFs que después le diese, corridos todos tres 
ínútihneate; aquel hombre afortunado hasta en las 
resistencias que encontraba / pronunció la guerra (2). 



(1) Mis lectores hallarán en toda su estension lo que aquí 
se omite , recorriendo el capitulo XXY de la segunda parte, 
tomo IV, y el XXEX, tomo V. 

(2) La nota del encargado de negocios del imperio francés 
fué presentada al gobierno portugués en 12 de agosto : el tér- 
mino que en ella le fué dado para conformarse ó no con las 



80 MEMORIAS 

A iodos los políticos dol mundo , j á los que no lo 
sean, á caantos hombres tengan buen sentido, los 
llamo yo aquí ahora á que discurran y declaren qué 
podía hacer £spaña ó debía hacer en tal apuro. 

¿Resistir á Bonaparte y empeñar con él la guerra?... 
Un ano antes pudo hacerse sin peligro, y cnanto es- 
tuvo en mi poder y en mí inñuencia lo moYÍ porqae 
se hiciese: con doscientos mil soldados con que con* 
taba yo para esta empresa, habría sobrado entonces 
para cumplirla con gran lauro; mas ¿quién dirá que, 
malograda la ocasión que entonces hubo, era bastante 
aquella fuerza para oponerla al que tenia detras de 
sí casi un millón de hombres disponibles y el conti- 
nente entero sometido? ¿Por ventura en la Prusiay 
en Polonia no había triunfado contra fuerzas may 
mas grandes que las que España y Portugal podían 
armar en contra suya, las fuerzas de dos reinos y un 
imperio coligados? ¿Se atrevió el Austria^ con tres- 
cientos mil soldados que tenía , á disputarle sus vic- 
torias? ¿Se podía contar en aquel caso en que nos 
vimos con la asistencia de Inglaterra , divertida i la 
sazón en sus espedíciones , no solo de la América, 



pretensiones de Napoleón fué el I.'* de setiembre: los dos mas 
que nosotros le conseguimos fueron cada uuq de quince dias. 
Cumplido el último en 30 del mismo mes , el enviado francés 
pidió sus pasaportes, y se retiró en consecuencia de las órde- 
nes que tenia. 



DEL PBÍNCIPB DB LA PAZ. 81 

del Helesponto y del Ejipto^ sino también en la del 
Báltico contra la capital de Dinamarca infelicísima? 
INi aun esta unión, tan peligrosa para España^ que 
podia costarle una gran parte de sus Indias, adoptada 
que lo hubiese sido , nos podia ser útil en los momen- 
tos perentorios que Bonaparte habia contado. Tenia 
la Gran-Bretaña que consultar, antes de todo, á su 
defensa propia^ porque JXapoleon mandaba armar de 
nuevo su flotilla de Boloña , j estaba promoviendo al 
mismo tiempo con su nuevo amigo el Moscovita una 
coalición marítima en el norte. Y asi fué que ni aun 
al Portugal, su aliado predilecto, en tan fatales cir- 
cunstancias en que llegó á verse, y en que se veía 
por causa suya , no pudo socorrerle ni hacerle otro 
servicio la Inglaterra que el de salvar sus princi- 
pes (i). 



(i) Para formar un juicio cabal sobre las cosas que contra 
mi han sido dichas por mis enemigos , cumple mucho hacer 
mención aqui de uno de los ataques mas vulgares por el que 
todos ellos á una voz han dicho que las ñierzas de España 
habian sido disminuidas notablemente por resultas de la san- 
gría que les fué hecha de dos divisiones enviadas fuera del 
reino; launa, á principio del año de 1806, para guarnecer 
la Toscana; j la otra, la que en el año siguiente de 1807 pidió 
Bonaparte , y le fué concedida , para formar un cuerpo de ob- 
servación acia el pais de Hannover. Bebo decir acerca de estO) 
que la división, compuesta apenas de cinco mil hombres , que 
se envió á la Toscana, tuvo por objetóla conservación de aquel 

nuevo reino enfeudado á la España, cuando, temiendo yo, á 

6 



82 MEHOBIAS 

¿ Qué podía hacer la España en tal estado de las 
cosas? INapoleoñ no daba tiempo, j sos ejércitos mar- 
chaban y estaban ya tocando la frontera. 

¿Dirá tal vez alguno que, á haberle hablado Es- 
paña con firmeza, se hubiera contenido, y que por evi- 
tar la mala nota que le habria traido un rompimiento 
injusto contra un gran pueblo amigo suyo, babria 
cejado? Mas era tal la situación en que nos vimos, 
que nuestra resistencia a permitirle la invasión del 
Portugal le hubiera dado un gran pretesto con que 
deslumhrar los ojos de sus demás amigos y aliad^s^ 
siendo cierto, por desgracia , que el Portugal no ha- 
bia guardado noblemente, ni con España ni con 
Francia , su carácter de potencia neutra , y con nos- 
otros mucho menos , visto que en aquella misma ac- 



consecuencia de una conversación que el embajador francés 
tuvo conmigo , no fuese que Napoleón tomase nn pretesto de 
apoderarse ds aquel pais, como se apoderó de Nápdes , en un 
evento mny posible de que los ingleses invadiesen á Liornaf 
conseguimos de él que consintiese en que la Etruria fuese guar- 
dada por tropas españolas. Nos convenia también este pié á 
tierra en Italia mirando al tiempo venidero ; y asi fué que eo 
mi plan de guerra , intentada aquel mismo año , entraba otra 
espedicion de diez mil hombres al mismo punto para ayudar á 
recobrar el reino de Rapóles, y ofrecer un buen pnnto de apo- 
yo á los movimientos del Austria que no se habría dormido 
acerca de la Italia. 
Cuanto á la división auxiliar concedida á Bonaparte , yo he 



DEL PBlNCIFB DE LA PAZ. 83 

tualidad habia estado dando asilo en el Brasil á los 
Ingleses que combatían á Bnenos-Aires j abastecien- 
do sus escuadras. ¿Qué mas habría querido Bonaparte 
que poder decir á todo el mundo como lo habría di- 
cho: ((Yo no quería la guerra; la España la ha bus- 
Dcado. Guando pensaba hacer por mi aliado Gár- 
» los lY grandes cosas, vengarle sus agravios, domar 
» el Portngal en favor suyo, tomar prendas y rehenes 
» contra los Ingleses que atacaban sus estados en la 
» América, hacerle muy mas grande y ensancharle 
»sus dominios, se ha mostrado mi enemigo y ha sa- 
»lido á recibirme con las armas en la mano. Los 
)>Borbones son incorrejibles; la Inglaterra ha hecho 
» de ellos su postrer instrumento para impedir la paz 
j»del continente.» Gierto que lo habría dicho ^ y na- 



dicho ya que no fué enviada por mi voto, y que , al contrario, 
cuando se mandó enviaila, clamaba yo todavía por la guerra. 
Fáltame decir abora, y es lo principal, que esta división, mu- 
cbo menor de lo que Bonaparte deseaba , llegaba á penas á 
quince mil hombres, y que en este número entraron para 
acabar de componerla las tropas que teníamos en la Etruria. 

Y yo pregunto abora á cualquiera de sano juicio, ¿fué la 
falta de aquellos quince mil hombres la que impidió que bastá- 
semos para cerrar la entrada á Bonaparte, y que hubiésemos 
po¿&do hacer, nosotros solos , lo que no pudieron hacer juntos 
los prusianos , los ingleses , los suecos y los rusos con cerca 
de (juinientos mil soldados , si es «pie no pasaban de este nú- 
mero? ¿Era entonces la guerra como las guerras ordinarias de 
otros tiempos ? 



84 MEMORIAS 

die ignora la ventaja qae tenían sus boletines y pro- 
clamas en la Francia j entre sus aliados. Y si la Es- 
paña, sola enteramente contra aquel monstruo de 
poder, hubiera sucumbido y hubiera sido derrocado 
Garlos lY, ¿qué habria dicho de mi el mundo, ó de 
cualquiera otro que hubiese ocasionado en semejante 
coyuntura tal catástrofe? 

Júntese luego á esto que, aun cuando hubiese yo 
querido locamente hacer la guerra y arrostrar tantos 
peligros, ni el rey ni nadie me hubiera sostenido en 
tal intento, puesto que nadie me sostuvo cuando era 
tiempo hábil y pudo haberse obrado á nuestra entera 
anchura. Mas que temeridad hubiera sido presentar 
á Bonaparte nna ocasión de combatir á mano salva 
el postrer árbol que aun quedaba de la dinastía de 
los Borbones. No me faltaba confianza en la lealtad 
y en el carácter de la España; mas la opinión no 
estaba entonces contra Bonaparte; si hubiera yo q[ae- 
rido provocar la guerra en tal estremo de las cosas, 
mis enemigos habrían dicho que iba yo á causar la 
ruina de la España por servir á la Inglaterra. Para 
cambiarse entre nosotros la opinión de que gozaba en 
aquel tiempo Bonaparte ^ fué necesario que los Espa- 
ñoles, tan leales, tan sinceros, tan firmes en sus pac- 
tos, se encontrasen á ojos vistas engañados, haciendo 
la esperiencia por si mismos, cautiva la familia en- 
tera de sus reyes, y delante de ellos la cadena qne 
intentó ponerles el gran hombre que admiraban. 

Yo busqué en vano otro camino que ya me habia 




r 



BEL PRÍINGIPE DB LlL PAZ. 85 

servido en dias mejores, en los cuales, aunque pode- 
roso ya IXapoleon por sus hazañas militares, no era 
mas que primer cónsul de la república francesa. Yo 
le hice proponer que nos cediese aquella empresa 
para la cual sobraban nuestras fuerzas , y en cuya 
ejecución seria cumplido llenamente el grande obje- 
to de cerrar el Portugal á los ingleses y de guardar 
sus puertos hasta las paces jenerales; ¡tentativa in- 
útil ! Napoleón no era ya un hombre que por necesi- 
dad ó por cordura cediese en sus proyectos. 

En tal estremidad en que nos yímos, y no por cul- 
pa mia, el primero, el mas grande de todos los debe- 
res era no esponer la España á una gran ruina casi 
cierta, disminuir nuestro peligro y buscar vado á 
aquel torrente por cuantos medios ofreciese la políti- 
ca en la ley común de las naciones. Era nuestro de- 
recho (por mas que á Bonaparte no le fuese grato) 
pedir seguridades y exijir las garantías y condiciones 
que en semejantes casos pueden ser pedidas y exiji- 
das. Para un orgullo como el suyo , se acercaba casi 
á ser ofensa esta desconfíanza que nosotros le mos- 
tramos^ y pocos hay que sepan lo q^e costó de esfuer- 
zo y arte el escudarnos con el tratado que se hizo. 

Era ya el mes fatal en que los seductores del prín- 
cipe de Asturias le arrancaron su malhadada carta 
infanda pidiendo á Bonaparte, á mas de una princesa 
de su casa para esposa, su protección y amparo, mal- 
quistando á su padre y haciéndole entender que este 
se hallaba rodeado de hombres pérfidos, contrarios de 



86 M£MOKIAS 

la Francia, ragáadole qae viese el modo de abrir los 
ojos á sus padres j de hacer feliz la España , j tras- 
ladando en términos espresos su ternura, su amor y 
su obediencia aF enemigo capital de su linaje (1). 
Aquella carta fué como una mina puesta á los cimien- 
tos de la monarquía española , y de aquella carta to- 
mó cuerpo la inundación de males que vinieron sobre 
ella. Jamas, en ningún tiempo fué mas necesaria la 
unión entre padre é hijo, y la perfecta unión de toda 
España: al que en aquel momento casi era imposible 
superarlo por las armas, lo hubiera superado una ac- 
titud compacta, severa, noble y circunspecta tan emi- 
nentemente propia de españoles; ;y cabalmente en 
este mismo tiempo se despega por traidores á aquel 
infeliz hijo de su padre, y d la nación la deslumhran 
y la ofuscan por la cuestión de padre é hijo, cuando 
todas las miradas era tan necesario dirijirlas y fijar- 
las sobre el hombre á quien, subyugadas ya ó venci- 
das las demás naciones del continente de la Europa? 
le faltaba solo España! ¿Y cómo cupo en la cabeza 
de aquellos rudos conjurados ni en entendimientos 
españoles caber pudo, que la suerte de la España 
seria mas ventajosa, mas holgada, mas exenta de tra- 
bajos, ó mas independiente y mas gloriosa bajo la 
protección de Bonaparte, y bajo un principe que. 



(1) Léase con atención esta carta en el capítulo XXIX de 
la se^^unda parte , donde se contiene el testo literal de ella. 



DEL PRlnCIPE DB LA PAZ. 87 

agradecido á sus favores y enlazado á su familia, no 
habría podido ser sino an perfecto coronado del im- 
perio, como tantos otros principes lo estaban siendo 
ya, á vista de la Europa, en sus ducados y sus reinos! 
Estos inicuos tratos , por confesión que en alaban- 
za suya propia consignó en la historia el principal 
tercero en ellos don Juan Escóiquiz (i), traían su fe- 
cha de ocho meses; por manera que la carta de Fer- 
nando no fué otra cosa mas que el complemento , ó, 
por mejor decir ^ la garantía que le pidió el embaja- 
dor Beauharnais de lo que anteriormente habian tra- 
tado. La llaga estaba hecha cuando volvió IXapoleon 



(1) En su Idea sencilla (capítulo I, pajinas 9 y 10) donde 
cuenta , {^loriándose , cpie dio principio á aquellos manejos en 
marzo de 1807. En este mismo lu{^ar refería que la primera 
idea acerca del casamiento de Fernando con alguna de las pa- 
ne n tas de Bonaparte , le fué inspirada por Beauharnais : pera 
inspirada ó no inspirada , el crimen que cometió buscando la 
intervención de un soberano estranjero para atacar al gobier- 
no, pactando en nombre de aquel principe, y estraviando 
y corrompiendo su corazón hasta el estremo de hacerle es- 
cribir de propio puño j letra á un hombre tan ambicioso , tan 
temerario y tan violento como el emperador de los franceses, 
indisponiendo con él á su augusto padre , desdorándole y ca- 
lumniándole, es imo de aquellos atentados enormísimos que no 
se pagan solamente con la vida , sino con deshonor eterno. Y 
sin embargo , tal fué y tal ha sido el poder de la facción que 
Escóiquiz dirijia , que por nadie se le ha hecho cargo en 
España, sacrificada aun más que Garlos IV por sus intrigas y 
traicione^. 



88 MEMORIAS 

de sus campañas, tanto mas peligrosa aqaella llaga, 
cuanto se hallaba mas oculta sin sentirse , ni poder 
sentirse. El germen de discordia entre el monarca y 
el principe heredero estaba puesto , germen no solo 
dentro del palacio , sino también en todo el reino, 
donde lo propagaban á dos manos los prosélitos de 
aquella cabala traidora. Debilitado y distraido de esta 
suerte el elemento grande del poder j del gobierno, 
que es la unidad moral de los que mandan y los que 
obedecen , INapoleon podia cortar en tela larga y an- 
cha, cierto de poder contar con aquel hijo si le mar- 
raban sus designios con el padre , ó de ]K>der perder 
á entrambos , el uno por el otro , como después en fin 
de fines hizo. 

Con estos precedentes nadie podrá extrañar que 
Bonaparte osase dar principio á sus proyectos nuevos 
redondeándose en Italia , y deshaciendo el trono de 
la Etruria que él mismo en otro tiempo habja asen- 
tado; como también que aquel agravio á un nieto y á 
una hija de su aliado Garlos lY , lo hiciese redimi- 
ble en otro reino , no conquistado todavía, donde 
reinaba otra hija suya : enorme sacrificio que osó pe- 
dir á Garlos lY, como podría un bandido^ en tono 
amigo pero armado horriblemente , pedir la bolsa al 
inocente caminante. 

En vano fué oponerle que el rey no era ya dueño 
de estipular contra un derecho que competia á sn 
nieto por pactos y convenios reconocidos por la Eu- 
ropa y consagrados por el tiempo^ derecho doblemen- 



DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 89 

te asegurado por los que fueron renunciados en su 
nombre del ducado de Parma para adquiriré! de Tos- 
cana ; y que, por cima de esto, era una dura condición 
haber de indemnizarle á costa de otro estado cuyo 
despojo habria de herir ú otra hija suya muy queri- 
da. INapoleon dio por respuesta que la paz de Europa 
y el sistema de su imperio requerían esta mudanza; 
que unido ya cual IXápoles se hallaba á aquel sistema^ 
la Toscana no tenia importancia para España, y que 
encerrada y sola en aquel radio del imperio ^ seria 
una extravagancia; que si el rey no se juzgaba con 
derecho para cambiar los de su nieto ^ se entenderia 
derechamente con la madre y le daría un equivalente 
en Alemania; y que en fin, en cuanto al Portugal, 
si Garlos lY repugnaba unirse á su proyecto, su in- 
tención no era forzar su voluntad, y le bastaba el 
paso por sus tierras , paso que ni en las reglas cono- 
cidas y usuales del derecho le podia negar su majes- 
tad para una empresa de interés común á todo el con- 
tinente, ni convendría á la España disputárselo. Cuan- 
to á seguridades, si el rey se unia al proyecto, se 
mostró pronto á darnos cuantas se pidiesen, y añadió 
de suyo que en el tratado que se hiciese se constitui- 
ría ademas garante de todos los dominios de S. M. G. 
en Europa (1). 



(1) Esta conducta de Napoleón , tan fuma de camino d» 
las reglas ordinarias j trilladas de la Europa culta y no era 



90 HfiMOEIAS 

En siluacioQ tan apurada, dar el paso y abstener- 
nos de asociarnos al proyecto de aquel hombre in- 
yadeable, era dejar la España indefinidamente á mer- 
ced suya y de sus tropas sin intervención ninguna 
nuestra: negar el paso era la guerra, y una guerra 
con la acción ganada de su parte. Unirnos á la em- 
presa^ interrenirla bajo la ejida de un tratado , y bajo 
la esperanza de que en las paces jeaerales podria en- 
contrarse algún remedio contra aquellas noYedades 
y violencias, era el partido mas seguro ó menos pe- 
ligroso á que nos obligaba la ley suma , la suprema, 
de la conservación y la defensa propia. JXo sé si po- 
drá hallarse quien discurra otro mejor camino por el 



nueva. Aun con menor poder del que tenia en aqoella actaa- 
lidad, cuando la Prusia estaba entera dos años ánt«s y le pudo 
haber opuesto 150.000 hombres que tenia sobre las armas 
(casi ya decidida á tomar parte en la tercera coalición, y en la 
cual hubiera entrado si los austríacos y los rusos no hubiesen 
sucumbido en Áusterlitz), en tales circunstancias, digo, en qae 
la Prusia podia hacerle mucho daüo , osó Napoleón pedirle j 
arrancarle á lo amigable los paises de Ánspach y de Bareútb, 
Neufchatel j Gléves, dándole en cambio de ellos el Hamiover i 
condición de conquistarlo, pues que se hallaba todavía aquel 
electorado entre las manos de los rusos. Traigo este caso á 
cuentas por los que han dicho que si Napoleón llegó á dema- 
siarse con nosotros , fué porque no supimos hacemos respeta- 
bles. ¿Con quién no fué demasiado en toda Europa , ni á quién 
bastó en aquellos años medio ó modo alguno de que Napoleón 
le respetase como enemigo ó como amigo? 



DEL PBÍNGIPE DE LA PAZ. 91 

cual; en tal extremo de las cosas y eu tal priesa eu que 
nos YÍmos (lo digo y lo repito muchas veces, no por 
culpa mia)^ hubiese sido dable haber echado, ó me- 
dio alguno humano para haber quebrado la voluntad 
de bronce de aquel á quien al cabo de los tiempos, si 
bien á duras penas pudo vencerle por las armas la 
mitad de Europa levantada en contra suya, no logró 
hacerle entrar en la razón , abierto ante sus pasos , y 
visto por sus ojos el abismo donde iba á hundirse 
para siempre. 

Lo que urjía, lo que importaba era el tratado, el 
solo freno que se podia ponerle, antes que, hollando 
todos los respetos y saltando las barreras, como te- 
nia de uso en todas partes, se nos entrase desbocado. 

Los poderes se enviaron, y con ellos instrucciones, 
dispuestas de tal modo que fuesen ostensibles en caso 
necesario , y que lo convenciesen sobre las condicio- 
nes y reservas sin las cuales rehusaría el concierto 
Garlos lY. Se admitian las propuestas de la Francia; 
pero esponiendo al mismo tiempo el sacrificio que 
hacia el rey de sus afectos personales, bajo la sola 
mira de concurrir al bien tan deseado de las paces 
jenerales. Poníase tasa fija por nosotros al número de 
tropas que deberian obrar en concurrencia con las 
nuestras, número igual de cada parte; fijábase asi-*, 
mismo la dirección precisa que debian tomar de un 
punto á otro de las dos fronteras las tropas de la Fran- 
cia, con mas la condición de que por cada parte fue- 
se proveido el gasto de las suyas. £n cuanto al man-^ 



92 HKHORIA.S 

do de ellat», se exijía empeñadameote qae la coope* 
ración de ambas naciones foese igual en dignidad é 
independencia, y qne, en el caso de qae el rey, ó bien 
personalmente , ó bien representado por sn jeneralí- 
simo y creyese necesario ponerse á la cabeza de las 
tropas combinadas^ podría hacerlo. Y en previsión del 
caso de qne por parte de Inglaterra se hiciese nn des- 
embarco en Portugal con fuerzas respetables, y que 
por esta cansa fnese necesario anmentar los dos ejér- 
cití>s, se anadia la condición de qae la entrada de re- 
fuerzos por parte de la Francia no podría tener lagar 
de modo alguno sin preceder un naevo acuerdo en- 
tre las dos potencias. IVo se podia hacer mas, y en 
realidad era hacer mucho poner tales restrícciones al 
que salia y entraba con sus tropas, á su arbitrio, sio 
condición alguna y con la mesa siempre puesta, eo 
todos los estados de sus demás amigos. 

¿Por quién quedó , he exclamado en mis JUemo- 
rías y exclamo nuevamente, por quién quedó ¡ó Dios 
mió! que esta actitud severa de la España hubiese 
sido mantenida^ que el trono de sus reyes, el trono 
de dos mundos, hubiese conservado su prestijio, y 
quelNapolcon^ para bien suyo y para el nuestro, hu- 
biese comprendido la España de los siglos!... ¡Oh 
baldón! ¡oh dolor! ¡oh mengua nuestra no merecida 
ni buscada !... Al mismo tiempo que los poderes se en- 
viaban (con diferencia de tres dias tan solamente)) 
cuando iba á celebrarse aquel tratado, nuestra mura- 
lla, nuestro solo escudo en circunstancias tan solem- 



DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 93 

nes y tan criticas arrastrado, engañado, traquea 

do, envilecido el principe heredero por traidores, 
hombres indignos para siempre del nombre de espa- 
ñoles, ñrmó y dejó partir, sin conocer su trascenden- 
cia^ aquella carta infausta que le habian dictado para 
enlazarlo con la casa del soldado de ventura que ocu- 
paba el trono de su ilustre abuelo Luis XIY^ para 
hacer á aquel hombre sospechosa la conducta de su 
propio padre y soberano , y para suplicarle que qui- 
siese hacer su dicha y la de España. 

Aquella carta abrió la brecha que habia buscado 
Bonaparte; la división de padre é hijo estaba ya lo- 
grada, y de tal modo se aumentó su orgullo y su es- 
peranza, que ya ni aun parecia acordarse del tratado 
que tenia ofrecido; y de repente, sin ningún motivo 
que nos fuese conocido, y de su sola autoridad, da 
la orden de reunirse todo el cuerpo del ejército, de 
apercibir su marcha en veinticuatro horas y atrave- 
sar nuestra frontera (1). 



(i) Es de notar sobre esta resolución tan repentina de Bo- 
naparte , que, estando convenido entre las dos cortes que las 
tropas francesas no deberían entrar sino después de haberse 
celebrado el tratado y con arreglo á las condiciones que serían 
estipuladas , habia dado aquel la orden de que la caballería 
francesa acantonada en las inmediaciones de Bayona , pasase 
á forrajear en las dehesas de los Altos Pirineos. ¿Qué nuevo 
acaecimiento pudo inducirlo á saltar aquella barrera que , de 
comuu acuerdo suyo y nuestro, estaba puesta, sino la carta 



94 MEMORIAS 

¿Faltaba alguna cosa para agravar aqael conglo- 
bamieoto tan arriesgado y tan penoso que iban to- 
mando los sucesos? Faltaba el episodio lamentable 
que ofreció el Escorial á pocos dias, capaz de derri- 
bar el ánimo mas fuerte , cuando las tropas estranje- 
ras penetraban ya en Castilla; cuando la enemistad 
de padre é hijo podia ofrecer á BoiKiparte un gran 
pretexto para injerirse en los negocios del estado en 
calidad de amigo y medianero; cuando la España toda, 
que ignoraba lo que pasaba á dentro, creyó lo que 
decian mis enemigos, que había yo calumniado al 
príncipe de Asturias para usurparle la corona!!! ¿Qué 
medio ó qué recurso en tal conflicto de las cosas para 
llamar los españoles á las armas y á levantarse en 
masa! Un caso semejante bastaría en la historía para 
hacer buenos los rigores de don Juan II de ^Navarra 
y de Aragón, de Federico I, rey de Prusia, y del zar 
Pedro el Grande, con sus hijos. 

Yo no miré otra cosa en tan gravísimo suceso sí- 
no el peligro de mi patria , y sin cuidarme de mi mis- 
mo , sin tomar cuanto á mi ningunas precauciones 
contra las calumnias de mis enemigos, enfermo como 
estaba , me di prisa para cortar aquel incendio que, 



recibida del príncipe Fernando ? Nuestros poderes habian sido 
enviados con fecha 8 de octnbre , la carta de Femando ñié 
despachada en 11 del mismo mes, y la orden dada por Bona- 
parte de precipitar la entrada de sus tropas fiíé del 1 7> 



DEL PBÍNCIPE DE LA PAZ. 95 

seguido^ hubiera dado á Bonaparte la dictadura de la 
España, y conseguí apagar las llamas, y trabajé cuan- 
to en mí estuvo por apagar del mismo modo las ce- 
nizas, rtingun peligro podía darse tan temible en ío 
político como la enemistad del rey y el príncipe he- 
redero en la sazón en que debían hallarse mas uni- 
dos, nada tan azaroso como la rebelión de un hijo 
que ó se apoyaba , ó pretendía apoyarse con la fuerza 
del emperador de los franceses al mismo tiempo en 
que sus tropas transitaban por el reino. Una facción 
lo sacrifica todo para sostenerse , y el riesgo de mi 
patria era mas grande , muy mas grande todavía que 
el de mi soberano, porque si apadrinaba Bonaparte 
la facción , habría obtenido de ella cuanto él habría 
querido para poner la España á su mandado, siendo 
una cosa bien sabida y bien probada que jamas sir-^ 
vio de balde á nadie. Unidos padre é hijo, habría per- 
dido Bonaparte el juego inicuo comenzado ; unidos 
padre é hijo, no habría hallado Beauharnais, ni el 
mismo Bonaparte, con quien urdir traiciones nuevas, 
la facción no era nada sin el príncipe; unidos padre 
é hijo , ó Bonaparte no habría o^ado probar á subyu- 
garnos; ó hubiera hecho la guerra á su aliado sin nin- 
gún motivo ni pretexto razonable, guerra que él mis- 
mo dijo un día al duque de Rovigo (como este lo ha 
contado en sus Memorias) que su intención era evi- 
tarla, porque tendria el aspecto de sacrilega; uni- 
dos, finalmente , padre é hijo como yo busqué que lo 
estuvieran por el perdón tan jeneroso y absoluto que 



96 HEMOBIAS 

á aqael principe le obtuve, ni uno ni otro hubieran 
hecho la triste caminata de Bayona; j la nación he- 
roica, salida de su engaño 9 unida con sus reyes y sos 
principes en nuestro suelo inconquistable, visto el 
mal pago y la perfidia de su falso amigo y aliado (si 
es que se habría atrevido á mover armas contra ella) 
hubiera combatido como sabe y como supo hacerlo en 
todo tiempo contra el yugo ageno, sería dichosa aho- 
ra , y hubiera conservado sus dominios de ambos 
mundos. 

Tal es mi excusa y mi respuesta al solo cargo qae 
hoy ya dia, después de la experiencia tan larga y tan 
costosa que mi patria ha hecho de la facción que tra- 
jo tantos males, pudiera serme hecho, y es de no ha- 
ber dejado que la justicia obrase, á cualquier riesgo 
que esto hubiese sido , y haber buscado en la clemen- 
cia aquella enmienda que rara vez ó nunca se consi- 
gue en las facciones cuando han llegado ya al extre- 
mo de conjurar contra el gobierno del estado (1). 

Mas los que de esto me culparen, no me podrin 
negar que sobre todas cosas lo primero era atender 
al grave riesgo que ofrecian las tropas entradas ya en 



(1) Mis lectores hallarán en el capítulo XXX de la segunda 
parte la historia completa de los sucesos del Escorial , cajos 
detalles , todos ellos importantes , no pueden abarcarle en on 
resumen. Conviene mucho , para no perder la serie de los he- 
chos, haber leído el XXIX. 



DEL PHinCIPE DE LA PAZ. 97 

el reino contra la lej de las naciones , $in ningnn 
ajuste previo, sin otra autoridad que la osadía de Bo- 
naparte^ justamente al mismo tiempo en qne debia es- 
tallar una conjuración en que el embajador francés 
tenia una grande parte, conjuración que habría esta- 
llado ciertamente si el principe Fernando se hubiera 
precavido teniendo en buena guarda los papeles que 
halló el rey en la visita de su cuarto; conjuración^ 
en fin , como fué visto , que no llevaba solo por obje- 
to el atacarme y oprimirme, sino, lo que era mas, el 
de poner á Garlos IV bajo el dictado de su hijo y de 
ministros nuevos al gusto de Beauharnais. Deshacer 
aquella unión que habian logrado los traidores, qui* 
tarles el resguardo que tenian en la persona de Fer- 
nando, unirlo con su padre y hacerle conocer el com- 
promiso en que habian puesto la corona sus malos 
consejeros, era el solo recurso que se ofrecía á mis 
ojos entre tamañas estrechuras para acudir sin emba- 
razo, y la cabeza alzada, al otro riesgo que de á fuera 
amenazaba: ¡días de congoja imponderable los que 
por mi pasaron hasta el dia consolador en que, obte- 
nido ya el perdón del príncipe Fernando , llegó la 
primer nueva de que el tratado estaba hecho con las 
seguridades deseadas] 

La lealtad, la habilidad y la constancia impertur- 
bable del consejero de estado y de guerra don Enje- 
nio Izquierdo consiguieron arrancar aquel tratado al 
intratable emperador, que durante muchos dias se ha- 
cia sordo é invisible, mientras, sabiendo Izquierdo 

7 



98 HEMOBIAS 

que las tropas imperiales penetraban en España^ pa- 
saba notas j mas notas apretantes al ministro de ne- 
gocios estranjeros. AI mismo emperador se avanzó 
un dia por entre tanto mundo de alta esfera que en 
Fontainebleau buUia, hablóle con respeto, pero con 
la firmeza propia de un navarro , y el emperador ce- 
dió á aquel hombre vigoroso (1). De esta manera^ con 
papel escrito, con papel sagrado que lo habría sido 
para cualquiera otro que no fuese Bonaparte, se esti- 
puló en Fontainebleau solemnemente la incolumidad 
de España. Todo tratado es inviolable y mas seguro 
que las armas aun tratando con salvajes, cuanto y 
mas con pueblos cultos: por su honor, por su decoro, 
por su interés en ser creido y sostener la fe de sos 
palabras en Europa, desde que estampó su firma en 
el tratado debió abjurar en su interior todo proyecto 
que tuviese de atentar contra la España, de conquistar. 



(1) Goales fuesen los merecimientos contraídos por don 
Enjenio Izquierdo en el servicio de la corona desde el tiempo 
del reinado anterior del señor Garlos m, y cual en proporción 
con sus talentos é instrucción fuese su probidad incorruptible; 
cuales también los motivos de haberle empleado en negocia- 
ciones especiales diplomáticas , se podrá ver en los capitnlos 
XXrV y XXIX de la segunda parte, en los cuales, y principal- 
mente en el XXIV, se hallarán plenamente reñitadas y deshe- 
chas las calumnias escritas por el conde de Toreno contra 
aquel ilustre sabio español, mas ventajosamente que no e7, 
conocido por sus virtudes y su ciencia en las principales cortes 
de Europa. 



DEL PElllGIPB DB LA PAZ. 99 

la Ó de amenguarla. He aquí el articulo 11 de aquel 
tratado: S, M. el emperador de los franceses j rey de 
Italia f sale garante á S. M. C. el rey de España 
de la posesión de sus estados del continente de Eu- 
ropa situados al mediodía de los Pirineos. Y he 
aquí después, de propio injenio suyo, el artículo 12 
siguiente que hizo poner por colmo de su amistad y 
devoción á Garlos IV: S. 31. el emperador de los 
franceses^ rey de Italia^ se obliga á reconocerá 
S. M. C. el rey de España como emperador de las 
AméricaSj cuando todo esté preparado para que 
S. M. pueda tomar este título^ lo que podrá ser^ ó 
bien á la paz jeneral, d, á mas tardar ^ dentro de 
tres años. 

En cuanto al número de tropas que debían entrar^ 
y las que eventualmente podrían entrar en la Penín- 
sula^ destino respectivo de las fuerzas combinadas, 
y su mando, he aquí los artículos contenidos en la 
convención anexa al mismo tratado, firmada y ratifi- 
cada por Napoleón de igual modo que el tratado. 

Artículo 1.*» «Un cuerpo de tropas imperiales 
Afrancesas de veinticinco mil hombres de infantería 
))y de tres mil de caballería^ entrará en España, y 
Mmarchará en derechura á Lisboa. Se reunirá á es- 
»te cuerpo otro de ocho mil hombres de infantería 
»y de tres mil de caballería de tropas españolas, con 
»treinta piezas de artillería. 

Artículo 2.^ »A1 mismo tiempo una división de 
»diez mil hombres de tropas españolas tomará pose- 



102 HEHOEUft 

después que por desgracia de la España, ano mas 
que mia, j tan á pesar mió, se desmandó la gn^ra 
que tan dichosamente pndo haberse hecho en tiem- 
po hibil, 7 después que habian logrado mis contra- 
ríos para sus fines deprarados fomentar j hacer cor- 
rer por todo el reino el aura popular de que gozaba 
Bonaparte, no habia otro medio ni o^o adñtrio pa- 
ra guarecer la España j libertarla del inminente 
ríesgo en que se hallaba, sino el tratado que se hi- 
zo, cumj^ido el cual, como debió esperarse que lo 
fuese, aunque Napoleón no consultase otro motifo 
que su propia honra , se habría salrado todo, el Por- 
tugal habria sufrído menos, España habría tenido 
prendas ciertas para ^atar con gran ventaja cuando 
llegase el caso de ajustarse las paces jenerales, j 
habria quedado libre para enmendar mas tarde las 
lesiones j trastornos que la política de urjencia ha- 
bría causado. 

Esto no obstante, aquel tratado ha sido objeto de 
una censura tan violenta como injusta de todos mis 
contraríos, y, en lugar de ver en aquel acto una mu- 
ralla que en lo moral j en lo político hubiese sido 
puesta á la ambición de Bonaparte, ;han dicho que, 
al contrarío, por aquel tratado le abrí las puertas de 
la España j que la puse á su mandado! Respondiendo 
al ano d^ ellos, daré respuesta á todos: he aquí co- 
mo se espresa el conde de Toreno, hablando del 
postrer recurso á que acudí, de retirar la real fami- 
lia al mediodía de España cuando empezó á ma- 



BEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 103 

nifestarse la perfidia con que obraba Bonaparte. 

((Siendo pues^ dice, esta determinación la mas 
» acomodada á las circunstancias, don Manuel Go- 
))doy, en aconsejar el yiaje obró atinadamente, y la 
))posteridad no podrá en esta parte censurar su con- 
»ducta; pero le juzgará^ sij gravemente culpable 
)>en haber llevado como de la mano á la nación á 
»tan lastimoso apuro ^ ora dejándola desguarneció 
))da para la defensa j ora introduciendo en el co- 
nrazon del reino tropas estranjeras^deslumbrado 
))con la imajinaria soberanía de los ^Igarbes (l).(c 

]\o es ignorancia, sino mala fe, cual la de todos 
mis contrarios, la que gobernó la pluma del conde 
de Toreno en las imputaciones que me hace: iré por 
partes respondiendo á todas ellas triunfalmente. 

Menos quince mil hombres (que se habrían podi- 
do reponer , y muchos mas , en pocos dias) , las mis- 
mas tropas tenia España en 1807, que las que yo te- 
nia dispuestas para haber combatido á Bonaparte un 
año antes en combinación con la Inglaterra, con la 
Rusia, con la Prusia, la Suecia, y hasta con el Aus- 
tria, que, como Uero dicho, una vez entrada Espa- 
ña en aquella grande arena que iba á abrirse, ha- 
bría añadido á tantas armas el peso de las suyas. IXo 
fué mi culpa que esta guerra, tan practicable, tan 



(1) En su Historia de la revolución española^ libro II, pá- 
jiaa 75. 



10% HBMOBIAS 

segura , tan honrosa , tan gran remediadora como po- 
día haber sido de la Europa, guerra por la cual yo 
agonizaba, j por la cual di un grito, no hubiese si* 
do hecha: mis enemigos la estorbaron. 

¿Debí arrojarme á ella cuando Píapoleon yoítíó 
triunfante, y ofrecer á su ambición y á su enemiga 
contra los Borbones un pretesto para invadir la Es- 
paña sin que sus demás amigos y aliados estrañasen 
su conducta y se alertasen? 

¿Debí comprometer mi patria á una contienda 
contra la inmensidad de fuerzas , desocupadas y Ta- 
cantes, con que IXapoleon contaba entonces, espo- 
nerla á los desastres que sufrieron los prusianos 
y los rusos, y el trono á una caida como del de 
Ñapóles? 

Y lo que no alcanzaron en la cuarta coalición tan- 
tos ilustres jenerales y tres monarcas juntos con 
fuerzas combinadas y en gran manera superiores i 
las que España (aun suponiendo que hubiese hecho 
un grande esfuerzo portentoso) , era capaz de haber 
juntado y haber opuesto á Bonaparte, ¿lo hubiera 
yo podido en un empeño que rayaba en lo impo- 
sible, el de cerrar el paso en nuestro suelo á sus 
legiones yictoriosas (1)? 



(1) Entiéndase bien aquí qae la cuestión de qne se trata, 
y sobre la cnal ha pretendido incolparme el conde de Toreno, 
DO es otra qae esta: ¿Se debió negar el paso que Napoleón ha- 
bía pedido? Negarlo era la gnerra, y yo no digo qae á k larga 



DEL PHlNGIPE DE LA PAZ. 105 

Y cuando hubiese sido yo tan necio y tan desacor- 
dadamente temerario que^ cerrando los ojos en pre- 
sencia de un peligro tan visible, hubiese pretendido 
en aquel caso hacer la guerra, ¿lo hubiera permi- 
tido Carlos IV? 

¿Y habria aprobado la nación tan peligroso arro- 
jo, sola como se hallaba^ sin ninguna ayuda, todo 
lo demás del continente sometido y acallado, y la 
Inglaterra distraida y ocupada en sus espediciones y 
en su defensa propia ? 

Ademas de esto, ¿habria querido la nación entrar 
en guerra contra el hombre de quien entonces se 
gloriaba ser amiga y aliada? Y el mismo conde de 
Toreno ¿no ha contado largamente la opinión de 
que en aquella actualidad gozaba Bonaparte en toda 
España, mirado por el clero como el restaurador de 
los altares; como restaurador de la nobleza por las 
clases nobles; como el exaltador y el glorifícador de 



en ana lacha porfiada no habria bastado España á hacerle 
frente y saperarlo ; sino qne en aqaellas circanstancias ñinga- 
na fuerza habría bastado para cerrarle el paso , qae es una 
cosa muy diversa. La encarnizada guerra de seis años que 
costó á la heroica España librarse de sus armas y quebrárselas 
aun distraido , cual se vio por otras guerras formidables en el 
norte, sobra para probar que, cuando pidió el paso, libre como 
se hallaba de enemigos en todo el continente y con cerca de 
on millón de tropas aguerridas, ningún esfuerzo humano habría 
impedido que atravesase la frontera. 



106 . M£HOHUS 

la carrera de las armas por los militares; como el 
garante, en fin, del orden y del reposo público 
contra la demagojia y la anarquía por los hombres 
moderados? (1) 

Y si , cegado hasta tal punto que, sin respetar la 
opinión pública, ni la voluntad suprema del monar- 
ca , ni calcular tampoco la oposición que podría ha- 
cerme el audacísimo partido que comenzaba ya i 
mostrar sus zarpas y sus uñas, me hubiese yo atre- 
vido á pronunciar un no absoluto con las armas en 
la mano, ¡cuál habria sido el resultado, cuando en 
aquellos mismos días trataba aquel partido nada mé- 



(1) He aqui el testo literal del conde de Toreno: 'Tor otra 
» parte el clero español, habiendo visto que Napoleón había le- 
n yantado los derribados altares , prefería su imperio y señorío 
» á la irrelijiosa y perseguidora dominación qne le había pre- 
» cedido. No perdían los nobles la esperanza de ser conserva- 
» dos y mantenidos en sus privilejios y honores por aquel mis- 
»nio que había creado órdenes de caballería, y eríjido una 
n nueva nobleza en la nación en donde pocos años antes había 
» sido abolida y proscrita. Mirábanlos militares como principal 
w fundamento de su gloria y engrandecimiento al afortnnado 
n caudillo que, para ceñir sus sienes con la corona , oo había 
» presentado otros abuelos ni otros títulos qne su espada y sus 
n victorias. Los hombres moderados , los amantes del orden j 
V del reposo público, cansados de los escesos de la revolución^ 
» respetaban en la persona del emperador de los franceses al 
» severo majistrado que con vigoroso brazo había restablecido 
n concierto en la hacienda, y arreglo en los demás ramos.** (Eo 
el núsmo libro II ya citado.) 



DEL PBlNGIPB DE LA PAZ. 107 

nos que de hacerse en Bonaparte un protector y un 
grande amigo, uniendo al principe de Asturias á una 
princesa de su casa, y rogando se ocupase de la di- 
cha de la España ! 

¿Cómo, pues, dice el conde de Toreno que yo dejé 
á la España sin defensa, porque ahorré las armas en 
aquellas duras circunstancias en que no podian mo- 
verse sin un eicidio casi cierto? ¿Por qué se desen- 
tiende de la defensa que yo puse , la sola practicable 
en el conflicto que nos vino, la de un tratado en que 
aquel mismo de quien podia temerse un pensamiento 
de conquista , se declaró garante al rey de todos sus 
dominios en Europa, y en que no obstante tamaña 
garantía , le fué tasado el número de tropas que po- 
drían ser empleadas por la Francia y atravesar nues- 
tras provincias? 

¿Y cómo añade todavía, con la misma mala fe y 
con tan mala lójica, que yo llevé á la España al las- 
timoso apuro en que nos vimos, introduciendo tropas 
estranjeras en el reino? 

¿Fui por ventura yo quien pretendió que Bonapar- 
te las entrase? ¿Fui yo el autor de su decreto de Ber- 
lín sobre el bloqueo continental de la Inglaterra, de- 
creto en que se hallaba contenida virtualmente su in- 
tención de reducir el Portugal á su sistema, de gra- 
do ó por la fuerza? 

¿Fué culpa mía que el Portugal no se aviniera y 
no cediese á aquella voluntad , mas que de hierro, del 
emperador de los franceses ? 



108 MEMOBIAS 

¿No le hice yo pedir que nos dejase la pequeña 
gloria para él , para nosotros grande , de obligar al 
Portugal á unir sus armas con las nuestras contra la 
Inglaterra? ¿Fué también culpa mia que ]\apoleon 
no se fiase de nosotros? (1) 

Y en tal estremo de las cosas, ¿habria bastado 
que le diese yo una voz y le dijese: No se pasa? 
¿Basta dar gritos á un torrente para que vuelva atrás 
6 se detenga? 

Y ya que contenerle era imposible, ¿no puse un 
dique al aluvión para que entrasen menos aguas y no 
nos inundase? 

' ¿Habria valido mas dejar que Bonaparte hubiese 
entrado á viva fuerza en clase de enemigo, que en- 



(1) He aquí las palabras terminantes del mariscal Duroc i 
don Eujenio Izquierdo sobre la pretensión de encargamos nos- 
otros solos de la reducción del Portugal: " Cuanto á formalida- 
» des , quiere el emperador que se complazca á TV. , y que 
» una vez por todas se cercioren de sus intenciones jenerosas. 
» Todo cuanto se pide ó se insinúa acerca de este punto por 
n parte de la España , será hecho á su contento , menos una 
» cosa, que es el dejar á YY. solos la conquista de aquel reino. 
M Esto no tiene que frStrañarse $ las circunstancias no son hoj 
» como otras veces. Usted verá también que unida con laFran- 
» cia en esa espedicion , será España mas respetada por la 
» Inglaterra , y que las esperanzas de esta se harán mas im- 
») posibles. Créalo Y. i pues ya se ha visto muchas veces : los 
» ingleses no gustan presentarse en donde hay tropas de] im- 
M perío. " 



DEL PRÍIVGIPE DB LA PAZ. 109 

cerrarle entre los lindes de un tratado en calidad de 
amigo ? 

¿Fué también culpa mia que Bonaparte no respe- 
tase aquel tratado? ¿Y el conde Toreno no ha hecho 
él mismo mi defensa en diversos lugares de su obra, 
refiriendo que la entrada inmoderada de las tropas 
imperiales fué una obra de violencia ^ sin conformi- 
dad alguna con nuestro gabinete, y quebrantando lo 
pactado? (1) 

Dice no obstante, ó da á entender, el conde de To- 
reno, que, deslumhrado yo por la imajinaria sobera- 
nía de los Algarbes que me dio Napoleón ó finjió dar- 
me, dejé entrar, por el tratado que fué hecho, tro- 
pas estranjeras. Ya es tiempo de hablar de esto y res- 
ponder á este estribillo de todos mis contrarios. 

Por de contado está ya visto y demostrado que no 
hubo otro recurso para evitar nuestro peligro y per- 



(1) He aquí algunos de estos lugares. Hablando de la en- 
trada del jeneral Dupont con un cuerpo de 24.000 hombres de 
infantería y 3.500 caballos, dice Toreno de esta suerte: *'£m- 
» pezó á entrar en España sin convenio anterior ni conformi' 
n dad del gabinete de Francia con el nuestro^ con arreglo d lo 
»» prevenido en la convención secreta; de Fontainebleau: infrac- 
» cion precursora de otras muchas." (libro I, pajina 46.) 

Poco mas adelante (pajina 47), hablando de la entrada de 
otro cuerpo bajo el mando del mariscal Moncey , cuenta de 
este modo : "Prosiguió su marcha hasta ios lindes de Castilla, 
)> como si no hubieran hecho otra cosa que continuar por pro- 
» vincias de Francia, prescindiendo de la anvAncia del gobier^ 



lio MEMOEIAS 

mítir el paso (qae á no darlo, se lo habría tomado 
Bonaparle), sino ponerle el parapeto de un tratado, 
por el que^ á mas de estipularse el número de tropas 
que obtendrían el paso, y su camino en derechura 
para la frontera portuguesa, se impondrían las con- 
diciones y seguridades que en tales casos se acostum- 
bran por el derecho público de Europa; que las tra- 
tamos y fijamos todas ellas minuciosamente, y que 
de tal manera las pusimos, que el mismo emperador 
llegó hasta el punto de constituirse y declararse por 
garante de todos los dominios de la monarquía espa- 
ñola al mediodía de la frontera pirenaica ; que sin 
embargo de esto, se defendió la entrada de mas fuer- 
zas, salvo el caso de que, desembarcando los ingleses 
tropas suyas y dando auxilio al Portugal , se hiciese 
necesario reforzar las combinadas españolas y fran- 
cesas; y que, aun en este caso que llegar pudiese, no 



>» no español , y quebrantando de nuevo y descaradamente bs 
n conciertos y empeños con él contraidos, " 

T en la pajina 64 del mismo libro se lee también lo que sigoe: 
" Habia ya xn el corazón be espada , aun no incluyendo los de 
» Portugal, 100.000 franceses , sin que á las claras se supiese 
»> su verdadero y determinado objeto , y cuya eiítbaba , sbcp» 

» DEJAMOS DICHO , HAtilA SIDO CONTRARIA A TODO LO QUE SOLEHKE- 
nHEIlTE SE HABÍA ESTIPULADO ENTRE AMBAS NACIONES." 

Ahora pues diré yo al conde de Toreno : si tu has reconoci- 
do esta verdad y has dado testimonio de ella, dpor qué ratón 
poco después te has hecho olvidadizo , y has dicho que yo en- 
tré en el corazón del reino tropas estranjeras P 



DEL PBÍNGIPE DE LA PAZ. 111 

podrían enlrar refuerzos de mas tropas imperiales, 
sin preceder nuevo conyenio entre ambas partes con- 
tratantes. Bajo estos datos, y confesando el mismo 
conde de Toreno que la entrada de mas tropas sobre 
la tasa puesta fué una violación de aquel tratado y 
un acto do invasión por parte de la Francia, ¿cómo 
osa decir luego que obré yo deslumbrado por la so- 
beranía de lo& Algarbes? Si yo lo hubiese estado, no 
hubiera opuesto tal barrera á la ambición de Bona- 
parte, barrera poderosa, barrera santa é inviolable 
aun entre pueblos bárbaros/ que le debía costar su 
honor, su dignidad, la confianza de los pueblos y sus 
futuras glorias quebrantarla: uno de los motivos del 
malquerer que me tenia, fué mi constancia, mi insis- 
tencia en la celebración de aquel tratado de la ma- 
nera que se hizo. 

En cuanto d los Algarbes, muy pocos hay que ig- 
noren, aunque lo finjan muchos, cual fué el motivo 
de colarme, 6, por mejor decir, de pretender colarme 
aquel favor de griegos. Básteme referir aquí una par- 
te del coloquio que tuvo Bon aparte con don Eujenio 
Izquierdo , tocante á sus proyectos sobre el reino 
lusitano. 

Gomo en lo relativo al trueque de la Etruria por 
otro estado soberano en Portugal que Bonaparte pre- 
tendía, le hubiese dicho Izquierdo que Garlos IV no 
podría acceder á esta demanda sin batallar en gran 
manera contra su conciencia , le interrumpió el em- 
perador y hablóle de esta suerte: "V. podrá decir. 



112 MEMORIAS 

» que lo que es cargo de conciencia, yo lo tomo por 
)) ante Dios y ante los hombres. Yo soy quien hago la 
)) injusticia, si por tal se tiene: la paz de Europa, y 
)) el sistema del imperio , requiere esta mudanza. Si 
))S. M. G. no la aprobare^ me entenderé con los de 
)) Etruria y les daré su equivalente en Alemania. Bajo 
»de tal conceptp, ¿no sería mejor que el rey junta- 
)) se su familia^ y que esa rama, sin ningún inñujo ya 
» en Italia , lo tuviese en la Península ? Vea V. mi 
» intención neta. . . . voy á decirlo todo y á ligarme: 
»tres estados en Portugal en vez de uno , todos tres 
)) enfeudados á S. M. C. Á los de Etruria, la provin- 
» cia de Entre Duero y Miño con la ciudad de Opor- 
))to: las provincias de Beira, Tra-os-Montes ^ y /a 
» Estremadura portuguesa para la casa de Bragan- 
» za, si no se hiciere enteramente indigna de este mi- 
»ramiento: el ^lentejo y los jálgarbes. ... tal vez 
» pensará Y. que para alguno de los mios. . . . tam- 
))poco. . . . todo para España. . . . para el ministro 
))á quien mas ama S. M. G. . . . al que hizo entrar 
)) en su familia : le ha servido fielmente y allí tendrá 
»un amigo verdadero. ¿Se negaría también á esto 
» Garlos IV? ¿Vuestro príncipe de la Paz desdeñará 
í)ser príncipe de los Algarbes?" 

Izquierdo respondió: "V. M. señor, es jeneroso 
))sin medida, ¿quién podrá dudarlo? Pero elprínci- 
» pe de la Paz. . . . conozco mucho su carácter/. . . po- 
))drá temer con fundamento que le arguyan algnn 
» dia de haber sacrificado el Portugal aconsejando al 



DEL PHtlfCIPH DB LA PAZ. 113 

O rey la desmembración de aquel estado para tener 
valli sa parte. ..." 

" — ¡Bueno seria también, replicó PÜapoleon, ha- 
» cer la mueca á una corona por el qué dirán las jen- 
»tes ! Yo no comprendo á VV." 

" — Pero en España, dijo Izquierdo, se piensa de 
» otra suerte que en lo demás de Europa ; la opinión 
9 es un freno en mi pa^is que lo sujeta todo. ..." 

" — ¿Y qué opinión es esa? preguntó Napoleón 
j»de muy mala catadura. ¿Es que en España se cre- 
» eria que para hacer la guerra en Portugal á mi ene- 
jo migo» necesito yo comprar ruestro ministro?... Se- 
»ñor Izquierdo, yo no preciso á Garlos lY, ni á su 
» ministro, ni á ninguno, á hacer la guerra; si el rey 
Buo quiere hacerla » me sobra con el paso por sus 
Atierras, que ni en las reglas del derecho me podría 
» rehusar en modo alguno, ni menos impedírmelo 
»con armas. ¿Habrá alguno de tan corto alcance en. 
o tre los españoles que piense de otro modo? . . . Pero 
>>en fin, por lo que valga, rea Y. mi pensamiento; 

o no se dirá que no soy franco tan favorable para 

» España como Y. me encuentra, me es necesario 
I) prevenirme contra todos los eventos. Yuestro prín- 
» cipe de la Paz está ya usado; ha hecho grandes ser- 
» vicios, ha libertado á España de las revoluciones de 
i>la Europa; pero, ademas de estar usado, tíene muy 
» fuertes enemigos en su patria : la grandeza y el cle- 
j»ro están en contra suya, y mas que todos el prin- 
»cipe de Asturias: la España no está lejos de una 

8 



114 MEMOBUS 

j» grande intriga qne fomentan los ingleses,** etc. (i) 
Basta con esto para rer cnal faera la intención de 
Bonaparte en amañar aquel señnelo qne me puso en 
la soberanía de los Algarbes. Lo que por fuerza de ar- 
mas consiguió en otros pueblos de la Europa, se ha- 
bia propuesto conseguirlo entre nosotros por la intri- 
ga y la política: las resistencias que yo opuse tantas 
veces á sus descabelladas pretensiones, hicieron me 
mirase d& mal ojo como un estorbo á sus desig- 
nios, y que buscase el modo de encontrar mas dó- 
ciles consejos cerca de Garlos lY. Pedirle mi retiro 
era esponerse á darle un gran disgusto y á enlihiar 
la buena intelijencia y amistad qne procuraba man- 
tener con él para llegar mas fácilmente y sin estruen- 
do á la consecución de sus proyectos : quitarme de sa 
lado por tal modo que el rey no percibiera cual fue- 
se su intención, y qne, al contrario , le quedase agra- 
decido, tal fué la causa, y no bobo otra, del acomo- 
do en la apariencia tan garboso á favor mió que hizo 
escribir en el tratado, mientras su embajador Beaa- 
harnais, dia por día, daba mas alas y mas garrafa 
mis enemigos para causarme espanto; mientras Jk- 



(1) Lo demás de la conversación que tuvo Napoleón con 
el consejero Izquierdo relativamente á este asnnto, lo hallarán 
mis lectores en el capítulo XXIX , cuya lectora es grande- 
mente necesaria para comprender en todo sa valor estos vh 
eeaos. 



DEL PRÍNCIPE DB LA PAZ. 115 

nof^ pasando por Madrid con dirección á Portugal^ 
me decia al oido con misterio, que el emperador le 
habia encargado me advirtiese que si no tenia ambi-- 
ciorij me contase por perdido; mientras después, ya 
entrado en Portugal, me escribia y aconsejaba que 
no perdiese la ocasión de hacer seguros mis destinos 
y me pusiese á la cabeza de la división del Alentejo. 

y asi fué que en cuanto rió Napoleón que yo no 
me moria y que me estaba siempre al lado de mi rey 
á quien habia votado mi existencia, desparecieron 
Sus favores y sus dones como las falsas luces con que 
los cazadores encandilan á las aves por la noche. Y 
yo no me engañé, yo conocí sus intenciones, y al rey 
le aconsejé que propusiese en lugar mío alguno de 
sus hijos. S* M. no quiso, temiendo (y se fundaba) 
no <ttos metiese en los Algarbes alguna cuña de su 
casa (i). 

Á los que han dicho que aquella investidura del se- 
ñorío de los Algarbes, contenida en el tratado, fué una 
condición que yo exijí del emperador de los franceses 
para haber de abrirle el paso por España, les opondré 
tan solo el buen sentido natural que basta y sobra 



(1) He aquí la respuesta del rey cuando le di aquel conse- 
jo: "Baeno está lo buenos no conviene: la voluntad de Boua- 
i> parte es movediza como el viento^ se necesita asirlo por sus 
» propuestas mismas, no sea que invente otra diablura peoF 
» que esta: Dios nos alund>rará después lo qué taejtit convenga.** 
(Véase el capitulo XXIX.) . > 



116 H£HOEUS 

para conyencerlos^ sea de su mala fe, ó sea de su ig- 
norancia. Sabido y tan sabido en todo el mundo cual 
era su poder en aquel tiempo, cuanto fuese encumbra- 
da y mas que olímpica la posición en que se hallaba, 
cual su altivez y orgullo^ al que no creo que haya 
igualado, ni en lo moderno ni en lo antiguo, ningún 
orgullo de otro hombre, ¿quién podrá haber capai 
de persuadirse que osara yo pedirle un trono, é im- 
poner condiciones , en mi nombre y en prorecho mió, 
al que podia sin mi cuanto quisiese^ á el que acaba- 
ba de imponerlas tan desmedidas como insólitas al 
autócrata de Rusia (1), á el que dejaba reducido á 
poco menos que la nada á un sucesor de Federico el 
Grande, y á quien no solo de la Europa, sino tam- 
bién del África y del Ásia^ prestaban homenajes en 
aquella misma época embajadores y legados de todas 



(1) Fnéronlo de tal modo las condiciones impuestas por el 
tratado de Tilsit al emperador Alejandro, que, ademas del re- 
conocimiento que Napoleón le exijió de sus dos hermanos José 
y Luis , del uno como rey de Ñapóles y del otro como rey de 
Holanda , ademas del reconocimiento que le arrancó del fiítoro 
reino de sn hermano Gerónimo, y de todos los príncipes de la 
confederación delRin según la habia zanjado, le liizo declarar 
por el articulo 15 de aquel tratado , que reconocía desde en- 
tonces anticipadamente todos los demás principes que se agre- 
gasen en adelante á la misma confederación con todas las ca- 
lidades y titulos qne Napoleón les quisiese señalar en las actas 
de su accesión. 



DEL PBÍNCIPE DE LA PAZ. 117 

las poteacias? ¿Habría yo perdido el juicio á tanto 
grado, y el emperador de los franceses habría de-^ 
paesto su fiereza á tal extremo^ que de igual á igual 
me encaramase yo á exijirle un reino, y él se abaja- 
se á concedérmelo?.. ¿Y por qué ó para qué? ¿Por- 
que le abriese el paso en la frontera, que ni yo ni 
nadie podia impedírselo á sus armas, y que él sabia 
muy bien que Garlos lY no querría negárselo? A los 
que tanto ban batallado contra mi^ no solo con men- 
tiras y calumnias 9 sino con despropósitos, les pido 
que batallen, si bs que las entienden, con las armas 
de la lójica. 

Júntese á todo esto mi conducta después de aquel 
tratado; porque, si hubiese yo tenido la flaqueza de 
querer aprovechar aquella hora de fortuna que ]\a- 
poleon hacia sonar en mis oídos, era una cosa con- 
siguiente de mi parte que hubiese yo querido hacer- 
la cierta y cumplidera^ lisonjeando y complaciendo 
á aquel de quien pendía se realízase la dicha prome- 
tida ; que hubiese ido á París á darle gracias y á fi- 
gurar entre la turba de aspirantes á cetros y coronas 
que llenaban su palacio y le rendían adoraciones , y 
qae, ya que no lo hiciese faltando á la etiqueta rigo- 
rosa de aquel tiempo de ilusiones^ hubiese procura- 
do por lo menos serle grato sin atreverme nunca 
mas á disgustarle. Pero ninguna de estas cosas fué 
visto que yo hiciese ; lo que se vio fué que , al con- 
trarío^ en ningún tiempo cuidé menos de agradarle. 
El mismo dia^ por cierto, en que llegó á mis manos 



118 HEMORUS 

el tratado con su firma, después de haber logrado 
qae perdonase Garlos lY al principe de Ástorias, 
logré también que aquel buen rey, tan circunspecto 
7 moderado cual lo era por carácter ^ se reristiese 
dé firmeza j escribiese á Bonaparte de su propio pu- 
no , y en términos tan duros, cuanto era dable que 
lo fuesen de testa á testa coronada , dándole Tivas 
quejas sobre la conducta de su embajador Beauhar- 
nais , pintándole con fuerza el indecoro de las ne- 
gociaciones clandestinas entabladas por su mano cob 
los hombres desleales que estrariaban á su hijo , y 
apelando al honor de los dos tronos , comprometido 
gravemente por la audacia iuesplicable de Beauhar- 
nais. 

Leida aquella carta, que le fué entregada el 11 
de noviembre por el principe de Maserano, embaja- 
dor de España , rompió Napoleón en gritos furiboD- 
dos y en amenazas y denuestos , diciendo, casi aho- 
gado por la ira, que recibía como una ofensa la mas 
grave que cabia de un rey á otro aquella carta que, 
á no poder dudarse, habría copiado Garlos lY sin 
advertir lo que escribia, que aquella carta era (Ara 
mía, y una osadía contra la cual debia pedir al reg 
una satisfacción ruidosa, que no seria bastante á 
no quitarme de su lado^ y desterrarme para siem^ 
pre de la corte; que se hallaba tentado de declarar 
la guerra en aquel acto, y hacer prender la legación 
entera y cuantos españoles hubiese en sus estados; 
que lo del Escorial habría sido otra intiriga seme* 



DEL PRINCIPE DE LA PAZ. 119 

jante contra el príncipe inocente; que no habia re- 
cibido carta alguna suya, y que Beauliarnais ningu- 
na cosa le habia escrito relativa á bodas ni á ningu- 
na otra pretensión por parte de aquel príncipe; que 
era una gran maldad el calumniarle de aquel modo, 
y complicar en tal calumnia su propio nombre y los 
respetos de su imperio; que desde aquel momento 
pondría bajo su amparo al príncipe Fernando, y que, 
si fuese necesario, le defendería contra cualquiera 
que intentase difamarle y oprimirle. A esto añadió 
otras cosas, con su refrán acostumbrado, de que era 
la Inglaterra quien movía y ajitaba aquellos chis-" 
mes para soplar la guerra entre las dos poten- 
cias (1). 

'Este acontecimiento fué público en París por las 
indiscreciones del príncipe de Maserano que no sa- 



(1) De esta manera trasteaba y no temía mentir, ni á si 
mismo desmentirse, aquel gran hombre. He dicho desmentirse, 
porqne después, pasados á penas cinco meses en la respuesta, 
de todo el mundo conocida , que dio al principe Femando en 
16 de abril de 1808, le dijo, relativamente á los sncesos del 
Escorial, lo que signe: " Vuestra Alteza Real habia cometido 
» sobradas culpas: basta para prueba la carta que me escribió 
»> y que siempre he querido olvidar. Guando V. A. fuere rey, 
n conocerá cuanto son sagrados los derechos del trono : cnal- 
irquier paso de nn príncipe hereditario cerca de nn Soberano 
» estranjero es criminal, etc.** T en el Monitor de 5 de febrero 
de 1810 , bajo el título de Piezas relativas d los asuntos de 
España, artículo oficial , se cuenta el recibo de aquella carta 



120 MEMOHIAS 

bia callar ninguna cosa, y que, temiendo le prendie- 
sen , comenzó á poner en salyo los papeles y comu- 
nicó su miedo á muchos españoles. Lo peor de todo 
para mi fué, que el mismo Maserano, no tan solo 
comunicó al gobierno, como debió en efecto hacer- 
lo, cnanto habia ocurrido en la furiosa escena del 
dia 11 , sino que, faltando gravemente á sus deberes, 
bajo las impresiones del temor de que se hallaba po- 
seido , en yíó una relación á sus amigos de lo que ha- 
bia pasado , diciendo á algunos de ellos que me hu- 
yesen, que me aguardaba una caida estrepitosa , y 
que el emperador se declaraba abiertamente por el 
príncipe de Asturias. De la una de estas cartas vino 
á mis manos una copia: mis enemigos repartieron 
otras muchas entre sus paniaguados, y muy pronto 
fué sabido en todo el reino aquel estado de las co- 



por el emperador de esta manera: "Hallándose el emperador 
»en Fontainebleau , en octubre de 1807 , recibióla carta aqní 
n adjmita (núm. !.*>) del príncipe de Asturias, de quien apenas 
n conocía la existencia. Esta carta no babia sido precedida de 
iipaso alguno anterior, j S. M. no pudo menos de entrever qae 
» se intentaba tomar su nombre para dar á los asuntos de Es* 
j^aña una dirección opuesta á sus intereses , etc.** 

La brevedad necesaria en un resumen no me permite esten^ 
derme á mas detalles en lo que estoy contando. Mis lectores 
podrán bailarlos completos acerca de este incidente del 11 de 
noviembre en el capitulo XXX de la seg^unda parte de estas 
Memorias , tomo V « y en las de don Juan Llore^ite , tomo DI» 
número 119. 



y^ 



DEL PHÍIVCIPE DB LA PAZ. 121 

sas. De aquí, juntas también las relaciones, las pa- 
labras y promesas del embajador Beauharnais fué el 
ir creciendo aquel partido con una fuerza imponde- 
rable, derecho, no á mi ruina solamente, sino tam* 
bien de Garlos IV. 

Y yo pregunto ahora : esta conducta que yo tuve, 
aconsejando al rey aquella carta cual lo requería el 
honor, no menos que la seguridad del trono socava- 
do por traidores, pero que podia traerme, cual me 
trajo, la indignación de Bonaparte, ¿fué la de un 
hombre seducido ó deslumhrado por la soberanía de 
los Algarbes? Y aun hubo mas, porque, aun después 
de lo ocurrido con nuestro embajador, como este hu- 
biese dicho al emperador que don Eujenio Izquier- 
do habia tenido carta mia por el mismo correo de 
gabinete que trajo la del rey, mandó aquel que el 
mariscal Duroc buscase á Izquierdo y viese el modo 
de saber su contenido. Izquierdo la mostró á Duroc, 
y sin acobardarse quiso dársela para que el empera- 
dor la viese por sus propios ojos. Duroc se conten- 
tó con una copia : en esta carta hacia yo á Izquier- 
do para su gobierno una sucinta indicación de los 
sucesos y de los manejos de Beauharnais, resultan- 
do que el emperador vio en ella la confirmación de 
la del rey. 

Cuatro dias continuos duraron luego los coloquios 
del príncipe de Benevento, del mariscal Duroc , y 
del ministro de negocios estranjeros con Izquierdo 
sobre aquel asunto, sosteniendo este dignamente y 



i 22 ][£MOBIAS 

coD sagaz firmeza la independencia y el honor de 
naestro gabinete, hasta qne al fin, después de mil 
rodeos para escusar las iras del dia 11, y echar agua 
sobre el fuego leyantado de ambas partes^ partió el 
emperador para la Italia , mandando á su ministro 
comunicase á Izquierdo los artículos ó cláusulas si- 
guientes: " 1.® Que el emperador pedia muy de ve- 
» ras , que por ningún motivo ni razón , y bajo nin- 
»gun pretesto, no se hablase ni publicase en aquel 
» negocio C/Osa alguna qne tuviese alusión i su perso- 
»na ni á su embajador en Madrid , y que nada se 
» actuase de que pudiese resultar indicio ni sospe- 
»chá de que el emperador ni su embajador en Ma- 
7) drid hubiesen sabido cosa alguna interior de £s- 
>) paña, ni intentádola, ó coadyuvado á ella. 2,^ Qae 
)>si se hiciese lo contrario , lomiraria como, una ofen* 
» sa á su persona, que tenia medios de vengarla, y 
oque la vengaría. 3.<^ Que el emperador declarabí 
T) que jamas se había mezclado en cosas interiores 
)}de España, y que aseguraba soleihuehbnte qoñ 
n jamas se mezclaría ; qae nunca había sido su pen- 
» Sarniento qne el principe de Asturias se casase cod 
»una francesa, y mucho menos con m^xdemoiselU 
S} Tascher de la Pageríe, sobrina de la emperatriz, 
» prometida, había mucho tiempo^ al duque de Arem' 
»berg; y que no se opondría, como tampoco se 
» opuso cuando lo de Ñapóles, á que el rey de Es-- 
^1 paña casase d su hijo con quien tuviese por acer- 
tado. 4.<> Que M. de Beauharnais no se éntreme^ 



DEL PBÍnCIPB DE LA PAZ. 123 

» teria en asuntos interiores de España ^ pero que 
»el emperador no le retiraría^ y que nada debería 
» dejarse publicar ni escribir de que pudiera inferir- 
«»se cosa alguna contra aquel embajador.... 5.® Y 
)) principalmente que se llevasen á ejecución estríe- 
»ta y prontamente los conrenios ajustados el 27 de 
^octubre último; que no hubiese pretesto para dejai* 
j» de enviar las tropas prometidas; que no faltasen 
» estas en ningún punto, y que si faltasen mirdrria 
»esta falta como una infracción al tratado." 

Por este resultado que tuvo el incideule de ambas 
cartas, la del rey y la mia, cualquiera observará que, 
cuando estaban de por medio la seguridad y digni-^ 
dad del trono, yo no contemplaba al formidatbleéinaf'^ 
perador, el cual fué visto de qué modo se halló des-> 
concertado, y en la necesidad de dar esdu^as entre 
sus mismas amenazas^ negando y renegando la 'evi- 
dencia de los hechos con que el rey le habla ar- 
güido. ' ' 

Pero, en medio de estas cosas, el mal quedaba sieíiH 
pre por el duro caso en que los tnaniobrístas dfe la^ 
traiciones comenzadas habiati puesto los respetos del 
monarca de la España. Una cuestión . penosa s'e te^ 
niaá los ojos: ¿debia escribir el rey al orgulloso 
emperador para templar aquel enojo que le habiar 
mostrado? ¿I>ebería el rey hacerlo en formas diplo- 
máticas imitando el mismo modo de que habia^ usa^ 
do Bonaparte en sus esplicaciones , y en ^ns escu^s 
y promesas? ¿Seria mas conveniente para evitar ¡ett- 



124 MEHOHIAS 

cuentros y disgastos nuevos, que el rey le diese es- 
plicaciones por su parte con otra carta de su puño? 

S. M. se decidió por escribirle; pero aun se 
presentaba otra cuestión mas espinosa. IXapoleon 
babia tocado la rechinante cuerda de las pretendidas 
bodas de Fernando, haciéndola sonar de una mane- 
ra que indicaba estar herido su amor propio: dejar- 
le sin respuesta, ni aun de cumplimiento^ acerca de 
este punto 9 equiyalia á un desprecio meditado; era 
forzoso decir algo , y no chocar contra el orgullo y 
el despecho del que se acordaba tódaTÍa de las bodas 
presurosas de la infanta doña María Isabel con el 
príncipe de Mápoles: ¿á quién la culpa de que el rey 
se hubiese hallado en tan desagradable y humillante 
compromiso? 

La carta fué enviada, tan circunspecta y digna 
en su contesto del que la escribía, cuanto era mas 
violento el sacrificio que este hacia sobre si mismo. 
Decía en ella á Bonaparte que , al diríjir sus quejas 
de la conducta tan estraña que había tenido su en- 
viado en nuestra corte, no había sido su intencioD 
atribuirle ni la mas pequeña connivencia con aquel 
ministro; que, persuadido, como estaba , de la inti- 
midad y de la franqueza con que entrambos debían 
comunicarse entre si mismos, sin personas interme* 
días y sin ruido, cuanto en asuntos reservados con- 
viniese para su buena inteligencia, le había escrita 
en derechura el estravío de su representante, no 
menos ofensivo á los respetos del alto soberano i 



DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 125 

quien representaba, que á los de aquel cerca del 
cual tenia su residencia; que, atento siempre á la ne- 
cesidad de mantener el real decoro de las dos coro- 
nas, habia cuidado de correr un velo desde el prin- 
cipio mismo de los sucesos ocurridos sobre la parte 
que Beaubarnais habia tenido en ellos, sin aguardar 
se le pidiese ó eiijiese esta medida de prudencia; 
que la infidelidad de su enriado se bailaba descu- 
bierta por las revelaciones del príncipe de Asturias^ 
confirmadas por las declaraciones de sus culpables 
consejeros; que el grande sentimiento que lehabian 
causado estos manejos, no era tan solo por la injuria 
que por ellos se babia becbo á su persona, sino tam- 
bién , j en igual grado, porque, en vista de estos tra- 
tos clandestinos, se podia pensar que la reserva de su 
hijo tendria por causa disposiciones enemigas de su 
padre con respecto i la persona del que trataba tan 
sinceramente como amigo j aliado, ó con respec- 
to á su familia y á su casa; que buen padre y 
buen amigo , S. M. no se babria opuesto á la alian- 
za que su bijo deseaba, j que, en suposición de que 
, pudiera realizarse, S. M. daría su pleno asenso; que 
en todo lo demás debia el emperador tener por 
ciertas j constantes sus disposiciones para la ejecu- 
ción de los tratados concluidos j comenzados á cum- 
plirse, sin dudar de su amistad probada largo tiem- 
po, la cual jamas por parte suya seria desfallecida 
por ningún evento ni por ninguna queja de un or- 
den subalterno. 



126 MEMOAUS 

üNapoIeon, después de muchos dias, contestó al 
rey desde Milán á aquella carta. üNegaba en ella to- 
davía que por la mano de Beauharnais ni de ningu- 
na otra persona hubiese recibido carta alguna del 
príncipe de Asturias, y daba luego esta salida de 
que, si bien pudo haberla escrito el principe, y ha- 
llarse persuadido de que su carta fué enviada, cier- 
to de lo primero, no podia estarlo de esto último, y 
que sin duda alguna le engañaron los que habian 
montado aquella intriga. En cuanto á bodas respon- 
dia con otro cumplimiento semejante ai que le tuvo 
Garlos IV , y le decia que en cuanto fnese condu- 
cente para estrechar las relaciones del imperio y de 
la monarquía española, le hallaría el rey pronto, 
siendo entretanto su principal deseo que el príncipe 
de Asturias volviese á hacerse digno de su paternal 
benevolencia. 

Un mes después, á poca diferencia, le regaló el 
emperador dos tiros de caballos, y le escribió de 
nuevo finamente, dándole quejas amigables de que 
no hubiese vuelto á insinuarle cosa alguna sobre en- 
lace de las dos familias, por el cual, decia, podría 
aumentarse la unión, la fuerza y el poder de en- 
trambos dos imperios para dar la pai^aL mundo. Es- 
cribía asi para dorar los grandes desafueros con que, 
violando los tratados, de cuya ejecución se había 
mostrado tan celoso, bacía inundar el reino con sus 
tropas. 

La guerra, en tanto, del partido ;que sostenia 



DEL PBlNCIPE BE LA PAZ. 127 

Beauharnais, y á la cual servia de lema y de divisa 
el nombre de Fernando^ mas descubierta y arrojada 
cada dia que iba pasando^ cobraba fuerzas nuevas. 
Yo era el pretesto de ella; su objeto. Garlos IV. 
Cuantos esfuerzos caben en persuasión humana, 
otros tantos puse en obra porque S. SI. me permi- 
tiese retirarme. « Se necesita , dije al rey ^ un nuevo 
» ministerio , grandemente respetable, que, comr. 
jí> prendiendo bien la situación presente, pueda ha^ 
jDcer rostro, dentro y fuera de la España, á toda 
o suerte de enemigos; se necesitan hombres nuevos 
» y de buen tamaño, de corazón muy gi^ande, bom~ 
i>bres no espuestos de antemano, ni á los tiros de la 
)> envidia, ni á la malevolencia de ningún partido, 
ji> libres de amor y odio en cuanto á las personas, de 
» nadie temerosos, é inaccesibles á la intriga de don- 
)) de y como quiera que viniere. Esta elección no es 
J!>muy difícil; los buenos españoles abundan donde 
» quiera, y saben acudir á su monarca.» Y el rey 
me respondia : « O los ministros nuevos serán des- 
» agradables al emperador de los franceses , ó le se- 
D rin gustosos: si fuere lo primero, buscará modo 
)>de apearlos: si lo segundo, será porque los halle 
» favorables á las ideas que tenga en su cabeza. Con, 
» la, facción que sorprendió á mi hijo, mientras esta 
»se encuenti^e alimentada y sostenida^ por Beauhar* 
»nais,. sucederá lo mismo: cualesquiera personas 
» que yo nombre ,. no siendo de su bando, dirán que 
» son hechuras tuyas, é intrigarán en contra de eUasy 



128 HEHOEIAS 

j» y no serán tan fuertes como tú lo has sido para 
j» contenerla tantos años, o 

Y sin embargo yo insistía y le propuse al rey que 
al tenor de los tratados concluidos, y asistido de los 
jenerales Taranco y Solano , cuyos talentos y yirtn- 
des militares igualaban su lealtad al trono, tomase 
el mando superior de los ejércitos, Ueyándose consi- 
go al principe Fernando, y ocupándole en la guerra. 
Su Majestad me opuso sus achaques, las circunstan- 
cias nada propias y adecuadas para ir á figurar á la 
cabeza de un ejército , donde los jenerales estranje- 
ros, franceses de otros tiempos muy diversos, no 
prestarían á su persona sino un respeto de etiqueta 
y de apariencia , junto con los desdenes y desaires á 
que podria encontrarse espuesto en tal teatro donde 
al cabo de sus años> sin esperiencia alguna de la 
guerra, iría á estrenarse. 

Y como yo le instase y le dijese qué la facción no 
desmayaba en sus intrigas y en las difamaciones que 
me hacia por todo el reino de que yo tenia jurada 
la perdición del principe, Garlos IV hizo llamarle 
por mas que yo le suplicase no lo hiciese en mi pre- 
sencia, y mostrándole el empeño que yo hacia por 
retirarme: "Su solo fin, le^dijo, es que la paz, tan 
«necesaria en todo tiempo, y al presente mas que 
«nunca, no se perturbe por su causa. De ti estoy ya 
«cierto; me has dado muchas pruebas estos dias de 
» tu sincera vuelta al seno de tus padres y de tu hor- 
«ror á los malvados que consiguieron engañarte: yo 



DEL PRinCLPE DE LA PAZ. 129 

MqnierQ darte otra^por ñiparte d& que me fio de^ti- 
» y preguntarte esta» dos cosas: la primera, si pien^^^ 
» sas tú que esté.^ía. handidav ya callada ésa facción 
»qne se. jactaba de teñeÉrto. á sn cabeza y que, jCaal tú; 
Jime bas dicho, baciajra largo tiempo qoe^trabajabai 
>»en dividirnos y ea^atentar á mí gobierno: k se- 
» gunda^ si. será, nn.medio conveniente, en ta mane^^ 
»rá dé.pensaryparai acabar de desarmarla > que á^ 
i^Manuel le conceda s^retñro/' > 1>. up 

"' — ¡Padre mió! {padre mió t dijo Fwnando/kcom--i 
apañando susvpalabrps^con la espresion mas TiVa y 
ytüex&axdflbsas oJG^j'e} qn&^me ba vuelto á vuestra 
j» gf aoiii'dnaqdo nie' hallaba tan^jenp de lograrla , no. 
>»d«h&'.l^uíleá) sepsf^árse da nosotros." Y^ asiénd(HnJ> 
ima JÉma^ y asomándole las;lágrimas, coa voz ei^ 
(recortada prosiguió diciendo: *' He visto el precipi- 
^ocioidondefaabia caido/ y he conocido bie^'Ias roH 
» des que; me fueron pnestas ; nadie podrá salvarnos 
Misino el mismo qne» por lautos años nos ha librado 
i)4e las garras de la Fraótcia, y que con solo su pru^ 
Videncia ha contenido á los perversos:» no hay que 
j»itpmer 4 esQ> partido; ¿quién son elles, ni qni^n pu^ 
D dier» SK^sienerlo^ en medio de nosotros, unido yó 
j» como lo: estoy icón ¥« M »» t ta|i firmemente y récla¿- 
limando los castigos quo merecen tales picaros?" '^ 
Otras mil cosas como estas dijo el principe abra-^ 
zándome: >yo le correspondí como debía ^^^piéro me 
guardó de repetir »en su presencia la to^idad' de los 
motivos ^i. que yo fiiudaba la necesidad de retifar^ 

9 



^ 



130 MXHOBUS 

me, temiendo no llegasen á noticia de Beaoharnais, 
no porque jo dudase que en aquel momento no fue- 
sen yerdaderas las palabras de Femando; mas no 
podía, desconocer que su albedno se hallaba trabaja- 
do por. dos. fuerzas en direccíooi opuesta , y no era 
fácil acertar cuál triunfaría* £1 rey creyó mas pode- 
rosa la da un padre> y se afirmó en negarme lo que 
con tantas ansias le rogaba: ni á derecha ni á iz- 
quierda había camino para mi por donde huir los 
duros fallos del destino. . ' . ; 

Tras na día malo» otro peori^ y peor que esta 0I 
que seguía, creciendo esta^ peocias en progresbn 
jeométríca. Sin que hubiese Tenido á protejeró i 
disputar el Portugal espedicion alguna de Inglaterra, 
sin preceder ningún conyenió nueyo, y sin peür ni 
aun por decoro nuestra venia ^ he allí entrar, cual 
por su casa, por la nuestra, nuevas tropas iinperiales, 
y agolparse otras mas en la ficontera para seguir mi- 
trando sin verse el ñu de la iqrupccion que comen- 
zaba. Mi postrera esperiencia dé la llaga que s& abría 
en loa corazones, fué hecha entonces. Gon .grande 
asombro mío no^ que nadie se alarmaba :, y vqne 
hasta los- ministros se esforzaban para tranquilizar á 
Garlos ly. A duras penas conseguí que. se tuviese 
sobre aquella grave novedad na consejo estraor- 
dinario. >.^ : <;/,, 

Pedí yo en él que, señalando al gabinete' francés 
como una prueba de nuestra confianza y amistad no 
haberse opuesto resistencia á diez mil hombres que 



DEL PRtnCIPB DE/ LA PAZ. 131 

sobre el número fijado en el conyenio de Fontaine- 
bleau, y sin convenio nuevo de las dos cortes alia- 
das, habían atravesado la firontera, se le exijiese sus- 
pender la marcha á España de otros catorce ó q[uince 
mil que parecian seguir üras de ellos, hasta que, vuel- 
to ya el emperador, se entendiesen nuevamente en- 
trambos dos gobiernos; bien entendido que la Espa- 
ña no se encontraba en iHtuacion de proveer maáter 
nimientos á mas tropas , y que ademas no le era 
menester auxilio alguno para guardar sus costas 
como antes lo había hecho en diferentes casos con 
mucha gloria suya propia , á la cual no era honroso 
renuncíase: tanto mas todo esto, cuanto d peligro 
que debía pararse no era grande, puesto por una 
parte que la 6ran*Bretaña, por mas que se esforzase 
en aquella actualidad, no nos podría oponer tal nú- 
mero de tropas que balancease las fuerzas combina- 
das españolas y francesa» puestas ya en campaña , y 
visto por la otra , que todo el Portugal se hallaba 
sometido y resignado de un cabo á otro de aquel rei- 
no; motivo por el cual, en vez de tropas y mas tro- 
pas que sin necesidad gravasen á aquellos pobres 
habitantes, el mejor modo de guardarle y conservar- 
le sin alterar los ánimos, era contar con el país y 
gobernarle como un pueblo amigo ^ de la manera 
misma que por parte de S. M. G. se estaba practi- 
cando en las provincias que ocupaban las divisiones 
españolas; diciéndose ademas que el rey de España» 
fiel y constante cual fSe hallaba cnanto al exacto y 



132 MEMORIAS 

esmerado camplimiento de los tratados concluidos, 
pedia su ejecución del mismo modo por parte de la 
Francia, y concluyendo en fin que, mientras los su- 
cesos ulteriores no hiciesen. necesario se aumentasen 
las fuerzas militares por entrambas partes, ni prece- 
diese para ello el mutuo acuerdo de una y otra como 
estaba estipulado, se inyitaria por parte nuestra al 
jefe del segundo cuerpo de observación de la liron- 
da á suspender su marcha para España, y á «sperar 
las nuevas órdenes que, en armonía sin duda con Us 
nuestras, le diñan que hiciese alto en su camino y 
se abstuviese de internar ma$ tropas» 

Tan moderada y circunspecta como esto que re- 
fiero, fué la propuesta que yo hice en. el consejo para 
no espantar los ánimos, y conseguir alguna cosa tras 
la cual podrian venir después otras mejores por sos 
propios pasos; pero fué tanta mi desgracia que hasta 
al rey le tuve en contra. Guando hube ya acabado, 
diríjiéndome su voz, me dijo estas palabras: "Lo 
»que propones es lo justo, lo debido y lo que exije 
Del honor de mi. corona; mas ¿qué se hará después, 
»si el emperador insiste en que entren nuevas 
«tropas?" 

** — Señor, respondí yo, negar la^ entrada con fir- 
»meza mientras ningún motivo poderoso previsto en 
»el tratado pueda justificarla." 

*' — Y si las manda entrar no obstante, añadió el 
i>rey, ¿qué es lo que podrá hacerse?" 

" — Defendernos, si i tal se atreve en casa ajena 



DEL PRINCIPE DE LA PAZ. 133 

jDsia ningau motivo verdadero, dije al rey, hablar á 
» la nación, decirle lo que pasa , fiar en Dios, en 
» nuestra buena causa, j en España. " 

" — ¡Resolución heroica y pero desesperada!" es- 
clamó el rey; y en seguida hizo señal para que ha- 
blase cada uno por su turno. 

Todos los pareceres fueron uniformesi en igual 
sentido que habló el rey, y yo me quedé solo sin 
ningún apoyo. Y hubo mas, que un ministro, el de 
marina , el bailio Gil, muy grande amigo mió mien- 
tras mi suerte fué propicia , se arrojó hasta el estremo 
de decir, "que cuando en todo evento presumible, 
» Napoleón mal informado tuviese alguna queja de 
» personas, no podia ser de ningún modo contra su 
» majestad á quien ante la Francia y ante la Europa 
» entera tenia prestados tan grandes testimonios de 
» amistad y de refspeto: mas que, temiendo acaso ha- 
jt> llar quien se opusiese en nuestra corte á sus com- 
»binaciones y proyectos contra la Inglaterra, ó quien 
» desconociese sus intenciones manifiestas de estre- 
» char sus relaciones y partir su gloria con la Espa- 
¿> ña, no era una cosa de estrañar que se toncase una 
» licencia á que ya estaba acostumbrado con sus dq- 
Dmas amigos y aliados, sin intentar por esto depri- 
» mirlos ni dañarlos, sino al contrario engrandecién- 
» dolos y poniéndolos mas altos." Estendióse después 
á pincelar, á su manera, con los colores .mas som- 
bríos, el resultado de la guerra que podj^^^ encen- 
derse, y concluyó llorando y protestando vivamente 



134 HBHOBIAS 

no querer hacerse responsable por su voto de los 
tremendos males que yenír pudiesen sobre España, 
por empeñar un choque en tales circunstancias con 
el emperador de los franceses (i). 

im respuesta á este ministro fué una advertencia 
inútil á los que estaban ciegos. "No es mi intención, 
ules dije, hacerme muy cansado; pero d^o respon- 
» der alguna cosa á lo que he oido. Por no empeñar 
jiun choque ahora, en este tiempo que ha llegado y 
»jo tenia previsto , quise empeñarlo hiace ya un año, 
»y me hallé solo como aliorai... mas que esto toda- 
» vía... lo que intenté yo entonces y pudo ejecutarse 



(1) No hay mayor enemigo que mi ingrato» Gnando la jmi- 
ta suprema de gobierno acordó en abril de 1808 mi salida de 
la prisión, donde el partido vencedor me guardaba para hacer 
conmigo nn acto de fe segnn la antigua tisanza en el adveni- 
miento de los reyes al trono « el baiUo Gil se opnso vivamente 
i aquel acuerdo, y votó en contra. El conde de Toreno le ha 
alabado de aquel rasgo de firmeza; pero no ha contado que es- 
te mismo individuo Iné uno de los miembros de la misma junta 
que poco tiempo después , en 13 de mayo siguiente, firmó la 
Esposidon dirijida á Napoleón para darle gracias de qne se 
faobiese dignado resolver que un principe de sa familia viniese 
á ocupar el trono de las Españas, diciendo, entre otras cosas, 
cpie la mayor prueba de amor qne nuestros reyes y principes 
hablan dado á la nación , era la de haber renunciado en sus 
manos todos sus derechos. Mas ingrato que conmigo fué el 
ministro Gil con sn nuevo rey Femando. (Véase esta Esposi- 
don en láf-coleccion de Llórente, núm. 62, tomo n de sus Me- 
mofúis.) 



BEL PRÍNCIPE DR LA PAZ. 135 

JDCOU fortana casi cierta, hoy se me caenta como un 
»yerro. 

)>!Nada ignoro de lo qae dicen y 9e niormalla en 
» todo el reino, que yo solo soy «1 blanco de las que- 
i> jas ó del odio del emperadcur de los franceses; y en 
j» verdad ye no dudo de que el emperador me mire 
» mal, pues que jamas he sometido, en cuanto ha es. 
» tado de mi parte, nuestro interés al suyo. {Pluguiese 
»á Díq;$ que fuese cierto eso que dieenl porque el 
» remedio estaña enUteces en la misino >, remedio,! si lo 
» 6sv que yo he pedido tantas vec^^y estoy pidiendo 
ttcon mas ansia cada dia;qde.pa6a. ! 

«Mas, como quiera: que ella sea^ y cuánta fiíerie la 
»mala yólüntad ó.lá enemiga que el jeniperadqr me 
j» tenga , no 'puedo persuadiripe que acerqáe:> tanta 
' » jente y que viole los tratados con el ^lpijobgct¿ de 
»liacerine á mi: la guérraé jDaria ínuy mala iddsile 
» su .poder si no creyese que bastase áderrftas el 
>imio una tan sola insinuación de parte, saya. Podré 
» ser el pretesto que Fe cuadre pava encubrir sus'mi^ 
i>ras sobre España; pwo lajTealidadladirá^ tiem- 
opo si no se toma mas camino que mostrarle coilatiM 
» za y abrirle nuestras puertas como h¡a tiene abíéttai 
oen toda la Alemania^ AUi á lo ménos.no hi(^y Bor*- 
»bones.... queda solo una rama de esta laslilia ad-*' 
» gusta ^ y esta |;an sola rama esla de Espaiiiií/i<'<' •> 

» Omito aquí el hablar de otras espeoieié ^e ¿ii^ 
» calan y no soa para este «sitiof siola)43ré^>una o6sa 
)>que es de esencia, y esvqu&'si^ rey, naes&b)iíeñoí) 



136 HEMOKIAS 

nque está presente , no inspira confianza al soberano 
» de la Francia, mal la podrá inspirar cualquiera otro 
en qae se piense, por algunos, No hablo de nadie 
»aqui presente; pero los hay en otras partes qoe lo 
üi sueñan. Estos ensueños son mnj áialos, porque 
i> podrán entretener la opinión pública, dar una mala 
» confianza, y adormecer los ánimos en medio del pe- 
»ligro. ^ 

» He dicho mas que* no pensaba ; concluiré soto con'. 
D decir, sin necesidad- de hacer protestas, que si te 
•deja entrar ma3 tropas y sobreriene una catástrofe, 
»la postrera injusticia y la mas jg^andede mis ene- 
Amigos será tal yez, sécalo ciertamente, de hacerme 
» responsable de cuapto aconteciere, cual si noha- 
Dbii^a hecho cosa idguna ni querido hacerla para 
«saltar la patria y la corona de mis reyes. ]Ho tendré 
«entonces mas defensa que el testimonio augusto de 
>>6U8 majestades, y el que me sabrían dar en tal es- 
» tremo vuestras escelencias, sí tan funesto porvenir 
Mcomo entisveo. Dios no lo quiera, se cumpliere.» 

En tan resbaladiza situación yolvi á pedir á Gar- 
los lY mi retiro. ¿Quién que me lea de buena fé (lo 
he dicho en mis Memorias y otra Tez lo digo), quién 
poáirá areec que alguna especie de ambición me re- 
tuviese todavía de propia voluntad cabe la orilla de 
un abismo que se abría para tragarme > sin que siquie- 
ra ;fuea^ diieña de poner delante de él alguna valla, 
rodeado rdo.ébemigos cual me hallaba^ tibios y ame- 
drentadcm los que podían} Uamarse amigos, contraria 



DEJL PRÍHGIPB D£ LA PAZ. 137 

ya la corte toda y el rey mismo á mis consejos? Mas, 
mientras mas difícil se hacia mi posición, mas me 
amarraba Garlos IV al pié del solio cercano á des- 
plomarse. 

!No pasaron dos días sin que ya se supiese y refi- 
riese en todas partes cnanto habia pasado en el con- 
sejo , formándose argumento sobre esto de qne mi 
caída era infalible, visto que Garlos IV habia dado 
tan gran muestra de sustraerse á mi inftnencia. Faltó 
solo escarnecerme cara á cara, pero llorieron los anó- 
nimos cargados de rechiflas, de insultos y amenazas. 
Tal vez podrá pensarse que pondero cuando cuento 
aquel estado de impotencia en que mis enemigos me 
pusieron para defender mi patria , estraviando la 
opinión de la manera qne lo hicieron , volviéndome 
el ludribrio de la España, y concitando contra mí 
las pasiones y los odios de mis conciudadanos enga- 
ñados. Pero tengo un testimonio de estas obras in- 
fernales, dado por el mismo que estaba á la cabeza 
de aquella inicua bandería que cansó tan grandes 
males á la España. Esta revelación la debo al mismo 
Escóiquiz, que, en su Idea sencilla (capitulo I), des- 
pués de suponer que mi ambición produjo en todos 
los españoles, y particularmente en el principe de As- 
turias, la sospecha de que yo aspiraba al trono (1), y 



dkt^ 



.1 . " I 



{i) El antor y promovedí» d»: esta espsú&f^ae^ Ibtma 
sospechan no fué otro que él mismo, el cual atmnnei^ óon 



138 MEMORIAS 

qae por esta causa el principe se vio obligado á en- 
cargarle se valiese de todos los medios posibles para 
precaver tamaño atentado , sigue contando de esta 
suerte: ((Pasé en consecuencia sin perder instante á 
» Madrid, en donde practiqué las dilijencias y tomé 
Días medidas qne pueden verse en la famosa cansa 
i>del Escorial. Una de ellas fué la de tratar con el 
» embajador de Francia , conde de Beanhamais, en 
» secuencia de ciertas proposiciones secretas de amis- 
»tad y confianza hechas de parte del emperador sn 
j»amo ad principe de Asturias sobre el proyecto áe 



ella por espacio de mas de diez años los oidos del priócipe 
Femando , j enjendró en su (^razon aqael odio capital de qae 
fui víctima, tan arraigado y tan tenaz, qae coü él bajó al se- 
pulcro. De esta atrocísima calumnia no he puidado de defeUr 
derme en mis ñfcTnorías, ¿ Quién que conozca España podrá 
imajinarse <jae un particular, por mas rudo y temerario qoe 
fuera, pudiese aspirar al título de rey, y á reinar entre igoalesf 
I^apoleon mismo no habría podido hacer entre nosotros lo qoe 
hizo en Francia. T sin embargo , esta calumnia , á fuerza de 
ser tan absurda é increible , fíié una de las armas con que mis 
enemigos me combatieron á muerte. M. de Semonville decía á 
propósito de este jénero de calundas exorbitantes: **Si nn ene- 
»nigo me acusara de un crimen ordinario , por mas atroz que 
m fuese, acudiría sin turbarme delante de mis jueces, y no 
n perdería mi tranquilidad, seguro como estaría de mi inocen- 
11 da; pero si me acusaran de que había robado las dos torres 
ndela catedral^ me echaría á correr j á ponerme en salvo, 
litsiiieroso 4eloastigo qoe podría veniíme sin hallar núseríeor- 
üdia en nadie.*' 



DEL PEÍKGIPB DB LA PAZ. 139 

» casar á S. A. con una princesa de su sangre impe- 
lí rial. Las esplicaciones de dicho embajador, á quien 
» estudié con el mayor cuidado, me parecieron sin- 
Dcwas, 7 lo eran en efecto de sn parte, pensase ó 
»no pensase de otro modo su gobierno, pues me 
» consta ({ue estaba persuadido el espresado embaja- 
» dor de que no hacia mas que seguir sus yerdaderas 
» miras. 

ce Estas eran tanto mas probables para mi, conti- 
D nna Escóiquiz, ciuinto las confirmaba entonces la 
» voz que corría por toda la España de que el empe- 
drador Napoleón, irritado contra la perfidia de 
i>don Manuel Godoffj á quien achacaba justamen- 
n te la proclama hostil é intempestiva publicada 
jt> contra él poco antes de la batalla de lena^ com- 
a padecido de la preocupación del señor don Car- 
» los I Papara el tal favorito j, estaba empeñado en 
ni desengañarle^ en privar al favorito de todo su 
n^ influjo j en remover á la reina ^ aun mas engaña- 
» da por élj del manejo de los negocios ^ y en vol- 
n ver á escitar en el rey padre el amor paternal 
»y la confianza para con su hijo el príncipe de 
» Asturias, contando con esto asegurarse totalmen- 
» te de la fidelidad de la España en su alianza. Con 
» efecto j todas mis observaciones y noticias debian 
» persuadirme que esta voz era fundada {i), y por 

■ ..i.iT 11 .1 ■ n» I ■ I I I I 

(1) En este lugar (pajina 11 ) se hace llamada á nna nota 
en qae dice el mismo Escó^iiiiz lo que signe: E$ta voz fué tan 



140 MBMOBIAS 

» consiguiente que las espticciciones del gobierno 
» francés por su embajador eran sinceras ^ pues no 
apodia adoptar un sistema mas favorable á sus 
» verdaderos intereses qub el bb bbmoyeb á uk ers- 

» HIGO DEGLAEABO (1), ABQUIBIB UN TOTjO* INFLUJO SO- 



notoríay universal en aquella época ^ que no necesitan mis 
compatriotas, que se acordarán de ella, que se la pnie66.No 
necesito llamar aquí la atención de mis lectores sobre la tos- 
quedad, la incorrección j trabajosa contestura del estilo de 
este malaventorado sacerdote, pues es cosa qae salta á la vis- 
ta^ lo mismo en este lagar que estoy trasladando que en todos 
los demás de su Idea sencilla ^ cajo epíteto puede solo coüto- 
nirle por ironía: otra cosa merece mas ser notada, y es la san- 
dez con que pretende bacer creer que aqaella voz le llego del 
pueblo, habiendo sido él su autor j promovedor por sí, y por 
sus demás amigos j ajenies de la facción , de la caal él y el 
duque del Infantado eran los ]^rincipales caudillos. Nadie, loera 
de Escóiquiz , Infantado y algún otro confidente , tuvo relacio- 
nes íntimas con el embajador francés» y de consiguiente nadie 
sino ellos y algunos dependientes de la embajada con quienes 
estuviesen de acuerdo, pudieron ser los autores délos rumores 
estendidos de boca en boca por todo el reino : llegáronle , sin 
duda, también del pueblo, pero como un eco de los que A 
habia movido. 

(1) Salutem ex invmicis nostris^ et de manu omnium qw 
oderunt nos. Todo el odio que contra mí suscitaron mis ene- 
migos en las grandes masas de la nación procedió de haberles 
hecho creer que yo habia vendido la España á Bonaparte; ca- 
lumnia atroz que no solo fué funesta para mi , sino también 
para nna mnltítad de españoles , dignos hijos de la patria y 
servidores suyos iMhtisiinos, que fueron asesinados parlas 



DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 141 

» BBB üN BEY AMIGO (1), y prepararse en su heredero 
nun aliado inseparable^ poderoso^ y necesario 
» para contrarestar el despotismo maritmo de la 
» Inglaterra su rival j estrechando su amistad con 
» servicios tan importantes y anticipados j y con los 
n vínculos de la sangre (2): tal fué el primer fun- 
» damento de la confianza que dividió (3) conmigo 
» toda la nación en la rectitud de las miras del go- 
» biemo francés en aquella sazón. 

((Creció esta confianza en mi (signe todavía Escói- 
n qniz) como en todos los españoles por la enemistad 



eii£[auadas plebes» sin otro motivo que haber sido amigos mios. 
I T he aquí el gran cuadrillero de todos mis contrarios , que 
seis años después me reconoce en letra de molde por un ene- 
migo declarado de Bonaparte ! ¿ Quién , sino una justa Provi- 
dencia de los cielos, pudo haber movido la pluma de Escóíquiz 
para hacer esta confesión, sin que él lo pensase, en favor 
nioP 

(1) • Luego antes no tenia un influjo entero: luego nuestra 
corte no le estaba vendida en mi tiempo: luego cuando ellos pa- 
ra perderme dijeron lo (contrarío, fueron calumniadores j ase- 
anos ó fautores de asesinos. 

(2) Luego faltaba mucho en el reinado de Garlos lY para 
Uenar los deseos de Bonaparte: luego Garlos IV no era un alia- 
do inseparable: luego necesitaba Bonaparte prepararse en Fer- 
nando un amigo mas servicial y complaciente: luego en opinión 
de Escóiquiz convenía que se estrechase esta amistad con los 
vinoubñ de la sangre para servir mejor é Bonaparte. 

(3) Participó^ quiso decir Escóiquiz con este galicismo, 
ann mal hecho, de que usa escribiendo dividió^ por poríoyea. 



142 HEMOBIAS 

»const<mée del embajador francés contra elprinci- 
» pe de la Paz (1)^ y por su conducta en favor del 
Tü príncipe de Asturias y de los implicados en la 
» causa del Escorial hasta su conclusión^ y subsis- 
» tió la misma confianza hasta la época del tumul- 
»to de járanpiez y de la abdicación de la corma 
» hecha por el señor don Carlos IP^. » 

Si se necesitaran mas testigos para apoyar esta re- 
lación de Escóiquiz, serian muclios, al escojer, los 
4ue podria producir en este lugar de entré los mis- 
mos escritores de sa pandilla; pero bastará ceñirme 
á trasladar un testimonio de igual autoridad sacado 
de la Historia de la guerra de España contra Na- 
poleón Bonaparte por una comisión ministerial de 
militares, sobre la cual he hablado ya otras veces (2): 



(1) Esta enemistad constante de Beauhamais conmigo en 
una prueba de que el emperador no era mi amigo , ni yo sayo. 
Si me hubiera yo prestado á sus deseos y á sus capricbos, bien 
se habría guardado aquel embajador de hacerme guerra: m 
Beauhamais ni nadie de los que Bonaparte empleaba en sn ser- 
vicio eran hombres que osasen separarse, ni en nn tilde, de 
sus instrucckmes. 

(2) En mis ñfemorias tengo advertido, y vuelvo á advertir- 
lo en este resumen , que no poseyendo sino mía tradoccioi 
francesa de esta obra , publicada en Paris en el afio de íBii 
por un indÍTÍduo que^ sin decir su nombre, solo se mamfiesti 
con el títnlo de testigo ocular^ hago nns citas con relaeioiii 
ella. Este pasaje de dicha obx9. se encuentra en el libro I» pa- 
jinas 228 y 229. 



DEL PBlNCIPE DE LA PAZ. 143 

« £1 jeneral Dupont» cuentan estos autores, coman- 
D dante del segundo cuerpo del ejército de la Jironda, 
» entró en Irun el 24 de diciembre, aunque, segtm 
»el tratado^ la entrada de aquel cuerpo no debiese 
tt tener lugar sino en el caso de morerse los ingleses 
ü para defender al Portugal, en lo cual no se estaba, 
» puerto que el bloqueo del Tajo no podia calificar- 
D se d¡Q defensa de aquel reino, ni menos todaria las 
]^ simples amenazas de un desembarco al occidente 
ii4e aquel reino. Se reunian al mismo tiempo nueras 
» tropas en el departamento de los Pirineos orienta- 
» les, j cada dia se descubría mas claramente un pro- 
» yecto de invasión ; pebo , conyeiígidos los ESPAfio- 

» les de que las TEOPAS FBAIVGESAS YENUN DESTinA- 
DAS PABA OBBAB Elf FAVOB DEL PBINCIPE DE AsTUBIAS, 

a y aunque no viesen con placer aquellas tropas es- 
ntranjeraSj las trataban cfon una sincera cordiali- 
adadj, y no se quejaban 4e los sa^ificios indispen- 
a sables que pedia su subsistencia. i> (1) 



(i) Se me ofrece aqui la ocasión de confirmar lo que dije 
poco antes en otro lugar, de qae el plan de la facción, por mas 
qae me bi]l>iíese tomado k mi por protesto , iba trazado princi- 
palmente y como de rechazo contra Garlos IV. He aqoi cerca 
de esto mis inducciones perfectamente fundadas: si la facción 
y los pueblos engañados por ella se alegraban de la entrada 
indefinida délas tropas francesas, creyéndolas destinadas para 
obrar en favor del principe de Astniias, ¿qaé era lo que podia 
desearse y esperarse que biciesen por aquel príncipe? ¿lÁ- 



144 MEIfORIAS 

Sería contar y no acabar j estar contando siempre, 
si me empeñase en referir todos los medios con que 
mis enemigos trabajaron para irritar y enfurecer en 
contra mia no tan solo la opinión del reino^ sino tam- 
bién la de la Francia, donde hacian correr la voz de 
qufí. estaba yo bascando, para sostenerme, la protec- 
ción de los ingleses; que habian salido ajentes mios 
con dirección á Jibraltar y á Londres para abrir plá- 
ticas de paz y de alianza , y que la España estaba i 
pique de ser puesta, á pesar suyo, por centro de un 
incendio nuevo que podria frustrar por quinta vez la 
paz del continente. Si IHapoleon sabia correr, mas 



brarle de los procedimientos de la caasa del Escorial? Fernan- 
do estaba perdonado por sn padre. ¿ Se hallaba maltratado ú 
oprimido? No, porque á mny pocos días de sn perdón le volvió á 
sn gracia Garlos IV , le abrió sn corazón, se esforzó en atraer- 
selo por cnantos medios tiene un padre para ganarse nneva- 
mente á un hijo estraviado , y llegó hasta el estremo de escri- 
bir á Bonaparte y de significarle sn paternal agrado acerca de 
las bodas qne Femando habia pedido y deseaba. ¿Qné era pues 
ya lo que faltaba , que tenían qué hacer ó qué vencer en favor 
suyo las tropas qne avanzaban en tan crecido numero? Grande 
debia de ser la empresa qne la facción s(^aba, no la de derri- 
barme^ qne era de muy poca obra para tanta jente, sino la de 
ponerle la corona y obligarle á Garlos lY á retirarse. Tal era 
el gran proyecto ya amasado , no qne el embajador fuese tan 
lejos en los planes de sn corte , mas si que se hiciese conce- 
bir esta esperanza para allanar la España y alimentar aqoel 
partido que debia allanarla: los sucesos posteriores lo pro- 
baron. 



DEL PRiMGIPB BB LA PAZ. 145 

qae^ correr, volar^ sia agaijones ni reclamos, para dar 
cima á sus proyectos, ¿qué nuevo grado de yireza 
no debia tomar aquel hijo del trueno y del relámpa- 
go al recibir estos anuncios apoyados por Beauhar- 
nais, y quién podrá estraáar ¡que amontonase tropas 
y que las derramase ^obre España en todas direccio- 
nes, que acechase nuestras plazas , que se hiciese 
dueño de ellas con engaños y sorpresas (1), y que se 
apresurase á rodear nuestro gobierno y á aprovechar 
los dias y los momentos que tan buena andanza le 
ofrecian en las disposiciones de los que tan gozosos, 
y tan grandemente confiados le aguardaban? Estos 
son, diré yo al conde de Toreno, los que introduje-- 
ron en el corazón del reino las tropas estranje'ras; 
ellos los que tan solo merecieron en España el epíte- 
to vulgar de afrancesados con que después tildaron 
y aflijieron á tantos buenos españoles; ellos los que 
debieron ser marcados con este innoble apodo, si 



(1) No es necesario detenerme aquí á referir los engaños 
y las trazas , indignas del temple , de la fuerza y del poder de 
un guerrero tal como Napoleón lo era , con qne sus jenerales 
sorprendieron la buena fe j la confianza de los comandantes 
de las plazas fronterizas. Mis lectores hallarán por completo 
en el articulo XXXI de la segunda parte, tomo Y, la relación 
de estas vergonzosas hazañas con que las tropas imperiales 
hicieron sns estrenos en España. En el mismo capitulo halla- 

r 

rán también los esfuerzos , tan inútiles como eficaces que yo 
hice para impedir qne en Cataluña se repitiesen las mismas ó 
semejantes sorpresas comenzadas en Pamplona. 

10 



146 HNiofius 

otro mas inCamaDte, el de traidores^ uo hubiese sido 
el justo nombre que merecieron por sus obras. 

¡Quién me podrá argüir, en vista de estas cosas, 
sobre los desastres que se precipitaban en España! 
Retirarme no me era dado por mas que le rogaba i 
Garlos IV dia por dia; desmentir las calumnias qae 
contra mi esparcian mis enemigos á propósito del prin- 
cipe de Asturias no me era permitido sin publicar los 
hechos y estravios del que ya estaba perdonado, y 
cuya unión y buen acaerdo con su padre era tan ne- 
cesario en faz del enemigo que procaraba su discor- 
dia. Hablar á la nación y declarar al pueblo castella- 
no su peligro hubiera sido un medio en otras circuns- 
tancias no en aquellas: nadie me habría creido, cuando 
se hacia creer en todo el reino que venia Bonaparíe 
á derribarme y á dar favor y ayuda al príncipe de 
Ajsturías; mientras por otro lado un manifiesto ú la 
nación con que pudiese abrir sus ojos hubiera equi- 
valido á declarar la guerra á Bonaparte, y declararla 
inútilmente si yo no era creido. ¿Y quién podia creer- 
me? La corte y todo el reino, amigos y enemigos^ me 
miraban todos como un proscripto del imperio; d Gar- 
los TV , como á un rey cansado y fácil que se vería 
obligado á desceñirse la corona y traspasarla á su he- 
redero á la menor insinuación de Bonaparte. ¿Qué es 
el poder de un rey, quien quiera que este sea, y cua- 
les son sus medios y recursos cuando en las grandes 
crisis de los pueblos, y cuándo necesita mas su con- 
fianza y su concurso se lo niegan? INapoleon^ tan po- 



DEL PBilSCIPE DE LA PAZ. 147 

deroso y tan temido como era , perdió sos dos coro- 
nas cuando llegó á faltarle este concurso de los pae- 
blos. 

Se anunciaba un sol nuevo entre nosotros, todos 
se preparaban á adorarle: ¿qué importaba ya mas? 
aquel augusto anciano que por tantos años, ya que 
no habia podido, por los rigores de los tiempos que 
le habian tocado, hacer felices á sus pueblos cuanto 
él habría querido y cuanto quiso, los habia por lo 
menos preservado de los terribles males y trastornos 
que sufrió la Europa en tan sangrienta y tormentosa 
era, único rey que en todo el continente podia jac- 
tarse de esta gloria!... y yo le habia ayudado, yo ha- 
bia tenido parte en ella... ya la nación iba marchando 
y sacudiendo los errores de los viejos siglos, habia 
ya andado muchos pasos adelante, y solo le faltaban, 
para haber conocido enteramente á Garlos lY , y ha- 
berle hecho justicia, los dias de paz que requería la 
gran reforma deseada por los buenos , y tan temida 
por los malos. Muy pocos ignoraban lo que se estaba 
haciendo y preparando: ella se habria cumplido te- 
aiendo un tanto de paciencia (1). Los que la prefiríe* 
ron y esperaron por la obra del principe Femando 
y de sus grandes consejeros^ ellos han visto bien, y 



(1) Véase acerca de esto la primera mitad del capitulo 
XXyn, y el capítulo XXVni de la segimda parte desde el 
principio hasta el fin, todo entero. 



148 MEMORIAS 

harto cruelmente, hasta qué punto se engañaron, y 
el salto atrás que se hizo dar á España, coronada de 
laureles y triunfadora cual se hallaba, como otra nue- 
va Atenas, del Darío I de la Europa: salto infeliz 
no sé á que edad indefinible, peor que la edad media! 

¡Y yo para atajar tan grandes males venideros me 
vi solo! De nadie tenia ayuda, los ministros del rey 
estaban ya ganados por los conspiradores, menos uno 
qae fué dejado para victima: sus ojos no veían sino 
un reinado nuevo, un señor nuevo y una corte nuera 
que habria de componerse de aquellos servidores qae, 
á cual mejor, hubiesen dado pruebas de adhesión y 
de servicio al que debia ceñirse en breves dias la co- 
rona de su padre bajo la iniciativa y el amparo del 
emperador de los franceses. A mis amigos mismos, 
aun los mas probados, los veía yo hacerse estraños y 
cautelarse mas ó menos ante el nubloso porvenir 
que se acercaba; nadie quería perderse, y en jeneral, 
cuantos oían á toda hora que mi caida era infalible, 
temían participar de mi desgracia, si no se daban pri- 
sa á abandonarme y dar pruebas de ser contrarios 
mios« 

Por masque me allijiese, de ninguna de estas co- 
sas me admiraba, frecuentes todas ellas en las leccio- 
nes de la historia. Había una torre sin embargo que 
hasta entonces la miré toda mí vida como una forta- 
leza inespngnable y como el baluarte consagrado en- 
tre nosotros para mantener á un mismo tiempo la an- 
lorídad de los monarcas y las inmunidades de \¡¡i& 



DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 149 

pueblos: ¡aun me faltaba ver aquellas altos inuro9 
cuartearse ! Si alguna cosa podía dar un gran sacu-^ 
dimiento para acabar de deslumbrar á los incautos 
pueblos j arrastrarlos en favor del principe de Astu-. 
rías> era ganar los jueces que detnan fallar la causa 
proseguida contra los seductores de aquel principe. 
Fiel i las leyes Garlos lY mas que ningún otro rey 
de España , y enemigo (como yo también me mostré^ 
siempre) de tribunales especiales y arbitrarios, come-^ 
tfó aquella eanstt , ^ilú' perdonado ya su hijo, al tri* 
bunal supremo de sus reinos 4 al areópago ciistellano 
en donde Bo había ejemplo de un prevaricato en pun- 
to de justicia. Consiguiente al perdón tan jeneroso 
que habia dado al principe Fernando , su intenciona 
era usar misericoirdía <^n los que habían de ser jua?^ 
gados; pero qüeria tanítbien que, antes de usarla, fueí^ 
oída y ent^Budi^A la voz de la justicia. Se escasearon^ 
los rigbrés,^y, por mejí@r decir, no hubo rigores; nd 
fué una cárcel ni una torre, sino una celda cómoda 
de las que en San Lorenzo se habitaban por los mon- 
jes, la prisión (Iq cada uno; no se incomunicaron sino 
pocos dias, no se^^^erróla entrada á sus familias; nin-r 
gnno fué aflijidp con la presencia de una guardia;^ su 
solo carcelero era el honor de cada uno; Infantado 
tenia sü espada qiie yo ínismb le habia vuelto. 

Tanta dulzura usada con aquellos reos, dulzura, 
consiguiente ala que el ^ey habia tenido. c,on su hijo» 
y bajo cierto aspecto» necesaria por la. violencia ocpe 
fué hecha á la justicia sustrayendo aquel principe al 



150 MEMOBUS 

pcoce«o; tanta dulzura, por mayor desgracia, dio 
uueyo texto á la facción para argüir aquel proceso de 
iantástico. Confesaron no obstante sus delitos los col* 
pables; cuanto Fernando había depuesto contra dios 
reconocieron ser verdad, cuturiéndose tan solo coa 
disculpas especiosas. Reos eran de delitos q«e en to- 
das las naciones j en todos los gobiernos , lo mismo 
qne en España, son mirados como altos crímenes de 
estado; y en tales circunstancia ipomiii i aquellas^ ea 
que se hallaba el reio<^ ainena?^i4:0^pi^ la ainbipioD 
de Bonaparte, no teniau linde nijjmeidida sj^onos de 
estos crímenes (1). Gonvácto^<9r eoqiesos Bscóíqniz é 
Infantado, pidió el fiscal la pena qqeja ley.im|»oae á 
loa .traidores; pena que ciertamente hubiera i^nmu- 
tado Carlos IV ^ mientras que» al misiiio lieflftpo,.$í 
hobiese sido pronunciada cual lo podiai^ar causa ^ hu- 
biera confundido las calumnias con ;ji|«e:iai&caban la 
facción , no mi honor solamen^, sino el. de la real 



í ,: l. 



1 •. • I 



■ ^ J . L • 

(1) "El solo decreto espedido (por el príncipe) a favor de 
» Infantado, escribe el conde mismo Ao Toreno^ hubiera acar- 
n téado en otros tiempos lá perdidioa de todos los cotepiyyme- 
xtidos en la causa; por nulas se hnbierau dado las disculpas 
i> alegadas { y el temor de la próxima rouerte de Carlos IV 
» y los recolos de las ambiciosas miras ápl valido antes bien 

• • • 

n se hubieran tenido como agravantes indicios, que admitídose 
>» coiñb descargos de la acusación. Semejantes precauciones) 
>» de dudosa interpretación aun entre partícnlarres, en los pala- 
»í^8 kofi «rft&enes de estado diando no llégati á cumplida eje- 
*caoioQ y acabaiipento. "" 



DBL PRINGIPB DB LA PAZ. 151 

persona en sumo grado : sentencia «eirecida que hu« 
biera puesto á toda España en hita de las tramas y 
traiciones que se urdían tomando por protesto la leál-f 
tad y amor que se debia al príncipe herodero, calunir^ 
níafio, cual se hacia decir ^ por jin padre sin entra«^' 
ñas. TSo quiso Dios tampoco darles fuerza á aquellos 
majistrados: los reoíS fueron abauelto&l Jios once jue- 
ces jdecUraron m resultan^ ningtmacufya contra ios 
aiGú$a4os , y »er. hallados dignos descontinuar en 
stts,[ empleos y ocupacÍ0nes,\ic<c(lk. más Jas demás 
gradas á que la inaltertbble\:}juüti6iayy clemencia 
del ireg.lps pudiese hallar a^reedarbé*: 

.Boy se fftdoxirai^ cuarquiera.de este. {alio, porqué 
nioguno ifg«up;r«ibaMa 4iué g raido ierfiiiiCttlpab|e& ^quer- 
llosjr»o^.<lb9ueilps. Mo asi eiit(in(;e$:.q|iieJos.pueblqs 
notStbian lo que pasaba á d€»il|ié>iiuÁeüa!ti!{»(|qaeilá facr- 
cioiihail^ décif? por tpdaa parte^que^rfinuauda y ^sus 
amigos eran! t(>dQsinQcefijtes,,7yif que 0) proceso^ fué 
uaa trama que»; aosju^soüde perd^f lié ^uel{heréici» 
principe, . había yo» uüditli^^calujaiiliiámdot^La buena 
í>l9i|i^.quQi ^abftn , aquelloa i«JÍí^»&o$ tuo ora infer- 
ri0ri a) alto; gnf^ de, su^ pu^$tci$i. nf^Qmévk no debió 
cre^ífilo qu0 s^ hablaba y diiifdg^^pipf r los parciales 

d£^^idvximi9> y qaiéa p^a vqljírjB? pQB q1 tK>ní>r qui^ 
laij^fíutenciía quitaba i JCj^Ios^IY» nf coBpio dofp^dev; 
yjij^l.u^iú d^iincujipaciones tan atroces qii0ip»|repiaxk^ 
jus;tí&09i4a^? (Saandq aquel fallo fa))ii) al r-^y^i spi. r^n 
spludíon primera fué publica^ la qai^sa,^ter9>^ÍA>cuÍT. 
daí^e 4e ptr^cpsa; !*¡Bíi honc|jrJ imibottMwr 4nt^s^ae 



152 MEHOBIAS 

»la corona!" decía á gritos. Y yo, ¡infeliz de mi! 
amando mas mi patria que el honor del rey y el mió, 
trabajé por aplacarle y contener^ como contuve , aque- 
lla ira tan peligrosa como justa; temí una guerra en 
lo interior, amenazado el reino como estaba de otra 
estema; temí que se empeorase aquella crisis; aun 
esperó que la prudencia y la bondad del rey seria un 
motivo mas pa^a afirmar el ancla de que pendian to-' 
das ks cosas, que era lá unión, la unión sincera del 
hijo con el padre, ¡ Triste esperanza ! pocos dias d^- 
pues de pronunciada ^ia^Wntencia del consejo, doa 
Arias Mon, hablando de ella, rae dijo estas palabras: 
"Guando el priiÉer acusado ha obtenido 'la 'demen- 
»cia real , y mañafna ^ el otro podrá lle^ráf suceder 
»que empuñen cetro; ¿nos tocaba á n¿sotrois conde- 
»nar á lo8:que han sido 'sus ajenies? ¿se poede-ha- 
» cer justicia en tales circunstancias como las dié^ dia?' 
Juzgúeme ipuesiihora sin pasión el' hombre mas 
austero que se em^uentre en^ punto de deberes á la 
patria. Yo soTo^^ yo hecho el blanco de tantos enemi- 
gos, yo atacado de iJIanios modos, yo sin fuerza' moral 
en tales circunsta)icias</ herido de calomnia y £vill- 
gado en todas partes ebmo un atentador de los dere- 
chos, del honor, de la existencia y de las glorias pire* 
paradas alpríndpe dé Asturias por el prinútiBr monár-' 
ca de la Europa; yo, ¡misero de mi! que^ni aui^'te^ 
nia el recurso de ilirijir mi voz al pueblo castellano y 
advertido dé su lú al y su peligro, porque se haeia 
creer á todo^l mundo que yo qüerta la guerra contra 



DEL PRlTICIPB BB LA PAZ. l53 

el emperador de los franceses por evitar rai ruina y 
por quitar al principe Fernando aquel amparo, per-r 
piejo en tanto cual se hallaba Garlos lY sii^ saber á 
que consejo debería atenerse en los peligros j aflic^ 
cjones de que se veia cercado^ yo solo de esta suerte 
y expuesto. cual me hallaba á todas horas al furibun- 
do ataque que maquinaban mis contrarios y que tar- 
dó tan 'poco tiempo en realizarse, yo dije entre mí 
mismo*: ''Mas sola está la patria, mayor es su peli- 
))^o: ¿qué importa mi existencia mientras me fuere 
» dable hacer algún esfuerzo por salvarla? Tal vez, tal; 
)>yeK lar disciplina del ejérdto y la lealtad al rey, lan 
»'bien Robada, de sus jefes, podri impedir la ruina 
>j'qtte|ám<6naza: este es el caso de morir mil veces en 
>r4Í-ythe^o en que la confianza de mi rey me tiene 
»-odiiecado../' Y el pecho eché á las olas y á los vien- 
tes ^qtiebriamában en redondo 9 á lo qae quiera que 
viniese, á todas las venturas^ y tí^'sin esperanza to- 
davía de que- mi cara patria pudiese ser salvada. ' 

Esta^ esperanza yo lia tuve , y trabajé por realizarla 
por cuantos medios tiene el hombre de dar cabo á un 
buen propósito y (Cumplido > hasta la noche acerba en 
que mis enemigos, no teniendo otro modo de atajar 
mis pasos ^ apelaron al desorden y á la fuerza ^ y me 
hundieron en la nada. Yo no podia dudar que Bona- 
parte tenia designios enemigos contra España, y que 
el tratado hecho no bastaba contra su ambición des- 
enfrenada. Guando áda fin de enero pidió la cons- 
cripción del año IX , era preciso estar del todo cie- 



; I 
< > 



^ 



154 «BHORIAS 

gos para desconocer sus intenciones: ¿qné nueva em- 
presa tenia en frente Bonaparte en paa^ , y paz segura 
por entonces con todo el c-ontinente, aliado con la 
Rusia j con la Dinanarca, la Suecia inradida por la 
Ansia ^ la Prusia aniquilada, aun mas de la mitad de 
la Alemania contpravietida en faror suyo por intere- 
ses nuevos que le habla creado, la Italia entusiasma- 
da de si^ poder y de sus glorian y postrada de )>uen 
inimo á sus plantas; hasta la Puerta, hasta la Persia 
Juiciéndole homenaje» y el Portugal, la sola co&a que 
parecia faltar á sus deseos , coiv^letameonte anbyug?- 
do? Faltsibale la £^aña. INa habia yaí ñasDed toda 
Enropa que escifar pudiese su ambición d0 en]tffe«lds 
demás recinos de la Francia. Pedir la conseñpeÍQn 
del año IX, al comenzar el año VIH suponia jd^n^ 
empresa peligrosa^ que Napoleón se preparid^^iÉi^ 
Tamente» y cada eual podía advertir qte d«itHJbar4< 
Carlos lY y eoronan-al principe Femando no l^.pi)r 
dia ofrecer.nioguncptíligro, sinp^ al o^ntrario , en el 
estado en que s^ .hallaba la opinión, «alfa^^ viitojres 
y aplausos. Luego intentaba. mas> luego intentaba al- 
guna cosa muy mas graVe, <^ bien hacer de Sspaña 
un feudo del imperio dejándole á Fernando solamen- 
te un vano titulo como lo fué el de Holanda y el de 
Ñapóles; ó desmembrarla y agregarse- alguna parta 
de su suelo como precio del coronamiento de Feman- 
do , ó acabar de una ves conlosBorbones» aniqíUan- 
do aquella sola rama que. quedaba, del gran troQpp 
derribado en Francia, Tal vez este postmv peligro, 



DEL PRINCIPE JOB LA PAZ. 155 

que era el mas probable vistas las prevencionos cfue 
tomaba Bonaparte , la facción , en la embriaguez con 
que alteraban su razón las promesa8:de Beauharnais; 
no pndo columbrarlo: cnanto i loé otros dos, no so^». 
lamente los previeron aquellos hoitibrQSi desalmados^ 
sino los aceptaron: Escóiquiz , buen testigo^irrecutor. 
ble, nos lo ha dicho ^ y en su 'Idea>\sentiíla lo ka 
contado paladinamente siri.dingunrcjbttEa^l). 



(1 ) Hablando del proyecto de tratado • qa» ¡él emperador de 
los üranceses hizo proponer á España oomo una especie deiií- 
timatum pidiendo el cambio de las provincias delEbro por el 
Portugal, una asociación de guerra defónsiva y ofensiva , y mi 
tratado de comercio libre entre la$ dostiaeioues conesclusion 
de las demás ^potencias, para probar Bscóiquiz 'que no fué te- 
meridad haber 'llevfulo al pníncipeá' Bayona, se esplica de esta 
inerte (pajina 18) : ''Tal faépues el dato que fijó al consejo 
>idel rey (Fernando VII) , en qué las ihiíenctone5 mas perjwH" 
n dales qoe podía • receliar del gobierno francés^ eran la M 
>» tnteque de las- provincias ^mas allá áel JSbro por el reino de 
»» Portugal^ ó ele una viatniHiéaf desde su frontera hasta él, 
»6 tal vez la cesión sola de la Navarra: opinión que fué tam-^ 
>i bien la mia, á pesar de al{];nnas voces vagas que comenzaban 
n á esparcirse en el vulgo sin mas fundamento ni objeto que el 
» del odio nacional recientemente despertado , y de una des* 
» confianza jeneral que no se fijaba en objeto alguno determi- 
» nado." T mas adelante (pajinas 24 y 25) , se halla escrito lo 
sigoiente: "Persuadidos con efecto el rey y su consejo por los 
u datos de que he hecho mención, y por otras razones solidisi- 
>• mas, de que el objeto de Ips franceses en su conducta ame* 
M nazadora no era otro que el de conseguir una de las preten- 



156 MEHOBIAS 

Pero, á cualquiera de estas cosas que intentase Bo- 
uaparte le faltaba la sanción del pueblo castellano, 
del pueblo castellano tan ^^elóso de su honra y de su 
independencia, del pueblo' castellano tan fiel á su a- 
mistady á su palabra, coribo terrible á quien le en- 
gaña y ofende su amor propio. í^ara contar con él, 
para salTarlev bastaba solo abrir sus ojos y sacarle 
del engaño ett^^ne se hallaba , juntando á las razones 



» siones alternativas contenidas en el proyecto de tratado re- 
Mtnitido poi; mano de Izquierdo á nuestra corte, esto es, to 
>' Ue la ce¿it>A4e,kis peroninctástie Ut i&quieréadelEbro, ó la 
nvia mUiiar para. Portítg^li, ó^gwAd lavNmana sola^ j ase- 
» gorarse, soadeaAdo laadispósidKMies delrey Fernando intes 
» de reconocerle, de si dtebiem ó no esperatr enéimn fiely conS" 
>» tante cUiadp, no podia menos de lisoiogeacse de que una coh' 
nducta amistosa y constante j j el inlliijo. de la sobrina del 
»» emperador , una vez ajustada la boda' «con el rey , bastarían 
»para suavizar aquellas exorbitantes i^etensiones , y que , ea 
>» todo caso, teniendo , como resultaba del tratado {propuesta 
n de tratado , debia decir) el aiJintrio 4e elejir la concesión de 
>» la via militar para Portugal, Consiguiendo por «ste arreglo la 
» restitución de Barcelona y demás plazas no situadas en ellas» 
>i y el retiro del ejército internado hasta Madrid; la guerra que 
>» no podia menos de encenderse luego acia el norte, otros ilul 
>i azares , y la restauración úé su tranquilidad y fuerzas tra- 
») erian precisamente el momento de sacudir aquel yugo pre- 
» cario." A mis lectores pido perdón de haber puesto ante sus 
ojos este baturrillo de frases arrastradas con que pretendió 
hacer su defensa el traidor Eseóiquiz; mas la verdad de los 
sucesos hace necesaria su lectura^ 



DEL PRÍI«CIP£ DE LA PAZ. 157 

que ya he dicho los demás antecedentes que ignora 
ba y no podian decirse sino estando el rey á salvo 
de los ejércitos franceses que se agolpaban sobre Es- 
paña: la salida de aquel foco permanente de traicio- 
nes y engaños , donde el rey ya no era libre y don- 
de peligraba su corona, era precisa. De dia, de noche, 
á todas lloras, no le hablaba de otra cosa que de mu- 
dar de asiento á pais seguro dentro de sus reinos, de 
rodearse de sus tropas, de pedir razón á Bonapartede 
la infracción de Iqs tratados , y de alzar su voz au- 
gusta y apellidar sus pueblos á la común defensa , si 
aquel hombre temerario no hacia alto en el camino 
comenzado , y proseguia violando entre nosotros la 
ley de las naciones. 

Yo conseguí se persuadiese Garlos lY de no que- 
dar mas medio de cumplir los deberes de buen rey, 
de protejer sus pueblos, y de poner en guarda su casa 
y su corona , sino tomar aquel partido. Faltábame tan 
solo persuadirlo de la urjencia de poner en obra esta 
medida salvadora; S. M. titubeaba todavía en la elec- 
ción del tiempo apto para realizarla, cuando le llegó 
el regalo de dos tiros de caballos que Napoleón le ha^ 
cia, y la carta de que he hablado anteriormente , lle- 
na de lisonjas; mas sin decir en ella cosa alguna de las 
tropas que inundaban nuestro suelo. No fué inútil á 
sus miras este juego de su astucia: cada momento que 
corría se hacia para mi un siglo, y yo no me enga- 
ñaba, y daba prisa; pero el rey volvió á su tema ha- 
bitual, al esperemos todavía, al véanlos aun mas 



158 MEMomiÁS 

claro j no nos precipitemos , no provoquemos uña 
bicha que él tal vez no ha imajinado ; tema digno 
en yerdad de sa alma noble qae no quería esponer 
sds pueblos á los azares de una guerra con el qae 
había y eneldo tantos reyes j naciones; tema empero 
que hacia ya cerca de año y medio que había frustra- 
do mis consejos, y había dejado al enemigo el tiem- 
po que fué nuestro y que debió saWarnos : los dias 
contados que aun quedaban se nos iban con poco que 
esperásemos. 

Mientras el jeneral Dupont, finjiendo caminar á 
Salamanca, se está en Yalladolid muy á su espacio, 
el mariscal Moncey le sigue en Burgos, y el Pirineo 
no se despeja. El mariscal Bessiéres se acerca al Bi- 
dasoa con otro cuerpo igual al de Moncey: Murat Tie- 
ne á tomar el mando en jefe , y yo le escribo y le 
pregunto, y no responde. Ningún ayiso desde Fran- 
cia, y la embajada está sin nuevas y sin ínstruccío* 
nes. Y mientras todo esto, he aqui un parte de Pam- 
plona de que una división francesa ha penetrado en 
Roncesvalles caminando en dirección á la ciudad. 
Tras de este parte otro'á los tres dias, de que la 
ciudadela ha sido sorprendida y ocupada por las tro- 
pas imperíiftles. De Cataluña , casi al mismo tiempo, 
aviso de que una división francesa comienza á entrar 
por la Junquera' con derrota á Barcelona: algunos 
dias después llega la estraña nueva inesperada de que 
la ciudadela ha sido sorprendida , y que el comandan- 
te jeneral conde de Ezpeleta se había visto en el a- 



DEL PEÍNCIPE BB LA PAZ. 159 

paro, por evitar un rompimiento, de abrir las puer- 
tas de Monjuich al jeneral Duhesme (1). 

En tal estremo de las cosas, aun aguardaba el rey, 
antes de resolverse á la partida, ú que llegase alguna 
esplicacion de parte de la Francia , y ver mas claro: 
su majestad, para mayor desgracia, se aconsejaba to- 
davía con el ministro Caballero que estaba ya ven-» 
dído á los conspiradores, y el tiempo se pasaba infe- 
lizmente entre temores y esperanzas, ganando en 
tanto cada dia mas fuerza la facción que la embajada 
de la Francia gobernaba. He aquí como se esplican 
todavía los historiadores de la Guerra de España 



(1) La ocupación de la ciudactela y de la fortaleza de Mon- 
juich era tanto mas inesperada, cuanto que, en vista de lo que 
habia sucedido en Pamplona , hice partir en toda düijencia para 
Barcelona al teniente coronel don Joaquin de Osma , el cual 
llegó á aquella ciudad icón mis instracciones á Ezpeleta veinti- 
cuatro horas antes de que Duhesme hubiese practicado su co- 
barde hazaña : hubo tiempo sobrado para prevenir , como se 
previno en efecto , al gobernador de la cindadela de estar en 
grande guarda para impedir toda tentativa que pudiesen hacer 
los franceses ; á Ezpeleta le encargaba yo estrechamente en 
mis instrucciones no se dejase entrar, bajo ningún pretesto, 
cinco franceses juntos , ni en la cindadela , ni en Monjuich, aun 
cuando fuesen oficiales superiores los que lo pretendiesen; que 
si era cierto que los franceses hubiesen sido alojados en el 
cuartel de las Atarazanas , buscase el modo de mudarles aquel 
alojamiento , prohibiendo después toda entrada en aquel edifi- 
cio ; que estendiese su vijilancia á todas las demás plazas del 



160 MEMOBUS 

contra Bonaparte^ después de haber contado los 
medios y las artes de qae los franceses se yalieron 
para apoderarse de las plazas. "'Después, dicen, de 
» estos actos no debia. quedar duda á nuestra corte 
«sobre los verdaderos designios de Bonaparte; pero 
»Ia nación tenia una confianza tan grande en aqael 
» guerrero cuyos elojios habia oido repetir por todos 
» los escritores públicos durante diez años, y era tal 
» la seguridad que sus emisarios sabian inspirar ^ 
»que la mayor parte de los españoles creían de 
» buena fe que los franceses no tenían mas objeto 
» que el de derribar á Godoy^ y asegurar á Fernán- 
» do sus derechos á la sucesión de Carlos IJ^. Su 
» majestad y el favorito, mejor instruidos y en mejor 
» disposición para descubrir las intenciones de la 
» corte de París, no auguraban nada favorable al es- 
pitado (i). Sus temores se aumentaron á principios 



priacipado, para cuja cpaservacioa le daba en nombre del rey 
facultades omnímodas y absolutas de tomar á su albedrío cuan- 
tas disposiciones estraor diñarías estimase convenientes \ que 
prociurase mucho conservar el orden , que se apartasen todas 
las ocasiones de disputas entre paisanos y franceses , y qae 
con estos se manejase , en punto á asistencia , buen trato j 
urbanidad, de manera que si venian de mala fe, la primera 
agresión fuese de ellos y no nuestra, (Véase todo esto mas es- 
tensamente en el capilulo XXXT.) 

(1) A los que duden de la entera soledad en qae me en- 



DEL PRiNGIPIL. DE ¿A PAZ. 161 

% d^ m^9fL i^q^P^ U l^^u^?>4^< iEtruría llegó á Madrid 

» desposeida , y pocos dias después el consejero Iz- ^ 

»qaierdo, á guien ÜNapoleoa Mzo venir á nuestra cor- 

»te con instrucciones pres^yadas j yerbales, según 

»el dicho de Geballos, ó qon proposiciones escritas, 



— ■^^i-NP'»^— ^— — — i^— ^M— — — — 11 ■! I I ——————— —^lM<if—^i^i» 

• ' ■ • >. . • ' 

contré coi^ Garlos lYi debo hacerles notar estas palabras : Sú 
majestad y el favbrúo,mejor^insiriitdos y en mejor disposición 
para descubrir las irdenctoms de ia corte de París, nú augu- 
raban nada favorable ai eátaá». Por de contado es falso qtie' 
el.rj&y ó yo tuviésemos Vfi9» luce^. sobre las cosas que pasaban; 
nuestra.sola ventaja era.tejjier ni^jpr ^entídoj mas, para lo que^ 
llamo mayormente la atención de mis lectores , es para hacer- 
les ver que ya no dicen que el ministerio i ó que Geballos, 
GabalkfI^(5 , Gil de Lemos y Féfiú se encontrasen con mas me- 
dios de descobrir las intenciones dé la corte de la Francia, 
sina Garlos lY y yo tan solo : laego aquellos ministros se con- 
taban ya; en. la banda de F^ruando ó de los que creían que 
Bonaparte venia solo á entronizarlo^ ó alguna C9sa semejante: 
luego yo me hallaba solo para guardar la patria , y ninguno al 
lado mió para ayudarme. Á mí no me llegaban ni avisos , ni 
advertencias , ni noticias ,' mientras ellos tenían de parte suya 
}a embajada , en la que se apoyaba su condncta y su esperan- 
za , j componían la sola corte á quien Beauharnais comunicaba 
los secretos y las miras de, la. suya, verdaderas ó inventadas. 
No debieron escribir del rey y de mí mas instruidos : hubie- 
ran dicho bien mas advertidos <i mas leales, y mas amigos 
de la España. Básteme ahora preguntar quién se engañó , si 
Garlos IV y su infeliz amigo , ó si ellos fueron los que se en- 
gañaron y engañaron y perdieron á su patria. 



11 



162 H}¿MOBIAS 

j>segan despaes hubo de asegurar el mismo bqaier- 
»do"(l). 

Dicen mny bien en esto cuando cuentan que se 
aumentaron los temores del tey Garlos y los mies; 
pero de aquella especie de temores que dan ánimo 
para cerrar los ojos y embestir á todo el mundo que 
se pusiese por delante. En el capítulo citado XXXI 
pueden verse los que las relaciones de la infanta de- 
bieron inspirarnos, por mas que el príncipe Femando 
hubiese despreciado los avisos de su hermana. A poco 
de esto llegó Izquierdo. Después de aquel silencio 
artificioso y prolongado que el gabinete de la Francia 
había observado con nosotros, mientras que Bonapar- 
tQ nos empujaba sus lejiónes sin dar razón de su con- 
ducta, vino en fin la hora de hablar, y don Enjenio 
Izquierdo fué llamado para que llevase al rey de Es- 
paña esplicaciones y demandas. Napoleón se estuvo 
al paño : fueron sus encargados para aquel negocio 
el mariscal Duroc y el príncipe de Benevento. Dié- 
ronle apuntamiento de las esplicaciones, pretensiones 
y deseos de que el emperador quería que fuese intér- 
prete cerca del rey de España, mas bien como un 
alivio á su memoria, que como nota diplomática; pero 
con la encomienda^ repetida muchas veces, de enten- 
derse con el rey directamente , sin conferir con los 
ministros ni conmigo. Llegado Izquierdo fué á bns- 



{{) En la historia citada, libro 1. 



DE£ PHlNCIPB DB LA PAZ. 163 

carme, y díjome el encargo que fxaia de hablar al 
rey á solas, no que trajese cosa alguna en contra mia . 
ni de ninguna otra persona, pero sí cosas graves y 
gravísimas que requerían mucho consejo y en que 
era indispensable que yo asistiese á Garlos lY. Le 
respondí que el rey me llamaría si lo tenia por con- 
veniente, y le encargué partiese luego á presentarse 
y á cumplir su cometido. 

Dada la audiencia á Izquierdo, y enterado el rey 
de los asuntos que traía, mandó S. M. se me llamase. 
Yo no debía escusarme en tales circunstancias; la so- 
ledad de Garlos lY era muy grande. Ko fué temor 
de cosa alguna que contra mí adviniese lo que llevó 
mis pasos á aquella conferencia; votado y consentido 
estaba ya á todos los peligros, mayores los de aden- 
tro que los que para mí podían llegar de afuera. Ir- 
me á llorar en un retiro aquellos males que ansié 
tanto remediar cuando se pudo y no se quiso, era lo 
mas que me podía venir por parte de la Francia, y á 
consultar tan solo mi ínteres, hubiera sido un grande 
bien en vez de un mal , y hubiera redimido tantas 
penas y trabajos qué después cargaron sobre mi exis- 
tencia: morir en un tumulto con riesgo de mí honra 
á manos de un partido poderoso , era el que yo en- 
contraba en proseguir mas tiempo aconsejando y sos- 
teniendo á Garlos lY; pero era mi señor, era mi rey, 
era mi bienhechor, y vía mí patria juntamente con 
el rey en el mayor de los peligros; yo no debía hacer 
cuenta de los míos. 



164 MEMORIAS 

El mensaje dado á Izquierdo fué unal obra de las 
mas artificiosas^ mejor entretejidas y de mejores apa- 
riencias que Talleyrand hizo en su vida. Es necesario 
ver en toda su estension ^ como lo tengo referido ea 
mis Memorias (1), aquel concebimiento especial suyo, 
y aquel arte que tenia de acomodar ideas y de anu- 
darlas, de tomar todos los hilos de un asunto, de apa- 
ñar razones y darles colorido para llegar á su desig- 
nio, y fascinar la vista del mas hábil en política. He 
aquí un brevísimo resumen de las esplicaciones tanto 
tiempo deseadas y pedidas: 

1.^ Que el emperador de los franceses, después 
de tantas y tan sangrientas guerras sostenidas por la 
Francia contra cuatro coaliciones suscitadas y costea- 
das por la Inglaterra, se creía sobrado de razón, y 
de autoridad lejítimamente ganada, para impedir en 
lo sucesivo por toda suerte de medios j ordinarios o 
estraordínarios j regulares é irregulares ^ violentos 
ó suaves y cual los sucesos podrían pedirlos, que la 
paz del continente pudiese ser de nuevo turbada por 
la Inglaterra, puesto á este ñn de acuerdo con todos 

« 

los amigos y aliados de su imperio,. y entre ellos no- 
vísimamente el emperador de las Rusias; 

2.<> Que, zanjados y asegurados sus designios en 
el norte de Europa, le faltaba realizarlos por entero 
en los pueblos del mediodía, donde la Inglaterra no 



(1) Tomo V, capítulo XXXI. 



BEL P&llMGIPE DB LA PAZ. 165 / 

tenia cerrados todos los conductos de su mortífera 
influencia, siéndole necesario para esto poner la Ita- 
lia á cubierto de las intrigas y atentados de aquel 
gobierno maquiavélico, y apartarlo al mismo tiempo 
del funesto predominio que ejercia en el Portugal, 
y de toda esperanza de levantar un nuevo campo de 
batalla en la Península española; 

3.^ Que, para conseguir estos fines, había conce- 
bido con la mas pura buena fe los tratados de Fon- 
tainebleau , dando al rey de España una gran parte, 
la mas larga, en los beneficios que debían resultar de 
sus proyectos acerca del Portugal, haciéndole igual- 
mente participar por este medio de las glorias del 
imperio, y prometiéndose por esta conducta tan ami- 
gable que S. 91. le ayudaría con eficacia para asegu- 
rar la paz del continente, y destruir la tiranía marí- 
tima, en cuyo empeño, por razón de ser la España 
señora casi única del continente americano, debia esta 
tener mayor interés que todas las demás potencias de 
la Europa; 

4.® Que, no ignorando el emperador que en España 
había habido siempre y aun había un partido ingles, 
cuya influencia había llegado algunas veces hasta á 
hacer dudar al gobierno del rey de la buena fe del 
gabinete imperial; para desvanecer estos temores tan 
mal fundados, había hecho insertar, de movimiento 
propio suyo, en el tratado el artículo 21, por el cual 
se constituyó y declaró garante al rey de España de 
todos sus estados en Europa; 



166 /MEMORIAS 

5.° Qae, posteriormente á estas pruebas de amis- 
tad tan completas como solemnes que el emperador 
habia dado al rey- de España , tuvo el disgusto de 
saber las desavenencias ocurridas en la real familia, 
j el violento -pesar de que se hubiese podido hacer 
creer á S. M. C. que, por sí ó por medio de su em- 
bajador^ hubiese influido en la desobediencia ó cual- 
quiera otra falta del principe heredero ; motivo de 
queja sobrado para que el emperador hubiese de- 
bido exijir una ruidosa satisfacción, y acerca de la 
cual se contentó con pedir por única reparación 
se evitase repetir tamaño agravio, pronto como se 
hallaba á hacer justicia siempre y cuando se le pre- 
sentasen pruebas de que el embajador hubiese que- 
brantado sus deberes; 

6.^ Que el emperador habia sabido después que, 
no bien sofocadas todavía las discordias de la real 
familia, hacían cundir los ajentes ocultos de la In- 
glaterra que se proponía intervenir en aquellas di- 
sensiones á favor del príncipe de Asturias, buscando 
por este medio el común enemigo de entrambas dos 
potencias indisponerlas y promover una guerra desas- 
trosa , á fin de tener un campo nuevo para incendiar 
otra vez el continente; 

7,^ Que, con tales premisas, sabiendo el empera- 
dor por una parte, que los ingleses preparaban espe- 
diciones secretas para ajilar la Península; y por otra, 
ser muy grande el ardor y la violencia de los parti- 
dos que dividían la corte de S. M. C., creyó de su 



DEL PE][]NGI££ DB LA PAZ. 167 

c^eber^ no taixto.f pr si mismo^ como por su aliado Gar- 
los ly, cubrir el roino j aun la corte misma contra» 
cualquier evento peligroso; y que asi lo babía verifi- 
cado, sin pretender por el momento la anuencia de 
S. M. C, por diversas razones; la primera, de mira- 
miento y de prudencia para evitar discusiones sobre 
el lestado interior de la España; la segunda, por no 
exponerse á una negativa de nuestro gabinete que ba- 
bria comprometido los respetos de ambas partes; la 
tercera, para probar también hasta qué grado podría 
el emperador contar con la confianza del gobierno del 
rey á quien acababa de garantir solemnemente sus- 
estados; 

. 8.^ Que, por las mismas razones, babia querido 
el emperadpr se ocupasen algunas de las plazas fron- 
terizas , prefiriendo para esto que se usase de me- 
dios pacíficos é inocentes , y se evitase de esta suerte 
ten^r que hacer reclamaciones que pudiesen ser des- 
atendidas en medio de la urjencia en que sus trf- 
pas podrían verse por cualquier suceso imprevisto, 
y atendida, ademas de esto, la necesidad de man- 
tener la buena disciplina de ellas; que acerca de 
este punto no habia podido menos de estrañar que^ 
una vez convenida la entrada del primer ejército de 
operaciones , no se le hubiese abierto plaza alguna 
como era consiguiente que se hubiese hecho, y que 
al contrario, se hubiesen dado órdenes secretas para 
que no se abriesen ni aun á la misma curiosidad de 
los militares franceses; conducta nunca vi^ta e^tre- 



168 1I£H0BUS 

naciones aliadas, concarréntes á ntia' ftiismá empi'c- 
sa de interés recíproco; no pudiendó ocultarse al g^o- 
bíerno de S. H. G. la franqueza absoluta de las plazas 
militares , que con igual ó con menor motivo habian 
disfrutado siempre y disfrutaban las tropas del em- 
perador en los demás paises aliados, ni debiendo 
ignorar que, aun en el simple paso de un ejército es- 
tranjero por pais neutral, suelen ofrecerse circunstan- 
cias graves en que sea necesario apoderarse de una 
plaza neutra para prevenirse contra nn enemigo que 
babria invadido, ó intentado invadir el territorio de 
su tránsito; 

9.^ Que esta desconfianza con que era visto pro- 
ceder el gobierno español con respecto al del empera- 
dor, le hacían d su vez desconfiar de nosotros, y mas 
siendo una cosa digna de observarse, que el empera- 
dor había dejado entrar su ejército en España sin eii- 
jir ninguna garantía^ aunque el gobierno de S. M. G. 
tuviese sobro las armas un número de tropas cuatro 
veces mayor de las que entraban de la Francia; que 
el emperador tenia notado que, después de la cam- 
paña marítima de 1805, se había ceñido la España 
á una mera guerra defensiva contra la Inglaterra, 
cuidando mas que de navios y de armamentos de ejér- 
citos de tierra, propíos mas bien para guardarse de 
la Francia que de los ingleses ; 

10.<» Que el comercio de la Francia se quejaba 
de la severidad y dureza de nuestras aduanas y aran- 
celes, sin que fuese distinguido en cosa alguna del 



DEL PBlNGIPB BB lA PAZ. 169 

de las demás naciones aun las mas indiferentes, sien- 
do asunto de dolerse que aun no se hubiese hecbo 
todavía ningún tratado nuevo de comercio entre am- 
bos dos gobiernos, indicado y prometido desdó la 
paz de Basilea ; 

11.'' Que el contrabando ingles reinaba en nues- 
tras costas del mediterráneo por la suavidad de los 
castigos que se imponian á los defraudadores, mien- 
tras la Francia sujetaba á penas rigorosas las contra- 
venciones mas lijeras^ no tan solo en los diversos 
litorales del imperio, sino del mismo modo en todos, 
los paises aliados que se hallaban protejidos por sus 
armas; 

12.® Que entre tantas señales de tibieza, de in- 
diferencia y aun de aversión dadas por el gobierno 
de S. M. G. en cuanto á concurrir eficazmente con 
el del emperador para imponer por toda suerte de 
medios al gabinete británico la necesidad de implo- 
rar la paz, habia una inuy especial y reciente, no des- 
mentida todavía, visto que, invitado el de S. M. G. 
á unir su escuadra de Gartajena con la francesa fon- 
deada en Tolón , para operaciones marítimas impor- 
tantes, eran ya pasados mas de cuarenta dias sin que 
la nuestra , arribada á Menorca , se moviese todavía, 
difiriendo su salida el comandante de aquellas fuerzas 
con pretestos especiosos (1); 



(1) Es cierto que Napoleón habia hecho pedir la reunieii 



170 . JIENORUS 

i3.^ Que el emperador na había dudado Jomas 
de la buena fe, de la relijion y del honor incormp- 
tible de sa cof'dial amigo y aliado Garlos IV; pero 
que esta seguridad no la tenia tan completa como 
quisiera de sus ministros; que en las circunstancias 
en que España se encontraba, no era fácil que el rey 
se hallase constantemente en el caso de ver y juzgar 
los sucesos con la claridad, la exactitud y la impasi- 



de nuestra escuadra con la francesa que aguardaba en Tolón; 
óetto también que se le prometió enviarla y que se dio la ó^ 
den ostensible de hacerla salir de Cartagena para aquel des- 
^0. Pero las graves dadas y cuidados que ofreció la conducta 
de Bonaparte en los meses de diciembre y de enero fueron 
sobrada causa para espedir órdenes reservadas al comandante 
de nuestra escuadra don Cayetano Yaldes , á fin de que , con 
pretesto, ya de enemigos, ó ya de vientos contraríos, demora- 
se su marcha para Tolón mientras no recibiese nuevas órde- 
nes : se trataba , en unas circunstancias tan dudosas , de no 
esponer aquella escuadra compuesta de seis navios de linea, j 
entre ellos el Maria Luisa de 112 cañones. Dada la queja de 
aquel retardo por el gabinete francés, mandé salir para Mahon 
al teniente jeneral don José Salcedo con la misión aparente de 
lomar el mando de la escuadra y de averiguar la conducta de 
Yaldes ; pero en realidad para sosegar el descon^tento del go- 
bierno francés , dando á Salcedo el rigoroso encargo de no 
zarpar para Tolón sin recibir para ello una orden terminante 
con tales y tales señas que yo le puse. De aqui resultó que Bo- 
naparte no hubiese logrado apoderarse de aquella escuadra, 
ni sacar la que tenia en Cádiz al mando del almirante Bosilly» 
cuando se hicieron patentes sus perfidias con nosotros. 



DEL PRllSGIPE DB LA PAZ. 171 

ble firmeza que , eran tan necesarias; que la discordia 
introducida en el palacio tenia hondas raices en los 
dos partidos que ajitaba la Inglaterra, haciéndose 
sentir otro tercero que aspiraba á una reforma capi- 
tal, de la monarquía española; que una reyolncion, 
ora se contuyiese en una mera cuestión de personas^ 
ora se estendiese también á las cosas, podria hacer 
carecer á S. BI. G. de la plena libertad que necesi- 
taría para cumplir sus empeños contraidos con la 
Francia; que el emperador podría llegar á verse com- 
prometido en la Península contra las armas inglesas 
y contra el mismo pais, teniendo que superar á un 
mismo tiempo una guerra civil y otra estranjera; que 
. su honor podria padecer en la Europa si, estallando 
una revolución, no se pudiese saber á punto fijo cuál 
jiubiese sido el orijegoi de ella; que la existenci^^ en 
fin , de España como nación independiente, no podia 
menos de correr en tal revuelta un gran peligro si 
se dejasen á su suerte los sucesos; 

14.<* Que, aun olvidando el emperador, como se 
esforzaba por olvidar, las quejas amigables que tenia 
dadas, no podia prescindir de la situación -interíor 
política del reino, y que en presencia de ella, habien- 
do varíado notablemente las circunstancias bajo las 
cuales fué ajustado el tratado de Fontainebleau, no 
se estimaba ligado á aquellos artículos y cláusulas 
que podrían dañar á la seguridad y buen éxito de sus 
armas en la Península, mientras esta se hallase ame- 
nazada, ya fuese en lo interior de una guerra domes- 



172 MEMORIAS 

tica^ ja en lo esteríor de una intasion de ingleses 
en sos costas; razón por la cual se consideraba en la 
necesidad de mover sus ejércitos j dé situarlos en 
combinación con los de S. M. C, donde quiera qae 
las circunstancias hiciesen necesaria su presencia, y 
que, por el mismo motivo, no podia menos de exijir 
que cualesquiera plazas fuertes sobre las cuales nece- 
sitasen apoyarse sus ejércitos, les fuesen abiertas, 
dadas á este fin por el gobierno de S. M. G. las com- 
petentes órdenes. 

A estas esplicaciones y preparamientos, harto graves 
y harto serios, seguian luego las demandas presen- 
tadas como insinuaciones del que ruega^ manda, adu- 
la y amenaza á un mismo tiempo ; acerca de las cna- 
les seguiré contando por el orden mismo que llevaba: 
15.^ Qne, por razón de las continjencias ya in- 
dicadas , el emperador no podia menos de pedir i 
S. M. G. algunas garantías contra toda suerte de suce- 
sos ulteriores^ que , independientemente de su vo- 
luntad, pudiesen alterar la paz del reino; que, para 
precaverse contra ellos, podria el emperador tener ne- 
cesidad de hacerse fuerte en las provincias españo- 
las fronterizas de la Francia y.ocij^arlas hafsta pasa- 
do un año de estar hechas y consolidadas las paces 
jenerales; que esta medida, á mas de ser violenta, 
ofrecería un estado muy equivoco y precario para 
aquellos pueblos , y que, si bien no carecía el empe- 
rador de antecedentes históricos y de razones poli- 
ticas para añadirlas al imperio j ó establecer »l 



DEL PRÍNCIPE, ]>& LA PAZ. 173 

menos enire^la§i)Hf>^in<mone$^,ua^á potencia neutra, 
que fuese valladar entre una. y otfa^ se limitaba á 
proponer un cambio favorable á las dos partes, que 
era ceder á España el Portugal entero contra un 
equivalente en las provincias fronterizas de la Fxaii- 
cia; cambio tanto mas útil para España, cnanto por 
medio de él se evitaria la. servidumbre de un camino 
militar > forzoso de sufrir mientras la Francia poser 
yese alguna parte, del territorio lusitano; .quc,^sig 
pretender violentar acerca de esto la voluntad del rey 
de España, deseaba el emperador obtener su bene- 
plácito, no debiendo perderse dé vista que .m^s ade- 
lante, lo que Dios no permiúese, tal podía venir á 
enredarse una complicación de sucesos, queelempe-r 
rador necesitase zanjar la seguridad de la.Fra9cÍ9 
por nuestro lado sobre la posesión de las misnias 
provincias, sin tener entonces á su mano pai^ alguno 
que volver en cambio de ellas; que en los futuros 
contingentes era muy posible que la Españía no fue- 
se siempre amiga de Iji Francia, y que S. M. G^no 
debería e3tr,a(ñ^ {^indicación que le «era bepl^^^ d^ 
un mismo modo ventajosa á entrambas partes ,<.p]|qis- 
to que el emperador, al d^se^r poner á sus i9^f;a4p3 
una barrera mas en los confínes de la España, pfre- 
cia á esta por compensación un nuevo rey no ,^ y la 
libraba de una frontera perniciosa desde el Miño bas- 
ta el embocadero del Guadiana; 

16.*^ Que, demarcadas de esta suerte contra to- 
do evento las fronteras de la España y de la Fran- 



174 MEKO&US 

cia, no por esto aflojaria el emperador en so amistad 
y devoción á S. M. G. sino antes, al contrario, le 
apoyaría y defendería con todo el llenó de sus fuer- 
zas contra cualquiera aloYOSÍa, de donde quiera qae 
emanase, contra su autorídad y sus derechos sobera- 
nos; que el emperador no estaba bien al cabo de los 
sucesos lamentables que turbaron la paz de su fami- 
lia, y deseaba cerciorarse acerca de ellos para pres- 
tarse ó no prestarse á los deseos del principe su hijo 
en cuanto á bodas , á las cuales no daria su asenso 
sin estar seguro de que habria enmendado su con- 
ducta ; que, siendo de otra suerte, no tan solo se ne- 
garía el emperador á introducirle en su familia, sino 
que tendría mucho contento en que el rey le sepa- 
rase de su derecho al trono, y se pensase en otro de 
sus hijos para el enlace proyectado y para sucederle 
en la corona; 

17.^ Qne, en la perfecta unión de toda suerte de 
intereses que el emperador quería fundar entre las 
dos naciones, su intención era pedir al rey católico 
la celebración de un buen tratado de comercio, por 
el que todo fuese igual entre una y otra en todos sos 
dominios respectiyos de acá y de allende de los mares; 

18.® Y que, por última medida de reciprocidad en- 
tre las dos potencias, se procediese á renovar con 
mas grandeza su alianza bajo la doble cualidad de 
ofensiva y defensiva, no limitada, cual se hallaba 
contra los comunes enemigos de una y otra , sino per- 
fecta y absoluta contra cualquiera que lo fuese de una 



DEL P&inCIPB DE LA PAZ. 175 

de ellas , aunqae no lo fuese dé la ólíra; un pacto, en • 
fin , equivalente al antiguó pacto de familia, y aun 
mas estrecho y bien marcado todária. 

Esta manera de cGd>rir y barnizar sus actos con 
fantásticos colores que él mismo fabricaba, y de pe- 
dir y de eifijir insinuando para obtener los sacrificios 
- ,- » 

que quería como si fuesen espontáneos^ no era nue- 
ya en Boíiapárte, acostumbrado como estaba ya en 
la Europa- á' hacer pasar como favores especiales sus 
proyectos , á indicarlos bajo mano y hacer que le pi^ 
diesen lo mismo que él buscaba. !No de otra suerte 
fué traido el padí'e dé los fieles á estotra izarte de los 
míontés para consagrai* la usurpación del trono de la 
Francia; fio de otra ünétte un Melzi, hombre de una 
opinión tan biénf asentada entre los italianos, vino á 
pedirle qiie aceptase la corona de Luitprando; de< 
igual ihddo un Gerónimo Durazzó fué á Milán á su- 
plicarle que aceptase por ofrenda la noble patria de 
Andrés Doria; asi también el hombre de la Holanda^ 
Schimmeípenninckj vino á pedirle un rey de su fa- 
milia paria mejor gobierno y mayor dicha de su patria.- 
Por semejantes sendáis preparó la situación entre 
nosotros Bonaparte^ mas ásperas las sendas que to- 
maba, porque la situación era mas ardua. Descanti- 
llarnos era el prímei paso, y á ver venir mas ade- 
lante los sucesos , disfrutar en tanto nuestras armas 
y riquezas como las disfrutaba en Alemania , y donde 
quiera que tenia protejidos y aliados. Izquierdo, an- 
sioso de venir á España y advertimos lo que tan so- 



é 



1^ i vm ?pz podia fUanifestariias .anchamente ^.teci- 
bió sa encargo, ,|dn mostrarse á Tallejrand como 
contrario á las insinuaciones que traia , para evitar de 
esta manera que se retrajesen de enviarle. Una délas 
personas que le ayudaron á esplprar i, por entre las 
tinieblas de que Napoleón se rodeabja; Ip que pasaba 
á dentro, fué su amigo don José Martii^ez ^p Hervas, 
cuñado de Duroc^ y español leal de tpdas veras, que, 
ppr su posición estaba mas cercano á los secretos. Es- 
te le dijo que tenia por imposibl^jse itti^iie^e Bon»- 
parte á tantear en derechura el trpno. de la: .España 
mientras lo ocupase S. M. reina^ite; f^as que ei^^ de 
temer que el postrer plazo á. su ambicipfi y á siis d^ 
seos mal recatados de abismar jl;is dinastías borbóni- 
cas, pudiera ser el día funesto en q\i^ :§. SI* faltase; 
que tenia el emperador muy mala idea del principe 
de, Asturias^ por mas que le escribiese ^n favpir suyo, 
cual lo hacia frecuentemente| M. de Beauharnais; 
que aun esto s(si, nadie podria fi^ de que no hiciese 
ó no probase á hacer del j^ven principe un instru- 
mento de sus plajnes., si le nega¡$e el rey, cual le.de- 
bia negar, la^ desmedidlas pr^iii^imei^ qu^.inoslra- 
ba; que de vna sola cosa, en $U'(X)nQQ^to, podia pen- 
der el salir bien de aquella crisis /y era, de ía con- 
cordia y firme unión, del príncipe de Asturias con su 
padre; que, tenida esta unión, isin jresijstir con otras 
armas al emperador que las de la razón y la justicia' 
podrían muy bien ser eludidas las pretensiones nue- 
vas que su ambición movía; que se debía cuidaren 



BEL PfiilfCIPB DE LA PAZ. 177 

gran manera de agasajai: las tropas imperiales y de 
evitar encuentros de paisanos j franceses que pudie- 
sen dar pretesto á un rompimiento; que convenía mos- 
trar muy grande confianza en su amistad para tenerle 
á raya , y sin embargo no fiarse ; que, dado el caso de 
acercarse tropas á las reales residencias , 6 intentar 
esparcirse por el reino en todas direcciones^ S. M. 
debia salvar su soberana dignidad é independeínciá 
en posición segura , y no creer de modo alguno ni en 
palabras, ni en protestas, ni en visitas de amistad; 
porque, después de todo, se trataba de un honibre 
poderoso, antojadizo y caprichudo en sus proyectos 
jigantescos de que á nadie daba parto sino al mo- 
nento mismo de ponerlos por la obre. 

Izquierdo se agregaba enteramente á la opinión 
de Hervas; pero añadiendo no quedarle duda deque 
Napoleón seguia su doble juego por mano de Beau<- 
barnais; que sus palabras y protestas ^e amistad al 
rey no concordaban con las voces que corrian entre 
las altas clases inmediatas al gobierno, de que el 
emperador se interesaba grandemente por el princi- 
pe tle Asturias , y que se disponia para pasar i Es- 
paña y arreglarlo todo en ¡favor suyo; que estos ru- 
mores, en su manera de pensar, eran especies echa- 
dizas para hacerlas cundir en las tertulias y cebar 
las esperanzas de los Fernandistas, de algunos de 
los cuales se decia que mantenían correspondencia 
muy seguida con no pocos personajes de segundo 6 
iercer orden del imperio; y que, en fin, entre tas 

12 



178 KEVOBUS 

varias j contrarías conjeturas qne podían for. 
marse sobre la intención de Bonaparte, dos cosas 
eran ciertas é indudables, á saber: que por el un ca- 
mino ó por el otro, quería estender hasta las máije- 
nesdel Ebro su dominio^ y allanamos » como tenia 
allanadas tantas otras cortes de la Europa , hacién- 
dolas servir á sus designios j á sus guerras, y man- 
teniendo á sus costillas una parte de sus tropas bajo 
toda suerte de pretestos. 

La respuesta que fué dada, noble y decorosa, mo- 
derada y firme á un mismo tiempo, por igoal modo 
insinuativo al que trajeron las esplicaciones y pro- 
puestas del mensaje recibido, podrán verlas mis lec- 
tores en el capitulo «citado XXXI: todo fué nega^ 
con igual dulzura y con la másma maña con qne fué 
pedido, y con no menos entereza. En cuanto á su- 
cesión de la corona, respondióse que de ninguna co- 
sa estaba mas distante el rey qne de tocar á los dere- 
chos de su hijo, rehabilitado en todos ellos por el 
perdón qne le habia dado , y vuelto enteramente á sa 
caríño y á su gracia (1). 



(i) Después de su TueUa á París hasta el *2i de marzo ha- 
bia tenido dou Eujenio Izquierdo muchas y muy escabrosas 
conferencias con Talleyrand y con Duroc sobre las especies 
que en calidad de insinuaciones habia llevado á Madrid, y so- 
bre las respuestas qne habia traido. Dnrante aquellos días, 
tanto el uno como el otro , habían apurado todas las astociafi 
del arte diplomática para persuadir á Izquierdo de la m^etm- 



BEl PBtnCIPB OB LA PAZ. 179 

Sienta aqui bien reproducir ahora lo que acerca 
de este rasgo de firmeza, tan honroso á Garios IV^ 
tengo dicho en mis Memorias. Si aquel buen rey> 
tan olvidado hoy día , tan poco conocido , tan mal* 
tratado en las historias que se han hecho hasta el 
presente , hubiera sido un rey rulgar, sin dignidad 
en sus ideas, sin majestad en su carácter, sin amor 
á sus pueblos, sin otro amor que de si mismo, sin 
mas pasión que su TÍolin y su escopeta, descuidado, 



dad de complacer al emperador, de las ventajas que podría 
traer á Bspaña la posesión entera del Portugal, y de loá graví- 
simos disgustos que podrían ofrecerse negándose nuestra corte 
á^las concesiones «pie tan pacificamente le kabian sido insir 
nuadas. Talleyrand llegó hasta pretender de Izquierdo que, 
aunque no fuese sino una simple promesa sub spe rati^ firmase 
un tratado que con muj poca diferencia Contenia en el fondo 
las propuestas hechas. No habiendo podido donsegmrlo^ l6 di- 
jeron el dia 22 que el emperador qneria hablar con ¿1 dntéscíe 
enfadarse seriamente^ pero est6 caso no llegó, y» en vex de ser 
llamado para aquella entrevista , le fué entregada ex abrupto 
al dia siguiente, como una verdadera especie de ultimátum^ 
aunque sin pronunciar este nombre, la nota verbal que incluyó 
Izquierdo en su relación del 24, y qne, llegada k Madrid cuan- 
do Femando ocupaba el trono, fué recibida con gran contento 
por Escóiquiz y Geballos, sacando de allí argumento para apre- 
surarse á ir á Bayona á solicitar el reconocimiento, ó, por me- 
jor decir, la investidura de rey de España de las manos de 
Bonaparte , concediéndole á este fin las demandas que la nota 
verbal contenia. El testo de esta nota y de la relación de Iz - 
qtñerdo se encontrarán entre los docttmeñtos del tomo V. 



180 MEMOBIAS 

indolente 9 j tantas cosas como estas que se han di- 
cho; un rey, cual lo han pintado las pasiones de 
una cabala enemiga, cual le han ajado con sus plo- 
mas tanto numero de ingratos^, hubiera recibido y 
apretado con 'la suya la mano poderosa que Bona- 
parte le alargaba, y hubiera asegurado su corona, al 
menos por sus dias, destruido ó acallado aquel parti- 
do que se la estaba amenazando; y hubiera, como 
tantos otros lo habian hecho, trocado cual rebaños 
una parte de sus pueblos, y hubiera sometido los 
que le quedaban á la intima alianza y sociedad de 
guerras que pretendia IXapoleon , y á que se habian 
prestado ya de antes tantos pueblos y principes de 
Europa; y habria quedado libre y en paz para sos 
cazas; y ciertamente habría contado para reinar y 
vejetar sin mas zozobras con el brazo diamantino de 
su amigo y aliado. 

Y cuanto á mi, si hubiera preferido mi interés al 
de mi patria , si la soberanía de los Algarbes me hu- 
biera deslumhrado , ó si el deseo de desquitarme y 
de abatir mis enemigos me hubiera poseido, ¿qué 
ocasión tan rodada no fué aquella para lograrlo todo 
complaciendo á Bonaparte, y aconsejando á Gar- 
los lY, como un medio de triunfar de las facciones, 
que accediese á sus deseos? Tal yez mi honor ha- 
bria sufrido menos tomando este partido, porque el 
poder lo cubre todo y paraliza al enemigo. IXadie en 
España ha perseguido á los que no tan solo confesa- 
ron, sino que se alabaron de haber ido á Bayona 



DEL PfilNGIPE DB LA PAZ. 181 

consentidos á ofrecer á Bonaparte las provincias 
fronterizas á trueque de afirmar sobre las sienes de 
Femando la corona de sn padre (1); y todos estos 
hombres han gozado Inego de los aplausos de su pa- 
tria , y han ocupado largo tiempo los primeros pues- 
tos del estado. ¡Para mí solo la ignominia^ que pu- 
diendo, como pude, sostener á Garlos lY^ y soste- 
nerme yo á su lado por tal medio, amando mas mi 
patria que á mi soberano y á mi mismo , no lo hice! 
En mano suya estuYO y en la mia la aceptaciou de 
aquel tratado, por el cual habría podido aquel buen 
rey vilipendiado defenderse de traidores y rebeldes 
con las fuerzas mismas que ellos decian venir en fa- 
vor suyo (2). 

Pero el deber y un gran deber estaba de por me- 
dio ante sus ojos y los mios: perder mas bien la real 
diadema que guardarla á un precio deshonroso, 
guardar el caro nombre de españoles tan preciado 
hasta á los mas pequeños de sus subditos, apellidar- 
los noblemente, decirles su peligro, ponerse á su 
cabeza armado del escudo de su buena causa , morir 
con ellojs y por ellos primero que ponerlos 6 dejar- 
los voluntariamente bajo un yugo no querido ni bus- 
cado como si fuesen siervos, guardar en fin su jura-^ . 



(1) Jdea senctUa , pajinas 18 y 25. 

(2) Véase el número 16 de las esplicaciones j propuestas 
poco antes referidas. ' 



182 HBHDfilAS 

mentó contraído con sos pueblos ^ y batallar hasta la 
muerte por no desengarzar ninguna joya de la corea- 
na recibida mientras le fuese dado en fuerza huma- 
na conseryarla.... be aquí lo3 sentimientos de aquel 
rey y aquel ministro | tan alerosamepte derrocados 
por los que fueron luego en derechttt^ y libremente 
con el rey de su elección á presentar el jj^ato desea- 
do á Bonaparte (I). 
El rey» después de minutada y entregada i Iz* 



W * I 



(1) Por si i alguno que no hoMere leido mas qae este te- 
sómeai le ocomese decir qae Garlos W no mostró en Bayona 
la misma nobleza de carácter , le rogaré que lea por lo ménoi 
los dos últimos capítulos de estas Memorias^ XXXY y XSSIV. 
I^ngano que los haya leido imparcialmente encontraré motive 
para poner esta tacha á aqnel buen rey desamparado , qne ni 
eñ'Ia próspera fortnna ni en la adversa desmereció jamas e! 
aitctode sus pueblos, Garlos IT en Bayona no era ya más qne 
un rey caido en medio de un tumulto , fujitivo* sio amigos» 
sin soldados, $ia sus pueblos » sin defensa algooa humana , sio 
nadie qne volviese por su causa , eufermo y dolorido de alma 
y cuerpo, sin mas aliento en tal estado que el que le daba y le 
quitaba alternativamente Bonaparte, hasta que en fin pudo ater- 
rarle con k idea del Dos de Mayo , dándole entonces á elejir 
entre el estremo de vengarle y de subirle al trono sobre los 
cadáveres saugríentos de sus enemigos sublevados , ó el de 
cederle sus derechos. Garlos lY prefirió cederlos todos pri- 
mero qae mancharse con la sangre de sus pueblos ; y aun en 
tan dura situación cuidó y logró de poner á salvo la integridad 
de España y su ser de nación libre , no sujeta ni agregada á 
otra ninguna. 



D£L PRÍMCIPB BB LA PAZ. 183 

quieráo lá respuesta, me mandó que preparase la 
pattída á lo interior para estar prontos á enipren* 
d^rla si las resultas lo exijiesen. A pteTsncion, por 
si llegaba el caso, tenia yo dirijidas las convenien^ 
tes instracciones lil jeneral Solano qae mandaba en 
Portugal la división d^ Alentejo, y al jeneral Cst-^ 
raía, que á la saxou tenia i su eargo la ddl Miño. 
Eslos dos jenerales erau también los jefes de Áuda^^ 
luda y Estremadura , cuyas capitanías les fueron 
couserradas, aunque ausentes, por la mira <[ue yo 
tuve de fiar á pocas manos las operaciouos necesa- 
rias t estaban igualmente sobre aviso los capitanes 
jenerales de Granada, de Valeucia y Murcia, y el 
do Granada con ebaargo de entenderse con el Jene- 
ral Castaños que «olidaba el campo de San Roque, 
y adrertirie en ticflí^ útil el movimiento de los re- 
yes y de la real familia, llegado á realizarse. Yo es- 
puse áCiürlos IV la aecesidad de adelantarnos á las 
dificultades^ que podía ofrecer cualquier retardo en la 
medida que debia salvar la independencia y el Ikh 
Bor del' trono. ^' La nación está engañada ^ le decia 
j»jo al rey; es menester decirle lo que pasa, <|uere* 
^conozca su peligro, que vea claro el precipicio i 
«cpie la llevan loa malvado» qae le pintan la agre- 
»sÍon de Bonaparte como el advenimiento de un Me- 
Msias que viene á redimirla. A.y..M. no le es posi- 
iible al^r su voa augusta mientras no esté, cual 
7>corresponde á su seguridad y á su decoro, sosteni- 
»do poB sus tropas , lejos de los franceses , lejos tam- 



184 H£HOBUS 

jibien de esa trinchera que ofirece á los malrados k 
j> legación francesa. Kapoleon intenta cometemos por 
jiel miedo y el engaño, no por armas; se miraria 
j»mny bien antes de deshonrarse á TÍsta de la Eoro- 
Jipa acometiendo en plena paz á nn aliado, y eii- 
i#jiéndole á la Coerza el abandono de una parte de 
»los dominios mismos de que bajo su firma se decía- 
»rd garante: no nos mostremos tímidos, p<mgÍBio- 
jinos en regla : descompongamos sos intrigas, y yen* 
jiga nna respuesta buena é mala, como, quiera. No. 
ttfalta mas que dar vuestra real orden á los que es- 
jitan ya preparados, y á los demás la de acudir i 
adonde les sea dicho. Alas primeras que se dieren, 
»Y. M. podrá contar para su marcha y su recibo en 
»lo interior con treinta mil soláados, y después, en 
«pocos días, con mas de ochenta mil de todas armas. 
«Badajoz, Sevilla, y en postrer recurso Cádiz, se- 
jirán los baluartes de Y. M. y de su real familia: 
«aun, si fuera preciso, no estaA lejos las islas Ba- 
«leares donde tenemos diez mil honibres, un pudilo 
«fiel á toda prueba , y una escuadra allí sujeta para 
«cuanto ocurra, á mas de la de Cádiz,. donde, en 
«caso necesario, la francesa que haiyMjdli podrá ser 
«nuestra ; libres tamUen las demás fuerzas del Fer- 
«rol y la Coruña, y libre enteramente la marina pa- 
«ra mover las tropas donde quiera que convenga. £1 
«Alentejo y los Algarbes están prontos á lerantarse 
»en masa ; la Inglaterra dejará de ser nuestra ene- 
Amiga, y so interés le hará ayudarnos. Después es- 



. DEL PAÍNGIPB DB Li. PAZ. 185 

»tá la Europa, á quien, na en balde, se podrán 
«contar en libertad las tropelías de Bonaparte; y 
Dpor cima de todo está la España, la nación leal, la 
unacipn pundonorosa de todas las edades, que, en sa- 
»biendo lo que pasa, sabrá alzarse, como siempre, 

» 

»contra el yugo estraño, contra la amistad falaz de 
)>ese aliado en quien le hacen creer ahora , y contra 
)>la añagaza qne le ha puesto de las bodas para co- 
»jerla entre sus redes (1)." 



(1) Si algano pudieía dudar^de los medios con qae me ha- 
llaba para salvar al rey y sa real familia sin que pareciese nna 
fuga, y para formar el cuadro de un grande ejército respeta- 
ble, le diré qne contaba con la división del jeneral Solano, que 
estaba sobre aviso y en franquía para salir, como salió en efec- 
to, del Alentejo para los puntos que le fueron señalados; con 
las tropas del ejército de Galicia que el jeneral Garrafa hacia 
salir de Portugal para España en los mismos días de los tu- 
multos de Aranjuez ; con la caballería y artillería de á caballo 
que debia completar la división auxiliar del ejército francés 
de Junot , y que con diferentes pretesios tenia yo aun retenida 
en la Estremadura española; con las guarniciones de Madrid 
y Aranjuez; con los rejimientos acuartelados en. las inmedia- 
ciones de Madrid ; con el destacamento de zapadores qne se 
encontraba en Alcalá; con los rejimientos y tropas sueltas que 
había disponibles desde Tarragona hasta Murcia, y que el con- 
de de la Conquista debia reunir y acercar á la Mancha ; con 
la división del campo de San Roque que debia llamarse al mo- 
mento preciso de la traslación del rey ; con los batallones de 
marina de los departamentos de Cartagena y Cádiz ; con los 
artilleros de la marina; con los tercios españoles de Tejoa qué 



186 HBM0EIA8 

Ira de Dioa para la Bspaua fneron , no solo Boni^ 
parte , sino tambiea aquellos bombí es^ desleales que 
se pusteron por delante» para ei^orpecer la Tolmntad 
de Garlos lY. fin mis Memoria» Im contado larga* 
mente (1) las intrigas, los esfneoraos j loisitiicnos 
medios con que procuraron impedirle aquella mar^ 
cha de qae pendia el honor de la corona j la salud 
de España. Los mejores dias fiaeron perdidos por las 
dudas j temores que infundieron en su espiritui;. y 
cuando al fin, llegados los momentos perentorios de 
salvarse , 6 de entregarse en manos de las tropas in- 



estaban al mando del brigadier don Pedro Orimarestf am to- 
dag )as guarniciones j destacamentos de las Andalncías | con 
los ctrerpos de milicias provinciales de los cnatro reinos de 
Andaünda , de la Estremadnra , de Bforcia y de la Mancha , de 
los cuales no estaban todavía incorporadas con las tropas de 
línea sino algunas compañías de granaderos; con las compañías 
de inválidos hábiles de Valencia , Andalucía y Estremadnra; 
con las milicias urbanas j compañías fijas de Cádiz, Pnerto de 
Santa María , Tarifa, costa de Cartagena , Badajoz , Albuqner- 
qoe , Ale ántara , Alconchel , Yafencia de Alcántara , Ciudad 
Rodrigo, etc.; con los escopeteros de Andalucía, y con los di- 
ferentes trozos del resguardo de las costas , muy mmiero- 
sos en aquella actualidad, y asistidos en diferentes puntos 
de tropa activa de línea : todo esto sin hacer entrar en cuenta 
las demás tropas repartidas en el norte de España y en las 
otras provincias, aun las ocupadas por el enemigo, que habrían 
competido en lealtad y decisión con las del me^Bro¿Ba, coiiM^ 
después foé visto. 
(1) Capítulo ICXXI. 



DEL PBÍHCIPE BB LA PAZ. 187 

T^soras^ reanínó sa corazón y resolTÍó lleva» ú efec^ 
to la partida , nadie ignora de qué modo fué firuitra-t- 
do en sa desi^o^ lo que conmigp liícienm, -qné es lar 
iBéi|os; lo que con él osaron , que en mas j fué 'lo> 
sumo, cercando y aílijiendo sn real dnimo^ hastá> 
que consiguieron se desnudase del real manto. |Mial«^ 
dad atroz la que inventaron para cegar los puebkisví 
esparciendo que S* M. huía para la Amáriea> qui^ 
S)a 4 dejarios hpérfanos, y á poner la España .eiá 
igual caso doloroso en q^e habia quedado el Portn^ 
gal poc 1^ fiígia de sus principes! ¡Maldad atroe, sa-^^ 
btendpy cual sabiauf que calumniaban i su rej, qiie> 
los;apréstos del viaje aun no llegaban i los que so«<: 
lian bacerse para mudar de residencia de un sitto^' 
real á otro; que nada se innoraba en el gobierno; '• 
qué á nada se tocaba en el palacio; que no se hacia 
ningún acopio de caudales ni de alhajas, ni se veían 
embalajes de importancia, ni se notaba operación al- 
guna que indicar pudiese , ni aun por sueño, tal via^ • 
je i la otra parte del Atlántico! 

TSo eran, por cierto, necesarias tales pruebas, f 
bastaba la fe debida á Garlos lY , que al principe de 
Asturias, al infante don Antonio, i todos sus minis- 
tros y á diferentes grandes, familiares del palacio, • 
les mostró sus intenciones^ de hacerse respetar de Bo- 
ñaparte en posición independiente, 7 atraerle i sus 
deb^es , ó fiar en Dios y en el pais para guardar sus 
reinos y la inmunidad de su corcma. No era esto, 
empero, lo qi^e quería aquel bando de ambiciosos sin^ 



188 lMtEMORIi.8 

yirlud ni entendimiento. Napoleón era el escudo en 
qae fundaban sn esperanza; el nombre de Femando, 
su divisa: perder aquel escudo, perder esta di?isa 
era yenir á tierra todos sus proyectos de ventura, no 
de España , sino de ellos. Si el rey llevaba á efecto 
su partida, ¡á Dios esta ventura casi ya al momento 
mismo de creerla asegurada! Este era el gran peca- 
do que debia costar á Garlos lY sn corona, y á mi la 
larga serie de trabajos que aun estoy llevando. ¡AL! 
Garlos ly no iba á América; si bien no se olvidaba 
de aquella parte de sus reinos, pronto á poner en 
obra mi consejo, de enviar á aquellas vastas pose- 
siones dos ó tres infantes de G astilla con ministros 
sabios que cumpliesen los deseos de aquellos habi- 
tantes con leyes adecuadas á sus necesidades y á los 
progresos que habian hecho: este fué otro de los bie- 
nes que impidieron aquellos hombres sin consejó 
por quienes luego fué perdida aquella inmensa par- 
te de la monarquía española, tan dichosamente con- 
servada bajo Garlos lY en medio de las guerras en 
que ardian las tierras y los mares. 

Yo acabo aqni el resumen de mis actos tocante al 
tiempo en que el' rey Garlos se dignó ocuparme en 
su servicio. Lo que pasó después de mi caida no me 
pertenece, ni á mi me es imputable. Es cosa bien sa- 
bida que mi prisión fué tal como un sepulcro donde 
fui guardado al modo que la muerte guarda inexo- 
rablemente á los que entraron bajo su dominio. So- 
lo mis enemigos pueden ser llamados responsables 



D£^ PBlNCIPE BB LA PAZ. 189 

del compromiso doloroso en que pusieron á los reyes 
padres, cnando humillados, aflijidos, solos, llenos de 
mil terrores é inciertos de su suerte, sucumbieron í 
la idea de seguirlos á Bayona. (1). Si hubiera yo po- 
dido aconsejar á Garlos lY, otro camino muy distin- 
to habria tomado: en el postrer rincón del reino, en 



(1) Los conspiradores de Áranjaez lucieron grande estadio 
de callar j hacer ignorar á todo el mnndo las disposiciones 
favorables con que se mostró Garlos IV en los días siguientes 
á su renuncia del 13 de marzo para formalizarla y validarla 
por todos los medios legales que serian posibles en aquellas 
circunstancias, bajo condiciones las soais reducidas y modera- 
das, en gran manera inferiores á las que Felipe Y había dicta* 
do cuando abdi<5ó la corona en favor de su hijo Luis L Estas 
disposiciones tan jenerosas , no solo fueron despreciadas y re- 
batidas, sino que, por cima de esto, osaron intimar álos reyes 
padres la orden de que se retirasen á Badajoz , á donde les 
habrian hecho partir forzadamente, á no haber tenido la inter- 
vención de los franceses , á cuyo amparo se acojíeron sus 
majestades. Los tumultos y desórdenes que ocurrieron aque- 
llos dias en diferentes puntos del reino « las felicitaciones he-r 
chas á Fernando qae publicaba diariamente la gábeta sin 
tenerse cuenta de lo que directa ó indirectamente contenian 
de amargo para su padre , los papeles sueltos é ignominiosos 
que se hacían correr subrepticiamiente , la- gaceta del 34 dé 
marzo , el completo abandono en que se. hallaba de todos sus 
amigos y servidores , el rejistro que se hacia de sns papeles y 
los mios para indisponerle con el emperador , haciéndole ver 
las medidas que se habian tomado en contra suya , y otros 
machos motivos de esta especie , pusieron é sus majestades 



192 MEHOEUS 

bie^e sido Bonapartel Pero esta noble injennidad del 
hombre justo que abría su corazón tan francamente, 
y que con fin tan sano como llevaba en esto le 
afirmó que el trono no escitaba sn codicia, qne pre- 
fería el retiro 7 el descanso, qoe no qnería ríolen- 
eias ni trastornos por sn cansa , y qne tan solo de- 
seaba la paz de sns vasallos y la saya , esta abertura 
de sn alma delante de aqnel hombre tan astuto, fué 
el costado descubierto qiíe halló este para llegar 
oblicuamente á sns designios. 

Protestas de amistad sin tasa , necesidad por ho- 
nor snyo de reponerle en sns derechos, necesidad de 
deshacer un mal ejemplo cuya enmienda interesaba 
ú todos los monarcas , oposición de parte suya á que 
reinase el príncipe de Asturías por la razón de que 
pasarle la corona sería entregar el reino i las faccio- 
nes, elogios al talento 9 á la moderación y á la cor- 
dura con qne S. M. habia reinado , empresas y pro- 
yectos para bien, no solo de la España y de la Fran- 
cia , sino de todo el mundo, á que quería asociarle: 
tales y tales otras cosas como estas opuso Bona- 
parte i aqnel desinterés con que miraba Garlos I¥ 
la corona. 

Bajo este mismo tema siguió los pocos días qne le 
bastaron para encontrar sn hora deseada, embele- 
sando á Garlos lY y á la reina con su habla, col- 
mándolos de obsequios y finezas, anunciándoles la 
orden qne habia dado para que viniesen á Bayona 
dipntados espafioles á desagraviarlos y á tratar aeéi^ 



DEL PRIIfCIPB DB LA PAZ. 193 

ca de los medios de enderezar de nuevo el carro del 
estado; y poco á poc^ detras de esto refiriendo el 
mal aspecto qne la España (dirijida, les decia, por 
los ingleses bajo mano) iba tomahdo; aguándoles sa 
gozo^ ya con los partes que llegaban de Murat cada 
dia mas alarmantes, ya con los pliegos y papeles que 
interceptaban los gendarmas , ora una carta de Fer- 
nando, ora de algunos de su cérte, ora de amigos su- 
yos poco ó nada precabidos que les escribian de Es- 
paña contra Garlos lY; por un lado reanimando, por 
el otro consternando el corazón de aquel buen rey^ 
tan enemigo de la sangre^ tan pronto dándole el ve- 
neno, tan pronto la triaca, hasta aquel dia fatal en 
que , llegadas las noticias y los partes del terrible 
DOS DE MAYO (ya hubiese sido preparada por Slurat 
esta jornada dolorosa, como algunos han pensado,. ó 
ya un acaecimiento que la jeneral irritación hubiese 
producido), la aprovechó ]\apoleon para abismar el 
ánimp del rey, haciéndole creer, que aquella gr^n 
trajedia era la obra de los partidarbs de su hijo en 
odio de su padre, y que la España: estaba ar4iendo 
en vivas llamas, presentándole cuadros horrorosos 
del progreso que podia tomar ,^quel incendio, y dái- 
dole á elejir entre seguirle á conquistar su trono á 
fuego y sangre, sin piedad de nadie, por sobre los 
cadáveres de sus contrarios , ó renunciar á él en fa- 
vor suyo para ponerlo en manos que bastasen á con- 
tener tan grandes males, y libertar la España de la 
ruina de que se hallaba amenazada. 

13 



194 IKEMO&IAS 

Asi faé el golpe de sorpresa con que logró des- 
atentar á Garlos lY y arrancarie la corona. Despnes 
de las señalen y demostraciones de faTor y de amis- 
tad que fué visto prodigarle Bonaparte, la yoz co- 
man en la ciudad y eiitre los mismos oficiales del 
imperio, no fué otra sino que, fiel y jeneroso con sa 
' augusto amigo , estaba decidido á reponerle en sus 
derechos, y el golpe fué tan dierto y tan seguro, 
cuanto era menos esperado. 

El rey quiso mas bien perderlo todo que ser ver- 
dugo de sus pueblos , y no se olvidó de ellos cuando 
al prestarse á la renuncia que sabia muy bien ser 
nula bajo todo aspecto, no consintió en hacerla sino 
á condición, sine qua non^ de que la integridad del 
reino en los dos mundos fuese mantenida , y la na- 
'-cion y la corona fuese en todo tiempo indepen- 
diente. 

Toda esta mutación tan asombrosa fué la obra de 
un instante; INapoleon no dijo á nadie su intención 
ni su secreto, ni hubo mas diplomacia que la suya; 
negocio atropellado y arreado con tal priesa por su 
propia mano , que aquella misma noche , á pesar de 
!os esfuerzos que yo hice porque el rey tomase tietn- 
po y lo pensase, fué todo consumado (1). 



(1) Mis lectores hallarán todos los detalles de esta triste 
historia, desde el 17 de marzo hasta el 5 de mayo, en los ca- 
pitules XXSCn, XXXm , XXXIV , XXXV y XXXVI con que fi- 
nalizan mis Memorias* 



DEL PBÍNGIPB DB LA PAS. 19$ 

Tal faé el.fin de los seis días en que los i^e^s pa- 
dres fueron envueltos ^ festejados, eogaojados j ra* 
bados por su heroico huésped. Los qm ninguna ^co- 
sa. vieron de lo que pasó allí dentro ^j fueron cansa 
salo ellos de que el emperador de los fra,neeseS;Caa- 
liViase la. familia real de España (^ue á.AD .io^pedirr^ 
t6 ellos atrozmente por la fuerza.» hubiera & yo salra- 
4o j defendido á todo trance), han ^poeetendido lue- 
go, inicuamente hac^r creer que ;o escité ámis reyes 
á ceder á Bonaparte la corona. Si > aquellos hombres^ 
igualmente desleales á Fernando y* á su padre, los 
cuales todos ellos, hasta el mismo. fisoóiquiz, acata- 
«son al monarca intruso como rey .de España , y. se re- 
•canoeieroñ por ¡escrito, sus vasallos (i). Tetándose los 
mas. á. su servicio en las primeras plazas del estado; 
Á aquellos hombres, digo, no pudieron ni quisieron 
^comprender los sentimientos de lealtad* con qne en el 
desamparo en (pie se h^Uaha^ hasta la postrer hora, 
aconsejé fielmente á .Garlos lY, y me esforcé por 
animarlo i resistir á Bonaparte sin temor de ser su 
victima: ellos, que asi en Bayona, como en Madrid 
' 1.1 ■ . I' ' 

(1) Para reconocer l^susta qué grado puede llegar la cor- 
rupción y la bajeza de los hombres, debe leerse la petición de 
Escóiquiz y demás individuos de la comitiva del rey Fernando 
al rey José, dirijida desde Yalen^ay en 22 de junio de 1808. 
nfis lectores la hallarán en el tomo n de las Memorias de 
Uorente bajo el número 75 ; parte de ella la encontrarán en 
las mias,j capitulo XXXYI. 



196 HEHORUS 

j en Aranjuez , no consultaron otra cosa qne sa am- 
bición^ sn impunidad, sus intereses y sns miras per- 
sonales , á juzgar por ellos mismos y por sus propios 
corazones, habrian debido por lo menos concebir qoe 
mi interés, mi honor, mi porvenir y toda mi exis- 
tencia pendian de que reinase Garlos lY; mi lealtad 
y mi interés, en aquel caso, estaban al unísono. W^ 
yo fui como ellos; yo no pedí al emperador, como 
ellos le pidieron, gracias ni favores, ni él tampoco 
me los hizo; yo no reconocí á José ni lo juré, caal 
lo reconocieron ellos y juraron por conservar sus dig- 
nidades, sus plazas y sus bienes; José dispuso.de los 
mios como «i no tuviesen dueño conocido, y pomo 
rendirle en modo alguno ni directa ni indirectamen- 
te mi sumisión y mi respeto , no reclamé este agra- 
vio , y conténteme en tal estado de las cosas con vi^ 
vir de las migajas de la mesa de mis reyes, que en 
diferentes intermedios de su peregrinaje doloroso, tí- 
vieron de prestado, como fué público en lUarsella y 
en Italia. Lo he dicho ya mas de una vez en mis Me- 
morias^ y aun lo repito con orgullo: yo soy uno de 
los pocos hombres del tiempo en que vivimos qne, 
en las vicisitudes tan violentas y frecuentes que han 
sufrido los gobiernos de la Europa, no haya presta- 
do mas que un solo juramento. El que presté ú mi 
rey lo mantuve, no tan solo hasta su muerte, sino 
después de ella, obedeciendo sus encargos y manda- 
tos hasta el punto de postergar mi honor y mi de- 
fensa al cumplimiento de ellos, y haber callado y 



DEL P.B1NGIPS BS LA PAZ. 197 

encerrado mis dolores en mi alma tantos años.... ¿Y 
habrá acaso todavía quien, después de tantas prue- 
bas relevantes de mi amor 7 mi lealtad á Garlos lY, 
pueda ni aun sospechar que yo lo induje á desceñir- 
se la corona y á ponerla en manos del emperador de 
los franceses? 

Todos mis males, todos mis trabajos, toda la ene- 
mistad de mis conciudadanos , que de todos mis do- 
lores ha sido el mas agudo, tantas penas y amargu- 
ras que he sufrido, y que se doblan con los años sin 
ningún alivio ni rescate todavía, proceden solo de 
una voz, la que me echaron los malvados, que, des- 
pués de haber buscado en Bonaparte el patrocinio de 
sus crímenes; después de haberme derrocado -para 
impedir la salvación que yo buscaba de mis reyes y 
mis príncipes; después de haber llevado al príncipe 
Fernando y puéstole en las manos y á merced del 
enemigo de su casa; después que fueron cansa, ó por 
lo menos ocasión de que su atribulado padre cayese 
en igual lazo; después, en fin, de la catástrofe veni- 
da por tal obra de que ellos solos fueron reos, á mí 
me la cargaron, diciendo á la nación que yo lahabia 
vendido á Bonaparte. Los tiempos descubrieron len- 
tamente estas maldades; los velos que habían puesto, 
á la verdad harto ya tarde para España, los descor- 
rió la historia; pero las impresiones que dejaron sus 

calumnias en los ánimos, tan largo tiempo manteni- 

' ti' 

das por el poder de que se hicieron dueños, no están 
quizás borradas totalmente entr^ la iqiir^edumbre. 



1 98 MEHOBIAS 

T he aquí, no obstante, el hombre en los postreros 
años arrecogíó todos los odios y baldones de mis ene- 
migos para verterlos contra mi en su historia: he 
aqní> no obstante, lo qne el conde de Toreno, ce- 
diendo á la verdad tan manifiesta en nuestros dias, 
escribe acerca de esto: «El reconcentrado odio qne 
D habia contra sn persona (1) fné también cansa qne, 
» al llegar al desengaño de las verdaderas intencio- 
» nes de INapoleon , se le achacase qne , de consuno 
Dcon este, habia procedido en todo: aserción vul- 
»gar^ pero tan jeneralmente creída en aquella sa- 
» zon^ que la verdad canje qne abiertamente la des- 
» mintamos. Don Manuel Godoy se mantuvo en 
n aquellos tratos fiel á Carlos IP^y á María Lm- 
»saj sus firmes protectores^ j no anduvo desacor- 
» dado en preferir para sus soberanos nn cetro en los 
» dominios de América, mas bien que esponerlos, 
j» continuando en España, á que fuesen destronados 
y presos (2).j» 



(1) Las verdaderas causas de este odio las encontraráa 
nás lectores menudamente espGcadas en las primeras pajinas 
del capítulo XXXI, j yoles ruego que las lean si deseaá juzgar 
imparcialmente. 

ip) En su Historia de ía revolución de España , libro II, 
pajina 76. To dejo dicho y bien probado qne el ánimo del rey, 
conforme enteramente con mis consejos, no fué de abandonar 
el reino , sino dé' defenderse y defenderlo. Esta manera de 
narrar d^r4'<bd6 d« Torvno, aun confesando la verdad y dan- 



DEL PBlNGIPE DE LA PAZ. 199 

a 

Yo agradezco al cpnde de Toreno esta justicia qae 
me ha hecho, harta raida i la verdad y harto forza- 
da , pero al fin justicia hecha por quien tanto, tan sin 
causa j tan injustamente me ha ultrajado. La histo- 
ria, cuando aparte la basura que han esparcido las 
pasiones, dirá mejor y dirá mas: 

Dirá que estuve largos años trabajando por mante- 
ner la paz del reino, que mi trabajo no fué en vano 
y la mantuve, con un mérito especial en nuestros 
tiempos, sin rigores; , 

Dirá que al mismo tiempo estuve batallando sin 
intermisión, y sin ningún descanso, por mas de do- 
ce años, contra aquellas dos fuerzas colosales que 



do testimonio á la lealtad de mi conducta , prueba una cosa 
sobradamente manifiesta , y es la mala voluntad con que lo 
daba : tanto major motivo en favor mió para ser creido. ¡ Oh ! 
ciertamente, si el conde de Toreno hubiera escrito después de 
ser ministro , de otra manera habría contado , habiendo visto 
por esperíencia propia suya lo que pasa en las alturas del po- 
der, de donde en breve tiempo salió herido y mal herido en lo 
mas caro que hay en el mundo para el hombre) hecho la fábula 
de España y de la Europa entera, cumplido en él aquel oráculo 
terrible, no de un padre de la Iglesia que él buscó, trayéndole 
á la fuerza, para insultarme en mis desgracias y de paso hacer 
creer que sabia griego ; sino del divino autor de todas las ver- 
dades cuando dijo : In qua mensura mensi fueritis^ remetietur 
vobis . £T ADJiciETUB vosis. Estas añadiduras yo no se las de- 
seo ; yo lo perdono , y asi Dios quiera perdonarlo y darle en- 
mienda. 



200 HBJfOBlÁS 

amenazaban, cada una por sa lado, tragarse el man- 
do entero, sin ser fácil decidir, en el sistema y en el 
rumbo que tomaron una y otra, cual de las dos cao- 
sase mas peligro á las naciones, ni de caal modo 
fuesen mas dañosas, ora se las mirase como amigas, 
ora como enemigas; 

Dirá que, sin embargo, ni la una ni la otra, mien- 
tras estuve á la cabeza ó al lado del poder, en quin- 
ce años ya pasados en esta ruda brega, no lograron 
decentar, ni aun tan solo pellizcar, la monarquía es- 
pañola , faltando solo el haber yisto como hubiera yo 
salido de la prueba en que ÜNapoleon puso á la Espa- 
ña al mismo tiempo que llegaban de la otra parte de 
los mares los anuncios de los triunfos inmortales con- 
seguidos contra la Inglaterra en Buenos- Aires; 

Dirá que, en la medida que tomé con tanto empe- 
ño de poner á salvo la familia real , y apellidar la 
tierra contra la invasión francesa , no aventuraba mas 
que los azares de una guerra en que, á mal venir la 
suerte, todo podia perderse por mas ó menos tiempo, 
empero no el honor de la corona y de la España; 

Y hará comparaciones y dirá: «Godoy quiso sal- 
)) var sus reyes y sus príncipes , y negociar honrosa- 
JD mente con las armas en la mano; mas la facción 
i> traidora derrocóle, y á sus reyes y sus principes 
» los sujetaron y pusieron deshonrosamente á la mer- 
»ced del emperador de los franceses; 

» Godoy quiso llevarlos á la ciudad inespogjiable, 
m contra la cual después fué visto que las armas de 



BEL PBlrVGIPB DB LA PAZ. 201 

» famoso imperio se estrellaron : ellos , por el contra- 
»rio, guiaron á Bayona, sin armas, sin defensa, sin 
» garantía ningana, y como el mismo emperador por 
» mofa dijo un dia, hasta sin pasaportes (1); 

ji) Godoy, aun maltratado cual se hallaba en la na- 
» cion por las mentiras y calumnias de sus enemigos, 
»tuvo fe en el carácter del pueblo castellano, nodu- 
» dó de su lealtad , y contó con su concurso para de- 
» fender la patria amenazada : ellos, que tenian en fa- 
)>yor suyo, merced á sus engaños, la opinión de Es- 
I) paña , menospreciaron su lealtad , no la tuvieron 
»por bastante , y ñaron mas que en ella en Bonapar- 
))te, prefiriendo, contra el roto de los pueblos, ir á 
» pedirle de rodillas la investidura de Fernando; 

» Godoy por impedir que Garlos lY, rodeado de 
» tropas enemigas , se viese cortpelido á sucumbir á 
» los deseos de Bonaparte de arrancarle las provin- 
»cias fronterizas, prefirió arriesgar su vida por po- 
)) ner al rey en libertad para poder negárselas : ellos, 
)) por el contrario, sabiendo los deseos de Bonaparte, 
)) se animaron á pasar la raya para ir á negociar la 
» vergonzosa investidura que buscaban al precio de 
» los pueblos que él quería , al precio de los subditos 



(1) "¿Etpourquoi aussi soot-iis venas? decía Napoleón. 
» Ge sont des jeunes gens sans expéríence , et qui viennent 
» ici saos passeports/* M. Pradt en sus Memorias, 



202 HBMOBUS 

» leales que en Vitoria clamaban y jemian, y les ro- 
» gabán no pasasen la frontera con Fernando, pron- 
» tos á defenderle y á salvarlo del peligro á costa de 
D sn sangre; 

»Y bubo mas, qne el grande consejero, el capi- 
))tan del infeliz convoy , el maestro de Fernando, se 
» esforzó, cuando vio el pleito malparado, á persua- 
» dirle que trocase la nación ^ la nación misma , toda 
)) entera , que lo habia aclamado , por los italianos de 
»la Etruria; 

» Suma total de los sucesos espantosos que traje- 
» ron las culpas y traiciones de estos hombres.... el 
i) doloroso cautiverio de sus reyes y sus príncipes.... 
» la orfandad absoluta de la España, quedada sin go- 
» bierno , abandonada á su fortuna , frente á frente 
» del hombre que llamaron, de puño y letra de Fer- 
» nando, para que se dignase hacer su dicha y la de 
íiEspaña,.*. muertes por todas partes de españoles 
)) inocentes y leales.... división, en dos partidos, de 
» los hombres mas ilustres de la España , aun no bies 
» reconciliados.... cruda guerra de seis años, á la cual 
» napoleón no hubiera osado despeñarse contra Gár- 
» los lY , con quien estaba atado con pactos y con- 
» venios personales, y el cual, parapetado en medio 
ü de sus tropas y en posición inespugnable , le ha- 
» hiera hablado y contenido en sus designios con el 
» honor y la grandeza que cumplia á un rey de las 
))£spañas; y donde no, señor de sus acciones, doe- 
ji) ño de dar su voz y denunciarlo á todos los monar- 



DEL PBlNGIPB DB LA PAZ. 203 

»cas de la Europa como un bandido coronado, sin 
» honor y sin palabra , dueño de abrir sus puertos á 
)) los que tanto deseaban el nueyo campo de batalla 
»que en España podia abrirse, y abrir de nuero la 
jd esperanza á las naciones subyugadas; rey á la fren- 
óte de sus pueblos, de la nación inconquistable, de 
o la nación heroica , fuerte por todas partes con sus 
» cadenas y lazadas de altísimas montañas y ciudade- 
»las naturales, favorecida á la redonda por dos ma- 
dres, y allende de estos mares poderosa y rica por 
» sus dominios trasatlánticos. » 

Esto dirá la historia^ y dirá mas; dirá que al que 
pensó de esta manera , y tuvo corazón para intentar 
salvar sus reyes y su patria y hacerla respetar por 
Bonaparte, casi cierto de lograrlo, sin cruzar las ar- 
mas, con la actitud tan sola digna y grave en que 
habida puesto á su monarca; que aquel que tenia 
prestos ya todos los medios necesarios para el cum- 
plimiento de este deber sagrado, y ansiaba, no sin 
riesgo de su vida^ libertar la España de aquella su- 
ma de trabajos que sus enemigos, mas enemigos de 
ella que no suyos, le causaron; á ese español des- 
venturado, los que fueron á Bayona para poner en 
manos del ambicioso emperador al rey que ellos al- 
zaron y los destinos de su patria , le cargaron las 
traiciones y delitos de que ellos solos fueron reos, y 
le imputaron las desgracias de que ellos solos fueron 
causa; y así hicieron conmigo para purificarse, co- 
mo los judíos con el macho emisario del Levítico, 



204 HEHOBUS 

poniendo por mi caenta sobre mi cabeza todos sas 
pecados (1). 

Treinta y tres años he lleyado este anatema, herí- 
do de la mano de los mismos que durante un reina- 
do todo entero hicieron luego tantas victimas, yo la 
primera de ellas. La historia ha hablado, y ya no 
caben mas engaños; justificado empero por la histo- 
ria, aun me faltaba que la justicia humana, tan largo 
tiempo muda y ensogada^ hablase; y esta justicia ha 
hablado, no enteramente sin temor de los que tienen 
interés en mis desgracias , pero obligada en fin á de- 
clarar que no ha podido hallar ningún delito, ningún 
cargo, ninguna acusación en contra mia, que no hay 
proceso, que no hay causa, que nada se ha actuado 
en tantos años, ni nada se ha alegado, ni se han 
hallado materiales para poner en juicio mi conducta. 
Tal ha sido el fallo unánime del tribunal supremo 
de justicia en su consulta de 22 de abril del año 
próximo pasado 1840, dirijida al gobierno de so 
majestad la reina. 



(1) Tune o/ferat (Aaron) liircum viventem , et positá utra- 
que manu super caput ejus , confiteatur onines tniquttates fi- 
tiorum Israel^ et universa delicia atque peccata eorum: qua 
imprecans capiti ejus^ emitetiUum, per hominem paratum,iñ 
desertum, Cümque portaverit hircus omnes iniquitates eorum 
in terram solitariam , et drmissus fuerit in desertum, reverte- 
tur Aaron in tabemactdum, etc, (En el Leyitíco, cap. XYIi 
vers. 20, 21 y 22.) 



/ 



, DEL PRINCIPE DE LA PAZ.. 205 

He aquí, pues^ con referencia á esta consalta, la 
historia en breve de la marcha que ha tenido aquel 
furial proceso decretado por mis enemigos en el ar- 
dor del triunfo, tan funesto para España, que logra- 
ron para, ellos. No soy yo solo á quien. importan es- 
tos hechos: impórtale saberlos á todo ciudadano que 
estime eñ algo sus derechos, su libertad, su honor, 
su hacienda y su persona; porque, si en tela de justi- 
cia pudiera consagrarse hoy dia lo que conmigo ha 
sido hecho por encima de las leyes y de las garantías 
sociales bajo las cuales vive cada uno, nadie podria 
tenerse por seguro de no sufrir jamas tan enormes 
desafueros y violencias como yo he sufrido y aun 
estoy sufriendo. 

En marzo , y en la misma noche «n que se desciüó 
de su corona Garlos lY ,se decretó con fecha del dia 
20 la confiscación entera de mis bienes, acciones y 
derechos. 

£1 29, con mejor acuerdo, se dio un decreto nue- 
TO por el cual, correjido el del dia 20, se mandó que 
mis bienes se tuviesen solamente bajo el concepto de 
embargados hasta las resultas de la causa que debia 
formárseme, decreto que después no ha sido nunca 
revocado. 

En 3 de abril siguiente fué dada la real orden al 
consejo de Castilla para formarme causa por estra- 
vios y escesos públicos, manejo de intereses, y demás 
que resultase de la del Escorial y de las dilijenctas 
practicadas hasta entonces acerca de esta última. 



206 HEIVOBIAS 

Los fiscales pidieron al consejo , y este pidió al 
gobierno los documentos que tuviese por resultas dd 
examen que fué hecho de todos mis papeles, y cuan- 
tos datos y conocimientos hubiese recojido y fuesea 
conducentes para la instrucción de aquel proceso. 

El gobierno contestó no tener mas documentos ai 
papeles que enviarle fuera de la causa orijinai dd 
Escorial que le habia ya remitido con sus inádeii- 
tes (1). 

Los acontecimientos posteriores y la invasión de 
los franceses estorbaron que el proceso decretado hi- 
ciese mas camino y hasta que en fin, restaurado d 
trono en 1814, el consejo de Castilla , á cuyo cargo 
se habia puesto desde su principio aquel procedi- 
miento, representó al gobierno la necesidad de dar- 
le curso, y, para poder darlo, espuso ser en gran ma- 



^ 



(1) A pesar de la prolija inspección qne fiié hecha de to- 
dos, mis papeles, ninguno ha sido producido en contra mía 
después de tanto tiempo, y ni aun se sahe cosa alguna acerca 
de su paradero. La sustracción de mis papeles es uno de los 
grandes daños que mis enemigos me han causado: tenia jo eo 
ellos mi mejor defensa ; á mas de esto tenia un ^ro de rejis- 
tro, donde apuntaba dia por dia todos mis actos concemieiites 
•á asuntos de gobierno, y todos los- recuerdos de las cosas qtf 
podian hacerse en beneficio de mi patria, de las qne eran he- 
chas y las que deseaba que se hiciesen. (jPor qué se han oculudo 
•j hecho desaparecer estos papeles? ¿Por qué no se trajeroo 
al proceso ? ¿Por qué no se pusieron á lo menos en depósito? 
La respuesta es obvia : porque me eran favoraóies. 



BEL PBinCIPE BE LA PAZ. 207 

ñera necesario que, habiendo sido snstraida por el 
gobierno intrnso la cansa del Escorial y los espedien- 
tes relatiyos á esta misma causa , se hiciese dilijencia 
por )a secretaria de estado para reclamar en Francia 
aipiellóis antos^ sin perjuicio de que al mismo tiempo, 
si el rey lo tenia á bien, se comenzase á proceder 
ton presencia de dos copias de la dicha causa que 
e!LÍstian , autorizadas, aunque incompletas una y otra. 

El rey se conformó con la consulta hecha, y dio 
-la éiáen de proseguir la causa 'segun y como propo- 
nía él consejo. 

Esto no obstante, pasaron cuatro años todavía sin 
-que se bubiese dado un sólo paso en el proceso: la 
razón de esta tardanza fué espresáda en un informe 
'dado por acuerdo del consejo Ú ministerio en 13 de 
noviembre de 1818 , y era, que carecía de la causa 
orijinal del Escorial, en la cual y los papeles que le 
eran relativos no se podía dar paso legalmente y con 
aderto en un asunto de tanta consecuencia. 

Cinco años de inacción corrieron luego sobre los 
otros cuatro sin que aun tuviese vida mi proceso, 
cuando, por efecto de algunas pretensiones hechas 
sobre bienes míos, la sala segunda del tribunal su- 
premo de justicia , que ejercía por aquel tiempo las 
funciones judiciales del consejo de Castilla , en con- 
sulta diríjida al rey á 22 de marzo de 1823, decía- 
ró á S. M. , que habia imposibilidad de que twvhse 
cumplimiento legal la real orden de 3 de abril de 
1808^ por la cual se mandó formarme causa, mien- 



208 MEHOIUAS 

tras por el gobierno no se facilitasen al poder ju- 
dicial todos los documentos que ofreciesen hechos 
relativos á mis estravíos , á mis escesos públicos y 
á manejo de intereses, aaadíendo j repitiendo la 
necesidad que se tenia de la causa orijinal del Esco- 
rial, y que la copia de ella, por mas autorizada 
que estuviese , nunca podia servir de fundamento 
para dar el carácter legal á las operaciones de 
justicia. A pesar de esto, ni datos , ni papeles, ni do- 
cumento alguno de los que pedia la sala para el pro. 
cedimiento fueron surtidos ni enviados por el minis- 
terio ; la causa orijinal del Escorial , tampoco; sin 
embargo (como dice el señor fiscal Crespo Gantolla 
en su dictamen de 2 de marzo de 1839, anexo á la 
última consulta de 22 de abril de 1840) de que ha- 
bia noticias, no vulgabes^ de que fuétraida á Ma- 
drid en 1820. De las dos copias que existian en los 
archivos del consejo, la una se habia perdido^ y 
aquella sola que quedaba fué arrancada, de real or- 
den, por el ministro Galomarde. De aquí ya mas en 
adelante no rolrió á hablarse de proceso (1). 



(1) No es necesario mocho discurso para reconocer qne, 
si en el calor de lai reacción del año de 1808 fué señalada la 
cansa del Escorial como principal fdndamento del proceso qne 
contra mi fné fulminado , entrada inego la reflexión no pado 
menos de advertirse que la inspección de aquella causa Jebia 
€(Anprometer mas bien que mi honor el del principe de Astu- 
rias, sentado ya en el trono quieta y. pacificamente. Hubiese ó 



DEL PElNCIPB DB LA PA:^ 209 

Yo hago ahora ua alto acerca de esto , porque 
las reñexiones se vienen á la vista en favor mió : pro- 
curaré ser breve. 

Tan duro, tan cruel, tan absoluto como fué el 
golpe que me dieron mis contrarios , tan necesario 
debió ser que la justicia confirmase y abonase legal- 
mente lo que la cólera habia obrado , tanto mas ne- 
cesario todavía, cuanto el honor de un rey caido y de 
otro levantado se hallaba de por medio , y era de 
esencia proveerse y prepararse para el juicio de la 
historia. 

¿Gomo y pues, fué que en diez y nueve años que 
reinó á su anchura «1 rey Fernando YII no llegó á 
realizarse aquel proceso? 

¿Cómo ha sido que aquel mismo soberano á quien 
lograron persuadir que yo habia sido su enemigo 
capital y que habia atentado á su corona, dejó morir 
aquel proceso de que fué hecho tanto ruido? 

¿Gomo es que, habiendo sido aquel monarca mii 
grande acusador bajo el reinado de su padre, y que 



no hubiese venido á sus manos la causa oonyinaL que los minis- 
tros del rey José se llevaron para quitar de en mediólas prue- 
bas de los manejos culpables del embaj^JQT Beauhamais , lo 
cierto es que, de las dos copias que existían ei^ poder del 
consejo, launa desapareció sin saberse cómp, y la otra fué 
recojida, ¿ mano poderosa, por el ministro Gaiomarde , cñja 
responsabilidad hubiera sido inmensa si hubiera obrado de 
esta suerte sin espresa y termibante urden de Fernando YQ. 

14 



210 MEMORIAS 

se ndo tan preciso cubrir, justificar y defeuder cuan- 
to fué obrado en los tumultos de Aranjuez, y aquel 
despojo universal de honores , de derechos y de bie- 
nes que me hicieron , no hubiese sido alimentada y 
proseguida aquella causa por decoro tan siquiera de 
quien la habia mandado y anunciado á toda España? 

Si yo habia sido reo, ¿cómo se halló la corte de 
Femando en tal penuria de datos y. de pruebas para 
justificarlo? 

Herrian mis enemigos en aquella corte, mis ene- 
migos gobernaban; abiertos les estaban los archivos 
del gobierno, las oficinas á sus órdenes, mis papeles 
todos y una parte, la mas grande, de los de Gar- 
los lY entre sus manos, ¡y sin embargo nada pudo 
hallarse con que formar ni una apariencia de sumario! 

De tantos enemigos mios tan poderosos, tan ergui- 
dos, tan acreditados cual se vieron tanto tiempo so- 
bre todos los puntos culminantes del gobierno , con 
tan larga clientela que tenian á su mandado, ¿cómo 
fué que ninguno de entre ellos , ni aun de los mismos 
inventores y propagadores de las inculpaciones hor- 
rorosas que me hicieron, se ofreciese por testigo en 
contra mia , ó bien buscase quien lo fuera y no le 
hallase? 

¿Se dirá acaso que el motivo de abandonar aquel 
proceso fué mi ausencia? Pero se debió citarme y em- 
plazarme, y nadie me ha citado ni emplazado: esta- 
ba viva , y aun lo está pues no ha S|ido nunca revo- 
cada, la real orden de 29 de marzo de 1808 por h 



DEL PRlmCIPB BB LA PAZ. 211 

que fué mandado que mis bienes, acciones y derechos 
se entendiesen embargados solamente , responsables 
j sujetos á las resultas de la causa. ÜNo permitían las 
leyes otra cosa , y era de esencia que esta causa se 
siguiese y terminase para disponer acerca de ellos 
conformemente á la sentencia que se diese. Y aun 
puesto el caso de que, citado yo en debida forma, 
no hubiese parecido, no habia ningún estorbo para 
seguir la causa , sentenciarla en rebeldía , y acabarlo 
todo legalmente. De otra manera no era dable dispo- 
ner, ni de mi honor, ni de mis bienes, sin caer en 
lo arbitrario y cometer un atentado contra las leyes 
mas sagradas en que estriban la seguridad no menos 
que la propiedad del ciudadano, tan altamente res- 
petadas y afianzadas en nuestros sabios códigos (1). 



(1) He aquí algunas de nuestras leyes patrias acerca de 
este punto, establecidas desde la cuna misma de la monarquía, 
consagradas y afirmadas por los siglos posteriores: — La 5.», 
tít. U", libro 2.» del Fuero juzgo ^ publicada por ñecesvinto en 
el concilio YIII de Toledo, por la coal se prohibe al rey dispo- 
ner de los bienes injustamente adquiridos , estableciendo que 
todos los arrancados siniestramente del seno del vasallo se le 
restituyan. — La promulgada por don Femando JF en el Or- 
denamiento de las Cortes de Yalladolid del año 1301 , en la 
que se dispone, ''que si el rey don Alonso su abuelo, ó el rey 
ndon Sancho su padre, tomaron algunos heredamientos, ó 
M algunas aldeas á algunos homes de ellas sin razón ni dere- 
n cho^ qi|e sean tornados á aquel de quien se tomaron. »-^ La 
sancionada por don Jlonso AI en las Cortes de Yalladolid, año 



212 MEMOBIAS 

A pesar de esto, al abandono qne fné hecho del 
proceso, se sigoió el distríbnir todos mis bienes como 
al rey le pIago> sin dejar ni una reliquia de ellos á 



de 1325, á las que se refiere don Enrique II en respoesta á la 
petición 26 de las de Toro de 1371, por estas palabras: "A los 
•> qae nos pidieron por merced qne no mandásemos tomar i 
•• nadie ninguna cosa de lo sujo sin ser antes llamado , oído e 
'» vencido por fuero é por derecho y por querella nin por quere- 
» Has , que d nos fueren dadas , según qne está ordenado por 
» el rej don Alfonso nnestro padre en las Cortes qne Iiizo en 
» Valladolid; á esto respondemos qne es grande nnestro seiri- 
» cío é qne nos place." T el mismo Enrique II y á la súplica 
que le habían hecho los diputados del reino en otro Ordena- 
miento de Toro publicado en 10 de setiembre de 1371, deter- 
minó " que por cnanto habia fallado que es derecho que ningimo 
» non sea despojado de su posesión sin ser primeramente íla- 
f^mado, é oido, é vencido por derecho, asi se ejecute, y qw 
» las cartas y albaldes en que no fuera dada audiencia á la 
imparte, que los alcaldes Icts obedezcan ^ pero que no lascum- 
»plan,^ — La ley 2.» , titulo 1 ." de la Partida segunda, en la 
qne declara el rey don jélonso el Sabio «qne el rey no puede 
n tomar á ningnno lo suyo sin sn placer, si non fuere que lo de- 
n ba perder por ley»» — Otra, en fin , que es la 4.* , titulo 7/, 
libro 12.* de la Novísima Recopilación) promulgada por don 
Juan II en las Cortes de Valladolid, año de 1447, en la qne se 
ordena , que tos que cometieren algún delito de traición (vale 
decir los acosados de ella ) no pierdan sus bienes sin qve 
primero sean oidos y vencidos. Tal como esto fné la solicitud 
de nuestros reyes y nuestras cortes para poner defensa al 
ciudadano contra la calumnia, la ambición , la avaricia, las 
renganzas, y el abuso del poder y de la fuerza. 



DEL PHlNCIPB DB LA PAZ. * 213 

SU dueño, na llamado, no oido, no juzgado , no 
vencido enjuicio. 

y no quedó por falta de peticiones y de ruegos 
por que se me oyese: en vida de mis reyes, desde 
Roma, dirijí muchas á su hijo, encomendadas todas 
ellas y apoyadas con razones poderosas de puño y 
ktra do su padre, de las cuales aun conservo una 
que me dio S. M. por duplicado. 

Después do fallecidos padre y madre, sin que ni 
sus ruegos ni los mios hubiesen sido oidos^ y solo 
ya en el mundo, menos debí esperar que se me oye- 
se, y sin embargo, de tiempo en tiempo enyiaba mis 
clamores al hijo de mis reyes: no habia otro á quiea 
pudiese dirijirme, pues de su sola voluntad depen- 
dia todo. 

Y no se piense que estos ruegos y clamores eran 
para pedir gracia; mi honor rae interesaba mas que 
todo, y yo quería justíQcarlo: tregua pedia tan solo 
ai rey Fernando en sus enojos, y que entretanto, ed 
juicio ó fuera de él, como mas fuese de su agrado, 
me permitiese defenderme de las imputaciones y ca- 
lumnias que mis enemigos me habían hecho. Jamas 
tuve respuesta. 

Para salvar mi honor no me quedaba otro recurso 
que apelar al juicio de la historia; pero fui tan cuer- 
do, tan leal, tan fiel á la palabra que habia puesto á 
Garlos lY de no dar armas nunca á los contrarios 
de su hijo, que cerré mis labios indefinidamente...^.^ 
aun estarían cerrados si viviese. 



214 hbmoeus 

Este silencio no bastó, ni á rendir al rey Fernan- 
do, ni á cansar las lenguas de mis enemigos; al con- 
trarío, para ellos fué un pretesto nuevo del cual for- 
maron argumento para decir al mundo, que mi pa- 
ciencia no era mas que la paciencia de un culpable 
bajo el peso de sus culpas. 

£1 mundo ha yisto ya que me sobraban armas para 
haberme defendido , y que no menos me sobraba 
hierro para marcar á todos ellos en la frente; pera 
estaba de por medio el hijo de mis reyes; no lo he 
hecho sino después de haber cumplido todos los de- 
beres que me imponia la gratitud á un rey que me 
habia unido á su familia y fué mi amigo hasta su 
muerte. 

Después, bajo el reinado de su augusta nieta, be 
conseguido yer sacar del polvo los innumerables ro- 
llos que dormían en los archivos , concernientes á 
mi llamada causa y á los despojos que he sufrido. 
Por un decreto real, su fecha 16 de agosto de 1837, 
fué cometida al tribunal supremo de justicia la ins- 
pección de cuantos espedientes se encontraron en las 
oficinas del gobierno relativos á mi asunto, para qae, 
en vista de ellos y de los que existiesen en poder del 
mismo tribunal, procediese este á lo que hubiese lu- 
gar en justicia, ó consultase su dictamen con arreglo 
á la equidad y á las leyes. 

Tres años fueron empleados en la inspección y 
examen de los inmensos autos que se habian reunido 
y de otros mas que se buscaron y se hallaron ; de los 



D£L PRINCIPE DE LA PAZ. 215 

cuales, como en la respuesta ya citada del señor 
Crespo GantoUa ha sido dicho, salvo lo poco que 
fué hecho para la preparación de mi proceso que 
jamas se llevó á efecto , todos los demás eran to- 
cantes á la averiguación de los bienes é intereses 
embargados, á su administración j y á las medidas 
practicadas para impedir que hubiese ocultación ó 
fraudes, con otros incidentes sin relación ninguna 
con la causa. 

Terminadas las tareas del tribunal supremo, se de- 
claró, por Yoto unánime de todos sus ministros, no 
haberse hallado en contra mia sino los primeros pa- 
sos que se dieron para abrirme causa conforme á lo 
mandado en 3 de abril de 1808 , sin acusación for-^ 
mal, contestación ni dilijencia alguna que causase es- 
tado de litispendencia; que después en todo el tiem- 
po del reinado de S. M. Fernando Vn no habia sido 
proseguida , y que por lo presente era imposible ya 
seguirla ó instaurarla legalmente. 

Heme aquí pues , no habiendo sido culpa mia bajo 
ningún concepto, que en los diez y nueve años del rei- 
nado de Fernando Vil, ni en los que precedieron ó 
siguieron , no se hubiese actuado cosa alguna en el 
proceso decretado , ni que no haya medios en el dia, 
ni instrumentos, ni testigos , ni elementos posibles 
para seguirle ó instaurarlo; heme, digo, en el caso 
en que la ley absuelve al que fué puesto en causa 
como reo, y esto en el caso mió por dos capítulos: 
el uno , por no haber habido acusación , ni documen- 



216 KEMOEIAS 

tos, ni testigos , ni probanza alguna en contra mía; 
el otro, por no haber pasado el tiempo en qae pres- 
criben todas las acciones en cansas criminales. Un 
tribunal es el postrer amparo donde el honor y la in- 
columidad del hombre combatido y difamado por las 
iras de un partido, tiene prevista y señalada su de- 
fensa por las leyes: estas no han sido hechas para 
mantener ó respetar las prevenciones quo el error, 
la intriga , la apariencia , ó la calumnia han produci- 
do; sino, al contrario, para defender al ciudadano 
contra las prevenciones , de cualquier naturaleza qae 
estas sean, que no han podido ó han rehusado sos- 
tener la prueba en los debates judiciales y en el cri- 
sol de la justicia. 

Al tenor de estos principios de verdad eterna , la 
declaración de que no ha habido ni hay proceso en 
contra mia , ni medio ó modo alguno de instaurarlo 
legalmente , de fado vale tanto como declararme li- 
bre, absuelto, y vuelto á entrar en mis lejítimos de- 
rechos: falta la fórmula tan solo según los términos 
del foro y la cual es consiguiente é innegable. 

JXo obstantes acerca de este resultado que debió te- 
ner la declaración que ha sido hecha , ha habido di- 
visión entre mis jueces. 

Uno de estos ministros respetables dio su voto 
á parte larga y doctamente razonado por el tenor de 
nuestras leyes , según el cual debia espresarse y de- 
clararse en la consulta , que el embargo ó secuestro 
de mis bienes, subsistente todavía de hecho, no ha- 



DEL PfilNGIPB BB Í.A PA2. 217 

hiendo sido yo citado, ni oido^ ni vencido en juicio, 
eta ilegal y debia alzarse; que, con arreglo á nues- 
tras leyes, debian restituírseme según los poseía en 
1808 con mas los intereses devengados hasta entón^ 
ees, quedando libres los fiscales para reclamar por los 
trámites legales cualq^er agravio que estimasen in- 
ducido al ínteres de la corona con respecto á bienes 
procedentes de donaciones reales; salva también la 
acción con que se crean los detentores de mis bienes 
libres para reclamar, después de vueltos i su diieño, 
cuanto estimen convenirles ó pertenecerías por cual- 
quier tituló que sea; que esta restitución es de la com- 
petencia del gobierno realizarla ; que, por lo tocante 
al modo de poder verificarla ó de poder indemnizar- 
me en orden á los bienes que eL estado hubiere con- 
sumido , 6 que en la actualidad le fuesen necesarios, 
podría acudirse á la sabiduría y al juicio de las Core- 
tes; y que^ ademas de todo esto, fuese declarado que 
por ningún decreto, ni de la junta gubernativa de 
1808 , ni de la central, que le siguió, del reino , ni 
de las rejencias sucesivas, ni del rey Fernando vuel- 
to al trono, ni por tribunal alguno he sido despojado 
de los títulos, houores y condecoraciones que gozaba 
y debería seguir gozando. 

Otros cuatro ministros del mismo tribunal pusie- 
ron igualmente voto á parte, según el cual debia re- 
conocerse y espresárse en la consulta que , mediando 
itn el asunto pretensiones puramente civiles sin nin- 
guna complicación con cuestiones políticas, debian 



é 



218 HEHO&US 

juzgarse por las leyes existentes, sin sujetarlas á dis- 
posiciones nue?as lejislativas (pie tendrian el yígío 
de ana fuerza retroactiva ; que si en algunos pantos 
resultasen dudas que mereciesen decidirse por los 
cuerpos colejisladores, en los demás podría fallarse 
enteramente por los tribunales; y que , visto el estado 
que presentaba el espediente» se me debia manifes- 
tar que, en cucmto á las acciones civiles^ tenia espe- 
diio mi derecho para ejercerla donde ^ y como ^ y en 
la forma que estimase convenirme* 

Los demás señores que con los otros cinco ya in- 
dicados componian el tribunal supremo, reconocien- 
do por su voto que, según I9S. reglas ordinarias qae 
la ley previene, debia ser pronunciado el sobrese- 
imiento de la causa que me fué ij^tentada , han encon- 
trado , á su entender, que la cuestión en cuanto á mi 
es de un carácter diferente^ estraordinario , que no 
puede resolverse sino por una medida especial que 
con él sea compatible, con sus circunstancias^ co» 

JLO QUE LOS SUCESOS POLÍTICOS ¥ EL TRAMSCU&SO DEL 

TIEMPO TiENEn CONSAGRADO, y con lo quc exije el 
cambio de nuestras instituciones y de nuestro sis- 
tema de gobierno, 

ISo es fácil comprender todo el sentido de estas cláu- 
sulas, y ni aun por sombra cabe imajinar que sea el 
<d)Jeto de ellas que se entienda deberse respetar por 
la justicia las voces y calumnias que contra mi han 
corrido tanto tiempo. Yo no me atrevo, ni jamas me 
atreveré á recelar tal pensamiento de parte de mis 



DEL PBlNGIPB BB LA PAZ. 219 

jueces, que, en calidad de tales, uo son dueños de juz- 
garme sino por lo probado y alegado; mas ¿por qué 
quieren sacarme por fuera He la ley que nos protejo 
á todos, y por fuera de la cual ninguno debe ser juz- 
gado ni aun bajo los gobiernos mismos absolutos ? 
Yo habia querido defeuderme legalmente , yo habia 
pedido citación y audiencia en los estrados públicos 
del tribunal supremo ; yo habría podido destruir en 
públicos debates las falsedades y calumnias qne el 
tiempo juntamente con la prepotencia de mis enemi* 
gos ha mantenido largos años; mas ni aun siquiera 
para ilustración de la verdad me ha sido concedida 
entrega de los autos, siendo de tal manera mi des- 
gracia que, declarado no haber causa ni modo de se<- 
guirla , mi condición se ha hecho peor que si se hu* 
biese declarado haber lugar á proceder y se estuviese 
procediendo, porque en este caso, ciertamente ha- 
bría podido defenderme en tela de justicia, y, sin que 
nadie fuese dueño de impedirlo, hubiera sido oido, 
y mi defensa judicial estaría hecha del mismo modo 
que la histórica. Cuanto al sistema nuevo de gobier* 
no, nadie dirá que se han cambiado estas sagradas 
garantías sociales y civiles que á nadie son negables, 
sino que se han consolidado , y que ninguna cosa está 
mas lejos de su índole y carácter que las medidas es- 
peciales para hacer justicia poniendo al que la bus- 
ca fuera del escudo de las leyes. 

Y he aquí un trabajo mas que ha resultado de no 
haberme sido dada audiencia ni conocimiento algu- 



220 KB]f0BI18 . 

no de los autos, y es que la mayoridad del tribunal 
ha sido, sorpireadida por una especie peregrina que 
juega en el contesto de su Toto muchas Teces para 
probar que la cuestión de que se trata no es judicial, 
sino política: dícese ^i^élideesta manera: 
. " TampocO'por ioUra parle podía la sala acordar el 
9 sddreseimiento estando en creencia de que no había 
»,proceso judicial pendiente, ó bien poique no se hn- 
ibiese empezado de un modo que causase radica- 
» cion , ó bien porque hubiese, caducado por la estí- 
• pulacíon, couTenio, ó como quiera llamarse, entre 
» el señor don Fernando YU y el emperador de los 
» franceses para la entrega de la persona de don Ha- 
i»nnelGodoy. La calificación de este conyenio, sa 
» iralor y su estension no pueden ser del resorte de 
«los tribunales 9 y habrían de ir envueltas en el auto 
A» del sobreseimiento Este se proyéc ordinariamente 
» en uno de dos casos : cuando no se halla culpa ó 
» delito que perseguir, y cuando no aparecen pruebas 
» suficientes acerca de los autores del delito ó de la 
i> culpa. £d ambos casos resulta del sobreseimiento ud 
o efecto necesario , que es el de dejar á los indÍTÍdnos 
Mque fueron complicados de cualquier modo en el 
«procedimiento y en el estado que tenian cuando se 
n empezó. Ya se ve la inmensa trascendencia que lle- 
>) varía consigo el mandato de sobreseer según las 
)) regías comunes, don Manuel Godoy podría volver 
n á España sim embabgo d£ lo pactado ev el con- 
»v£]!iio, y debería volver á la posesión de sus bie- 



DEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 221 

)) nes, de sus tílnlos y sus dignidades^ como si hubie- 
» ra obtenido la absolución mas completa." 

Poco mas adelante sigue el voto 4^ esta suerte: 
" Se preparaba una causa y estaban sujetos á sus re- 
» sultas los bienes de Godoy, En tal estado se pn- 
» blicó en la gaceta estraordinaria de 22 de abril una 
irreal orden (1) según la cual S. M. habia hecho 
>7al emperador de los franceses la jenerosa oferta de 
n poner á su disposición la persona del principe de la 
» Paz con las seguridades inviolables de que no rol- 
» yeria jamas á entrar en España y sus dominios. 
))Este suceso notable que se consumó , varió entera- 
» mente el aspecto de las cosas. Destruyó todo lo que 
» se habia mandado hacer acerca de la formación de 
o causa, que ya no podia tener objeto por lo respecli- 
»vo á su persona; mas la resolución de S. M. no 
» puede considerarse como una absolución , como una 
» indemnidad, ni como un indulto. ]Ni aun conmuta- 
») cion de pena se puede suponer, porque ninguna ha- 
»bia impuesta. Se impuso una y grave por la misma 
» resolución^ la de cspatriacion ó estrañamiento per- 
» petuo de los dominios españoles. Importa poco el 



(1) La imparcialidad , ía rectitud y el amor á la verdad del 
tribunal no podrán ofenderse de que advierta en este lugar 
que no fué una real orden , sino un mero anuncio que hizo la 
junta gubernativa del reino , falso enteramente , como se verá 
después, y tan falso , que la veai arden que texiia la junta era 
terminante, rigorosa y absoluta de no entregarme. 



222 MEMORIAS 

» nombre que se deba dar á esto; fué nna de las co- 
» sas que hacen los monarcas cuando ejercen el po- 
))der absoluto (i). Sin embargo, no debe olvidarse 
»que el negocio estaba muy enlazado con la política 
» interior^ y que intervino en él un príncipe estranje- 
)) ro á quien se hicieron promesas , y de quien se eii- 
j)jieron condiciones. Es verdad que después se vol- 
» vio á hablar de la causa ^ pero son exactas las obser- 
1) vaciones que hizo la sala primera en su esposicion, 
» de que se escribía de un modo, y se obraba de otro, 
i) debiendo inferirse de esto que , si el augusto esposo 
)) de y. M. tomaba en cuenta la opinión pública para 
» contemporizar con ella^ quería al mismo tiempo 
» manifestarse fiel á sus empeños, que no sabemos 
i) hasta donde llegaron (2), 6 si tenían alguna parte 
)) no comprendida en la real orden citada. Lo cierto 



(1) ^arbitrario ha querido decir sin dada la consalta. £1 
€Lb$oluto obra con arreglo á las leyes qae el rey tiene juradas 
en el advenimiento al trono , y á las mismas que él hubiere 
añadido. £1 arbitrario obra como qniere , y es nn abuso del 
absoluto sin otra legalidad que la de la fuerza. 

(!2) ¿Mas con quién estos empeños? ¡Con el emperador de 
los franceses ds cuya perfidia habia sido victima seis añosi 
con el emperador de los franceses destronado y confinado en 
Santa Elena { con el que habia violado todos los tratados de 

amistad y de alianza qne lo habian ligado con la España! 

¿ Y habrá quien pueda persuadirse de que el rey Femando no 
hizo seguir mr causa por ser fiel á los pretendidos empeños 
que con él podría haber contraído en orden á mi suerte ? 



DEL PRlnClPE DE LA PAZ. 223 

»es qae, durante el reinado del señor don Fernán- 
»do YII, nada se adelantó en la causa de Godoy; y 
» que este aceptó por su parte la que puede llamar- 
i) se transacción diplomática j y que de hecho ha es- 
íitado sometido á la espatriacion convenida en 
» acuella (1)." 

Renglón «eguido> continúa la consnlta de este mo- 
do: *' Se puede preguntar ahora: ¿Hubo alguna cosa 
»pactada esplicitamente en la transacción acerca de 
» los bienes de don Manuel Godoy? Pío se sabe. ¿Hu- 
»bo en la misma transacción algún pacto que llevase 
nimp lícita la disposición relativa á los bienes? Tam- 
))bien se ignora. ¿En la forma en que se estipuló el 
»estrañamiento perpetuo, envolvía la muerte civil^ 
»la pérdida de todos los derechos y la confiscación 
))de los bienes que en aquel tiempo era una pena le- 



(1) Si el tribunal me hubiera dado la audiencia que en tada 
forma legal habla yo pedido , ó á lo menos hubiera mandado 
entregarme los autos para hacer siquiera cobrar alguna luz al 
espediente con las alegaciones y respuestas que yo hubiese 
dado (concesión que uno de los señores fiscales fué de dicta* 
men que podría hacérseme), no hubiera aventurado su dicho 
el tnbunal, porque hubiera yo demostrado hasta la última evi- 
dencia qne no habia habido tal transacción, y hubiera probado 
con documentos que jamas habia yo aceptado la situación en 
que fui puesto por la sola voluntad del rey Femando sin haber 
podido conseguir que se me ojese: yo dejo hablado acerca de 
esto anteriormente. 



22Í MEMOBLI» 

Dgal y de uso bastante frecuente (1)? Ko es mnj íz- 
nal resolver esta cuestión. Gomo quiera que se res- 
iiponda á estas preguntas, siempre habrá que tratar 
nde la inteligencia j de la estension y del valor de 
wla transacción misma; j los sucesos de Bajona, la 
«prisión de Yalen^ay , y el glorioso triunfo de la bne- 
»na cansa en la guerra de la independencia, vienen 
ni hacer mas complicadas estas cuestiones, sdbre las 
«cuales no es posible la decisión de los tribunales." 
He aqni , pues , ja esplicado el principal motiro 
que ha tenido b mayoridad del tribunal para abste- 
nerse de mandar, en lo que son bs formas, se sobre- 
sea en mi causa, por mas que rirtualmente haya so- 
breseído declarando no haber causa ni poder seguír- 
seme. Prescindo de tratar una cuestión, si coestioD 
cabe en tal materia, es á saber, si cabe dar algún va- 
lor legal á aquella entrega que un monarca negocia- 



( 1 ) Los sefiores qae flictaron esta eonsnlta saben mny bien 
qae, ti la confiscación era nnapena firecnente en aqael tiempo, 
BO se imponía jamas m podia imponerse, segnn miestras l^es, 
sino despnes de oído , convencido , y sentenciado el qne era 
objeto de ella; por consecuencia natural, no babiendo jo 
sido ni oído, m vencido enjuicio^ ni de manera algona joz- 
^do, ni el rey ni nadie tenia facnhad alguna legal para impo- 
nerme tal pena. T de aqni filé el decreto de 29 de marzo de 
1808, por el cnal ordenó qne mis bienes no se entendiesen con- 
fiscados, sino embargados basta las resultas de la cansa qne se 
me formase. 



DEL PRtlVCrPfi DB X.A PAZ. 225 

se de algnno de sus subditos con un prinápe estran- 
jero que mediase en favor suyo sin su consentimien- 
to y sin haberlo pretentido, y que por esta entrega 
sea lejitimado el despojo que el primero le habria 
hecho de su estado, de su honor, dé sus haberes y 
de todos sus derechos^ sin juicio alguno ni senten- 
cia precedente , sino por su solo arbitrio. Prescindo 
de tratar y ventilar las consecuencias que esta facul- 
tad, uña vez reconocida^ deberia traer contra la in- 
munidad de todo ciudadano, no tenido por dere*- 
cho, ni pudiéndose tañerle por culpable mientras la 
ley no ha pronunciado que lo sea por la boca de sus 
órganos. Prescindo , en fin , 6, por mejor decir, me 
abstengo de preguntar aquí (porque seria una inju- 
ria preguntarlo) si bajó del sistema de las institncio- 
ties nuevas que hoy rijen en mi patria^ cabe de al- 
gún modo, sea pensar, sea proponer, que un tratado 
tan inicuo, dado el caso que existie^se, se trajese i 
cuentas para fallar por él y decidir la suerte de quien 
quiera contra el cual fuese invocado. f 

Pero es inútil insistir y disputar sobre este punto: 
la relijion del tribunal ha sido sorprendida: no ha 

EXISTIDO TAL TRATADO. 

El solo fundamento en que se apoya la conánha, 
es la gaceta estraordinaria de Madrid de 22 de abril 
de 1808, donde se lee , como ya dije, no unareaU 
orden ^ sino un anuncio al público. lísU gaceta re^ 
za lo que sigue : 

" El rey nuestro señor , haciendo el mas alto apre- 

15 



226 HEMOEUS 

» cío de los deseos que el emperador de los franceses 
»Y rey de Italia ha manifestado de disponer de la 
» suerte del preso don Manuel Godoy, escribió des- 
» de luego á & M. I. y R. mostrando su pronta y 
» gustosa voluntad de complacerle, asegurado S. M. 
» de que el preso pasaria inmediatamente la frontera 
»de España, y que jamas volreria á entrar en sos 
» dominios. 

o El emperador de los franceses ha admitido este 
» ofrecimiento de S. M. y maudado al gran duque de 
» Berg que reciba al preso y le haga conducir á Fran- 
» cia con escolta segura. 

» La junta de gobierno , instruida de estos antece- 
» den tes y y de la reiterada espresipn de la voluntad 
»de S. M., mandó ayer al jeneral á cuyo cargo es- 
>itaba la custodia del citado preso, que lo entregase 
» al oficial que destinase para su conducción al gran 
» duque de Berg; disposición que ya queda cumpli- 
»da en todas sus partes. — Madrid, 21 de abril de 
1808." {IVo hay ninguna firma.) 

Causa admiración, y aun mas que admiración 
asombro, que la persona ó las personas encargadas 
de reunir antecedentes para instrucción del tribunal, 
hubiesen presentado solamente esta gaceta, y cual 
si nada les constase de los sucesos de aquel tiempo 
contenidos en todas las historias y en la multitud de 
relaciones que de ellos fueron hechas , ni de los do- 
cumentos mismos contenidos en los archivos del con- 
sejo de Castilla, que fueron esplorados ó debieron 



DEL PRÍIICIPB BB LA PAZ. 227 

esplorarse 9 y como si ignorasen hasta la Espostríon 
6 manifiesto de don Pedro Geballos, publicada en se- 
tiembre de 1808, tan conocida en España , no hu- 
biesen dado luz al tribunal para que viese que la tal 
gaceta fué dada al público por la junta de gobier- 
no par» cubrirse con el pueblo en lois ttiomentos de 
irritación y efervescencia en que los ánimos se ha- 
llaban: y que tanto por Ceballos, como por eí con- 
sejo de Castilla j no solo fué desmentida la supues- 
ta orden del reg para mi entrega^ sino también vi- 
tuperada é increpada la conducta de k junta por el 
hecho de haberla supuesto; y aun mucho mas que 
esto, haber sido desmentida oficialmente la tal or- 
den por el mismo rey Femando. 

¿Habrá quien dude acerca de estos hechos? Léa-« 
se el apéndice que unió Géballos á su Manifiesto^ 
sin otro objeto que probar que la junta de gobierno 
no tan solo obró sin orden del rey Femando, ^ino 
contra su orden. Después de referir las pretensioneii 
que se hicieron á la junta de gobierno acerca de mi 
entrega, cuenta Ceballos de esta suerte (1): 



(1) No habiendo podido adquirirme en París sino una tra- 
ducción de dicho Manifiesto j su apéndice , ine ha sido nece- 
sario volverlo en lengua castellana, y lo he hecho con la mas 
escrupulosa exactitud, por manera que, salva la diferencia 
que podrá hallarse en la estructura de la frase , todo lo demás 
será encontrado idéntico. La prueba será muy fácil eñ Espa- 
ña, cotejando esta versión con su orijinal tan conocido. 



228 MEIfOBIAS 

''La jauta resistió los primeros ataques de Miirat, 
¿> y consultó al rey sobre el partido que debería to- 
D marse en tan criticas circunstancias. S. M. tuyo á 
)>bien responder lo mismo que babia ya respondido. 
»al mismo emperador de los franceses, el .cual ha- 
ttbia solicitado de S. M. la libertad del presouqLa 
tí carta de^ S. M. ^i9Íbsk concebida en los términos jsi- 
Dguientes: 

ȣ1 gran duque de Berg y el embajador de 
)>,y. M. J. .y %. han hecho diferentes instancias yer- 
» bales psur^ (^teuer que dan. Manuel Godoy, preso 
«>por delitos d^, estado en el palacio.de Yillayiciosa, 
tí sea puesto á disposición, de Y. M. En consecuen- 
» cia de la obligación en que me encuentro de admi- 
i> nistrar justicia i mis pueblos, he mandado al mas 
tí respetable de los tribunales de mis reinos que juz- 
»gae con arreglo á las leyes á don Manuel Godoy, 
tí príncipe de la Paz, y tengo prometida á mis Tasa- 
tí lJo$ la publicación de las resultas de un proceso tal 
»como este, del cual depende la reparación del ho- 
» ñor de un grande numero de familias de mis yasa- 
» líos (1) , y la conservación de los derechos de mi co- 



(1) Me veo en la precisión de defenderme á izquierda j á 
derecha j pero la defensa , siempre cierta y sin tener qne ha- 
cer ningún esfuerzo. El honor de las familias de qne se trata- 
ba en esta carta no era otro qiie el de los reos de la cansa 
del Escorial. Los autos del intentado proceso no ofrecen que- 
ja alguna de personas ó familias agraviadas. ¡ Cosa , en ver- 



DEL PRINCIPE DB LA PAZ. 229 

)) roña (1). En toda hi estensíon de mis dominios no 
» hay un pais, por pequeño que sea, que no haya di- 
)) riijdo acusaciones á mi trono contra este preso (2); 
» todos mis vasallos han hecho demostraciones estraor- 
» diñarías de alegría desde el momento en que tu- 
» vieron noticia de la prísion de don Slanuel Go- 
»doy (3), y todos fijaron la vista sobre el procedi- 



dad , que es digaa de tenerse en cuenta , con tan poderosos 
enemigos como yo tenia , ausente en lejas tierras , y con tan- 
tos bienes embargados en España que debian causar codicia y 
tentaciones de atacarme en juicio para tener alguna parte en 
los despojos ; y sin embargo de esto , no haber habido nadie 
que lo hiciese ! 

(1) A no leerse , pareceña imposible que 'se hubiese es- 
crito tal especie tan absurda ; pero esta era la creencia en 
que tuvo Escóiquiz á su alumno , diciéndole al oido por espa- 
cio de diez años que yo era su enemigo y que quería quitarle 
la corona. 

(2) Si tantas y tales acusaciones se diríjieron contra mí 
de tantos puntos , ^(Uinde están? ¿qué se hizo de ellas , vis- 
to como'ha sido luego , que ninguna fué enviada ni al consejo 
de Castilla, ni á tribunal algnno para darles curso? De los 
autos mismos que acompañan la consulta consta : qne el con- 
sejo , no una vez sola , sino muchas , pidió al rey se le envia- 
se cuanto hubiese en contra mia para poder formar la causa, 
qne nada fué enviado i y que por falta de capítulos y cargos se 
quedó en blanco mi proceso, d Y cómo puede componefse que 
contra ini Uegasen tantas acusaciones, y que ninguna de ellas 
haya sido vista ? 

(3) Los partidarios de Fernando , como mas atrás se ha 
referído y demostrado por siis escrítos mismos , habían hecho 



230 uemobUs 

9 miento y la decisión de sn ca«sa. Y. H. , tan sabio 
j» legislador como grande gnerrero ^ podrá conocer £á- 
vcilmente el peso de estas consideraciones. Pero si 
» y. M. toma interés por la rida de don Manoel Go- 
» doy , yo doy y empeño á Y. M. mí palabra de que, 
«en el caso en qne por el resultado del proceso sea 
j» condenado á la pena de maerte, le haré gracia de 
» la vida por respeto á la mediación de Y. M. I. T 
j»con esto mego á Dios, etc. — Yitoria, 16 de abril 
j» de 1808." 

En seguida de esto refiere Geballos el aboso que 
Napoleón hizo de esta carta , escribiendo á Mnrat que 
el principe de Asturias me habia puesto á sn dispo- 
sición, y encargándole reclamar con energía mi en- 
trega. Cuenta asimismo los oficios que practicó Hu- 
rat á consecuencia de esta orden ^ y después de refe- 



creer i la nación qne üapoleon no venia sino á exaltar al 
principe de Aftarias i gran despecho uño $ qne para impedir- 
lo quería yo hacer la guerra al emperador de los franc^eses, y 
comprometer la nación retirándome con las personas reales á 
la América, y dejándda huérfana y espuesta á todos los tra- 
bajos y violencias que estaba sufriendo el Portugal á c^^nsa de 
la fuga de sus principes. ¿Qué estrañoi pues, podia f» ipie 
la nación* engañada de esta suerte, hiciese demostraciones 
estraordinarias de alegría por mi caída , qne en concepto sa- 
yo debió libertarla de una completa ruina ? Ademas , había na 
sol nuevo, á quien los pueblos, como los pájaros por la ma- 
ñana, entonan siempre cantos de gozo y alabanza. 



DEL PRlNCIPB DB LA PAZ. 231 

rida la nota que el jeneral Ati'gasto Belliard pasó á 
la junta de gobierno, sigue contando de esta suerte: 
*' Añadió después Mnrat á tí va toz tan atroces ó 
» inauditas amenazas, que la junta, temerosa de que 
» llegase á realizarlas j se viese comprometida la 
» tranquilidad de Madrid, tuvo la debilidad de con- 
» sentir á la proposición de Murat^ j de mandar al 
» marques de Gastelar, diciendo obrar de orden del 
» rey, que en aquella misma noche entregase el pre- 
» so, como en efecto se hizo, no sin gran repugnancia 
» del marques de Gastelar j demás oficiales que le cus- 
1) todiaban. En honor de la verdad es necesario de- 
» cir que el señor bailio don Francisco Gil, ministro 
» de marina , y bajo de esta cualidad individuo del 
» gobierno , se opuso á la entrega del preso porque 
» el rey no la habia autorizado^ j no es una cosa 
» fácil de concebir como , después de unos hechos tan 
» evidentes, se hubiese atrevido la junta de gobier- 
yyno á anunciar al consejo y al pübicOj pob medio 
))DE DOS GACETAS ESTBAORDiNABiAS , quc la entrega 
» del principe de la Paz se habia hecho por orden 
» del rey'' 

Continúa todavía Geballos, como podrá verse en 
el orijinal español , sus argumentos y cargos contra 
la junta sobre haber obrado sin autorización del rey, 
y por última prueba y demostración decisiva y feha- 
ciente^ concluye de este modo: ''Ademas, cuando la 
» junta de gobierno dio cuenta al rey de las razones 
» y motivos por los cuales hizo poner en libertad á 



232 MBMOHIAS 

» Godoy (que fueron los qae ja he referido) , S. Mr 
»me mandó responded á la junta en los términos si- 
Dguientes: El rey queda enterado de los motivos 
» que ha tenido la Junta de gobierno para acordar 
» la entrega del preso sin su orden. De esta espo- 
Dsícion de la junta (sigue diciendo Geballos), y de 
» la respuesta del rey ^ dan fe los dos oficiales ma- 
jiyores de la primera secretaría de estado j del des- 
» pacho de S. M., secretarios suyos con ejercicio de 
» decretos, don Ensebio Bardaji y Azara, y don Luis 
» de Onis, por cuyas manos pasaron." 

£1 apéndice concluye por el certificado, concebido 
en estos términos: ** Don Ensebio Bardaji y Azara, y 
» don Luis de Onis, secretarios del rey nuestro señor, 
» con ejercicio, y oficiales mayores de la secretaria de 
» estado y del despacho, certificamos ser cierta la re- 
D presentación de la junta de gobierno, y la respuesta 
»que dio el rey á ella, y estar concebidas en los tér- 
» minos con que lo espresa en su Esposicion el Exmo. 
» señor don Pedro Geballos, por haberlas visto nos- 
» otros , y haber pasado una y otra por nuestras ma- 
» nos. Y para que conste, lo firmamos en Madrid á 3 
» de setiembre de 1808.=:Eusebio de Bardaji y Aza- 
» ra. =Luis de Onis. " 

Mas de admirar es todavía que el tribunal supre- 
mo, en cuyo poder obran los archivos del antiguo 
consejo de G astilla, no hayan sido presentados los 
antecedentes de este asunto, ni el Manifiesto del 
consejo j impreso y conocido en toda España, y en el 



DEL PRÍNGIPB BB LA PAZ. 233 

cual se alaban sus ministros de que rebasaron publi- 
car el decreto de la junta acerca de mi entrega , de 
haber representado en contra de él á aquella misma 
junta ^ de haber dado cuenta al rey de la resistencia 
que habia opuesto á la publicación del tal decreto 
por haberse dado sin su orden , y de la respuesta 
que dio el rey elogiando y aprobando su conducta. 

]\o debo cansar mas á mis lectores citando aquí 
lugares de cuantos lian escrito estos sucesos^ ningu- 
no de los cuales se hallará que los haya contado de 
otro modo. Don Miguel de Azanza, él mismo, y don 
Gonzalo OTarril, que eran miembros de la juntarse 
han disculpado de este hecho en sus Memorias por 
el deseo que habian tenido de evitar mayores males: 
pero confiesan que la junta procedió en aquel acuer- 
do contra las órdenes del rey recibidas de Vitoria; 
¡hechos notorios todos, por nadie rebatidos, hechos 
contemporáneos, hechos documentados!... ¿Porqué 
fatalidad ha sido tanta mi desgracia que al tribunal 
supremo de justicia se los hayan ocultado y héchole 
asi caer en un error tan grande, por el cuál lia lle- 
gado á recelar ó á mirar como posible que yo hubie- 
se muerto civilmente 1 

IXo, no hay tratado^ no ha habido pacta g.lguno. 
Fernando habia negado al mismo emperador mi li- 
bertad, y con la mism^fecha habia encargado estre-^ 
chámente á la junta de gobierno que no se me en- 
tregase. IVo hay transacción alguna paia que pueda* 
preguntarse si en ella iria incluido algún pacto que^ 



234 MEMOBUS 

llevase imp licita la disposición acerca de mis bie- 
nes^ ó por el caal se hubiese estipulado el esiraña- 
miento perpetuo de tal naturaleza qUfC envolviese la 
muerte civil j la pérdida de mis derechos y la con- 
fiscación de bienes^ No, no estoy. maerto cÍYÍlmente, 
porque nadie muere de esta suerte sin haber sido 
oido, vencido en juicio y sentenciado legalmente. No 
hay confiscación, ni puede haberla, porque en Es- 
paña , ni aun por la misma inquisición podia impo- 
nerse semejante pena, sin haber precedido la defensa 
del tratado como reo, oidos sus descargos, vencido y 
condeuado. Y no hay cuestión política tampoco, pues 
no hay ningún tratado cuya discusión ó intelijencia 
pertenezca á otros poderes detestado, sino cnestioii 
tan solo judicial, es á saber, si soy reo ó no soy reo, 
declarado ó declarable como tal según las reglas y 
solemnidades señaladas por las leyes. El tribunal ha 
declarado que no ha habido causa ni es posible que 
la haya; pero que al ejercicio de sus facultades judi- 
ciales , en cuanto á pronunciar sobreseimiento , se 
oponia la idea que concibió de que se atravesaba en 
el asunto una cuestión política: ¡error fatal á mi ve- 
jez! ¡error que alarga indefinidamente mis trabajos! 
¡error que agrava, cada dia que pasa, mi indijencia, 
gloriosa ciertamente para mí, pero durísima! ¡error 
en fin que aumenta y exacerba mis dolores de treinta 
y tres años, sin poder hallar justicia, y falto de los 
medios necesarios para litigar y superar los enemí- 
gp9 que aun me quedan y la estorban! 



/ 

BEL PBÍNCIPB DB LA PAZ. 235 

La compasíoo es hija del interés qae tiene cada 
uno por si mismo poniéndose en el caso del que su- 
fre. ¿Quién mas que yo podrá escitarla? ¿quién es 
el hombre que, en tiempos de revueltas j partidos 
como los presentes, pueda estar seguro de un ataque 
de sus enemigos? y ¿quién para tal caso tan posible 
no desea que sean su baluarte las leyes qu^ defien- 
den el honor, la libertad, los bienes y la seguridad 
de las personas? Tal es el interés de todos, pero in- 
terés mas grande en sumo grado para los que gobier- 
nan, puestos siempre al blanco de la ambición y de 
la envidia ajena. A estos les toca mas que á nadie, 
por la conservación común y por la suya propia , in- 
yijilar y desvivirse sobre el cumplimiento puntual, 
rigoroso y absoluto de las leyes, sin el cual podriau 
llegar á verse como yo me he visto y me estoy vien- 
do, ün solo caso basta para formar antecedente y 
repetirse muchas veces : el mió es muy grande y de- 
be estremecer á todo hombre que se estime en algo, 
y que de corazón hubiere espuesto su existepcia por 
la patria. Sócrates no fué el único á quien los ate- 
nienses propinaron la cicuta; el inmortal Focion, á 
sus ochenta años, fué acusado de traiciop, y be- 
bió de igual modo aquel brebaje, siendo ^irconte; 
Demetrio de Falera, en cuyo hopor alzó aquel mis- 
mo pueblo trescientas y sesenta estatuas, fué lue- 
go condenado á muerte , no evitada sino por la 
fuga. 

Mi proceso añadirá algún dia entre las causas cé^ 



236 VEH0BIA8 

lebres, sacadas de los fastos judiciales^ algunas cosas 
nunca vistas, nunca oidas: 

Treinta y tres años bajo el peso de un mandato de 
ponerme en causa que ni siquiera se ha empezado; 

Una corte poderosa, compuesta toda de enemigos 
mios^ j un rey á su cabeza que ha prometido á la 
nación hacer seguir aqael proceso y publicarlo des- 
pués de concluido; y en diez y nueve años que ha 
reinado libremente y sin ningún estorbo á su xM>der, 
no haberse dado un paso para formalizar aunque no 
fuese sino una sombra de sumario con que poder cu- 
brir tantos rigores y tan grandes iras con que fai 
tratado ; 

No haber habido documentos de ninguna especie 
que presentar en contra mia , ni testigos espontáneos, 
ó á lo monos buscados y traidos, que ante el altar de 
la justicia repitiesen tantas difamaciones y calumnias 
qae contra mi rertían mis enemigos, de palabra, y 
por escrito en sus libelos esparcidos por el mundo; 

Haberse decretado que mis bienes, acciones y de- 
rechos se entendiesen embargados solamente y res- 
ponsables d las resultas de la causa , no haber podido 
proseguirla, no haber causa, y sin embargo disponer- 
se de mis bienes como si estuviesen confiscados , sin 
ningún decreto ni sentencia que los declarase como 
tales; 

No haber podido conseguir del rey Femando que 
mandara se me oyese ni en tela de justicia , ni ins- 
tructivamente, ni de modo alguno, durando este ri- 



DEL PAÍISGIP£ Bfi LA PAZ. 237 

gor constantemente todo el tiempo de su vida; 

Haber logrado al fin bajo el reinado de su augusta 
hija que fuese cometida al tribunal supremo de jus- 
ticia la inspección de cuanto hubiese sido obrado en 
cpntra mia , para que procediese en reglas de dere- 
cho si hiabia causa para ello , ó consultase la medida 
que podría adoptarse para obrar según las leyes en 
el otro estremo de no caber procedimiento; 

Ho haber podido conseguir del tribunal supremo 
que se me diese citación y audiencia de la^s partes 
en estrados públicos; 

IXo haberme sido dada entrega de los autos para 
alegar en favor mió lo que me conviniese ad ervr- 
diendum tan siquiera; 

Haberse declarado en pleno tribunal por todos 
votos que el proceso decretado contra mí por la real 
orden de 3 de abril 1808, no habia tenido efecto^ 
que no habia proceso: y que en la actualidad, ni 
materialmente de hecho, ni menos de derecho era 
posible ya formarlo ; 

Haber sido negada en tal estado de los autos, por 
la mayoridad del tribunal , la pronunciación ó sea 
declaración de deber sobreseerse, la cual , de esen- 
cia según ley, es consiguiente á la declaración de 
no haber causa ni modo alguno de seguirla, como en 
sus últimas respuestas espusieron largamente dos de 
los señores fiscales ; 

Haberse dado por motivo de no poder sobreseerse, 
lo primero y un hecho enteramente imajinario, como 



238 HEMOEUS 

ya se ha TÍsto, contra el cnal deponen de público y 
notorio, no tan solo todas las historias de aqnel tiem- 
po, sino los documentos mismos autenticados, con- 
serrados 7 existentes en los archivos del consejo de 
Castilla; y lo segundo, las resultas que traería el 
^breseerse, que serían las de volverme mi honor, 
mis bienes y mis títulos, vale decir, lo mismo que 
litigo y que la ley me da por no haber cansa ni pro- 
banza alguna en contra mia, ni elementos de ninguna 
especie para poder formarla (1); 



(1) Cual sea el espirito que domina mas 6 menos abierta- 
mente acerca de esto en el voto de la mayoridad del tribunal, 
se manifiesta sin ningún rebozo en uno de los párrafos del dic- 
tamen que por la sala primera fué presentado al mismo tribu- 
nal pleno en 11 de julio de 1839 , dictamen que corre unido á 
ia consulta, y al cual se refiere la misma mayoridad adoptán- 
dole. Dos de los señores fiscales habian sido de opinión de que 
mi causa debia instaurarse, y pidieron se instaurase, para 
que fuese cumplida la promesa que fué hecba á la nación por 
el rey Fernando YD, de <pie mi causa seria seguida y se da- 
ría satisfacción á la vindicta pública* La sala primera , des- 
pués de baber sentado en su dictamen que no babia babido 
proceso, y que era imposible comenzarlo de nuevo, dice á 
propósito de la vindicta publica lo que sigue: «T no se crea 
nqne se perjudicará á la vindicta publica negaiMlo la entrada 
*»dla formación de causa. Es todo lo contrario : la vindicta 
*t pública seria perjudicada si la causa se formase, porque su 
•^resultado no podria ser otro que el de la absolución, yal- 

•TAKDO LOS BLBMERTOS V LAS PRUEBAS LEGALES PABA LOS CAB- 

»60S. Suponiendo sin intención de que sea una calificación ni 



BEL PRÍNCIPE DE LA PAZ. 239 

Consultar > por tanto, al trono, bajo la ley políti- 
ca TÍjente qae la cuestión de que se trata no puede 
resolverse por las leyes existentes ni por las reglas 
comunes , sino por medidas especiales que sean cor- 



»yerdadera ni probable , que don Manuel Godoy faese crimi- 
»nal, la causa le daría el producto que solo es debido ^á la 
» inocencia , y su silencio por treinta años para dar lugar á que 
» desapareciesen los documentos y faltasen los testigos , le ha- 
»bría asegurado un triunfo á que antes no podia aspirar. Este 
» triunfo le volvería derechos^ rehabilitaciones y otras cosas 
»Eii QUE no DEBE PEifSAB. Yéase ya como el celo por la yin- 
adicta piíblica se desplega mejor negando que concediendo la 
»)formacion de la cansa. » 

To llamo en este lugar la atención de todo hombre que ten- 
ga corazón de ciudadano , y le preguntaré de qué manera ca- 
lifica esta jurisprudencia , por la cual los primeros y mas altos 
majistrados , cuyos fallos son la postrer palabra que pedirse 
puede á la justicia humana , se glorian de consultar mejor á 
la vindicta piíblica negando la defensa en juicio al que pudie- 
ra ser culpable y ser absuelto si llegase á ser juzgado. Temen 
que el que pudiera ser culpable salga puro de los debates ju- 
diciales , 'mas no temen que si al contrario es inocentey 
viva eternamente bajo el peso de la infamia y demás penas 
que la ley reserva á los culpables. 

¿Y qué es vindicta piíbÜca? No es otra cosa esta vindicta 
sino la aplicación de aquel castigo que la ley señala , y que» 
ajustadamente á los procedimientos judiciales por ella estable- 
cidos , impone el juez ó el tribunal por un delito al que resul- 
ta en juicio haberle cometido. 

T si no existe ese delito , por mas que los rumores esparci- 
dos , de buena fe ó de mala» j^ pocos ó por muchos » hubie- 



2^0 MEMORIAS 

respondientes con los medios j caminos especiales 
que ha traido hasta el presente, vale decir, por me- 
dios y caminos arbitrarios ; 

Desentenderse enterameate, no obstante la equi- 



ron sido de que existe , pero sin qae niaguao se presente en 
calidad de acusador ó de testigo , ni se encontraren pruebas 
de que haya sido cometido , ¿ podrá el juez ó el tribunal des- 
amparar al perseguido j maltratado como autor de aquel de- 
lijto, j denegarle el beneficio de la ley , ¿Abandonarle de es- 
ta suerte será haber satisfecho la vindicta pública ? 

¿ A qué fin aquel derecho , que j^n el estado puramente na- 
tural tenian los ofendidos de castigar sus ofensores , ha sido 
trasladado por la convención civil á un cierto número de hom- 
bres impasibles é imparciales que decreten los castigos mere- 
cidos, cuando hay culpa conocida, por los medios que las leyes 
han previsto y definido ? Para estorbar dos grandes males , á 
saber: 1.* , los escesos que podian traer estos castigos deja- 
dos al arbitrio y al poder de los que se juzgasen ofendidos ó 
quisiesen parecerlo: 2.'', para impedir que por error ó por 
malicia fuese oprimido ó maltratado el inocente: ¿deberá, 
pues , el juez ó el tribunal establecido abandonarle y abste- 
nerse de fallar en favor suyo por respeto á los rumores popu- 
lares mas ó menos estendidos , pero ninguno de los cuales ha 
pasado por el examen y criterio que la convención civil, ó sea 
la ley , ha señalado y prevenido ? 

¿Valdrá decir que este es un caso estraordinario P Pero en 
materia criminal no hay ningún caso estraordinario si la ley 
no lo ha previsto y designado , prescribiendo lo que deba ha- 
cerse cuando por tal fuere tenido. ¿Quién podria estar seguro, 
de otra suerte , acerca de su honor , de su vida , ó de sus bie- 
nes ? Mientras mas duros, mas enormes, utas atroces y de 



BEL PRÍNCIPE DE hk PAZ. 241 

DAD que eocomendi) la reina , de la dolorosa situa- 
ción en que me hallo , de la indijencia estrema i que 
he llegado, á mis setenta y cuatro años^ la puerta 
del sepulcro ya entreabierta; declarar que no hay 
proceso ni elementos para poder formalizarlo , y de- 
negarme la palabra judicial de estar absnelto que la 
ley señala en tales casos, sea luego lo que fuere de 
mis bienes , acerca de los cuales toca al gobierno y 
á los otros tribunales ordenar y pronunciar según 
las leyes; 



mayor esfera fuesen los ataques que sufriese ^a individuo, 
mayor sería el motivo para graduar tamaña situación de es- 
traordinaría, retirarle el amparo de las leyes , y someterle á lo 
arbitrario. Un caso como el mió pudiera repetirse: ¿quién no 
tíembla?.,.. 

¿Valdrá mas lo que se ha dicho en el dictamen de la sala y 
en la consulta misma, de que yo he obrado con cautela, de- 
jando pasar años y mas años para pedir justicia cuando no hu- 
biese ya testigos , y habrían desparecido ó faltarían los docu- 
mentos por los cuales pudiese ser juzgado ? Pero ¿ de dónde ó 
cómo consta que yo no haya clamado , que yo no haya pedido 
antes de ahora? No habia mas que una puerta para mi, y aque- 
lla puerta era de bronce , y mientras no se abríese aquella 
puerta, ninguna otra podia abrirse. Fuerza me fué esperar á 
que la abríese el tiempo ó la piedad, si estaba escrito en mis 
destinos que se abriese. Guando oi decir que estaban ya qui- 
tados los cerrojos para otros desgraciados , me atreví á lla- 
mar también, y me fué abierta por la reina, y se dignó en- 
viarme al tribunal -supremo de justicia, encomendando la 
sQciSAD sin daño de las leyes. Claro está , pues , que no Mf 

16 



^ 



242 UEMOBIAS 

Y no tan solo negarme esa palabra consagrada en 
el derecho con que el honor legal es vuelto, sino 
oponer montañas de dificultades contra el recobro 
de mis bienes, conglobando j envolviendo en una 
misma serie los que son tenidos por dudosos, los que . 
el gobierno ha consumido, y los que á parte de estos, 
sin ninguna conexión con ellos, bienes libres y ad- 
quiridos de dinero propio mió, se encuentran distraí- 
dos en terceras manos; categorías distintas, recono- 
cidas como tales por cinco de mis jueces que pusie- 



70 quien ha causado este retardo de que se me arguye : fuer- 
za mayor ^ que se llamó por aquel tiempo mas que absoluta 
absolutísima j fué laque ha ocasionado la tardanza. ¿Quién 
impidió que en diez y nueve años se hubiese dado curso á mi 
proceso? No se dirá que fuese yo, ausente de mi patria , y sin 
tener amigos , sino al contrarío , millares de enemigos pode- 
rosos en la corte ^ y el rey no amigo mió. ¿ Por ventura no es 
mas lójico el decir que faltaron materiales , como ahora , para 
seguir la causa , y que á tenerlos se hubiera proseguido para 
cubrir siquiera las inauditas tropelías que conmigo se ha^ian 
hecho ? 

£n cuanto á documentos , de uno solo , remitido en un prin- 
cipio para materia del proceso , se sabe bien que el rey man- 
dó quitar de los archivos del consejo hasta la postrer copia, 
buena ó mala , que quedaba : no habia otro. Si faltan docu- 
mentos para ponerme en causa, es porque nunca los ha habi- 
do. Existen los archivos del gobierno , los de los consejos , los 
de todo el reino : ¡ por Dios ! ¿ es culpa mia también que en 
ningún departamento de los ministerios , ni en ninguna depen- 
•dencia de tantos ramos que comprende la administración tan 



BEL PBÍNGÍPE DE LA PAZ. 243 

ron Yoto á parte, que no han negado mis derechos, y 
el nno de los cuales lo ha instruido desenyolriendo 
largamente en faror de mi justicia nuestras leyes pa- 
trias, todas ellas terminantes y conformes, ninguna 
oscura ni dudosa; 

Introducirse 9 en fin, la mayoridad del tribunal- 
como de oficio, y oficiosamente, en la consulta {pár- 
rafos XI y XII) á hacer indicaciones ó adverten- 
cias en favor de las terceras manos detentoras de 
mis bienes libres como «i fuesen heredados, contra 



vasta cual entonces era la de la monarquía española, ni en 
mis papeles mismos qua fueron todos sorprendidos , ni en los 
de Garlos lY ,,no haya sido halLida ninguna suerte de instru- 
mento para hacer buenas las calumnias de mis enemigos? ¿Es 
culpa mia también que yo no sea culpable ? 

¿Y por ventura yo he callado? ^Jcaso yo no he hablado 
cuando he podido hacerlo sin turbar la paz del hijo de mis 
reyes? ¿Ha habiio un solo cargo de cuantos mis contraríos- 
me han hecho en sus libelos infamantes ,.á que no tenga lata- 
mente respondido en mis Memorias? Y si por suerte el tribu- 
na^ me hubiera dado audiencia, como yo le habia pedido, ¿no 
habría yo' confirmado por mi defensa judicial mi defensa his- 
tórica? 

Yo omito aquí otras reflexiones que , á cada frase qse se lea 
del párrafio citado , saltan á la vista. Diré una cosa solamente, 
y es , que no oido , no vencido en juicio ni juzgado , se ha di- 
cho oficialmente por quienes son mis jueces que no tengo que 
pensar en rehabilitaciones ni en derechos vueltos , aunque no 
haya causa ni sea posible que la haya : esto es lo mismo que 
decir que pata mi no hay leyes ni justicia. 



244 HEHOjaiAS 

un padre que no ha muerto, que está tíyo natural y 
dÍYÍlmente, y que se encuentra sumerjido en la úl- 
|ima miseria, peregrino, y reducido á la limosna je- 
nerosa del rey de los franceses, sin la cual habría te- 
nido que buscar amparo en un hospicio: contra un 
padre cuyo honor debiera ser el sacramento grande 
y la primera, y principal herencia de los que por te- 
ner sus bienes, en vez de defenderlo, quisieran yer- 
le deshonrado eternamente, y nada han hecho en su 

defensa, antes por el contrario^ no mas, no mas 

acerca de esto! De toda suerte de amarguras ha 

querido la voluntad divina que yo pruebe; por los 
bienes y los males le doy gracias. 

Tal ha sido por tan largos anos la penosa marcha 
y tal el punto á que ha llegado, no diré mi causa 
criminal que ni existe, ni ha existido^ ni es posible 
hacer que exista, como por el tribunal supremo ha 
sido declarado; sino el espediente monstruoso pro- 
movido para el despojo de mis bienes que al presen- 
te son mis grandes y mis nuevos enemigos, ün año 
va á cumplirse después que la consulta de que dejo 
hablado ha sido hecha (i); mas su tenor, en vez de 
abrir camino á las resoluciones del gobierno, se las 
ha vuelto mas difíciles, y todo está en suspenso, es- 
cepto mis dolores y trabajos que van creciendo con 
los dias y los instantes. 



(1) Se cumplirá en abril del presente año de 1841. 



DEL P&tMGIPB BE LA PAZ. 245 

En medio de esto tengo fe en mi patria: tanto 
como la amo , tanto espero en ella. De tantos hijos 
suyos que han sufrido proscripciones en sentidos tan 
dirersos, yo soy el solo que aun suspira por su abra- 
zo, abrazo de que nunca me he hecho indigno. He* 
rido en lo mas caro y fnas precioso para el hombre 
que es la honra, privado de mis títulos y honores, 
desposeído de mis bienes, aun de los adquiridos, no 
por merced ó gracia del augusto soberano a quien 
servia, sino con fondos propios mios, sufriendo tanto 
tiempo la proscripción, sin nombre, sin sentencia y 
sin decreto alguno dado, que aún me oprime, la Es- 
paña verá en fin en mis desgracias un caso, no co- 
mún en las historias , de los que en tiempos de par- 
tidos y borrascas lo aventuran todo y lo posponen al 
deber sagrado de servir su patria: verá la victima 
inocente del error que le infundieron sus enemigos 
y los mios; en mí verá aquel hombre que en el dia 
de su caída estrepitosa fue ei; único que tuvo el 

Ffi^íSAHIENTO DE SALVADLA > T QUE CAVÓ PORQUE LO 

TUVO y QUISO REALizAHLO, porque intentó descompo- 
ner y deshacer la gran traición que estaba preparada 
bajo el patrocinio y los engaños del que intentaba 
someter á su ambición la monarquía española; verá 
en mí el hombre que^ ftél á su país, despreció de un 
mismo modo sus amenazas y sus dones , y prefirió 
hacer rostro al triunfador de tantas jentes primero 
que ceder á su ambición y traspasar i ^ dominio las 
provincias españcJas que bascaba; verá en mí el 



DOCUMENTOS 

% 

CITADOS 

« 

EN ESTE SESTO TOMO. 



I. 



Carta deíjeneral Monthyon al gran duque de Berg en 23 de 
marzo de i%^^,segunsecoritieneeneí Monitor ¿íe 3 de mayo 
del mismo año. 

Conforme á las órdenes de Y. Á. I. vine á Aranjaez con la 
carta de Y. A. para la reina de Etmria. Uegaé á las ocho 
de la mañana : la reina estaba todavia en cama : se levantó 
inmediatamente : me hizo entrar : le entregué ynestra carta: 
me rogó esperase un momento mientras iba á leerla con sus 
padres el rey j la reina : media hora después entraron todos 

tres á la sala eñ que yo me hallaba. 

_ .i ... 

' El rey me dijo que daba gracias á Y. A. I. por la parte que 
tomabais en sus desgracias, tanto mas grandes^ cuanto era el 
autor de ellas un hijo suyo. El rey me dijo, « que esta reyolu- 
cion habla sido muy premeditada , que para ella se había ái»^ 
tribuido mucho dinero, y que los principales persdnájes'halnan 
sido su hijo y M. Caballero ministro de la justíciaj que ^Z SI; 

I*. ' ■ í • ' * 

liabia sido violentado para abdicar la corona por sálvu: lá yi^ 
da de la reina y la suya, .pues sabia que sin osfei £lij«m»9L 
los dos hubieran sido asesinados acuella noche; que laéóiói- 
ducta del principe de Asturias era tanto mas horrible, caa|itt> 
mas prevenido estaba de que, conociendo el rey los dedeos que 
su hijo tenía de reinar, y estando Si M. próximo á cumplirse- 



■éi^ 



250 DOCUMBRTOS. 

senta años , habia conyenido en ceder á sa hijo la corona 

■ ••.■■■'; ' ^ / 

cuando este se hubiese casado tñlk iraá princesa de la fa- 
milia imperial de Francia, como S. M. habia deseado ardien- 
temente.» (1) 

El rey ha añadido qae el príncipe de Asturias qneria quera 
padre se rtlin#« <oón )a ^eba á Badsf}#2| fipoftlera dePortogal; 
que el rej le habia hecho la observación de que el clima de 
aqael pais no le conyenia, j le habia pedido el permiso de ele- 
jir otro , por lo cnal el mismo rey Garlos deseaba obtener del 
emperador la facultad de adquirir bienes en Francia y de ase- 
gurar allí su existencia. La reina me ha dicho, ce que habia pe- 
dido i su hijo la dilación del yiaje ¿ Bad^z ; P^P. <P>c >^^ 
habia conseguido, poi; lo que debería yerificars* en el próxi- 
mo lunes.» 

Al tiempo de despedirme yo de SS. MM. me dijo el rej: 
«Tengo escrito al emperador poniendo mi suerte en sos 
manos : quise enviar mi carta por un correo ; pero no es 
posible medio mas seguro que el de confiarla á vuestro 

cuidado.» 

• •■ * 

El* rey pasó entonces á su ga)>inete, y lu^gQ salió trayendo 
en su mano la carta adjunta. Me la entregó, y diyo estas pa- 
labras : « Mi situación es de. las mas tristes : acabaa de lle- 
varse al príncipe de la Paz, y quieren conducirle ¿la muerte: 



>n I i'i »»»»»i**J»i 



MY . Xoda esta frase fué aderozi^da-j re^on^jpnesta al pala- 
dar d^ Tf«ipólé6n según Te coñvenia éñ aquel tiempo. Guando 
el:ié9rilefii^iaesp«e9 ésta^Miráchm, y después en diferentes 
ofasipojes, le oi constantemente atenar so habof .prt^aanei»- 
3a tal pauíbra de deseos ardientts^ y que lo poco q«e le dijo 
ucerca de esto faé , que una vez que hid)Iesen sido celebra- 
das kabodftsqne su hijo deseaba, ^y jobre las cuales había 
escrito su nisy estad al emperador enmendando -U. nuiner» m» 
¿(ecorosa cph que ¿ escondidas de su padre las habia. aquel so- 
lidtáiA), habia sido su intención asegurar por nn trataao nne- 
yo,las- uM^qorea relacionét amigabíea de* U Bopifi* y de h 
Francia, y traspasarle luego la corona. 



ao tiefne otro delito que Uábérúátí Ifltrjr afecta á nú pet^^ 
toda «H. vida;» ' »^» 

Añafió « que n» habia manera dé rbgar q^e no hiibiéké 
puesto ett práctica para salvar 1» vida- de su iafelie amigo, 
pero qae kabia- encontrado sordóe ét^bdoá f dbmkadds del 
espíHtn de Tengania^-^e la muerte^^et prine^de Itr Pai 
produciría la sñya, pues nó podrfa $i M. ííol^vivir á ella.» 
B. mt Mcrntaós, — Aránjciei 2 J de mníto de laKTS; (1) 
. ■ ". ■ i •.■■■■■ : , .«■■■■ /. • 

n. 

Carta del rey bdttos ÍV al erñperadó^^ He losPrimcéses^ según 
se cbntime en él MÓnitox' ¿fe 8 '¿fó febrero déíHfi 

Señor mi her/^no: y..M. sabrá siuifUida^ cpp pen^i lofi su- 
cesos de Aranjuez y sos resultas $ j no podrá ver. sin algún 

• • ■ • • I • ■ 

' * I '• ' • '^ • . - • I . - ■ 

: • • • •,'•'. ..'. i;" ,'!.»■.'■■ )•]•■ .í : .'i ••. -. . • 

(1) Por el contesto de esta, carta, aparece que el jeneraj 
Monthyon* omitió refóPir én blla laindicaétón'qüé fcáJ)ialiéc&o 
á Garlos lY de la necesidad d^; formaliaar úba protesta j re- 
mitirla á IHapoleon, pars^ qiie este pudiese interyenirep los siv- 
cesos ocurríaos sib parecer hacerlo demoyíxmento propio suyo,, 
como también lo qiié án- majestad Icdijo, ^é ^tífe'vpáfa éVitár 
mayores males, abundaba en la intención de producir un acto 
nuevo de abdicación^ si su hija fie aviniese á aceptar las justas 
condiciones que deberían estít>u1arse para salvar su real de- 
coro , pronto luego á retirarse en cuanto se hubiese quitado 
el escándalo déla cofi4^c^ que con sn^nsg^^M^s^ha^ia te*, 
nido. Para mi 'es mas ' jiroVablé que el jeneraí Monthyon ha- 
bría dadoáMdfáiimá'ctíémtá {fnbtual dét cblo^mb que tuvo 
con sus majestades ; pero que después no fué publicado sino 
lo que pareció á.rv^po^eon conveniente .pava, fnbrúf.^tid^mu- 
lar las intrigas con que n'ál)iá tandeado o preparado el desenla- 
, ce de éúls 'péríldós n¥«fie}¿S éi)ftffk%l réfy ébiífr^el -ffríñflipc^ 
de Asturias. Su principal objeto es visto que fué el de hacer 
creer en toda la Europa que- -Cárlos^IY, een-qineB-^elaraettte 
estaba ligado por los tratados vijentes , no queria de ningún 
modo reinarr sin advertir qne la {nrotesta iásfárada i su iña- 
j estad, j realizada, nó podia menos de desmentir es^á idea 
completamente, destapándose por ún lado lo q ue pe r el otro 
habría tapado. ( Véase soBre esto él capítulo XXXIII.) 



f 



Paji^*^' /'»^r/*iAi en tTunia Í£ Í8ÍU . 

i 

I 
¡JliCvyxanixXviUvvrcj^ 



Después de e^nno y escrito por don Pedro 
Geballos, qae fijncion de 1808, y en el cnal, 
entre otras cosas ejo de mi hijo y en su presen- 
cia, en Vitoria, qae ha sido mi mas fiel mi-- 
nistro, único amn difamado contra toda razón 
y rerdad; y hácior mi hijo Fernando, la ana 
en 4 de mayo^ yá cansa de sa contenido y del 
poco respeto qae y qae apliquéis todo vuestro 
esfuerzo para yob como si lo hicieseis* por mi. 

CÁELOS. 



ÜJN OBSEQUIO 



A LA PIEDAD FILIAL. 



'OCM 



Haee ja algunos meses ^e- recibi con raiielio atiraso nná 
carta venida de Méjico , evfa cc^ia, á la letra, és como signen 

a Méjico 20 de noviembre de iSS8.-- jLnnqñe cdn algnn 
nretaidOrjeD nma lengua estrai^eray han llegado ánnestras 
» manos las Memorias que V.^ después de tan largo y heréieo 
» silencio , ha publicado en TinAcacien de los actos de su 
n ministerio y del reinado de S. Hf. ۇrIos lY. 

u La aparición de esta obra, néradá con razen cómo nao de 
» los mas preciosos mennmentos de la época preseUlW, ka es^ 
>i citado en estas rejiones na interés proporcionado á su alta 
» impontancia, y todoe han- viisto es ella el triunfo mas eom- 
vpleto de la justicia contra loe clamores enfurecidos de laca*^ 
n lumnia despertada por los artificios dé la envidia. 

u En medio de la brillantez con que se ofrecen á Ift Tiistalos 
» colores de tan hermoso cuadro , desaparece á los ojos de Ift 
)i jeneralidad de los observadores una que otra muy Üjera falta 
» en la delineacion de algunas figuras ; mas los que por so re_ 
olacion con eUas las han contemplado con cmdado y prefe» 
u rente atención, qui^eran verlas eu su verdadera actitud y 
n colorido en una composición tan grandiosa destinada á fijar 
» los juicios de la inflexible posteridad. 

«Tal es el caso en qae se halla nuestro venerado padre el 
» teniente jeneral don Jwé m iTUMiQáAAY ([dignos y nobles 
n hijos I )r cuy a. buena uemorta es* un depósáto sagrada qiie 
»» debemos conservar inviolablie'. Y. tuvo la bondad de hacéy 
» una honorífica meucioa de su méiito en la nota' die 1» pájinaf 



256 m OBSEQUIO 

388, tomo I de la tndacdoii lírañeeM,caB Boliro de reCenv 
la batalla de Pontos ; mas quizá por las drcrautaBcias enqoe 
y. escribió privado de loe decamentos rriatíTOS k tanta mal- 
titod de pormenores, le faé fácil olvidar el distingnido lagar 
qne, merced á las bondades de Y., ocupó don Josi »e Imr 
noABAT en las tres campañas del Rosellon, donde siempre 
mandó la brigada de carabineros, que debió á sn pericia, Ta- 
lor j conocimientos el crédito fie logró en aqncDas gnerras, 
las coales lo vieron en las mas eaqpeñadas ünBciopes mandar 
en jefe con una bizarría siempre elojiada por la corte ; j en 
la misma batalla de Pontos, tan justamente recomendada por 
y.9 estovo al frente de la derecha del ejército, ¿eotribujeo- 
do siempre con particular esfuerzo á la gloria qoe entonces 
adquirieron las armas españolas» 

«Uo mérito tan sobresaHento lo creemos digno de vna es. 
pedficacion mas singular qne la de una simple nota, donde 
un hombre tan ilustre se haDa confundido con ataros mnchos 
qne (en paz sea dicho) no lo son fánto, 
« Por este motivo nos tomamos la libertad de acompa&ar aquí 
una copia de la hoja de servida» de nuestro amado padre, 
suplicando á V. tenga la dignación de hacer do eDa el usa 
que le dicte su amor á la justicia en el lugar qne parezca mas 
oportuno de la obra, que entendemos continna publicándose, 
ó en alguna de las edicciones sucesivas. 
«Y con esto tenemos el honor de ofrecer á Y.' la espresion 
i>de los sentimientos de adhesión y respeto coa qoe somos sos 
wmny atentos y obedientes servidores.— Jostf sb InjBBifiAMAT. 
n — ^Yicaara iw IivaaioiBAY.» 

En mas de un lugar de mis Memorias he rogado rae discul- 
pen los que en el tiempo de mi mando dieron glbria , honor y 
Instre á mi querida patria en cualquier ramo qne esto hubiese 
sido, y de los cuales jo no hubiese hecho mención, ó la fau* 
biese hecho muy sucinta por flaqueza de memoria después de 
tanto tiempo ya pasado, ó por falte de doaunentes k qne po- 



A LA, PIEBAD FUIAL. 25 7 

der referirme. Todo el mondo sabe que mis libros y pa- 
peles fueron ocupados por mis enemigos r si tsea siquie- 
ra me hubiera sido deyíieHo mi gran libro de rejistros^ yo 
me hallaría en el caso de poder publicar una biografía com- 
pleta de los hombres ilustres del reinado del señor don Gar- 
los ly f pero ni la menor noticia he podido adquirir de su pa- 
radero, y me aflijo algunas reces al pensar si la enridia de 
mis contraríos lo habría entregado á las llamas. 

Para-mí es nn gran contento el de satisfacer los nobles de- 
seos de los tíjos de aquel ilustre jeneral , tan valiente y perí- 
to militar, como esceleñte administrador en el gobierno polí- 
tico: ¿Ggnos son por sa piedad filial (virtud que parece hoy dia 
abandonar la tierra como^tavtaá ofras que han desaparecido 
en nuestros dias infeÜcisimos) dignos son de que yo les ten- 
ga esta complacencia, y de que sus nombres lleguen con 
el de su padre á la posteridad, y yiyan en ella tan largamen- 
te como vivirán estas Memorias publicadas en tres lenguas, 
y á la prueba de los tiempos para honra y gloría de los 
buenos. 

Resulta , pues , de la hoja de servicios ,. cuya copia me ha 
sido remitida y que he encontrado en todo y por todo confor- 
me á la verdad, que el teniente jeneral don José de Itvbbi- 
GARAT, nacido en Cádiz año de 1742, comenzó sn carrera 
militar en 16 de febrero de 1759 en clase de cadete del re-^ 
jimiento de infantería de España, subiendo luego por todos los 
grados sucesivamente hasta el de teniente jeneral en 4 de 
setiembre de 1795 $ que estrenó su carrera militar en la cam* 
paña de Portugal del año de 1762; — que se halló en el sitio y 
rendición de Almeidaj y en el de Gibraltar , el año de 1782 
hasta la paz con la Inglaterra, recomendado particularmente 
al rey por el comandante jeneral duque de Crillon por los he- 
chos de armas con que se habia distinguido en calidad de co- 
ronel de la primera columna de granaderos f — que hizo las 
tres campañas del Rosellon y se encontró en la bataMa de 



U 



258 un OBSEQUIO 

Masdeu ea 19 de najo 1793 1«— en «1 «taque i laa baterías 
de Perpiñan ea 17 de julio $ -— en el de Cabieit(mi « mandan- 
do en jefe$ — en el de ñibesaUesi'^en el de JBemet^ mandan- 
do en jefe { — en otro al mismo ponto , á la orden del tenien- 
te jeneral don Joan Gonrten i — - en el ataqne de Peins^Tories\ - 
-— eala batalla de Tm]laa}^-ea el ataque de la Trompeta i 
la oaballeria enenúgfa , mandando en jefe}-— en la defensa de 
JSspoUa,' — en el ataqne de Sai^Felicttf — en el ataqne á las 
baterías de Fiüalonga^ como jeneral de oaballeria; — ene! 
ataque j toma de Archelés , mandando en jefe } — en la de- 
fensa de FtUalonga, mandando en jefej — en el paso del 
TKh j ataqne i una oelnmna enemiga , mandando en jefei — 
en las campañas de 1794 j 179&, y en ellas^ en la retirada 
de Argeles, mandando la brigfada j cubriendo las tropas del 
mando de don BujenioNayarroi—- en los ataques de la ifu- 
§ai — en la función de Pons de Mulins, y en la batalla de 
Pontos , mandando la derecba del ejército. 

En la guerra con Portugal, en 1801, mandó, bajo mis ór- 
denes , el ejército de Andalucía que obraba contra aquel rei- 
no por la parte deÁjamontet y, concluida la guerra» ejerció el 
cargo de segundo comandante jeneral de Andahicía basta 6 4e 
julio de 180*2 en que fué nombrado yirej» gobernador y ca- 
pitán jeneral de Nueva-España , en cuyo cargo y desempeño 
se hallaba todavía en 1808, cuando el trono de Garlos IV fué 
ocupado por su bijo. Los del jeneral Itnrrigaray no me ban 
beblado en su carta de los nuevos merecimientos que su ilus- 
tre padre contri^^ en aquellas rejiones dorante todo el tiempo 
de su vireynato. To no sé si habrá llegado á sns manos el to- 
mo in de la tradadon firancesa en la cual (capítulo XYII, pa- 
jina 356) podrán ver la nueva mención honorifica que yo le 
hice , hablando del magnífico camino de Méjico á Vera Gnu 
emprendido en 1803 bi^o sus auspicios. Por mi parte puedo 
asegurar que fué tan fiel á sos deberes con la metrópoli» co- 
mo amige jenevoso del pais que le estaba encomendado» ácu- 




Á LA PI£DAD FILIAL. 2 59 

yo bien se toIó ardientemente » j en el cual» si el rey Garlos 
no hubiera sido desalojado del trono , habría llevado á efecto 
las grandiosas ideas que aquel buen rey abrigaba en su cora- 
zón , juntamente conmigo , para el completo bien estar de 
la fanúlia española establecida á la otra parte de los mares.. 



.# 



íl 



I 



i 



I 
) 



índice 

DE LOS capítulos coutehidos 
ES ESTE SESTO TOMO. 



Cap. XXXn. Los. socefos de Araojiiez. 1 

Cap. xxxiii- Contiimaeion de los nicesos desde el 20 
de mano luuU el 19 de abríL — BU trádacioB al 
castillo de YIHaTÍciosa. — Bigores ejercidos con- 
migo. — Verdadero carácter de la abAcacion de Car- 
los IV. — Volontad resoelta j sÍBcera qoe tuvo de 
yalidarla por nb acto solemne bajo fonnas legales. 
— CondicMneft josUs j moderadas i|iie S. IH. se pro- 
paso para la TaMdacion de aqoel acto.* — Oposición 
inrencible delannefa corte en orden á admitirias. 
— ^Violencia hecha al consejo de Castilla para el re- 
conocimiento de la abdicación de Carlos IV^ — ^Aflic- 
ciones, teaiores y exasperacioB dd ánimo del rey 
por la condncta hostil á sn honor j dignidad que es- 
perímentaba bajo el nae^o gobiemo. — Sa error en 
haber invocado «1 fayor de Hapdeoo, j del modo 
qoe lo hizo. — Cuáles foeron sos intencioiies y pro- 
pósitos leales en medio de este error cometido^ — 
Sa entrefista con el jeoeral Ciancés flfontfayoB^ — So 
protesta contra laabdieacioB«-^oandoy cómo y por 
qué inflojo toé hecha. — Atteracieiies graves come- 
tidas en Francia sobre el informe del jeneral ]Hon- 
tbjon y sobre «na carta de la reina. — Coatinnacion 
de las dorexas de la corte con Cáelos IV. — Jnsta 
iadignacion qoe le cansó la gaceta estraordinariade 
Mz¿¡ná de 31 de marzo. — Sia congojas y temores 
- por el empeño del gobiemo en confinarle á Badajoz. 
— Sn correspondencia y de la reina con el gran do- 
qae de Berg. — Cuáles fueron entretanto los desig- 
nios de Napoleón^ y carrera que estos tomaron^ — 
Preparativos de la corte de España para^nhospeda- 
je. — Besolndones eonseeotivas de safida de tres 
grandes de España, de áoa Carlos, y del noevo rey 



262 Índice 

Fernando para recibirle. — ^Bajezas cometidas. — ^Ver- 
daderos motivos de los cooscjeros de Femando para 
aquel viaje, deducidos de los escritos de don Juan de 
Escóiquiz. — ISuevas cartas de Fernando k Napoleón. 
— Respuesta de este. — ^Examen -de ella^ — Sucesos de 
yictona,— Cartas de don Pedro Macanas j de don 
Pascnal Vallejo dirijidas desde Bayona á Escóiqniz, 
publicadas pot él piismo. — Qbitinación de los con- 
sejeros de Femando. — Decreto dado en Victoria. — 
Observaciones sobre varios pasajes de la Jdea sen- 
cilla de Escóiquiz j sobre las impugnaciones de es- 
t« escrito que fueron hechas por Geballos. — Salida 
definitiva de Fernando j sus consejeros para Ba- 
yona i .••., ^ ...••• '• ^5 

Gap. XXXIV. Gontinnacion de los saeesos hasta los 
últimos dtias del mes de abril. — Mi 6alidá del casti- 
llo de VillaviciosB j entrega qoé ftié h«elia áb mi 
persona á los fraocesés , sin qoe htdnese yi tenido 
parte algnnaí en la adopción «e esta mé^da ni -ad- 
quirido por ella mi libertad»-— Comparación impor- 
tante entre mi conducta polftíca j la de mist eáémi- 
gos. — Ocasión lamentable que ésto» Aeron para qae 
Bonaparte se afirmase en sn desigtiip de rdbar el 
trono de la España, entrando y poniándose á méi|^d- 
suya en Ba jona. — ^La resolución dé Bónapartet eétiiih- 
nicada á Fernando en la noche del dia 20, ákitétior, 
por tanto, á mi salida átí H pñskiik Mi la'tti)á4#d¿adá 
del 21 j á mi llegada á Bayona cinco días desj^s. 
— ^Injusticia j mala fe de los que han escrito qné tai 
JO mandado Herar á Bayona por Bonaj^Aiíépar a qne 
le sirviese en sn proyecto de arrancar la óorctoa é ■ 
los Borbones. — Mi sitnaclon etf el campálnénio fi^áii^ 
ees á donde ftri llevado el 21.— -üná'tftha de Gáif«- 
los IV recibida por mí eu aqtM misítío'dia.-^MÍ lle- 
gada á Bayona el 26. — MI posición y aislailáénto oti 
las inmediaciones de amiella ciudad. — Esfbrafia y fu- 
nesta reserva qne giiárdó la corte de l^enSáiido no 
cuidáiridose étt «trisar^ ú Gdrios iV, tii difeetai ni iúd^ 
rectamentfti 'de las circunstancias críticas en qne sn 
hijo so hallaba.— Mi llamada al palacio del eflArpei'a- 
dor, y confersacion qne tuvo conmigo.*— Dudas y 
desconfianzas qné me quedaron de la sinceridad dé 
sus protestseioÉes )r promesas en favor de G^los 
~. — Olraorváciones sobre el empeño que tan anto- 
idad'á estos acontecimiontos habia móstraéfo 
de rettablooer en el trono i Garlos IV.— Con- 



5US pi 

^IV .-4 



DE LOS CAPÍTULOS. 263 

testacioiies y conv^mio de Morat con la junta de go- 
bierno sobre este negocio. — Soledad absoluta en que 
se hallaroB los re jes padres en el Escorial bajóla 
influencia esclusiva de Murat. — ^Partida de SS. ÜDI. 
para Bayona el 25 167 

Gap. XXXV. Aspecto político qné ofireció Bayona en 
los meses de abril y mayo de Í90S. — Becibimiento 
solemne hecho á los reyes padres á so entrada en 
aquella ciudad. — Demostraciones yivas de amistad 
que les fueron prodigadas por el emperador de los 
franceses. — Sn primera conyersacion con SS. ÜCH. 
— Disposiciones favorables al * principe Femando 
mostradas por los reyes y resistidas por el empera- 
dor. — Llamamiento que por sujesfion de este hizo 
Carlos IV á sn hijo para eidjirle la devoÜndon de la 
corona. -^G0AVÍl9 del emperador á los reyes. -^ 
lluevas d^Mstrtcitaes de. amistad con que Napo- 
león .ganó la.e|itei:a .confianza^ de SS. ]|[M.-^4lfi mo- 
do de pensar y mi conducta en aquellas circuns- 
tancias. — Carta de Femando al rey con fecha de 
1.* de mayo sobre la restitución de la corona. — Ob- 
seryaciones sobre este escrito. — Visita de Napoleón 
á los reyes en 2 de mayo, en la cual se encarga él 
mismo de trazar la respuesta que debia darse al 
principe. — Cartas interceptadas, noticias de España, 
y un parte de Murat con que el emperador comienza 
á aflijir el ánimo de los reyes. — Nuevas insinuacio- 
nes de Carlos IV á Napoleón sobre nn acomodo hon- 
roso con su hijo como^medio de terminarlo todo pacífi- 
camente. — Oposición constante de Napoleón á esta 
medida. — Carlos FV adopta el testo de la respuesta 
á Fernando , que le es enviada por Napoleón en el 
mismo dia.—Contenido literal de esta respuesta. — 
Nuevas visitas del emperador á los reyes en los dias 
3 y 4. — Partes de Murat y nuevas correspondencias 
interceptadas , ó supuestas , con que Napoleón ator- 
menta á los reyes declarándoles su resolución de re- 
ponerles sobre el trono á fuego y sangre. — ^Mis con- 
sejos al rey. — Contestación de Fernando á S. M» 
con fecha del 4, no llegada á sus manos , y proba- 
blemente forjada posteriormente por el ministro 
Ceballos en su Manifiesto, — Observaciones y notas 
sobre el testo de la pretendida contestación del 
dia 4. — Copia de una nota de don Juan Llórente 
en sus Jtfemorias sobre los consejeros del principe 
Femando IV^ 



IHDIGB 
Gap. XXXTI. El 5 de mayo 309 

GoHCLvnoK 5 

DOCUJUIITM. 4 

I. Carta del jeneral Blontlijon al gran daqne de Berg 
en 23 de mano de 1^08, segnn se contiene en Á 
Monitor de 3 de majo del mismo año. 249 

n. Carta del rej Garlos IV al emperador de los fran- 
ceses* seguo se contiene en el Monitor de 5 de fe- 
brero de 1810 251 

m. Protesta de Garlos IV, segnn se halla, & confianadon 
de la carta precedente, en el Monitor^ ja citado. . . 252 

IV. Posdata autógrafa de nna carta del rej de Espa- 
ña Garlos IV i so hermano el rey de Hápofea, es- 
crita en JQoio de 1814 254 

Un obsequio ¿ la piedadfiliaL «.•••••• 255 



m DEL tmmcM, 




w 



:!i 






['■ 



f 



I 



i- 






I 



■ i) 



, -I 



• ' 



H 



( 



i I 



É 



"1 



I II 

•.il 

•'I 



f 



1" 



n 

i